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Basado en una canción de Asian Kung Fu Generation, del mismo nombre (Eien ni), con todo mi cariño, para ti.
Título: Para Siempre.
Autora: Kea Langrey.
Serie: Naruto (el cual no es mío, pero aun así uso a mi antojo).
Genero/Clasificación: Drama/Romance. PG-13 ¿tal vez?
Previo: Sintió como sus ojos le ardían. Tragó con dificultad, convenciéndose de que no quería llorar. Mordió la parte interna de su mejilla, sintiendo de inmediato el sabor metálico de su sangre escurrirse entre sus dientes.
Para Siempre.
Gimió su nombre.
Apretó fuertemente sus brazos y sus cortas uñas formaron pequeñas lunas rojas sobre la pálida piel de su espalda. Gritó con fuerza al sentir como se abría paso dentro de su cuerpo, ensanchando su estrecha cavidad. Su cadera se levantó ansiosa, ofreciéndose descaradamente a los suaves embistes que hacían cosquillear todo su cuerpo, provocándole luego de unos minutos, una sensación enloquecedora que enronqueció su voz y nubló su mirada.
Sintió como se deslizaba con mayor facilidad, producto del tibio y espeso líquido que ahora escurría entre sus piernas. Sonrió, levantando sus manos para sujetarle por el cuello y atraerlo en un poderoso abrazo. Giró un poco su rostro, besando justo debajo de la pequeña oreja, sintiendo algunos mechones de oscuro cabello cosquilleándole la nariz.
—Debemos terminar. —susurró quedo, cerca de su oído. Sintió como su cuerpo se tensaba al instante y abrió sus párpados rápidamente.
—¿Qué? —gruñó, mientras lo empujaba de encima suyo y se hacía a un lado. La tempestiva separación le provocó un latigazo de dolor en su parte baja.
—Tú y yo sabíamos que esto no sería para siempre, Naruto. —continuó, llevando una de sus manos hasta su cabeza, despeinando su fleco.
El rubio le miró, entrecerrando sus párpados, creyendo que tal vez se trataba de una de las enfermizas bromas que solía hacerle.
—No estoy para bromas, idiota. —respondió, sentándose al filo de la cama, apretando sus labios por la punzada que lo atravesó.
—Creo que es tiempo de renacer mi clan. —continuó. Naruto ni siquiera se giró, simplemente abrió grandemente sus párpados, entendiendo finalmente hacía donde se dirigía. Mordió sus labios. Quiso negar frenéticamente, pero apretó con más fuerza sus dientes.
¡No, maldita sea! ¡Sasuke, no!
—Entiendo. —espetó, tratando de contener toda la rabia que comenzaba a sentir.
—Lo siento… —comenzó, Naruto sonrió amargamente, preguntándose si en realidad lo sentía, o tan sólo era una pequeña cortesía para el que había sido su amante los últimos años.
—Era sólo sexo, tú mismo lo dijiste. —su voz sonó alegre. Aunque a Sasuke se le antojó extrañamente fingido. —No tienes que decir nada.
—Pero… ¿qué haces? —Naruto se había puesto de pie y comenzaba a colocarse sus ropas. Odió sentir la tela cubierta de sangre seca, pero reprimió la mueca de asco, terminando por levantar sus protectores y su mascara, sosteniéndoles con una de sus manos.
—Me voy a casa. —respondió encogiéndose de hombros.
—No tienes por qué irte ahora. Puedes dormir aquí, la misión fue difícil. —retiró la sábana, ofreciéndole el tibio lecho. Naruto estuvo a punto de ceder al mirar los ojos negros que le prometían una noche placentera… negó con la cabeza y sonrió de lado.
—Maldita sea, Sasuke. —gruñó con un deje de amargura. —Acabas de terminar conmigo.
Salió con rapidez por la ventana, olvidando la dolorosa sensación que punzaba en la parte baja de su cuerpo, empeñado en no girarse y mirar al níveo cuerpo que descansaba sobre la cama.
Agradecía internamente que no le hubiese dado tiempo para decirle lo feliz que se sentía por estar a su lado, y ahora ahí estaba. Burlado una vez más por el destino.
Aquel que se empeñaba en hacerle tropezar más dolorosamente cada vez.
¡Estúpido, estúpido, estúpido! ¡mil veces estúpido!
Fue un idiota al creer que Sasuke también estaba enamorado de él.
Un imbécil al pensar que el moreno…
Sintió como sus ojos le ardían. Tragó con dificultad, convenciéndose de que no quería llorar. Mordió la parte interna de su mejilla, sintiendo de inmediato el sabor metálico de su sangre escurrirse entre sus dientes.
Si lo veía por el lado positivo, había sido mejor así.
No tendría que planear la cena para celebrar su cumpleaños… ni tampoco le diría que lo amaba.