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Author of 12 Stories |
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer...
La historia Its better when i bleed for you pertenece a xxSiLvErDrAgOnxx y cuento con su consentimiento para esta traducción. Links abajo.
Primero que nada, mil discupas por el enorme atraso en esta traducción, pero había avanzado bastante y perdi unas páginas, luego se me cruzaron millones de contratiempos, pero aquí estoy. Y recuerden que he mencionado que al menos que ponga con letras enormes que abandono el fic, no lo haré mientras la autora lo siga.
Segundo, una recomendación de otra traducción por parte de Samara_Cuenta_Cuentos que traduce el fic de "Dateless for too long" Su link para que se den una vuelta, recuerden sin espacios. (h ttp : // www . /s/ 4808051/1 /Dateless_For_Too_Long) Ah, y es un AU de Humanos ;)
Ahora sí,.. este fic por el tiempo apresurado no esta beteado, que ahora ando de viaje y si Giselita por tiempo no puede, lo checaré con más calma después.. gracias por su comprension. Espero lo disfruten.
Parte VIII. –Trato justo- Pareja por pareja…
Suspirando y con una sonrisa resignada, Bella rasgó el papel en un movimiento suave. Su cara rompió en una gran sonrisa y corrió sus dedos a través del cristal. Alice finalmente me dejó ver la imagen que había elegido. Era una foto tomada de uno de los momentos formales. Bella parada frente a mí, mientras ambos mirábamos a la cámara… Aún sonriendo, la colocó en una esquina de su escritorio.
Edward Cullen.
Acto reflejo. Sacudí mi cabeza lentamente, abriendo mi mente, tratando de escuchar la voz de nuevo. Una cacofonía de voces me bombardeó pero no pude captar la voz que había dicho mi nombre.
Edward POV
Esme había necesitado la ayuda de Emmett para demoler la pared que separaba las dos habitaciones que quería redecorar para Bella. El sonido de Emmett siendo feliz nos acompañaba como música de fondo, era mejor que el de Alice en su intento de reordenar mi closet para encontrarle lugar a las cosas de Bella. Había un ocasional sonido mordaz seguido por un “Oh dios mío, Edward” cuando encontraba algo que no le gustaba, y lo colocaba en una pila de ropa que cada vez crecía más. Estaba sintiéndome tan desenfadado, que lo único que lograba hacer… era reír, dejándola que tirara todo lo que ella deseara. Incluso, mientras el montón crecía, me comenzaba a preguntar si tendría alguna prenda para cuando ella terminara.
Cuando se enfadaba particularmente por alguna pieza de ropa, venía con una mano en la cadera y la otra sosteniendo la pieza culpable para que yo la inspeccionara. Sonriendo, le tenía que recordar que ella había sido la única en comprar la mayoría de mi guardarropa –mayormente la que no le gustaba, había sido de su elección. Me decía que era mi culpa por haberle permitido en primer lugar, comprar esa ropa, y luego la aventaba al montón para desaparecer de nuevo.
Sacudía mi cabeza y regresaba a los CD’s, sonriendo. No era un punto a discutir, ¿cuán fácil era detenerla cuando quería comprar algo?
Bella había dicho la verdad cuando decía que su colección de discos bien podría rivalizar con la mía. Casi era la palabra para definirlo. Tenía diecinueve cajas en el piso de mi habitación, todas ellas empacadas con tantos CD’s como pude meter en ellas. Me senté frente a mí estéreo, escogiéndolos al azar aquellos que parecieran nuevos e interesantes, o viejos y con canciones favoritas.
Era un consuelo saber que aún compartíamos el mismo gusto por la música –el cual era todavía muy amplio.
Tenía una caja a la izquierda para los discos que ya tenía y a la derecha, los que estaba pensando mantener. La pila a mi derecha era mucho más grande. Ella había coleccionado los discos en las ocho décadas en las que yo no lo hice.
Casi había terminado con la doceava caja cuando Alice pegó un grito desde algún lugar en mi closet.
“¡Carlisle está en casa!”
Escuché venir el Jaguar por el camino. Carlisle todavía no sabía sobre Bella. Esme le había llamado temprano para decirle que yo estaba bien y que iba a redecorar dos de las habitaciones desocupadas, pero no le dijo nada más –ella quería que yo le diera las buenas noticias. Aunque él supo que algo había cambiado en cuanto escuchó la música y todo el escándalo que Emmett estaba haciendo. Hacía décadas que nuestra casa no tenía tanta vida.
“Todo listo,” murmuró Alice mientras se acercaba. “No toques nada de las cosas de Bella que puse a la derecha –son las cosas que quiero desechar. “Esto,” –dio un gemido teatral mientras recogía un montículo de ropa- “se va ahora. Hola Carlisle.”
“¿Qué estás hacienda con la ropa de Edward?” preguntó, adentrándose en la sala.
“La desecharé. ¡Mira esto!” Seleccionó una camisa y la sacudió hacia él. “¿Qué es esto? Es de los cincuentas -¡1950’s!
“¿No le compraste eso tú?”
Rodó sus ojos. “¡Hace un siglo!”
“Es clásico,” demandé.
Se giró para mostrarme una mirada aterradora antes de desaparecer por la entrada, iba murmurando, “Clásico, debes estar bromeando. Este chico no tiene ni idea.”
Reí.
Estás riendo.
Sonreí mientras Carlisle se acercaba.
“Había olvidado cuán bien se siente,” admití, apagando el equipo de sonido.
Estaba sonriendo mientras tomaba asiento. ¿Qué sucedió?
Él ya había descubierto que había causado mí… cambio tan drástico de comportamiento. Había captado su esencia apenas tomó las escaleras y aparentemente, había una mirada en mi rostro que solo Bella podía lograr. Así que me senté cerca de él y repetí los eventos que habían pasado tanto aquí como en la oficina de ella.
“Y ahora Esme trabaja en una habitación para Bella. Emmett está tirando la pared para colocar el color y mobiliario.” Sonreí sacudiendo mi cabeza. “Me echó de la habitación, diciendo que limpiara la mía.”
Se carcajeó mientras ambos contemplábamos la habitación. Las cajas vacías las había organizado de manera descuidada en una esquina, y los CD’s en sus estuches, se extendían en un pequeño caos, a unos pies de mi estéreo.
Estoy contento que hagas lo opuesto a lo que dijiste, pensó, torciendo la sonrisa.
Reí. “Estoy haciendo lo que me dijeron. Bella dijo que tomara su colección de CD’s antes de que llegara a casa.”
“¿Dónde pondrás todo esto?” preguntó de pie, acercándose a inspeccionar las cajas que había colocado para ordenar.
“Los que ya tengo los estoy colocando a un lado para que ella decida qué es lo que quiere hacer con ellos. El resto…” agité una mano hacia las repisas esperando ser montadas en la pared.
Tomó una estantería y la sacó de su envoltura. Lo ayudé y trabajamos en silencio por un rato.
Así que, pensó. Bella está en casa, pero tú aún estás molesto por algo. Pusimos el último tablón en su lugar y se giró hacia mí. ¿Qué es?
Suspiré. Sólo Carlisle podía captar algo como esto. Ni Alice había estado completamente segura de decir algo. Le extendí una pila de los CD’s más recientes, los cuales tomó para comenzar a adherirlos a mi colección. Comencé con los más antiguos que había elegido mientras pensaba mi respuesta.
Él estaba sobre la segunda pila de discos cuando pregunté, “¿está mal… que yo… que yo esté insanamente feliz de que ella sea vampiro?”
Sonrió con entendimiento. ¿Está mal que sea feliz que Esme sea vampiro? ¿Particularmente cuando ha decidido quedarse conmigo, en vez de alguien más? Agradecí eso con mi ceja alzada y un leve asentimiento, sabiendo que él aún experimentaba conflictos sobre sus elecciones. También tienes que pensar Edward, que esto es lo que ella quería en un principio. La última conversación que tuve con ella, estaba considerando seriamente preguntarme que la cambiara porque tú no lo harías. Ella había querido esta vida para estar contigo, y ahora ella la tiene. Si ella es feliz, ¿porqué tú no? Se agachó para tomar otro montón de discos. Sé que tú nunca quisiste esto para ella, pero ahora no puede cambiarlo y aun sigue siendo la hermosa mujer que conociste, ella no apreciaría que tus memorias de ella siendo humana, dominaran su relación.
Habiendo dicho esto, Edward, entiendo de donde vienen tus dudas. Sé que piensas que ella perdió su alma y eso hace más difícil que la aceptes, particularmente porque la conociste íntimamente como humana. Sé que hemos estado en acuerdo y desacuerdo en ocasiones pasadas, pero… Se encogió de hombros. No, Edward –No creo que esté mal que estés feliz. Sin importar lo que creas, necesitas dejar a un lado lo que ella era, y aceptar lo que ella es ahora.
Sonreí con pesar. “Bella me dijo lo mismo.” Murmuré.
“Bella siempre me ha parecido una chica inteligente.”
No podía discutir eso. Y ya no estaba completamente seguro sobre mi postura acerca de las almas. ¿Podría experimentar tal magnitud de dolor si de verdad no tuviera alma? ¿Dios sería tan cruel para profanar una creatura como Bella de la forma que lo hizo?
¿Qué más? Preguntó después de un momento.
Suspiré mientras tomaba asiento y admitía, “me ha perdonado.”
Alzó una ceja frunciendo el ceño. “¿Eso no sería causa de celebración?” preguntó gentilmente. Su confusión hizo eco en la mía.
“Sí… tal vez. Si yo comprendiera el porqué.” Sacudí mi cabeza. “No tiene sentido que ella me perdone.” Bufé. “No tiene sentido que ninguno de ustedes me perdone. Me refiero a que casi los mato a cada uno de ustedes, de una forma u otra.”
Carlisle se detuvo por un momento. Luego colocó la última pila en un estante vacío. Se sentó cerca de mí.
Edward, Bella te ama. Incluso un ciego puede ver eso.
“Pero eso no es suficiente,” discutí. “La herí, Carlisle. La hice pedazos y la dejé sangrando en el bosque. ¿Y ella me perdona fácilmente por algo tan horroroso? Ni incluso el amor puede permitir algo como lo que le hice.”
“Aparentemente, puede,” refutó. “Por lo que me dices, ella comprendió porqué la dejaste, incluso si ella no está de acuerdo con…”
“¡Exacto!” Me abalancé. “Si ella no está de acuerdo entonces, ¿cómo puede honestamente decir que me perdona?”
Está bien, concedió asintiendo. Es mucho para perdonar tan rápido. Pero ella obviamente lo quiere y se está esforzando. Puede tomar cierto tiempo antes de que ella te perdone completamente, pero no creo que tú la debas cuestionar sobre eso –su amor por ti es verdadero y claramente quiere dejar el pasado atrás. Se detuvo. Tal vez, tú deberías seguir su ejemplo y tratar también, sugirió.
Fruncí el ceño.
“Tu culpa no lo hará sencillo para ninguno de los dos, Edward. Haz las paces contigo mismo antes de buscar su perdón total. De hecho, no preguntes por el perdón de nadie, hasta que te perdones a ti mismo.”
“Perdonarme a mí mismo y a los demás, son dos cosas totalmente diferente, Carlisle.”
¿Lo son?
“Sí. No merezco…”
“Ni lo pienses,” interrumpió tranquilamente. ¿Crees ser el único que puede decidir si merecen o no tu perdón, aquellos a los que heriste? ¿No comprendes que no tiene sentido si nos pides perdón cuando sabes que sólo vas a rechazarlo porque tú no crees que lo mereces? Sí, puedes escuchar los pensamientos de tu familia, pero no puedes sentir nuestras emociones, Edward. Como resultado, rechazas aquello que escuchas porque no estás de acuerdo.”
“Pero…”
“¡No hay peros, Edward!” Él estaba frunciendo su ceño hacía mí, enojado. Sentí una estocada de vergüenza el que lo estuviera molestando de ese modo. Su mente estaba cuidadosamente cauta como siempre, y por supuesto, no me opuse a eso, pero podía sentir su desacuerdo tanto como lo podía observar. “Esta no es una decisión que tú debas tomar. Si crees totalmente que nos has herido gravemente, entonces, ¿el siguiente paso lógico, no es que nos permitas decidir si tus actos son dignos o no de perdón?
Sabía que él podía escuchar la vergüenza en mi voz cuando respondí quedamente, “Sí.”
“Entonces no discutas nuestra decisión, Edward, porque nosotros hemos decidido perdonarte.”
Hubo un coro de acuerdos esparcidos por toda la casa. No pude detener la sonrisa en mi rostro, aún si era de pesar. La sinceridad en sus pensamientos era incuestionable.
No tenía sentido para mí su buena disposición a perdonarme. Sabía que si la situación hubiera sido al revés, y si hubiera estado cualquier otro en mi lugar, los hubiera perdonado sin hacer preguntas, porque ellos son mi familia. No tenía duda sobre eso. Y sí, por alguna razón, no podía llegar a comprender porque ellos estaban perdonándome. En algo estaba seguro sobre lo que dijo Carlisle, esta familia no mantenía resentimientos unos contra otros. Pero las cosas que había hecho… Estaba convencido que estaban más allá del perdón…
Pero Carlisle estaba en lo cierto. Realmente no estaba en mí poder tomar la decisión. Si, sabía cuan mal me hacía sentir y cuan mal mis decisiones afectaron a mi familia, pero no podía decir que pensaban cada uno de ellos a menos que me lo permitieran. Y por mucho que pudiera sentirme ofendido cuando Carlisle lo mencionó, sabía que él estaba en lo correcto cuando dijo que rechazaría aquello que no me parecía correcto –lo cual era todo en este caso tan particular.
Fruncí el ceño mientras lo consideraba. Siempre acostumbré a estar seguro sobre todo lo que hacía. Siempre sabía el mejor modo de reaccionar en una situación determinada. Pero una vez que Bella entró en mi vida, comencé a cometer error tras error.
“Carlisle…” Sacudí mi cabeza, sintiéndome indefenso. “No sé qué hacer.”
Carlisle sonrió. “Sólo sé tú mismo.” Alcé una ceja y su sonrisa creció. “Un pequeño cliché que te otorgo, pero es lo púnico que necesitas hacer. Sé que Emmett quiere a su ‘pequeño hermano’ de vuelta para ir de caza. Rosalie piensa que el Audi necesita un poco de afinación, pero no lo puede hacer sin algún tipo de ‘música original de fondo’; Jasper necesita una pequeña conversación intelectual de vez en cuando. Alice, bueno… es Alice.” Su juguetona sonrisa flotó a través de la casa. “Esme y yo estaríamos encantados de verte sonreír de nuevo.”
Sonreí. “Creo que puedo hacer eso,” murmuré.
Él sacudió mi hombro ligeramente. “Bien, ahora…” Se levantó y seleccionó sus CD’s de nuevo. “¿Cuantas cajas de estas tienes que acomodar?”
“Siete, creo.”
“Encantador.”
xoXox
Estaba tocando el piano para Esme mientras ella leía sentada en un sillón. Carlisle estaba junto a ella con la reciente edición del periódico de la Asociación Americana de Medicina. Bella había llamado apenas quince minutos atrás, aparentemente alguien le había hecho una llamada durante una junta –bueno, no a ella en sí como la conocen ahora, más bien a quien ella solía ser. En la llamada le preguntaban a su secretaria por Isabella Swan.
X
“Isabella Swan está todavía perdida pero se asume que murió, Edward. Ha sido así durante los últimos ochenta años.” Su voz tensa y confundida, el ruido de tormenta de fondo. “Y cuando Lanna contestó que no existía alguien con ese nombre, la persona preguntó por Isabella Cullen.”
Fruncí el ceño. “Nadie usaría esos nombres. Nadie debería saber esos nombres.”
“Eso es lo que pensé, pero obviamente alguien los conoce. Lanna dijo que ella no pudo distinguir el género de la persona. La línea estaba distorsionada. Ella nunca dio mi nombre pero Christian sí. Quien quiera que fuera volvió a llamar cuando Lanna estaba en su descanso y Christian le dijo que no era Swan o Cullen, sino Masen. Él tampoco identificó un nombre o género.
X
Arrugué el ceño de nuevo mientras continuaba tocando. Las únicas personas que podrían conocer esos nombres deberían estar muy viejos para recordarlos, o muertos. Cualquiera de los conocidos de Bella debería tener al menos cien años –completamente posible, suponiendo toda la nueva tecnología médica. Podría ser posible que alguien la haya visto y haya checado para asegurarse que en realidad su mala vista les había jugado trucos.
Posiblemente.
Quien quiera que fuera, había sido la misma persona que había pronunciado mi nombre en el estacionamiento. Algún humano de mi pasado, quien quizás al verme había asegurado alucinaciones o mala vista. Alguien más se hubiera acercado. No existía razón para que algún vampiro conocido me evitara.
Pero sabía que quien fuera, no era familiar para mí. No había reconocido la voz, pero si podía asegurar que era femenina. Era todo lo que podía deducir del breve momento que le había tomado pensar mi nombre.
Después de colgar, lo discutí con Carlisle. Él estaba de acuerdo que era… bizarro, por falta de una palabra mejor, que alguien pudiera haber llamado por Isabella Swan cuando su desaparición había sido motivo de noticia nacional hace ochenta años –la hija de un jefe de policía de un pequeño pueblo en crecimiento, desaparece sin dejar rastro. Aunque también, como comentó Esme, preguntar por una Isabella Swan no debería ser bizarro bajo ninguna razón. Su rostro había estado en todas las noticias. Para mí, había sido otro tipo de tortura que me había forzado a pasar, sentándome en frente de la televisión, observando las búsquedas, viendo su imagen. Pero quizás para otros, había sido un punto de referencia. Viendo su cara en las noticias y después viéndola de nuevo en persona, ochenta años después, sería suficiente para que cualquiera preguntara. Si fuera algún conocido, alguno de sus viejos amigos, ¿No querrían saber si esta mujer que luce escandalosamente igual, es su amiga que habían perdido hace años?
Habiendo concluido eso, era realmente extraño que alguien la asociara con nuestro apellido. Sus viejos conocidos podrían recordar, aunque nosotros nos habíamos marchado, que regresamos después de su desaparición. Recordarían el hecho de que la dejamos –o más bien, que yo la dejé. Un viejo conocido pensaría que incluso si estuviera viva, ¿tomaría el nombre de alguien que la hubiera herido?
¿Así que porqué preguntar por Isabella Cullen?
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El teléfono sonó con un tono agudo, estuvo acompañado por el grito desesperado de Alice, ambos en mi cabeza a todo volumen.
“¡Edward!”
La imagen pasó por mi mente. La joven secretaria de la oficina de Bella, Lanna –había colapsado sobre una pared bajo la ventana en la oficina, cubierta de sangre, su garganta desgarrada. Bella estaba agazapada frente a la chica, sus ojos oscuros, salvajes y sedientos.
Me levanté del piano, corriendo hacia el teléfono.
“¿Bella?” Pregunté frenéticamente. No hubo respuesta al otro lado de la línea, pero podía escuchar los gemidos y balbuceos mientras la chica se desangraba, y el sonido de una fuerte respiración.
“¡Bella!”
“Ayúdame.” Su voz fue tan débil que apenas pude escucharlo sobre el sonido de Alice detrás de mí, completando la información para Carlisle y Esme. “Edward… por favor… sangre. Hay mucha sangre.”
“Deja de respirar,” le instruí. “Deja de respirar y sal de ahí.” La escuché murmurar sangre de nuevo y maldije. Ella no me estaba oyendo… peor aún, no estaba escuchándome. Estuve a punto de tirar el teléfono y salir corriendo cuando Alice me gritó de nuevo.
“¡No! Síguele hablando. Ella necesita escuchar tu voz. No te preocupes sobre las palabras, solo háblale o la perderemos.” Buscó dentro de mi bolsillo y extrajo mi teléfono mientras yo cumplía con su orden. Luego me pasó mi teléfono. “Dile que coja su celular y ve.”
“Bella, Bella, toma tu teléfono,” dije. Podía escucharlo sonar en el fondo. “Bella, por favor, tomar tu teléfono.”
“Ya lo tiene,” dijo Alice y el timbre de fondo se cortó. “¡Anda!”
Salí disparado por las puertas, sin siquiera notar que las había sacado de sus bisagras mientras presionaba mi teléfono fuertemente hacía mi oído. “Bella, Bella amor, necesitas dejar la habitación. Carlisle y yo estamos de camino. Tú sólo…”
“No puedo,” gimió. “La sangre… quiero…”
“¡No, Bella!” Estaba corriendo a través de las calles ahora, la oscuridad me ayudaba a ocultarme. Todavía me quedaba media ciudad de distancia para llegar hacia ella, pero estaría molesto si dejaba que destruyera todo lo que se había construido ella misma. “Tú no la quieres, Bella, ¡sal de la habitación!”
“No… puedo.” Pude escuchar el pánico que la sed le causaba. “Edward…” El gruñido en su voz logró que entrara en pánico.
“Bella, sólo aguarda,” Le rogué mientras trepaba las azoteas y comenzaba a saltar entre ellas. “Por favor, casi estoy allí.”
¡Edward! La voz de Alice retumbó en mi cabeza de nuevo. Ella estaba en el auto con Carlisle, apenas cinco minutos detrás de mí. ¡Edward, la hemos perdido!
Hubo un ruido sordo en mi oreja mientras ella tiraba su teléfono. Gruñendo, tiré mi teléfono hacia un lado mientras saltaba de la azotea del edificio a través de la calle de su oficina.
Bella POV
Fui a dar un paseo para conseguir un poco de aire fresco mientras llamaba a Edward. Había estado en shock cuando salí de la junta y Lanna me había dicho que alguien había llamado preguntando por Isabella Swan. No era un nombre que hubiera escuchado en décadas y ciertamente, no había pensado en él –había sido Masen por tanto tiempo. E Isabella Cullen… ¿Quién pudo haber hecho tal conexión?
Sacudí mi cabeza mientras regresaban mis pensamientos hacia el desierto lobby en la primera planta. Después de las cinco en punto, el edificio se vaciaba, sólo quedaban algunos rezagados, los limpiadores, Lanna y yo.
Mi cita era a las siete y tan sólo eran treinta minutos pasadas las seis, pero quería asegurarme que estaba completamente preparada para lidiar con mi frustrado cliente. La señora Sovent no había estado muy entusiasmada de tener que venir directamente a mi oficina, insistiendo que ella había colocado bien el manuscrito en el tiempo límite. El porqué lo hizo es algo que nunca sabré. Su oficina estaba apenas a cinco minutos caminando –había dado un paseo por ahí cuando hablaba con Edward. Habría tomado un máximo de quince minutos que una de sus secretarias pasara el escrito a nuestras oficinas. ¿Y qué persona en su sano juicio habría usado el servicio público de envío para entregar algo tan importante en el negocio?
Suspiré, presionando el botón del elevador. Lanna había insistido en avanzar esta noche. Ella estaba convencida de que el problema era todo suyo. Estaba inclinada a pensar que la mujer no lo había publicado aún. Pero nada que hubiera dicho, habría cambiado su idea. Ella insistió en quedarse para que alguien más pudiera estar cerca y proveer de café y galletas, nada más.
La música del elevador era una suave pieza de piano. Hermosa y tranquila, pero no tenía nada que ver con las composiciones de Edward. Me recordó, naturalmente, sobre la presencia de Edward en mi oficina hace unas horas.
Había esperado que él y Alice vinieran en el transcurso del día, pero nunca los esperé que vinieran sin primero llamar. Por qué esperé eso, no lo sé, pero alguna advertencia hubiera sido agradable. Entrar en la oficina y ver a Edward detrás de Alice… el ver la mirada en sus ojos cuando pasé frente a él, mi cuerpo se estremeció con anticipación, aun ahora, el solo recordarlo, vuelo a temblar. Había visto la mano de Alice deslizarse debajo de la suya en un movimiento demasiado rápido para el ojo humano, y supe que su mano pudo haber quebrado el mueble si ella no lo hubiera detenido. Había sentido sus ojos fijos en mí mientras calculaba cuidadosamente los pasos alrededor de mi escritorio para sentarme. Había tomado cada pizca de determinación para no mirarlo, para no ir hasta él. Y sólo resultó más complicado para mí cuando eche un rápido vistazo. Sus ojos eran el mismo oro líquido de siempre, una ligera sonrisita cruzó su rostro cuando me miró.
El deseo de tocarlo había sido tan grande, que estuve a pocos segundos de aventarme a través del escritorio. Gracias al cielo que Alice había estado allí, recordándome mi audiencia. Traté de enfocarme en mi tarea, haciendo mi mejor esfuerzo para ignorarlo. Pero constantemente cometía el mismo error. Le había echado una mirada, descubriendo esa sonrisita confidente de depredador en su rostro, la electricidad corría a través de mi cuerpo, acortando mi respiración, logrando que cada parte de mi cuerpo protestara con cada acción que él llevaba a cabo, porque eran acciones que involucraban tocarlo.
Había estado alerta de cada acción que tomaba –de cada pequeño cambio en sus movimientos, imperceptibles para el ojo humano y probablemente incluso para Alice. Y sabía que él había estado también al pendiente de los míos.
Entonces, me había besado. Alice había dicho que sólo tendríamos tres minutos. Resoplé. No habían sido tres minutos. A duras penas había sido uno.
Sonreí, recargando mi cabeza sobre la pared del elevador, recordando sus manos recorriendo mi cintura, su boca en mi cuello. Calor recorriendo mi cuerpo. Quería que este día terminara. Quería verlo de nuevo y encerrarme con él en una habitación.
Aún mejor, pensé de repente. Quería presenciar algo que él dijo que nunca podría.
Quería verlo cazar.
Mi cuerpo se estremeció de sólo pensarlo y mi sonrisa se hizo más grande. El verlo renunciar a ese control tan firmemente construido, observarlo en su naturaleza como depredador. Observar los movimientos de su cuerpo mientras caza, cuando es realmente peligroso.
El sonido del elevador anunció mi destino. Suspiré mientras componía mi postura. Al menos ese minuto, había sido una muy bueno.
Con un campaneo, el elevador se abrió.
No estaba preparada para lo que sucedió después.
Mi garganta comenzó a arder en el justo momento en que las puertas se deslizaron, un gruñido brotó a través de mi pecho y mi cuerpo se tensó, sucumbiendo ante el predador.
Sangre.
Sangre fresca de humano.
Me detuve en seco mientras las puertas del elevador se cerraban despacio detrás de mí. Este nivel estaba vacío, pero un errático palpitar de un corazón aterrorizado, se dejaba escuchar desde alguna parte del vestíbulo.
Me moví despacio. No había necesidad de apresurarse. La presa ya estaba incapacitada –el frenético latido me lo aseguraba- así que no iría a ningún lugar pronto. Por supuesto no era lo mismo que estar de caza, pero el sabor fácilmente debería compensarlo; particularmente, si sabía remotamente cerca como lo bien que el aroma indicaba. Dejé que la esencia me guiara hasta que me detuve fuera de mi oficina. Las cortinas y la puerta estaban cerradas.
Pero sabía que estaba ahí dentro, esperando por mí.
Mi demonio interior estaba gruñendo con anticipación mientras abría la puerta. El cálido aroma me golpeó como una bala de cañón, soltando otro sediento gruñido desde mi pecho. Observé hacía abajo hacia el humano roto desplomado debajo de mi ventana, sangre por toda su ropa, extendiéndose a su alrededor. Mi lengua humedeció mis labios sintiendo el fuerte aroma en el aire. Mi estómago se retorció con algo semejante a la sed, mi boca estaba seca.
Los gemidos eran incomprensibles para el oído humano, pero yo lo escuchaba como si me estuvieran gritando.
“Señorita…Masen.”
Lanna, su nombre es Lanna. Ella tiene un hermano mayor quien se graduó de Harvard este año de Leyes, con honores. A una hermana menor que apenas está comenzando su educación en Harvard. Ella sólo se casó con su esposo hace tres meses –recién volvía al trabajo después de su luna de miel. Y aunque aún no lo sepa, tiene cuatro semanas de embarazo.
Me aferré a esa idea como si fuera mi vida. El demonio dio alaridos de ira, la sed quemaba más mientras más me reusaba. Ella estaba embarazada, estaba trayendo nueva vida al mundo. Estaba embarazada. Era una persona, con una vida y una familia que amaba. Y ella estaba embarazada.
Me forcé a mantenerme tan lejos de ella como pudiera mientras hacía mi camino hacia el escritorio. No podía alejar mi vista de ella, de su sangre, mientras buscaba el teléfono. No podía traicionarme a mí misma. No estaba en condiciones para alejarme de ella. Con cada segundo que pasaba podía sentir mi resistencia derrumbarse. Quería su sangre y si no lograba ayudarla, ella no podría traer su bebé al mundo.
“¿Bella?” Su voz era frenética cuando contesté antes del primer timbre. Ni siquiera recordaba haber marcado. Pero él ya lo sabía. En el momento en el que habló sentí una oleada de calma a través de mí. El único problema fue que no duró. La sed era demasiada, la necesidad muy fuerte. “¡Bella!”
Necesitaba decir algo. “Ayúdame,” era todo en lo que podía pensar. El dolor que la sed me causaba, me desgarraba. La quería demasiado. “Edward, por favor…sangre. Hay mucha sangre.”
“Deja de respirar,” dijo. Sabía que él seguía hablando y traté de concentrarme en lo que me decía, traté de escuchar su voz, no sus palabras. Pero la sed estaba ganando, el demonio presionó por el sabor que corría por su lengua. Quería complacerlo desesperadamente. Sólo probar, era todo lo que el demonio quería. Sólo una pequeña probada de esa deliciosa… “sangre.”
Algo comenzó a vibrar en el bolsillo de mi saco, escuchándose claramente a través del aire.
“¡Bella! Toma tu teléfono. Bella, por favor. Toma tu teléfono. “
Su voz era distante, pero le puse atención, de la misma forma en que le ponía atención al cuerpo de la mujer embarazada que me miraba fijamente con terror. Todavía no podía alejar mi vista de ella. Observaba el rastro de su sangre mientras escurría por su piel, mirando sedientamente a la enorme herida en su cuello. El lado derecho estaba intacto, su piel suave –la fruta lista para ser mordida.
Metí mi mano en el bolsillo, mi dedo automáticamente rozó el botón para contestar mientras atraía el teléfono a mi oído. Su voz sonó de nuevo, clara y fuerte, mi ancla en este mar negro de deseo.
“Bella, Bella amor, necesitas dejar la habitación. Carlisle y yo estamos de camino. Tu sólo…”
¿Qué estaba diciendo? ¿Dejar la habitación? “No puedo,” gemí. “La sangre… quiero…”
“¡No, Bella!” “Tú no la quieres, Bella, ¡sal de la habitación!”
“No puedo…” realmente no podía. Ya no tenía la iniciativa de hacer algo tan normal como alejarme. En vez de eso, sabía que me estaba moviendo cada vez más cerca de ella, paso a paso. Ella me observaba con absoluto horror. Estaba comenzando a comprender a través de la neblina de su propio dolor que no la iba a ayudar. Ella sabía que la iba a matar, terminar lo que alguien más comenzó. Su miedo fluía mientras se daba cuenta, aún cuando su pulso comenzaba a detenerse. El dolor se intensificó de forma agobiante dejándome de rodillas. “Edward…”
Ni me percaté del teléfono resbalándose de mis dedos.
La esencia… era demasiado buena. Tan buena. Era mi naturaleza, eso era todo. Nada más y nada menos.
El demonio rugió triunfante.
“Shh,” suavemente me arrodillé frente a ella, mi voz suave. “Shh-sh-sh-sh. Está bien. Shh.”
La esencia de su sangre me abrasaba con cada soplo de aire que tomaba. Pasé mi lengua sobre mis dientes, exponiéndolos con una sonrisa de anticipación, sintiendo fluir el veneno, listos para hundirse. Gimoteaba débilmente mientras alargaba mis manos, tomando su cuello, girando su cabeza para exponer la piel herida. Siseé de placer al sentir su tibia sangre en mis dedos, corriendo a través de ellos, y sobre mi mano. Su corazón estaba trabando de latir erráticamente. Moriría pronto, su corazón estaba esforzándose.
Gruñí mientras me agachaba más cerca, inhalando el aroma de su sangre y el incremento de su miedo. Expuse mis dientes, sintiendo el suave calor emanando de su piel, sus gimoteos aumentaban.
La ventana se quebró, esparciendo pedazos de vidrio sobre nosotras, cortando su piel y rebotando en la mía. Protesté mientras me levantaba. Edward colisionaba conmigo mientras atravesaba la ventana, aventándonos hacia atrás. Forzándome a mantenerme lejos de la humana que sangraba. En un suave movimiento, me tenía sujeta contra la pared, usando todo el peso de su cuerpo mientras me resistía.
"Déjame ir,” Gruñí, tratando de acercarme, mis ojos clavados en la humana.
Él forcejeó conmigo regresándome contra la pared.
“No. Sabes que no quieres eso, Bella.”
Reí tan fuerte que parecía un doloroso gemido. Lo quería. Era todo lo que necesitaba. Me tense contra él, pero él era todavía más fuerte que yo.
“No, Bella.” Sus palabras eran susurros en mi oído, sus labios rozaban mi sensible piel.
Me aferré contra él esta vez, buscando mi ancla personal. Pero el aroma era tan fuerte, estaba tan cerca. Deslicé mi mano sobre su hombro hasta que pude verla. Estaba tan cerca que podía incluso lamer la fresca sangre.
Traté de ser sutil, gimoteando ante el dolor, posicionando mi cuerpo sobre él, acercando mi mano poco a poco. Pero mi rugido de sed lo alertó.
Él se giró con esa molesta velocidad anormal incluso para él, agarrando mi muñeca antes de que pudiera probarla.
Gruñí, empujándome contra él con renovada fuerza, determinada a obtener lo que quería. Él respondía, determinado a prevenir que la obtuviera. Luchamos, protestando y maldiciendo hasta que logré pasar debajo de su brazo, precipitándome hacia la humana. Pero él aun mantenía el agarre en mi muñeca. Me atrajo hacia él tirándome de regreso y mi espalda colisionó violentamente con su pecho.
Grité y gemí mientras me sujetaba, asegurando uno de sus brazos de mármol sobre mi cintura, alejando mis pies del suelo y alejándome de mi único medio para impulsarme. Me retorcí y pateé, mis ojos centrados furiosamente en la sangre que estaba siendo desperdiciada. Me giró hacia el otro lado, alejándome de la fuente de mi agonía, llevándome fuera de la habitación. Me retorcí hasta que pude volver a poner mis pies sobre el suelo y para cuando lo logré, ya nos encontrábamos en el vestíbulo, donde el aroma no era tan fuerte.
Giré instantáneamente y él tomó un paso para hacer más fuerte el agarré, sus brazos formaron una jaula de acero alrededor de mí de la cual no tenía capacidad de liberarme. Pero no estaba planeando usar la fuerza. Sabía que eso no resultaría. Traté algo mejor para obtener lo que quería.
Sabía que él se encontraba tan tentado por la esencia de sangre fresco como yo –sus oscuros ojos eran prueba de ello. Sólo que él tenía un siglo más de experiencia para resistir el deseo. Pero mi demonio sabía que era casi tan doloroso para él, que para mí y estaba determinada a lograrlo.
“Déjame regresar,” susurré.
Su rostro seguía tenso. “No.”
El dolor me hizo sollozar. “Por favor.”
“No.”
Presioné mi cuerpo más cerca de él y sus brazos me apretaron por reflejo. Mi mano limpia alrededor de su cuello mientras él giraba su cabeza para colocarla en mi cuello, provocando que imitara la acción.
“Por favor.” Supliqué suavemente una vez más, colocando mi boca sobre su oreja, de la misma forma como él había hecho minutos atrás. Mi voz era baja, seductiva.
Me alejó con sospecha brillando en sus ojos. “No, Bella. Tú hablaste porque querías ayuda. Tú querías hacerlo del modo correcto. Y quitándole la vida a Lanna no lo es.”
No escuché el modo en que remarcó el nombre de la humana. Me estiré sobre mis pies, mi cuerpo alineado con el suyo mientras mi nariz trazaba patrones sobre su mandíbula. La combinación del aroma a sangre con su esencia era… excitante. Gruñí suavemente, el sonido parecía más un ronroneo. Deslicé la punta de mi lengua a lo largo de su mandíbula y no estaba segura de que quería probar más –Edward o la sangre.
¿Podía obtener ambas?
“Bella,” rugió. Su voz irritada peligrosamente.
Le di pequeños mordiscos a su oreja mientras susurraba, “Podemos compartir.”
Emitió un siseo bajo en mi oreja y me encontré sujeta contra la pared de nuevo. No me importaba mucho esta vez. Sus ojos estaban estrechos mientras me observaba, pero pude ver la excitación en ellos. Y eso me excitaba. Levanté mi mano empapada. Sus manos estaban firmemente aferradas a mi muñeca, pero eso no evitó que la colocara entre nosotros. La sangre era fría –no tan apetecible como la tibia sangre fresca de una vena –pero era suficientemente tentadora.
Lo observé cerrar sus ojos e inhalar profundamente, la punta de su nariz a escasos milímetros de la sangre. Protestó suavemente y presionó de nuevo su cuerpo contra el mío. Por un momento, llegué a creer que se rendiría.
Pero debí saberlo mejor.
Sujetó mi mano contra la pared sobre mi cabeza, alejándola del camino de la tentación.
“No, Bella.”
Solté una risotada furiosa, tratando de alejarlo, porque en mis intentos de seducirlo sólo había logrado me que sujetara efectivamente contra la pared, quedando entre lo sólido del material y su implacable cuerpo. Mi comportamiento lo tenía al borde, pero rehusó a dejarme espacio, liberándome de su agarre.
Eventualmente, acepté que no iba a escapar de él. Como último recurso, llevé mi cabeza contra la pared y sollocé, el dolor era tan intensamente insoportable. Mis piernas cedieron pero antes de caer, sus brazos fueron de aprensivos a ser mi apoyo. Escondí mi cara en su pecho, tratando de concentrar todos mis sentidos en él, consumiendo cualquier deseo de sangre.
“Sácame de aquí,” supliqué.
Tuve la vaga idea de estarme moviendo, de estar siendo llevada en sus brazos. Pero me sentía sofocada. Todo lo que podía oler era la sangre que daba vueltas en mi cabeza, retando mis sentidos. En mis oídos había un terrible rugido como música de fondo –la furia de mi demonio mientras le era negado para lo que vivía.
El aire me pegó como ola fresca. Lo absorbí tan rápido como pude, a través de mi boca y a través de mi nariz. Ayudaba a combatir el sentimiento de pérdida, a aclarar mi cabeza… me ayudaba a estar completamente alerta de cada pensamiento que había cruzado mi mente desde que salí del elevador.
El horror me traspasó.
A unas pocas cuadras, había sirenas gritando a todo volumen. Fue cuando me percaté de que Edward estaba corriendo conmigo a su lado, huyendo del edificio. No sabía en que estaba pensando. No tenía duda sobre a donde se dirigían las sirenas, lo único que sabía era que estaba lleno de evidencias para asegurar que supuestamente yo estaba en el edificio en ese momento. Podríamos haber sido captado por las cámaras de vigilancia en los pasillos. Mi auto aún se encontraba en el estacionamiento, mi bolsa de mano dejada en el piso de mi oficina. Todos los pequeños indicios para suponer que habría demasiadas preguntas sobre mi involucramiento.
Pero no le cuestioné. La sed aún ardía en mi garganta despiadadamente. Mantuve mi rostro oculto en sus hombros, ignorando todo a mí alrededor, enfocándome sólo en el aroma que inhalaba de su playera. Edward me hablaba tranquilizándome mientras corría, alentándome gentilmente y elogiando mi resistencia sobre mi demonio.
Unas llantas rechinaron a nuestro lado, estaba sorprendido de ver mi auto esperando impacientemente por nosotros para entrar en el –mientras veía a Alice detrás del volante. Edward dejó la puerta abierta para mí mientras me empujaba y se deslizaba en el asiento junto a mí. Tenía la ligera sospecha de que Alice había roto muchas leyes y fabricando evidencia de nuevo.
Las llantas del coche rechinaron de nuevo mientras pisaba el acelerador. Bajó las ventanillas y hubiera sacado como perro mi cabeza al viento frio, si tan sólo me hubiera podido apartar de Edward por largo tiempo. Todavía estaba cubierta en la sangre de Lanna.
Sentí vergüenza al pensar en el nombre. En saber que había considerado a la joven mujer nada más que para saciar mí sed. Estaba absolutamente horrorizada de que había estado considerando tomar su vida y la de un pequeño aún sin nacer sin una pisca de arrepentimiento. Y no solo haber pensado en tomar su vida, sino también intentar seducir a Edward para lograr mis objetivos.
Realmente me odiaba en este momento.
El teléfono de Edward vibró en su bolsillo. Frunció el ceño mientras lo abría. Sus ojos se estrecharon e incluso acercó el teléfono más a su rostro como si no pudiera leer bien el mensaje.
“¿Qué sucede?” Pregunté, saliendo de mis pensamientos. Estaba impresionada de escuchar el gruñido retumbando en su pecho mientras giraba el teléfono para que pudiera verlo.
La imagen era pequeña pero podía observar cada pequeño detalle. Podía ver la foto que Alice me había dado en la tarde, puesta en el alféizar de la ventana cerca de la pared de la oficina. Podía ver el típico corazón de enamorados que había sido dibujado con sangre alrededor de nuestros rostros en la foto, con un borrón de sangre sobre mi cara. Y podía ver las palabras escritas en sangre que estaban en la pared al lado de la ventana –Por fin te encontré.
Observé fijamente a Edward, completamente alarmada. “¿Qué sucede?”
Él aún miraba ceñudo el teléfono en su mano, sus ojos oscuros como el onyx, llenos de furia. Podía decir que él estaba pensando profundamente. Nunca me contestó y sus ojos se cerraron súbitamente, un enorme rugido rompiendo en su pecho.
“¡Edward!”
Sus ojos estaban ardiendo con varias emociones. Desafío y posesión dominaban su rostro. Me atrajo hacia él más cerca mientras observaba de nuevo la foto en su móvil.
“Pareja por pareja,” dijo, su voz susurrando peligrosamente. La cabeza de Alice volteó de golpe para observarlo. Fruncí mi ceño, confundida. Tenía una vaga memoria de haber escuchado esas palabras antes, pero no podía recordar de quien.
“¿Porqué me suena familiar?” Le pregunté.
Rugió de nuevo. “Porque fue lo que dijo Laurent luego de haberte atacado.”
Oh. Bueno, eso lo explica todo, ¿no?
Pero Laurent estaba muerto. Él no pudo haber sido el que…
Ella piensa que es más apropiado matarte a ti que a Edward- un trato justo, pareja por pareja…
Laurent no.
Ella.
“Victoria,” rugió Edward tranquilamente.
links de la autora: http : / www . fanfiction . net/ u/ 1581686 / xxSiLvErDrAgOnxx (sin espacios)
link de la historia: http : / www .fanfiction . net /s /4272062 /1/ Its Better When I Bleed For You (sin espacios y con guiones bajos en el titulo...)
Sowelu~