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Capitulo 4
Sam sintió un retortijón en el estomago, como si se hubiese tragado una aspiradora y estuviese siendo succionado desde dentro.
Abrió los ojos, confundido, pero los volvió a cerrar al notar la presión en las sienes. Los ojos le ardían violentamente, como si alguien le hubiese echado acido en ellos.
Trato de frotárselos con la mano, solo para notar que algo retenía su mano con firmeza. Empezó a tirar para liberarse, mientras sentía como le lagrimeaban los ojos.
–Estate quieto– siseó una voz de manera impaciente, y confundido aún se dio cuenta de que lo que le sujetaba era una mano.
Todo volvió a recuperar su color y la sensación de vertido pasó.
Los ojos de Sam se enfocaron. Tenía un pitido agudo en los oídos.
Estaban en un estrecho entre dos grandes bloques de piedra descarpada que se alzaban hasta el infinito. No había luz solar, pero había una tenue iluminación violeta.
Fijándose en su lugar de procedencia, se dio cuenta de que su origen era una red de finas hebras de energía que tomaban la forma de una espectral tela de araña.
El pitido, no cesaba y se dio cuenta de que provenía de ahí.
–¿Qué es eso? ¿Y Dean?
Astaroth señalo hasta la red con la mano derecha. Le tenía sujeto por la izquierda. Al señalar, sus cuerpos de movieron a una velocidad vertiginosa. Sam se sintió como si sus células fuesen gaseosas en vez de materiales y como si una corriente increíble le arrastrase como a una hoja de árbol caída.
Pararon otra vez. Esta vez la red se veía mucho más grande y vio a Dean.
Su hermano tenia la boca abierta en una mueca de dolor y estaba gritando como tantos otros cuerpos que estaban suspendidos en la misma red que el. Se dio cuenta de que el pitido que había estado oyendo, ese que le molestaba, era en realidad la suma de todos los gritos de las personas que estaban siendo torturadas.
–¡Dean!– Sam empezó a avanzar hacia su hermano, pero de nuevo se veía retenido por la mano de Astaroth. Furioso e impaciente dio un fuerte tirón. No iba a permitir que nada le alejase de Dean. Nada.
Astaroth hizo un gesto de protesta, pero una fina película de sudor recubría su frente, y su mano finalmente se abrió.
Sam le dirigió una mirada triunfal y se giro rápidamente para ir a rescatar a Dean, pero nada mas sus dedos se separaron de los de la demonio, todo volvió a volverse borroso y la oscuridad volvió a envolverlo.
Algo frio empezó a gotear sobre su cara y cuello. Sam abrió los ojos y una gota de agua le cayó en ellos. Y en los labios.
Se ladeo rápidamente para evitar esta lluvia y choco contra algo duro. Maldiciendo se fijo que había golpeado su cabeza contra las patas de metal de una mesa.
Mierda– masculló, incorporándose hasta quedar sentado. La cabeza le dolía terriblemente, y no estaba totalmente seguro de si era por el golpe o por… ¡Dean!
Dean sufriendo. Dean gritando. Dean lleno de heridas y ganchos atravesándole la piel. Las costillas de Dean marcadas bajo su piel sangrienta. Había leído sus labios. Su hermano le estaba llamando.
Noto su corazón palpitando fuertemente en el pecho. Alzo la vista y se encontró con la demonio que lo miraba con curiosidad. Tenía la botella de agua bendita en la mano y esta estaba ya casi totalmente vacía.
¿Por qué estamos aquí? ¡Habíamos hecho un pacto!– Sam sentía una horrible sensación en el pecho. Ya había sido horrible saber que su hermano estaba muerto, pero verlo en esa situación le producía ganas de vomitar.
Astaroth le miro a los ojos y se encogió de hombros.
No estábamos realmente allí, recuerda el ritual. Ha sido todo una visión. Yo quería mostrarte más, pero te soltaste de mí y no he podido mantener la conexión.
Sam recordó que en efecto se había soltado, pero no había parecido una visión para nada. Todo lo contrario, la realidad del suceso todavía le oprimía el corazón. Había sido tan vivido, tan detalladas las formas, tan insoportables los gritos…
No parecía una ilusión. Mi hermano… ¿Qué le están haciendo?
Está en la Red. Ahí permanecen las almas compradas durante un par de siglos, produciendo energía hasta que se agotan. Cuando se agote pasara a ser un demonio.
¡NO!– Sam se levanto del suelo rápidamente y agarro a Astaroth de los brazos sacudiéndola. Desde su más de metro noventa de estatura parecía un gigante en comparación con la chica.– ¡Mierda! ¡No! No lo acepto. Dean no va a convertirse en demonio. Le voy a salvar, voy a salvar a mi hermano…
Astaroth trato de apartarse, un poco sobrecogida por la intensidad de las palabras de Sam. La angustia que emitían estas era palpable.
El cazador no era la persona más equilibrada del mundo en ese momento. Ni siquiera de esa habitación, y era la única persona que había.
Tras unos instantes soltó a la demonio. Las marcas de sus manos se veía claramente en la piel extremadamente pálida de la chica, como dos manchurrones rojos.
Poco a poco se fue calmando y una mirada determinada se fue formando en su rostro. Su ansiedad y crisis nerviosa parecieron
Se metió las manos en los bolsillos, dio un par de pasos hacia atrás. Astaroth ya no sabía muy bien que pensar.
¿Cómo puedo llegar a él?
Oh.
¿Oh?– los ojos de Sam en ese momento eran grises, aunque segundos antes cuando estaba más enfadado habían sido verdes.
Bueno, tenemos que entrar por una de las puertas del infierno, a no ser que quieras morir, en ese caso podría llevar tú alma sin problemas. ¿Dónde estamos?
En Dallas. Y lo de morir está descartado.
La chica cerros los ojos en un gesto de concentración. Sam se fijo en lo humana que parecía en ese momento, con el pelo despeinado, la cara manchada de sangre y la ropa sucia.
Ludlow, california.