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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Card Captor Sakura » Imperfectamente Perfecto

LadyCornamenta
Author of 17 Stories

Rated: K - Spanish - Romance - Sakura K. & Syaoran L. - Reviews: 23 - Published: 07-27-08 - Complete - id:4428488

Imperfectamente perfecto.

By LadyCornamenta

Me descubrí mirando fijamente su nuca, ubicada a un par de puestos del mío. Sacudí la cabeza e intenté, vanamente, centrar mi atención en la pizarra llena de fechas y hechos históricos que no me interesaban en lo más mínimo. Entonces, vi como la profesora se ponía de pie. La palabra lección oral debería haber alertado mis sentidos adormilados, mas no lo hizo en lo más mínimo. Había ignorado, por lo menos, las últimas cinco clases de historia; ya que las encontraba un buen momento para pensar, para fantasear… para observarlo. Volví a sacudir la cabeza, y enfoqué mi vista en el frente. Entonces, lo vi ponerse de pie desganadamente y pararse a un costado del escritorio de la profesora. Él mantenía la vista fija en ella, mientras ésta hablaba, por lo que tuve la libertad de observarlo sin reparos.

Comenzando por su desordenado cabello chocolate, hasta la punta de sus pies, todo en él me gustaba. La manera en que su pelo parecía constantemente expuesto a un fuerte viento y la forma en que, con la luz del sol, parecía desprender destellos cobrizos; el modo en que sus pobladas cejas se fruncían cada vez que prestaba extrema atención a algo; sus ojos, del color del ámbar y la miel, fríos como una piedra a la vista de cualquiera, pero con aquel destello que, por momentos, los hacía ver dulces y risueños; su pequeña nariz respingada; sus finos labios color carne, apretados por el inminente nerviosismo. Su rostro me hacía sentir miles de sensaciones indescriptibles con solo mantener mi vista fija en él por una milésima de segundo. Su cuerpo, sin embargo, no quedaba en un segundo lugar. Desde su amplia espalda, ahora tensa por la situación, hasta sus largas manos, su fuerte torso y su delgado cuerpo. Todo en él me generaba aquella extraña sensación en el pecho que me resultaba imposible expresar con palabras.

Mi ensoñación se vio interrumpida cuando escuché su voz en el frente del salón. Ronca y, en cierto modo, profunda; pero titubeante por los nervios. Siempre tenía aquél tono cuando debía pasar delante de la clase o hablar para muchas personas. Comenzó a hacer una explicación sobre los hechos sucedidos durante alguna guerra de la que yo no tenía ni idea, pero no estaba concentrada en lo que decía, sino más bien en su voz ronca y varonil que tanto me gustaba.

Saliendo de mi trance, en el momento en el que él hizo una pausa para pensar con que continuaría, hice un paneo general del aula. A mi lado, mi compañera y mejor amiga me observaba con aquella mirada suspicaz tan suya. Ella sabía que estaba pérdida, así que no había de que preocuparse. Luego, mi mirada identifico los pares de ojos fijos en el muchacho castaño del frente. Yo no era muy observadora —de hecho, una de mis principales características era, muchas veces, ignorar lo que sucedía alrededor y perderme en mi propio mundo—, pero no había que serlo para saber que más de una muchacha estaba interesada en él. No había que ser un genio para darse cuenta de aquello. Esas miradas dejaban las cosas más que claras.

Viéndolo allí, de pie frente a la clase, gesticulando para explicarse, parecía un chico perfecto.

Sin embargo, todo aquello era superficial.

Yo sabía la verdad, porque nunca me había interesado ver sólo su exterior. Me resultaba atractivo físicamente, de aquello no había ninguna duda; pero, sin embargo, todo iba más allá. Yo sabía cosas que muchas jóvenes, quizás, ignoraban, pero que formaban parte de él. Yo sabía, por ejemplo, que siempre le gustaba tener la razón. No le gustaba que lo contradijeran y siempre quería salir victorioso de cualquier tipo de discusión. Cuando sabía que no podía ganar, se dedicaba simplemente a hacer un mohín y a hacerse el desentendido del asunto. También sabía que muchas veces se quedaba perdido en sus pensamientos, mirando un punto fijo de la pizarra; sobre todo en las clases de literatura o inglés, que parecían no interesarle demasiado. Tenía en cuenta, también, que siempre había sido un buen alumno, muy responsable y ordenado con sus cosas, aunque un poco confiado, lo que, más de una vez, le había ocasionado problemas con los exámenes. También sabía que adoraba el chocolate y que, usualmente, podía ponerse obsesivo hasta el punto de conseguir uno como sea. Pequeñas cosas, sí; pero que formaban parte de su extraña personalidad.

Vi que volvía a dirigirse a su puesto y sonreí levemente.

Parecía perfecto a la vista de cualquiera, pero estaba lleno de defectos.

No le gustaba el frío, para nada. De hecho lo aborrecía y, si el clima estaba muy ventoso, muchas veces se negaba a salir. Le gustaba, además, llevarle siempre la contra a todo el mundo con sus propios intereses e ideales, los cuales siempre defendía incondicionalmente. También podía despertarse de mal humor —de hecho, solía pasarle con frecuencia—, y era mejor no acercarse demasiado a él si no querías acabar con una discusión garantizada. Por el contrario, cuando estaba de buen humor, solía hacerles bromas a sus amigos, pero nunca le gustaba que le gastaran bromas a él. De hecho, sus compañeros parecían tenerlo como algo obvio y nunca lo hacían objeto de sus chistes.

Escuché el timbre y, por tercera vez en la mañana, volví a sacudir mi cabeza para despejar mi mente. De forma torpe, comencé a guardar las cosas en mi morral. Entonces, aquella fragancia masculina me invadió todos los sentidos. Aquél perfume fuerte y dulzón que evocaba en esos momentos en los que mis pensamientos se encontraban dirigidos hacia él. Alcé la vista para encontrarme con aquellas obres castaño doradas, que me miraban con firmeza y cierta picardía.

—¿Crees que aún te queden ganas de ayudarme con los deberes de inglés? —preguntó, con aquella voz que me hacía estremecer.

Asentí, con una pequeña sonrisa nerviosa surcando mi rostro, mientras terminaba de guardar todo y me cruzaba el morral sobre un hombro.

Salude a mi compañera y, luego, ambos caminamos en silencio hacia la biblioteca. La tarde anterior había prometido ayudarlo con sus deberes de inglés, teniendo en cuenta que había un examen la semana siguiente. Aquella materia siempre se le había dado pésimo y supuse que darle una mano para estudiar sería algo considerado de mi parte. Cuando llegamos, elegimos una mesa cerca de la ventana. Los rayos de sol se colaban por los cristales entreabiertos, haciendo que su piel trigueña resplandeciera, al igual que sus rebeldes cabellos castaños. Sonrió, y me quede prendada a su gesto hasta que habló.

—Si logras que entienda eso de los tiempos verbales, juro que te estaré agradecido de por vida —me prometió, con aquél tono tan suyo.

—Entonces prepárate para idolatrarme —conseguí articular, divertida.

Él sonrió espontáneamente. Era una sonrisa sincera. Él, un chico generalmente serio, la mayoría de las veces sólo mostraba sonrisas por compromiso. En muy pocas ocasiones tenía la posibilidad de ver aquella sonrisa espontánea, que sólo se hacía presente en momentos inesperados; en aquellos momentos en los que no tenía la obligación de sonreír para quedar bien con alguien.

Después de mi extensa explicación, comenzó a realizar los ejercicios con suma concentración. Tenía aquella extraña manía de escribir de costado y con los brazos sobre la mesa; haciendo que el mueble pareciera demasiado pequeño bajo sus largas y delgadas extremidades. Yo estaba sentada enfrente, por lo que no me molestaba; pero Eriol, su compañero, solía quejarse seguido por aquello. También tenía las piernas bien estiradas hacia delante y los pies cruzados, por lo que más de una vez tuvo que pedirme disculpas al patearme sin intención. Por cierto, era bastante inquieto.

Pasamos allí un rato.

—Bueno, lo has entendido bastante bien —comenté, con cierto optimismo, cuando el me entregó sus deberes.

No había resuelto ni la mitad de los ejercicios bien, pero el avance era considerable.

—Claro, seguramente la profesora Brown me felicitará por mi progreso del dos al cuatro —comentó con sorna.

Podía llegar a ser extremadamente sarcástico.

Hasta un punto casi desesperante.

Estuvimos por más de dos horas allí encerrados, hasta que, cuando vimos que hora era, decidimos acabar la clase para regresar a nuestros respectivos hogares. Ya muy poca gente quedaba en la escuela a esas alturas. Recogimos las cosas y salimos del lugar, caminando a la par. Después de atravesar los largos pasillos del establecimiento, ambos salimos al exterior, y la leve brisa golpeó contra nuestros rostros. Caminamos hasta el final del patio y, cuando pasamos las rejas del instituto, nos detuvimos uno en frente del otro.

—Bueno, nos vemos mañana —me despedí yo, poniéndome en puntitas para llegar a besar su mejilla.

Me sacaba demasiados centímetros y, encima, por alguna extraña razón, siempre debía ser yo la que lo saludara.

—Hasta mañana, Sakura —se despidió él—. Y gracias.

Con aquellas últimas palabras y la sonrisa que más me gustaba de él, me dio la espalda y comenzó a caminar para su hogar, tomando el camino contrario al mío. Me quedé allí, de pie, viéndolo alejarse. Cuando lo perdí de vista, llevé la vista a mis manos y vi que en ellas se encontraban varios libros.

Sus libros.

Suspiré, divertida, dejando escapar una leve risita silenciosa. Él también era bastante despistado a veces, incluso más que yo. Y sus defectos eran demasiados como para enumerarlos, pero sabía que todas aquellas pequeñas imperfecciones formaban parte de su persona y que iban con él a cada lugar que visitaba, con cada cosa que decía o hacía. Siempre estaban con él; a pesar de su rostro impasible, de su postura segura, de su sonrisa deslumbrante.

Shaoran Li parecía perfecto, pero no lo era.

Y yo lo sabía.

Sin embargo, estaba perdidamente enamorada de él.

Porque yo no buscaba a un chico perfecto. Buscaba a un chico imperfecto que fuera mi chico perfecto.

Y él se cruzo en mi camino, haciéndome olvidar todos mis esquemas sobre el muchacho ideal.

Porque él, para mí, era imperfectamente perfecto.

oOoOoOoOo

¡Ahh! ¿Qué les pareció? El primer one-shot que publico. La verdad es que estoy atrasada con la historia que estoy ya publicando y todo eso, pero la otra noche andaba pensativa y un poco melancólica, lo escribí en mi cuadernito y bueno, vino a parar acá jaja. Me pareció que había quedado lindo, no sé; eso queda a criterio de ustedes.

Por cierto, va completamente dedicado para Carli por su cumpleaños. ¡Felicidades amiga! Espero que lo disfrutes y que me esperes, que, en un par de meses, te alcanzo jaja.

En fin, espero sus comentarios, ya que nunca había publicado uno de estos.

¡Saludos a todos!

LadyCornamenta.



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