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Author of 8 Stories |
Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa silkendreammaid.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
XxX
Comentario inicial de la Autora
I'd like to thank everyone for the reviews and kind comments and to Mary and her team who have made my monster into something truly wonderful that i am very proud to have written and shared with everyone (silkendreammaid)
Quisiera agradecer a todos por los reviews y los amables comentarios, y a Mary y a su equipo quienes han convertido a este monstruo en algo realmente maravilloso, el cual estoy muy orgullosa de haberlo escrito y compartido con todos (silkendreammaid)
Comentario inicial de la Traductora
HAPPY BIRTHDAY querida Silken!!! Hoy se cumple el primer año de publicación de este espectacular fic. Y para los que recuerdan, lo inicié el día del cumpleaños de alguien… adivinen de quién… :)
Silken contestó a sus reviews… busquen el suyo al final del capítulo.
Returning Echoes
(Ecos que Regresan)
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Capítulo 16: Cuestiones sobre Sexualidad
Roy Mustang examinó los ojos dorados. Y no sintió ningún deseo de reír. Parecía que Edward hubiera perdido su balance mientras sus ojos parpadeaban pasando de la confusión a la rabia. La voz de él fue firme y nivelada.
“Tú eres Edward Elric.”
“¿Pero eso qué significa, Mustang?” Preguntó Edward en frustración. “Puedo ser Edward pero ¿qué es Edward? ¿Soy hombre o mujer? Maldita sea, ¿qué soy yo?”
“Eres mujer, Edward. Tú me dijiste eso.” Dijo Roy calmadamente y deseó que Ed aflojara la presión de su mano derecha. Su hombro realmente le estaba empezando a doler.
“Eso no me ayuda cuando no sé lo que significa ser mujer. ¿Tú sí lo sabes?” Ed volvió a hablarle con brusquedad.
“Edward.” Dijo Roy en voz baja y levantó sus manos para sujetar delicadamente sus muñecas. Le tomó ejercer algo de presión pero logró que ella soltara sus hombros y él pudo sentir que su hombro derecho se retorcía aliviado. Bajó las manos de ella hasta dejarlas entre ambos y la mantuvo sujetadas de las muñecas tratando de mantener a Ed en un solo lugar.
“Ya es suficiente, Edward. Cálmate, sabes que no sé lo que es ser mujer y ciertamente no trataría te decirte otra cosa.” Roy mantuvo su ojo fijo en los de ella. Roy se había cuestionado muchas cosas en su vida, pero nunca antes se había cuestionado su sexualidad. Se había cuestionado por qué estaba aquí y por qué había hecho ciertas cosas, pero jamás había puesto a discusión el hecho de que fuera hombre. Esto no era un caso de decidir si te gustaban los chicos o las chicas, esto era mucho más profundo. Era decidir algo con lo cual todos los demás ya habían nacido. Un rol en la vida.
Edward había sido hombre, pero nunca había alcanzado una edad para cuestionarlo, o incluso para que se convierta en un asunto que debía de abordar. Y conociendo a Edward, pensó Roy, él nunca se lo cuestionaría. Pero ahora Ed no tenía más elección que enfrentarlo.
Al nacer, nadie te decía ‘eres una chica y así es como serás percibida´ o ‘eres un chico y éstas son tus expectativas.’ Y había sido lo mismo para Edward. Había tenido su lugar, nunca había si quiera necesitado pensar en eso, pero ahora era diferente. Le habían dicho ‘eres una chica’ y ahora ella estaba tratando de comprender algo tan básico, tan fundamental, que Roy ni siquiera podía imaginar por dónde podía empezar.
“Sé que no lo harías, pero no es de ayuda cuando la gente hace suposiciones o me ven como algo que no sé si soy yo o no.” Replicó Ed y él pudo sentirla aún temblando.
“Nunca antes te importó lo que la gente pensaba de ti, Ed.”
“Eso fue antes de que me lo restregaran en la cara.” Recriminó Ed. “Antes de que te rieras de mí.”
Roy hizo una mueca. “Ya me disculpé por eso, Ed.”
“Lo sé y me gustaría una copia escrita como prueba.” Dijo Ed con un destello de su viejo temple. “Pero eso realmente no es de mucha ayuda, Mustang. ¿Acaso otros harán lo mismo? ¿Sabré por qué se están riendo si no me lo dicen?”
“Edward, pienso que lo estás haciendo demasiado complicado. Necesitas simplificarlo.” Dijo Roy lentamente, sus pulgares inconscientemente dando tranquilizadores círculos a las muñecas de ella.
“Creo que ya lo acabo de hacer Mustang. Soy mujer, no sé lo que eso significa, no tengo forma de averiguarlo, y mi vida se ha convertido en la confusión personificada. ¿Cuánto más simple quieres que sea?” Ed vagamente se percató del agarre en sus muñecas, a pesar de que sólo podía sentir la presión en su brazo izquierdo. Ella estaba más atenta a la mirada de ese ojo mientras lo observaba fijamente. Parecía haber una genuina preocupación y una disposición de ayudar. Edward no estaba segura de ello. No le gustaba depender de otros.
“Empecemos por lo primero en tu lista, Edward. Eres mujer, eso significa que te ves diferente. No luces igual que como eras antes.”
“¡Ya estoy al tanto de eso, Mustang!” Ella trató de liberar sus manos para lanzarlas por los aires, pero el agarre se intensificó y tuvo que permanecer cautiva. “Mis ojos todavía funcionan.” Dijo de forma sarcástica.
“Ya basta Edward. Sabes que no me refería a eso.”
“No, no lo sabía idiota. Suenas como si le estuvieses hablando a una criatura. Y yo ya no soy una criatura, Mustang. Sé qué aspecto tengo, incluso sé que esto es lo que la gente ve cuando me mira. Todo eso ya lo sé, ¿okay?” Edward le lanzó una mirada asesina. “Estás siendo condescendiente y eso me molesta, Mustang. No lo vuelvas a hacer.”
“Estoy tratando de hacer esto simple, Ed.” Protestó Roy.
“Mustang, no puede hacerse más simple. La gente me ve como mujer. Yo no.” Ed lo miró fijamente. “Trata de simplificar eso aún más.” Ella casi lo retó.
“Está bien. Entonces es tan simple como suena.” Dijo Roy de mala gana.
“¡Al fin!” Exclamó Ed. “Denle a este hombre una muñeca de premio.” Rodó sus ojos y suspiró teatralmente.
Roy la miró perplejo. “¿De qué diablos estás hablando Edward?”
“¿Nunca te ganaste una muñeca Mustang?” Ed parpadeó, súbitamente desconcertada por la mirada de completa confusión que apareció en el rostro de Mustang. Nunca antes lo había visto así y preguntó, casi con incredulidad. “¿Alguna vez has ido a una feria, Mustang?”
Todos iban a ellas cuando niños. Había una Feria ambulante que pasaba por Resembool cada año. De seguro Mustang había tenido algo similar mientras crecía. Había habido ferias en el otro lado de la Puerta y Edward había ido a unas cuantas, e incluso había viajado con una de ellas por un corto tiempo. Había sido un recordatorio agridulce del hogar que había estado segura nunca sería capaz de regresar. Lo observó pensando, y su pausa se hizo más y más larga.
“No fuiste, ¿verdad?” Afirmó ella, casi estupefacta. “Nunca has ido a una, no tienes idea de lo que estoy hablando.”
“Pensé que estabas tratando de averiguar quién eres, Edward.” Dijo Roy sin rodeos, intentando retornar a Edward a sus pensamientos iniciales. No pensaba que su ignorancia respecto a las ferias necesitaba ser discutida.
“Yo he ido a una feria, y tú no.” Dijo Ed con asombro y mostró una pequeña sonrisa. “Es extraño. No importa qué sexo tenga ahora. Yo he ido a una feria y tú no.”
“Eso se llama ‘he hecho algo que tú no’ y eso te da una leve y fugaz sensación de superioridad. No todo lo que sientes va a estar determinado por el sexo que tienes, Edward.” Dijo Roy. “¿Y de seguro ya te has sentido así antes?”
“Sí, pero no cuando hay algo que tú no has hecho.” Y Ed le sonrió ampliamente. “No me importa lo fugaz de este momento. Yo he ido a una feria y tú no.”
Roy Mustang debió de haberlo dejado así. Roy debió de haber soltado las manos de Ed y mandarla a la biblioteca. Roy no debió dejar que esa sonrisa casi socarrona en ella lo enervara. Roy Mustang nunca debió de abrir la boca.
“Bueno, al menos yo he ido a una cita y tú no.”
Edward quedó petrificada. Lo miró fijamente y él se percató de que su súbita explosión de superioridad se escabulló tan rápido como pudo tan pronto las palabras salieron de su boca.
“¿Qué carajo…?” Las palabras salieron como un estrangulado y sacudido susurro. Él observó sus ojos y ocultó su turbación cuando el rostro de ella perdió su color.
“Esto no se trata de tu sexo, Edward. Se trata de ti. Estoy dispuesto a afirmar que creo que nunca has estado en una cita ni como hombre ni como mujer.” Dijo Roy lo más calmadamente que pudo. Sabía que tenía que empezar a hablar y continuar hablando o si no ella iba a destrozar su oficina justo después de destrozarlo a él. “Te estás volviendo tan retorcida sobre lo que le corresponde a lo femenino o masculino que estás perdiendo de vista a Edward. No me importa si has ido o no a una feria, particularmente no estoy molesto por no haber ido a una, y podemos mofarnos el uno del otro sobre eso todo lo que quieras. Y tal vez no escogí el mejor ejemplo cuando me sonreíste de esa manera, pero eso no significa que esté tratando de menospreciarte o introducirte en un lugar al cual no quieres ir.”
Roy dejó que las palabras salgan sin pensar demasiado en ellas. Los ojos de Edward aún estaban fijos en el suyo y su rostro todavía estaba pálido. La pudo sentir temblar y supo que aún estaba a punto de explotar. La rabia en sus ojos no ocultaba completamente el pequeño vislumbre que él vio del dolor que estaba sintiendo en algún lugar dentro de ella.
“No importa si nunca has ido a una cita o a cenar, Edward. No me preocupa que seas probablemente el más talentoso alquimista que existe y no me importa si empiezas una pelea en el comedor. Ninguna de esas cosas está relacionada con el sexo, Edward. La gente te va a ver como mujer, pero la única persona que define lo que eso significa para ti eres tú.”
La observó atentamente y tomó una pequeña inspiración cuando vio que los ojos de ella parpadeaban como entendiendo lo que estaba diciendo. Había un poco de color retornando a su rostro.
“Edward, ¿no has hablado nada de esto con Al?” Preguntó de repente y la vio sacudir su cabeza. “¿Has hablado con alguien acerca de esto?” La cabeza se volvió a sacudir. “¿Por qué no?”
“¿Con quién puedo hablar, Mustang? Nadie más ha pasado por esto. No existen libros ni nada sobre esto. A Al le invadiría la culpa y empezaría otra vez a tratar de buscarle solución. Ni siquiera debería de estar hablando contigo…” Ed se detuvo.
“Lo sé.” Dijo Roy. “Si no te hubiera incitado a esto. Pero Ed, no puedes hacerlo todo tú sola. Nosotros, no, yo estoy aquí si necesitas hablar. Para eso están los amigos.”
Ambos se quedaron mirando. “Amigos, ¿eh?” Dijo Ed en voz baja. “¿Eso significa que ya no te puedo golpear?”
“Sí.” Asintió Roy. Pudo verla en retirada, poniendo su confusión y rabia dentro de los pequeños estuches a donde pertenecían, tratando de volver a recuperar su equilibrio.
“Está bien, amigo.” Y Ed enfatizó la palabra como diciendo ‘todavía no confío plenamente en ti’. “Respóndeme esto. ¿Por qué dijiste eso de que no había ido antes a una cita?”
“Fue algo que surgió hace una semana de todo ese fiasco de las apuestas.” Dijo Roy y esperó que Ed lo dejara allí. La ceja arqueada que recibió le dijo que Ed no encontraba esa respuesta satisfactoria. Así que suspiró y prosiguió, sintiendo que estaba a punto de cavar su tumba.
“Havoc hizo un comentario sobre que Winry le propondría matrimonio a Al el día que tú tuvieras una cita. Los otros tomaron eso como una apuesta y se dio una animada discusión sobre quién sería la… ehm persona que tendría el privilegio de ser tu acompañante en el evento.” Roy la miró. “No hubo ningún cuestionamiento respecto a quién eres, Ed. Simplemente se refirió a una cena contigo.” Dijo con honestidad.
“Estás siendo sincero, ¿verdad?” Dijo Edward en un suspiro y él le asintió. “Al lo hace mejor. ¿Me puedes regresar mis manos?” Preguntó ella, y él parpadeó y soltó sus muñecas. Había olvidado que aún las tenía sujetas.
Ella se estaba alejando, mental y físicamente, mientras caminaba bordeando el escritorio y tomaba los archivos que había soltado un rato atrás. Había una distancia en sus ojos y él se preguntó cómo era ella capaz de oscilar para atrás y para adelante entre tales extremos.
“Edward, ¿te gustaría ir a cenar una de estas noches?” Preguntó de pronto, y captó un segundo de ojos extremadamente sobresaltados mientras ella dejaba su oficina sin contestar.
Se reclinó en su silla y se preguntó qué demonio había poseído su cerebro en ese momento. ¿Acaso no acababa de invitar a salir a Edward Elric? No, ¿no es cierto? Puso su cabeza en sus manos y gruñó. Sí, si es cierto.
Ed caminó hacia la biblioteca toda aturdida. Mustang no había querido decir que… que… ¿verdad? Ése de allí no había sido Roy Mustang. Debió haber sido alguien más. Roy Mustang no se disculpaba, no trataba de ser comprensivo y compasivo y no invitaba a Edward Elric a salir a cenar.
Edward había pasado de la furia al desconcierto, del desconcierto a la furia y de la furia al asombro, y todo debido a él. Nadie nunca la había hecho reaccionar así. Se arrepentía de haberle dicho todo eso a él pero entonces inmediatamente se retractó. Él había estado en lo cierto, ese arrogante. Ella no podía hacer esto sola y no había habido nadie con quién hablar. ¿Le había hablado sólo porque había sido el que estaba allí en ese momento o porque el que estaba allí había sido Mustang? ¿Hubiera dicho lo que dijo de haber sido otra persona? ¿Era eso una cosa de mujeres o una cosa de humanos? Ed se detuvo.
No, eso no lo voy a poner en duda. Dije esas cosas porque… porque era Mustang el que estaba allí. Porque sabía que no iba a juzgarme. Ésa fue la razón por la que me dolió cuando me dijo eso. Se sintió como si me juzgaba, como cuando la Abuela había señalado que no sabía nada sobre relaciones. Ed miró sus manos sosteniendo las carpetas. Lo habría golpeado si no me hubiera estado sosteniendo las muñecas. ¿Por qué no lo golpeé? Tal vez debiera regresar y golpearlo… sólo para compensar.
Edward refunfuñó. “Odio a ese hombre” murmuró por lo bajo. Él tenía razón, la única que podía decidir lo que significaba todo esto era ella misma. Eso de ver las cosas como ‘de mujeres’ o ‘humanas’ ni siquiera estaba realmente correcto. Se estaba escabullendo al etiquetarlo de ‘humano’ cuando realmente significaba ‘mío’ o ‘cómo pienso yo que deberían de ser las cosas’. Siempre lo había intentado, pero nunca había tenido éxito en mentirse a sí misma. Si lo tuviera, la vida se haría mucho más fácil, pensó.
¿Amigos? ¿Ella y Mustang? Había empezado a considerarlo un amigo mientras había estado en Resembool, pero que él lo haya dicho abiertamente había sido más bien sorprendente. No había pensado que él los podría ver como amigos. No después de sus últimos encuentros. Pero entonces recordó lo que Gracia había dicho al respecto, que sólo te quebrantabas con las personas en quien confiabas. Ed se dio cuenta de que eso también se aplicaba a otras cosas, como descargar frustraciones e incertidumbres, y tanto Ed como Mustang lo habían hecho. ¿Confiaba en él? Ocho años atrás habría dicho que no. Incluso cuatro años atrás habría dicho que desconfiaba de él. Pero ahora, tenía que admitir que sí confiaba en él.
Lo cual le hizo preguntarse. ¿Confiaba él en ella?
“Aquí tiene, Señor.” La bibliotecaria le alcanzó las carpetas que tenían que ser devueltas a Mustang. “Oh, por cierto.” Añadió la bibliotecaria y se reclinó sobre su escritorio.
Ed levantó una ceja. “¿Sí?”
“¿Conoce al Capitán Havoc que trabaja en la oficina del General de Brigada?” Edward asintió y frunció levemente el ceño. “¿Podría darle esto de mi parte por favor?” Continuó apresuradamente la bibliotecaria y le dio un sobre sellado a Ed. “Por favor, significaría mucho para mí.”
“Claro.” Ed se alzó de hombros, se metió el sobre en el bolsillo de su pantalón y dejó el edificio, ligeramente desconcertada por la brillante sonrisa que le había dado la bibliotecaria.
Edward caminó lentamente de regreso al Cuartel General, su mente revolviendo esas últimas palabras. Evocando esa mirada de asombro en su rostro, sabía que él no lo había dicho en serio, pero. Pero ¿y si era que sí? Recordó la tibieza de su mano alrededor de su muñeca y esa mirada de preocupación en su ojo. ¿Y si era que sí?
Roy Mustang se preguntaba si podía retirarse más temprano, antes de que Edward regresara de la biblioteca. Era una lástima, pensó. Aquí estaba él, dando vueltas en círculos mentales porque había invitado a cenar a Edward Elric y no sabía si lo había dicho en serio. No solamente eso, no sabía cómo Edward iba a tomar sus palabras. ¿Pensaría que había hablado en serio o como burla? Si había pensado que lo había hecho como burla, estaba seguro de que tan pronto regresara, ella lo iba a golpear, o hacerle algo igual de doloroso.
Le había dicho que era su amigo. Había otro grupo de palabras que había tenido problemas en creer que las había dicho en voz alta. Esos condenados ojos estaban comenzando a molestarlo, eso era seguro. Había visto el dolor detrás de la rabia, él había dicho las palabras que lo había colocado allí. Era un idiota, de eso estaba seguro. ¿Por qué tenía una punzada en el estómago al saber que le había causado dolor? ¿Por qué estaba pensado en ello cuando tenía todo ese horrible papeleo esperándolo? Tacha esa última pregunta, cualquier cosa era mejor que el papeleo.
Edward estaba pasando por un momento difícil y de alguna forma él había dicho lo que no debía. No había pensado que sus palabras tendrían ese efecto, pero ahora se daba cuenta de que Ed estaba cuestionando absolutamente todo sobre ella y su comentario sólo había resaltado algo que ella posiblemente veía como un defecto de su parte. Insensible es lo que había sido, y todo por esa maldita sonrisa socarrona en ella.
Era un continuo misterio para él que desde su regreso, ella había logrado molestarlo tanto. En cada ocasión, se había quedado preguntándose qué era lo que hacía ella que lo dejaba tan desbalanceado. Nunca antes había reaccionado de forma tan irregular. Esa pequeña sonrisa socarrona lo había vuelto a desencadenar. Él había respondido bruscamente con lo primero que se le había venido a la mente, con lo que sabía había hecho en un estúpido despliegue de superioridad. Ellos nunca antes habían descendido a ese nivel. Sus pequeñas peleas nunca habían necesitado volverse así de infantiles. Edward probablemente lo había dicho porque necesitaba sentir que ella era algo más que un signo de interrogación andante.
Y ahora debido a ello, la había invitado a cenar. Bueno, no exactamente la había invitado a cenar, pero había lanzado la idea. Aunque si ella decía que sí, entonces sería clasificada como una evidente invitación. La cual él no sabía si ella la clasificaría así. Lo cual lo regresaba de nuevo al principio. ¿Cómo lo estaba Ed tomando?
Simplifica, Roy, se dijo a sí mismo, simplifica. Te pasaste todo ese rato diciéndole a Ed que pensara en simple, ¿entonces por qué no lo haces? ¿Quieres o no quieres salir a cenar con Edward? Sí, no, sí, demonios, no lo sé. Salió de su silla y paseó por su oficina. Si no lo sabes, ¿entonces por qué preguntaste? Si ésa no habría sido su intención, ¿aún así lo habría dicho?
Roy pasó sus dedos por su cabello y gruñó suavemente. Una simple pregunta y él mismo se había confundido completamente. Él era Roy Mustang, tenía años de experiencia y una reputación sin medida cuando se trataba de esta clase de cosas, incluso si éstas tenían cuatro años. Entonces, ¿cómo era posible que una simple pregunta a una simple rubia lo había literalmente ofuscado?
Y no olvidemos que esa simple rubia se encontraba en medio de una crisis de identidad que la estaba haciendo tan impredecible como nunca la había imaginado que estuviera. Algunas veces, pensó Roy, puedo llegar a ser un reverendo idiota.
Edward regresó a la oficina y colocó las nuevas carpetas sobre el escritorio de Havoc y dejó que él los llevase donde Mustang. Puso el sobre en el escritorio de Havoc y lo vio ignorarlo mientras volvía a su estado melancólico. Edward mantuvo su atención en los expedientes que había ignorado esa mañana y se había esforzado mucho por concentrarse en ellos.
Mustang permaneció en su oficina pero de alguna forma su oído se había vuelto extrañamente agudo y podía oír cada movimiento que él hacía. Podía oír cuando arrojaba un expediente sobre su escritorio, podía oír el crujir de los papeles, podía oír que su silla chirriaba cuando se reclinaba hacia atrás y pudo jurar que en algún momento de la tarde oyó su respiración.
Su mente siguió evocando sus palabras y siguió viendo aquella mirada preocupada en su ojo. La rabia que había sentido ante su mofa había desaparecido y eso la confundía. Ella no era de guardar rencores, pero una burla de Mustang a veces la podía carcomer durante unos días. Ésta casi había desaparecido y sólo dejaba el persistente dolor. Deseaba que Al estuviera aquí. Necesitaba a alguien con quién hablar, aunque hablar no era probablemente la palabra indicada. Lo que realmente quería era a alguien que la escuchase mientras le daba su rabieta. Una buena rabieta siempre la había hecho sentir mejor y usualmente la ayudaba a despejar su cabeza. Tenía el presentimiento de que atraería algunas extrañas miradas si empezaba a hablar con ella misma.
¿Qué iba a hacer? No le agradaba estar aquí sentada con los mismos pensamientos recorriendo su cabeza. No ayudaba el hecho de que no sabía si él había hablado en serio o no. Era difícil de creer que había hablado en serio. Su rostro de asombro había sido menos que tranquilizante. Miró hacia el taciturno Havoc y deseó que fuera Hawkeye quien estuviera sentada allí. Realmente necesitaba hablar al respecto.
Roy Mustang permaneció en su oficina y se rehusó a dejarla. Havoc trajo más carpetas y encontró los de la biblioteca en la pila, así que Edward había regresado. Él aún no había contestado sus propias preguntas, no quería tratar de contestar ninguna que ella debiera de tener. Se preguntó si era demasiado tarde para regresar a su cómodo y pequeño agujerito y esconderse allí por los próximos días. La vida había parecido más fácil cuando se había mantenido cerrado de todos los demás.
Rodó sus ojos y se reclinó sobre el espaldar de su silla. ¿Y quién lo había sacado a rastras del agujero? Nada más ni nada menos que ese rompecabezas de cabello rubio de la oficina de afuera. ¿Realmente quería regresar? ¿No había pasado una larga noche dándose cuenta de que se encontraba solo en esa vieja vida y luego había pasado una semana o dos sin querer reconocer la verdad? Hasta ese día en que ella había llegado aquí como si nada, con esa falda y esa sonrisa… demonios. Otra vez estaba volviendo a Edward.
Desde Maes, él no se había soltado de esa manera, pero a él nunca habría invitado a salir a cenar a Maes, entonces ¿por qué la había invitado a ella? Él y Maes hubieran ido a emborracharse y no habrían dicho nada más al respecto. Si Edward todavía hubiese sido varón, ¿hubiese hecho lo mismo? ¿La había invitado sólo por Edward era mujer? Porque uno generalmente no se embriagaba con una acompañante mujer. Gruñó en voz baja, ahora él era el que estaba cuestionando las percepciones de sexo.
Con razón Edward la estaba pasando mal.
De alguna manera la tarde transcurrió, y Edward suspiró de alivio cuando Havoc empezó a ordenar su escritorio y se puso de pie. Realmente lucía terrible, pensó ella, y apenas si había hablado durante el día. Lo observó salir sin decir una palabra, su rostro enmarcado en una máscara hosca e inexpresiva. Tembló ligeramente, era difícil de creer que ése era el mismo Jean Havoc que lo recordaba de semanas atrás. Echó un vistazo a su escritorio y sacudió su cabeza. Él no había almorzado, ya que allí estaba su lonchera llena. Suspiró, tenía que hacer algo, no podía permitir que Havoc esté así. Y si él estaba así, ¿cómo estaba Riza? Ése sí que fue un pensamiento que la hizo realmente temblar. ¿Se atrevería a ir a buscar a Riza y ver qué pasaba?
Recordó a la Abuela Pinako diciéndole que se mantuviera alejada de esas cosas, pero ella no esperaba realmente que Ed hiciera eso, ¿no es cierto? Ed no iba a quedarse observando a sus amigos sufrir sin al menos tratar de ayudar.
Se puso de pie y caminó alrededor de su escritorio, y directo hacia Roy Mustang cuando éste salía de su oficina. Su nariz se encontró con el pecho de él, y ambos retrocedieron rápidamente, sus ojos parpadeando hacia los costados antes de encontrarse, casi desafiantes.
“Pensé que te habías ido.” Dijo él, e instantáneamente deseó poder retractarse. Los ojos de ella se abrieron desmesuradamente y luego se oscurecieron. “Rayos Ed, no quise decir eso.” Dijo, y clavó su mano entre su cabello.
“Estás haciendo de eso un hábito, Mustang.” Dijo Edward con voz fría.
“¿Qué es otro mal hábito?” Musitó él y la miró con un suspiro. “Mira Edward, me doy cuenta de que el día de hoy ha sido confuso para ti. No ha sido exactamente fácil para mí tampoco y, no, antes que lo digas, eso no es una excusa.” Había visto el resplandor en los ojos de ella y había actuado primero.
“Entonces estás siendo egoísta.”
“¿Y tú no?” Preguntó Roy y su ceja se elevó. “Todos somos egoístas Ed. Incluidos tú y yo. Ambos hemos dicho cosas hoy que probablemente no habríamos dicho normalmente y puede ser que tú puedas levantarte y seguir andando, pero yo no. He pasado tanto tiempo…” Roy enmudeció y su rostro se cerró. La obvió y miró adelante. “Nos vemos mañana, Edward.” Caminó bordeándola y dejó la oficina.
Edward frunció el ceño mientras miraba la espalda de él retirándose. Tan recta y tan tensa. Estaba bien si ella le daba rienda suelta a su lengua, pero él tenía que encerrarse justo en las partes más interesantes. Con razón se había sentido cómodo en su pequeño hoyo, pensó. Demonios, él también era un estúpido al ser tan orgulloso que podría hacerse daño a sí mismo.
Dio una rápida ojeada a la oficina y se alzó de hombros. El arreglo de su escritorio podía esperar; y dejó la oficina, tomando velocidad al momento de llegar al corredor.
Roy caminó hacia la salida y al auto que lo aguardaba. Estaba abstraído en sus pensamientos. Lo había vuelto a hacer. Se había permitido hablar sin pensar. Y encima a Edward, otra vez. Realmente necesitaba estar solo por un rato. Qué había de malo con ser egoísta, pensó. Necesitaba tratar de encontrar algunas respuestas, e incluso si no las encontraba todas, al menos necesitaba saber que lo había intentado. Y no podía hacerlo si estaba tratando de contenerse de hacer comentarios que pudieran tener malas consecuencias en Ed. Okay, así que ella tenía algunos problemas, pero él tendría que ordenar sus propios sentimientos si alguna vez iba a serle de ayuda.
Se detuvo en seco en medio del corredor. ¿Desde cuándo había decidido que iba a ayudarla?
No oyó las pisadas de botas que corrían hacia él. Pero sí sintió el sólido peso que colisionó con su espalda y lo mandó trastabillando hacia adelante.
“¿Qué demonios?” Se tambaleó hacia ambos lados y se topó con la pared, usándola para recuperar su equilibrio, y giró para ver a una jadeante Edward que se levantaba del piso. Su rostro estaba sonrojado, sus mechones despeinados y habían hebras escapándosele de la trenza.
“¡Eres un idiota, Mustang! ¿Qué mosca te picó para que te quedaras así parado en medio del pasadizo?” Se quejó Edward mientras se levantaba y se sacudía el uniforme. Hizo una mueca ante las marcas oscuras en sus guantes e hizo un rápido aplauso para limpiarlos.
“¿En qué estabas pensando corriendo por ahí de esa manera, Edward?” Respondió bruscamente Roy. Se puso de pie y se enderezó el uniforme, una mano se levantó para correrla por su cabello.
“Tenía que correr, estabas caminando demasiado rápido.” Edward lo miró intensamente. Y él parpadeó.
“¿Por qué me estabas persiguiendo?” No pudo evitar preguntar.
“Porque estabas huyendo, idiota.” Dijo simplemente Edward. Y él supo exactamente lo que ella quiso decir y no le gustó que ella supiera que él lo sabía.
“No.” Dijo ella cuando él abrió su boca. “No lo digas. Sí, sé que no debo de entrometerme, y sí, sé que me odiarás toda la vida por entrometerme, y sí, voy a quedarme aquí parada hasta que estés de acuerdo conmigo. ¿Eso cubre lo más importante?” Ella no espero a su respuesta. “Bien, ahora vámonos.”
“¿Irnos adónde? Él logró decir.
“A cenar, idiota. Realmente, Mustang, ¿dónde dejaste el cerebro?” Ed rodó sus ojos y apuntó hacia el final del pasadizo. “La salida es por allá, ¿cierto?”
Edward no pensó en nada hasta que estuvieron en el auto dirigiéndose al primer restaurante que Mustang había logrado desempolvar de su memoria y que había aprobado su chofer. Ed sonrió por dentro, ése sí que había sido un momento divertidísimo.
Se habían aproximado al auto y el sargento uniformado se había apresurado a abrirles la puerta. Sus ojos habían estado agrandadísimos, pero en una manera verdaderamente militar, no había dicho nada y observó impasivo mientras ellos habían entrado al asiento trasero.
“A Alfredo’s” Había dicho Mustang con aturdida voz.
“Lo lamento Señor. Alfredo’s cerró hace tres años.”
Mustang se había volteado para ver a Ed y lucía un poco perdido. El sargento había retornado a su asiento y los estaba observando.
“Ni me mires, Mustang. Yo soy la que nunca ha ido a cenar ¿recuerdas?” Dijo Edward mientras se reclinaba en el espaldar del asiento y le sonreía ampliamente.
“¿Silvers?” Mustang había preguntado luego.
“Se incendió el año pasado. Señor.”
Edward había tratado de contenerse la risa pero había captado el brillo divertido en los ojos del chofer y había reído por lo bajo.
“Caramba, demonios Edward, no es que yo coma fuera todas las noches.” Había replicado Mustang.
“Si le pudiera sugerir Dominic’s, Señor.” Había interpuesto el sargento.
“¿Dominic’s?” Había cuestionado Mustang. “¿No estaba cerrado por no cumplir con ciertas regulaciones de salud?”
“Sí, Señor, pero eso fue hace mucho tiempo atrás, y los nuevos propietarios son de lo más exigentes.” Había respondido el chofer.
En el momento en que el auto empezó a moverse, Edward había mirado a Mustang con una mirada cuestionante en sus ojos.
“¿Exactamente cuándo fue la última vez que fuiste a cenar?”
“Cierra la boca, Acero.”
Roy Mustang había cruzado sus brazos y miraba hacia adelante, rehusándose a decir nada más. Edward había captado la amplia sonrisa en el chofer a través del espejo retrovisor y se la había retornado.
Edward miraba por la ventana y veía que las luces se encendían a medida que la noche se adentraba. Había corrido tras Mustang y básicamente le había tendido una emboscada. Sabía lo que él habría hecho. Se habría ido a su casa y se habría sentado allí para regresar a su agujero. Muy probable con una botella en la mano. Ella no sabía por qué había tenido que correr tras de él. Era casi como si estuviera tratando de salvarlo de él mismo. Y eso era estúpido ya que él era más que capaz para hacerlo solo. Entonces ¿por qué había ido tras él? ¿Y encima mencionar lo de la cena? A veces se preguntaba si ella era la idiota y no él.
Roy permaneció sentado observando la cabeza de su chofer. Cómo había terminado aquí con Edward a su costado yendo a cenar, no tenía la más mínima idea. ¿Por qué había corrido tras él así? ¿Acaso pensaba que tenía un problema o algo por el estilo? Él ya había tenido suficiente de su compañía hoy, entonces ¿por qué estaba sentado con ella a su costado? Y yendo a cenar. Esto tiene que ser un sueño o algo parecido. Probablemente todavía se encontraba en su oficina, bien dormido en su escritorio. Se contuvo la tentación de pellizcarse y supo que no era un sueño cuando el auto se detuvo fuera del restaurante. Dios, él realmente debía de ser un idiota como Edward lo seguía llamando.
El maitre d’ quedó impresionado al ver a dos miembros del personal militar acercándose a su mostrador y reconoció al General de Brigada Mustang. No conocía a la rubia Teniente Coronel a su lado y se percató de que ésta estaba mirando los alrededores con curiosidad. Su cabello era de un sorprendente tono rubio dorado, y cuando vio los ojos dorados que le hacían juego, supo que siempre la reconocería. Una vez que supiera quién era.
“¿Mesa para dos, Señor?” Dijo el maitre d’ con su suave y educada voz.
“Sí, gracias.” Dijo Mustang con igual cortesía y levantó su mano para indicar que Edward debía de caminar delante de él y que debía de seguir al hombre hacia su mesa. Casi sonrió cuando se dio cuenta de que Edward ni siquiera miró su mano ya que aún se encontraba mirando a su alrededor. Así que la tomó delicadamente del codo y la condujo en la dirección correcta.
Mustang vio los ojos que los seguían. Los dos uniformes azules eran sumamente visibles entre los otros muy bien vestidos comensales. Pudo sentir las miradas en su espalda y se contuvo las ganas de agachar su cabeza para ocultar su ojo. Sus dedos apretaron el codo de Edward y ella le lanzó una mirada rápida por encima del hombro mientras zigzagueaban por entre las mesas. Él sonrió pero no había intensidad en su sonrisa, y la ceja de ella se levantó y le dio una similar sonrisa falsa y se puso bizca por un brevísimo momento. Él se mordió el labio mientras ella se volteaba y su sonrisa se hizo más real.
Los condujeron hacia una pequeña mesa cerca de la ventana, no tan cerca de las otras mesas y Edward lució confundida cuando el maitre d’ le retiró la silla. Ella casi estiró la mano para quitársela cuando vio la breve sacudida de cabeza de Mustang y la significativa mirada que le estaba propinando. Dejó que el hombre la sentara en la mesa y se reclinó en el espaldar mirando alrededor.
“Es un bonito lugar, Mustang.” Dijo ella mientras veía la reluciente cristalería y platería sobre la mesa. El centro de mesa era un sencillo arreglo hecho de dos rosas y una vela pequeña.
“Sí, lo es.” Él estuvo de acuerdo y miró alrededor y notó las curiosas miradas que atraían. Más aún, notó que estaban dirigidas hacia Edward. No estaba seguro si era porque estaba con él, o porque era una persona atractiva, aunque se inclinó por lo último.
El maitre d’ regresó con la carta.
“¿Desearían el Señor y la Señora algo para beber mientras deciden?” Preguntó. El ojo de Roy se agrandó y su mano saltó por la mesa y apretó con fuerza la mano izquierda de Ed mientras veía que los ojos dorados destellaban y que ella se enderezaba en la silla.
“No, Edward.” Dijo él en voz baja y ella lo fulminó con la mirada. “No empieces con eso aquí.”
El maitre d’ agrandó sus ojos. ¿La dorada y femenina rubia se llamaba ‘Edward’? ¿De quién se trataba?
“Está bien, Mustang.” La rubia tenía una voz suave, incluso si la voz estaba llena de renuencia.
“Hay algunas cosas que simplemente tendrás que aceptar.” Dijo tranquilizadoramente el General de Brigada y la rubia se relajó aún más. “Por ahora sólo tomaremos agua, gracias.” Le dijo Mustang al maitre d’ y éste asintió mientras les dejaba las cartas.
“No iba a golpearlo, Mustang.” Señaló Edward.
“Lo sé, Ed. Pero se lo ibas a decir.” Y sonrió cuando ella asintió. “Edward, éste no es el cuartel. No puedes cambiar todo lo que no te gusta.
Ed suspiró. “Está bien, pero no me tiene que gustar.”
“Si te hace sentir mejor, Edward, entonces ódialo todo lo que quieras. Sólo no hagas una escena, porque eso no va a cambiar nada.” Dijo Roy en tono calmado. “¿Tal vez quieras leer la carta?” Añadió de manera chistosa y le sonrió cuando ella le frunció la nariz.
“¿Me puedes regresar mi mano?” Preguntó ella, y él sacudió su cabeza aun cuando soltó su mano.
“Disculpa.”
“Ya van dos veces en un día, Mustang.” Edward le sonrió socarronamente.
Él la miró confundido. “¿Dos veces qué, Edward?”
“Disculpas. Realmente debería de conseguirme copias de ellas.” Ella rió suavemente y él volvió a sacudir su cabeza. Y él que había estado pensando que eran dos veces que le había tomado las manos.
La cena los sorprendió a ambos al transcurrir con facilidad y sin ningún contratiempo. Habían tenido un pequeño debate sobre si la ternera era mejor que la carne de res y si Ed realmente debía comer dos postres. Para el momento que llegó el café, ellos estaban gratamente llenos y relajados. Su conversación había sido fluida, y habían discutido sobre alquimia, libros e incluso el problema de Hawkeye y Havoc.
Roy se sentó hacia atrás y miró a Edward. Casi está destellando, pensó. Una buena comida y una buena compañía conllevaban a una noche agradable, y había pasado mucho tiempo desde que había disfrutado tanto de una noche. Edward lo había sorprendido con su inteligencia en distintos asuntos de la alquimia. Había dejado escapar algunas historias sobre sus cuatro años fuera y él se había percatado de la pena en su voz mientras hablaba de la gente de allá. Nuevamente se dio cuenta de que ella cargaba recuerdos dolorosos que él no conocía y que ella no tenía ninguna intención de compartirlos. Tal vez algún día, pensó. En algún lugar durante esos cuatro años, ella había desarrollado buenos modales, y a pesar de su aversión a que la llamaran ‘Señora’ y de su obvia ignorancia respecto a salir a cenar fuera, se había mantenido cortés y calmada con los camareros y había ignorado las miradas que había estado atrayendo durante toda la noche.
Perezosamente se preguntó cómo sería si Edward estuviera vestida en otra cosa diferente a su uniforme. Con su cabello recogido y tal vez con algo negro o azul intenso, algo que pudiera mostrar su figura y sus piernas. Como ese día cuando se había puesto la falda. Todavía tenía aquella imagen de ella parada en la puerta, la elegante línea desde la cabeza hasta los pies, realzada por el perfectamente entallado uniforme. Y ese aire de confianza que había causado que ardiera de la rabia.
Edward miró desde encima de su café. Él la estaba volviendo a mirar fijamente. Lo había notado en algunas ocasiones durante la comida. De pronto se perdía en sus pensamientos y simplemente la contemplaba. Aunque esta mirada era diferente a las otras. Había reconocido a las otras como recuerdos y pensamientos que no iba a compartir y que en primer lugar no quería de verdad recordar. Ésta mirada era casi especulativa y de desconcierto.
Se había divertido, y eso lo había encontrado bastante sorprendente. Había esperado que él se resintiera con ella por haberlo forzado a esto, pero no había habido nada de eso. Ellos habían conversado e incluso lograron estar en un desacuerdo sin llegar a romper nada. Había sido sorprendentemente fácil hablar con él. Él no la había hecho sentir fuera de lugar o que le faltaba algo en ninguna forma. Él había estado... amigable, pensó. Habían sido como iguales a pesar de su desconocimiento en algunas cosas. Él no había intentado encubrirlos y la había dejado ser ella misma, y ella lo había encontrado más que bienvenido luego de toda esa confusión de esta mañana. Incluso se había acostumbrado a que el mesero la llamara ‘Señora’, bueno casi.
Sacó su reloj de su bolsillo y lo abrió sin percatarse de los abiertísimos ojos del maitre d’ cuando éste se acercaba a su mesa.
“¿Desean algo más, Señor, Señora?” Él vio el breve ceño y suspiro.
“Te vas a acostumbrar Edward,” La voz divertida de Mustang la hizo fruncir el ceño con poco entusiasmo.
“Y sigues con eso, Mustang.” Respondió. Ya sea debido a la atmósfera relajada que los rodeaba o a la placentera sensación de llenura, encontró que le era imposible molestarse con él.
“¿Existe algún problema?” Preguntó el maitre d’. Su nivel de curiosidad había alcanzado su punto más alto, y a pesar de su predisposición a no entrometerse, y de la política del restaurante, sencillamente tenía que preguntar. La rubia se volteó y le dio una irónica sonrisa.
“No, todo está bien….” Ella hizo una pausa como si buscara su nombre.
“Victor.”
“Victor. No hay ningún problema, es que me molesta cuando me llaman ‘Señora’, es todo.” Ella vio a Mustang tratando de ocultar su sonrisa. “No te atrevas a reírte, Mustang.”
Roy se enderezó y le sonrió socarronamente, y los ojos de ella se entrecerraron anticipadamente.
“Tú eliges Edward. Puedes ser ‘Señora’ o ‘Señorita Elric’.” Dijo, y observó que los ojos de ella se agrandaban. “Fuera del cuartel, Edward, ésas son las únicas opciones que tienes cuando conoces gente.”
“No me gusta ninguna.” Se quejó ella, e hizo un puchero.
“No puedes ser Edward para todos. Y el rango y título pueden ser desagradables, pero igual en algunos lugares no tienen peso.” Explicó Roy mientras observaba el ceño de ella. “Eres un adulto ahora, Edward, esto es parte de ello.” Él trató con todas sus fuerzas de no sonar condescendiente, y lo consiguió, porque la mirada que recibió no amenazó su bienestar físico.
Ella se volteó hacia el expectante maitre d’, quien había sumado dos más dos y había obtenido resultados de ochos y nueves.
“Creo que puedo vivir con lo de Señora si tengo que hacerlo.” Dijo ella con pesar, y Mustang sonrió cuando Victor se fue.
“No fue tan difícil, ¿verdad?” Preguntó él.
Ella le sonrió socarronamente. “Me gustaría ver lo que pasaría si te tuvieran que llamar ‘Señora’ por un día.”
“Edward. Te preocupas por cómo te ve la gente ahora, no lo compliques preocupándote por pequeñas cosas como ésta. Cómo te llaman es algo más que irrelevante, no te va a definir a ti como persona. Sólo ayuda a sus percepciones, no a las tuyas. Y las tuyas son las que importan. Ya te lo dije antes, la única que te va a definir eres tú.”
“A veces de veras pienso que te odio, Mustang.” Dijo Edward con un suspiro y le lanzó una mirada que decía ‘especialmente cuando tienes razón’.
Él se tiró hacia atrás en su silla y rió.
Edward durmió bien y se despertó de un buen humor que duró todo el camino hacia la oficina. El panorama del rostro miserable de Havoc atenuó ligeramente su entusiasmo y tomó la decisión de ir a visitar a Gracia después del trabajo. Mustang no parecía haber llegado todavía, así que empezó a hojear otra pila de carpetas que parecían haber aparecido durante la noche.
Había disfrutado de la velada. Ellos habían salido poco tiempo después de terminar sus cafés. Victor había preguntado casi disculpándose mientras se iban, si ella era en realidad Edward Elric y que si eso significaba que era el Alquimista de Acero. Ella había logrado mantener una sonrisa y había asentido, y él les había sonreído a ambos y mientras Mustang pagaba por la cena, él les había ofrecido una comida gratis la próxima vez que quisieran cenar allí.
Edward había estado muy sorprendida ante este tipo de reconocimiento y Mustang se había parado a su costado, su brazo presionando levemente contra su hombro. Ella había tomado confianza con ese pequeño roce, y había sonreído y eso había logrado dejar a Victor más que encantado. Mustang había ocultado su sonrisa y la había conducido fuera del restaurante con una mano en su codo. Se habían sentado en la parte trasera del auto, y mientras se alejaban, ambos habían soltado la carcajada.
“¿Ocurre eso con frecuencia?” Ella había preguntado sorprendida.
“A veces.” Había respondido él, y la observó sonreír en la tenue luz.
El auto se había detenido en los dormitorios, y ella había reído cuando Mustang le había dicho que la acompañaría hasta la puerta.
“¿Por qué querrías hacer eso, Mustang? Puedes ver la puerta desde aquí.” Ella había sonreído y había sacudido su cabeza cuando salió del auto. “Nos vemos mañana.” Se había despedido ondeándole la mano al chofer, y había sentido que él la observaba todo el camino hacia la puerta. Ella se había volteado y se había vuelto a despedir con la mano, riendo antes de abrir la puerta y desaparecer dentro del edificio.
Pasó las hojas de otro fólder y miró el reloj. Frunció el ceño ligeramente. Mustang estaba tarde esta mañana. Se preguntó por qué sería.
Roy Mustang no durmió bien. Se despertó muy temprano con un rojo y rasposo ojo, y su cabello hecho una puntiaguda maraña por todo lo que se había volteado y movido bruscamente. Lanzó su almohada por la cama mientras se sentaba y giraba sus piernas.
Había sido una noche encantadora. Había ido sorprendentemente bien. Incluso la había llamado la mejor noche fuera que había tenido en años. Lo cual era verdad, ya que era la única noche fuera que había tenido en años. Edward había sido una agradable compañía para cenar. Había hablado, había escuchado e incluso había bromeado con él. Él no había tenido ninguna sensación de rechazo que evocaba de los intentos que había ensayado luego de su recuperación. Había pensado que estaría fuera de práctica en cuanto a sus destrezas de socialización, pero ni siquiera las había necesitado. La noche había fluido sin problemas.
Porque sólo fue una cena. Eso era todo lo que había sido. Sólo una cena. Entonces ¿por qué tuvo ganas de acompañarla hasta la puerta y por qué había querido volverla a invitar. Y por qué ella había usado ese largo vestido negro en sus sueños de su próxima cena? ¿Con su cabello suelto?
Se dejó caer de nuevo en la cama. Jamás había cuestionado su cordura o su sexualidad antes y ahora estaba cuestionándose ambas. Estaba pensando en Edward como una cita, no como una compañía para cenar. Sería una locura invitar a Edward a una cita. Eso sería suicida, pero no había podido dejar de pensar en ello desde que la había dejado anoche en los dormitorios.
Había estado considerando eso durante todo el camino a casa. Otra cena con Edward. Quizás en un restaurante diferente e incluso un espectáculo antes o después de la comida. Recién cuando se había metido en la cama se había dado cuenta de que lo que estaba planeando era una cita de verdad, no sólo una cena. Ahí fue donde había cuestionado su cordura por primera vez. Pronto se volvió a cuestionar, cuando se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en ello.
A las tres de la mañana, mientras volvía a dar vueltas, había caído en cuenta que su sexualidad también era cuestionable. Había estado pensando en Edward. Mujer, ojos dorados, delgada. Ese largo río de cabello dorado, la trenza que recordaba haber jalado, el calor de su cuerpo contra el suyo, el contraste entre el brazo de automail y el de carne y hueso cuando los había sujetado esa mañana mientras ella había soltado toda su confusión… sobre… su… sexo. Él había enterrado su cabeza en la almohada y había gruñido. Había olvidado que Ed se veía a sí misma como hombre. Había olvidado que Edward había sido hombre. ¿Cómo diablos había olvidado eso?
Él no era tan superficial como para sólo ver la atractiva mujer que ahora era Edward, ¿no es así? Él había disfrutado molestándola, hablando con ella, sólo estando junto a ella. Esos no eran signos de que él estuviera así sólo por su apariencia. En el pasado había estado con mujeres mucho más atractivas y había visto decrecer su interés luego de unos cuantos días, e incluso minutos en una ocasión, cuando no habían podido conversar o incluso compartir una broma. Ellas habían sido superficiales, pensó. ¿Había sido él igual de superficial al correr tras todas ellas y no encontrar nada que lo satisfaga? En aquel entonces había considerado a Riza Hawkeye como la única mujer con quien podría verse saliendo por más de unos cuantos meses. Pero incluso con eso, se dio cuenta de que había estado corroborando su larga amistad y el hecho de que ella lo conocía mejor que nadie. Recordó la única vez en que habían ido a cenar, los dos vestidos formalmente, y la cena había transcurrido bien y con grata compañía, y cuando la había acompañado hasta la puerta, no había estado pensando en nada más que en asegurarse de que ella estuviera a salvo en casa. No había habido ningún plan para otra oportunidad, ninguna maniobra para besarla. Y ella también lo había sabido. Había estado claro en su sonrisa, y ella había cerrado la puerta tras ella.
Pero Edward. Edward le daba miedo. Él había, aún seguía planeando otra cena. Y Edward había sido hombre. Pero Edward iba a ser mujer por el resto de su vida. No era que hubiera un problema por eso, ¿no es cierto? Le había dicho que la veía como ‘Edward’ y era verdad. Él pensaba en ella como ‘ella’. Edward era mujer. Pero Edward había sido hombre. Ambos se habían conocido durante años, había visto al niño crecer, la había visto regresar y los había visto a ambos como Edward.
Ahora, mientras suspiraba y miraba al techo se, preguntaba. ¿A cuál Edward estaba pensando ver? ¿Al interno hombre Edward, o a la externa mujer Edward? Si Edward no sabía cuál era, ¿cómo iba a saber él por cuál Edward se sentía atraído?
Roy Mustang se sentó de un salto y se estremeció. ¿Atraído? Él no acababa de pensar eso, ¿o sí?
El General de Brigada Roy Mustang aún se encontraba completamente absorto en sus pensamientos cuando entró al auto más tarde de aquella mañana. Su chofer le entregó un papelito, y él lo miró sin ver durante la mayor parte de su viaje hacia el Cuartel General. Fue sólo cuando el auto pasó por las puertas que leyó la nota. El Fuhrer solicitaba su presencia tan pronto llegase. Frunció el ceño ligeramente, desconcertado sobre por qué era llamado y luego le restó importancia. Eso le daría más tiempo para serenarse antes de ir a su oficina y ver a Edward.
Le sonrió distraídamente al chofer al salir del auto, para sorpresa de éste último. Nunca había visto al General de Brigada tan ido como parecía estarlo esta mañana. Él ya tenía una interesante historia que contar durante el té de la mañana, ahora tenía más con qué adornarla.
Roy Mustang caminó por los pasadizos, todavía preguntándose si realmente se sentía atraído o no por Edward. No había encontrado una respuesta. Mientras esperaba en la habitación externa a la oficina del Fuhrer, no vio la evaluadora mirada de la secretaria mientras ésta se preguntaba por qué el General de Brigada no le había sonreído como siempre lo hacía.
Incluso el Fuhrer notó la levemente desenfocada mirada en el oscuro ojo mientras Mustang entraba y saludaba.
“Siéntese, Mustang.” El Fuhrer hizo un ademán con la mano hacia la silla frente a su escritorio. Esperó hasta que Roy hubiera tomado asiento y deslizó una carpeta por su escritorio.
“Como sabe, el Desfile y Baile de Graduación es en dos semanas.”
Mustang asintió, tomando la carpeta y tratando de concentrarse en lo que el Fuhrer estaba diciendo y no en si Edward ya estaba en la oficina o no.
“El General Lin se encontraba a cargo del orden del desfile, pero debido a una infortunada lesión, va a estar imposibilitado de completar los preparativos. Me gustaría que usted se haga cargo del resto de los preparativos. Me han informado que todo ha sido organizado, pero alguien tiene que aparecer como responsable.” El Fuhrer observó mientras Mustang asentía, una mirada despistada apareciendo en sus ojos.
El Fuhrer frunció ligeramente el ceño. Nunca había visto a Mustang así de distraído antes. Había esperado que Mustang protestara, especialmente cuando lo que dijo conllevaba a una obligatoria aparición en público. El Fuhrer sabía que Mustang odiaba las recepciones oficiales y siempre había logrado evitar el Desfile y aparecía el más breve tiempo posible al Baile. Esa mirada de preocupación en su ojo se estaba esparciendo por su rostro. El hombre realmente no se encontraba aquí, pensó el Fuhrer. Me pregunto si habrá escuchado algo de lo que he dicho.
“Eso es todo, Mustang.” Dijo cuidadosamente, y observó cuando Mustang parpadeó antes de ponerse de pie. Frunció sus labios y añadió. “Oh, y dígale a la Teniente Coronel Elric que estoy esperando con ansias.”
La expresión de vacío que se le vino al rostro de Mustang lo sorprendió y vio que el ojo oscuro se tornaba muy pero muy enfocado. La mano de Mustang apretó la carpeta con fuerza.
“¿Esperando con ansias qué, Señor?” Él preguntó cauto, como si temiera a la respuesta.
“Abrir el Baile con ella, por supuesto.” Sonrió él, y notó la súbita palidez en el rostro de Mustang. “Todo se encuentra en la carpeta, Mustang.” Añadió amablemente, y observó cuando Mustang daba un rígido saludo militar y dejaba la oficina.
Eso sí que era muy interesante, pensó el Fuhrer Sterben mientras apoyaba su espalda en la silla. Una pequeña sonrisa jugueteaba alrededor de su boca. Había esperado que el regreso de Edward Elric a Central fuera interesante, y hasta ahora lo había sido, pero no había esperado que fuera así de interesante.
Edward Elric estuvo bastante sobresaltada cuando Roy Mustang entró indignado por la oficina exterior, con una carpeta firmemente agarrada en sus puños, entró en su oficina y la cerró con un portazo. Hasta Havoc levantó la cabeza. Ambos intercambiaron miradas y Edward se puso de pie.
“No esta vez, Jefa.” Dijo Havoc. “Dale algo de tiempo para que se calme.”
“¿Cuánto tiempo será, Havoc?” Preguntó Ed curiosa.
“Al menos un par de horas, a juzgar por el portazo.”
Ed miró hacia la puerta y frunció sus labios. “¿Estás seguro…?”
Havoc asintió. “Sip. Alguien ha hecho algo que lo irritó. Ya se le pasará.”
Edward frunció el ceño. “No lo sé, Havoc. No me parece correcto dejarlo encerrado allí.”
“Edward, créeme. Ya ha pasado antes, y volverá a pasar. Él sólo necesita algo de espacio por un rato.”
Edward se sentó a regañadientes. Miró fijamente a la puerta antes de escoger otra carpeta. Se encontró mirando la puerta cerrada con bastante frecuencia durante las siguientes horas.
Era la hora del almuerzo cuando se abrió la puerta. Mustang salió y le entregó unos papeles a Havoc.
“Encárgate de que se envíen por favor.”
Evitó mirar a Edward mientras regresaba a su oficina. Ella frunció el ceño. ¿Qué le sucedía? Había parecido que se encontraba bien cuando la había dejado anoche y apenas si lo había visto hoy, así que no podía ser algo que ella hubiera hecho. Quizá tenía algo que ver con su tardía aparición de la mañana. Recordó su deseo de ayer de correr y esconderse, tal vez simplemente estaba inestable porque no había podido hacerlo. Ella sabía lo fácil que era sentirse irritable si tus demonios interiores sentían que estaban siendo ignorados.
Quizás debería de dejarlo solo el día de hoy. Pero si estaba igual mañana, entonces ella ignoraría cualquier puerta cerrada que él tuviera y le exigiría respuestas.
Roy estuvo muy agradecido por lo que sea que había evitado que Edward entrara en su oficina a exigir explicaciones. Había supuesto que ella lo seguiría luego de haber dado ese portazo hacía un rato. Había medio esperado que ella derrumbara la puerta en varios momentos durante la mañana, y había esperado con toda seguridad que ella dijera algo cuando finalmente había aparecido más tarde.
Ella no había dudado en ignorar cualquier muralla y puerta que él antes ya había cerrado, así que estuvo sorprendido de que ella parecía haberse contenido hoy. El tacto y la diplomacia no eran cosas que usualmente se asociaban con Edward. En el pasado, él hubiera sospechado que habían motivos ocultos en su aparente silencio y obediencia, pero esta vez, él sólo estaba agradecido y no quería pensar tan a fondo en eso.
Había leído la carpeta y eso había causado que empeorara su confusión. Había sido una sola y muy sencilla hoja de información dentro del fólder. Con el fin de destacar el hecho de que una mujer se había convertido en Alquimista Estatal, se había decidido que Edward bailara con el Fuhrer para dar inicio al Baile. Sin importar que nadie sabía si Edward podía bailar, sin importar que aún no le habían informado a ella. Simplemente se había decidido, y cuando Roy Mustang le pusiera las manos enguantadas encima al tarado que había propiciado la idea, se iba a encargar personalmente de que no volviera a tener ninguna idea nunca más.
Encontró esa reacción perturbadora, pero satisfacía un lado hasta ahora insospechado del que no se había percatado antes. Eso también lo retornó al pensamiento de que estaba atraído por Edward. El negarlo ya no funcionaba. Había pasado mucho tiempo, pero sí recordaba cómo se sentía la atracción, y lo que estaba sintiendo era atracción. Lo cual de nuevo lo hizo preguntarse de qué Edward. No ayudaba el hecho de que la razón de toda su confusión se encontraba sentada justo afuera de su oficina y no tenía la más mínima idea de lo que le estaba haciendo a él.
Suspiró y puso su cabeza en sus manos. Iba a ser otra noche sin dormir, de eso estaba muy seguro.
Edward sonrió cuando Elysia abrió la puerta y la abrazó antes de que pudiera entrar a la casa. Levantándola un poquito para dejarla parada sobre sus pies, Ed caminó haciéndolas entrar a las dos a la casa y le sonrió a Gracia quien venía a saludarla. Ambas se abrazaron con Elysia pegada entre las dos y luego la mandaron a volar para así terminar de poner la mesa.
“Te quedarás a cenar, ¿no es así, Edward?” Preguntó Gracia y luego no le dio tiempo para rehusarse al meterla a empujones en la cocina y darle una cuchara y una cacerola para vigilar. Edward parpadeó y encontró a Riza ocupada en una tarea similar.
Edward descubrió que cenar así con amigos era muy diferente que la cena de anoche con Mustang. A pesar de la oscuridad que podía ver en los ojos de Riza, la conversación transcurrió ligera y sin contratiempos. Edward no mencionó la oficina y Riza no preguntó. Sí habló sobre los planes para el nuevo campo de tiro y mencionó que hasta ahora había tenido que amenazar sólo a un idiota.
Después de la cena, habían ayudado a limpiar y a lavar los platos, y Elysia se había ido a la cama. Ed se sentó en un cómodo sillón, subió sus piernas y las acurrucó debajo de ella, y empezó a mirar las fotografías de la fiesta de cumpleaños. Le sonrió a algunas de ellas, especialmente a la de Mustang cubierto de nieve. Frunció el ceño levemente al encontrarse con tantas en la que ella se encontraba. No se había dado cuenta de cuántas veces Mustang había levantado la cámara cuando habían estado sentados allí.
“… vaya contigo, Edward?” Captó el final de la pregunta de Gracia y levantó la vista.
“Disculpa, no estaba escuchando. ¿Que vayas conmigo adónde?” Edward lucía un poco confundida.
“A escoger un vestido, Edward. Te pregunté si te gustaría que vaya contigo.” Repitió Gracia.
Edward frunció el ceño y lució completamente perpleja. “Yo no necesito un vestido, Gracia.”
“¿Ya tienes uno?” Gracia observó cómo Edward se puso aún más confundida.
“No tengo ningún vestido. ¿Por qué querría ir ahora a comprarme uno?”
“Por el Baile, Edward.” Dijo Riza mientras llegaba con la bandeja de café.
“¿Qué baile?” Ed miró a la una y a la otra. “No tengo la menor idea de lo que están hablando.”
“El Baile de Graduación. Se da cada año, Edward.”
“Bueno, hasta ahora lo han manejado sin mí, así que pueden volverlo a hacer así otra vez.” Remarcó Ed en tono burlón.
“Es obligatorio Edward. Tienes que asistir.” Contestó Riza mientras se sentaba.
“¡Ni hablar!” Edward se sentó derecha.
“No tienes elección Edward. Todos tenemos que asistir.”
“¿Hasta Mustang?” Preguntó Ed incrédula. Ella no pensaba que él se aparecería en algo como eso, y si él no lo hacía, pues entonces ella tampoco.
“Sí, hasta Roy asiste.” Ella no le dijo a Ed que Roy se iba tan pronto se le presentaba la oportunidad. Sabía exactamente cómo reaccionaría Edward con ese trozo de información.
“¿Por qué necesito un vestido? ¿No es conveniente usar uniforme?” Preguntó Ed, frunciendo el ceño mientras empezaba a pensar en formas de evitar el Baile.
“No Edward. Es un evento de etiqueta y todos se visten elegantes.” Gracia sonrió. “Yo solía divertirme cuando iba. Maes siempre planeaba la noche completa. Primero a cenar, luego al Baile y después un paseo en auto hacia un lugar sólo para nosotros dos.”
Riza y Ed sonrieron cuando el rostro de Gracia se suavizó, y ambas supieron que Maes habría hecho cualquier cosa por hacer especial la noche entera para la persona que se encontraba sentada frente a ellas.
“¿No hay manera de escaparme de esto?” Preguntó Edward y se encontró con dos cabezas que se sacudían. “¿Y del vestido?” Preguntó con tono de horror.
“No va a ser tan malo como piensas Edward.” Dijo Gracia.
“Puede que no lo sea para ti, Gracia. ¿Sabes lo incómodo que es usar esas cosas?” Protestó Ed.
“Los vestidos no son incómodos, Edward. Dijiste lo mismo sobre usar una falda y al final usaste una.” Remarcó Riza.
“Como si me hubieses dado otra elección con respecto a la falda, Riza.” Ed casi sonrió. “Y yo sí siento incómodos a los vestidos. Puede ser que ustedes estén acostumbradas, pero yo no. Me parecen perturbadores.” Ed ni sabía cómo explicar el sentimiento de vacío que había tenido cuando se los había probado en Resembool. La sensación de piernas descubiertas y de no tener nada debajo, el vestido no le daba la misma sensación de seguridad que sí le daban los pantalones.
Riza y Gracia intercambiaron miradas. Era fácil olvidar que Edward alguna vez había sido varón. Ellas habían hablado al respecto en la fiesta de cumpleaños y ahora podían ver que Edward no se veía a sí misma como ellas la veían. Y a Edward no le iba a gustar tener que conformarse con lo que la gente esperaba de ella.
“Te ayudaremos con lo del vestido, Edward, y te encontraremos algo con lo que te puedas sentir cómoda.” Dijo Gracia.
“¿Cuándo es el Baile?” Preguntó Edward de mala gana.
“En dos semanas.” Respondió Riza y su rostro se oscureció ligeramente. “Durante la mañana es el Desfile y el Baile es en la noche.”
“¿También tengo que ir al Desfile?” Preguntó Ed, sus ojos se iban agrandando y había un inminente rechazo en su lengua.
“Pensaría que sí, Edward. Es para los reclutas que han completado sus doce semanas de entrenamiento básico y creo que los nuevos Alquimistas Estatales están incluidos.” Riza frunció el ceño mientras pensaba.
“Sí lo están. Elysia y yo vamos todos los años.” Gracia asintió. “Maes decía que siempre recordaba a Roy marchando con un nudo en los pasadores de su bota. Decía que Roy estaba tan nervioso que les chasqueó los dedos mientras se alistaba.”
Ed y Riza rieron. A Ed le resultaba difícil imaginarse a un Mustang nervioso. Siempre lo había visto seguro de sí mismo. No se había dado cuenta de que probablemente le había tomado tiempo desarrollar esa seguridad. Ella había asumido que él siempre la había tenido. Sabía que la utilizaba para cubrir los demonios que tenía. Se preguntó cómo habría lucido un Mustang nervioso.
“Podemos ir de compras durante el fin de semana, Ed.” Dijo Gracia y Ed suspiró.
“¿No hay nada que pueda hacer para quitármelo de encima?” Repitió Ed.
“Nada en lo absoluto.” Dijo Riza.
“No tienes que sonar tan petulante al respecto.” Se quejó Ed.
“Te acostumbrarás, Edward.” Gracia sonrió.
“En verdad me estoy cansando de escuchar eso.” Dijo Ed en voz baja, sus ojos bajaron hacia las olvidadas fotos en sus manos. “Todos parecen pensar que me voy a acostumbrar a esto, que eso va a ocurrir si me lo dicen las veces suficientes.”
“Edward, no quise decir…” Empezó Gracia, pero Ed levantó la mirada y sus ojos lucían más adultos de lo que Gracia alguna vez los había visto.
“Está bien, Gracia. Sé que no quisiste decir nada con eso. Y sé que los demás sólo lo dicen porque se preocupan. Pero no puedo sencillamente aceptar que voy a acostumbrarme a algo simplemente porque la gente me dice que me voy a acostumbrar.” Ed hizo una pausa y las miró a las dos. “¿Por cuánto tiempo todas estas cosas van a aparecérseme esperando que yo sepa qué hacer en vez de sólo ‘acostumbrarme a ellas’?
“Edward, el Baile será algo sencillo. Te apareces, bailas y te mezclas con la gente y luego te vas a casa. No hay nada de difícil en eso.” Explicó Riza.
“¿Bailar? ¡Yo no sé bailar!” Ed pasó sus dedos por su cabello. “Y no me mezclo con la gente.” Dijo Ed con tonos de total aversión, recordando muy bien tener que hacerlo en el otro lado de la Puerta. Le había resultado difícil mantenerse cortés y calmada. Alfons siempre había sido mucho mejor en ese aspecto.
“Te enseñaremos.” Dijo Gracia. “Lo estás poniendo complicado, Edward. Hagámoslo simple.”
Edward la miró con una curiosa expresión en sus ojos. Pensó por un momento. “Maes solía decir eso, ¿no es así?” Era más una afirmación que una pregunta, y Gracia asintió.
“Sí. Él creía que podía resolver cualquier cosa si podía simplificarla lo suficiente.” Una sonrisa irónica cruzó el rostro de Ed mientras escuchaba la contestación de Gracia. “¿Cómo lo supiste, Edward?”
“Mustang dijo algo muy parecido ayer. Simplemente caí en cuenta. Se le pegó de Maes.” Ed miró hacia las fotografías en su mano. Mustang la estaba mirando. Suspiró. “Todos parecen manejar esto mejor que yo.”
Gracia rió suavemente. “No hay apuro en esto, Edward. Por supuesto que tomará tiempo y por supuesto que vas a estar confundida, pero sí lo vas a solucionar y sí vas a ser la misma Edward que conocemos y amamos independientemente de todo lo demás.”
“Puede que las cosas se te estén presentando un poco rápido Edward, pero antes siempre habías logrado manejar este tipo de presión.” Dijo Riza.
“En ese entonces tenía motivos y un propósito. Todo esto del Baile y del vestido parece demasiado… frívolo.” Ed hizo una mueca mientras gesticulaba con la mano. “No existe ningún propósito en todo esto y aún así pareciera que está frente a mi cara cada vez que volteo.”
Se puso de pie, con las fotografías aún en sus manos y se paseó por la habitación. “Que me llamen ‘Señora’ en el trabajo y ‘Señora’ en el restaurante, lo de la boda de Al y ahora esto del Baile y esas cosas.”
“¿Qué pasa con la boda, Edward?” Preguntó Riza curiosa. “Al no se casaría sin ti a su lado.”
“No puedo pararme a su lado, Riza. Tengo que pararme al lado de Winry.” Dijo Ed, y sintió que temblaba ligeramente. “Entiendo sus razonamientos y sé que la gente del campo es muy tradicional cuando se trata de estas cosas, pero en serio, ¿yo, una dama de honor? Eso sí que es un verdadero abuso de la amistad.”
El silencio fue su advertencia y Edward levantó la mirada para ver la tensión en ambos rostros. Lanzó sus manos al aire.
“Oh, por todos los cielos… ¡ya ríanse antes de que exploten!” Edward dio zancadas alrededor de la habitación. “Al menos tuvieron la decencia de contenerse.” Gruñó Ed, recordando la mucho más inmediata reacción de Mustang.
“Lo siento, Ed. Pero tu cara, es que era tan graciosa.” Explicó Gracia entre risas. Riza asintió, sus ojos despejados por primera vez en la noche.
“Así me lo han dicho.” Era extraño que no hubiera sentido la misma rabia ante sus risas como la había sentido con Mustang. ¿Era que se estaba acostumbrando a la idea? Después de todo, no era que no iba a estar en la boda. Y salvo que la encadenaran en su puesto, ella probablemente igual se movería para pararse al lado de Al. Sin importar lo que dijeran los demás. ¿Qué le había dicho él anoche? Que sólo ella podría definir lo que eran las cosas. Sólo por el hecho de que estaría allí como dama de honor no significaba que no lo podría redefinir para que eso se amoldara a ella. Sonrió. Tal vez no iba a ser tan malo después de todo.
“¿A quién escogió Al como Padrino?” Preguntó Riza.
“A Mustang.” Dijo Ed y regresó a su sillón. “Ya le he dicho que si lo echa a perder tendré su corazón en una bandeja.”
Se acurrucó y las miró. “Oh, y Al dijo que Winry probablemente te iba a invitar para que también seas dama de honor, Riza.” Los ojos de Riza se agrandaron y negó con su cabeza.
“Eso no es gracioso, Edward.”
“No pretendía serlo.” Y le sonrió. “Creo que a Schieska también se lo van a pedir.”
“Creo que soy demasiado vieja para ser dama de honor, Ed.” Dijo Riza entre un suave gruñido.
“¿Por qué? Preguntó Ed. “No sabía que había un límite de edad para esas cosas.”
“No la hay, Edward.” Remarcó Gracia. “Y no veo por qué pensarías eso, Riza.”
“Oh vamos Gracia. Tengo treinta años, apenas si tendré potencial como dama de honor.” Había un trasfondo de amargura en su voz que captaron tanto Ed como Gracia.
“Es por Jean, ¿verdad?” Preguntó Edward sin percatarse de la mirada de advertencia que le lanzó Gracia.
“No, Edward. Él no tiene nada que ver en esto.” Y los labios de Riza se apretaron, y hasta Ed pudo sentir la mentira en sus palabras.
“¿Entonces por qué piensas que no eres apropiada para eso? Probablemente yo soy menos apropiada que tú.”
“Simplemente no lo soy, Edward. Dejémoslo así.” Dijo Riza con firmeza y casi le lanzó una mirada asesina a Edward.
“No.” Edward sacudió su cabeza. “No puedo dejarlo así, Riza. No me interesa si eres apropiada o no. Si Al y Winry deciden que te quieren allí, entonces me aseguraré de que estés allí.”
“¿Me estás amenazando, Edward?” Preguntó Riza, algo impresionada de la contundencia de Ed.
“No, te estoy haciendo una promesa. Puedo amenazar a Mustang, y no te amenazaría a ti. Pero no permitiré que nada malogre el día de Al, Riza.” Los ojos dorados estaban decididos y Riza pudo ver la determinación y supo que Ed haría exactamente lo que estaba diciendo. Todavía no había nada más importante para ella en este mundo que la felicidad de Al.
Gracia estaba observando con interés. Riza se había quedado a vivir allí y nunca ni por una vez había hablado sobre lo que había sucedido entre ella y Jean. Las ojeras en sus ojos le habían hablado sobre noches en vela y dolor que estaba reprimiendo dentro de ella. Hasta ahora Edward había tenido mucho tacto, pensó Gracia, aunque había estado a punto de mencionarlo justo en ese momento.
“Las cosas podrían cambiar hasta ese entonces, Edward.” Dijo Riza con cuidado.
“Lo sé, pero si todavía quisieran tenerte allí, entonces estarás allí.” Afirmó Ed con calma y firmeza. Luego se volteó hacia Gracia y se perdió el ceño que apareció en el rostro de Riza. “¿Qué más voy a necesitar saber sobre esta cosa del Baile?”
“Creo que es más o menos eso, Edward.”Dijo Gracia y vio a Riza suspirar desde el rabillo del ojo. “¿Estoy asumiendo que ustedes dos van a asistir juntas?”
Edward se alzó de hombros y miró a Riza. “¿Cómo acostumbras a ir?” Y luego se mordió la lengua cuando el color desapareció del rostro de Riza. Eres bien idiota, Edward, pensó para sí y luego decidió, al diablo con esto.
“¿Entonces tú y Jean no van a solucionar lo suyo para entonces?” Preguntó Edward.
“Edward.” Advirtió Gracia en voz baja al tiempo que Riza se sentaba derecha en su sillón.
“Eso no es de tu incumbencia, Edward.” Dijo Riza al mismo tiempo.
“¿Desde cuándo, Riza? Tú y Jean son mis amigos. ¿No decir nada te está ayudando a ti o a él? Porque ciertamente no me está ayudando a mí.” Replicó Ed. “Deberías de saber que la gente quiere ayudar, que yo quiero ayudar.”
“Eso lo sé, Edward. Es sólo que es doloroso hablar y prefiero no hacerlo.” Dijo Riza en una forma bastante controlada.
“Porque tienes miedo.” Dijo Edward con franqueza e ignoró la mirada asesina que recibió. “Simplemente no entiendo por qué Jean y tú no pueden arreglar las cosas y Al y Winry sí. ¿A qué le tienen miedo si ustedes se aman?”
“Yo no tengo miedo, Edward.” Riza se puso de pie y miró fijamente a los confundidos ojos dorados. “El problema no es el miedo y tampoco es el amor. Tú nunca has estado en una relación Edward, a veces las cosas no son tan simples como nos gustaría.”
“¿Por qué mi inexperiencia se convierte en un problema en este caso? No tengo que haber estado en una para saber que no estás feliz y tampoco Jean. ¿Qué pasará cuando regreses a la oficina la próxima semana? ¿Se van a ignorar el uno al otro o van a pretender que nada está mal? Porque si esto no se arregla, voy a solicitar mi traslado.”
“No seas tonta, Edward. Ninguno de los dos va a dejar que nuestras diferencias personales afecten nuestro trabajo.”
“Ya lo ha hecho, Riza. Breda, Fuery y Falman no entran a la oficina. Jean rara vez habla, no come y sólo irradia angustia por todo el lugar. Detesto estar allí, y sólo he estado de regreso por dos días.”
“Estás exagerando, Edward.” Dijo Riza, luchando por permanecer calmada frente a la declaración de Edward.
“No lo estoy. Desearía estarlo.” Edward suspiró. “¿No pueden al menos hablarse?” Casi suplicó ella.
“Tú no entiendes, Edward.” Suspiró Riza.
“Por supuesto que no entiendo, Riza. No me has dicho cuál es el problema. ¿Cómo se supone que voy a saber si no hablas al respecto? ¿Cómo podremos Gracia y yo ayudar si mantienes todo eso guardado dentro? Eres casi como Mustang, con la necesidad de esconderte de todos.” Edward tiró de su cabello y miró a Riza. “¿Cómo puedes ayudarte a ti misma si no hablas?”
Gracia observaba en silencio. Edward no se estaba echando atrás. Estaba usando todo lo que se le venía a la cabeza para no dejar escapar a Riza. Y estaba funcionando. Al no esconderse ella misma, Edward estaba haciendo imposible que Riza se escondiera.
“Sé que fueron Al y tú los que enviaron a Mustang aquella noche. Tú puedes hacer cosas como esas por mí, ¿pero no se me permite ayudarte?”
“No es lo mismo.” Dijo Riza de forma aburrida.
“¿Cómo que no es lo mismo? Nosotros no nos hablábamos. Ustedes no se hablan.”
“Jean y yo tenemos… tuvimos una relación. Roy y tú no.”
“Tenemos una Amistad. ¿Ésa no es una relación válida?”
“¡Tú no escuchaste al hombre que amas amenazar con aplazar un compromiso en una disputa infantil! ¡No lo escuchaste encontrar otra razón por la que no me pedirá matrimonio! ¡No has estado esperando por lo que pareciera ser una eternidad para que él deje de estar inseguro sobre lo nuestro!” Estalló Riza. Se paró frente a Edward. “Jean Havoc es el único hombre que siempre me ha visto a mí como yo misma y me frustra que no se vea a sí mismo como el valiente y fuerte hombre que es. Como lo veo yo. Él duda, vacila, no cree en sí mismo como digno.”
Se puso a pasear en un pequeño círculo y luego las miró a las dos de manera fulminante. “A Jean le tomó mucho tiempo para invitarme a salir y luego otro largo tiempo para pedirme que me mudara con él. Su maldita inseguridad lo hace querer sentirse seguro de cualquier cosa antes de preguntar. Y eso me frustra, pero lo amo y acepto que necesita trabajar para superar eso. ¡Pero oírlo usar una apuesta como una forma de encubrir esa inseguridad fue demasiado!”
“Él dijo que ésa no fue su intención.” Dijo Edward, que lucía un poco sorprendida por la fuerza del arranque de Riza.
“Sé que no fue su intención. Jean nunca pondría nuestra relación en una apuesta. Pero ése no es el punto. Es el hecho de que una vez más está buscando algo qué esconder detrás. Estoy cansada de su inseguridad sobre nosotros, sobre mí. Quiero que tome una decisión sin preocuparse sobre lo indigno que es. ¡Quiero que se levante y ponga la cara, y al diablo con lo que piensen los demás!”
“¿Y dejándolo hundirse en una montonera de pura miseria va a hacerlo hacer eso?
“Si nuestra relación significa algo para él… si yo significo algo para él, entonces encontrará la manera, Edward. Porque si no lo hace, entonces seré yo la que pida mi traslado.”
“Fue un buen intento, Edward. Pero tendrán que solucionarlo ellos solos.” Dijo Gracia mientras se encontraban paradas en el pórtico. “Al menos ella está hablando al respecto y eso es un comienzo. Y tampoco puedes contarle nada de esto a Jean.”
Ed suspiró. “Sí, eso como que lo entiendo.” Se envolvió el abrigo alrededor. “Igual dudo que me escuche. Pero sería bueno si pudieran hacer las paces antes del Baile.”
“Sí, eso sería bueno. Riza ha escogido el vestido más lindo para la ocasión.”
“No me lo recuerdes.” Gruñó Ed y le dio a Gracia un rápido abrazo antes de encaminarse por el sendero hacia el taxi.
“¡Edward!” Llamó Mustang por segunda vez luego de que su grito de ‘Acero’ no había sido contestado.
Ed parpadeó saliendo de su nube y encontró su rostro justo en frente del suyo. “¿Qu…?”
“Mi oficina. Ahora.” Dijo él abruptamente y ella se puso de pie para seguirlo, rodándole los ojos a su espalda. Había estado tratando de maquinar formas para que a Havoc le nazca el temple o al menos que invite a Riza al Baile. Había sido más difícil de lo que pensaba, especialmente porque sabía que no le podía contar a Jean nada de lo que había dicho Riza. Mantener confidencias y secretos era algo que Ed entendía muy bien. Su mente se desvió y regresó al problema mientras se encontraba parada frente al escritorio de Mustang.
“¡Edward!” La voz de Mustang volvió a traspasar sus pensamientos y ella lo miró. “Lee esto.” Él le entregó una hoja de papel y observó mientras ella empezaba a leer.
Otra noche sin dormir había resuelto muy poco. Sí, le atraía Edward Elric. Sí, la encontraba atractiva e inteligente. Sí, sabía que allí dentro había un Edward masculino. No, no le atraían otros hombres. Sí, quería llevar a Edward a una cita de verdad. Sí, no tenía idea de cómo pedírselo y no, no tenía idea de cómo reaccionaría Edward.
Hoy ella tenía el cabello en la alta cola y él quería deslizar sus dedos por él. Quería verla con el cabello recogido y quería volverla a ver con el cabello suelto. Quería discutir sobre alquimia y quería simplemente sentarse y observarla, como lo estaba haciendo ahora. Estaba hecho un desastre y lo sabía. Nunca antes la atracción lo había agarrado tan fuerte. Cuatro años de abstinencia realmente le había pasado factura, pensó.
“No puedes estar hablando en serio, Mustang.” Ed casi gritó mientras llegaba al final de la página. “¿Yo? ¿Bailar con el Fuhrer?” le lanzó la hoja y estampó sus manos sobre el escritorio, inclinándose hacia adelante.
“¿Por qué querría yo bailar con otro hombre?”
Nota de la Traductora:
Mil gracias por este año acompañándome en esta larguísima aventura. Como siempre mi eterno agradecimiento a Silken, y a Seika mi beta. Y a ustedes por alentar y preferir esta humilde traducción.
Vengan a ver lo que les dejó Silken!!
Shiji: Thank you… so glad it made you laugh…
silken :)
Gracias… me alegra que te haya hecho reír…
silken :)
Murtilla: Thank you… I’m sure Roy will get around to that one day…lol… if Ed ever lets him…lol
silken :)
Gracias… estoy segura de que Roy llegará a eso un día…lol… si Ed lo deja…lol
silken :)
Kae chan: Thank you… and I prefer strawberries to cherries as well…lol… it’s always good to watch characters develop and they some times go in ways you don’t expect… makes them fun to play with… and yes, Mary lets me say nothing about future chapters so I can’t tell you what happens to them and I think she stole the Fuhrer because she doesn’t like to share him…lol
silken :)
Gracias… y yo también prefiero las frutillas a las cerezas…lol… siempre es bueno observar desarrollarse a los personajes y a veces ellos van en direcciones inesperadas… eso los hace que jugar con ellos sea divertido.. y sí, Mary no me deja decir nada acerca de los futuros capítulos así que no puedo contarte nada de lo que les pasa y pienso que ella se robó al Fuhrer porque no le gusta compartirlo…lol
silken :)
Miciel: Thank you… I’d tell you exactly what happens to them but Mary won’t let me…lol...
silken :)
Gracias… Te diría exactamente lo que pasa con ellos pero Mary no me va a dejar…lol…
silken :)
Nirumi: Thank you and welcome to the monster… Mary does a wonderful job translating it and I’m always happy to hear that people like what she’s doing…
silken:)
Gracias y bienvenida al monstruo… Mary hace un maravilloso trabajo traduciéndolo y siempre estoy feliz de escuchar que a la gente le gusta lo que está haciendo…
silken :)
Martha V. y D. Wigworthy: Thank you… and no lemons at this rating…lol… they might have to be supplemental pages kept somewhere else…lol
silken :)
Gracias… y no va a haber lemon en este rating…lol…aunque podrían haber páginas complementarias que se publiquen en otro lugar…lol
silken :)
De MaryLover: Hola, disculpen por lo del fanart, ya lo arreglé y lo pueden mirar finalmente. Silken tiene un livejournal, y si piensa publicar algo de mayor calibre seguro lo hará allí, ahora no sé si yo lo publicaría en fanfiction, esperemos a que llegue el momento y ya veremos. Suerte en la nueva casa.
laynad3: Thank you and welcome to the monster… Ed and Roy are always good together…~smiles~
silken :)
Gracias y bienvenida al monstruo… Ed y Roy siempre se ven bien juntos… ~sonrisas~
silken :)
Seiketo Nayset: Thank you… ahh, I love it when Ed gets one up on Roy even if it is in such a small way…lol
silken :)
Gracias… ahh, me encanta cuando Ed le gana la mano a Roy incluso si es con algo pequeño…lol
silken :)
Haro kzoids: Thank you… yes, Mary does an absolutely wonderful job… she certainly keeps the monster in line…lol
silken :)
Gracias… sí, Mary hace un trabajo absolutamente maravilloso… ella con seguridad mantiene al monstruo en raya…lol
silken :)
Ashita-marieluchis uchiha: Thank you… and thank you very much for the artwork…drawing is one thing I wish I could do so I really appreciate your drawing, it’s wonderful… I’ll be putting it onto deviantArt and then link it so that Mary can link as well…
silken :)
Gracias… y muchas gracias por la ilustración… dibujar es una de las cosas que me gustaría poder hacer, así que de veras aprecio el dibujo, es maravilloso… lo pondré en deviantArt y luego colocaré el link para que Mary también lo haga…
silken :)
Ierelin: Thank you… chocolate in any form is always welcome even if I have to fight Mary for it…lol …
silken :)
Gracias… siempre es bienvenido el chocolate en cualquiera de sus formas, incluso si tengo que pelear con Mary…lol…
silken :)
Megumi Minami: Thank you… I hope the monster and Mary’s wonderful work keep you happy for months to come…lol
silken :)
Gracias… espero que el monstruo y el maravilloso trabajo de Mary te mantenga contenga en los meses que vienen…lol
silken :)
Nakatsu-suichi: Thank you… so glad you enjoyed…
silken :)
Gracias… estoy muy contenta de que lo disfrutes…
silken :)
YUKI: Thank you… I really appreciate you enjoying what Mary is doing to my monster…~smiles~
silken :)
Gracias… realmente aprecio que disfrutes de lo que Mary está haciendo con mi monstruo… ~sonrisas~
silken :)
ElikaJenMorgon: Thank you… so glad you’re enjoying Mary’s lovely translation… ~smiles~
silken :)
Gracias… estoy muy contenta de que estés disfrutando del la adorable traducción de Mary… ~sonrisas~
silken :)
Kaguya-hime Shiro: Thank you… Mary keeps a tight rein on what I can and cannot say so feel free to complain…lol… but she does such a wonderful job with this monster that I don’t mind her walking all over me…lol … she used to write long reviews like this as well and they’re always great to receive…knowing you’re getting as much as this out of each chapter lets me know I did something right…and its always interesting seeing what people think may happen later…
silken :)
Gracias… Mary tiene ajustadas las riendas de lo que puedo y no puedo decir así que siéntete libre de quejarte…lol…pero hace un trabajo tan maravilloso con este monstruo que no me importe si pasa por encima de mí…lol…ella también solía escribir reviews largos como éste y son siempre bien recibidos… saber que llegas a esto en cada capítulo me hace ver que hice algo correcto… y siempre es interesante ver lo que la gente piensa que va a suceder más adelante…
silken :)
Niyushi takamiya: Thank you… yes, I keep trying to keep Ed as Ed because no matter what happens to him/her, it’s always Edward there… his character is too strong to be changed just because he’s changed sex... and Roy is always fun to play with…lol
silken :)
Gracias…sí, yo sigo tratando de mantener a Ed como Ed porque sin importar lo que le pase a él/ella, siempre será Edward…su personaje es demasiado fuerte para que cambie porque cambió de sexo… y Roy es un personaje divertido con quién jugar…lol
silken :)
Ayame chan:
De MaryLover: Sorry, hoy llegó tu review y ya no tengo tiempo para traducirlo y mandárselo a Silken ya que también hoy actualicé, así que te tendrás que esperar tu respuesta para la próxima.