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Disclaimer: The Host pertenece a Stephenie Meyer; I've seen Stars originalmente en inglés a Oliviax3 quien muy amablemente me dejó traducirlo porque amo el Ian/Wanda y OMG el fandom está prácticamente desierto.
Título: I've seen stars (traducción)
Claim: Ian/Wanda
Duración: Viñeta.
Género: Romance
Advertencias: -
Nota: No soy buena en esto, realmente. Me ha costado lo mío traducirlo, y ni siquiera está perfecto, pero he hecho lo mejor y bueno... eso xD
I've seen stars
Algún día su décima vida acabará, ella morirá.
Sus nueve vidas pasadas han probado esto; los cuerpos hospederos no viven para siempre y los humanos sólo duran cien años, como máximo. Su cuerpo envejecerá. Su cabello alguna vez dorado que caía en cascada por su espalda con gloriosa juventud se teñirá de gris; su piel de porcelana se arrugará con el tiempo.
Tiempo.
Sus nueve vidas anteriores han probado que su cuerpo algún día morirá, pero no la prepararon para vivir. Luego de años que fueron sólo parpadeos comparados con los siglos que ha vivido, después de todos los planetas en los que ha nacido y muerto, de todos los colores, los sonidos y los gustos, ella no ha vivido.
En todo el tiempo que ella ha experimentado, jamás hubo color más vívido que el de los ojos de Ian, ningún sonido más claro que su nombre dicho suavemente a través de su boca. Wanderer. Ningún sabor más eufórico que sus labios, moviéndose lenta, lánguidamente sobre los suyos propios.
El tiempo era efímero, pero ¿por qué se detenía cuando él la tocaba, cuando su mano fría se deslizaba contra la tela tangible de su camisa, quemando la piel de su estómago?
Con una mano en su cintura la apretó contra él, tocando con la otra su pelo; su cabello que había sido arreglado, fijado y atado gracias a Melanie, quien insistió en que lo usara elevado a pesar de que ella odiaba la sensación de sentirse tan vulnerable cuando percibía el aire en su nuca.
- Ven conmigo - susurró él en su oído, su respiración peligrosamente tardía en su cuello expuesto. Su columna se volvió rígida y sintió que no podía moverse, clavada en su lugar; agradeció a la oscuridad que ocultaba su expresión por centésima vez, aunque aún así él pudiera escuchar su temblorosa respiración.
Su boca la tomó por sorpresa, clamando sus labios, y robándole aire efectivamente una vez más. Las manos de ella de alguna manera se enredaron en su cabello, negro como la noche a su alrededor, pensó; sus dedos se entrelazaron tras su nuca cuando abrió la boca. Sus lenguas se tocaron, músculo deslizándose contra músculo en su propio y único ritmo. Sus manos se movieron desde sus labios viajando hacia abajo, pasando por la suave piel de su abdomen; el más suave de los gemidos escapó de su boca cuando rozaron los costados de sus pechos.
Amablemente, él la apartó.
- Quiero mostrarte algo - dijo, con sus labios aún tocándose, con su respiración aún entrando en su boca, evitándole pensar coherentemente. Ella aún tenía que recobrar el aire pero, en lugar de esperarla, la tomó de la mano y comenzó a correr por los oscuros túneles.
- ¿Dónde... - respiró - me estás llevando?
Corrieron aún por los pasadizos y él miró atrás suyo, con una sonrisa jugueteando en sus labios. Dijo algo, y aunque ella no pudo escucharle, pudo oír la palabra Lluvia.
- ¡Ian! - él aún no se detenía - ¡No va a llover!
Creyó escucharle reír, el sonido repiqueteando en sus oídos. Intentó jalarlo hacia atrás con la mano pero sólo consiguió tropezar con el lodo por su veloz corrida.
- ¡Ian, detente! - aún así el no lo hizo, continuando con su carrera - ¡Yo he visto estrellas! ¡No es...!
Él se detuvo, y también el tiempo lo hizo.
Debería haber impactado contra su pecho cuando él se giró, mirándola, pero aquello no sucedió. No tuvo tiempo de reaccionar, ni siquiera tuvo tiempo de pensar, cuando sus ojos encontraron los suyos, cuando él tomó su cabeza entre sus manos y se inclinó para que su boca tocara sus labios. Estaba ansiosa, impaciente, incluso cuando sus respiraciones se mezclaron, aún así sin hacerse una sola.
Él observó más allá de ella, al corazón de su existencia, su alma, el ser brillante y plateado que había comenzado y terminado nueve vidas, que estaba viviendo la décima.
- Yo también.
No pudo respirar, y él sonrió ante su expresión. Imponente. Esbozó una sonrisa deslumbradora antes de plantar pequeños y ligeros besos en sus párpados cerrados; sus dedos se entrelazaron con los de ella cuando la condujo el resto del camino.
Era hacia su futuro al que estaban corriendo, con las manos unidas. No el de ella ni el de él, el de ellos.
El tiempo se reanudó otra vez. Las gotas de lluvia mojaron sus rulos dorados y los mechones ónices de él, húmedos a través de sus ojos. El agua empapó sus ropas, avivando la piel bajo ellas, amoldándose a la forma de las curvas de sus cuerpos mientras ellos reían, mirándose y tocándose.
La lluvía paró, las nubes se evaporaron y la Tierra giró sobre su eje. Continuaron. El tiempo no se detendría para ellos; ella fue consciente de aquello al día siguiente cuando atrapó un resfríado. Tenía treinta y nueve grados de temperatura hasta que el frío finalmente comenzó a llevársela, pero él estaba a su lado -Ian- con una mano apoyada en su frente, haciéndola reír débilmente.
Su décima vida acabaría, ella lo sabía.
Pero cuando lo hiciera, cuando sus cuerpos y sus corazones llegaran a su límite, ella aún estaría en sus brazos, en aquella montaña donde vivirían y morirían, rodeados de sus amigos, mirando las estrellas.