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Author of 27 Stories |
Autor: Biak Songkey
Fandom: Full Metal Alchemist
Parejas: EdxWin, Royai...
Advertencias: Esta historia ocurre paralelamente durante el final de FMA, por lo cual, tiene Spoilers de los últimos tres capítulos y de la película (Vamos, que si no conoces a Alphonse Heiderich, estarás totalmente perdido XD)
Título de la historia: Del otro lado (lo sé, lo sé... nada original, pero puede ser que se me ocurra otro mejor... )
Derechos: Full Metal alchemist no es mío, es de Hirumu Arakawa... por que si fuera mío, Ed!Pride no sería sólo un peronaje Fanon XD.
Resumen: ¿Lo crees? A veces, los sentimientos son tan fuertes que pueden alcanzar cosas imposibles y deseos incumplibles, e incluso llegar hasta el otro lado si realmente son verdaderos, ¿No lo crees así, Edward?. (EdxWin, Royai...)
Notas: Hace mucho tiempo que deseaba escribir algo como esto, pero no fue hasta que Rukia Elric me dió ideas y me animó a escribir este fic que lo hecho, de no ser por su valiosa ayuda, tal vez esta ide aún seguiría metida dentro de mi cabeza sin salir nunca, Jiji, pero no por eso le voy a echar toda la culpa a ella si es que no sale como esperaba XD.
La historia está centrada en Alphonse Hiderich y su mundo.
1—Mellizos
Alzó la mirada hacia los cielos grises de ese entonces. Recordó con melancolía y tristeza cada detalle de ese día lluvioso, donde el aroma a humedad se mezclaba con el de la tierra removida recientemente. Frente a ellos, la fuerte lluvia mojó sus pequeños cuerpos de niños, que veían con desesperanza dos piedras grabadas frente a sus ojos.
Ella fue la primera en caer en la desesperación ahogada entre las lágrimas….
…No podría olvidar nunca el rostro de su hermana desolado, llorando a mares y reclamándole a los vientos y al cielo aquello que les había sido arrebatado sin aviso previo; quitándole una de las pocas cosas que tenían en la vida…
Al verla así, también deseó llorarse y echarse sobre el suelo…
…pero no podía, no mientras fuera su hermano mayor y desde ahora su única familia.
Recordó igualmente con tristeza como aquellas orbes azules le miraban cristalinas, como sus manos intentaban limpiarse finalmente el rostro manchado por sus llantos y la lluvia. Sus ojos de niña inocente le miraban pidiéndole una respuesta lógica sus desgracias, una que le pudiera explicar que había hecho ello para merecer aquel dolor.
Él nunca pudo responderle…. No mientras no supiera como hacerlo
Sus ojos azules entonces, miraron a los suyos celestes.
-¿Qué vamos a hacer ahora, Al?—le preguntó, conteniendo los sollozos que apenas había calmado--¿Qué haremos?
Él se encogió de hombros, sin tener clara respuesta a su pregunta. Alzó nuevamente la mirada a los cielos grises y nublados, mientras el agua de la lluvia mojaba su hermoso rostro sereno, dolido: el rostro de un niño obligado en ese instante a convertirse en adulto, algo que había tenido que asumir desde ese momento y para siempre.
-Vivir, Win…—le contestó, aún mirando al cielo, con las manos guardadas en bolsillos de sus pantalones, evitando mirarla, porque sabía que si lo hacía, se echaría a llorar igualmente; y como hermano mayor, ejemplo de ella no podía permitírselo—Supongo que eso hubiesen querido nuestro padres…
Ella le abrazó de repente. Fue un abrazo silencioso: ninguno de los dos había hablado ni tenían en mente hacerlo. Ella se aferró fuertemente entre los brazos de su hermano mayor, buscando el cobijo y la protección que le brindaban sus padres, que el día anterior les fue arrebatado a ambos. Alphonse sabía lo muy encariñada que estaba Winry a sus padres, y que al ser la niñita de ambos progenitores era la más consentida de los dos. Sabía que a ella le dolía más que nada verse despojada del cariño y la protección de sus padres, pues al ver a tan pequeña niña de diez años peinada con dos coletas bajas ahora completamente mojadas, teniendo que enfrentarse a las desdichas de la vida de un adulto, en donde si quieres tener el pan en la mesa cada día deberás ganarlo con tu propio esfuerzo, a Alphonse Heiderich se le rompía en corazón el tan sólo imaginarla trabajando para vivir en el cruel mundo que Dios los había mandado.
-Te quiero mucho, hermanito…--le dijo ella, aún en el abrazo—A ti no quiero perderte nunca.
Observaron sus ojos la inocencia de los suyos azules cuando le hablaba, y la cariñosa sonrisa que era delineada en su labios en toda la extensión de su cara de niña juguetona
En ese momento, Alphonse Heiderich comprendió que aquel ángel pequeño de sus ojos, indefenso a la vida e inocente al mundo estaba bajo su protección…
Nunca dejaría que nada la dañara, ni que nadie le hiciera daño
&
El tiempo había pasado, lo suficiente como para que ambos hermanos dejaran atrás los juegos de niños inocentes, no porque ya fueran lo suficientemente grandes como para dejar las manías de antaño, sino porque a veces la vida misma lo exigía cruelmente de esa forma. Los ojos de ambos desde muy niños veían a la perfección que la vida fácil estaba demasiado lejos de su alcance, y que ninguno de los dos podría hacer algo para cambiar sus condición al nacer en una humilde familia como la mayoría de las que residían en aquel país.
El tiempo pasa a veces rápido y otras lento… y siempre deja sus marcas al pasar.
Alphonse Heiderich notó como poco a poco ambos crecían. De cierta forma, pese a que le entristeciera pensar que había acabado su infancia y que nunca más podría recuperarla, sabía que mientras más pasara el tiempo y se hiciera hombre, podría cuidar a su pequeña hermana mejor, y conseguir cada vez mejores trabajos donde ganaría el sueldo de un adulto, no el basto sueldo de un niño con el que apenas alcanzaban para comer ambos.
Winry se dio cuenta pronto de la situación, pese a los intentos de él en ocultar los problemas de su alcance. No era tonta y podía ver perfectamente con sus ojos como sufría día a día su hermano al llegar a la casa después de esas largas y laboriosas jornadas con las que conseguía el dinero para que ambos vivieran.
Ella no podía permitir que Alphonse trabajara tanto por ella, para mantenerla atada aún en su mundo de juegos y risas.
-Yo también quiero un trabajo—le dijo un día mientras comían, acabando él de llegar del trabajo. Se quedó completamente impresionado por sus repentinas palabras— ¡No pienso dejar que tú te sacrifiques solo por nosotros dos!—le dijo con tono firme, apoyando su brazos en la mesa para levantarse y mostrarle su molestia ante la situación en la que vivían.
Pero Al siempre se negaba rotundamente.
-Tú no te preocupes…--le decía, intentando mantener la calma, mostrándole una sonrisa para transmitirle a Winry que todo estaba bien—Si alguien debe trabajar en esta casa, ese seré sólo yo.
-Pero…
-No hay pero—le sonreía. Cada vez que hacía eso, ella pensaba que él la tomaba como una niña pequeña que decía estupideces, cuando ella era lo suficientemente grande para saber lo que pasaba, y lo que quería hacer para cambiarlo—Ahora cómete tu almuerzo, se va a enfriar…
Con él siempre era lo mismo.
A decir verdad, a Alphonse Heiderich le aterraba la idea sola de ver a su hermana trabajando. El paso del tiempo se había marcado más en ella que en él: Ya no era la misma niña traviesa que jugaba con las llaves y herramientas de su habitación, ni la pequeña que a hurtadillas entraba a su cuarto cuando él intentaba como una diversión nocturna, reparar algunas cosas de la cada que estaban descompuestas; Winry siempre lo observaba en silencio trabajar con sus herramientas y de vez en cuando le alcanzaba una que estaba lejos de sus manos adivinándolo, sin siquiera la necesidad de que él se la pidiera. Ella ya no era igual y lo sabía, había cambiado: mantenía el gusto que compartían por la mecánica, pero ella ahora no era una niña, sino que toda una mujer esbelta, de pechos ya crecidos y rasgos finos propios de una mujer de quince años.
Heiderich temía por eso, temía por la seguridad de su hermana en el mundo en el que vivían. Sabía de buenas fuentes que muchas de las jovencitas que estuvieron en el mismo orfanato que ellos—del cual, ingeniosamente se escaparon—habían terminado en las calles… y vendiendo su “pureza” para sobrevivir… y otras por ejemplo, que ni siquiera tuvieron la oportunidad de elegir ese modo de vida por la culpa de los crueles hombres sucios que se las llevaban
…Eso le aterraba se sobremanera.
Esas ideas estaban en su cabeza y no se las podía quitar. Estaba claro que ella tenía la razón, que ella también tenía el derecho a trabajar como él y por sobre todo estaba en claro perfectamente que ella no era una vaga ni mucho menos una muchacha tranquila: era bastante hiperactiva y quedarse en casa limpiando lo poco y nada que se ensuciaba era poco para sus juveniles energías.
Pero lo hacía por su bien ¡Ya desearía él tener la fuerzas y vitalidad de ella! De esa manera no se agotaría tan pronto y podría tal vez conseguir otro empleo con el que pudiera mantenerla aún mejor. Pero no, las fuerzas se le acababan rápidamente.
-Es porque no te alimentas bien—le reprochaba su hermana cada vez que lo veía echado tras la puerta dentro de la casa al volver del trabajo, cuando creía que ella no estaba allí para verlo sufrir—Insisto que te esfuerzas demasiado, ¡Deja que yo trabaje también por ti! No soporto verte llegar así a casa todos los días…
-¡Ni hablar!—decía con las pocas energía al discutirle--¡No vas a trabajar y se ha acabado la conversación!—no quería que sus palabras la asustaran, ni mucho menos gritarle… pero para su gusto, su voz se había alzado más de lo que tenía planeado. Ella se quedó de piedra frente a él—Discúlpame, estoy cansado… --dichas las palabras, se levantó de suelo y se apoyó con la ayuda de la pared para caminar—Por favor, Win. Lo hago por tu bien…
Sabía que para ella, esa no era excusa suficiente…
“Ya verás hermanito: cuando consiga un trabajo no estarás nunca más tan cansado” pensaba la joven rubia que veía como cada día las energías de su esforzado hermano se veían acabadas ante el duro esfuerzo que le obligaba a realizar sus trabajos….
…Todo para que ambos cumplieran ese sueño por el que vivían…
“No sufras más. Al…”
Cerraba sus ojos y se obligaba a mirar a otro lado. Le quería y le respetaba, Mas viéndole tan agotado antes las duras jornadas laborales, simplemente no podía permitirse vivir a ella tan tranquila en esa burbuja de despreocupaciones que su hermano se había encargado de crear para ella. Lo tenía tan claro, sabía que todo lo que hacía su hermano era por su bien propio, pero esa orden de no trabajar no la podía obedecer mientras cada día vieran sus ojos azules la triste realidad de su hermano, realidad que él intentaba ocultar bajo esa sonrisas que mostraba todos los días al ir y volver de la casa, mientras sus hermosos ojos color cielo le habían hecho creer cada vez que se perdía en ellos, que realmente así lo era.
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El paisaje que mostraba la ventana a su lado no le llamaba la atención en lo absoluto: Si hubiesen sido árboles y bosque más vivos y hermosos que aquellos pobres descuidados que veía, tal vez la cosa sería diferente. Respiró hondo en sus aburrimiento, sentado sobre el escritorio que su vagón privado tenía para su gusto, tal como se lo había ordenado a su representante.
No era que aquel vagón ni que aquel viaje no le llamaran en lo absoluto su atención. Era tan sólo que se sentía demasiado sumido en sus recuerdo como para poder pensar en algo que no fuera la fecha marcada en el calendario frente a su mirada, que se posaba en todas las fechas a lo largo del mes y suspiraba con cansancio.
Odiaba recordar cosas como aquella.
Tomó entre sus manos lo que parecía ser un libro hecho con sus propias manos, y recorrió con sumo cuidado y delicadeza desde la primera página a las otras, hasta detenerse en una cuyo contenido estaba en blanco, a diferencias de las anteriores que tenían en ellas algo escrito. Tomó un lápiz del lapicero a su lado de tinta negra, y pensativo con él en meno comenzó a hacer algunas reflexiones dentro de su cabeza, de manera que nadie más que él pudiera escucharlas. Ordenados una vez sus pensamientos, comenzó a anotarlos en la hoja en blanco.
Nadie elige su suerte, es la suerte la que elige mucho antes de que pueda saberse
Repasó en voz medianamente alta la frase que acababa de escribir, y tras decirla otras veces después la sintió poco profunda, sin llegar a transmitir el mensaje que quería dar realmente; pero tampoco estaba mal. Quizás algún día encontraría el significado de esas casuales palabras, pero por ahora, era preferente guardar la libreta y sacarla en otro momento cuando la inspiración volviera, o cuando el aburrimiento lo superara como en esos momentos.
Abriendo el cajón donde guardaba sus apuntes y sus bocetos. Vio sin querer otra vez aquel cuadro que juraba haber guardado antes en otro lado, para evitar encuentros como aquellos tan repentinos, que a veces llegaba a pensar que eran producto de magia.
No le gustaba aquella foto.
Delineó con las yemas de sus dedos los marcos de madera barnizados. Sus ojos dorados que parecían ser de oro verdadero observaban la imagen en colores blancos y negros que habían en el retrato: Una mujer de notable belleza, de cabellos que no mostraban color pero que él bien sabían que eran castaños, y sus ojos eran hermosamente grises y otra veces los veía verdes; no sabía muy bien recordar cual era el color de los ojos de esa mujer que sostenía a un pequeño como él entre sus brazos, porque había muerto siendo tan niño en ese entonces que apenas se acordaba con esfuerzo. Recordaba bien que ella era linda, cariñosa. Lo habría dado todo por él y él hubiera hecho lo mismo por ella…
…al menos eso creía…
Lo que más hallaba en sus recuerdos eran gratas imágenes donde aparecía su hermosa sonrisa. Su madre sonreía siempre, no había momento en que ella no estuviera sonriendo tan alegre y hermosamente….
…Sólo hubieron dos momentos en que ella dejó de sonreír en sus recuerdos…
Odiaba su sonrisa, y creía cada vez al ver esa foto que ella se burlaba de su desgracia
Porque era tan hermosamente bella sus sonrisa que la envidiaba
La guardó en el cajón nuevamente apresurado. La sola idea de ver esa foto le hacía sentir horriblemente. Él era de esa personas que preferían mantener el pasado bien atrás y seguir adelante con el futuro, viviendo el presente sin mirar atrás
Pero a veces no podía, porque en momentos no era tan fácil hacerlo…
-Joven Edward—escuchó tras él. Habían abierto la puerta del vagón mientras no le prestaba atención. Algo raro en él pues era de aquellos muy cautelosos—Le informo que hoy en la tarde llegaremos a nuestro destino.
Asintió con la cabeza.
-De acuerdo, Kimbley…
Kimbley era desde que recordaba, el encargado de hacer los transmites por él, ayudarle con la administración de su fortuna y en general, el que le ayudaba en todo momento. Era alguien en que creía plenamente gracias a que se había ganado su confianza a lo largo de todos esos años.
-¿Le ocurre algo, joven Edward?—se adelantó a preguntar. Conocía bien a ese adolescente frente a él y podía decir con certeza que algo le había ocurrido antes de que él entrara--¿Algo malo con el servicio del tren?
Negó con la cabeza varias veces
-No es nada… sólo soy yo y mis recuerdos…
-Entiendo joven—hizo una reverencia de respeto ante él—Su tía se oía muy alegre cuando le dije que veníamos en camino—le informó de la reciente llamada que acababa realizar hacia el ligar al que iban.
Edward bajó la mirada.
-Je, mi tía Riza… la he tenido tan abandonada estos últimos años…
-Usted solía pasar todos los vacaciones en Munich junto a ella.
Cerró los ojos y su mente trajo recuerdos de esos días que mencionaba su representante. En Aquel entonces, de niño recordaba cosas bellas y hermosas: disfrutaba de la compañía de sus padres y de su tenía, siendo él el consentido por todos en aquella casa, pues era el único infante. Todo era hermoso, incluso después de que su padre falleciera…
…pero no había ocurrido lo mismo cuando fue su madre la que había muerto
-Es verdad…
Observó por la ventana el color rojizo del cielo, mientras en imágenes veloces veía pasar todo ante sus ojos. Los árboles se mecían con el pasar del viento; las aves volaban por entre ellos para llegar hasta sus nidos para traerle el alimento a sus crías que indefensas esperaban que sus padres vinieran hasta ellos, sin poder ir ellos hasta donde estaban sus progenitores, pues tenían alas débiles que no podían surcar los cielos; algún día sus padres le enseñarían la valiosa lección de volar con sus propias alas, tan lejos y tan alto que podrían valerse por si mismos y volar lejos del nido, mientras sus padres orgullosos les verían marchar con la alegría de ver que sus esfuerzos nunca fueron en vano.
Pensó que con la vida era igual.
Tenía la impresión de que las cosas no sucedían porque sí, más bien porque tenía claro que todo sucedía en un orden preescrito mucho antes de que supiera de su existencia.
Por que lo quisiera o no, su guión ya estaba escrito; ahora sólo faltaba que él dijera sus líneas… entonces comenzaría así al fin la obra de su vida.
Entre mis planes estaba el poner en este capítulo un poco de Royai, pero se alrgó más de lo que esperaba que, al final, quedará para el próximo capítulo pendiente.
¡Gracias por leer!