Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Twilight » Difuso

vrydeus
Author of 113 Stories

Rated: T - Spanish - General/Romance - Edward & Seth - Reviews: 11 - Published: 08-27-08 - Complete - id:4501946

Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer; no pretendo, y dudo que pudiera, ganar dinero con ésto.


Título: Difuso

Claim: Edward/Seth, menciones de Edward/Bella.

Duración: Oneshoot

Género: General/Romance

Advertencias: -

Nota: Amo esta pareja, y aunque no les haga justicia, vale la pena intentarlo.


Difuso

La primera vez que le llamó, flipó.

- ¿Seth?

No era tan estúpido como para no reconocer aquella voz jodidamente atractiva.

- ¿Edward? – y lo dice de tal manera que bien podría haber preguntado ¿pero qué coño…?

- Sólo quería saludarte - raro, muy raro - Bella te manda saludos.

- Ah. Vale - ¿qué mas podía decir?

- Que duermas bien.

- Gracias. Tú también.

Algo parece divertir a Edward; Seth puede escucharle reír antes de colgar el teléfono.

-

- Es imposible – se niega a creerlo. Va en contra de la naturaleza (¿aunque desde cuándo no existen cosas sobrenaturales allí?).

Edward sonríe luciendo sus dientes, demostrándole que no está mintiendo.

- Tío, esto es… woah – se pasa la mano por el cabello -. Jamás volveré a verte de la misma forma.

- Son sólo un par de colmillos inexistentes, Seth – rueda los ojos -, y además aún te quedan otros mitos que comprobar.

- ¿Te quema el sol? – pregunta con curiosidad. Tiene que quemarle.

- No. Algún día te lo mostraré.

Puñeteros chupasangres ¿por qué no pueden ser monstruos normales?

- Culpa a Hollywood.

- Con Drácula no os metáis.

- Carlisle me mataría.

Debe estar bromeando, porque él no conoce a Drácula… ¿verdad? No puede conocer a Drácula. Edward ríe tan fuerte que debe taparse los oídos para que el estruendo no le deje sordo.

- ¿Y los ataúdes?

- Dejémoslo pendiente.

Puede verle esbozar una sonrisa torcida (y entonces entiende que, coño, Bella ha tenido sus motivos para enamorarse de él. Intenta no prestar atención a la expresión inescrutable de Edward a su lado).

Jodido chupasangres caja de sorpresa.

-

- ¿Sabes jugar?

- Sé jugar.

Un cruce de palabras aparentemente inocentes y una mirada que se encuentra con otra dorada no deberían ocasionarle tal sensación en el estómago (¿pero desde cuándo las cosas son como deberían?).

- Si quieres hasta podemos apostar – sus ojos brillan con entusiasmo, y claro que es por la idea de ganar dinero, no tiene nada que ver con que Edward baraje las cartas de una manera jodidamente rápida y sensual que hasta le eriza el vello de la nuca. En absoluto.

- Seth, tengo dinero hasta para que uses en el sanitario – rueda los ojos ante la obviedad del asunto, y aún así se las arregla para no sonar arrogante.

- ¿Tienes miedo de perder tu afortuna? Vale, no apostemos; de todas formas no quiero dejarte en la miseria.

Un par de gruñidos –lobunos, por supuesto- después, comprende qué es lo que está mal –porque Seth jamás en su vida ha perdido dos partidas seguidas y sabe que algo pasa allí-.

Maldito chupasangre tramposo.

- Es involuntario. Además, nadie ha dicho que no pueda hacerlo – sonríe juguetón y por algún motivo el aliento se atasca en la garganta de Seth.

- Pues a partir de ahora no puedes leerme la mente. Quiero ver qué tal te va entonces. Te patearé el trasero, tío.

Un par de expresiones malsonantes después Seth debe tragarse sus palabras.

- Tuve mucho tiempo para practicar – Edward se encoge de hombros.

- ¿Con quién?

- He aprendido solo, aunque de a dos es mejor, por supuesto.

Seth traga saliva, obligándose a recordar que estaban hablando de póquer.

-

- Brillas.

- Lo sé.

- Pero… brillas – le observa con los ojos abiertos de par en par -. Podría usarte como bombilla portátil.

Edward deja escapar una carcajada suave.

- Si quieres puedes ver más de cerca.

Se aproxima con precaución y se sorprende al comprobar que el olor no es tan asqueroso como antes. De hecho, todo lo contrario.

Joder, hueles bien.

- Tú tampoco estás nada mal.

Lo que si está mal es lo mucho que le ha agradado esa frase; más de lo conveniente.

- ¿Quieres tocar? – casi puede percibir un tono de emoción en su voz mientras Edward alza su brazo, ofreciéndole su tacto.

- Coño – murmura sorprendido mientras desliza un dedo con suavidad por su antebrazo; porque la piel de Edward es helada y dura, brilla como miles de diamantes y huele a algo dulzón, y se supone que aquello no tendría que gustarle (¿desde cuándo las cosas son como se suponían?).

- ¿Edward?

- ¿Hmm? – se mantiene con los párpados cerrados, recostado en la hierba. Seth piensa en lo injusto que es que alguien pueda verse así de atractivo aún con unas ojeras más negras que púrpuras.

- Gracias por traerme aquí. Es… agradable.

- Lo es, ¿verdad?. Sólo traigo aquí a gente importante para mí.

También piensa en lo injusto que es que pueda correr a velocidades inhumanas sin que su pulso se altere en lo más mínimo, y que ahora lo haga –tuc, tuc, tuc, allí en su yugular y detrás de las orejas- con un par de simples palabras.

Que de simples no tienen nada. Al menos no para él.

-

- ¿Tú… no… duermes?

- No. No puedo.

Lo siento.

Porque Seth podrá ser un niñato de quince años, pero sabe que no poder soñar debe ser… simplemente horrible. Cuando levanta la mirada Edward está allí sonriéndole casi con ternura. No le gusta aquello; eso, que Edward le mire con los mismos ojos que pondría un padre orgulloso de ver a su hijo comportarse bien con una anciana.

- O sea que, técnicamente, yo estaré durmiendo en la misma habitación de un chupasangre, completamente indefenso ¿verdad?

Edward asiente riendo y su mirada vuelve a ser la de un adolescente de diecisiete años que ese día ha invitado a su mejor amigo a quedarse a dormir.

- ¿Asustado?

- Ya te gustaría. Pero no voy a dormir. Sería un suicidio.

- ¿Entonces qué quieres hacer en lugar de eso?

No. Pienses. En. Nada.

- ¿Qué me recomendarías?

Edward señala el instrumento en una esquina de su habitación y Seth arquea una ceja, porque recuerda que antes se ubicaba en la sala de estar.

- Es que Rosalie se ha comprado el suyo propio y me ha exigido que quite el mío – explica -. Podría enseñarte a tocar algo sencillo, aunque seguro que te aburre.

- No, está bien.

Claro que Seth no se había detenido a pensar que aprender a tocar el piano con Edward equivale a que pose su mano helada sobre la suya para indicarle qué dedo va en cada tecla. O que están sentados tan cerca el uno del otro que hasta puede oírle respirar.

- No, no. Toca aquí – con su mano guía su dedo una tecla a la izquierda.

- Vale, no es tan fácil como parecía.

- He tenido tiempo de sobra para practicarlo.

- ¿Hay algo que no hayas practicado en todo este tiempo?

La mirada de Edward parece querer taladrarle los ojos.

-

Apoya sus manos en las rodillas, jadeando en busca de aire.

- Joder… eres… muy… rápido – dice entre bocanadas.

- Te dije que te costaría seguirme el ritmo.

Le lanza una mirada de irritación y Edward sonríe. Entonces, sus ojos dorados brillan.

- ¿Seth, te gustaría ir tan rápido como yo?

- ¿Ah?

Antes de que sea consciente de ello, de alguna manera, se halla repentinamente en la espalda de Edward.

- Sujétate bien.

Le rodea con brazos y piernas. Si no fuera porque nunca lo hace –Seth no es de aquellos-, está seguro de que se sonrojaría. Y si no fuera porque es definitivamente patético –por no decir extraño-, se acercaría aún más al cabello de Edward para intentar detectar qué es aquello que huele tan bien.

Y entonces el mundo desaparece. Sólo hay velocidad, viento volándole el cabello hacia atrás y molestándole en los ojos, árboles que no lo matan por poco y la sensación de que se ha dejado el estómago en el punto de partida.

Mierda. Si pensaba que Edward era rápido antes, mientras le miraba en la distancia, pues ahora ya no tiene palabras.

- ¿Estás bien?

- Coño.

- ¿Excitante, verdad?

- Joder.

Está demasiado impactado para decir nada más.

Porque el mundo desaparece una vez más y en ese momento sólo es el vampiro bajo suyo riendo a carcajada limpia; Seth en su espalda, y la necesidad de sujetarse aún más fuerte.

Aún cuando Edward haya dejado de correr hace varios segundos.

-

Es raro, y lo sabe, pero en ese momento no importa. Ni siquiera la sensación de que eso está mal, muy mal, algo totalmente indebido.

No importa porque, joder, no puede dejar de pensar en él, en sus manos heladas sobre las suyas y esa sonrisa torcida en la boca. Y no es que no quiera, ¿vale?. Simplemente no puede.

Debe hacerlo o estallará.

Seth se corre con un bramido ronco que brota de su pecho mientras mantiene los labios firmemente apretados.

No quiere acabar gritando su nombre cuando en realidad ni siquiera está seguro de qué coño pasa allí. Sería demasiado confuso; Seth prefiere no agregar ningún punto más a su larga lista de cosas por comprender (esa que en tan pocas semanas creció tanto, y por una sola causa).

-

- ¿Seth?

Traga saliva mientras jura venderle su alma al diablo a cambio de que Edward no pueda escuchar sus pensamientos. Sabe que por teléfono es improbable, pero es mejor asegurarse.

- Hola, Edward.

- Sólo quería llamarte para decirte que tú, Leah y Sue están invitados a nuestra boda, aunque supongo que ya lo sabías.

Edward se va a casar, tío, ¿qué coño te pasa?.

- Leah no irá, y lo sabes – ruega al Señor que su voz suene tan despreocupada como ha intentado que luzca.

- La invito por pura cortesía, y lo sabes.

Unos segundos en silencio (uno, dos, tres…) y suspira.

- ¿Edward? Me alegro por ti y Bella.

La línea divisoria entre la verdad y la mentira jamás ha estado tan difusa antes.



Return to Top