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Continuamos con esto de las canciones...
La pareja esta vez es Bellatrix/Regulus, contiene violencia explícita y una violación implícita. Raiting: M.
Rape me.
Si por ella fuera, jamás habría pisado aquél callejón mugriento porque jamás habría confiado en aquél mugriento. Era muy sencillo: aquella rama de la familia estaba completamente podrida y, por tanto, había que podarla para que no infectara al resto del árbol. Sin más.
No entendía, pues, que tuviera que reunirse con él. Con un traidor en potencia. Ella.
Con solo pensarlo sentía que se volvía loca. La furia ascendía desde lo más profundo de sus entrañas y se apoderara de ella con saña. Y de sus dientes, que rechinaban tanto que acabarían sin esmalte irremediablemente.
Por si fuera poco, el desgraciado tenía la desfachatez de llegar tarde. La hacía esperar. Él. A ella.
Qué ganas de golpear y despedazar le estaban entrando, maldita sea. Si no fuera porque la carne cruda realmente le daba asco, habría envidiado a Fenrir por poder desmembrar cuerpos con los dientes tan fácilmente. Aquello era todo un espectáculo digno de ser visto. Sangre goteando. Espesa, roja y caliente. Filtrándose por la alcantarilla de alguna calle inmunda, entre casuchas con ventanas y puertas cerradas a cal y canto. Con vecinos acostumbrados a ignorar los gritos. Con radios puestas al máximo de su potencia, intentando patéticamente disimular el ruido seco de un hombro desencajándose, de los llantos y las súplicas, de los músculos tirantes y del último desgarrón. Chuparse los dedos, sonreír e irse, dejando los restos atrás. Como un ritual. Todas las noches.
-¿Todo bien, Bella?
Ese tono, por Morgana... Tan parecido al de su abominable hermano. No entendía cómo alguien podía pensar que Regulus era medianamente digno si lo oían emplear ese tono a diario. Desfachatez, arrogancia, desdén. Absolutamente Black y absolutamente distinto.
Bellatrix se irguió al máximo mientras giraba sobre los talones. El mentón tan alto que casi parecía que fuera a rozar la coronilla de Regulus. Hasta en eso había nacido inferior. El más canijo de cuantos Black hubieron sido paridos nunca en aquella casa.
-Maravillosamente.
Enseñó un poco los dientes, se relamió y entornó la mirada. Su sonrisa torva normalmente bastaba para ahuyentar niños y espantar padres. Hate me. Do it and do it again...
-¿Puedo preguntar a qué se debe tu renovado interés en el Señor Tenebroso?
Ambos sonreían y apuntaban maneras. Ante todo, exquisita educación.
-Puedes -comentó inocente Regulus.
Eso, eso era precisamente lo que odiaba de Sirius ylo que, al parecer, el simplón de Regulus pretendía imitar. Bellatrix arrugó el gesto. Le faltaba ese toque, definitivamente. Odiaba al descarriado de su primo Sirius, pero al menos tenía estilo propio.
-¿Qué es lo que pretendes, anormal? -escupió sin poder contenerse. Debía ser correcta, pero no podía. No podía, joder. Su Señor lo comprendería, ¿no? No sería una gran pérdida para nadie si ella lo mataba, aunque fuera con las manos-. No tengo todo el día.
-De hecho, creo que sí tienes todo el día, prima -otra vez la sonrisa inocente y las manos en los bolsillos-. Tengo entendido que el Señor Tenebroso sigue prefiriendo tener a otros junto a él en vez de a ti... Por eso estás aquí.
Bella no pudo reprimir un grito de furia. Desde lo más hondo de su garganta, donde se acumulaban todos sus odios y frustraciones. Se abalanzó sobre él con los puños por delante. Le habían prohibido matarlo, pero no golpearlo.
Regulus se protegió como pudo con los brazos en la cara, aunque no se libró de un puñetazo en el ojo que le hizo saltar de dolor. La muy hija de puta le había clavado el nudillo. You'll always stink and burn.
Ella siguió golpeando contra los brazos de Regulus hasta que encontró un hueco por donde colar las uñas. Directas a la piel blanda de su cuello mientras que él intentaba de todas las maneras posibles quitársela de encima.
Incluso sin recurrir a la magia, Bellatrix era endemoniadamente fuerte. Como si estuviera poseída por el demonio. Con los ojos desorbitados, las uñas llenas de sangre de su misma estirpe y el corazón acelerado por la anticipación. Con la fuerza que da el extremismo más desmedido, las convicciones más enraizadas y el odio más purulento.
Latiendo todo en el pecho, guiando sus acciones y nublándole la vista.
Regulus, a su vez, arremetió contra ella, agachándose un poco y empujando hacia delante. La estampó contra el antiguo muro de piedra que había al otro lado de la calle, dejándola sin resuello por un momento y aprovechó para darle un revés con el puño cerrado en el lado derecho de la cara.
Le escocía el cuello de mala manera; joder que si les escocía. Se cubrió las heridas con la mano mientras escuchaba a Bellatrix reírse histéricamente. ¿Jamás perdería esa endiablada risa que le ponía los pelos de punta? Quería que se callara, ostia, que se callara de una maldita vez.
-¡Puta del demonio, te juro que te mato!
Apresó a Bella cogiéndola de las muñecas y apretándola contra la pared. Sentía su propia sangre deslizarse desde su manos y chorrear por el brazo de ella.
Pero no dejaba de reírse. A gritos. Chillando. Con la cara demudada, con los ojos abiertos por la locura, con el pelo tan desordenado como su propia mente. Psicópata se quedaba corto a la hora de definirla.
-¿Tú, Regulus? ¿El mismo que huyó despavorido al ver cómo torturaban a un simple muggle?
El hombre apretó los dientes con furia, intentando contenerse, mientras la clavaba un poco más contra el muro, apretando más y más sobre sus muñecas y empujándola con todo el cuerpo. Normalmente era una persona sensata, pero Bellatrix podía desquiciar hasta a un santo. Y él, en cualquier caso, no lo era.
-¿Sabes que hubo un tiempo en que odiaba a Sirius con todo mi ser? -sus caras ahora estaban demasiado cerca. Él apretando los dientes iracundo y ella sonriendo con malicia-. Pero no porque fuera un Gryffindor, porque vistiera de aquella manera o escuchara aquella música. No porque insultara todos los días a la familia con su gesto de asco, ni porque me mirara con superioridad. Tampoco por sus amigos y ni siquiera porque se largara con lo puesto, dando un portazo y renegando del apellido. No. Lo odiaba porque veía cómo todas lo mirabais, incluso mi propia madre. Siempre tuvo la esperanza de que fuera su perfecto hijo, incluso a pesar de los gritos. Que se casara con alguien que valiera la pena, que le diera un heredero y que se convirtiera en el perfecto Black. Con su cara bonita y su porte señorial.
»Mis padres habrían estado dispuestos a perdonárselo todo si solo hubiera aparentado la mitad de asco y odio que sentía por nosotros. Incluso tú, prima, tú te lo comías con los ojos. Sonreías cuando decía alguna impertinencia o ponía los pies sobre la mesa de café. Eso te ponía, ¿verdad? Nunca te importó mucho que fuera contracorriente.
Bella sonreía tan ampliamente que resultaba antinatural. Aquello la divertía sobremanera. El niño Regulus, el anormal y antisocial Regulus, sincerándose, contándole sus traumas infantiles. Era mejor que comer niños la noche de Halloween, o cualquiera de esas cosas que los estúpidos muggles tanto temían de las brujas como ella.
-Traidor y todo, siempre fue un verdadero Black. No se puede decir lo mismo de ti, Regulus, que naciste sin gracia ninguna.
Súbitamente, la estampó de nuevo contra la pared, levantándola un poco del suelo y apresando ahora sus muñecas con una sola mano. Con la otra agarró la túnica de Bella, por el costado, y tiró con toda la fuerza de la que fue capaz.
La tela se desgarró sólo un poco, haciendo que Bella riera aún más y berreara cosas acerca de su escasa fuerza y su falta total de talento. Regulus, por su parte, seguía empujándola contra el muro, cada vez más furioso. Toda la frustración que había ido acumulando a lo largo de su vida encontraba una forma de escape en aquella violencia que Bella casi le obligaba a usar. Deseaba poder matarla, hacerle el mismo daño que ella le había provocado con sus risas y sus miradas de superioridad, esas que le dedicaba desde que tenía uso de razón.
La odiaba a ella por ignorarlo, por considerarlo inferior; a sus padres por empujarlo a ser un sustituto de Sirius que nunca cumplía con las espectativas; a Sirius, por ir siempre un paso por delante. Los odiaba a todos, desde el primero hasta el último Black, desde el primero hasta el último mortífago. Todos inmundos, todos. Se creían especiales, únicos, elegidos para algo, unos por ser Black y otros por servir a un desquiciado que aspiraba a conquistar el mundo. I am the only one.
Y ella, ella sobretodo era la que representaba a todos esos que lo habían maltratado de alguna forma a lo largo de su vida. Que lo habían despreciado.
Volvió a tirar de la tela, esta vez con la furia palpitándole bajo las yemas de los dedos. Se desgarró con un crujido, acompañado de los gritos siempre histéricos de Bellatrix. Gritos y más gritos. Como siempre.
Le dio un nuevo puñetazo con la mano que tenía libre, chillándole que se callara. Por favor, que se callara, que se callara de una jodida vez. Le estaba volviendo loco.
Le tapó la boca con la mano, después de forcejear para que se estuviera quieta. En contraste con su cara, aquella mano morena parecía enorme. Incluso aunque no lo quisiera, Bellatrix resultaba insutantemente delicada. Irónicamente bella dentro de su aspecto de loca del demonio.
Callada bajo la mano de Regulus, Bella lo miró durante una milésima de segundo, con regocijo, satisfecha de lo que había conseguido. Al instante, sin embargo, siguió a lo suyo, mordiendo tan fuerte la mano de Regulus que sintió la sangre correr entre los dientes, entre la lengua, mojándole los labios. Resltaba incluso agradable sentir ese sabor metálico, salado, y saber que era el sabor de la sangre, de su propia sangre, la de su familia.
Regulus chilló y volvió a golpear a Bellatrix, aunque esta vez con poco tino, dándole de lleno al muro de piedra que había detrás de ella.
Aquello era divertido, joder, era muy divertido. Si se lo hubieran dicho media hora antes a Bella, no se lo habría creído, sin embargo, en ese momento era Regulus y no otro el que intentaba golpearla desesperadamente, el que le tiraba de la túnica hacia arriba y se la arremolinaba en torno a la cintura, con movimientos bruscos. Era muy divertido verlo luchar contra su propia ropa, mientras ella conseguía liberar una de sus manos y le daba de lleno en el ojo. Le encantaba clavar las uñas, por eso siempre se las dejaba largas y montaba un drama cuando una se le rompía. No era lo mismo clavar cuatro que cinco uñas. No, la víctima definitivamente no sangraba ni gritaba igual.
Rape me. Rape me, my friend.
Regulus consiguió deshacerse de los pantalones, sin dejar de pelearse con Bella y sin dejar de insultarla a gritos, casi tan alto como ella misma. Aunque era difícil alcanzar el tono de Bellatrix. Siempre había tenido una gran voz la muy puta, para todo menos para cantar.
La estrechó un poco más contra la pared, abriéndole las piernas a patadas e intentando besarla. Era estúpido, pero quería hacerlo. Quería saber qué se sentía al besar a Bellatrix Black. El dolor se lo esperaba, la sangre manándole de los labios que ella había logrado atrapar entre los dientes; lo que no esperaba era que le gustara. Que le gustara que ella se resistiera a besarlo, que le gustara que lo golpeara y lo empujara, que lo insultara, que le gritara y que le escupiera en la cara, que se riera de él y de su falta de acierto al intentar penetrarla una, dos y tres veces. Rape me. Rape me again.
Le gustaba estar haciendo algo tan prohibido como follarse a su mismísima prima Bellatrix, la que espantaba al propio diablo con una mirada, la que mataba inocentes a diario. Era tan jodidamente reconfortante ser el dueño de la situación por una vez. Por una puta vez. Sin nadie que le ordenara nada, sin que nadie diera por hecho su fidelidad, que no dieran por hecho que lo tenían convencido con un par de palabras estúpidas.
Un día, todos ellos sufrirían haberlo despreciado, no haberlo tomado como lo que era, un Black peligroso. Muy peligroso.
Un día todos caerían y sería por su culpa. Se encargaría personalmente de arrastrarlos a todos al infierno, aunque él se fuera el primero. Los sometería como en aquél momento momento sometía a Bella, a la gran Bella. Aunque ella se resistiera y le clavara los dientes en la base del cuello, aunque le arrancara la piel con las uñas, aunque le empujara tan fuerte que lo estampara contra el suelo adoquinado. Le daba igual verla reírse de él, gritarle desde su altura, le daba igual que sacara la varita de no se sabía dónde y le daba igual que la agitara, porque la satisfacción de haberla sometido a su voluntad nadie se la quitaría. Ni siquiera la muerte que Bella le daba.
Le daba igual porque, al fin y al cabo, Regulus a sabía que ella algún día habría de acabar con ellos. Con todos ellos. Con esa inmundicia podrida salida del seno de su mismísima familia. Un derroche de sangre. De sangre limpia. Waste me.
Rape me, my friend.