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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Katekyo Hitman Reborn! » Nada hasta ahora

Alega Dathe
Author of 66 Stories

Rated: K - Spanish - Romance/Humor - Reviews: 3 - Published: 09-19-08 - Complete - id:4546278

Diclaimer: Katekyo Hitman Reborn no es de mi propiedad.
Pareja: Todos son 2759. El segundo y el cuarto tienen algo de 27H.
Advertencias: Spoilers de los primeros capítulos del manga. También hay OOC en la cuarta viñeta (déjenme ser feliz). Medio fluff.


Nada.

Gokudera no había tenido nada en la vida. Nada importante que lo anclara a la tierra y le avivara el deseo de vivir cada mañana a toda intensidad con un claro propósito. Nunca había tenido a nadie, siempre había creído que andaría solo dentro de la familia hasta que lo conoció a él y tuvo el placer de ser derrotado por su firme puño. Ahora, Gokudera sabía que sí tenía algo por el cual darlo todo. Su jefe.

El chico que pronto se convertiría en la cabeza de la familia y que él tenía el honor de ser no sólo su primer subordinado, sino también de ver cómo aquél destino se cumplía gracias a Reborn y las habilidades escondidas bajo una capa engañosa, tras un cuerpo pequeño y debilucho.

El chico que había estado feliz por haber sido promovido pero a la vez triste de su partida. El que lo había llamado amigo por primera vez y no quería perderlo una vez que estaban empezando a hacerse más fuerte esos lazos que los ataron desde el principio.

Por eso mismo, no podía hacerle eso al jefe. Menos a él mismo. Mañana Dino lo estaría esperando para subirse al avión, pero Gokudera no acudiría por más que fuera una orden del Noveno y esa oportunidad no se le presentara dos veces en la vida.

Tenía una mucho más importante cerca suyo. Una persona por la cual vivir.

Luna

Tsuna, Yamamoto, Haru y Gokudera se encontraban aquella noche en el parque, sentados en el césped cubierto por una manta a cuadros que había traído Haru para el picnic. Había sido un día agitado y provisto de las usuales explosiones venidas por los personajes tan extraños que conformaban la mafia, y ahora, Tsuna agradecía que estuvieran disfrutando un momento de tranquilidad. Cierto que habían cosas que quisiera cambiar, como que la que estuviera a su lado fuera Kyoko en vez de Haru, pero incluso el rostro calmado y feliz de ella le era reconfortante y producía en su interior un ligero cosquilleo que se incrementaba cuando volvía su cabeza hacia Gokudera y veía su cara absorta en el cielo. ¿Cuántas veces lo había visto tan embelesado? No se le venía a la mente ninguna (quitando las caras que ponía cuando lo miraba a él).

Tsuna volvió su vista hacia el cielo, como hacían Yamamoto y Gokudera (la mirada de Haru iba tentativamente a la de él, igual que su mano que nunca encontraba la suya dispuesta a ser tomada entre sus dedos, y tal vez ella ni siquiera estuviera segura de si eso era lo que en verdad quería). La luna estaba brillante y hermosa, rodeada por las titilantes estrellas y las leves y grises nubes que el viento movía a su antojo. Producían una sensación relajante sobre todo su cuerpo. No dudaba que ese efecto lo estuvieran teniendo los otros.

—Es genial, ¿cierto? —Yamamoto habló como si le hubiera leído el pensamiento y lo estuviera corroborando. Tsuna y Haru asintieron, y entonces, Gokudera se acercó a él y le sonrió gratamente.

—¿Crees que pueda hacer explotar la Luna, Décimo?

Tsuna produjo un pequeño grito de sorpresa y lo único que atinó fue a balbucear tentativamente antes de que la risa de Yamamoto y el desconcierto de Haru (que también lo habían oído) desviaran la atención de Gokudera, porque…

… ¿¿QUÉ CLASE DE PENSAMIENTO ES ÉSE??

Rosas.

¿Qué importaba sus heridas, aquellas que aún no cerraban y dejan a su paso el camino manchado de sangre, gota a gota sobre el pavimento? ¿Qué importaba si sus ropas quedaban hechas una ruina y los hilos descosidos dejaban ver parte de la maltratada piel blanca? ¿Qué importaba sus dolencias cuando el dolor en el pecho era aún mayor y se incrementaba a cada latir del corazón? ¿Qué importaba que sus piernas se rompieran y tuviera que arrastrarse para caminar? ¿Qué importaba que sus ojos se estuvieran apagando y lo único que lo mantenía despierto era su determinación a no dejarse caer, vencido por su pena?

No importaba nada. Porque para lo único que tenía cabeza era para llevarle sus rosas blancas al Décimo esperando que viera a través de ellas lo sincero de sus intenciones y su preocupación.

Bruja

A Gokudera no le gustan las mujeres. No es que las odie, pero le fastidian al igual que le fastidia media humanidad. Empezando por su hermana (Bianchi influye un poco de su molestia hacia ellas, después de todo, lo que sufrió él de niño no se lo desea ni a los peores enemigos del Décimo… O tal vez sí). Además, actualmente tiene dos nuevos motivos más para que le desagraden.

El primero, que el Décimo precisamente está interesado en una. Es bonita, lo reconoce, pero no le llega ni a los talones a alguien como él. Él se merece algo mejor, que sepa del mundo que lo rodea, de los peligros que enfrenta y que siempre pueda contar con su apoyo en los momentos claves. Gokudera no se imagina a alguna mujer cumpliendo esas expectativas, ¡si hasta él mismo le cuesta mantenerse a la par del ritmo que lleva el Décimo (pero da lo mejor de sí)!

El segundo, que una chica está interesada en el Décimo. Y esta no es tonta, pese a que la insulte a diario, podría sospechar sobre la verdad. Y luego entrar a la familia y mostrar sus garras de harpía sobre el Décimo, sin que él pueda defenderse al ser inmovilizado previamente por el canto de sirena. Maldita bruja.

Gokudera no dejará que Haru se salga con la suya. Primero se casa él con el Décimo antes de dejar que la chica le ponga un dedo encima.

Gente.

Los extraños no ven muchos cambios en la expresión de Gokudera; siempre es un ceño abajo y una mueca molesta e intimidante que resulta aterrorizante para todos (e irresistible para las chicas, pero sólo para ellas y tal vez para unos cuantos chicos). Incluso para los profesores, que no tienen la culpa de tratar con un alumno tan problemático pero brillante.

Yamamoto se ha ganado la admiración de la gente al haber podido acercársele. Se tiene que tener agallas, y muchas. Él se desestima con un “pero si Gokudera no es nada malo, ¡y tiene unos fuegos artificiales increíbles!” que igual nadie le cree.

Pero, sin duda, el más desconcertante es Sawada Tsuna. Es debilucho, torpe y tonto; un completo fracaso a tan temprana edad de la vida, a pesar de que recientemente esté haciendo hazañas que desmienten por completo lo que han visto hasta ahora de él. Un personaje así, ¿qué hace junto a Gokudera? O, mejor dicho, ¿qué le ve Gokudera? Porque lo han visto, han oído ese apodo (las chicas incluso agregan el “cariñoso”) que dice para referirse a Tsuna; tal emoción cada vez que se presenta a clases o están juntos es sumamente desconcertante.

Los extraños no ven muchos cambios en la expresión de Gokudera, excepto cuando está Tsuna presente.



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