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Hermione, vestida de blanco, lucía encantadora de pie entre aquel prado lleno de flores. De repente soltó la risa, y Ron no tenía idea de qué podía ser tan divertido, pero no importaba, siempre y cuando pudiera escuchar aquel mágico sonido proveniente de sus labios. La joven tendió la mano, pero Ron no logró alcanzarla.
-Ven, Ron-
Y a cada palabra, retrocedía unos pasos, alejándose de él.
-¡Hermione, espera!-
Pero ella no lo esperó. Corrió hacia el bosquecillo que bordeaba el prado y sin ningún motivo aparente, comenzó a sollozar. Ron frunció el entrecejo, sin entender. ¿Por qué su Hermione lloraba? Odiaba verla llorar.
-No puedes alcanzarme, Ron. No puedes-
Y sin más, desapareció.
-¡Hermione! ¿Dónde estás?-
No hubo respuesta.
-¡Hermione!-
Ron despertó, con el rostro húmedo por el sudor frío y las lágrimas. El pecho le dolía y el corazón no dejaba de latirle con violencia. Otra vez ese sueño, el sueño que se repetía todas las noches, donde revivía el dolor de perder a Hermione y que le recordaba la estupidez que había hecho. Se pasó la manga de la pijama por los ojos y a tientas, iluminado por la luz plateada que se filtraba a través de las cortinas en el cuarto de invitados de Shell Cottage; trató de alcanzar el jarrón lleno de agua fresca, que Fleur dejaba puntualmente todas las noches, en la mesilla que se encontraba al lado de la cama.
El agua helada consiguió calmar su sed, pero no así el dolor en el pecho. Sabía que no lograría conciliar el sueño, así que se limitó a sentarse en su cama, preguntándose por millonésima vez, dónde podrían estar Harry y Hermione. El conocido nudo en su garganta, no tardó en formarse, mientras trataba de ahogar sus emociones. Pero era inútil, porque tarde o temprano, terminarían de apoderarse de él.
Llevaba semanas en Shell Cottage, sin saber qué debía hacer exactamente. En su mente había única idea: volver con Harry y Hermione. Pero ¿cómo? No tenía idea de a quién pedir ayuda. No podía arriesgarse a ver a su familia, porque ellos no entenderían por qué había cometido semejante cobardía. Los gemelos no lo dejarían en paz y Ginny….no quería pensar de lo que podría ser capaz su hermana menor.
Bill había sido increíblemente comprensivo. No lo había juzgado, no le había dicho “Ron, eres un idiota, un cobarde, un asqueroso traidor”. No lo había llamado con ninguno de los horribles adjetivos que él mismo no dejaba de atribuirse a todas horas. No le había cerrado la puerta en las narices, como sabía que tenía merecido. El buen Bill le había dado unas palmadas en el hombro y le había dicho que después hablarían de ello. Y cuando por fin, venciendo su vergüenza, Ron se había atrevido a confesarle toda la verdad, tan sólo le dijo que debía buscar la forma de enmendar sus errores.
No entendía cómo su hermano podía tratarlo con tanta amabilidad, cuando él no sentía otra cosa que desprecio hacia si mismo. ¿Qué clase de amigo dejaba a los otros abandonados cuando más lo necesitaban? ¿Qué clase de amigo abandonaba a los otros porque tenía hambre? Ron suspiró con fuerza, dejando que las primeras lágrimas resbalaran por sus mejillas. Su cabeza comenzaba a llenarse de imágenes y ruidos, de la cara de decepción y odio de Harry, de los gritos de Hermione, que le pedían que regresara.
Hermione.
Si le dolía estar lejos de Harry, no tenía palabras para explicar la falta que le hacía Hermione. Las ganas de mirar hacia el frente y saber que se encontraría con aquellos grandes ojos marrones y la sonrisa de ella, eran demasiado fuertes para ignorarlas. Necesitaba a Hermione, la había empezado a necesitar hacía muchos años atrás y ahora su ausencia era insoportable.
Tenía que volver con ellos, porque sin Harry y sin Hermione, su existencia era miserable. Pasaba los días tratando de obtener noticias suyas en la radio, y cada vez que se cruzaba con la foto de Harry y el título de Indeseable número sobre ella, sentía unas ganas incontrolables de ver a su amigo, de que supiera que había sido un estúpido y de que estaba arrepentido.
Y sin embargo, las dudas lo asaltaban en ocasiones. Porque ya no tenía el relicario con él, pero este había sembrado una semilla venenosa en su mente, que pugnaba por crecer, por hacerse más grande. ¿Y si de verdad no lo necesitaban? ¿Si no era más que un simple estorbo y Harry y Hermione se encontraban mejor sin él? Ron se repetía una y otra vez que no era así, sus amigos contaban con él, Hermione contaba con él. Porque si de verdad no lo valorara ¿por qué le había suplicado que volviera? Se llevó una mano al costado, lugar hasta donde se había extendido el dolor que había comenzado en su pecho. Trató de ignorar el vacío en su estómago, pero sabía que esa sensación no se iría hasta que volviera a estar al lado de Harry y Hermione.
Más lágrimas gruesas descendieron por sus mejillas y Ron les permitió hacer su viaje con total libertad. No tenía sentido alguno limpiarlas, sabiendo que vendrían más. En su mente aún vagaba la pregunta que más miedo le daba hacerse, porque no estaba seguro de la respuesta: ¿qué pasaría cuándo volviera a encontrarse con Harry y Hermione, si es que lo conseguía? ¿Se atreverían a perdonarle? Una mano de hierro se cerró sobre su estómago y las manos comenzaron a temblarle ante la posibilidad de una negativa. Harry y Hermione podrían decirle que no, que su amistad no valía lo suficiente como para perdonarle. Y él tendría que dar la vuelta sin poder decir nada, porque les había dado la espalda a sus amigos de una manera vil y ellos estaban en todo su derecho de no aceptarlo de nuevo en sus vidas.
La puerta de su habitación se abrió de golpe y Bill entró, con el rostro pálido. Ron no hizo amago de limpiarse las lágrimas, porque no era la primera vez que su hermano lo veía en esas condiciones. Bill caminó hacia él y le puso una mano en el hombro, acción que lo alarmó. La expresión de ansiedad en el rostro de su hermano mayor, indicaba que algo malo había pasado.
-¿Qué sucede, Bill?-
-Han hechizado su nombre, Ron-
El más joven de los Weasley frunció el entrecejo.
- No entiendo de qué hablas, Bill-
Bill se pasó una mano, por la barbilla sin afeitar y su mirada cansada se posó sobre Ron.
- El nombre de Quien tú sabes, Ron. Si pronuncias su verdadero nombre, te atrapan. Han estado a punto de atrapar a Kingsley….
Violentos sollozos se apoderaron de Ron, antes de que Bill pudiera terminar de contar lo que había sucedido con Kingsley. Ron sintió como los fuertes brazos de su hermano lo rodeaban, mientras lloraba con completo abandono. Ahora ya no había esperanza, Harry y Hermione caerían en cualquier momento en manos de mortífagos. Sólo bastaba con que alguno de los dos, pronunciara el nombre maldito, el nombre que al que le habían perdido el miedo, para que los atraparan. Para que los asesinaran.
Y no había nada que pudiera hacer para ayudarlos,
Harry…..Hermione….
Los sollozos le cortaban las palabras y las manos de Bill sobre su espalda, no lograban tranquilizarlo.
-Ron, escúchame-
La potente voz de su hermano lo hizo levantar la cabeza.
-Harry y Hermione te necesitan. Tienes que volver con ellos-
-No sé cómo, Bill. No sé cómo….
Bill puso las manos sobre los hombros de Ron, con firmeza.
- Ya encontrarás la forma, Ron. Sé que no me decepcionarás-
Y no sin antes revolver la cabellera de su hermano, Bill abandonó la habitación. Ron se quedó sentado en su cama, tratando de controlarse. Bill tenía razón, debía volver con Harry y Hermione lo antes posible. Sería un maravilloso regalo de Navidad que alguien le dijera cómo.
¿Recuerdas…recuerdas a Ron?
Ron sintió que su corazón dejó de latir un minuto. Esa voz…pero ¿dónde?
¿Cuándo rompió su varita, al chocar en carro? Nunca fue la misma, tuvo que conseguir otra.
Al instante su manó bajó hasta el bolsillo de su pantalón, y con dedos temblorosos, sacó el desiluminador, el lugar de adonde había salido la voz. No tenía nada de diferente, pero dejándose llevar por el impulso, Ron lo apretó y de repente el cuarto quedó a oscuras. Quedóse quieto unos minutos, hasta que sus ojos adivinaron una luz azul y pulsante, que entraba por la ventana. Ron supo que el momento de marcharse había llegado, por lo que sin dudarlo, tomó su mochila del suelo, y salió corriendo de la casa, sin decir adiós y esperando que Bill comprendiera su repentina ausencia.
Llegó hasta el jardín y se acercó lentamente a la luz, pero la escurridiza esfera se alejó hasta llegar al cobertizo de la casa. Ron caminó hasta quedar a unos pasos, cuando, para su sorpresa, la esfera de luz lo traspasó, ubicándose en el punto exacto donde se encontraba su corazón. Era una sensación cálida, que lo hizo sentir esperanza de nuevo. Y Ron no supo por qué, pero al instante estuvo seguro de que ella lo llevaría a donde necesitaba ir, de vuelta hacia Hermione. Así que sin más dilación, Ronald Weasley desapareció en mitad de la noche, para ir en busca de su destino.
Estaba escuchando la canción Set the fire to the third bar de Snow Patrol y dos de las estrofas me conmovieron demasiado:
I find the map and draw a straight line
Over rivers, farms, and state lines
The distance from here to where you'd be
It's only finger-lengths that I see
I touch the place where I'd find your face
My finger in creases of distant dark places
I'm miles from where you are,
I lay down on the cold gound
I, I pray that something picks me up
And sets me down in your warm arms
Conectando, una cosa con otra se me ocurrió esta viñeta. Probablemente ya hayan leído lo mismo miles de veces, pero de cualquier manera aquí está. Si quieren, pueden escuchar la canción mientras leen, creo que va con la idea.