Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark TV Shows » House, M.D. » Good fucking bye

Nyaar
Author of 37 Stories

Rated: T - Spanish - Angst/Friendship - G. House & J. Wilson - Reviews: 2 - Published: 09-21-08 - Complete - id:4551309

Good Fucking Bye.

Entre las carpetas de informes, proyectos, nóminas, horas y demás papeleo que se amontonaba en su despacho, Cuddy obró todo un milagro para no llevarse los talones de las manos a los ojos. En realidad le daba igual si se emborronaba el maquillaje, pero estaba segura de que sus ojos no soportarían estar más irritados; semanas de dormir poco y mal llenas de eventos estresantes y un hospital entero al que dirigir podían hacer estragos en la mujer más fuerte.

Cogió la primera de las hojas del montón, la última que había llegado aquella misma tarde, se percató, y trató de prestarle atención. Un rato, al menos, para clasificarla en el montón de urgente o en el de cosas que podían esperar.

La puerta rechinó un poco en los goznes y al apartar la vista de las letras y mirar a Foreman se dio cuenta de que no había leído absolutamente nada.

El neurólogo llevaba en las manos un par de carpetas que suponía pertenecerían a su paciente, pero en vez de empezar a hablar de lo que llevaba en mente se la quedó mirando un momento antes de resoplar.

- ¿Por qué no te vas a casa y descansas? Llevas casi un mes metida en el hospital.

Lisa dejó la hoja en el mismo montón en el que había estado unos minutos antes y suspiró. A los ojos de Foreman, hasta la misma habitación parecía cansada.

- El hospital no se dirige solo...

- Se te caen los ojos. No vas a leer ningún informe si no descansas antes.

La directora apoyó la barbilla en una de sus manos. Erik tenía razón, ella misma lo había pensado antes, pero había algo que no la dejaba abandonar su despacho; una especie de certeza de que en el momento que se alejara más de cuatro horas reinaría el caos en el hospital.

- ¿Venías a hablarme de algún caso? - Cuddy cambió de tema a sabiendas de que Foreman no era muy amigo ni de los rodeos ni de los cotilleos.

El neurólogo anduvo un poco por el despacho, sin rumbo fijo, imitando inconscientemente a House en su inquietud cuando necesitaba decidirse por algo, pero pronto se detuvo.

- No me importa, y no es de mi incumbencia - comenzó, y Cuddy arqueó una ceja sorprendida - pero los chicos hablan. Y me preguntan a mí como si tuviera unas respuestas que no tengo... Y no es sólo el cotilleo. También me preguntan por sus plazas en el departamento, por su aprendizaje. Es... incómodo.

Incómodo era la palabra que definía tanto chismorreo, sí. Hacía casi tres semanas del entierro de Amber, y el oncólogo se había reincorporado al trabajo el lunes anterior. No era que se hubiera pasado a saludarla, pero las enfermeras, la mayoría de sus ojos y oídos en el hospital, la mantenían al corriente de todo lo que se decía en el hospital sobre House, Amber y Wilson.

- El vino otra vez a preguntarme al despacho esta mañana, y el Dr. Kurtner lleva interesándose por House desde que le dimos el alta... Tienen cotilleos de sobra con lo que les he contado.

- No sabía que tú eras la fuente... - Foreman frunció un poco el ceño, ponderando, y Lisa supo que su empleado estaba atando cabos; había visto esa expresión demasiadas veces como para pasarla por alto.

- ¿Y eso es relevante por...?

- Porque hemos intentado hablar con Wilson varias veces y no nos ha dado la espalda porque es demasiado educado para eso. Está claro que está intentando evitarnos a toda costa, a todos. Y Cameron, Chase, los chicos y yo sólo tenemos un punto en común. - el neurólogo hizo una pequeña pausa - Pensaba que simplemente era una reacción depresiva normal, pero cuando Kutner nos explicó que Wilson estaba teniendo problemas para aceptar lo que había pasado estaba repitiendo tus palabras. Obviamente tiene problemas para aceptar la muerte de Amber, pero no te referías a eso, sino a que Wilson no quiere saber nada de House.

Lisa volvió a suspirar pensando en lo bien entrenado que House tenía a Foreman, y las ganas de esconderse tras sus manos se hicieron más fuertes.

- Y... ¿House lo sabe? - Erik giró los ojos al techo al contestarse a sí mismo - Qué idiota soy. Claro que lo sabe.

- Claro. Desde que se marchó, ¿has vuelto a ver a Wilson por aquí antes de reincorporarse? - Cuddy no pretendía decirlo como un reproche, pero estaba demasiado cansada para ser políticamente correcta. Wilson era su amigo desde hacía más años de los que era directora del Princeton-Pleinsborough y le había llamado cada dos días, preocupada porque no tenía a nadie más cerca. Le había ofrecido su casa, su compañía cuando sus obligaciones en el hospital se lo permitieran, y había recibido poco más que monosílabos.

Lisa le entendía. Que no quisiera hablar, que no la quisiera a ella, que no quisiera nada más que tumbarse y llorar. Nunca había sufrido su pérdida, pero podía empatizar con su dolor y lo hacía.

Lo que no podía entender era su reacción con el resto del mundo.

El neurólogo se cambió las carpetas de mano, incómodo. Se sentía fuera de lugar en aquella conversación hablando de la vida privada de dos personas que no contaría entre sus amigos, pero el trabajo es el trabajo, pensó. Necesitaba poner en claro las cosas con Cuddy para poder manejar el departamento al menos hasta que House regresara, si lo hacía.

- ¿Tenemos alguna... previsión de cuándo volverá House?

Las palabras de Foreman parecieron pesar en el silencio de la habitación. Cuddy se recostó en su silla con aspecto derrotado y el hombre pensó en cuánto había envejecido la directora en aquellas semanas.

- Ya se mueve solo por casa y el fisio parece muy contento con la terapia. Y del resto sabes tú casi más que yo...

Erik asintió. Todavía tenía la historia médica de House en el despacho tras la revisión que le había hecho antes de dar su visto bueno para el alta. La fractura estaba cerrando bien, no se había producido mayor degeneración apreciable en la audición a pesar del vértigo y las ausencias de conciencia se habían controlado con medicación el primer día y no habían regresado. La pérdida de motricidad que provocó el sangrado era otro tema, aunque afortunadamente el fisioterapeuta siempre había sido bastante optimista sobre su recuperación.

- Si hubierais notado algún signo de trastorno neurológico me lo habrías comentado, así que imagino que estará todo dentro de lo esperable.

- Si todo sigue igual durante la semana que viene, el viernes te daré la previsión. Mientras seguid como estáis. Si Wilson... si hay algún problema con él dímelo. Intentaré hablar con él mañana, de todos modos.

- Deberías buscarle otro despacho. Si le trastorna estar cerca de nosotros, cuando House vuelva no va a haber quien trabaje.

- Lo hablaré con él y veré qué puedo hacer.

El neurólogo salió del despacho sabiendo bastante más de lo que había pretendido averiguar al entrar, y la puerta crujió tal y como había hecho cuando entró.

Lisa suspiró y se permitió la licencia de cerrar un momento los ojos. Tendría que llamar a mantenimiento para que lo arreglaran. Y tal vez fuera buena idea marcharse del hospital ya y volver al día siguiente, con algo más de energía. ¿Se pasaba a comprobar si House había matado a su enfermera...? No. Mejor llamarle por teléfono. No le gustaba que estuvieran detrás de él constantemente, de todos modos...

Sí. Ir a casa parecía la mejor de las opciones.

La mujer abrió los ojos, y el amago de sonrisa ante las horas de descanso que tenía por delante se desvaneció al ver, entre los papeles y con fecha de aquella misma tarde una carta de dimisión firmada a nombre de James Wilson.


Un par de semanas más tarde…

Por fin había llegado el día, aunque no podían decir realmente que lo esperaran con entusiasmo. Kutner había dedicado el tiempo libre a ordenar y terminar el papeleo que Cameron comenzara cuando el inspector de Sanidad visitó el hospital, mientras Taub y Hadley habían preferido hacer más horas en la clínica.

Foreman les había ordenado que no tocaran nada del despacho de House, y había pasado en compañía de Chase y Cameron más tiempo de lo que había sido frecuente hasta la fecha. Por supuesto, su excusa era la búsqueda de nuevos pacientes que diagnosticar.

Lawrence apartó la mirada del sudoku que tenía a medio hacer al ver movimiento en el despacho por el rabillo del ojo, y de pronto se sintió tan nervioso como cuando empezó a trabajar en el departamento.

Cuddy sujetaba la puerta del despacho, preciosa con aquél traje de chaqueta y tacones de diez centímetros de aguja. Sonreía con profesionalidad, como la había visto hacer tantas veces ante padres de pacientes, directores y otros médicos. A pesar de las muletas House no tenía mal aspecto, tampoco.

Foreman les había advertido de que aún estaba trabajando con el fisioterapeuta, pero le resultaba extraño verle caminar sin la cojera torcida del bastón.

La pareja se detuvo a mitad de camino y la directora gesticuló mientras hablaba, pero sus palabras fueron inteligibles a través del cristal. De pronto Kutner advirtió que ambos le estaban mirando e hizo un ademán de levantarse que quedó congelado por un gesto de Cuddy.

- ¿Que me...? - Empezó a decir el indio haciendo un gesto hacia la salida del departamento. Ella asintió, y House hizo un gesto de exasperación.

- ¡Tierra llamando a Cuddy! ¡No necesito otra madre, gracias! - Exclamó el nefrólogo reanudando el camino hacia su escritorio, su voz fuerte y audible en contraste con la respuesta de la directora, que volvió a perderse casi por completo tras los cristales.

El médico deportivo colocó la silla en la que había estado sentado lentamente, intentando enterarse de lo más posible perdiendo el tiempo a propósito, pero una nueva mirada de Cuddy que no admitía replica hizo que saliera a toda prisa del departamento.

- ¿Necesitas algo? - Le preguntó la directora a House al ver que prácticamente se dejaba caer en la silla con gesto dolorido. El nefrólogo odiaba las muletas con pasión, no sólo porque le recordaban la época tras el infarto sino porque como si no tuviera suficiente ya con sus miserias habituales la espalda siempre acababa matándole después de tener que andar un trecho considerable.

- No estoy en forma aún para montarte, pero un cariñito siempre se agradece... - Contestó socarrón tirando las muletas al suelo, donde no las pudiera ver, antes de llevarse la zurda al cinturón para enfatizar sus palabras.

Lisa agitó la cabeza y sopló exasperada.

- Te estoy hablando en serio, House...

- Y yo, y yo...

- ¿Tienes vicodina en el despacho? ¿El teléfono a mano?

- Sí, y el pañal limpio y seco. Déjalo ya antes de que tanta preocupación me haga vomitar.

La directora se puso en jarras inconscientemente, pero no encontró fuerzas para reñirle y bajó los brazos. Y House sabía que el que Cuddy se echara atrás en antes siquiera de empezar una discusión siempre auguraba algo malo.

- Está bien... No insisto más. – su gesto se volvió de pronto entre triste y culpable, y Greg se tensó en la silla. - House. Tengo que decirte algo.

Al nefrólogo no le hizo falta ser un genio para saber que fuera lo que fuera lo que tenía que decirle no le iba a gustar, toda la expresión corporal de la mujer lo confirmaba. Mejor entonces que se fuera, y ya se las ingeniaría para que no le encontrara en un rato muy largo.

- Uhhh ¡qué lástima! Ahora estoy muy ocupado. – le dijo dándole al botón de encendido del pc – Pídele cita a Cameron, y te atenderé lo antes posible…

Correr de lo que te asusta. Muy propio de ti, House. Le dijo la voz de Wilson en su cabeza, y House hizo una mueca involuntariamente. Hacía mucho que no escuchaba a su Wilson-conciencia, bloqueada casi por completo en su apartamento a base de alcohol, pastillas y Cuddy.

Que te jodan, Wilson, le respondió con la misma vehemencia, molesto por la intrusión y a la vez con una extraña sensación por volver a hablar con él, aunque fuera en su cabeza. Se preguntó, por un momento, cómo sería si el oncólogo volviera a dirigirle la palabra y ni siquiera se percató de que Cuddy había mudado el gesto casi culpable por otro de preocupación.

- ¿House? – Le llamó la directora al ver que se había quedado mirando al vacío con una expresión que le recordaba a los primeros días tras despertar del coma. Quizá House, con su capacidad innata de atar cabos hubiera imaginado que iba a hablarle de Wilson… o quizá fuera peor, y las ausencias estuvieran regresando. Tendría que comentárselo a Foreman por si hubiera--

- No era una ausencia, estaba perfectamente consciente. – respondió el nefrólogo un tanto mortificado por tener que explicarse, pero más valía aquello a Cuddy componiéndose una imagen que no era y tener a Foreman tras él constantemente otra vez – Sólo estaba pensando. En cosas.

- ¿Seguro que--?

- ¡Vete de una vez, mujer! – Le cortó bruscamente queriendo echarla del despacho antes de que le contara lo que no quería saber o aún peor, que le preguntara en qué estaba pensando.

- Vale. Volveré luego. Acuérdate de ir a fisio – Molesta por su siempre presente rudeza la directora salió del despacho, pero al verse envuelta por gente en su camino al ascensor recordó por qué quería haber hablado con House en aquél momento; ya que Wilson no parecía tener intención de decírselo, no quería que se enterara por otra persona.

Debí habérselo dicho en casa, cuando le cambié de sitio, pensó pulsando el botón de bajada. Lisa tomó aire, los ojos fijos en el contador numérico del ascensor. Mientras había estado convaleciente había intentado convencer a House de que hablara con ella sobre Wilson sin éxito alguno; el nefrólogo había rehuido sus preguntas como la peste, como si no le importara lo más mínimo lo que pasara con su amigo.

Pero Cuddy sabía que el comportamiento de House no era debido a que no quisiera involucrarse en los problemas del oncólogo; con la electroestimulación lo había probado radicalmente.

En realidad, la directora tenía el presentimiento de que House estaba haciendo como si Wilson no existiera para ignorar la ausencia de su amigo en sus propios problemas.

Tras la cirugía y la marcha de Stacy House apenas le había dejado acercarse a él, pero Lisa había sido la confidente de Wilson y el patrón se repetía; House se cerraba en banda esperando a que las cosas se resolvieran por sí solas. Pero Stacy nunca volvió y Wilson…

Quería haberse evitado el tener que ser ella quien le explicara que Wilson tampoco iba a volver. Por eso había sido incapaz de hablar con él antes, a pesar de que ahora se arrepentía de no haberlo hecho.

- Dra. Cuddy – Escuchó que la llamaban, y al volverse vio que Kutner, Foreman y Taub acababan de doblar la esquina del pasillo e iban hacia donde estaba ella.

- Espero que hayáis encontrado un caso para entretenerle… - Les dijo cuando llegaron a su lado, y Foreman agitó una carpeta de tapas marrones antes de usarla para impedir que las puertas del ascensor se cerraran.

- Regalo de Cameron.

- Chicos… - Empezó Lisa, y Foreman rodó los ojos; ya sabía por donde iba. El día después de la charla que tuvieron en el despacho, la directora había reunido al equipo para ponerles al corriente de la nueva situación y pedirles su colaboración.

- Nos portaremos bien, Dra. Cuddy. – Taub se encogió de hombros, ahorrándoles a todos el comentario.

La mujer sonrió un poco, y entró en el ascensor. Ellos entretendrían a House el tiempo suficiente como para repasarse la lista de candidatos que había preparado para que ocuparan el antiguo despacho de Wilson y después… ya pensaría algo.

House se entretenía revolviendo por sus cajones cuando su equipo entró en el despacho.

- ¡Anda! ¡Los tres mosqueteros! ¿Dónde habéis dejado a D’Artagnan? – Preguntó al ver que Trece no iba con ellos.

- Estaba ocupada. – informó Taub puntualmente con su habitual indiferencia – Ya aparecerá.

- Ocupada. Estoy casi mes y medio de baja, y ella está demasiado ocupada para venir a verme. Cría cuervos… - Suspiró teatralmente y al momento estaba observando las caras de sus empleados. Taub parecía tan aburrido como de habitual, Kutner tenía su típica sonrisita absurda de indio feliz y Foreman… Foreman parecía haberse comido un limón, también como siempre.

- ¿Tenéis caso, o habéis estado vagueando todo este tiempo? – Les preguntó notando la carpeta en manos de Foreman, carpeta que el susodicho se apresuró a agitar.

- Ha habido de todo. Cameron te manda esto como regalo de bienvenida.

Greg hizo un gesto azorado, burlón como siempre, y le pidió el caso acto seguido.

- Mujer caucásica, veintitantos, asmática, sin antecedentes familiares de enfermedades mentales presenta…. cefaleas. ¿Paresia, espasmos e incapacidad de coordinación esporádicos? Temblores. Alucinaciones. ¡Visión doble! ¿Para esto me necesitáis? ¡No hay ni cien enfermedades que puedan ser con estos síntomas! - House dejó la carpeta sobre la mesa con fuerza, pero Foreman no se achantó; una sonrisita soberbia cruzó su gesto fugazmente.

- Sólo vagos. Además así probamos que no te has quedado tonto del todo.

Durante unos segundos se hizo el silencio. El equipo estaba frente a él como un solo hombre, y el nefrólogo tuvo que rendirse con un aspaviento.

- Qué considerados… Pues traed aquí la pizarra, que yo también quiero vaguear…

Mientras Kutner empujaba la pizarra al despacho Taub le acercó el rotulador, pero House le despidió con un gesto. De ninguna manera iba a levantarse para el diagnóstico.

Tenía perfecta constancia de que no tendría problemas poniendo sus ideas en letras, pero aquél caso no merecía el esfuerzo de levantarse con las malditas muletas y el riesgo de caer y parecer un idiota delante de todo su equipo.

- Hoy juega la liga india – Hizo un ademán hacia Lawrence, y el judío le dejó el rotulador a él. Pronto Kutner tenía escritos todos los síntomas y se giraba expectante hacia su jefe.

- Dios mío, habéis estado planeando esto de verdad… – giró los ojos – Vaaale. ¿Qué provoca paresia, descoordinación, etc, etc, etc?

Taub cruzó los brazos tras la espalda y miró al techo.

- Quizá un trauma severo en la cabeza.

House le fulminó con la mirada.

- Si es un trauma tan severo, tendría al menos un agujero en su bonita cabecita que, imagino, habrían visto en urgencias. ¿Qué más?

- Mm… - Kutner se frotó el mentón, rascando la incipiente barba - ¿Cushing?

- ¿Cushing? ¿Y lo dices basándote en el análisis de corticoides que no has hecho?

- En realidad, en urgencias le hicieron análisis completos… - Se defendió el médico deportivo alzando las manos en señal de paz.

El nefrólogo cogió la carpeta de nuevo y buscó entre los papeles hasta encontrar las pruebas. Potasio bajo, cortisol algo elevado, aunque dentro de los límites, glóbulos blancos altos, también.

- Poco probable, pero investiga si ha estado tomando esteroides y hazle una exploración en busca de manchas. Hazle también una prueba de inhibición con dexametasona, a ver cómo responde la glándula suprarrenal. ¿Más cosas?

Esta vez fue el turno de Foreman.

- Esclerosis múltiple. Cuadra con todos los síntomas motores. El cortisol puede ser por los medicamentos para el asma crónica.

- ¿Y los síntomas han aparecido de golpe? Si no han cambiado los libros desde que los estudié, la esclerosis es progresiva.

- Puede haber tenido periodos de remisión largos – se encogió de hombros el neurólogo - Puede que esta vez el ataque sea más largo, o que la enfermedad se haya desarrollado más.

House jugueteó un poco con su gran bola de lacrosse, apretándola reiteradamente en su mano derecha.

- Comprobad sus reflejos. Si el episodio de esclerosis es real, estarán vagos. Hacedle un MRI de la cabeza y la columna. Si no encontráis nada, quiero una punción lumbar. Taub, te toca hacer de Trece.

- ¿Qué?

- Como te veo chistoso hoy, he pensado que lo mismo te gustaría probar suerte otra vez pero travistiéndote de Trece y pensando un poquito más las tonterías que dices.

Chris pareció dudar y miró a Foreman, quien no quiso tomar parte.

- Puede ser uno de los mil tipos de tumores cerebrales que se presentan con los síntomas que manejamos, incluso puede que sea un tumor que provoque el Cushing de Kutner. – Terminó, un poco incómodo por haber sacado el tema del cáncer a pesar de que el gesto de House no cambió de expresión.

- Si tiene algún tumor, aparecerá en el MRI. – Kutner escribió las posibles enfermedades en la pizarra y Greg dio un par de palmadas - ¡Hala! todos fuera del despacho. ¡Currad!

Una vez los otros doctores le hubieron dejado solo, House se llevó las manos a las sienes y apretó los ojos. La cabeza estaba empezando a dolerle seriamente, pero una dosis de sumatriptán era con lo que menos le apetecía terminar su primer día de trabajo. Abrió el cajón donde había guardado los anti-eméticos –mejor prevenir que curar- y se tomó una pastilla antes de recurrir a la vicodina.

Se recostó en la silla y cerró los ojos, intentando relajarse. Si tan sólo pudiera desenchufar su cerebro y dejar de pensar… Hubiera estado mucho más cómodo en la butaca, pero no tenía la menor intención de moverse de allí hasta que su cabeza se comportara.

Recordaba una vez que le sobrevino una migraña cercana a la del odioso Von Lieberman y terminó sobre la moqueta de Cuddy para despertar horas más tarde como un trapo viejo en el sofá del despacho de Wilson. Recordaba especialmente bien ese día porque le había visto las bragas a la directora al caer y porque la cara del oncólogo aún casado tomó un matiz de verdosa envidia cuando se lo contó.

Una sonrisita siguió a aquél recuerdo y se apagó como una vela. Con toda probabilidad, su paciente tendría cáncer, y no podría ir al despacho de Wilson a pedirle consulta a no ser que quisiera salir de allí con los pies por delante.

Greg se frotó la barba con la palma de la mano, frustrado. Tenía que dejar la mente en blanco, no pensar en Wilson ni en el paciente… aunque siempre podía encargarle la consulta a Foreman. El neurólogo no tenía culpa de nada, después de todo, y Wilson era demasiado educado para echar a alguien de su despacho. A alguien que no fuera él, se entiende.

Aunque quizá el que le echara no era necesariamente algo malo. Quizá gritarle pudiera ser el primer paso a que le volviera a hablar.

¿Hablarte? ¡No te quiero en mi vida, House!, gritó su Wilson-conciencia, y el nefrólogo hizo una mueca de dolor.

- ¿Y yo sí? Viendo lo buen amigo que estás hecho… - Murmuró masajeándose una sien suavemente.

Me necesitas. Necesitas que vaya detrás de ti arreglando tus desastres, que me haga el sordo mientras me desprecias. Necesitas saber que voy a estar ahí para ti hagas lo que hagas. Necesitas que te salve de ti mismo… pero yo no te necesito a ti. Su voz había dejado de ser estridente para casi susurrarle al oído, y House podía imaginársele perfectamente en jarras frente a él, los ojos imposiblemente oscuros y fríos.

- Necesitas que te necesite.

Hah.

Y se hizo el silencio. Sorprendido, House abrió los ojos. ¿Que Wilson le perdonara era cuestión de hacerle ver que le necesitaba alrededor para sentirse útil? ¿Era eso?

¿Se acabarían así las pesadillas con el autobús? ¿Dejaría Amber de visitarle? Estaba cansado de tener los pies fríos, de andar sin zapatos. Mil veces había soñado que Wilson le acompañaba al parque a ver gente correr para despertar en su cama y ver la expresión risueña de su enfermera.

Cuddy no era mala compañera para pasar la tarde, pero era una chica. Una chica con un par de tetas, un culo y un resto del cuerpo muy bien puesto, pero seguía siendo una chica. No era igual. Wilson…

Wilson siempre estaba ahí para divertirle y permitirle los caprichos, para quitarle el mando de la tele cuando se ponía muy pesado. Para hacerle rabiar. Para discutir y emborracharse con él. Para ir a un bar de strippers y gastarse su dinero en bailarinas alucinantes. Para alimentarle y traerle medicinas cuando estaba enfermo. Para las Nochebuenas largas y aburridas, incluso en las solitarias de bourbon y pastillas. Wilson, su mejor amigo.

El que tomó su vida en sus manos y la cambió por la de otra persona. El que le dejó en la UCI sin una palabra, del que hacía más de un mes no sabía absolutamente nada.

Wilson.

Era increíble cómo, después de todo, aún le importaba que volviera a hablarle. Y ahí estaba el quiz de la cuestión.

No, tú eres quien me necesita a mí, rió la voz en su cabeza casi exasperada. Me he portado como un cabronazo, he hecho cosas que son despreciables hasta para ti y ¿aún así quieres perdonarme?

- No quiero perdonarte. Quiero que me hables para poderte echar en cara que eres un cabrón.

Eres un caso perdido, House. El colmo de la necesidad.

- Eso no te ha molestado hasta ahora…

Antes no habías matad--

La Wilson-conciencia calló de golpe, y House sopló. Por muy subconsciente que fuera, no iba a permitirle justificarse en su propia cabeza.

Nohabía matado a Amber.

Fue una cadena de sucesos a cual más desafortunado. La medicina del resfriado. El conductor del camión de la basura. Ella estaba en un autobús donde no debía haber estado. Al que House no quiso que se subiera. Fue un accidente. Todo fue un jodido accidente.

Amber no tenía que haber estado allí y él no tenía que haberse emborrachado tanto. O sí. Joder, ¿por qué no iba a poder emborracharse cuando le viniera en gana?

Porque luego tiene que ir alguien a buscarte al bar. Y suceden accidentes. Y muere gente.

El nefrólogo cerró los ojos haciendo una mueca y se los frotó con los con los talones de las manos. Joder, joder, joder. Era mucho peor cuando Wilson decía aquellas palabras que cuando las pensaba él mismo.

¿Por qué no había podido seguir calladito como cuando había estado convaleciente?


Valiéndose de sus ojos y oídos en el hospital, Cuddy estaba en la cafetería a la hora y en el momento preciso para encontrarse con Wilson.

Poniendo su mejor sonrisa, la directora dejó la bandeja en su mesa y se sentó antes de que el oncólogo pudiera ni siquiera saludarla. Aquello que podría parecer grosero para mucha gente era el protocolo normal que Cuddy solía seguir con sus médicos de confianza cuando tenía poco tiempo para hablar.

- ¿Qué tal va tu búsqueda de empleo? – Le soltó sin miramientos, y Wilson hizo un gesto de desilusión mientras tragaba.

- Desastroso. ¿Seguro que mandaste la carta de recomendación? – Arqueó un poco las cejas, buscando la esperanza en una respuesta negativa.

- Lo siento… pero sí. ¿Qué te han dicho?

El oncólogo hizo un gesto con la mano en la que llevaba el tenedor.

- De todo. Que soy demasiado joven, que tengo poca experiencia, que pido demasiadas competencias, que no quieren a nadie de este hospital… Y seguro que me dejo algo.

La mujer frotó suavemente su antebrazo poniendo su mejor gesto de simpatía.

- Ya sabes que de momento sigues teniendo aquí tu plaza…

- ¿No has encontrado a nadie aún?

Cuddy había leído muchos currículum para cubrir el departamento de oncología y no había dado contestación a ninguno. A la vez, había buscado y rebuscado entre sus empleados para el candidato a ocupar el despacho junto a House, y ninguno estaba capacitado.

- A nadie que pueda sustituirte. – Admitió un poco triste.

Wilson giró la cabeza y perdió la mirada por la cafetería. Cuddy estaba jugando sucio, muy sucio. Sabía lo que significaba para ella que se marchara del hospital pero ¿quién podía decirle nada sobre personas insustituibles?

- Sí. Ya. Claro.

Hubo un momento de silencio incómodo que Cuddy se apresuró a romper sacando fuerzas de flaqueza.

- ¿Le has dicho a House que te vas?

James frunció las cejas, incrédulo.

- Sabes que no. ¿Qué sentido tendría?

- ¿Sentido? Es tu mejor amigo ¿No crees que tiene que saberlo? – El tono de Cuddy era suave a pesar de sus palabras y Wilson dejó los cubiertos en el plato, su expresión reflejando su dolor.

Tu mejor amigo.

Aún tardó unos momentos en hablar, sus ojos marrones llenos de recuerdos mezclados de Amber y House donde todo era diferente.

Su mejor amigo. Ojalá eso fuera cierto.

- House debe odiarme por lo que hice…pero lo volvería a hacer. Volvería a pedírselo. Amber… La quería, Cuddy, yo… - James agitó la cabeza y pareció vaciarse con un suspiro. - Ya hemos hablado de esto antes, y no he cambiado de opinión, lo siento.

- ¿Sigues considerando que es responsable de lo que pasó? Wilson, fue un accidente…

- Claro que fue un accidente. Uno en el que Amber no tendría que haber estado involucrada. - el oncólogo se levantó de la mesa con el almuerzo a medio consumir y Cuddy se mordió la boca por dentro al ver su expresión descorazonada - He hecho de todo por él y…Supongo que era demasiado pedir que me dejara ser feliz.

En respuesta a sus palabras, Lisa sintió que algo se rompía en su interior.

- ¿Sabes por qué estaba House bebiendo aquella noche?

- No. Claro que no. Ni quiero. Quien sabe qué parano--

- Pues deberías, si de verdad quieres marcharte por alejarte de él. – le cortó la mujer endureciendo la voz. – Está en su despacho.

- ¡No es por él! – exclamó a la defensiva, sin importarle que la gente a su alrededor se volviera a mirarles - Es que todo aquí me trae recuerdos de cosas que… que ya no pueden ser. Los sitios donde nos veíamos, donde comíamos. El departamento, las consultas. ¡Todo!

- A mí no tienes que convencerme de nada, Wilson…

El oncólogo hizo un aspaviento con los brazos.

- No, claro que no. Estás de su parte…

- ¿Qué? ¿Acaso te he desatendido? ¿No te he llamado? ¿No he intentado que habláramos?

- House es tu niño mimado, no me digas que no. Harías lo que fuera por él porque te da pena y te sientes culpable. ¿Cómo voy a competir contra el pobre tullido abandonado por su único amigo?

La directora no pudo evitar tensarse en la silla. Había conocido a su amigo siendo más o menos malicioso o irónico, pero no cruel, y aquellas palabras mordaces sonaban terribles en su boca.

- ¿Qué? Vamos, ¿qué es esto? ¿Un patio de escuela o un hospital? – Lisa le miraba con los ojos muy abiertos, sin poderse creer que la conversación hubiera acabado por aquellos derroteros - No puedo creerme que tú, de todas las personas, tengas celos de House. Y te he dicho que hables con él porque creo que estás cometiendo un error, nada más.

- No son celos. House no tiene nada que pueda querer. - James tuvo la decencia de parecer avergonzado tras la dureza de sus palabras, y bajó la mirada. - Lo siento, Cuddy. No tienes nada que ver en esto, y no es justo que lo pague contigo.

Ella suspiró.

- Yo lo único que quiero es que esto se solucione, a ser posible como personas adultas, Wilson…

- ¿Solucionarse…? - Wilson agitó la cabeza y echó a andar por la cafetería sin importarle si la mujer escuchaba sus palabras. El lugar, la gente y sobre todo sus palabras le estaban ahogando. O más bien, el nudo que apretaba su garganta. - House es un genio, pero no puede devolverle la vida a la gente….

Una vez la puerta del local se cerró tras de sí, James alzó la cabeza al techo y un suspiro profundo le recorrió el cuerpo. Nunca le había hablado así a Cuddy, y posiblemente nunca hubiera utilizado aquellas palabras para referirse a House. No se arrepentía. Sólo se sentía extrañamente vacío y triste. Muy solo.

Nada que no llevara semanas sintiendo.

Tragó saliva para pasar el nudo de la garganta y puso rumbo a su despacho. Tenía que dejar aquél trabajo cuanto antes, mejor.


- ¡House!

Un grito y un brusco movimiento, y el nefrólogo abrió los ojos con un respingo; se había quedado dormido en la silla de su escritorio.

Hadley se apartó tranquilamente de él hasta rodear la mesa, y se le quedó mirando con las manos en los bolsillos de su bata blanca.

- Tenías una pesadilla – Le dijo a modo de explicación.

- ¿Dónde estabas en el diferencial? – Gruñó el nefrólogo una vez se hubo hecho a la idea de que todo lo que había estado soñando era una pesadilla. La misma mierda de siempre desde hacía un mes. Y la cabeza aún seguía doliéndole. Más mierda.

- Ocupada.

- ¿Qué era tan importante para saltarte el trabajo? ¿Un ligue? ¿La Playboy?

- Estaba haciendo tus horas de consulta. – Respondió irritada poniendo una mano en la cadera.

- ¿Y ya estás disponible para hacer tu trabajo o sólo has venido hasta aquí para despertarme?

- Vengo con el resultado de las pruebas. En el MRI se ve una masa oscura en el cerebro.

Trece estaba siendo muy fría hasta para sus estándares, y eso estaba picando la curiosidad del nefrólogo.

- ¿Cushing?

- No lo sabemos aún. ¿Quién va a ir a preguntar a oncología? – Remy entró directamente en harina sin concederle a su jefe el más mínimo cuartel.

House se llevó un dedo a la mandíbula, aceptando su juego.

- Había pensado que fuera Foreman, pero ya que estás tú más cerca asusta a Wilson entrando por la terraza como la aparición que eres. – Terminó haciéndole burla como si fuera una bruja.

La mujer no se inmutó.

- Ese ya no es el despacho de Wilson.

El mundo se detuvo un instante, y después volvió a girar.

Un “ te estaba tomando el pelo” habría estado muy a mano, si House hubiera sido capaz de formularlo.

- ¿Qué?

- No sé a qué estaban esperando para decírtelo, cuando tarde o temprano te asomarías a la terraza y verías el despacho vacío.

Greg recordó el gesto culpable de Cuddy, y no le cupo duda de lo que quería decirle horas atrás. Por supuesto que en ese momento se le había ocurrido que tuviera que ver con Wilson, pero no se hubiera imaginado nunca que el oncólogo quisiera cambiar su despacho de sitio. O peor, marcharse del hospital.

¿En serio se había ido sin decirle nada?

- Ahora mismo está en la segunda planta. – siguió Remy, y House estuvo a punto de suspirar. Wilson seguía allí, por el momento. - ¿Quieres que lo comentemos con él, o buscamos a otro oncólogo? Las últimas veces que le hemos pedido consulta no nos ha atendido de muy buena gana…

A pesar de la confusión por los actos de su supuesto amigo House se detuvo a pensar, por un momento, en el comportamiento de su empleada. ¿Por qué estaba diciéndole todo aquello sin la más mínima emoción cuando todos los demás habían llevado ese tema sobre algodones?

Sólo había una cosa que hacía especial a la doctora entre sus compañeros, y era lo único que tenía sentido, si es que buscaba alguna forma de venganza.

- Te hiciste las pruebas del Huntinton y salió positivo. Por eso me has contado todo esto.

Trece achicó sus ojos de gato a su acusación.

- Sí, me hice las pruebas y sí, dio positivo. Y te lo he contado porque el que Wilson se comporte como un idiota afecta a nuestro trabajo, y si como mucho voy a vivir veinte años más quiero al menos trabajar a gusto donde estoy.

Aquella respuesta sí sorprendió al nefrólogo. El razonamiento era propio de Foreman, y el oírlo de boca de Hadley hacía que le doliera la cabeza al ritmo que su mente intentaba procesar toda aquella información.

- Y también lo hago para devolverte el favor de hacer que me enfrentara a la realidad.

House se agachó y tanteó el suelo en busca de las odiosas muletas; gracias a Dios aún quedaban respuestas lógicas entre tanto caos.

- Buscad al oncólogo que os dé la gana y no me molestéis hasta que tengáis confirmación de la enfermedad.

- ¿Vas a ir a hablar con Wilson?

El nefrólogo la miró de refilón.

- Voy al baño a cortarme las venas. ¿Vienes y te presto la cuchilla cuando acabe?

Remy hizo una mueca de disgusto y se marchó del despacho a cumplir sus órdenes, sin sentirse tan bien como había imaginado.

Greg taladró su espalda con la mirada mientras se iba, las muletas sujetas en su mano izquierda. Parte de sí se sentía orgulloso de ella por haberle plantado cara y otra parte, la peor, no sabía qué sentir o qué hacer.

Se puso en pie con intención de pasear por el despacho y organizar sus ideas antes de tomar ninguna determinación y su pierna simplemente se negó.

Se venció sobre la mesa y soltó las muletas para poder usar ambas manos y sentarse, con un gruñido, de nuevo en la silla.

- Mierda…

Miró el reloj mientras se masajeaba el músculo dolorido. Dormir en lugares poco afortunados solía terminar con par de vicodinas al despertar, pero no debía haber pasado más de media hora durmiendo desde que Hadley le despertara.

Pero tenía que ser de la silla. Lo que la doctora le había contado no tenía nada que ver.

Cogió la bola de lacrosse y la arrojó al otro lado de la habitación. De todo lo que sentía, la ira era lo más sencillo de manejar y lo más conocido. Mierda de silla. Mierda de Wilson. Mierda, mierda, mierda.

Se tomó una vicodina y descolgó el teléfono.

- ¿Qué llevas puesto?

- House… - suspiró la directora al otro lado del aparato – Estoy ocupada… ¿Necesitas algo en serio, o puedo seguir trabajando?

El nefrólogo jugó un momento con el cable enroscado del auricular. Cuddy había intentado protegerle en su eterno papel de madre Teresa de Calcuta, y posiblemente se lo hubiera dicho si House hubiera accedido a hablar con ella sobre Wilson, pero no lo hizo. No lo hizo precisamente porque hablar de Wilson implicaba la posibilidad de que el oncólogo no fuera a perdonarle nunca, y eso era precisamente lo único que no se permitía admitir.

Aún así no podía evitar sentirse traicionado por ella otra vez. Y es que odiaba que la gente tomara decisiones respecto a su vida a sus espaldas.

- ¿Cuándo pensabas contármelo?

- ¿Contarte el qu…? - el teléfono se quedó en silencio un momento, y House podía imaginarse la cara de su jefa nítidamente – Tenía que habértelo dicho cuando lo hablamos, pero quería dejarle tiempo. Pensé que se lo replanearía, que era un calentón… Lo siento, de verdad. Sólo quería ayudarte.

- ¿Te lo pidió él?

- Iba a ofrecerle el cambio de despacho cuando recibí su carta de dimisión. Pensé que--

Greg no escuchó el resto de la frase.

No era un cambio de despacho. Wilson se quería marchar del hospital y desde luego de su vida y no pensaba decirle nada. Nada.

Puede que no fuera el mejor amigo del mundo, y era discutible si se merecía a alguien como Wilson, pero House estaba seguro de que en aquellos últimos meses había hecho más por verle feliz que en los diez años que se conocían. Y lo único que había conseguido con todo aquello era que su único amigo le odiara sin remedio, como si nunca hubiera hecho nada por él.

- House, ¿quieres que vaya a tu despacho y hablamos? – Escuchó la voz suave de la directora, preocupada.

El nefrólogo agitó la cabeza, los ojos fijos en la moqueta de la habitación.

- No hace falta. – contestó en voz neutra – Ya es mayorcito para que tome sus propias decisiones…

Y colgó el teléfono.

Pasaron cinco segundos y el aparato empezó a sonar.

- No quiero hablar más, Cuddy. – Y lo volvió a colgar. Y la directora pulsó de nuevo la rellamada.

- Te digo que--

- ¡House!

- No me grites… Vas a dejarme más sordo todavía… - Gruñó apretando los ojos. Cuando quería, Cuddy podía tener los pulmones y el agudo de una soprano.

- ¿Te duele la cabeza? ¿Quieres que llame a un taxi?

- No hace falta. No me voy a morir. – Le contestó apoyando la cabeza contra el respaldo de la silla. Era realmente adorable que la pierna y las sienes le latieran al unísono.

- Espera por favor – llamó Lisa cuando ya estaba apartándose el auricular - Llevo reteniendo a Wilson en el hospital un par de semanas saboteando todas sus ofertas de trabajo, pero no voy a poder hacerlo por siempre. ¿Por qué no hablas con él?

- ¿Porque no quiere saber nada de mí?

- ¿Sabes que Wilson piensa que le odias?

Silencio.

- A lo mejor tiene razón. – La voz de House apenas superó el murmullo antes de que la línea se quedara en blanco y la directora suspiró, empezando a creer que por mucho empeño que pusiera, no podría ayudar a sus amigos. Aquél problema y su solución era algo que tenían que hablar entre ellos… si es que en algún momento dejaban de ser tan idiotas como para siquiera aceptar que se necesitaban.

Greg aún jugó un poco con el auricular en su mano antes de dejarlo descolgado encima de la mesa.

Wilson pensaba marcharse de su vida sin dar explicaciones, huyendo por la puerta de atrás como los cobardes… y aquello le dolía más que cualquier otra cosa que hubiera podido hacerle.

Si quería odiarle para toda la eternidad lo menos que podía hacer era decírselo a la cara, darle la oportunidad de defenderse o de contraatacar. Incluso Stacy le dejó una nota encima de la mesa cuando se marchó, pobre consuelo.

El nefrólogo cogió de nuevo las muletas del suelo y se puso en pie sujetándose en la mesa. Apoyó la diestra tentativamente y encajó las mandíbulas al pinchazo en el muslo que amenazaba con trepar hasta la cadera. Se encajó las muletas bajo los brazos y echó a andar lentamente hasta salir de su despacho.

- Tenemos un mal día hoy, por lo que parece… - Suspiró la doctora Patterson al ver a House entrar en su consulta de fisioterapia apoyándose pesadamente en las muletas.

- Qué observadora…. – Gruñó el nefrólogo. Lo que menos le apetecía era escuchar a la fisio verborreica que le trataba desde la cirugía. Odiaba a la mujer con pasión, no sólo por su capacidad incansable de hablar sino por su parentesco imaginario con Teresa de Calcuta. Patterson, que peinaba canas desde hacía más de diez años, tenía una paciencia increíble y rara vez House conseguía hacerla enfadar ni aún en sus peores rabietas.

Y pocas cosas frustraban más a Greg que no conseguir la reacción que esperaba en las personas.

La única razón por la que aguantaba tanto la tortura mental de su buen humor y la física de sus manos era por deshacerse de las malditas muletas. Soñaba con tirarlas por las cristaleras del hospital, partir las ventanas en añicos relucientes y que se hicieran pedazos contra el duro suelo.

Nada que no hubiera soñado hacer con el bastón, de todos modos.

- ¿Ha hecho sus ejercicios, doctor? – le preguntó haciéndole un ademán para que se sentara en la camilla, una de sus sonrisas patentadas brillando en su rostro – Ya sabe que los ejercicios en casa son fundamentales para que nos recuperemos…

House sintió la bilis revolverse en su interior. Como odiaba los médicos que creían que con dos sonrisas y una tirita podían hacer mejor la desastrosa condición humana. Y los que se incluían en el pack del tratamiento eran especialmente vomitivos.

- Creo que unas cinco o seis veces. – comentó tirando las muletas al suelo. Al instante hizo una mueca - Ah no, eso fueron los polvos con la vecinita del tanga… Entonces habrá suerte si es que los hice una vez. ¿O me estoy confundiendo con una paja?

- Vaya humor de perros…- La doctora fue a acercarse a él cuando le vio inmóvil sobre la camilla, cabizbajo como estuviera relevando a Atlas en su trabajo. Arqueó un poco las cejas, sintiendo simpatía por su cáustico paciente, y dio un par de palmadas. – Doctor House, ¡todavía tiene los pantalones puestos!

Aquello pareció sacarle de su estupor.

- Woah. Para el carro. Eres un poco mayor para mí…

Ella se encogió un poco de hombros.

- Qué pena. Me gustan los muchachitos de dieciocho… ¿No se ha traído los pantalones cortos, doctor?

Greg sopló irritado. No, no se había acordado. Punto y partido a favor de la vieja.

- Bueno, no se preocupe. – le animó, y su voz amable le hizo pensar en las abuelitas de los cuentos que acababan dentro de las barrigas de los lobos – Ahora mismo le ponemos solución a eso.

El nefrólogo se frotó el muslo suavemente, sus pensamientos volando desde la vieja intentando cortarle los vaqueros hasta las palabras de Cuddy. Buscó a Patterson con la mirada al ver que tardaba mucho en acercarse y la vio hablar por teléfono junto a la ventana. Achicó los ojos, incómodo. Fotofobia. Maldito dolor de cabeza.

La idea de Cuddy de llamar un taxi cada vez se le hacía más apetecible. El caso no podía importarle menos y la fisioterapia sólo le dejaría más dolorido de lo que ya estaba. Si al menos pudiera dejar de pensar… Pero aquello era aún más difícil que volver a correr.

- Dra. Patterson, tengo lo que… Ah. - La puerta de la consulta se había abierto después de un par de golpes de cortesía, y al levantar House la mirada para descubrir por qué el visitante se había callado de golpe, lo entendió todo.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – gruñó al ver a Kutner asomar la cabeza por la puerta mirándole con cara entre susto y sorpresa

Patterson hizo un gesto al indio con la mano para que entrara en la habitación.

- Oh, ¿os conocéis?

Greg intentó hacer una broma con la situación de su empleado, pero sólo consiguió palabras amargas. No podía importarle menos lo que Kutner hiciera o no, pero necesitaba algo en lo que descargar sus frustraciones.

- Si no tienes suficiente trabajo seguro que Trece puede repartir mis horas de clínica contigo. Pero espera, ¿no tenemos un paciente?

Lawrence le miraba con los ojos grandes desde una distancia prudencial. No había visto nunca a su jefe con aquella mirada de depredador, pero era obvio que no auguraba nada bueno.

- Sí. Sí. El paciente está--

- Entonces ¿qué demonios haces aquí en vez de estar salvándole el culo, que es para lo que te pago?

- Bueno, bueno, Dr. House… El Dr. Kutner me ayuda de vez en cuando con alguno de mis pacientes, pero sólo cuando tiene tiempo libre. Hoy le he pedido el favor de que me trajera unos pantalones para usted de los que guardamos en el gimnasio…

- ¡No le defienda, abuela! Que ya es mayorcito.

El indio se rascó la frente, los pantalones de deporte aún en su brazo.

- La idea era aprovechar que venía para contarte cómo andaba el paciente. Trece me dijo que no querías que te molestáramos hasta que no tuviéramos un diagnóstico y… bueno. Oncología dice que es operable, pero que no puede ser la causa de los síntomas…

House pasó por alto la flamante mentira de su empleado en favor de la medicina; tenía suerte de tener algo nuevo que contarle del caso. Ya le haría pagar de otro modo el que trabajara para otros.

- Así que tenemos un paciente con síntomas neurológicos que tiene un tumor cerebral… y no hay conexión entre ellos. ¿Con qué idiota habéis hablado? ¿Y qué dice nuestro flamante neurólogo?

Kutner tardó un poco en contestar. Había estado en el despacho del oncólogo hacía cerca de diez minutos, y lo que había visto no le gustaba nada. Había tenido la intención de hablar con Cuddy y luego poner a House al corriente sobre el caso, pero las cosas le habían salido al revés.

- Con Wilson. – Respondió por fin cambiándose el pantalón de mano nerviosamente, pero la caja de Pandora no volvió a abrirse más. – Foreman quiere hacerle pruebas por si es esclerosis.

- Quiero una segunda opinión, me da igual qué oncólogo busquéis. Quién sabe si Wilson querrá que matemos al paciente antes de irse…

Cualquier otro día aquella frase hubiera sonado a broma de mal gusto, pero esta vez estaba demasiado serio.

El médico deportivo palideció.

- ¿Qué? Eh… ¿Lo sabes? ¿Quién te lo ha dicho? Ni siquiera he hablado con Cuddy aún…

- Cuddy lo sabe de sobra.

- No, no creo que…

Ambos doctores se quedaron mirando unos segundos ante los ojos atónitos de la fisioterapeuta, tiempo más que suficiente para que ambos entendieran lo que estaba pasando.

- ¿Qué hay de nuevo? - House no apartó la mirada de su empleado, a sabiendas de que así le pondría suficientemente nervioso como para que no pudiera mentirle sin que se diera cuenta.

Tal y como imaginaba, Kutner terminó bailando los ojos por toda la habitación hasta clavarlos en uno de los posters de músculos y huesos que decoraban la consulta.

- Es…Está recogiendo sus cosas. En cajas.

Cajas. Si House hubiera tenido el bastón en la mano, llevaría un rato rebotándolo contra el suelo.

Cajas.

¿Se marchaba ya sin decirle nada? Aquello era inadmisible. Merecía una explicación. ¿Por qué no tenía una explicación? Si tanto le odiaba, ¿por qué no ir a su apartamento y decírselo a la cara hasta quedar bien a gusto?

- ¿Cajas? Entonces debe estar apostando a que vamos a matar al paciente muy deprisa… - Comentó frotándose la frente con el pulgar e, incluso sin mirarle, Lawrence sintió el ánimo de su jefe descender hasta tocar la moqueta.

- ¿No puedes hablar con él o algo?

- Claro. Ahora iré a llorarle en las faldas para que por favor siga en el hospital cargándose a mis pacientes. – Greg fulminó con la mirada, y el otro médico alzó las manos pidiendo paz.

- Voy a… buscar a Foreman. Y a pedir otra opinión mientras le preparan para el quirófano. En cuanto sepamos algo te aviso. – Kutner fue a marcharse, y al darse cuenta de que aún tenía el pantalón se giró. Miró por un momento a los dos doctores y decidió que Patterson era una opción mucho más segura que House.

La mujer los cogió con gesto amable y no se volvió a su paciente hasta que Lawrence se hubo marchado.

- Vamos a ponernos los pantalones y a tumbarnos en la camilla. Pasamos directamente al masaje y mañana empezamos con los ejercicios otra vez. ¿Qué le parece?


Wilson guardó los libros de consulta en una caja que tenía sobre la mesa y suspiró, perdiendo la mirada en ninguna parte. No había llegado a acostumbrarse al despacho en forma de ele, tal vez porque en la mudanza no se molestó en sacar la mayoría de sus cosas de las cajas de cartón. Las paredes estaban tristemente vacías salvo por la cortina de la ventana y no había terraza, pero tampoco había extrañado ver llover por la puerta de cristal.

Las mismas cajas donde ahora recogía de nuevo sus pertenencias habían despertado la curiosidad de sus últimos pacientes en el PPTH y a todos les había contestado lo mismo; no sabía a dónde iba a ir.

Las entrevistas fallidas le habían desmoralizado un poco, pero que no le cogieran en Nueva Jersey no significaba que no pudiera probar suerte en Nueva Yorko Pensilvania. O en la otra punta del país, incluso.

Hasta podía volver a Canadá. Aún recordaba bastante bien Quebec de sus años de estudiante y no había olvidado demasiado el francés.

Metió al oso doctor en la caja también, y el pequeño peludo la llenó por completo.

Cualquier sitio estaría bien si no eran Pricenton y el apartamento de Amber. Ni el hospital. Ni el apartamento de House. Ni el campus de la universidad. Ni los bares de la 5ª, el campo de golf, los juzgados, el chino, el 24 Horas, todo.

Ojalá hubiera tenido más tiempo para hacer cosas con ella. Ojalá pudiera mirar a alguna parte y no recordar haber estado allí con House.

Ojalá pudiera dejar de culparle por todo.

Pasó la mano por la cabeza de rizos de peluche y se dejó caer en la silla. Desde que hablara con Cuddy en la cafetería le daba vueltas a sus palabras, buscando cada vez una excusa plausible para no despedirse de House.

No le interesaría. Le parecería una tontería. Le odiaba. Estaría ocupado jugando con alguna de sus consolas. Tenía un caso que resolver. Le odiaba, de nuevo. No quería verle. No podía perdonarle. Volvería a hacerlo. Volvería a…

James apretó los ojos al sentir los dientes de su conciencia clavársele hondo, y al momento volvió a pensar en que marcharse ese mismo día era lo mejor que podía hacer.

Aún estaba recogiendo algunas cosas más, despidiéndose de todo lo que le asaltaba a la mente casi a cada movimiento que hacía, cuando la puerta de su despacho chocó contra la pared.

El oncólogo se dio el susto de su vida y estuvo a punto de tirar la caja de la mesa. Se giró bruscamente, y su sorpresa no hizo más que aumentar a ver a House bajo el quicio de la puerta sujetándose en las muletas.

- ¿Qué… qué haces aquí? – Preguntó incapaz de contener las palabras, su gesto reflejando irritación por momentos al ver que el nefrólogo entraba y se acercaba a la ventana como tantas, tantas veces había hecho en su antiguo despacho. Corrió las cortinas sin preguntar, sumiéndoles en una luz mortecina.

Incluso en los peores momentos había cosas que nunca cambiaban.

- ¿Es que no pensabas decirme nada? – preguntó Greg sin darse la vuelta, la espalda encorvada sobre las muletas. - ¿Los tullidos que casi mueren por ayudar a un amigo no merecen siquiera unas palabras de despedida?

Estaba enfadado con él, oh sí. Y dolido, o estaría frente a él gritándole en lugar de esconderse junto a las cortinas.

No le había visto desde que le dejara en la UCI, y ni le había preguntado a Cuddy ni ella le había contado nada. Y era curioso, pensó Wilson, cómo su propio rencor era más fuerte en aquél momento que cualquier otro sentimiento que pudiera tener hacia House.

A pesar de extrañarle no quería verle allí como recuerdo vivo de todo lo que ya no tenía.

- Por supuesto. Aquí van: No quiero volverte a verte, House. Ahora sal de mi despacho.

El nefrólogo se quedó donde estaba, en silencio, los ojos cerrados para aislarse de la claridad de la ventana. No tenía que haber venido. Meterse en la boca del lobo había sido un error, uno que le había costado el orgullo y que le haría parecer débil frente a todo el mundo si alguien llegaba a enterarse.

Patético, eso era. Arrastrarse hasta su despacho para ¿qué? ¿Preguntarle por qué lo hacía? ¿Pedirle perdón? ¿Darle explicaciones, cuando nunca se las daba a nadie?

No. Estaba allí para enfadarse con él, para gritarle por haberle dejado solo aquél mes y por pretender escaquearse. Para exigirle.

- No quieres volver a verme, sin más. ¿No tengo explicaciones, ni “te odios”? ¿Ni siquiera premio de consolación después de casi perder la vida en el quirófano?

James agarró el borde de la mesa con fuerza, como accionado por un resorte.

- ¡¡Amber está muerta porque eres un capullo egocéntrico que piensa que todo debe girar a su alrededor, así que no te atrevas a hacerte la víctima! - Le gritó señalándole a pesar de que House, de espaldas, no podía verle.

- ¡Hice todo lo que me pediste para salvarla!

El gesto de Wilson reflejó su incredulidad.

- ¡Sí, para salvarla de algo que nunca hubiera pasado si no hubieras estado borracho como una cuba a las cinco de la tarde!

House se volvió a mirarle, y Wilson leyó en sus ojos que había algo que estaba dudando si decir o no. ¿Por qué se había emborrachado? Cuddy le había pedido que se lo preguntara, pero al oncólogo no podía importarle menos en aquél momento.

- ¿Qué? ¿Vas a decirme que no tengo razón? Y que empeñes en destrozarte el hígado a la par que los riñones me parecería estupendo si no tuviéramos que ir alguien siempre detrás de ti barriendo, House. Nunca te has responsabilizado de tus actos, y mucho menos de las consecuencias. – James agitó la cabeza e hizo una mueca – Pero ahora las consecuencias te persiguen, ¿verdad? Por eso has venido. Quieres que te perdone para dejar de sentirte culpable de su muerte.

Hubo unos segundos de silencio en los que House terminó por bajar los ojos.

Sí, también era por eso, por librarse de las malditas pesadillas. También. Pero su Wilson-conciencia, el diablo la llevara, tenía razón, y él era patético. Quería que fuera su amigo a pesar de todo. Le perdonaría, si no se marchaba. Si no le abandonaba a su suerte. Y le dejaría su sillón y beberían juntos hasta el alba, como tantas noches.

Era su amigo, su mejor amigo. Su único amigo, porque nadie más encontraba divertidas sus bromas. Porque nadie más le soportaba más de una hora seguida en la misma habitación.

Apretó un momento los ojos, odiándose. Patético. Patético. Patético.

- ¿Es que crees que porque vengas a mi despacho en el último segundo haciéndote el arrepentido puedes cambiar algo? – continuó Wilson al ver que el nefrólogo no decía nada - ¿Crees que con eso me la vas a devolver?

- No. Nada va a hacer que vuelva. – Greg tragó saliva y se apartó de la cortina, andando hacia la otra punta de aquella habitación desconocida. Estaba atrapado, entre la espada y la pared, porque no había argumento capaz de rebatir aquellas preguntas. Lo único que podía hacer era aferrarse a los hechos. A la razón. – Pero yo no la maté. Fue un accidente. El colmo de la mala suerte. No es justo que me culpes por ello.

Wilson dio un golpe a la cajonera del escritorio que consiguió una mueca de dolor en el nefrólogo.

- ¡Lo que no es justo es que ella esté muerta! – Exclamó el oncólogo, y al momento, House terminó el pensamiento con la voz sorprendentemente tranquila.

- Y yo no.

- Yo no he dicho eso.

- Ya lo sé. Pero hubiera sido más justo que yo hubiera muerto en vez de ella.

Dios. Esto es peor aún que en mi cabeza.

El nefrólogo aún paseó un poco más por la habitación, las muletas clavándosele bajo los brazos al evitar en lo posible apoyar peso en la pierna. Wilson no sólo no le miraba, sino que parecía absorto en algún punto de una de las paredes vacías.

Se revolvió en la silla, violento por la situación. Incluso con toda la rabia y el rencor que podía sentir, no le deseaba muerto. Pero todo era injusto, tan injusto…Y ella era tan hermosa. La quería. No merecía terminar así. No por ayudar a alguien que no quería ser ayudado.

- Sí. – concedió al cabo de unos momentos, y la palabra dejó un frío glacial a su paso – Sí, porque tú no aprecias tu vida en absoluto y Amber era... Ella merecía vivir.

- Y, ¿a qué esperabas para echármelo todo en cara? – explotó de pronto el nefrólogo-¿Por qué has querido largarte con el rabo entre las piernas en vez de enfrentarte conmigo? No puedo darte miedo, estoy más cojo, más sordo y más manco, incluso. Tienes todas las ventajas de tu parte, incluida la piedad del Hospital. ¿Por qué no has dicho nada? ¿Por qué no venir a mi apartamento mientras me recuperaba de las secuelas de querer ayudarte, para terminar de hundirme en la miseria? ¿¿No hubiera sido una buena venganza??

James fijó los ojos en su figura encorvada, en el cansancio de sus movimientos y de sus palabras a veces arrastradas. Quería marcharse sin verle por no enfrentarle. Por no ver lo que le había hecho con la electroestimulación. Porque en algún sitio aún le quedaba un trozo de alma que era capaz de sentir y necesitaba preservarla en lo posible del rencor y la traición. Y de la pérdida de las dos personas más importantes de su vida.

- Si crees que vengarme me haría sentir mejor, es que no me conoces nada. Claro que eso no debería sorprenderme. – le contestó haciendo una mueca de disgusto. Después tomó aire y se sujetó a la mesa para que la tensión pasara de sus manos a la madera y no traicionara su voz - Por una vez en la vida era feliz de verdad, y lo echaste a perder porque no sólo tienes que ser un miserable, sino que necesitas que los demás compartan tu miseria. Pero a pesar de saber en qué te convertiste después de lo de la pierna he estado a tu lado como un amigo.

Los amigos intentan ayudarse aunque a veces se equivoquen, pero nunca intentan hundirse entre ellos. Se aprecian. Se respetan. Se quieren. Y se les dan explicaciones. Y tú… Tú hace mucho que dejaste de ser mi amigo, House, eso es lo que me has demostrado año tras año, así que no te debo nada. Bastante he hecho el idiota ya.

El doctor oso, que apenas cabía en provisional morada de cartón, entró hasta las orejas cuando el puño de su dueño le empujó hacia abajo sin ceremonia antes de coger la caja en brazos.

Como si el nefrólogo no estuviera allí, Wilson se apartó de la mesa y salió de la habitación camino al coche y House no levantó la vista de la moqueta.

El vacío de la habitación se hizo demasiado opresor y los latidos de su corazón en las sienes demasiado escandaloso, y no fue capaz de quedarse allí un momento más.

Tú hace mucho que dejaste de ser mi amigo, así que no te debo nada. Bastante he hecho el idiota ya.

Simplemente, no se lo podía creer.

La gente se agolpaba en el pasillo a la derecha del despacho, intentando coger los ascensores a la planta baja. House giró hacia la izquierda, donde estaban las enormes escaleras de facultad que terminaban en la azotea del edificio, buscando con la mirada un banco, unas sillas, un poyete. Un sitio donde sentarse un rato y pensar. O más bien, no pensar.

No hubo caso. El pasillo estaba vacío de mobiliario a excepción de las sillas junto a las puertas de consulta, ocupadas por pacientes y familia esperando. Podía sentarse con ellos - se sentía igual de viejo y de miserable, y las muletas le harían pasar totalmente desapercibido - pero era demasiado socializar. Las escaleras no quedaban lejos y parecían, sin duda, la mejor opción.

Dejó las muletas apoyadas contra barandilla y escalones y agarró con mano de hierro el pasamanos al bajar sobre el escalón. Sólo al sentarse y cambiar el reparto del peso se dio cuenta de lo que le dolía todo, y cerró los ojos un momento. Al menos aquél sitio era tranquilo, no pasaba mucha gente y el barullo se escuchaba de lejos, como un rumor.

Sacó el frasco de vicodina e hizo repicar su contenido por pura rutina antes de destaparlo.

Hace mucho que dejaste de ser mi amigo...

Volvió a cerrarlo. Sentía náuseas.


Taub se detuvo cerca de la puerta abierta del despacho de Wilson y sopló irritado. No sabía por qué le tocaba a él ir a darle las noticias al jefe desaparecido. Sobre todo porque, si estaba desaparecido, era porque obviamente no le interesaban.

En vista de que ya habían mirado en los lugares habituales y de no daba señales de vida en el busca, Kutner había sugerido la posibilidad de que estuviera en el despacho de Wilson. En el nuevo.

Todos habían mirado al indio con caras raras, pero él se había limitado a encogerse de hombros, obviamente contando con más información que el resto. No es que aquello fuera un problema, de todos modos, ya que a Taub no podían importarle menos los enredos que pudieran tener el oncólogo y su jefe, pero el estar allí junto a la puerta abierta sin saber qué se iba a encontrar dentro le resultaba violento.

Era idiota. Si no le importaba, ¿por qué la reticencia a entrar?

Porque House era House, definido con unas características concretas, y si se encontraba otra cosa no sabía cómo iba a reaccionar.

Frunciendo un poco el ceño y con las manos en los bolsillos, el cirujano plástico llamó con los nudillos en la puerta abierta antes de entrar.

Derecha. Izquierda. Todo vacío y en calma, sin indicios de pelea ni de ocupación en la habitación.

Chris sopló y salió de allí. ¿Por qué se empeñaban en buscar a alguien que no quería ser encontrado?

Desde donde estaba vio la cola de gente que esperaba para coger el ascensor a la planta baja y simplemente se dio la vuelta camino a las escaleras. No entendía cómo Wilson había preferido estar en la segunda planta, donde había pacientes y por ende familiares, que quedarse en la cuarta.

Al girar la esquina que daba al hall de las enormes escaleras arqueó las cejas. Sentado en uno de los escalones estaba el jefe perdido. Las muletas descartadas a un lado y recostado contra la barandilla, tenía la mirada perdida y mucho más aspecto de paciente de hospital que de médico.

House giró los ojos al ver que Taub se plantaba frente a él mirándole casi con sorpresa.

- Am… No es que me importe, pero ¿no estarías más cómodo en una silla?

- Posiblemente. Pero desde aquí puedo ver a todos los palurdos que quieren subir las seis plantas del hospital resollando y arrastrándose por los escalones. ¿No es delicioso?

No, era absurdo, pero era lo primero que se le había ocurrido. ¿Por qué tenía Taub que preguntarle nada? ¿Es que no era obvio que no quería hablar?

Su mirada de odio pareció surtir efecto, porque el cirujano fue al grano.

- Tenías razón, sí había conexión entre los trastornos y un tumor. – explicó haciendo caso omiso al comentario - Pero no sobre el tumor que fuimos a consultarle a Wilson. Ha sido increíble. Al abrirla han encontrado --

- Un tumor en el foramen mágnum que explica todos los síntomas… - Le cortó, cansado incluso antes de que le diera toda la explicación y siguiera mentándole a su ex mejor amigo.

Ex mejor amigo. Sonaba terrible. Era terrible.

Se apretó el talón de la mano en el muslo y aguantó la respiración un momento por la punzada de dolor.

- ¿Lo sabías? - Preguntó Chris ajeno a su lucha interna.

- Ahora sí. - Tragó saliva y volvió a respirar, aliviado al comprobar que la opresión que sentía en el pecho había desparecido con el dolor.

Tumor más increíble más todos los síntomas cuadraba a la perfección. No era un diagnóstico, era una tontería que cualquiera un poco avispado habría podido relacionar. Claro que decirle todo aquello a Taub hubiera valido para descargar sus frustraciones con el cirujano, pero simplemente no tenía ganas de hablar. No tenía ganas de nada más que de tirarse en el sofá y quedarse allí indefinidamente.

Y, ¿a quién le iba a importar si lo hacía?

Taub se puso en jarras en una imitación barata de superhéroe y agitó la cabeza como un padre reprobando la conducta de uno de sus retoños.

- Podrías habernos dicho dónde buscar. Nos habríamos ahorrado un montón de pruebas.

Siempre tienes que estar jodiendo a todo el mundo, House. Siempre pensando en ti y nunca en lo que tus acciones significan para los demás. Chalado egoís--

- ¿Cómo coño vais a aprender si os digo todo lo que tenéis que hacer?

¿Esa es tu excusa? ¿Ahora te haces el bueno para cubrir tus errores? Qué mezquindad…

- No digo que nos lo des hecho, pero podrías guiarnos. El paciente sufriría menos y todos perderíamos menos el tiempo.

- Sois una panda de inútiles, los cuatro. Si el paciente sufre, ¡hacedlo mejor! Si perdéis el tiempo, ¡esforzaros más! ¡Aprended a no depender de nadie!

Igual que tú, ¿verdad?

- Pero--

- ¡Cállate de una puta vez!

Su propio grito le hizo apretar los ojos, pero la voz en su cabeza desapareció al instante. Se frotó el rostro con mano temblorosa y no se atrevió a mirar a Taub por no ver lo que estaba pensando.

- ¿Aún vas a martirizarme mucho más o te vas ya? – Le dijo en voz baja una vez confió en que no se le iba a quebrar al hablar.

El cirujano suspiró quedamente.

- Kutner me ha dicho que si quieres te lleva a casa. Y si te digo la verdad, creo que deberías irte y descansar. Nos haremos cargo del paciente.

- No necesito una niñera.

- Entonces dile a Cuddy que te lleve. Es tu amiga, ¿no?

Su amiga.

House sacó el bote de vicodina y se tomó una sin pensar y casi sin respirar. Cuddy era Cuddy – una madre, su jefa, el doctor que le recetaría a partir de ahora - y él era el bastardo que nunca había sido amigo de nadie.

Wilson era un cabrón. No tenía razón. No tenía razón. Maldito fuera. Ojalá fuera verdad lo que le había dicho y no le importara una mierda. Ojalá no le necesitara. Ojalá.

Cogió las muletas y haciendo una mueca se puso en pie, sujetándose en la barandilla cuando la pierna le falló. Maldijo entre dientes, y tras su mirada helada Taub nunca terminó el ademán de ayudarle.

Volvió a equilibrar su peso y el dolor físico le hizo olvidar cualquier otra miseria. Justo lo que realmente le hacía falta.

- No os necesito. Me iré en taxi.

So you broke down
Trying to leave town
I bro
ke down crying on your return
You left me feeling hopeful
I'll never see your face again
You made for a bad lover's liver
You stole all the covers and busted my head
You made me such an asshole
I wish we'd never met…

Good fucking bye.



Return to Top