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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Movies » Batman Begins/Dark Knight » Soulmate

Valdemar
Author of 13 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/General - Bruce W./Batman & Joker - Reviews: 29 - Updated: 12-10-08 - Published: 09-21-08 - id:4551618

Esta historia está situada tras el final de El caballero oscuro; por tanto hay spoilers de toda la película, incluso en el summary. Si aún no la has visto, no sabes lo que te estás perdiendo. Deja de leer y ve corriendo a verla.


Aún me quedan pendientes actualizaciones de mis otros fics, pero sabía que no sería capaz de ver El caballero oscuro sin resistirme a escribir una historia sobre la peli, y más después de ver las magníficas actuaciones de Christian Bale y Heath Ledger (que en paz descanse).

El argumento gira en torno a dos parejas del canon que traslado al movieverse de Nolan: Joker / Harley Quinn y Bruce Wayne / Vicki Vale (ésta última como homenaje al Batman de Tim Burton, una de mis películas favoritas de mi niñez, aunque aquí Vicki es más parecida a la del cómic: pelirroja y con mucho carácter XD).

La historia lleva rondando en mi cabeza casi desde antes del estreno, aunque desde entonces, y hasta que he estructurado el argumento y redactado y corregido los primeros capítulos, he visto que ya han salido varios fics en inglés Joker/Harley. Lo sé, no soy muy original XD De todas formas, en el momento en que estoy publicando esto aún no hay otros fics en español Joker/Harley, así que éste no está de más, sobre todo para quienes quieran leer fics de The Dark Knight en español, que hay poquísimos.

Aviso: no he leído ninguno de los otros fics J/H que hay en inglés para no dejarme llevar por la tentación de “tomar prestada” alguna idea, aunque sea de forma inconsciente. Así que cualquier parecido de mi fic con esos otros será coincidencia, o bien que el otro autor/a y yo nos hemos inspirado en el mismo canon, en mi caso cómics como Batman adventures – Mad Love o Batman – Harley Quinn, la excelente (y oscura) novela gráfica Arkham Asylum, de la cual extraigo ciertos pasajes que, adaptados, aparecen en el 2º capítulo; o La Broma Asesina, de Alan Moore, del cual comentar que es el único cómic en el que se inspiró Heath Ledger para construir su personaje para el Nolanverse.


Summary: Pocas semanas tras la muerte de Harvey Dent, una intrépida periodista está resuelta a conseguir el reportaje de su vida limpiando el nombre de Batman… lástima que su jefe esté tan empeñado en que, en lugar de eso, entreviste al playboy de la ciudad, Bruce Wayne.

Mientras, en Arkham Asylum, una psicóloga con una vida aburrida y solitaria conocerá al Joker, el cual pondrá su mundo patas arriba, en todos los sentidos.

Género: Romance / General

Pairings: Bruce Wayne / Vicki Vale ; Joker / Harley Quinn ; un poco de Dick / Barbara

Rating: T (por si acaso)

Disclaimer: Batman y sus personajes pertenecen a sus creadores y productores Bob Kane, Christopher Nolan, DC Comics y Warner Bros. Este fic sólo tiene el propósito de entretener, no pretende fines de lucro ni hay violación intencionada del copyright.

Este disclaimer vale para todos los capítulos.


Dedicado a la memoria de Heath Ledger,

un actor joven y con mucho talento que nos dejó demasiado pronto.

Descansa en paz, no te olvidaremos.


Soulmate

Capítulo 1: Reto profesional

Gotham City es una ciudad de contrastes. Allí, se pueden encontrar lujosas zonas residenciales y financieras no muy lejos de barrios marginales como los parcialmente derruidos Narrows. Coexisten, con (no tanta) tranquilidad, la bondad con la maldad; la esperanza con la desesperación. Hombres, no muchos, que aún tienen fe en el bien, son vecinos de otro numeroso grupo que se aferra al crimen como única opción posible, muchos más porque no les queda otra salida, que por verdadera maldad. Aunque hay otros, demasiados, a quienes verdaderamente no les importa un bledo el daño que puedan causar a sus semejantes.

Pero también está él. En ese ser, del cual aún muchos se preguntan si es un hombre o un fantasma, se concentra la verdadera esencia de la dualidad de Gotham. En él, más que en nadie, convergen la luz y la oscuridad, buscando al final la verdad y la justicia a través de las tinieblas. Aunque, según la opinión del comisario Gordon, no es el héroe que Gotham necesita, es el que se merece. No hay nadie más que pueda hacerlo.

Gotham es una ciudad sucia, densa y corrupta. Como en todas las grandes urbes, es fácil encontrarse solo en medio de sus casi ocho millones de habitantes. Pese a la gran densidad de población, cada uno de sus ciudadanos se ve confinado en su propio mundo interior, aislado de los demás, y tratando de sobrevivir.

En esas circunstancias, no es fácil encontrar a esa persona especial, aquélla que pueda comprender y compartir tus pensamientos y tus sueños, y te ame siendo tal y como eres. Y, si encima eres un “bicho raro” como un justiciero que se mueve al amparo de las sombras, o un supervillano con una retorcida visión del mundo como una gran piñata a punto de estallar, las posibilidades se reducen a niveles infinitesimales.

En los días que corren actualmente, muy poca gente en Gotham cree en una estupidez tal como las almas gemelas.


Aquella mañana, en las oficinas del Gotham Gazette, el director editorial Steve Norton (un cincuentón calvo y con algo más que barriguita incipiente) llamó a su despacho a una de sus reporteros. Mientras la esperaba, volvió a releer el editorial que ella le había entregado el día anterior para su aprobación, para volver a confirmar su impresión de la primera lectura. Antes de que acabara, llegó la persona que aguardaba: una joven más o menos en la mitad de la veintena, de cabellos rojizos y figura esbelta enfundada en un traje de chaqueta verde oscuro.

Como sabía cuánto odiaba su jefe las interrupciones, la mujer se limitó a sentarse frente a su mesa con las piernas y brazos cruzados y sin decir palabra, y esperar a que terminara de leer. Al final, vio a Norton fruncir el ceño y ella hizo lo mismo, molesta por lo que implicaba esa mueca. Si a su jefe no le gustaba, lo más probable es que tuviera que reescribirlo todo.

Por eso, se quedó descolocada cuando Norton, tirando el montón de folios unidos con clip sobre la mesa con ademán displicente, sentenció:

– Bueno, Vicki… no está demasiado mal.

Ella se sintió interiormente aliviada, pero aun así todo su ser se sintió rebelado ante tan tibia opinión acerca de algo en lo que había trabajado tanto y no pudo resistirse a replicar:

– Gracias, jefe, pero yo creo que está algo mejor que “no demasiado mal”. Se lo enseñé a Dave el de Redacción y dijo que era soberbio, creo que incluso le vi soltar alguna lágrima tras leerlo.

– Dave el de Redacción no tiene ni puñetera idea. – opinó Norton con expresión indiferente. – Además, dudo que haya sido tu sensiblero panegírico lo que le haya hecho llorar. Dave era un ferviente admirador de Dent, incluso alguna vez le vi una pegatina en la mesa con ese chapucero slogan de cuando se presentó a fiscal del distrito: “Yo creo en Harvey Dent”. Además, teniendo en cuenta la cantidad de noticias que hemos perdido ahora que está fiambre y ya no tenemos a nadie que nos meta a mafiosos entre rejas día sí y día también, yo también lloraría.

Vicki Vale se descruzó de brazos y se inclinó sobre la mesa para encarar mejor la mirada de su jefe. Era una de las mejores reporteras y fotógrafas del periódico, pero ni mucho menos la más dócil.

– Ya veo que usted también está de lo más concienciado con su muerte. – comentó, intentando medir su sarcasmo para que no se le notara demasiado.

Ella sí lo había lamentado. Nunca lo había demostrado llevando pegatinas o chapitas como Dave el de Redacción, pero en el fondo también había apreciado a Dent. En su opinión, el malogrado fiscal había sido uno de los pocos hombres íntegros que conocía que hubiera llegado a un puesto de importancia, y lo había pagado con su vida. Por lo menos, su ejemplo había hecho florecer cierta esperanza, resultando una inspiración para los ciudadanos de Gotham, ya de por sí bastante castigados por la lacra del crimen. Aquellos sentimientos eran lo que había intentado reflejar en el panegírico que Norton le había encargado unos días antes.

Éste volvió a agarrar las páginas entregadas por la joven y las sujetó, meneándolas de un lado a otro como para subrayar sus palabras.

– Como dije, no está mal, pero nada más. No te creas que vas a ganar el Pulitzer con esta parrafada cursi y lacrimógena sobre qué bueno era Dent, qué bien hizo a la gente de Gotham y blablablablá.

– Si no le gusta, lo rehago y ya está. – exclamó ella indignada, estirando la mano para tomar de nuevo su reportaje, pero Norton lo apartó de su alcance.

– No he dicho que no sea publicable.

– Pero… ¿no dice que es cursi, y lacrimógeno, y…?

– Y lo es. Pero mejor así. A más lágrimas, más periódicos vendidos.

Definitivamente, a su jefe no había quien le entendiera. Si se lo iba a publicar desde el principio… ¿a qué venía tanta palabrería? Si ella no había querido el trabajo en primer lugar… su especialidad era la fotografía y la investigación, no los artículos de opinión; pero Norton la había obligado a hacerlo, alegando que escribía muy bien, lo cual era cierto.

Vicki intentó mantenerse en calma, pero ya estaba un poco harta de aguantar los particulares “modales” y caprichos de su jefe. La paciencia no era una de sus cualidades, hecho que le había costado más de una discusión con Norton. Aparentemente, nunca había temido que la despidiera, cosa que pudo haber ocurrido alguna que otra vez debido a los encontronazos entre ellos, pero era una buena reportera y demasiado buena fotógrafa para que Norton quisiese pasar sin ella. Él sabía que, pese a su juventud, aquella chica tenía una magnífica reputación profesional gracias a la calidad de sus reportajes y no quería que ningún otro periódico se la quitara, de modo que pasaba por alto su comportamiento rebelde, que a cualquier otro le habría acarreado el despido automático.

Aun así, Vicki se obligó a controlarse. No podía ponerse en plan fiera con él aunque fuera lo que le pedía el cuerpo, porque ahora tenía que pedirle su recompensa. Su parte del trato.

– Bueno, jefe, lo que usted diga. Yo ya he cumplido, ahora usted tiene que darme esas semanas que me prometió.

– ¿Qué? No recuerdo haberte prometido nada.

– Vamos, jefe. Un trato es un trato. Quedamos en que, si yo redactaba el panegírico sobre Dent, usted me daría el tiempo y los recursos para escribir el reportaje que le he estado pidiendo desde hace tiempo.

Norton puso los ojos en blanco.

– Oh. Ese reportaje.

– Sí.

– Sobre ese tío.

– Exacto.

El maduro director del periódico se quedó unos segundos en silencio, como meditando las palabras. Intentando prolongar el tiempo para pensar, sacó una cajetilla de cigarrillos y lo ofreció uno a la joven, quien lo aceptó. Después, tomó otro para sí y encendió ambos con su mechero.

Tras echar una calada a su cigarrillo, declaró:

– Mira Vicki, escribir sobre Batman no sale rentable.

– ¿Cómo que no? – protestó ella – En su momento, Batman llenó portadas que dieron para tiradas bastante importantes.

– Tal vez hace tiempo, pero ahora mismo es considerado el enemigo público número uno. Lo único que es noticia ahora son los esfuerzos que está haciendo la policía para atraparlo y, qué quieres que te diga, eso lo están publicando ahora todos los periódicos. No es nada original que dé para un reportaje de investigación.

– Sí, si le damos un enfoque nuevo. Imagínate lo que vendería un reportaje que dé una imagen de Batman virtualmente diferente a la que presentan el resto de periódicos.

– ¿A qué te refieres con lo de “imagen diferente”?

– Hablo de hacer un reportaje que redima el nombre de Batman, que lo presente como un héroe, como el justiciero enmascarado que Gotham admiraba… vamos, lo que era antes de que empezase toda esta persecución.

Norton se quedó mirando a Vicki como si hubiera dicho la mayor estupidez del mundo.

– ¿Sabes cómo empezó toda esa persecución? – le preguntó impaciente, como si se tratara de una niña pequeña – Lo sabes… ¿verdad?

– Sí, lo sé. – admitió ella de mala gana, pero él de todos modos continuó:

– Ese “justiciero” que parece fascinarte tanto, asesinó a varias personas, algunas de ellas policías, y es el principal sospechoso de matar a Harvey Dent. A tu admirado y llorado Dent.

– No fue él. – replicó, obstinada, la joven. – Él no ha matado a nadie.

– ¿Y por qué estás tan segura?... ¿Te lo ha dicho él?

– Claro que no. Salvo algunos policías y los criminales a los que combate, nadie ha logrado hablar nunca con él. – replicó con tono hosco – Pero, simplemente, no encaja con su modus operandi.

– ¿Que no encaja con qué?

– Con su forma de actuar. – explicó Vicki reprimiendo un suspiro cansino. ¿Cómo había podido llegar ese tío a director del periódico siendo tan inculto? – Batman nunca mata. En sus comienzos no mataba a escoria que realmente se lo merecía, ni siquiera mató al Joker cuando lo atrapó… ¿por qué iba a empezar ahora?

– Tal vez el hecho de que dejara vivir al Joker revele la verdadera naturaleza de ese bicho con capa. – apuntó Norton – Entonces… ¿qué explicación le das tú a que lo persigan por esos asesinatos?

– Una encerrona. – contestó ella sin vacilar. – Alguien, probablemente de la mafia, le ha “colgado” esas muertes para deshacerse de él, tal y como se deshicieron de Dent.

– Entonces… ¿por qué no sale desmintiendo esas acusaciones, si son falsas?

Vicki se encogió de hombros, y dio una nerviosa calada a su cigarrillo, sin respuesta clara esta vez.

– Tal vez le da igual lo que piensen de él. – aventuró sin mucho entusiasmo algunos segundos después.

– OK. Así que le da igual ser confundido con uno de los criminales a los que pretende atrapar y perseguido por la policía. No es muy lógico eso… ¿no? Y ésa es otra. El comisario, Jim Gordon, era uno de los que más colaboraba con él y ahora es quien más activamente le persigue. ¿Haría eso si no estuviera plenamente seguro de su culpabilidad?

El silencio dubitativo de la muchacha duró algo más que con la anterior pregunta.

– Tal vez Gordon también sea uno de esos polis corruptos… – dijo con menor convencimiento aún. Norton asintió frunciendo el ceño de forma despreciativamente sarcástica.

– Eso. Si crees que te voy a dejar publicar que el flamante nuevo comisario de Gotham es un corrupto, para que al día siguiente se nos echen encima por difamadores, estás más loca que el Joker.

– Yo no he dicho que quiera publicar eso de Jim Gordon, ni siquiera estoy segura de que sea corrupto, tan sólo es una posibilidad. – se defendió ella – Tan sólo te estoy pidiendo unas semanas y algo de fondos para dietas y desplazamiento, para hacer un reportaje que limpiará el nombre de un hombre inocente.

– Que tú afirmas que es inocente, pero que la sociedad ya ha condenado. Lo siento, Vicki, no puedo dejarte que pierdas el tiempo en ese reportaje, por la sencilla razón de que jamás podríamos publicarlo: sería un suicidio editorial. Si quieres tener éxito escribiendo sobre tíos con capa que combaten el crimen, vete a Metrópolis; aquí te crucificarán si te atreves a salir en defensa de ese tío.

– ¿Aunque te trajera las pruebas de que Batman no cometió esos crímenes?

– Mira… ¿por qué no te olvidas de los murciélagos y te centras en algo con más glamour? – propuso Norton a la desesperada para hacerle cambiar de tema – Tengo algo perfecto para ti.

Rebuscó entre algunas carpetas y sacó un abultado dossier que entregó a Vicki. Ella apenas lo leyó por encima, con expresión escéptica. Contenía un montón de noticias, tanto de la sección económica como de sociedad, algunas fotos, y algunos intentos de seguimiento biográfico (llenos de inconsistencias y obvias contradicciones entre sí), todos sobre el mismo hombre, al parecer un pez gordo de los negocios. Cuando terminó de hojearlo, Vicki volvió a levantar la vista hasta su director, intrigada pero también molesta por el nada sutil cambio de tema, ya que aquel tío del dossier no tenía nada que ver con lo que estaban hablando.

– ¿Qué es esto, jefe?

– ¿No querías retos? Pues esto es un reto. Ese hombre se niega de forma sistemática a hablar con la prensa, a pesar de ser un filón. Empresario de éxito, filántropo, soltero de oro de la “jet set” de la ciudad…

– ¿Intenta tomarme el pelo? Le pido a Batman y usted me da a… a…

– Se llama Bruce Wayne. Es el heredero y único propietario de Empresas Wayne, uno de los mayores imperios financieros de Gotham y tal vez de todo el país. Últimamente es noticia por eso de que ha donado varios millones de dólares para que reconstruyan el Hospital General de Gotham, el que hizo volar el Joker. Además, sabemos que conocía a Dent, ya que celebró una fiesta de recaudación de fondos para él. Debe de conocer muchos detalles jugosos sobre él.

– ¿Y eso, qué?

– He conseguido, y debo decir que me ha costado mucho, dos invitaciones para la fiesta benéfica que da para recaudar fondos a favor de las familias de las víctimas de los crímenes de Batman.

– Que Batman no… – empezó a protestar ella de nuevo, pero él se apresuró a cortarla:

– Vale, lo que quieras. Pero necesito que asistas y hagas lo posible por conocerle y caerle bien. Todo lo que te pido es que le saques una entrevista y algunas fotos donde parezca más cercano de lo que se le ve habitualmente.

El excesivo interés de su jefe hizo sospechar a Vicki.

– Pero… ¿por qué yo? Ya se lo dije: yo soy fotógrafa y reportera de investigación. Para hacer crónica de sociedad, ya tiene a otra gente más especializada. ¿Por qué no se lo encarga a ellos? – De nuevo, Norton se tomó su tiempo para meditar sus palabras mientras daba otra chupada a su cigarrillo, y sin que se diera cuenta, un poco de ceniza cayó en la pechera de su camisa gris marengo.

– A ver, cómo te lo explico… Wayne es un hombre muy codiciado en todos los sentidos, pero siempre ha evitado a los medios de comunicación. Mira las noticias en las que sale: siempre ha sido por actos de su empresa, y siempre se ha mantenido en segundo plano, no deja que nadie se acerque a él. No sale en la tele, no concede entrevistas, nada; ni siquiera a revistas económicas. – Norton hizo una pausa, y esbozó una maliciosa sonrisa– Pero a la vez, es todo un Casanova: tras sus escarceos con esa prima ballerina del ballet ruso, ahora se le ha visto varias veces acompañado de Julie Madison, esa actriz de Hollywood tan de moda últimamente.

– Un rico heredero libertino y mujeriego… qué típico… – murmuró ella con desprecio.

– En resumen: que le pierden las chicas guapas. Y había pensado que tú, con esa carita angelical que tienes, podrías hacerle bajar la guardia lo suficiente como para olvidar esa fobia que le tiene a las entrevistas.

Ella frunció el ceño.

– ¿Qué insinúa, que lo seduzca o algo así?

– No, claro que no… sólo que, si fueras simpática y dulce con él, es decir, lo opuesto a como sueles ser habitualmente, tal vez se relaje contigo y no le moleste contestar a tus preguntas en un ambiente relajado. Puede que con unas copas, o una cenita a la luz de las velas…

Indignada, Vicki aplastó el cigarrillo contra el cenicero de la mesa (imaginando, quizá, que era la cabeza de su jefe lo que aplastaba) y se levantó.

– ¡Esto es lo más sexista que he oído nunca, y mira que he oído cosas sexistas! Olvídelo, jefe; soy licenciada en Periodismo por la Universidad de Gotham, no una call girl. Puede despedirme si quiere, pero le advierto que entonces le demandaré por discriminación sexual.

Alzó la cabeza con altivez y salió orgullosamente del despacho de Norton, taconeando con fuerza para dejar clara la firmeza de su aseveración, y dejando en el despacho la huella de su perfume de Nina Ricci entremezclado con el olor del tabaco rubio que habían estado fumando.


Poco después, Vicki estaba sentada en su mesa, idéntica a las otras mesas del resto de redactores. En una esquina de la mesa había dejado uno de esos horribles cafés de máquina que había sacado hacía unos minutos, pero con la preocupación no lo había tocado y hacía tiempo que ya había dejado de humear. Probablemente ya estaría helado, pensó malhumorada.

Aunque la poco delicada petición de su jefe fuera injustificable, tal vez ella también se había pasado estallando de esa manera. No era la primera vez que su vehemente carácter le jugaba malas pasadas, pero podía acabar costándole caro. Ahora dudaba si debía volver al despacho y disculparse con su jefe o empezar a guardar directamente sus cosas para irse al paro. Claro que, si iba a disculparse al despacho, Norton la haría comprometerse a ir a la fiesta benéfica a intentar conseguir la entrevista con el tal Wayne, y no le apetecía absolutamente nada ir a esa encopetada fiesta. Y menos para reírle las gracietas al playboy de turno con la esperanza de sacarle una entrevista. No fue para eso para lo que estudió Periodismo.

Ella se había hecho periodista para sacar a la luz cosas verdaderamente importantes, como por ejemplo que un hombre que arriesgaba su vida todas las noches por los demás había sido falsamente acusado. Cualquier cosa que pudiera decir ese Wayne serían tonterías en comparación. Además, seguro que era un estúpido. La experiencia le había enseñado a Vicki que los hombres ricos eran unos estúpidos; y los hombres guapos, aún más estúpidos. Wayne era rico, y por las fotos que había visto en el dossier también se le veía pinta de guaperas, así que por fuerza tenía que ser doblemente estúpido. La perspectiva de tener que pasarse toda la noche haciendo la pelota a un hombre así le provocaba náuseas.

Alguien atrajo su atención acercándose a su mesa. Ella estaba exasperada, pero se tranquilizó algo al ver de quién se trataba. Era un hombre aproximadamente de su edad y algunos más centímetros más alto que ella. Sus facciones eran regulares aunque un tanto vulgares, su traje estaba gastado especialmente en los codos y en las rodillas, y sus zapatos pedían a gritos un abrillantado, pero en conjunto resultaba bastante agradable. Era el prototipo de muchacho lo suficientemente despierto y dinámico como para buscarse la vida incluso en condiciones poco halagüeñas.

Alex Knox era uno de sus compañeros reporteros y aquél con el que ella tenía más confianza. Habían hecho varios reportajes juntos y profesionalmente se complementaban bastante bien, al igual que como amigos, aunque en este último aspecto a Vicki le cargaba que Knox le estuviese tirando los tejos todo el tiempo. Por suerte, lo hacía con todas las chicas que conocía, lo que le quitaba a Vicki la preocupación de que su compañero estuviese realmente interesado en ella: de lo contrario, no habrían podido seguir trabajando juntos.

– Qué… ¿qué ha dicho Norton del panegírico de Dent?

– Dice que es cursi y sensiblero, pero lo publicará. Pero no me va a dejar que haga el reportaje de Batman. – suspiró, y él sacudió la cabeza.

– Ya te lo dije.

– Pero eso no es lo peor. Lo peor es que ya me tiene asignada otra tarea.

– ¿Ah, sí?

– Entrevistar a un tal Bruce Wayne.

– ¿Wayne? No será ese Wayne, el de Empresas Wayne. Es el que va a financiar la reconstrucción del hospital… ¿no? – preguntó Alex. De mala gana, Vicki tuvo que admitir que así era.

– Cualquiera puede ir pavoneándose en plan filántropo desinteresado, con tanta pasta como tiene él. – objetó, sin embargo. Aun sin conocerle, Wayne ya le caía mal de entrada por el hecho de que su jefe se lo impusiera y le disgustaba el tono de admiración que oía en la pregunta de su compañero.

En pocas frases, certeras e indignadas, le describió a Knox el requerimiento de Steve Norton.

– Así que quiere que vaya a esa estúpida fiesta benéfica para halagar ese tío, que puede que decida o no darme esa entrevista. ¿Te apuestas algo a que es un inculto, y a la vez un creído insoportable? Todos los que van de ese palo lo son. – añadió, pero Alex Knox no replicó a su comentario.

– Wow. Yo nunca he estado en una de esas fiestas benéficas. – dijo, en cambio – ¿Puedo acompañarte? Te juro que me mantendré al margen y no interferiré en tu “sagrada misión”. – le costó no poco no dejar escapar la risa al pronunciar las últimas palabras y Vicki, al percatarse, le fulminó con la mirada.

– Yo no pienso ir. Ya puedes pedirle a Norton las invitaciones para ti y para alguna de tus amiguitas, porque yo no estoy dispuesta.

– Uf. – Knox lo pensó unos segundos, y después añadió – ¿Sabes lo que te digo? Que tienes razón. Mejor que no vayas, así te evitas el chasco.

Desde su silla, Vicki levantó los ojos hacia él, intrigada:

– ¿Qué chasco?

– Bueno… – Knox vaciló, como si no se atreviese a hablar.

– Venga, suéltalo. – le conminó ella, impaciente.

– En fin, que tú eres una chica muy guapa, sabes que siempre lo he creído… ¿vale? Vaya eso por delante.

– ¿Pero…?

– Pero no estoy seguro de que des la talla para lo que quiere el jefe. Quiero decir… vamos, mira al tipo de chicas con el que va ese Wayne. Modelos, actrices... ¿Recuerdas a la bailarina rusa? Estaba que… – resopló, conteniéndose para no dibujar un curvilíneo contorno femenino con las manos, lo que seguro habría desatado las iras de su compañera – Y esa actriz con la que sale ahora, Julie Madison…

– No me suena. – comentó Vicki con voz helada.

– Pues debes haber vivido encerrada en una burbuja. Es la estrella de las tres entregas de Pasión letal, y ha posado para Vanity Fair, FHM, Vogue y unas cuantas revistas más de las que no recuerdo el nombre. Ah, y ha sido votada en Internet como una de las chicas más sexys de la última década.

– Y todo eso… ¿qué? – La joven cada vez estaba más ceñuda – ¿Insinúas que yo no soy lo bastante guapa para ese Wayne?

– ¿Para engatusarlo como quiere el jefe? No te ofendas, pero si quieres que te sea sincero, me da a mí que no.

Hirviendo de furia, Vicki agarró la corbata de Knox , y lo acercó hasta que sus rostros casi se tocaron. Él habría disfrutado de la situación si no fuera porque lo estaba ahogando.

– Entérate de una cosa, chaval: no necesito seducir a nadie para hacer mi trabajo. No seré tan guapa como esa Julie Madison, pero sé bien cómo sacar una miserable entrevista a un ricachón idiota.

– Vale, si tú dices eso, te creo. – respondió Knox poniendo cara de inocente, aumentando, si era posible, la cólera de la pelirroja.

– No es porque yo lo diga. Es porque es verdad.

– Vale, vale. Aunque... me convencería del todo si lo viera con mis propios ojos.

– Pues lo vas a ver. – siseó ella, soltando la corbata de su compañero, el cual respiró aliviado, y se dirigió como un tren de carga al despacho de su jefe. – ¿Sigo contratada? – Y, antes de que Norton pudiera responder, agregó – ¿Y sigue en pie ese trabajo de la entrevista a Wayne?

El director, demasiado anonadado para hablar, asintió con la cabeza.

– OK, entonces cuente con ella. Déme las invitaciones para esa estúpida fiesta. – Norton, aún sin palabras, obedeció; y Vicki prácticamente se las arrancó de las manos. – Voy a conseguir esa entrevista, y no porque me vaya a ligar a ese tío, ni voy a reírle sus tonterías, ni a caer en ninguno de esos trucos bajos que ha insinuado antes. Voy a conseguir esa entrevista porque soy una buena profesional. Y, cuando ya tenga esa entrevista en mis manos, no dejaré ni que usted la huela hasta que se comprometa por escrito a publicarme el reportaje que quería.

Tras eso, volvió a salir del despacho con la misma energía de la primera vez, no sin espetarle antes a Knox, que la observaba desde la puerta, aparentemente tan estupefacto como su jefe:

– Tú vendrás conmigo a esa fiesta, Alex, y allí te demostraré si soy capaz de conseguir una entrevista, de Bruce Wayne o de quien haga falta.

El aludido se limitó a levantar las manos en un gesto conciliador.

– Eso espero.

Tras la marcha de la joven, Norton, aún un poco aturdido, se quedó mirando a su empleado. Aún le costaba creerse que Vicki hubiera cambiado tan rápida y drásticamente de opinión y seguía sin explicarse el motivo, hasta que vio la sonrisa traviesa de Knox.

– ¿Cómo demonios lo has hecho? – El joven se encogió de hombros, con gesto inocente.

– Menosprecié su físico y puse en duda su capacidad profesional. Demasiado para el ego de cualquier mujer.

– Brillante. – aprobó Norton, sonriendo con satisfacción al ver su deseo cumplido – Eso ha sido totalmente brillante.

– ¿Tanto como para merecer un aumento de sueldo, jefe?

El director del periódico volvió a ponerse serio.

– Tampoco te pases.


NA: Aquí tenéis el comienzo, puede que haya salido algo soso. Pero en los siguientes capítulos, podréis ver cómo Harley acaba conociendo al Joker, más jugoso, espero. La idea es ir intercalando ambas historias, la de Bruce y Vicki con la de Joker y Harley. Espero que os guste.



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