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Capítulo III
El sonido atenuado pero arrastrado de mis pantuflas resuena en el pasillo solitario. Algunas luces del día pasan por las ventanas dándome una vista mejor de aquel pulcro lugar.
Suspiro aliviada, es de mañana y casi todos mis familiares se fueron de caza. Dándome ese pequeño momento de soledad y tranquilidad que necesitaba.
Mis manos, se apoyaron en la pesada puerta del final del corredor, y empujando levemente logre abrirme paso en aquel hermoso y majestuoso despacho. Mi abuelo Carlisle tiene un gusto excelente, es más que obvio. Nada fuera de su lugar, todo colocado de una forma armoniosa y segura.
Una descripción de su mismo temperamento.
Me encantaba entrar allí, contaba con su permiso, además de que su mismo despacho sirviera como la biblioteca de la casa. Las estanterías, armadas como si fuesen una parte más de la pared, se extienden desde el comienzo de la puerta, viéndose interrumpidas por los tres ventanales que dan vista a los jardines.
Esta semana había sido un caos, no pude evitar tener un par de conversaciones con mis padres que rayaban con peleas.
Mis continuos "Porqué" no dejaban de fastidiarlos.
Pero de ninguna manera me daría por vencida. Ya hable con mi abuelo Charlie sobre el asunto, lo note algo confundido al principio. Sé que no es de agarrar las cosas de buenas a primeras, pero por alguna razón los años lo están haciendo más observador por lo cual me pregunto si pasaba algo malo con papá y mamá.
¿Qué iba a responderle? Que yo era una curiosa y que mis padres deseaban mantenerme en una burbuja.
Ninguna de las dos excusas es razonable y tampoco deseaba atosigarlo. Tengo entendido que si bien sabe de mi condición especial y en la de mi familia, no está del todo informado.
Las yemas de mis dedos recorren las ásperas superficies de los libros de medicina de abuelo. Inmediatamente encuentro la sección que busco. Una bonita fotografía se cruza en mi camino. Esme adornó un espacio especial, digno de su toque sutil y femenino. Sabiendo que el abuelo vería ese detalle cada vez que buscara en sus libros de consulta.
Ambos, se abrazaban en la imagen, con felicidad infinita y en el medio estaba yo. Mi cabello era diferente en ese entonces, antes de que se me cruzara esa apuesta con mis amigos y terminara por esconder ese tono rojizo.
Los rulos de mi cabello, ahora eran simples ondulaciones siendo un efímero recuerdo de esos bucles bien formados.
Mamá por poco y puso el grito en el cielo al verme teñida de castaña oscura, tía Alice movió su cabeza con desaprobación, pero era obvio que ya se lo venia venir. Ahora que me doy cuenta, ya hace varios años que espanto a mis padres con mis locuras.
A Jacob tanto no le importó, dijo que me quedaba bien y paso a otro tema en seguida. No estoy segura, pero podría afirmar que si me pusiera un disfraz de rana él seguiría pensando lo mismo. Y eso que me ha visto en mis peores fachas.
La peor fue cuando invite a dos amigas a dormir, rápidamente remplazamos nuestro objetivo (estudiar para un examen de biología) por hablar de tonterías y criticar la mala música que estaban vendiendo últimamente. Lo único que recuerdo, después de una noche llena de risas y bromas, fue despertarme al abrir la puerta de entrada con los pelos enredados en ruleros y un pedazo de pizza incrustado en mi cara.
Esa noche me había olvidado completamente que mi familia se había ido de cacería, dejándome un espacio a solas con mis amigas sin interrupciones, por consecuente, me tuve que apresurar a abrir la puerta.
Para que, Jacob se rió de mi nuevo estilo durante dos semanas.
Unos pequeños rayos de sol, seguramente abriéndose paso entre las grises pero persistentes nubes, se reflejaron en el vidrio del escritorio dándome directo en los ojos y haciéndome salir de mis pensamientos.
No tenia bases suficientes para este sentimiento de desosiego que me embargaba cada vez que quería saber del pasado. Tengo leves recuerdos de cuando era pequeña. Nombres, rostros que me son familiares pero que no recuerdo haber visto de grande. Pero sobre todo, una angustia aplastante cada vez que tengo ese sueño.
No es ni especial, ni recurrente. Se presenta en diferentes formas, pero siempre con el mismo desenlace: El rostro de mamá diciéndome lo mucho que me quiere, en tono de despedida determinante.
Nada de esto lo hable con mis padres, no deseo preocuparlos con mis sueños locos y que pueden ser producto de mi curiosidad llevada al límite haciéndome imaginar situaciones que nunca existieron.
El único que lo sabe y al cual me anime a contárselo es al señor Johnson. Un anciano muy simpático que vivía a dos pueblos de aquí. No es que fuese especial, ni que tuviera súper poderes como mi familia. Era uno de los pocos humanos con los cuales se me permitía tener contacto constante además de mis amigos. Lo mejor para los Cullen es pasar desapercibidos y cuanto menos contacto tuviésemos con el mundo exterior mejor.
Lo conocí al tener once años y con poco…
El teléfono suena, mis ojos lo buscan en forma automática. Sonrió al encontrarlo y al comprobar el número. Se ve que es cierto que uno llama a las personas con el pensamiento.
.- ¡Buenos días!- Saludo alegremente esperando escuchar su ronca, madura pero tibia voz.
.- ¿Con la residencia de los Cullen?
.- Eh si.- contesto algo perdida. Siento una pequeña punzada de preocupación, estoy más que segura, ese era su número.- ¿Quién habla?
.- Buenos días, lamento si importuno, pero desearía hablar con ¿Renn..esme?- se traba al pronunciarlo, no todas las personas tiene facilidad para poder decir semejante nombre complicado. Se lo he reclamado a mi padre en varias ocasiones.
.-Ella habla.-
Escucho que del otro lado se aclara la voz como si estuviese por decirme algo que no lograba salir de su propia boca, tal vez por el temor de hacerlo más real.
.- Habla Loreen.- intento recordar el nombre, mis recuerdos se remontan e los archivos olvidados de mi memoria y justo en el momento en que lo identifico, la voz vuelve a sonar interpretando mi silencio.- Soy la hija de Alfred.
.- Si, recuerdo. ¿Cómo se encuentra?-
.- La verdad es que no muy bien.- se escucha a un pequeño niño quejarse. Tengo entendido por lo que me contó el señor Johnson, que acaba de ser abuelo por tercera vez, ese debe ser su ultimo nieto.- Mi padre está en el hospital.
Mis piernas se aflojaron y por un momento me tembló en labio por la angustia.
.- Pero, anteayer fui a visitarlo y estaba en perfectas condiciones. ¿Qué ocurrió?
.- Su cuerpo está viejo y se ve que las medicinas para la presión no están haciendo el mismo efecto que antes.- suspire.
.- Comprendo. ¿En qué hospital esta?- mientras ella me dictaba la dirección y cómo llegar, no pude más que darme cuenta cuanto necesitaba a mis padres en ese momento. Me había apegado tanto al señor Johnson sin darme cuenta y recién ahora podía comprobar las palabras de mi tía Alice cuando me explicaba que entablar muchas relaciones con las personas también tenía sus consecuencias. Sobre todo para seres como nosotros, que veremos a un montón de personas pasar por la historia y que de una forma u otra deberemos despedirnos.
Ese pensamiento apenas si me dejo despedirme de Loreen. Nunca en mis años de vida le di importancia a esto. La gente que conocía, que no era como yo, en unos años ya no estaría conmigo.
Una cosa era mudarse, irse a vivir a otras ciudades, pero con la certeza de que aquellos con los que me había encariñado seguirían allí cuando volviera o que por lo menos estriamos en contacto.
La muerte no era parte de mi vida, de mi existencia, así que era algo con lo cual no estaba muy familiarizada.
Me pare cómo pude, con mis piernas aun cómo gelatina. Trague una gran bocanada de aire para impedir que unas lágrimas traicioneras escaparan.
No podía ser tan tonta de ponerme así. Ni que me hubiesen dicho que estaba muerto. Simplemente estaba internado y en poco saldría, él siempre tuvo una salud de acero, a pesar de todo lo que atacaba su cuerpo.
O-o-o-o-o-o-o-O
Mis pasos resonaron en el pórtico de la casa e instantáneamente papá abrió la puerta, no pude definir su expresión, no estaba para andar adivinando su humor exacto. Detrás de él, mamá en pose preocupada y el resto de la familia estaba cómodamente sentada tomando algo de café.
Jacob, en frente de mi tío Emmett se paró al instante de verme.
.- ¿En dónde estabas?- mire mis pies, era lo único que podía ver con la posición de mi cabeza, no quería que me vieran. Había visto mi reflejo en el espejo retrovisor del automóvil del esposo de Loreen y no era para nada algo que deseara mostrarle a nadie. Quise pasar escaleras arriba sin mediar palabras pero tío Jasper se interpuso y sentí una oleada de alivio, por lo visto el percibió mi estado anímico.
.- ¿Qué ocurrió, Nessie?- pregunta, frenando el cuestionario que mamá estaba por lanzarme.
Sé que de alguna forma tienen razón, estoy con la misma ropa desde hace dos días, propiamente dicho apesto a hospital y a lluvia mal secada.
.- No..- trago dificultosamente al ver que mi boca se siente más pastosa de lo que creía. Vomite hace dos horas así que creo se debe en parte a eso.
Jacob se acerca preocupado. Toda pasividad que pudiese haber tenido por las visiones de mi tía desaparecieron al verme.
.- No…quiero hablar de ello. – nuevamente me cuesta hablar. Noto las miradas de todos sobre mí, dándose cuenta después de la primera impresión de alivio al verme sana y salva por sus propios ojos de que mi aspecto es más que deplorable.
.- Hija- mi padre intenta acercarse pero Alice se adelanta. Es la única con valor para tocarme.
El cosquilleo recorrió mi cuerpo rápidamente, dejó que mi cabeza pudiese esconderse en su hombro y ahí no fui capaz de sostenerme más por mis propios medios y cedí ante el peso de mi cuerpo.
Todo lo que pude escuchar entre el ruido de pensamientos de mi cabeza, fue: todo va a estar bien.
Y de alguna manera, quise creerle con todo mi ser, tanto que me dolió el solo anhelarlo.
Buenas, ando a las apuradas, se me hace tarde para ir al trabajo. Les dejo el cap, espero que les guste.
Beshos y un calendario hot de Edward (autorizado y testeado por Bella) a: Aradia Gaunt, Eris Malfoy, crisalide, tsukiyono tanuki, RociRadcliffe, Dayan Hale.
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