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Capítulo 5
Las maderas de los pisos relucían de lo pulidas que estaban y los candelabros de cristal centellaban irradiando una luz tenue, que bañaba toda la decoración con un agradable brillo anaranjado.
Pansy oyó como el reloj del vestíbulo avisaba que sólo faltaba media hora para que los invitados llegasen.
Avanzó unos pasos hacía la puerta, donde estaban los empleados encargados de acomodar a la gente en sus sitios. El eco del choque de sus tacos rojos contra el suelo se escuchó por toda la estancia e hizo que los empleados guardaran silencio.
-Ya debería estar aquí-susurró con los dientes apretados.
Pansy se alejó del grupo y atravesó con paso rápido el Salón Rojo. Se acomodó el vestido de seda negro antes de entrar a la sala en la que la familia ya estaba reunida. Tocó su cabello, fijo en un elegante rodete, y respiró hondo para controlar las palpitaciones de rabia que tensaban todo su cuerpo.
Tocó la puerta y aguardó. Nadie contestó del otro lado. Luego, lo intentó una vez más. Nada.
Enfurecida, Pansy comenzó a aporrear la puerta con todas sus fuerzas. Sólo paró cuando sintió movimientos en el interior de la habitación.
Fue Hermione Granger quien abrió la puerta. Pansy no le dio oportunidad para decir nada y se metió en el salón empujando a la chica a su paso.
-Creo que ninguno de ustedes es conciente de que falta media hora para que lleguen los invitados, perdón- miró su reloj pulsera-, veintecinco minutos, ahora que tardaron tanto en abrir la puerta…¿Puede alguien decirme donde está la novia?- lo había dicho con calma, pero eso no mitigaba la dureza de su voz.
De repente, la señora Weasley, que se encontraba agazapada en los brazos de su marido, lanzó un chillido agudo y estalló en llantos.
Pansy se quedó dura en su lugar. Estaba enojada, si, pero no tenía intenciones de hacer llorar a aquella mujer ni a nadie. Miró a su alrededor buscando una respuesta, pero nadie la miraba a ella. De hechos, todas las miradas de ese salón parecían apuntar a diferentes lugares remotos del cosmos. Estaban perdidas y aguadas.
Sólo una estaba conectada a un punto fijo de la realidad: Potter estaba sentado en una silla con las piernas abiertas y los brazos apoyados sobre sus rodillas. Pansy pensó que se lo veía derrotado…
Tenía la cabeza gacha y sus ojos verdes estaban fijos e inmovibles sobre una hoja de pergamino lisa.
-¿Alguien puede explicarme qué está pasando?-lo preguntó en general, pero ella sólo podía mirar a Potter, que parecía haberse convertido en una estatua tiesa de mármol. Pálido y casi sin reacción. .
Hermione se adelantó unos pasos hacia ella y le susurró:
-Tendremos que avisarle a los invitados que no habrá boda.
Pansy tiró de la tela de su vestido para darle más lugar a sus pulmones. Luego, apretó sus puños cerrados contra sus muslos
-¿¡Qué!? ¿¡Por qué!?
Su gritó pareció despertar a Harry de la ensoñación en la que estaba sumergido. Levantó la cabeza, la miró con sus incorruptibles ojos verdes y le tendió el trozo de papel que colgaba de sus manos.
-Deberías leer esto. Yo…No sé cómo explicarlo.
Pansy se acercó y tomó lo que parecía ser una carta. Y, efectivamente, lo era.
º
Harry:
Perdóname, pero no puedo hacerlo.
Te juro que he tratado con todas mis fuerzas de evitarlo, pero he fallado y, en el camino, le he fallado a todo el mundo…En especial a ti.
Creía que si adelantábamos esta boda y, una vez juntos, todo iba a ser distinto, que todo iba a volver a ser como antes. Pero me he equivocado. Nos hemos equivocado.
Lo que sentíamos antaño se ha esfumado hasta convertirse en lo que es ahora: una irrevocable amistad. Me temo que eso es lo único que nos une.
Y no creo que sea nuestra culpa -nadie la tiene-, pero sí seríamos culpables de nuestra propia infelicidad si continuáramos neciamente como si nada pasara. Pasa. Y estas últimas semanas han sido prueba suficiente.
Odio decírtelo así y justo ahora, pero no pude antes ¡Estaba tan ciega!
Harry, estoy enamorada de otra persona. Astoria es la mujer más maravillosa que he conocido y ya estoy harta de negar lo que siento por ella.
Pero, aunque no quiero esconderlo, creo que será mejor que me aleje un tiempo. Por estas horas ya estaremos a mitad de camino a Marruecos.
Por favor, dile a mi familia que estoy bien y que me perdone. Volveré cuando las cosas se calmen y creo que tú deberías hacer lo mismo.
Sé que también estás cansado.
Espero que no me guardes ningún rencor…Aunque voy a entender si lo haces. Nunca quise hacerte daño, Harry. Y estoy segura que si yo no tomaba la iniciativa tú nunca lo harías y, luego, ambos pagaríamos las consecuencias. A veces eres demasiado noble.
Ruego para que algún día me perdones. Mi felicidad nunca será completa si no lo haces.
Tu amiga siempre.
Ginny.
Pansy leyó la carta de un tirón y, luego, la volvió a leer para comprobar la existencia de cada una de esas palabras.
¿Ginny y Astoria? Ella conocía de sobra las preferencias de la menor de las Greengrass. De hecho, toda su familia las conocía y no les molestaba en lo absoluto. Pero siempre habían deseado que se casara con una “chica de buena familia sangre pura”. Y, ciertamente, Ginny Weasley no lo era.
Y que Salazar la perdonara, pero se moría por ver la cara que Daphne pondría al enterarse.
Pero, luego de unos segundos de regocijo por aquella desgracia ajena, cayó en la cuenta de que todo ese embrollo culminaba con la eminente certeza de que… ¡No habría boda!
Pansy se dejó caer en una silla y comenzó a hacer cuentas mentales sobre cuánto tiempo tardarían en avisarle a los invitados –y de cómo lo haría teniendo en cuenta de que ya varios estarían en camino- y del dinero que esa aventurilla le costaría.
También estaba el asunto de la prensa… ¡Qué Merlín la ayudara! Se estaba por armar una buena y ella estaría justo en el epicentro de la tormenta.
¡Maldita fuera la jodida hora en la que aceptó ese jodido trabajo! ¡Si estaba destinado al fracaso desde el principio! Todo, absolutamente todo, había salido mal. La novia era una histérica compulsiva, que luego resultó ser nada menos que una prófuga deshonesta e inoportuna. Para colmo, estaba el tema de esa inexplicable atracción que Pansy sentía por el novio, que ahora se encontraba vulnerable y solterísimo.
Pansy sacudió la cabeza. No era momento de hacer esas cavilaciones, además, ella no quería saber nada más con Potter, se recordó. No importaba cuan solo estaba ahora ni lo que ella sentía. Él sólo le había traído un problema tras otro. Cuando solucionara aquel embrollo se encargaría particularmente de no volvérselo a cruzar nunca más en la vida.
-Bien-Pansy se paró y miró al señor é a dar la orden de que le avisen a los invitados medida que van llegando. Tendremos absoluta discreción, por supuesto. Pero no puedo asegurarles nada con respecto a los periodistas. Hace horas que están rondando el área.
-¿Necesitas que hagamos algo?
Pansy miró a Hermione –quien le sobaba la espalda a su compungido e impresionado novio- y negó con la cabeza.
-Estoy preparada en caso de que esto suceda. No se preocupen. Pero les aconsejo que se vayan inmediatamente.
Caminó hacia Harry y le tendió la carta sin mirarlo, luego, se encaminó hacia la puerta.
-Les enviaré la comida o si quieren yo puedo encargarme de llevarla a algún asilo. Las flores no durarán mucho aunque les haga un tratamiento de conservación. Pueden llevárselas si quieren, son suyas. En cuanto a los demás elementos de decoración, yo podría comprárselos y después vendérselos a otra novia…
-Si, querida. Has como te parezca-le dijo la señora Weasley.
-Entonces haré que les envuelvan las flores inmediatamente.
-Y los dedos árabes.
-¡George! ¿Cómo puedes pensar en comer en un momento así?-lo regañó su esposa, Angelina Johnson.
-Mi estomago no tiene la culpa que mi hermana haya decidido salir del closet a último momento-respondió George susurrando, pero no hubo caso. La señora Weasley lo escuchó e, inmediatamente, se puso a llorar nuevamente.
Después, todo fue un caos. Algunos trataban de consolar a Molly Weasley, que no paraba de lagrimear y otros reprendían a George. Sólo Ron y Hermione acompañaban a Harry, quien seguía en la misma posición en la que estaba cuando Pansy había entrado en la habitación.
-Lo siento muchísimo-se disculpó, pero nadie le prestó atención.
Miró otra vez a Potter, convencida que esa sería la última vez. Realmente hubiera preferido verlo felizmente casado que en ese estado de desasosiego total.
º
A las tres de la mañana, y con un fuerte dolor de cabeza, Pansy se apareció en la entrada de su casa.
Llevaba consigo una bandeja llena de comida y envuelta en varios paños de tela. Sus empleados se habían encargado de llevar lo demás que sobró al asilo de ancianos Borley End. Los residentes almorzarían langosta y champagne por cortesía de Harry Potter y compañía.
Luego de esperar a que los invitados lleguen, y de tener que repetir el mismo discurso aproximadamente tres veces por persona, Pansy se había pasado esas siete horas corriendo de un lado para el otro, evadiendo preguntas de los parientes y las cámaras fotográficas de los periodistas invitados al evento -y otros que se habían colado-.
Después de que ella y sus empleados consiguieron vaciar Avalon Hall, se dispusieron a ordenar aquel enorme lugar. Corrieron las mesas, guardaron los manteles, los candelabros y las alfombras. Las flores ya se las habían llevado consigo la familia Weasley.
Trasladó todo los materiales al depósito que se hallaba en el sótano de su casa y volvió una vez más a la casona para cerrar el lugar y quitar los hechizos de protección anti-muggle. Al otro día le llevaría las llaves al dueño.
Finalmente, puedo regresar a su casa. Estaba agotada. Lo único que quería era deshacerse de ese incómodo vestido, darse una ducha y dormir hasta que la prensa dejara de escribir sobre aquel fatídico día.
Y estaba segurísima de que sería mucho tiempo y que, de una manera u otra, terminaría afectando su negocio. Incluso podrían culparla a ella de todo lo sucedido.
Era temprano para que lo descubrieran, pero todavía nadie había especulado siquiera las verdaderas razones de por qué la boda se había cancelado. Y Pansy estaba convencida de que no tardarían mucho en hacerlo. La prensa mágica era eso: mágica. Podían enterarse de cualquier cosa y no tenían límites de tiempo o lugar.
Subió las escaleras con paso cansado. Le hubiera gustado despedirse de Potter o darle algunas palabras de ánimo. Pero, ¿para qué? Él era su cliente y un trato más personal no correspondía. Aunque debería haberlo hecho por simple amabilidad.
¡Bah! ¿A quién engañaba?. ¿Ella amable?
Sinceramente, le habría encantado hablarle porque sí, simplemente por eso. Le hubiera dicho que no se preocupara, que encontraría a alguien mejor. Y todas esas cosas que se dicen en situaciones similares.
También le hubiera dicho que esas semanas, cuando trabajaron juntos, habían sido de las más felices que ella había vivido últimamente. Que le encantaba su amabilidad, sus buenos modales, su aura de desinterés y bondad que parecía rodearlo en cada momento y que llegaba a cada una de las cosas que hacía o decía. Que lo que ella sentí por él no era sólo un picante deseo, sino algo más, algo que se había negado a aceptar y que no estaba dispuesta a dejarlo trascender.
Pero no lo hizo, claro. Y no sólo por falta de oportunidad. Lo que le faltaba era algo de valor y, por qué no, algo de locura.
Gracias a Circe, con los años había aprendido a ser más sensata y discreta.
Pansy dejó que el vestido se deslizara por su piel y después se sumergió en el agua caliente de la tina. Mientras sus músculos se relajaban, trató de despejar su mente, lo cual no fue nada fácil.
Una vez que se secó y terminó de ponerse el camisón de lino blanco, se metió en la cama y volvió a cerrar los ojos. Lo que necesitaba era una buena y merecida noche de descanso.
Todavía no importaba lo que estuviera pasando allí afuera. Entre sus sábanas de seda se sentía protegida y sólo un sueño profundo le daría el resguardo inconsciente que necesitaba. Sólo quería escaparse por un rato del mundo.
º
No fue la tenue luz del amanecer lo que la despertó. Pansy parpadeó varias veces y se incorporó. Luego se volvió a acostar, pensando que los golpes que había escuchado eran producto de un sueño.
Pero pronto descubrió que no era así. Alguien estaba aporreando su puerta.
Ella no hizo caso y hundió su cabeza bajo la almohada. Sin embargo, el visitante inesperado era bastante insistente y la puerta no dejaba de temblar y retumbar bajo su puño.
“Que extraño que no toca el timbre”, pensó Pansy, para luego arrepentirse de haberlo incitado telepáticamente.
Un pitido agudo y constante comenzó a sonar acompañado con el persistente golpeteo de la puerta.
Pansy saltó de la cama hecha una furia y tomó su varita de la mesa de noche. Bajó corriendo las escaleras hasta llegar a la puerta que seguía temblando bajo el peso de aquel molesto puño.
Abrió la puerta apuntando con su varita a la cara de aquel maleducado inoportuno sin vida, que no tenía nada mejor que hacer que aporrearle la puerta a la seis de la mañana.
Pero allí no había nadie y, en el momento exacto en el que abrió la puerta, los ruidos molestos cesaron.
Pansy bajó su varita y miró para ambos lados, pero su pórtico estaba vació y la calle se encontraba aún más desierta. Sólo se escuchaba el canto lejano de algunos pájaros madrugadores.
No podía creerlo. ¿Quién demonios hacía esa clase de bromas a esas horas de la mañana? Seguro que habían sido los trillizos Roodwild, que vivían a la vuelta de la esquina.
-Malditos mocosos…Si hubiera un hombre en casa no se atreverían ni siquiera a pensar en hacerlo. Pero claro, es muy divertido molestar a una indefensa mujer soltera.
-Hola Pansy- alguien susurró.
Pansy dio un respigón y volvió a lazar su varita.
-¿Quién dijo eso?- preguntó mirando para todos éstrese.
-Soy yo. Harry.
-¿Potter que…?-Pansy lo buscó con la mirada, pero no lo veía por ningún lado.
-¿Puedes dejarme entrar? Hace una hora y media que estoy aquí parado.
-¡No! Vete.
Cuando estaba cerrando la puerta algo la detuvo. Hizo más fuerza pero un grito de dolor hizo que parara.
-¡Mi pie!
-¿Qué quieres, Potter? Vete a tu casa a dormir. Yo haré lo mismo-le dijo con la cara pegada contra la puerta.
-Eso quisiera, pero no puedo.
-¿Por qué no?
-Mi casa está rodeada, no puedo ir ahí ¡Vamos! Déjame entrar, sólo será un minuto.
Pansy abrió la puerta. Si seguía resistiendo, y conociendo lo testarudo que era Potter, probablemente tardaría más en volver a la cama.
-Gracias.
Una vez dentro, Harry se sacó la capa de invisibilidad. Ella vio que él todavía vestía el traje de novio, pero sin el saco y la corbata y con la camisa toda desarreglada y llena de arrugas.
-¿Qué quieres?
-Tú eres la única que puede ayudarme ahora-le soltó.
-¿Yo, Potter? ¡No, yo no!-Pansy ya estaba dirigiendo hacia la puerta para echarlo. Pero su voz teñida de suplica la hizo retroceder.
-Es sólo un favor.
Pansy miró sus ojos. Pronto fue conciente de la poca ropa que traía encima. Ese camisón era demasiado viejo, por ende, demasiado trasparente. Sólo la cubría de la mitad de las rodillas para arriba y tampoco tenía mangas.
-¿Qué clase de favor?-le preguntó cruzando sus brazos por encima de sus pechos.
-Necesito que permitas que me quede aquí por una temporada.
Pansy abrió los ojos. Esa petición había terminado de despertarla completamente.
-Absolutamente no.
-Por favor, Parkinson. No te lo pediría si no fuera necesario.
-¿Es que no tienes amigos, Potter? Ve y pídeselo a otro.
-Ya lo he hecho. Me he pasado toda la noche yendo de casa en casa. Pero todas están siendo acechadas por los periodistas. Este es el último lugar donde ellos me buscarán.
-¡Oh! ¿Y porqué será eso?
-Por favor, Parkinson.
-Bueno, ve a vivir debajo de un puente, sal del país, no sé. Pero aquí no puedes quedarte.
-Te pagaré.
-¡Esto no es un hotel, Potter!
-¿Qué tienes que perder? Vamos. Sólo quiero refugiarme de la prensa un tiempo. No estoy preparado para hacer declaraciones todavía.
Harry se acercó y depositó una mano en su hombro desnudo. ¿Qué tenía que perder? Todo, pues.
-No, Potter. Y esa es mi última palabra.
º
-Esta será tú habitación…Sólo por esta noche…Día. Lo que sea.
Pansy condujo a Harry por el largo pasillo del tercer piso y abrió la puerta para enseñarle la amplia estancia.
-Lamento tener que insistir, Parkinson. Pero tendrán que ser unos días más.
-No abuses, Potter. Si hago esto es porque me veo obligada a solidarizarme con tu patética causa. Pero…
-Te prometo que no voy a molestarte. A penas notarás que estoy aquí.
-Créeme, lo notaré.
Le indicó a Harry que pasara. Luego, Pansy entró tras él y corrió las cortinas para que no entrara la luz de día.
-Esta habitación no tiene baño propio, así que tendrás que utilizar el que está a final del pasillo.
-¿Tú también lo usas?
Pansy lo miró con las cejas arqueadas.
-Es que no quiero molestar.
-Yo tengo mi propio baño en mi habitación, que es la segunda puerta a la izquierda en el segundo piso.
Ahora fue el turno de Harry para mirarla con extrañeza.
-Lo digo para que no entres ahí…No es que yo crea que tú planeabas hacerlo, sólo que…Bueno, esa es mi habitación.
Harry le sonrió.
-Entiendo. No tengo que ir allí porque es tu territorio.
-Exacto.
Pansy se dirigió a la puerta, pero Harry la detuvo tomándola del brazo.
-Muchas gracias, Parkinson. No sé cómo agradécete todo lo que has hecho por mí últimamente. Y ya sé lo que me dirás: que es tu trabajo. Pero, igualmente, yo quiero hacerte saber que estoy muy agradecido.
-No es anda, Potter. Y ahora vete a dormir. Tienes un aspecto horrible.
Harry sonrió con tristeza.
-Hasta luego. Y gracias otra vez.
-Adiós, Potter. Descansa.
No era de extrañar que a Pansy le costara dormirse después. Sus pensamientos iban y venían por la boda malograda de Potter. Tendida de costado como estaba, siguió pensando en lo ocurrido. Si todo hubiera salido según lo previsto, en aquellos instantes Ginny Weasley estaría con Harry, su nuevo marido. Pero no.
¿En qué estaba pensando cuando dejó que Potter se quedara en su casa? Estaba loca. No había otra explicación. Era verdad que le daba bastante pena verlo así, tan triste y abandonado. Pero no era suficiente ¡Qué Potter estuviera allí sería un suicidio social! Por lo menos para ella. Aunque nadie tenía por que enterarse, claro.
Luego, pensó en verle el lado positivo a la situación: que Potter vivera una temporada en su casa sería un perfecto antídoto para su deseo. Era obvio que iban a llevarse mal, que ella lo odiaría profundamente por irrumpir en su ordena, perfecta y solitaria vida. Pansy vería –aún más- lo desagradable que era Potter y su atracción por él pronto sería historia.
¡Si, eso sucedería! No tenía porqué preocuparse.
Pansy acomodó su cabeza en la almohada dispuesta a dormirse. El sueño comenzó a apoderarse de ella nuevamente, mientras que una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
º
El reloj marcaba las doce en punto del mediodía cuando Pansy volvió a despertarse.
Se dio una ducha rápida y, una vez vestida con uno de sus elegantes trajes, bajó a la cocina.
Se preparó un té con tostadas, decidiendo que la comida que había traído de la fiesta la calentaría más tarde a la noche.
El correo estaba a rebosar. Emer, su lechuza, que ahora descansaba en el afeizal de la ventana de la cocina, todavía estaba agitada por el peso que tuvo que soportar en sus patas.
Pansy le dio agua y después se sentó, armada con un abrecartas, dispuesta a leer toda esa correspondencia.
Como lo suponía –aunque no esperara que ocurriera tan rápido-, dos bodas que tenía prevista para un año en adelante fueron canceladas. No se preocupó demasiado, ya que ella no tenía ningún problema económico. Es más, gracias a la fortuna de su padre, ya tenía la vida asegurada. Pero Pansy amaba lo que hacía. Le encanaba organizar, dirigir, crear ambientes y situaciones agradables. Y, como un tropezón no era caída, la preocupación que la invadió en un principio pronto desapareció. Y se recordó que, cuando el asunto de la boda nefasta terminara, su negocio recuperaría su vieja gloria.
Por el momento no podía hacer otra cosa más que esperar. Y trabajar duro para que las próximas bodas –que no podían ser canceladas por falta de tiempo- fueran lo más perfectas e idílicas posibles. Así demostraría que, si había una culpable para el fracaso de la boda de Potter, esa no era ella.
Otras de las cartas que había recibido eran, como no, de periodistas ansiosos por comunicarse con ella para concretar entrevistas. Si, claro. Al que le correspondía hacer las declaraciones estaba durmiendo placidamente en la habitación de arriba y ella de seguro no iba a ocupar ese honorífico lugar. No deseaba ampliar más de lo necesario su implicancia en aquel asunto.
La última carta era de Millicent y sólo decía: “A las tres en la casa de Daphne. De seguro sabes por qué.”
Pansy dejó las tasas en la pileta y se dirigió a la sala. Tomó su cartera y las llaves de Avalon Hall. Primero tenía que devolverlas a su dueño junto con un cuantioso cheque. Después, iría a visitar a los Greengrass para darles su no tan sincero apoyo.
Miró hacia las escaleras, pensando en si era buena idea o no ir a despertar a Potter. Seguro que no. Lo mejor era no hacer demasiado contacto con él. Pero no podía irse y dejarlo solo así nada más. Sería una descortesía.
Por eso fue al hacia el estudio, que estaba también en la planta baja. Tomó una hoja de pergamino nueva y mojó la pluma en la tinta púrpura.
“Me fui por unas horas. Usa lo que quieras.
Cuidado con Natasha. No le gustan los extraños.”
Luego, como no encontraba un lugar apropiado para que Potter la viera, la hechizo para que ella misma lo buscara a él cuando apareciera.
Una vez tranquila, Pansy se fue, no sin antes echar un último vistazo hacia las escaleras.
º
-¡Esa niña! Cuando la encuentre…cuando la encuentre yo….- la señora Greengrass no pudo terminar la frase debido a su llanto melodramático.
Pansy y Millicent habían llegado hacía más de dos horas. Y durante todo ese tiempo estuvieron escuchando las penas de la señora Greengrass. Les había mostrado fotos de Astoria cuando era una niña, que ella misma había estado viendo toda la mañana, como si nunca más podría contemplar la cara de su hija menor otra vez. También les había relatado, con lujo de detalles, la vida y obra de Astoria.
-¡Ven! Yo he sido una buena madre. Mi hija ha tenido una vida plena y feliz ¿¡Había necesidad de tirar todo eso por la borda!?
-No, señora- dijeron Pansy y Millicent, que habían estado toda la tarde pronunciando monosílabos, aplacadas por el llanto y la charla incesante de aquella mujer.
-¡Y los problemas que seguro te ha causado a ti, Pansy querida!
-Está todo resuelto, no…
-¡Me solidarizo con el dolor del señor Potter, por supuesto! Pero esa…esa oportunista de Ginny Weasley… ¡No la perdonaré jamás! Yo sabía que su amistad con mi querida Astoria no era buena. Pero a mí nadie me escucha cuando digo las cosas.
-Mamá, tu estabas encantada de que Tori sea amiga de Ginny Weasley. Decías que, dado a su compromiso con Potter, era bueno que ella tuviera esa “conexiones”- Daphne miró con rencor a su madre desde la silla en donde estaba sentada.
-¡Yo jamás he dicho semejante cosa, Daphne!. ¿¡Cómo yo voy a querer que tu hermana se junte con esa gente, sea quienes sean!?
Pansy y Milliecent se miraron y sonrieron ante aquellas contradicciones desmesuradas e hipócritas.
-Yo quería que mi hija se comprometiera con el hijo de Narcisa ¡Pero no!- continuó la mujer mientras retorcía sus manos nerviosa-. Mi hija tiene otras preferencias y yo las acepté, aún lo hago…-la señora Greengrass tomó su pañuelo blanco del bolsillo de la túnica, mientras la boca comenzaba a temblarle con furia-¡Acaso era tan difícil juntarse con una chica de buena familia sangre pura!
-¡Ya cállate, mamá! Tú te encargaste toda la vida de malcriarla. Ahora… ¡Aguántalo!
-¡No me hables así, Daphne! ¡Querido, dile a tu hija que no me hable así!
El señor Greengrass, que se encontraba apartado del grupo integrado por las cuatro mujeres, sólo levantó la vista del libro que estaba leyendo por unos segundos para mirar a su hija.
-Daphne, has el favor de no alterar más a tu madre, sino, me temo que nos volverá locos a todos. Se buena niña y tráele un whisky a tu viejo padre.
-¡Cómo puedes pensar en tomar en un momento como éste!
Las dos chicas se levantaron pidiendo disculpas y acompañaron a Daphne. Ella le pidió a una elfina que le llevara la bebida a su padre y que luego les sirviera a ellas tres el té en el jardín de invierno.
Allí, bajo aquella espesura verde fresca, Daphne contó que Astoria se había preparado para asistir a la fiesta sin dar señal alguna de lo que planeaba hacer. Después, la familia se enteró por la radio que la boda se había cancelado y que nadie sabía porqué, o dónde estaban los novios.
“Uno durmiendo en mi casa”, pensó Pansy con una sonrisa en los labios, que luego se ocupó de hacerla desaparecer.
Luego, a eso de las diez de la noche, llegó una carta dirigida a toda la familia. Astoria les comunicaba que se había fugado con Ginny Weasley.
Daphne suspiró y miró para otro lado. Luego de unos minutos de silencio, y sin mirar a sus amigas, comenzó a hablar.
-No estoy enojada, en realidad. Sé que está mal, pero no puedo evitar sentir envidia por mi hermana.
-¿Envidia?-Millicent la miró con el seño fruncido.
-Si. Astoria siempre hizo lo que quiso, sin importarle lo que la gente pensara de ella. Y ahora, mírenla, se fuga con la mujer de la que está enamorada mandando todo al averno. Y yo ni siquiera soy capaz de decirle a Theo lo que siento por él. Simplemente, no es justo.
No, no era justo, pensó Pansy. Para nadie lo era.
º
Luego de varias tasas de té más, Pansy decidió que era hora de volver a casa. Pero no se atrevía a hacerlo. Así que estuvo vagando por las calles de Londres sola, hasta que el cielo se fundió en sombras y las luces de los carteles iluminaron la calle empapada por la lluvia.
Entre vidriera y vidriera, Pansy comenzó a sentirse ridícula. Es decir, era su casa. Su territorio. No tenía porqué estar nerviosa. Nada ocurriría. Jamás. Ni aunque se lo rogara.
Se metió en un callejón desierto y oscuro para desenvainar su varita. Respiró el aire cálido, cargado con el olor a ácido a fruta podría, y conjuró el hechizó.
En cuestión de segundos, el panorama cambió totalmente y un aroma familiar inundó su sentido olfativo.
El hall se encontraba vació. La única que se acercó a recibirla fue su gata, que no se la veía alterada en absoluto. Ella la alzó del suelo y atravesó con ella el pasillo que las conducía a la cocina.
Antes de atravesar el umbral, el estomago de Pansy dio un rugido hambriento. Un agradable aroma inundaba toda la estancia y, en el medio de ella, había un hombre de espaldas, vistiendo un poco favorecedor delantal rosa y armado con una espátula de acero –que Pansy no sabía que tenía-.
Natasha se desenroscó de sus brazos y saltó al suelo con gracia. La chica vio como su mascota -¡Su mascota!- iba trotando hacia las piernas de Potter para refregarse contra ellas.
-Hola, linda. Ya te he preparado la comida.
“¿Perdón?”, pensó Pansy confundida. Luego se dio cuenta que Potter le estaba hablando a su gata.
-Hola, Potter.
Harry se giró para mirar a Pansy, aún con la espátula en la mano. La siesta que había tomado no hizo todo el efecto que tendría que haberle hecho. Tenía la barba crecida, la cual le daba un aspecto dejado, y los ojos rojos, rodeados por grandes círculos violáceos.
-¿Te sientes bien? No quiero insistir con lo mismo, pero…Se te ve muy mal.
-Estoy bien. Es el cansancio acumulado de toda la semana.
Pansy no sabía si sería correcto mencionar a Ginny, así que no lo hizo. Luego se sentó en la mesa y apoyó su mejilla en la mano para mirar como Harry trabajaba. Veinticuatro horas después de la malograda boda, él seguía muy poco comunicativo. Al parecer, todavía no había confesado ninguna angustia de amor no correspondido ni dolor por la decepción.
-Tú no cocinas mucho, ¿no?-le preguntó él de repente.
-No. Cuando termino con el trabajo estoy muy cansada para hacerlo.
-Ya me he dado cuenta-Harry sonrió-. Tuve que ir a mi casa para traer esto-dijo alzando la espátula-.Y otras cosas…Tenías las alacenas vacías, sólo había cientos de cajas de té y galletas.
-Me gusta el té-se defendió Pansy.
-Pero eso no es comida de verdad-Harry se volteó dejando ver una gran fuente de pasta con salsa de tomate-. Esto es comida.
-¿Sabes las calorías que tiene eso, Potter?
-¿Y qué importa? Nadie nos está viendo.
Pansy frunció el seño cuando él depositó una gran cantidad de comida en su plato. No podía negar que olía maravillosamente. Pansy tomó el tenedor de la mesa y con él enrolló algo de pasta y se lo llevó a la boca. Sabía mejor de lo que olía. Sin dudarlo, tomó un poco más.
Harry observó como Pansy comía. Sonrió satisfecho. A juzgar por la expresión de sorpresa de ella la comida le había gustado.
Su mandíbula delicada y bien definida se movía con gracia cuando masticaba. Hacía arriba y hacía abajo. Muy lentamente. Sus labios rojos, y brillosos por el condimento, se unieron para envolver y aspirar un pequeño hilo de pasta. Parecía como si estuviera besando y el sonido de la succión era realmente perturbador. Pansy comía de una manera muy…sensual.
Harry se encontró apretando con sus dos manos el borde de la mesa, mientras miraba fijamente como la chica que tenía en frente cerraba los ojos y suspiraba con deleite.
Se removió incómodo en su asiento. Pansy era sexy. Y él era un pervertido que se excitaba con sólo verla comer. Merlín, estaba muy jodido. No había pasado ni un día desde que Ginny lo había dejado y él ya estaba fantaseando con otra.
Pero, a decir verdad, hacía mucho que no se sentía así. Con su ex novia hacía meses que no pasaba nada. Eso era porque ninguno tomaba la iniciativa; o porque estaban muy cansados, o porque al otro día había que ir a trabajar, o porque pasaban grandes temporadas separados. Todo era cierto, por supuesto, pero ellos jamás buscaban el momento para estar juntos. Poner excusas era más fácil que ver afrontar la verdad.
Con sólo pensar en Ginny, todo el calor que pudo haber tomado el cuerpo de Harry se disipó al instante.
-Lo siento, Potter. Pero debo preguntártelo, ¿cómo te sientes exactamente?
-Estoy bien, ya te lo he dicho. Sólo estoy cansado.
Pansy frunció el seño. Por supuesto no le creía.
-Quizás compartir tus sentimientos sea de ayuda.
-¿Y tú harás de voluntaria para hacer de psicoanalista?-se burló Harry-¿Qué esperas? ¿Qué confiese que estoy destrozado? Pues no. No lo estoy.
-Me preocupa que…
-¿Te preocupa?-le preguntó Harry mirándola a con los ojos entrecerrados.
Pansy resopló.
-Sólo quiero que te enfrentes a los hechos. Independientemente de que los que esa carta dijera, debes de estar desilusionado. Incluso furioso.
-Un poco conmigo mismo, es verdad-reconoció Harry.
-¡Potter! ¡Te plantaron el día de tu boda por una mujer! ¡Tu orgullo debe estar hecho añicos!-Pansy terminó golpeando la mesa con su puño.
Harry se estiró en la silla contrayendo los hombros.
-Si, estoy sorprendido. Pero nada más-dijo lacó que sí hubiera sido lamentable es que Ginny no lo hubiera hecho. Probablemente habríamos sido bastante desdichados si continuábamos con los planes.
Pansy se mordió la lengua para no gritarle. Sí no se querían, ¿entonces por qué demonios la molestaron tanto con esa mierda de boda?
Tampoco entendía cómo Harry no se sentía ni un poco enfadado con su ex novia. Si Pansy hubiera estado en su lugar, la odiaría profundamente. Es más, no habría boda pero sí un funeral.
Recordó como ella misma se sintió cuando Draco le confesó que ya no quería formar una familia con ella. Era cierto que no lo amaba y que lo quería más como un amigo. Pero el despecho, sea como sea, dolía; demasiado.
-Debe ser una mierda ser tan noble-dijo levantando la varita para hacer levitar la jarra y llenar su vaso con agua.
-En ocasiones-Harry le sonrió y enroscó con su tenedor algo de pasta-¿Te das cuenta-dijo consultando su reloj-que no me has pedido que me marchara en más de catorce horas?
-No me provoques, Potter.
-Entonces, ¿puedo quedarme por algún tiempo?
Pansy miró hacia la ventana que daba al jardín, donde descansaba el reflejo de ambos, sentado en la mesa y cenando. Después, dirigió la vista a su plato medio vació. Hacía mucho tiempo que no se sentaba a comer allí y, encima, algo que tardara más de tres minutos en cocinarse. Luego miró a Harry, quien estaba muy quieto esperando su respuesta.
-Puedes, si prometes cocinar de vez en cuando.
-Todos los días-le prometió él con una sonrisa.
Pansy no se la devolvió, sólo empuñó su tenedor para seguir comiendo. Por dentro hizo un esfuerzo sobre humano para que las comisuras de su boca no la traicionaran. Al fin y al cabo sería bastante agradable tener a alguien en casa. Por un buen tiempo no estaría tan sola.