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Lamento el retraso, pero con una cosa y otro me ha sido actualizar antes. Es posible que siga tardando en subir los capítulos, así que pido un poquito de paciencia.
En fin, aunque tenía escrito esto desde hace algún tiempo, quería darle un repaso como era debido y finalmente así se quedó.
Nada de Bleach me pertenece, la correspondiente propiedad recae sobre Tite Kubo.
Noticias inquietantes
La tranquilidad afloraba en aquellos momentos en el Seireitei. El calor del sol casi no podía sentirse en la ligera atmósfera, a pesar de que el viento parecía no haberse despertado con ánimos de inundar todo con su presencia en aquél día.
Su figura se dejaba ver tras la ventana abierta, de pie impasible ante los movimientos que se sucedían por las calles y detrás de las cristaleras de los edificios. Sus ojos no estaban fijos en ningún sitio, sino que perdidos en algún punto inconcluso se encontraban. Sus pensamientos en aquél momento eran un vórtice que no parecía tener un fin concreto.
Oía desde su posición el ajetreo que se desarrollaba fuera de su despacho, al ir y venir los oficiales de más alto rango de su escuadrón. No era partidario de todo aquél estruendo, de hecho más de una vez acababan estresándolo; pero en aquella ocasión había optado por hacer oídos sordos a ello. El autocontrol había sido algo que había entrenado por largo tiempo.
Un sonido, como un leve frufrú, procedente del exterior, atrajo su atención. Vio una mariposa negra aletear directa hacia él. Esta revoloteó en frente suyo y agitó las alas, transmitiéndole un mensaje de aquél que dirigía todo el Seireitei. Él cerró los ojos al captar la información.
¿Así que había sido aquello? Le habían llegado algunos sonidos desde la lejanía, un conglomerado de gritos, y por un momento había llegado a pensar en dirigirse hacia el lugar para presenciar si algo anormal ocurría, hasta que sintió el reiatsu de Kurotsuchi Mayuri.
Al capitán de la Duodécima División no solía gustarle que los demás intercedieran en sus asuntos y él, Byakuya, tampoco era persona que se involucrara en cosas que no le concernían así sin más. No obstante, parecía que algo había pasado, pues no creía que todo aquello no fuera más que simple coincidencia.
Sin prestarle más atención al insecto, giró sobre sus talones y salió del despacho, encaminándose hacia la sala en la cual tenían lugar las reuniones entre capitanes. Como había esperado, fue uno de los primeros en llegar al lugar, pues tan sólo Mayuri ya se encontraba allí, con el rostro un tanto desencajado en un rictus que revelaba la ansiedad que lo carcomía por dentro. Parecía ser que el asunto era bastante serio.
Byakuya se limitó a cerrar sus ojos y situarse en el lugar para él asignado. El Capitán Comandante se encontraba sentado como siempre en aquella silla que presidía la estancia, guardando también la visión de sus ojos, como si en realidad nada le importara. Nada más lejos de la realidad.
En su rostro podían notarse algunas arrugas más que antes y su expresión no pasaba de ser una de completa serenidad. Con ambas manos apoyadas sobre el cayado que siempre llevaba consigo, esperaba pacientemente la llegada de los demás capitanes.
Estos no tardaron demasiado en presentarse, aunque no todos fueron los que acudieron. Uno de ellos había quedado en cama, guardando reposo, como casi siempre. El Capitán Comandante no preguntó por la ausencia, tan sólo una mirada de aquél al mando de la Octava División le bastó para saber qué ocurría. Con unas pocas palabras los situó a todos en los acontecimientos que habían ocurrido hacía escasos minutos, cediéndole con prontitud la palabra al Presidente del Instituto Tecnológico.
Mayuri no perdió tiempo en explicar a grandes rasgos lo sucedido. Era sabido que, de poderse, evitaría profundizar en lo que consideraba como de su "incumbencia".
-¿Qué más detalles podrías comentarnos sobre ese Hollow? Sería difícil llevar a cabo una empresa si no se conoce el fin.
Las palabras pronunciadas por Shunsui Kyoraku hicieron que el científico apretara los dientes. Parecía ser que ese capitán tenía especial afán por intentar sacarle en claro todo aquello que se negaba a compartir de manera normal con los demás. Abandonó su puesto para situarse de espaldas a la puerta, mirando de frente al Capitán de la Primera División.
Del interior de su capa, de alguno de los ocultos bolsillos que habría de tener, sacó un pequeño objeto que quedó flotando en el aire durante un instante, antes de proyectar imágenes a gran tamaño, como un lienzo sobre el cual se muestran diapositivas. Una gran silueta se dibujó en él.
-Ese es el fugitivo. Ese Hollow ha sido un objeto de investigación por mucho tiempo. En la búsqueda de alguna manera en la cual se pudiera hacer que los Hollows recuperaran su parte humana, se intentó unir un alma modificada a este, con el fin de que esta pudiera ser la que le trajera de nuevo los recuerdos pasados. Vendría a ser un equivalente a una "sustitución" del alma perdida. Se había logrado progresos con ello, al mostrar el Hollow una extraña reacción positiva con respecto a lo esperado... hasta hoy. Todo parecía ir bien, más incluso, antes de ayer yo mismo me aseguré de que la compenetración fuera creciendo, pero tal parece ser que estaba nada más que actuando a la espera de una ocasión.
-¿Un Hollow lo suficientemente inteligente como para trazar un plan premeditado? -se extrañó Shunsui, levantando un poco el sombrero de paja que acostumbraba llevar.
-No es eso lo que más debería preocuparnos, sino las demás habilidades que posea. Si es capaz de hacer eso, ¿quién asegura que no podría hacer algo más? -habló Toushiro Hitsugaya.
-Por esa razón ese Hollow ha de ser capturado a toda costa -intervino el Capitán Comandante-. Pudo burlar la vigilancia del Capitán Kurotsuchi, por lo que es posible que nos depare algunas sorpresas más. No sabemos el grado de inteligencia exacta del enemigo, pero sí que no debemos subestimarlo -hizo una breve pausa, como si estuviera entreteniéndose en examinar los rostros de todos los allí congregados, aunque sus ojos permanecieran cerrados-. No sabemos qué es lo que pretende escapando, si tiene un objetivo concreto o no. Por esa razón el Capitán Hitsugaya irá al Mundo Real en una misión de reconocimiento. Si en un periodo de dos semanas el Hollow no aparece, habremos de enviar algunos exploradores a Hueco Mundo.
-¿No sería lo más lógico examinar ambos sitios al mismo tiempo? -preguntó Komamura, volviendo su atención hacia la pantalla que aún destellaba la imagen del monstruo.
Mayuri alzó los ojos hacia el anciano, al parecer de acuerdo con la objeción del Capitán del Séptimo Escuadrón.
-Como ya dije, no tenemos ninguna información acerca del propósito y habilidades de ese Hollow, por lo que es posible que la misión tan sólo traiga consecuencias fatales.
Komamura no insistió en el asunto. El científico disipó la improvisada pantalla y se guardó el artefacto en el mismo lugar del cual lo había sacado.
-El cuerpo de Operaciones Especiales se desplegará por toda la Sociedad de Almas, por si acaso el Hollow decide regresar. Los demás Escuadrones habrán de permanecer alerta dentro del Seireitei.
Con una leve inclinación de cabeza, todos los capitanes mostraron su acato a las órdenes dadas por el superior antes de abandonar la sala para dirigirse hacia sus posiciones. Mayuri, aunque no se le dijera qué había de ser lo que tenía que hacer, sabía que debía de examinar todos aquellos archivos que tenía sobre el experimento, aunque dudaba que en realidad pudieran servirle de algo. Por su propia cuenta haría que sus subordinados intentaran dar con su presa. De ser posible, quería ser el primero en ver sus habilidades.
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-¿Que ha ocurrido qué? -Jushiro Ukitake mecía con suavidad la taza de té caliente que tenía sostenida entre sus dedos. Su tono de voz expresaba algo de sorpresa ante las noticias que su amigo, Shunsui Kyoraku, había ido a llevarle.
-Un Hollow ha sido el que ha armado un completo escándalo dentro del Seireitei al escaparse de una de las jaulas de Mayuri -asintió éste, reafirmando lo que acababa de comunicarle.
-Pero... ¿cómo ha podido ser eso posible? Kurotsuchi no es alguien que deje escapar sus posesiones así sin más.
-Al parecer el Hollow tiene habilidades inusuales, como el poder usar la suficiente inteligencia como para trazar un plan de esquiva ante el propio Mayuri -Shunsui sonrió.
-¿Qué es lo que se ha decidido? -el capitán de la Decimotercera División se llevó el recipiente a los labios y sorbió un poco del contenido. Tras saborear el té, se volvió a sus dos oficiales, que esperaban un poco más apartados de la cama en la que él se encontraba descansando-. Muchas gracias por el té.
Estos dos reaccionaron ante las palabras dirigidas a ellos, irguiéndose más de lo que ya estaban.
-Me alegro de que le guste lo que le hice, capitán -respondió Kiyone, henchida de orgullo.
Sentaro volvió la cara hacia ella con una mirada acusadora.
-¡¿Qué?! ¿Tú? ¡Fui yo el que le hizo el té al capitán! -puntualizó éste.
-¿Serás...? ¿Le llamas hacer el té a verter agua en un recipiente? ¡Yo fui la que mezcló las hierbas y puso el agua a hervir!
-¿Qué dices? ¡Yo le di el punto exacto!
Jushiro suspiró, resignado. Conocía demasiado bien la rivalidad que había entre ambos y sus peleas no eran más que pan de cada día. Momentos antes, justo cuando le llevaron aquél líquido caliente, habían tenido otra discusión. Shunsui carraspeó.
Ambos oficiales detuvieron su pelea para girarse hacia los capitanes. Al ver que habían interrumpido la conversación que mantenían, se disculparon de inmediato y, tras despedirse de la manera adecuada, abandonaron la habitación sumidos en otra nueva discusión.
-Se ha dejado a cargo de Hitsugaya la tarea de vigilancia en el Mundo Real -continuó el líder de la Octava División-. Al parecer se teme que el Hollow pueda aparecerse pronto en este.
-¿A Toushiro? -se extrañó el de blancos cabellos-. ¿Por qué él debería de hacerse cargo de semejante misión?
-Es obvio que el más cualificado para ello es el Grupo de Operaciones Especiales si se desea cautela y eficacia. Al enviar al capitán del Décimo Escuadrón el viejo Yama-jii está pidiendo de manera implícita la ayuda de Kurosaki Ichigo. Hitsugaya es el miembro del Gotei 13 más cercano a él. Enviar a Kenpachi sería una pérdida de eficacia, y dejarle la misión a Byakuya no serviría para involucrar a nuestro shinigami sustituto.
Jushiro apuró la infusión y dejó descansar la taza sobre una mesita cercana. Las conclusiones de su amigo eran bastante buenas, razón por la cual creía que podían ser ciertas. Kyoraku siempre había sido bastante hábil de mente.
-Nosotros hemos de vigilar el Seireitei por si decide regresar. El Segundo Escuadrón cubrirá la Sociedad de Almas por completo.
-No creo que un Hollow, por muy especial que sea, desee regresar a un lugar plagado de enemigos del cual estuvo preso. Además, menos éste, que parece poseer un poco de inteligencia, por lo que me contaste.
-Por el momento no podemos hacer nada más que esperar -concluyó Shunsui. Se levantó de la silla que ocupaba a un costado de aquél catre y se volvió-. Creo que va siendo hora de que regrese, Nanao-chan se pondrá de los nervios si me demoro más.
Jushiro asintió. Agradeció las palabras que su amigo le dedicó al irse antes de dejar caer su cuerpo sobre la mullida superficie. Esperaba que su estado mejorara en los días siguientes. Si algo sucedía sería demasiado inoportuno continuar en cama.
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Horas después, el lecho se encontraba vacío. Había decidido levantarse al sentirse un poco mejor y pasarse todo el día en la cama no era algo que precisamente le agradara en demasía. Había terminado de arreglar algunos documentos que Kiyone y Sentaro le llevaron después de que el capitán de la Octava División se marchara y salir para entregarlos él personalmente le parecía una buena excusa para estirar las piernas.
Se colocaba la capa que lo distinguía como capitán de la Decimotercera División cuando alguien se presentó requiriendo su atención.
-Capitán Ukitake -su rostro se volvió para ver a Rukia Kuchiki arrodillada en la entrada, presentándole sus respetos-. Disculpe mi inoportunidad.
-¿Qué ocurre, Kuchiki? -preguntó él, dándose la vuelta por completo.
-Señor, venía a informarle de mi partida hacia el Mundo Real. El Capitán Comandante desea que acompañe al grupo de la Décima División. ¿Tengo su permiso?
-No hay problema, Kuchiki. ¿Has informado ya a tu hermano?
-Sí, señor... -el líder de la Decimotercera División captó cierta pesadez en la mirada de la mujer.
Rukia acababa de salir precisamente del cuartel de la Sexta División. Una vez más había visto esa indiferencia reflejada en el semblante de Byakuya. Gracias a la explicación que este le dio de su proceder, había llegado a comprenderlo, en cierto modo. Había esperado que las cosas fueran levemente diferentes, pero el líder del clan Kuchiki seguía sin dejar de lado aquella frialdad para con todo el mundo. Y ella no era la excepción.
Sabiendo que se había sumido en sus pensamientos en un momento inoportuno, le pidió disculpas a su superior.
-Si me disculpa, capitán... -volvió a presentarles sus respetos antes de correr la puerta y abandonar el lugar.
Jushiro la había observado en silencio. Podía suponer qué había sido lo que la había abstraído unos segundos. No era la primera vez que ocurría algo parecido, de hecho, recordaba la ocasión en la cual casi se había sucedido la misma escena. Suspiró resignado. Había algunas cosas que nunca podrían cambiarse, y Kuchiki Byakuya estaba en ellas.
Tomó los papeles entre sus manos y salió del lugar. El viento le dio de cara, haciéndole ver que no había sido mala su idea. El mero hecho de cambiar de ambiente lo animaba. Atravesó la Decimotercera División bajo la mirada algo sorprendida de algunos de sus subordinados, a los cuales él saludaba alegremente. Quizás pudiera quedarse fuera de aquél cuarto el resto del día.
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-No pienso repetirlo por segunda vez -replicó Byakuya Kuchiki ante la insistencia de su teniente de conocer la razón por la cual no podía unirse al grupo destinado al Mundo Real.
-¿Por qué motivo no puedo acompañarlos? He ido en otras misiones con ellos, sé cómo trabajan, ¿por qué ahora no podría hacerlo? -Renji apoyaba las palmas de las manos sobre la madera del escritorio de su capitán, enfrentándolo, permaneciendo retador a muy poca distancia.
El moreno se levantó y se giró dándole la espalda. No quería ser testigo de los malos modales de su subordinado, algo que ya sabía que no podría remediar de ninguna de las maneras. Su vista parecía mirar a través de aquella vidriera que suponía la ventana, aunque en realidad no tenía sus ojos fijados en nada en concreto.
-Parece ser que se te ha olvidado, tanto tu puesto como la División a la que perteneces -comentó-. La misión ha sido encomendada al capitán Hitsugaya, por lo que tú no tienes ninguna relación con él.
-¿Y Rukia? -saltó el pelirrojo-. ¿Por qué Rukia sí puede ir?
Byakuya cerró los ojos. Renji siempre parecía comportarse como un niño cada vez que le negaba alguna cosa, por mínima que fuera.
-El propio Capitán Comandante así lo estimó oportuno.
El teniente apretó los dientes y bajó la cabeza, conteniendo la ira que lo asediaba. Se preguntaba cómo demonios aquél sujeto podía ser de semejante manera, tan calmo y despreocupado, cuando mandaban a su hermana lejos de su custodia.
-¿Está dispuesto a dejarla en peligro sólo porque así lo ordenaron? -alzó la cabeza para mirarlo de frente, aunque sus ojos sólo captaron la perfecta forma en la que aquellos oscuros cabellos caían por la espalda del otro-. Aunque no debería extrañarme, si ya fue capaz de hacerlo una vez... -su tono había bajado considerablemente de volumen, pero no lo suficiente como para pasar desapercibido a los oídos de su superior.
Byakuya permaneció con los ojos cerrados antes tal acusación. Renji nunca entendería los motivos por los cuales lo llevaron a actuar de semejante manera; él nunca comprendería su manera de ver las cosas. Y, en cierto modo, le dolían aquellas palabras, aunque no lo demostrara, como otras tantas cosas.
-Rukia sabe valerse por sí misma -era algo de lo que se había convencido hacía mucho; no obstante, él no deseaba que se arriesgara demasiado, y aquella misión no parecía ocultar ningún riesgo destacable-. ¿O es que acaso no confías en ella, Renji?
El aludido cambió su expresión a una de sorpresa; no había esperado esa jugada por parte de su capitán. ¿Confiar en Rukia? ¿Si él confiaba en ella? ¡Por supuesto que sí! Él había sido su amigo desde la infancia, habían compartido buenos y amargos momentos, se habían apoyado mutuamente, incluso soñado más de alguna fantasía, ¿cómo no iba a poder confiar en ella? Por esa misma razón quería evitar a toda costa que resultara dañada.
Aunque... ahora que reflexionaba un poco, quizás eso fuera una mera acción egoísta por su parte. Rukia había evolucionado como shinigami desde antes que él se convirtiera en teniente haciéndose más poderosa, y tras los sucesos posteriores había alcanzando cierto grado de madurez que antes le faltara.
Volver a fijar su vista en la espalda del que ahora era el hermano mayor de ella le confirmaba sus pensamientos: sí, Rukia sabía cuidarse sola.
Se irguió, deshaciendo la posición que un impulso furioso le había llevado a tomar, para adoptar la más acorde. Su semblante ahora lucía sereno, con cierto atisbo de arrepentimiento en su mirada.
-Discúlpeme... capitán -su voz ahora se notaba calma, aunque algo titubeante-. Iré a ocuparme de mis labores. Con su permiso.
Byakuya no vio la reverencia que le dedicó. Aún continuaba vuelto hacia la ventana. Le había aliviado saber que Renji al fin había comprendido varias cosas.
Permaneció en aquella posición unos minutos más antes de volver a sumirse en la tarea que realizaba hasta que fuera interrumpido por el pelirrojo con brusquedad.
¡Muchas gracias por leer!