|
Author of 72 Stories |
Disclaimer: Lo que reconozcas es de Jotaká y le doy las gracias por ello. En ningún momento pretendo robárselo o lucrarme de ello. La trama del fic, en cambio, es mía, así que te pediría que la respetaras :)
Gracias a Booh por el beteo. Y gracias también a Abril, sofia, saralpp, Nell Charentes, Katie Prins, Embercita, Javiera y Nasirid.
COMO NIÑOS
Capítulo IV
Montrose Magpies 240 - Puddlmere United 50. La actuación de los Puddlmere ayer por la mañana dejó mucho que desear, según palabras de su propio entrenador. Si bien el partido comenzó veloz y con una competitividad extrema, después del primer tanto, marcado por Bell en un golpe de suerte, el Puddlmere se desinfló sin remedio. Oliver Wood, guardián del Montrose Magpies y autor de las paradas maravillosas que vimos ayer en el terreno de juego, habló para nuestro reportero justo después del partido. “Han jugado bien y han sido un digno oponente. Ambos equipos hemos puesto lo mejor que teníamos en el campo de juego y el resultado podía haber sido perfectamente a la inversa”. Cuando este reportero le preguntó acerca del único tanto de Bell, Wood respondió: “Es una gran jugadora. Ya lo era cuando jugaba bajo mis órdenes, y estoy seguro de que aún lo es. Pero el quidditch profesional intimida más de lo que muchos nos atrevemos a aceptar, y eso a veces juega malas pasadas. Especialmente cuando eres novato. Aún así, estoy seguro de que Katie aún tiene mucho que ofrecernos”.
El artículo continuaba con un seguimiento exhaustivo del partido y de los fallos del Puddlmere. De la poca coordinación y de la mala actuación de Katie, que tras marcar aquel tanto, se puso nerviosa cuando Oliver paró sus tres siguientes lanzamientos. Después de eso, todo fue de mal en peor, y la coordinación entre los tres cazadores se vino abajo. La rapidez del juego de los Montrose había sido gran parte de la causa de su derrota, sí. Los Montrose eran mejor rival de lo que ella había llegado a plantearse y, aunque le disgustase pensarlo, el Puddlemere tenía pocas probabilidades ante aquel juego, pero Katie sabía que la otra gran causa había sido ella misma.
-Katie, no puedes estar ahí todo el día. No puedes encerrarte.
-Sí, sí que puedo.
De hecho, ya había estado allí encerrada toda la noche, en su habitación, rodeada de tabletas de chocolate y aún vestida con la misma túnica que se había puesto tras el partido. En el suelo había unas cartas de Pierre, David e Ian diciéndole que no se preocupase, que le hacían preguntarse hasta qué punto era evidente lo culpable que se sentía. En aquel momento, por ejemplo, tenía cuatro personas al otro lado de la puerta intentando convencerla para que saliese. Angelina había incluso amenazado con echar la puerta abajo si era necesario y no dudaba que fuera capaz de hacerlo.
Pero si tenían que entrar de alguna forma, al menos que fuera así. Ella no iba a abrir.
-Un mal partido lo tiene cualquiera, Katie -la voz de Lee se coló bajo la puerta-. ¿Recuerdas cuando Harry perdió la snitch porque se cayó de la escoba? Eso es aún peor.
Gruñó.
-¡Exacto! -exclamó Alicia desde el otro lado-. O aquel partido en el que yo me choqué contra uno de los aros, cuando intentaba marcar a Slytherin.
Gruñó otra vez.
-Lo de Harry fue por los dementores. Y lo tuyo fue porque jugaste enferma y te mareaste.
Esta vez los que gruñeron fueron ellos. Tenía mejor memoria de la que les hubiese gustado y, de todas formas, lo de mal de muchos, consuelo de tontos hacía tiempo que no funcionaba con ella. Había hecho un partido desastroso y había conseguido que su equipo perdiera. Realmente, ¿así pretendía llegar a ser una buena jugadora profesional? ¿Una jugadora respetada? ¿Así pensaba hacerse un hueco en el mismo equipo que los había aplastado como moscas? No iba por muy buen camino…
-Vale, ya está. O abres la puerta o te juro que voy a convertirla en astillas y…
Abrió la puerta de golpe y Angelina calló al verla. Tenía los ojos rojos y enmarcados en unas profundas ojeras azuladas. El pelo estaba hecho un desastre y tenía la túnica manchada de chocolate. Además, cuando miraron por encima de su hombro, vieron su habitación y juraría haber visto a Alicia poner los ojos en blanco al ver todo por el suelo, lanzado en un arrebato de furia.
-No eres la primera persona que pierde un partido de quidditch, Katie, pensé que lo sabías.
-¡Era mi oportunidad!
Ahora se sentía realmente estúpida. Ahora, y no cuando se cayó por las grandes escaleras del vestíbulo de Hogwarts en su primer día de colegio, delante de todos. Ahora y no cuando le confesó a Cedric, con una horrible carta llena de faltas de ortografía, que le gustaba. Ahora y no cada una de las veces que había hecho el ridículo en su vida, era cuando se sentía realmente estúpida.
Había llorado toda la noche, había maldecido su mal juego, había maldecido a su mente por hacerle soñar cosas como la pesadilla que había tenido antes del partido… pero si había algo que había maldecido una y otra vez desde que su derrota, había sido al insoportable, estúpido y manipulador de Oliver, que había ido a su casa para ponerla nerviosa, para que perdiera la concentración y, con ello, el partido. Cada vez que pensaba en él se ponía furiosa y cerraba los puños, y la única forma de calmarse era imaginarse lanzándole una bludger directa a la mandíbula (y lo peor era que casi podía imaginarse, con satisfacción, el crujido que produciría el impacto).
-Katie, ¿qué…?
Sin casi darse cuenta, había cogido su capa y se había dirigido a la maceta donde guardaba los polvos flu. Acababa de tomar una decisión: iba a ir a casa de Oliver e iba a… no estaba muy segura de qué iba a hacer. Tal vez golpearle o gritarle un poco. Quizás insultarle o… La verdad es que no tenía ni idea, pero tampoco tenía nada que perder, así que cogió una pizca de aquellos polvos verdes y se dispuso a lanzarlos al fuego.
Pero antes de que pudiera hacerlo, Leanne apareció entre las llamas, con los ojos rojos y aún llenos de lágrimas y la túnica puesta del revés.
-Leanne… ¿qué demonios te ha pasado?
-Roger está… en el hospital.
Antes de que hubiera terminado de decirlo, se lanzó sobre ella, llorando a moco tendido y murmurando cosas que nadie entendía. Entre todos, pudieron sentarla en uno de los sillones de la sala de estar y sacarle la historia poco a poco. Al parecer, al volver a casa la noche anterior, se lo había encontrado en el rellano de su piso, inconsciente, con moratones por todo el cuerpo, la nariz rota y los labios sangrando. Le había llevado rápidamente a San Mungo, y había pasado la noche allí, llorando junto a su cama.
-¿Y aún no ha despertado? -inquirió George.
Leanne negó con la cabeza y se dispuso a contar que nadie había visto nada. Tenemos que esperar a que despierte, dijo, quizás él recuerde quién ha sido. Pero juro, lo juro por Circe y los cuatro fundadores, que el desgraciado que se lo haya hecho no va a poder sentarse sin aullar de dolor por el resto de su vida. Paró cuando Alicia volvió de la cocina con una taza de té caliente, para saborearlo, encogiéndose un poco más en el asiento.
-Tranquila. Deberías dormir un poco. Iremos nosotros a ver cómo está Roger.
Asintió sin mucha convicción y se dejó guiar hasta la cama.
-Yo me quedaré con ella.
-Sí, mejor -dijo Angelina, que ya estaba en la chimenea con los dos chicos y se giró hacia Kat antes de seguir hablando-. No debería quedarse sola y yo puedo ayudaros si ponen algún problema con la información, que, al fin y al cabo, hacer prácticas allí me proporcionó algunos amigos.
Asintió y unos minutos más tarde, los cuatro estaban en la recepción de San Mungo, tirados en el suelo. Se dirigieron hacia el mostrador. Habían estado otras veces en San Mungo. Ella misma había ido allí más veces de las que le hubiera gustado, debido a su realmente aparatosa lesión de rodilla. Y claro que se sabían casi todas las plantas y especialidades del hospital, pero Roger había recibido una paliza y no sabía muy bien en qué planta se ocupaban de eso.
Afortunadamente, una chica bajita con una sonrisa falsa pintada en la cara (una de las enfermeras, suponía Katie) las guió hasta la habitación, y les informó del estado en el que se encontraba, mientras ella escuchaba a medias. Probablemente debería haber sentido mucha más lástima por aquel chico de la que sentía en esos momentos, pero después de todo lo que había hecho sufrir a Leanne, ni siquiera estaba segura de guardarle mucho aprecio. Y, al fin y al cabo, ya tenía sus propios problemas, no necesitaba más preocupaciones.
Suspiró, lo que hacía una por sus amigas.
Roger Davies estaba en una de las últimas habitaciones de aquella planta. Le habían tendido en una cama de sábanas blancas al fondo de la sala, junto a la ventana. Tenía el sesenta por ciento de su cuerpo vendado y los ojos eran del color de dos berenjenas realmente maduras. La enfermera les informó sobre su estado. Tenía varios huesos rotos y se había golpeado la cabeza en dos ocasiones, una en la parte más alta y otra en un lateral. No había heridas de arma blanca ni señales de que le hubieran lanzado ningún conjuro o maldición.
-¿Y cuándo mejorará? ¿Cuándo saldrá de aquí?
-Eso depende de lo fuerte que sea y lo rápido que se recupere. Pero suponemos que no tardará mucho. Tendría que estar al cuidado de alguien, eso sí, porque durante algún tiempo tendrá problemas de movilidad. Pero pronto le darán el alta.
-¿Ha despertado en algún momento? -preguntó Angelina-. ¿Ha dicho algo sobre su agresor?
-Antes ha abierto los ojos, pero sólo han sido unos segundos y ninguno de los medimagos que le atendía ha comprendido realmente lo que intentaba decir. Pero no tardará mucho en despertar -miró con indiferencia a su paciente-, y cuando lo haga, deberían llamarnos. Hay gente investigando el asunto y van a necesitar su testimonio.
Asintieron y se quedaron a solas con él. Ninguno de ellos era amigo o nada que pudiera equipararse, pero Leanne no estaba en condiciones de quedarse allí con él, y menos sola, así que aquello era lo menos que podían hacer por ella. De modo que, resignados, hicieron aparecer cuatro sillas junto a la cama, en círculo para poder hablar, y se sentaron, intentando ponerse lo más cómodos posible.
-¿Qué creéis que habrá sido? ¿Habrán intentado robarle?
-Era un imbécil, seguro que alguien se la tenía guardada.
-Igual era algún ex novio de Leanne lo suficientemente enamorado como para tenérsela jurada por portarse como un absoluto…
-¡Lee!
Katie les miró. Ella se decantaba por él era un imbécil, seguro que alguien se la tenía guardada porque puede que su amiga no quisiera verlo, pero ella sí lo hacía. Aquel chico era capaz de ganarse más enemistades en una noche que amistades en toda una vida, y lo hacía realmente bien. Aunque, si era totalmente sincera, le importaba más bien poco quién o por qué lo hubiera hecho. Una parte de ella sentía lástima, otra no podía evitar pensar que se lo merecía y la otra…
…la otra estaba tan lejos de allí que probablemente no era consciente de lo que ocurría en aquella sala. La otra parte de ella se dedicaba a analizar los recuerdos que tenía de su viejo capitán una y otra vez. Recuerdos como el día que hizo su prueba de quidditch o el primer partido que jugó o cuando ganaron la Copa de Quidditch en Hogwarts y Oliver se abrazó a ella como si no hubiera nada más en el mundo. Pero también pensaba en su visita a su casa, en los tantos que le había parado y en el sueño.
Aquel sueño en el que Oliver triunfaba a su costa y ella se convertía en una paria obsesionada con él. Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes volvían, y era tan doloroso que no estaba segura de que fuera a dormir en las próximas semanas. Sabía que era un sueño estúpido y que nada de aquello era real. Sabía que un solo partido no iba a condenarla para toda la vida (al menos no si conseguía hacer algo mejor en la próxima ocasión que se le presentara), pero no podía evitar torturarse.
Genial, Katie, a este paso vas a volverte loca, pensó consternada.
-¡Eh, está despertándose!
Se giró y, ciertamente, Roger estaba moviéndose casi imperceptiblemente y parecía que intentaba abrir los ojos. George se dirigió a la salida, probablemente para buscar a la enfermera, y ellos se reunieron junto a la cama. Angelina le pasó una mano por la frente y le susurró unas palabras de consuelo. Cuando por fin abrió los ojos completamente, los miró uno a uno, y luego movió la boca.
-Intenta decir algo.
-No nos habíamos dado cuenta -la morena chasqueó la lengua y volvió a girarse hacia él.
-¿Intentas decir quién te atacó?
Asintió y volvió a abrir la boca, esta vez susurrando un nombre que ninguno de ellos entendió. De hecho, apenas oyeron nada porque aquello no había pasado de ser un gemido a media voz, sin sílabas ni letras inteligibles, así que todos se acercaron un poco más, y fue entonces cuando lo oyeron.
-Oliver… Wood.
Notas: Bueno, comentario breve. Para quienes no os sepáis de memoria Quidditch a través de los tiempos (como yo), deciros que según el libro, el Montrose Magpies es el equipo que más veces ha ganado la liga de quidditch (32 victorias) y han ganado dos copas de Europa. Esto lo he interpretado yo como que serían el Real Madrid o el Barça de la de liga española de fútbol (pondría ejemplos de otros países, pero no tengo idea xD), así que es de suponer que serían un rival más que digno. Espero no haber transmitido la sensación de que han perdido sólo por Katie, porque eso es lo que ella piensa, pero todos sabemos que podemos ser muy injustos con nosotros mismos.
Por otro lado, el final. Sí, ya sé, soy un poco cruel con el final, dejándoos siempre en los peores momentos, pero no puedo evitarlo. Y, como veis, que Leanne y su relación con Davies estuvieran tan presentes en el fic tenía su razón de ser.
Y esto es todo, cualquier comentario será agradecido y esta misma noche (ahora tengo que terminar rápidamente un shot para el Reto Quidditch de WS) me pongo a responder todos esos reviews atrasados, que soy un desastre, lo sé, lo sé. ¡Muchas gracias por leer! :)