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Scarleth Jade
Author of 23 Stories

Rated: T - Spanish - Drama/Mystery - Roy M. & Riza H. - Reviews: 32 - Updated: 08-27-09 - Published: 10-22-08 - id:4611048

Advertencias:

Es un universo alterno, puede contener out of character, es un RoyxRiza y –si los lectores lo solicitan- contendrá lemmon.

Aclaraciones:

Black Hayate no termina siendo el perro de Riza Hawkeye.

Disclaimer:

Fullmetal Alchemist no me pertenece, es propiedad de Hiromu Arakawa y yo sólo utilizaré a sus personajes para dar rienda suelta a mi imaginación.


SECRETOS DEL HOLOCAUSTO


Advertencias del capítulo: contiene spoilers del décimo tercer episodio del anime de Fullmetal Alchemist y la portada del capítulo trigésimo primer del manga de Fullmetal Alchemist, correspondiente al volumen número ocho.


Capítulo 1. Elección

Era una mañana como cualquier otra.

Estaban a mediados de diciembre, donde el sol provocaba un incesante calor, y más si eras miembro de la milicia o tenías un miembro mecánico.

Edward Elric, el alquimista de acero, iba camino a la oficina de su superior. No se le veía el rostro, lo llevaba cubierto por sus flequillos. Y sepa Dios los motivos, el pobre chico estaba oliendo a quemado.

— Hermano, ¿estás bien? —preguntó Alphonse.

— Sí, Al. Me siento como pez en el agua —dijo con sarcasmo Edward.

— Pero… ¿No tienes calor? —preguntó Alphonse temeroso, su hermano esa mañana no había despertado muy alegre.

— No--, quién dijo —Edward miró a Alphonse con cara de pocos amigos y siguió su trayecto.

Alphonse guardó silencio y comenzó a seguir a Edward.

En otro lugar apartado, al final de un largo pasillo, se encontraba la brigada del coronel Mustang. Allí, se disputaba una reñida partida de ajedrez entre Mustang y su subordinado, Breda. Éste último se encontraba comiendo un sándwich, mientras que su superior cavilaba en si debía mover su reina o su caballo.

Havoc estaba despreocupado con la mirada perdida en la inmensidad del cielo. Fuery bebía un refresco y observaba entusiasta la partida de ajedrez, a diferencia de Falman, que estaba concentrado observando la vista que el día les ofrecía. Por su parte, Hawkeye estaba jugueteando con su cachorro.

— Buenas tardes —entró saludando Edward.

— Edward, Alphonse. Regresaron — saludó la teniente Hawkeye rascándole tras las orejas a Black Hayate.

— Vaya, Acero. Al parecer el calor te hace daño —Mustang miró con una sonrisa burlona a Edward—. Ahora pareces más un chicharrón que un chico de baja estatura.

Una vena invadió la frente del rubio y gruñendo por lo bajo se acercó a su superior.

— Hermano, cálmate —rogó Alphonse a Edward.

— ¡Cállate, Al! —miró a su hermanito con furia al percatarse que lo tomaban por los hombros. Miró a Mustang—. ¿¡CHICHARRÓN HAS DICHO?! ¡¡YA VERÁS LO QUE UN CHICHARRÓN PUEDE HACER!!

Mustang soltó una risa de burla y movió su reina. Ya se había acostumbrado a las rabietas del rubio. Gracias a Dios Alphonse siempre lograba controlarlo.

— Mírate, ahora has adquirido el color de tu gabardina.

— ¡¡ARGH!!

Edward se tomó el cabello con exasperación y comenzó a respirar profundamente.

Inhala, exhala. Inhala, Exhala. Alphonse lo soltó.

— Cálmate. He oído que el enojo hace que te encojas más —murmuró Roy.

Era el colmo. Hasta ahí había llegado la paciencia de Edward.

— ¡¡UH!! ¡¡MALDITO BASTARDO!!

No había marcha atrás. Edward le golpearía por todas las veces que lo molestaba y Alphonse lo detenía. Ese bastardo se las pagaría. Y Mustang abrió los ojos con el terror expresándosele.

Un sonido hueco se escuchó en el lugar. Alphonse había golpeado a Edward en la cabeza.

— Au —exclamó Edward con dolor, similar al maullido de un gato—. Alphonse, ¿qué crees que haces?

— Lo correcto —afirmó Alphonse con orgullo.

¿En verdad ése es Alphonse Elric, mi hermano menor?

Edward retrocedió, negando con la cabeza.

— ¿Quién eres y qué has hecho con mi hermano? —apuntó con el dedo Edward.

— ¡Oye!, no me apuntes —exclamó Alphonse, golpeando nuevamente a Edward.

¿¡Qué le pasa al mundo!? ¡Soy una persona y tengo sentimientos! ¿Acaso todo el mundo está en mi contra? ¡¡Ya tengo suficiente con los golpes de Winry!!

— ¡Hey!, eso duele.

Todos observaban expectantes la pelea fraternal. Esos hermanos eran demasiado unidos, y verse pelearse no era algo de todos los días.

— Bien hecho, Alphonse —felicitó Mustang.

— Tú — Edward se volteó a observarlo, con llamas en los ojos y comenzó a apuntarle con su dedo índice— ¿Qué le has hecho a mi hermano menor?

— Baja ese dedo, enano —murmuró Roy, mas Edward le ignoró.

— No me llames enano y respóndeme.

— Nada —respondió Mustang y devolvió su atención al juego.

Breda continuaba jugando sólo por complacer a su superior, haberle ganado tantas veces ya le era común y una vez más no le haría daño. Sabía que practicaba con él para una futura revancha con el General Grumman.

— ¿Cómo que nada? Ya ni siquiera lo reconozco.

— Sí, claro. Con esta armadura soy irreconocible, ¿cierto? —dijo Alphonse.

— No me ayudes, hermanito.

— ¡Oh!, je, je. Lo siento —Alphonse se llevó una mano a su nuca—. El Coronel no me ha hecho nada.

— ¿Quién eres? —preguntó Edward a la armadura.

Un recluta ingresó a la oficina, realizó el saludo militar y anuncio:

— Señor, el Fuhrer desea hacerle una visita a usted y su brigada —Mustang asintió—. Señor, con su permiso —el recluta hace alza su brazo derecho, saludo y se retira de la habitación.

— Dijo que el Fuhrer vendrá, ¿no? —preguntó Alphonse.

La brigada de Mustang asintió y se formó un silencio.

— ¡Demonios, el Fuhrer se acerca!

La oficina se volvió un caos, todos se desesperaron. Mustang, Breda y Havoc se dirigieron a colocarse sus chaquetas militares, mientras los demás recogían los desperdicios —y la colilla que Havoc tiró— y ordenaban las piezas de ajedrez.

Todo estuvo en calma luego de tres minutos, que nadie sabía cuán rápido habían pasado.

— Buenos días a todos.

La puerta de la oficina del coronel Mustang se abrió a la par de que el Fuhrer ingresaba a la estancia. Una sonrisa adornaba su rostro, enmarcado por el parche negro que cubría su ojo izquierdo. Vestía de gala y su espada colgaba de su lado izquierdo.

La brigada de Mustang —incluido Edward y el Coronel— hicieron el saludo militar, diciendo un: “Buenos días, su excelencia”, menos Edward. No le encontraba motivo para decir eso si el jefe era una persona igual a las demás.

— Les he traído una nueva misión —anunció King Bradley.

El silencio reinó en la estancia. ¿Qué tipo de misión les encargaría a ellos en persona? De seguro no era algo sencillo.

— Si el joven Edward Elric así lo desea, puede unírseles —murmuró el Fuhrer.

Edward lo miró con asombro y se detuvo a meditarlo. Quizá era una misión importante, bastante investigación y quizá podría averiguar más sobre La Piedra Filosofal —maldita piedra, aún no sabía nada.

— Hermano.

Alphonse tomó el hombro de Edward y habló con voz contundente. Edward lo ignoró y alzó la vista con decisión.

— ¿Y de qué trata la misión?

El Fuhrer sonrió, de igual forma el Coronel. Por lo menos el chico sabía sacarle provecho a la situación.

— Es una infiltración —respondió el Fuhrer.

La intriga se hizo presente. ¿Una misión de infiltración? Debía ser algo de suma importancia para recurrir a un oficial de alto rango.

— Se ha sabido de una participación en conjunto de personas y creemos que entre ellos están planeando un motín en contra del estado —prosiguió e Fuhrer respondiendo a parte de las interrogantes de los militares.

— ¿Y qué debemos hacer? —preguntó Edward. Alphonse le dio un pequeño golpe en el brazo y Edward lo miró—, señor —agregó.

— Bien, continúo —carraspeó levemente—. Debido a que esta es una de las mejores brigadas en la estación de Central, he decidido escogerlos para que se infiltren en esta organización, averigüen todo lo puedan y, si es necesario, los tomen en sus manos para reivindicarles el camino.

Edward debatía mentalmente entre ir o no ir. Sabía que Mustang aceptaría de todas formas, porque eso le daría “puntos” para seguir avanzando, que era lo único que le importaba al tipo. Si iba, tendría que dejar a su hermano menor y no se podría divertir. Pero, ¿qué pasaba si esa organización tenía algo que ver con la Piedra Filosofal?

— Obviamente, ustedes no serán lo únicos que se infiltrarán —agregó Bradley al ver las caras dubitativas de los oficiales—. He pedio a los dirigentes de los otros puntos de Amestris que me envíen a miembros para esta misión, pero sólo serán una minoría. El mayor número será tomado de los cuarteles centrales.

El Fuhrer esperó pacientemente la respuesta del Coronel y del alquimista, ambos lanzando miradas indiscretas a sus compañeros.

— Acepto —dijo Edward.

Mustang sonrió con autosuficiencia. Claro, el chico no desperdiciaría oportunidad alguna para averiguar sobre la piedra, pero ahora su decisión involucraría a todas las personas que le eran leales. Tendría que ser cuidadoso, como bien había pensado podría ser una trampa, pero si eso le sumaba puntos para ascender…

— Acepto —dijo Mustang con firmeza.

La brigada de Mustang sonrió. Esa respuesta ya se la esperaban.

— Bien. Debe escoger a cinco miembros —le ordenó el Fuhrer—. Lo espero en mi oficina a más tardar en el anochecer.

Al terminar de hablar, los militares realizaron un saludo militar mientras el Fuhrer se retiraba de la habitación.



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