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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Death Note » Retazos de tí

0Psique
Author of 16 Stories

Rated: M - Spanish - Drama/Angst - Light Y. & L - Reviews: 8 - Published: 10-25-08 - Complete - id:4616573
Un escueto fic sin más aspiración que la de disculparme por la tardanza en actualizar... pero espero que os agrade, aún así. Muchísimas gracias por vuestro apoyo.

Retazos de tí

Han pasado cinco años.
Sus finos dedos se deslizan por entre la molesta ropa interior no sin cierta premura.
Simple y llano encaprichamiento, ya se sabe.
¿Demasiado frecuente, quizás...?

Había aprendido a congraciarse con aquel recuerdo y, lejos de martirizarle, le resultaba deliciosamente grato.
Kira saboreaba la nítida imagen de veladas reiteradas de sexo estimulante y liberador como el mejor estupefaciente, preludio del gran final. La reintepretación de aquellas escenas en su mente no hacía sino agitarse excitada al trasladarse al momento de la muerte de L: tirárselo con total alevosía había sido un pasatiempo inigualable. Ciertamente, le echaba de menos. Ahora lidiaba con copias de tercera categoría; lejanos quedaban aquellos ríos de adrenalina ardiendo pulsando sus células, aquella incertidumbre, aquel duelo entre iguales, ese cara a cara llevado a sus últimas consecuencias, aquella paridad de caracteres tan indudable como discutible... Echaba de menos a aquel bichejo indescriptible, aunque no lo suficiente como para restarle horas de sueño, todo sea dicho.

Te quiero, Ryuuzaki.

Ah... Aquella había sido la mentira más divertida de todas. Cómo aguantar la risa al ver a esa bestezuela acelerando el ritmo de las embestidas con cada nueva declaración de amor incondicional e imperecedero, el muy desgraciado... Se lo susurraba al oído, en medio de la investigación, que le amaba, claro que le amaba, y que se lo volvería a demostrar con métodos más palpables y gráficos nuevamente aquella noche, si así gustaba. El detective mantenía su rictus incólume fijo en el monitor, tan sólo asintiendo levemente con la cabeza mientras sorbía su té con aplomo, hasta que los hados o la casualidad les brindaban unos segundos a solas: entonces giraba la silla hacia su oponente, acercaba su rostro de lechuza mecánicamente, le mordía el cuello, le olisqueaba la cerviz como la alimaña que era, y declaraba con voz de autómata que él siempre estaba más que receptivo a todo lo que Light Yagami tuviera a bien en revelarle.
Aquella tesitura se desarrollaba con calma rutinaria, ajena al conflicto insalvable que mediaba entre ambos entes. Por algo tan patéticamente impersonal e instintivo no merecía la pena devanarse los sesos. Kira sabía muy bien por qué se follaba a L... Allá el insecto con sus motivos para consentir tal abuso... No le interesaba, en lo que él respecta. Jamás se interesó por él en el plano personal. Acabaría con él más pronto de lo que imaginaba y, después de todo, ¿qué tipo de imbécil redomado sentiría debilidad por la persona que más le había jodido la existencia...?
Si Yagami nunca sintió la punzada del remordimiento quemando su conciencia, aún menos como consecuencia del asesinato de L, a quien lo único que acaso debía agradecerle era el haberse convertido en su enemigo genuino con todos los honores.
Se lo merecía. Siempre fueron como dos satélites en órbitas opuestas, que el azar quiso cruzar en un instante cósmico y vital, para luego volver a separarse y retomar la respectiva senda sin mirar atrás.
L, la jodida piedra en el zapato. L, el acorde disonante. Bajo tierra, como debía ser.

Ryuuzaki, quien, oh Dios, le ordenaba apresurarse entre jadeos roncos y dentelladas en su hombro, sintiendo como suya propia su sangre palpitando en las venas a punto de estallar, con la mirada perdida en una explicación imposible de plasmar en palabras, vocalizando a retazos que quería más, más fuerte, más rápido... Porque que su tiempo juntos se les escapaba.
Ni utopía, ni civitate dei, ni L, ni Kira, ni Death Note, ni nada de toda esa puta mierda: el orgasmo provenía de otra parte, y mil veces maldito aquel que osara sugerir que la culpa era del calor, el olor y sabor embriagador de aquel hombre singular a punto de quebrarse como una rama entre sus brazos, trastocando cielo y tierra durante unos imperdonables segundos robados...

Alcanza el clímax. Contempla los restos de su éxtasis goteando en su mano. Nadie secunda su respiración sofocada, nadie comparte el latido de su corazón encabritado... Y Light Yagami se obliga a sí mismo a esbozar una sonrisa satisfecha, pese a todo.
Se asea debidamente, se atusa los pantalones, borra cualquier vestigio acusatorio físico y mental con la precisión de hielo de un psicópata... Menos aquel nudo atenazándole la garganta, que sólo desaparecería cuando empuñara su pluma sobre el cuaderno de muerte una vez más.

Nunca te pedí que me quisieras, Light-kun... Únicamente te pedí que me lo dijeras.

A veces, sólo a veces, vuelve a preguntarse qué signicaría aquella media sonrisa, mejilla con mejilla, meliflua, empalagosa, hermética, que L siempre le dedicó a escondidas tras hacer el amor.

Aún hoy no fallaba en sacarle de quicio.

FIN


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