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Diclaimer: Gundam 00 no es de mi propiedad.
Pareja: Lyle/Tieria, Lyle/Feltd.
Advertencias: Spoilers del capítulo 4 de S2.
Notas: Todos odiarán a Lyle, pero a ese bastardo yo lo adoro.
En el resto del día, Tieria había notado en Feldt un comportamiento extraño. Años de convivencia habían desarrollado la capacidad de percibir los más mínimos cambios en sus compañeros. Sin embargo, no pudo ahondar más en el asunto porque, apenas acabadas las labores, Feldt desapareció del mapa y ni siquiera apareció en el comedor por la noche para cenar. A pesar de que su razonamiento le decía que tal vez se estaba imaginando desastres en donde rebosaba la calma y lo de Feldt podría ser pasajero (las mujeres tenían una época del mes donde estaban sensibles, tal vez eso era lo que sufría ella), pero la preocupación no podía quitársela de la mente. Al quedar separada la primera tripulación de Ptolemaios, él fue el que recogió los pedazos de la destrucción y volvió a construirlo todo poco a poco. Ahora sentía que ese deber no había concluido aún.
Se desvió del camino para su habitación y en cambio fue hacia la de ella. Llegó rápido, pues se encontraba cerca y no se topó con nadie en el camino que hubiera podido entretenerlo. Probó con llamar a la puerta, pues no quería parecer absurdo forzando la privacidad de Feldt por algo que sólo había notado él. Luego de breves instantes, la puerta se abrió y a Tieria se le permitió el acceso. Al entrar, se encontró con Feldt sentada en la cama, aún vestida con el uniforme. Ella era silenciosa y reservada por naturaleza, pero nunca se veía con el semblante entristecido (excepto, por supuesto, cuando de recordar el pasado se trataba); además, aún tenía los ojos acuosos, como si hubiera estado llorando todo ese tiempo.
— ¿Te sientes bien? —preguntó, a pesar de que era evidente que recibiría una mentira condescendiente—. Te fuiste rápido y ni siquiera has ido a comer algo, debe arderte el estómago…
—No te preocupes, estoy bien —le interrumpió Feldt—. Comí unos bocadillos que había guardado en mi habitación. —Ante la mirada perspicaz de Tieria, tuvo que agregar—: Sólo quería estar a solas, en serio no me pasa nada.
—Al menos sé que te alimentaste, aunque ponga esos valores nutritivos en duda —aceptó Tieria, encogiéndose de hombros—. Espero que te repongas mañana, si no, te supliremos de tus tareas y no dudes en ir a la enfermería por un tratamiento adecuado.
—No será necesario, estaré bien mañana —le aseguró ella, esbozando una ligera sonrisa por toda la atención del meister.
Se despidieron y Tieria salió de la habitación. Al menos había comprobado su estado, aunque Feldt no hubiera sido sincera. Cómo desearía acceder a los datos ocultos responsables de su malestar, pero la habilidad de leer la onda de pensamiento era demasiado avanzada para alguien como él, dudaba que alguno de los de su especie pudiera hacerlo sin la tecnología de por medio. Se detuvo frente a una ventana que mostraba tras de ella el vasto espacio. Se preguntó si tal vez no se tomaba muy a pecho las cosas, si no debería dejar a Feldt en paz, al igual que había dejado en paz a Sumeragi y a Allelujah (y ahora ambos, estratega y piloto, estaban buscándose en el consuelo mutuo).
Percibió la cercanía de alguien, por eso volteó la cabeza hacia el frente y vio cómo el nuevo miembro de Celestial Being, Lyle Dylandi, venía acercándose. Arrugó el ceño automáticamente y su expresión cambió por completo; hacia él dedicaba un rostro hostil y serio, pues nada había hecho para ganarse su confianza. Al contrario, toda acción que efectuara ese Lockon le parecía no sólo desacertada, sino intolerable, aunque a veces el desagrado se reducía a su sola presencia. Se había repetido que debía dejar sus opiniones personales a un lado, ese Lockon había demostrado ser hábil con el mobile suit (por ende le había mentido al denominarse a sí mismo un novato, haciéndole malgastar su tiempo como un idiota), pero aún así no dejaba de aborrecer esa sonrisa presuntuosa y aquella voz despreocupada que le taladraba los oídos. Era tan parecido a su hermano pero a la vez tan diferente.
— ¿Y esa cara tan pensativa? —preguntó Lyle cuando hubo llegado a su lado. Para mayor desagrado, detuvo su paso—. ¿Qué cosas piensa mi lindo instructor?
—Ya no soy tu instructor, has demostrado descaradamente tus verdaderas capacidades —le contestó fríamente.
—Eso es porque me enseñaste bien. —Lyle le guiñó el ojo y Tieria rodó los ojos—. Deberíamos considerar unas nuevas clases, aún hay partes de mi cabina que no sé usar, si entras tú conmigo y me explicas cada una de seguro aprendería rapidísimo.
—Usa el manual.
—Pero el manual me aburre —repuso Lyle, para luego soltar un leve silbido—. No pone adorables caras cada vez que me equivoco.
—Deja de bromear —ordenó Tieria, en voz tan baja y tan afilada, que Lyle habría sido un insensato si no hubiera retrocedido.
No retrocedió, Lyle sí era un insensato. Y peor aún, uno que le parecía más atractivo acortar la distancia y actuar como si fueran más que unos compañeros con apenas tolerancia por parte de uno de ellos, le dio una palmadita antes de rodearlo por los hombros con el brazo. Tieria no sólo se extrañó, sino que quedó perplejo y estupefacto ante tanto descaro en tan solo un hombre. ¿Cómo había criticado tanto a Setsuna y a Allelujah por sus irresponsabilidades, si ahora la parecía que Lyle era peor que ellos dos más los demás tripulantes juntos?
—Quítame la mano de encima —pidió, y cualquier otro habría obedecido de inmediato.
—Ya, no te pongas tan delicado, somos compañeros, ¿no? —Tieria se estremeció ante semejante (y acertada) afirmación; había dentro de él un sentimiento que se negaba con ahínco a la terminación, que ahora le provocaba las ganas de echarse a correr lejos de Lyle, para no tener que, ante sus palabras (y viéndole al rostro, directo a sus ojos mentirosos), darle la razón. Porque en el fondo Tieria se comportaba como un niño que quería negar la realidad y botarla lejos, tan lejos como estaba guardada en sus memorias la muerte del verdadero Lockon Stratos—. ¿Mudo? —se rió levemente, antes de posar sus ojos de serpiente en los de él, pues lo había tomado por el rostro y obligado a mirarle fijamente. ¿Cuándo Tieria se había petrificado tanto, por qué no se defendía?—. Ustedes aún tienen reacciones peculiares ante mí. Tú, esa hermosa chica llamada Feldt… deberían de entender ya que soy yo, Lyle Dylandi, el que está vivo y mi hermano muerto, y que yo no tengo la culpa de esto, ¡ni siquiera sé si hay algún culpable!
Tieria ignoró la punzada de culpa, pero la boca de ese Lockon soltaba puras verdades y Tieria odiaba que tuviera la razón. Y una parte de sus palabras accionó el interruptor de luz de su mente, iluminando instantáneamente los hechos.
—¿Qué le hiciste a Feldt?
—Nada malo, te lo aseguro —le dirigió una sonrisa falsamente cándida que tensó todo el cuerpo de Tieria—. Sólo la besé, no creo que le haya hecho daño por un simple beso…
—¿Por qué la besaste? —inquirió Tieria. Debía de haber una razón, al igual como debía de haber una razón para su comportamiento.
—¿Por qué no iba de hacerlo? —le dirigió Lyle como respuesta—. Está como para no dejarla pasar y no pude resistir el impulso, ya sabes, hombre.
—No me llames así. Y no vuelvas a molestarla, porque seas el meister del Cherubim no tienes el derecho de…
—Pero si no fue molestia, y además, me gustó su reacción luego. —Lyle acercó su rostro y lo que hizo destrozó el corazón de Tieria. Había adoptado la misma expresión que su hermano, pero no era Lockon, jamás podría serlo, sólo era una perfecta falsa—. Al igual que de seguro me gustará la tuya, ¿esto acaso es lo que ambos esperan de mí, que sea como mi hermano? —Tieria no pudo responder, ¿qué había esperado de Lyle Dylandi en primer lugar, antes siquiera de conocerlo? —. Pero les digo que, entre mi hermano y yo, no tengo punto de comparación, al menos no en esto. —Y acabó con la separación de sus rostros, besándolo en los labios. El beso fue largo, porque Tieria no tuvo fuerzas para apartarlo, sino que la imagen de ese Lockon se entrecruzaba con el otro, al igual que el recuerdo de sus labios y de su lengua (que sólo probó en sueños, pues nunca alcanzó a tenerlos). Pero la ficción –sus deseos incumplidos- fue superada por la realidad, por la lengua húmeda que exploraba su boca como un lobo saltando a su presa indefensa.
Y cuando Lyle se apartó, sonriendo petulante, toda la parálisis de Tieria se disolvió. Se separó de Lyle y acumulando toda su fuerza en sus puños, lo golpeó tan duro en la mejilla que lo tiró al piso y hubiera acabado allí si no fuera por la gravedad que lo mantuvo flotando, tendido en el aire. Le dolieron sus nudillos después y su comportamiento había sido inadecuado, pero el caso lo justificaba.
—No creas tampoco que puedes hacer lo que quieras con nosotros sólo porque vemos en ti el recuerdo de tu hermano —le dijo, antes de comenzar a alejarse.
Lyle se quedó largo tiempo en el mismo sitio, con la mano puesta en la mejilla que había recibido dos golpes ese día. Decidió que tenía que ir a la enfermería si no quería tenerla hinchada mañana. Y aparte, pensó en cómo lograr otro beso de aquellos dos sin que su rostro se viera nuevamente afectado: después de todo aún se negaba a aprender la lección.
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