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Books » Twilight » Sí, amo
Sunshine Mindfreak
Author of 25 Stories
Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Bella & Edward - Reviews: 4,578 - Updated: 03-07-10 - Published: 11-02-08 - id:4632119

Disclaimer: Ya saben, no soy Meyer, así que los personajes no me pertenecen. Aunque sí tengo cierto dominio sobre Edward y Carlisle Cullen... Bueno, la trama también me pertenece.

N/A: En una parte determinada de éste capítulo, se menciona una canción de Yiruma llamada Time Forgets, es casi al final. Les recomiendo oírla mientras leen.


Sí, amo

Seis:
Agridulce. (Segunda parte, y final)

Siempre repiten que del dicho al hecho hay un largo trecho.

.

«Septiembre 16, 2007.

Querido diario:

Hacía bastante tiempo que buscaba algo con qué rellenar tus páginas, porque, la verdad, mi vida no es para nada interesante, y temía aburrirte con ella. Pero algo pasó el viernes, y no me lo puedo sacar de la cabeza. Empezaré por el principio, es lo mejor.

¡A que no adivinas a quién se le olvidó su cumpleaños! Sí, a mí. Pero por lo menos Alice pudo recordármelo de la mejor manera. ¡Me preparó una fiesta sorpresa! Y fue todo tan, pero tan espectacular que hasta bailé con Emmett, el hermano mayor de Alice. ¡Y sí que él puede hacerme reír, Dios! Yo y bailar normalmente no hacíamos buena pareja, pero olvide eso completamente en mi fiesta. Me divertí mucho, a pesar de tener la cabeza en otra parte…

En los principios de la celebración comencé a saludar a los muchachos que Alice había invitado —los conocía a casi todos—; y él también apareció. ¡Maldición, no puedo sacármelo de la cabeza! ¿Por qué? Edward Masen me dio un beso en la mejilla, y otro en la mano, me deseó feliz cumpleaños ¡y nada más! Muchos chicos hicieron eso, pero ¿por qué sólo pienso en él? Me siento confundida. Él es tan misterioso y extraño. Tan bipolar conmigo.

Muchas veces me pregunto cuál es el verdadero Edward, y cuál es la máscara… Y estoy decidida a encontrar la verdad, por mucho que me cueste. Estoy cansada de enfrentarme a una moneda de dos caras.

Lo peor de todo es que una de sus caras me gusta: la más amigable, bondadosa, alegre y… linda. Por Angela y Ben pude saber que la pelea entre Edward y Mike era por mí; no sé qué sentir al respecto. Edward estaba defendiéndome, porque Mike había abierto su enorme boca, eso dijo Ben. Las mariposas en mi estómago no se hicieron esperar apenas supe aquello, y me desconcertó la oleada de emociones que sentí cuando lo vi en la fiesta, hablando tranquilamente con Jasper.

Todo es tan extraño… Sólo esperaba que pudiera descansar.

El fin de semana se me pasó muy lento en sí. Me dediqué a practicar la voz para la canción que supuestamente quería presentar. No iba a decirle a Alice de mis planes, porque me obligaría a participar y aún no estaba del todo segura; quizás cantar era mi pequeño pasatiempo personal y solitario. Me importaba un carajo si salía en la televisión.

En fin.

Espero poder hablar mañana con Edward, y agradecerle por lo que hizo.

Sé que será difícil. Sólo espero que no me repela como lo hizo durante la pelea…

Me agrada. Sí, Edward Masen me agrada. De verdad me gustaría que pudiéramos ser amigos o algo. Y espero que las mariposas de mi estómago estén de acuerdo.»


Releí lo que había escrito hacia recién unos momentos. Asentía a lo que pensaba era cierto, como una revista de chismes. Reí tontamente al leer lo último que había escrito; no parecía algo proveniente de mí, para nada. ¿Masen y yo, amigos? Él no estaba dispuesto, ¿o sí?

En fin, era tarde, y tenía sueño, borré la última parte antes de acostarme y echarme a dormir.

Nadie debe saber que me agrada Edward Masen, ni siquiera mi propio diario.


Septiembre 17, 2007.

&.

Me desperté cuando oí el coche patrulla de Charlie partir, eran, supuse las seis treinta de la mañana.

Intenté hacerme a la idea de que podía dormir otra media horas más, pero mi cuerpo no quería seguir descansando. El domingo me había acostado temprano, después de buscar guitarras en internet, por eBay. Debía conseguir una para practicar mejor la canción; ya me había conseguido los acordes en una página de internet.

Aún no estaba del todo decidida, pero sí quería aprenderme esa canción. Tarareé Iris mientras me vestía para ir a desayunar, después de haberme duchado. Eran las siete quince, y tenía tiempo de sobra; hice todo despacio y sin apuros. Me preparé un desayuno delicioso, unos huevos, café con leche y tostadas. ¡Hasta me senté a ver el noticiero matinal un rato!

Recién eran las siete treinta cuando escuché mi móvil en el segundo piso. La suave melodía de una pieza de piano que me gustaba mucho sonó alertándome de la llamada. Dejé los platos en el lavadero y subí a contestar.

Era Alice.

Descolgué.

—¿Hola?

—¡Hola, Bella! —dijo Alice, desde el otro lado—. ¿Qué tal?

Caminé hacia mi escritorio, y comencé a meter los cuadernos en mi mochila; sujeté el móvil con el hombro, ya que mis dos manos estaban ocupadas mientras contestaba:

—Bien, ¿y tú?

Pude distinguir perfectamente el ronroneo del motor de su coche. Alice ya iba en camino a la escuela, ¿tan temprano? Quise ver la hora, pero no llevaba reloj.

Genial —dijo, y rió. Pensé que tal vez me estaría perdiendo un chiste interno—. Hey, Bella, iré a por ti, para llegar juntas a la escuela; me gustaría hablar contigo a solas. ¿Te parece?

No se me ocurría nada, ningún tema que del Alice deseara hablar conmigo, pero en fin, lo descubriría. Aunque con Alice nunca se sabe, y temía que no fuera algo de lo que yo no quisiera conversar. Pero bueno, me arriesgaría.

—Claro —contesté, metiendo el último libro a mi mochila, estaba bastante pesada cuando me la cargué al hombro desocupado—. ¿A qué hora llegas…?

Una inconfundible bocina de automóvil que se escuchó en el patio delantero respondió por mí.

Justo ahora —me respondió Alice, antes de colgar.

De nuevo tocó la bocina, y me fui a ver a la ventana de mi habitación. Sí, efectivamente, ahí estaba el Porsche amarillo de Alice; un auto tan llamativo como su dueña. Sonreí cuando me saludó, agachándose levemente para poder verla a través de la ventana del copiloto. La saludé también.

Cogí mis cuaderno personal —donde guardaba mis notas o cosas no relacionadas con la escuela—, ahí tenía la letra de la canción. Tomé mi Ipod y salí corriendo de la casa, después de echar el seguro a la puerta principal.

Alice me esperaba con la puerta del coche abierta. Cuando ingresé, la calefacción me golpeó dulcemente en mi piel fría. Era otro día nublado en Forks.

La pequeña duendecillo me sonrió antes de hacer andar el Porsche a una velocidad razonable, y muy poco de ella. Pensé que tal vez querría más tiempo para hablar, en esos casos sería muy de ella, sí. Pero todavía no se me venía a la cabeza un tema del que Alice quisiera hablar conmigo. A menos de que fuera sobre…

Oh, no. ¡Por favor no! Estuve todo el maldito fin de semana pensando en ese idiota y ahora ¿Alice me quiere hablar de él? ¡No! Ni siquiera yo he hablado de él. Sólo he pensado en él, que es algo muy distinto.

Mi compañera no hablaba nada, pero tenía una sonrisita tonta en sus pequeños labios pálidos. No era una buena señal. Rogué a Dios que permaneciera así por el resto del camino, si el tema que tenía en mente era el que Alice quería tratar, preferiría coserle la boca y que no hablara más. O al menos poder llegar a la escuela, despedirme y correr.

Pero el destino no me quiere, ya lo he dicho.

Demonios.

—Así que… —empezó. Temí lo peor— Ben y Angela te lo dijeron en la fiesta, ¿verdad?

Fue un flechazo el darme cuenta a qué se refería. Y, claro, tenía que ver con Edward, por supuesto. ¿Es que la vida estaba diseñada, durante estos dos meses, para que cualquier persona, cosa, planta, alienígena o lo que sea que Dios creó, me recuerde a él?

Quise evitarlo en mi mente esta vez. Me hice la inocente.

—¿De qué hablas? —pregunté sin mirarla. De pronto, el mundo alienígena de Forks me parecía interesante. Todo era verde. Los árboles, el césped, las rocas, el musgo… sus ojos. ¡Y al carajo con los malditos ojos de Edward Masen?

Alice suspiró, frustrada.

—Sabes que no lo puedes ocultar, eres bastante mala para mentir. Y yo, que te conozco bien, sé que sabes a lo que me estoy refiriendo —sonrió, con suficiencia ante mi cara de estupefacción—. Ahora, lo que no comprendo, es por qué rehúyes el tema, quiero decir, sé que mi hermano no te cae del todo bien y…

—Te equivocas —le interrumpí, queriendo cambiar el tema nuevamente. Estaba harta de tener a Masen en mi cabeza. Harta de que las manos me picaran después de su roce furtivo el viernes. Y harta de sonrojarme levemente cada vez que pensaba que él me había besado en la mejilla. ¡Harta!—, Emmett me cae de maravillas.

La mirada de Alice se contrajo por una emoción que no pude descifrar. Parecía dolida y desilusionada. Alice sabía perfectamente que yo era consciente de que ella no hablaba de Emmett.

—¿Qué tiene Edward, Bella? —murmuró Alice, con la vista en las calles desiertas de la carretera de Forks—. ¿Qué tiene que lo evitas así?

Era obvio que se había arreglado con Edward después del supuesto pleito entre ellos el día en que Alice se fue a comer con nosotros.

—No lo evito —susurré, acto reflejo—. No soy yo, es él. Él es tan… tan extraño conmigo. Hay veces en que pienso que son dos personas dentro del mismo cuerpo.

Y era verdad. Siempre me sentía extraña estando junto a él.

Tenía pequeños recuerdos bastante cálidos a su lado, como cuando cenamos juntos en su casa, o cuando me ayudó con la tarea —aunque después siguió ordenándome que hiciera sus deberes. Pero siempre estaba lo amargo, que acababa con lo bueno; nunca olvidaría su rechazo cuando lo fui a socorrer en la pelea, o cómo me trató antes de entrar al gimnasio.

Lo peor es que no sabía cuál de los dos Edwards me había tratado así el viernes. Tal vez el malo se disfrazaba de bueno, o el bueno estaba ahí. Tampoco tenía conocimiento del porqué de mi extraño comportamiento. A veces no sabía si Edward me intimidaba, o me ponía nerviosa por algún motivo aparente.

Admitía ciegamente que Edward Masen era un chico bastante guapo, pero esa no era una razón para que me tirara a su cuello. No lo conocía por dentro, y, sinceramente, quería conocerlo un poco mejor. Me picaba la curiosidad de saber qué había detrás de la máscara.

Jessica Stanley una vez me había confesado que en un momento intentó coquetear con Edward, claro, a Jessica pareciera que sólo le atrae lo físico; fue una completa decepción, él ni dio señales de estar prestándole atención. Jess me dijo que supuso que Edward estaba interesado en otra chica, en esos tiempo —había sido después del años nuevo. Y, obviamente, ahora no me cabía en la cabeza la idea de que a Edward le gustara una chica. No digo que sea gay o algo por el estilo, pero no parece de la clase de chico que buscan novias dentro del instituto, a pesar de tener candidatas extremadamente superficiales.

—Edward ha pasado por muchas cosas, Bella —dijo Alice después de un pequeño interludio de silencio—. Sé que no es normal ver a alguien tan… —pareció buscar la palabra adecuada— bipolar como Edward, pero debe ser que el pasado lo choca con la guardia baja. Por favor, no pienses mal de él, Edward es un caballero.

No podía negar eso; si después de saber que se había agarrado a puñetazos con Mike sólo por defenderme y que dejaran de insultarme… él era mucho más que un caballero. Un caballero enmascarado del cual descubriría todo lo que pudiera.

Yo también aprovecharía esta apuesta al máximo.

—Alice —le llamé, había algo que quería saber, algo que me carcomía la curiosidad—, ¿Edward es adoptado, verdad?

Cuando mencioné su nombre, un pequeño hormigueo se extendió por mi estómago.

Alice parecía incómoda cuando cuestioné.

—Bella… —masculló—, no soy la mejor ni la indicada para contarte esas cosas. Si quieres saber, tienes que preguntárselo a él.

Ya habíamos llegado al instituto, y aún faltaban diez minutos para entrar. Cuando Alice aparcó me quedé quieta, sin siquiera sacarme el cinturón de seguridad.

Mi cabeza estaba cabizbaja. Por alguno motivo desconocido, me había entristecido.

—Él no me tiene confianza, Alice —susurré, algo avergonzada como para decir su nombre—. No confía en mí, y yo quiero entenderlo mejor. Pero no puedo hacerlo si no me cuenta nada.

No sabía de dónde venía todo eso. Antes yo estaba cansada de escuchar el nombre de Edward Masen, el capitán del equipo de basketball del instituto de Forks, el favorito de la maestra Goff y del Sr. Banner, y, para qué decir, el amor secreto de muchas chicas en la escuela; pero ahora heme aquí, queriendo saber más de él. No deseaba contentarme con lo que las máscaras de él pudieran mostrarme, yo quería conocerlo en el fondo.

Saber quién es en realidad Edward Masen.

—Entonces —dijo Alice, mientras abría su puerta del coche— gánate su confianza.

Asentí sin mirarla, era algo obvio que tenía que hacer, e iba a conseguirlo.

Sonreí como quité el cinturón de seguridad para poder bajarme del coche; pero todos mis ánimos se fueron y quedaron sólo signos de cobardía.

El Volvo plateado de Edward Masen entraba al estacionamiento, con él, Emmett Cullen y los Hale dentro.

Mi corazón dio un vuelco cuando sus orbes verde esmeralda se posaron sobre los míos, su rostro era sereno y tranquilo, y no lo inmutó cuando me vio. Edward se estacionó al lado del Porsche, por el lado en el que se encontraba Alice, todos bajaron del Volvo, él se bajó al final.

Y yo me quedé ahí, quieta a mi lado del Porsche, mientras él bajaba. Nos separaban sólo dos coches, a pesar de sentir nuestras miradas conectadas. Me sorprendió cuando rompió nuestro contacto, y sonrió para sí, tal vez recordando un chiste interno. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la entrada principal.

No me había dado cuenta de que Alice había llegado al lado mío.

—Podrías empezar a ganarte su confianza ahora —dijo con voz de soprano, después se fue danzando hacia el lado de Jasper, quien me saludó amenamente con una sonrisa, se la devolví forzada—. ¡Edward! —llamó Alice.

Alice estaba loca. ¿Por qué le había dicho que me interesaba su hermano? ¡Había hecho una criatura maligna, llamada Alice Cullen! Sabía que Alice metería sus manitas en el asunto, a pesar de que le rogara que no lo hiciera. Demonios, odiaba mi creación; ahora sabía cómo se sentía Dios.

Edward se volteó antes de ingresar al instituto, Alice me indicó con su dedo índice, yo sólo pude quedarme quieta como una estatua. Escuché la risa de la duendecillo antes de alejarse. Bajé la mirada cuando escuché las piedras removerse, alguien caminaba hacia mí, y sabía perfectamente quién era ese alguien.

Su esencia me golpeó, tan dulce y masculina, mejor que cualquier perfume. Escuchaba su respiración, suave y tranquila, acompasada, y el olor de su aliento desordenó todos mis pensamientos.

Podía sentir el calor de mis mejillas cuando decidí levantar la vista. Los ojos de Edward Masen me observaban con curiosidad.

—¿Pasa algo, Bella? —su voz causó mariposas en mi estómago.

Abrí la boca para decir algo, nada salió. ¡Esto era tan estúpido! Inspiré un par de veces para luego exhalar. Él no tenía por qué ponerme de aquella manera. Era sólo un chico más. Sólo eso, un estudiante cualquiera.

Cuando volví a mirarlo, el calor de mis pómulos había disminuido, esperaba que el color también.

—Nada —dije, con la voz más casual que pude—, Alice sólo quiere… molestar. Vámonos ya, ¿vale?

Pasé por su lado. El reducido espacio entre el Porsche y el Nissan que estaba al lado fue lo que permitió el roce entre él y yo; nuestras manos se tocaron. Su piel estaba fría y suave, gélida a su manera especial. Pegué mi mano a mi pecho, y me di cuenta de lo rápido que parecía latir mi corazón, estaba desbocado. ¿Por aquél simple roce?

Vino a mi mente la fiesta del viernes, cuando besó mi mano y mi mejilla. ¡No podía sacarlo de mi cabeza!

—Demonios —susurré, y salí pitando de ese lugar.

Antes de entrar, podía sentir la insistente mirada de Edward en mi cuerpo, mientras me alejaba de él.


La puerta se cerró a mis espaldas, y me apoyé en ella, o si no, simplemente, me desplomaría.

Vi el montículo de ropa que debía doblar y guardar, y me alegré un poco de que fuera bastante, necesitaba que mi cabeza estuviera en otra parte. Fue en ese pequeño momento que no me molesté por la orden de Edward, de guardar su ropa y ordenar su habitación. Yo quería distraerme con algo.

El día en el instituto fue normal. Tal vez mi cuerpo estuvo en cada una de las clases, pero no mi mente. Estaba perdida en algún lugar lejano.

A la hora del almuerzo me senté en mi lugar habitual, con los chicos de siempre. La mayoría habló de la fiesta del viernes, estaban felices y dijeron que había sido divertido. Me mandaron a agradecerle a Alice por la invitación. Se la haría llegar —le dije justo a la salida del instituto. Pero cuando iba a comer, no podía evitar el sentirme observada, y siempre que buscaba, hallaba un par de ojos esmeralda que desaparecían al instante. Edward volteaba la mirada cada vez que lo encontraba mirándome, y viceversa, cuando él me pillaba mirándolo.

No lo vi en lo que quedaba del día.

Después de clases nos dirigimos al estacionamiento, y me fui con Alice y Jasper en el Porsche, no pregunté a Edward si quería que fuera a su casa, Alice me obligó a ir de todos modos. Después de que dejamos a Jasper, llegamos a la casa de los Cullen en unos segundos.

Alice había salido unos minutos después de mi llegada. Esme y Carlisle no estaban. Emmett estaba estudiando en casa de Rosalie. Así que, de nuevo, me había quedado sola con Edward, quien me mandó a asear su habitación. Asentí sin rechistar.

En fin, la tarea no me había llevado tanto, y no me distraje como había querido, sólo tenía las manos ocupadas. Fue cuando puse la última camisa, cuando escuché la melodía.

Alguien estaba tocando al piano.

Cerré la puerta del closet y bajé a ver quién sería, por más obvio que fuera para mí. Cuando llegué al primer piso, la melodía se había transformado en una melancolía que llenaba el ambiente, y, por ende, a mí también.

Y, por supuesto, era él.

Decidí quedarme ahí, mirándole embobada, apoyada el umbral del arco hacia la sala. Miraba cómo sus manos acariciaban las teclas del bello piano, creando la música. Podía ver su espalda, levemente encorvada, y su rostro estaba sereno y precioso, como siempre. Me sonrojé ante el primer adjetivo que le di al rostro de Edward, las mariposas volvieron…

…y se fueron tan pronto como llegaron, al fijarme mejor en el rostro de él. Sus ojos estaban apagados, estaba recordando algo, parecía melancólico, a pesar de que en algunas ocasiones esbozaba pequeñas sonrisas. Fue como si su mudo dolor se me traspasara.

Y, a pesar de no saber nada de él, me dieron unas repentinas ganas de llorar.

La canción se cortó de repente, y yo me quedé estática en mi lugar cuando Edward volteó a mirarme. Parecía sorprendido por algún motivo aparente. Sostuve su mirada, haciéndome valiente, ocultando las delatoras lágrimas. Mi corazón se aceleraba de a poco, mientras me sumergía en el verde, mas intenté mantenerme serena.

Pronto se sintió la incomodidad.

—Esto… —intenté decir, por más valiente que mi hiciera siempre me sentía pequeña, indefensa ante su mirada—, es… una linda canción.

Mi voz no sonó del todo quebrada, como esperaba.

—Gracias —susurró.

—T-Tú… —miré el suelo, para sentirme más cómoda—. ¿Tú la escribiste?

—S-Sí —murmuró.

Me golpeó una oleada de emociones cuando le oí tartamudear. Dios, ¡sonaba tan tierno!

—Es… fantástico. ¿Tiene n-nombre? —yo no parecía sonar nada tierna al trabarme con las palabras.

Asintió.

Time Forgets (1)—murmuró, tan bajito que no estuve segura de haberle oído bien. Se puso cabizbajo de repente.

Su rostro se contrajo en una expresión vacía, agónicamente muda. Tenía unas ganas enormes de preguntarle en qué estaba pensando. Pero me contuve, yo quería ganarme su confianza, y debía ir de a poco.

La imagen de él tocando me llenó la mente. Se veía tan… tranquilo, tan extrañamente feliz y complacido. Tan… él, porque esperaba que ese fuera el verdadero Edward, el que yo buscaba.

Sonreí sin saber el motivo.

Unos golpes en la puerta nos avisaron que alguien había llegado, pero ni él ni yo nos movimos. Edward levantó los ojos, y sostuvo mi mirada con insistencia, yo, ahora, no aparté la mía.

Y a pesar de los golpes y el sonido de los nudillos en la madera, no nos inmutamos. Él sonrió torcidamente cuando cayó en mi sonrisa, mi corazón se aceleró levemente, pero pude volver a calmarlo. Y, a pesar de todo…

…yo solo esperaba que volviera a tocar una vez más.


(1):Traducido, literalmente, como 'El tiempo olvida'.

&.

Hey! Bien, primero que nada, lamento mucho el retraso, en serio. Espero que me perdonen, subiré el proximo capitulo lo más pronto posible, lo prometo.

¡Ayer vi la película! Y ¿qué creen? No me gustó mucho. No daré spoilers ni nada, si alguien quiere comentar o algo, me puede pedir el msn para discutirlo; y, en serio, me esperaba mucho más para la peli. Supe que para New Moon cambiaron director, así que habrá que esperar a ver qué onda.

Por otro lado... Oh my f-cking God! ¡No puedo creerlo! Hasta el capitulo 5 sólo tenía 201 review, ¡ahora hay 278! En el capitulo anterior recibí 72 reviews, ¿es eso posible? ¡Ustedes, queridas lectoras, hacen maravillas! 124 favoritos, 101 dalmatas, ok, no alertas y OMG, cuesta creerlo. Muchísisisisisimas gracias a cada una de las personas que se pasa a leer este fic. Por ser tan rlz conmigo, les dejaré un regalito. ¡Besos!

+ Janelle M.


Adelanto del capitulo siete.

Me apoyé delicadamente sobre la puerta, quería tener total acceso a la conversación que se llevaba acabo.

—Estoy confundido —le dijo Edward a Jasper, con un extraño tono de pesar—, no me había pasado antes. Es... raro.

—¿Ni siquiera con Angela? —le preguntó Jazz.

Mi corazón se detuvo cuando escuché aquella pregunta. Comprendí en dos segundos los que significaba. Una parte de mí, se negaba a creerlo.

—Ni siquiera con Angela.

Edward estaba enamorado de Angela.

—Próximamente—

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