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Capítulo diecisiete.
Notas: Reclamos a “Naked” de Kohaku Elric XD Así es, he caído en las garras de Naruto.
Qué difícil es ser honesto, después de tanto tiempo en el que esa palabra era innecesaria.
Ahora, cuando este muro de dudas se levanta ante mí, comprendo que no se trata de algo banal o innecesario.
Necesito ser honesto; contigo, conmigo...
... pero...
Se me atascan las palabras detrás de eso llamado orgullo.
Siendo honesto, no lograrás que te diga la verdad si sigues inseguro.
¡Sacúdeme!
¡En realidad necesito que te decidas, de una buena vez!
¡Pronto!
Draco Malfoy detuvo sus pasos justo antes de empujar la puerta de la habitación.
Aleiya estaba riendo de esa manera tan preciosa.
Eso significaba que Potter estaba con ella.
El rubio suspiró reprochando que su hija cayera enamorada del jodido moreno, ¿es que no podía tener más control de sus actos?
Después de unos segundos, admitió que el reproche era para sí mismo. Sin embargo Draco opinaba que estaba controlándose de manera admirable. El brusco giro que la situación había dado hubiera merecido que hiciera algo más que parecer burlón ante el carente buen gusto de Potter; de hecho estuvo tentado a presentar otros buenos prospectos al moreno, pero tuvo un poco de reparo ante la idea, especialmente porque ya era suficientemente doloroso imaginar a Blaise entre esos brazos, como para soportar que otros hicieran hasta lo imposible por llamar la atención de su ex esposo.
Honestamente, la situación era risible.
Él, Draco Malfoy, heredero de una importante familia mágica, no podía estar así por el chico que ni siquiera había tenido la capacidad de vencer a Voldemort por segunda vez.
Cualquier joven estaría más que agradecido por besar los pasos por los que Draco iba, ¿entonces por qué tenía que encapricharse por Potter, precisamente?
El tipo tenía un increíble cúmulos de desperfecciones. Nada que se viera bien al lado de Draco.
Para empezar era descuidado con su apariencia. Le daba lo mismo salir con una camisa raída al elegante conjunto que Draco pudiera escoger para él, de hecho hubo muchas veces en que prefirió la camisa raída, diciendo que le apenaba mirarse tan diferente a lo que estaba acostumbrado.
Para Draco, ese era el problema, Potter estaba demasiado acostumbrado a no poseer lo mejor.
¿Cómo pretendió que Potter se acostumbrara a él? Estaba claro que no era un chico que ambicionara más a lo que ya tenía. Draco lo comprendió desde que le borró la memoria, en el instante en que sus padres les obligaron a firmar un pacto matrimonial.
Harry no quiso aceptar la situación, pero no luchó por detenerla. Al contrario.
El jodido niño que vivió se había resignado a estar atrapado en una situación de la que Draco quiso librarlo.
No era extraño que ahora se dejara envolver por los encantos de Blaise. Sencillamente no estaba acostumbrado a luchar por algo mejor.
¿Quizá Harry había decidido que él era algo a lo que no podía acceder? ¿Por ello se había rendido y conformado con algo más accesible?
¡Idiota!
Debería decidirse, para empezar. Las cosas estaban así por su culpa.
... si tan solo fuera un poco más claro con respecto a lo que esperaba de todo eso...
Draco sacudió la cabeza.
No más ideas equivocadas, demonios.
Las yemas de los dedos de Draco resbalaron por el pomo y suspiró, apoyando la frente en la pared de la puerta.
Ahí dentro estaba Harry Potter, amando a su única hija, mirándola de esa manera tan peculiar que causaría sentimientos encontrados, incluso en Draco, quien podía parecer inmune a toda clase de adversidades, si se lo proponía.
El problema es que ya no tenía energías para fingir que no le importaba.
Tenía celos.
Celos de Granger, con quien Harry parecía cómodo y a quien le confiaba sus inquietudes. Justo lo que no compartiría con el rubio, pese a que habían tenido una temporada de violentos encuentros sexuales, donde sus cuerpos parecían sustituir (con éxito) cualquier necesidad por hablar.
Celos de la jodida comadreja, quien podía acercarse a Harry y abrazarlo sin provocar que su cuerpo se tensara. Incluso lo había mirado revolver el cabello del moreno, sin que este dejara de reír, mientras caminaban juntos por cualquier lugar.
Celos de su madre. Aquella que supo ganarse a Potter, logrando que le mirara como la madre que había perdido. Viéndose con ella, antes de ir directo con Aleiya; preguntándole respecto a cuidados que Draco no había logrado dominar aún, y que parecían encantar al moreno.
Celos de su padre; el hombre reservado que escuchaba atentamente a Harry, su mentor en combate, pese a estar impedido de una pierna, luego de la batalla definitiva. A quien el moreno pedía consejos y admiraba, pese que no lo había dicho.
Celos de Aleiya, su preciosa hija, quien lograba que Harry se olvidara de todo lo que le rodeara.
Y ahora ese jodido Blaise, que parecía ganar terreno en el indeciso corazón de Harry.
A decir verdad, el único que parecía no tener un lugar en los pensamientos de Potter era él. Al menos hasta hace días, donde el moreno dejó descubrir su interés por Blaise.
Pero, ¿por qué Blaise?
Esa serpiente no era nada adecuada para Harry. ¡No era lo que Harry necesitaba!
Harry debería buscar alguien capaz de hacerle sentir pleno. Alguien que le aceptase todos los defectos, incluso esa ridícula manía de avergonzar a los elfos domésticos, al pedirles consejos sobre cualquier trivialidad. O esa tontería de caminar en calzoncillos y rascarse una nalga, para ponerse colorado, al recordar que no estaba solo. Incluso esa estupidez de salir a correr todas las mañanas, como si fuese un perro sin correa, para regresar al lado de Draco, cuando descubría que le dejó atrás.
... bueno... viéndolo con un poco más de dramatismo, era posible que Potter no volviese a su lado de nuevo.
A lo mejor, esta vez se había adelantado para no volver la mirada atrás, justo donde Draco quedaba, ahora que Blaise parecía tener perfecto control de la situación.
¿Cómo rayos lo había logrado? Blaise no era un cúmulo de virtudes precisamente. ¿Qué fue lo que atrajo a Harry? Sencillamente Draco no lo comprendía.
En cualquier caso, ¿qué fue aquello que Harry vio en Blaise y no encontró en Draco?
Draco se incorporó y decidió que podría ver a su hija más tarde. Cuando giró para irse, encontró la enigmática mirada de Blaise, quien lucía una elegante ceja enarcada, mientras mantenía guardadas ambas manos en los bolsillos de sus caros pantalones.
- Vas a estallar si no lo dices, Draco - murmuró el moreno.
- ¿De qué hablas? - Draco levantó la barbilla de forma retadora.
- Eres tan orgulloso - suspiró.
- Como sea - el rubio cruzó los brazos - ¿No puedes verte con mi ex esposo en otro lugar? Esto es una evidente provocación.
- ¿Provocación? - Blaise se pasó una mano por el cabello - . No lo sé, amigo. El antiguo Malfoy habría reaccionado de otra forma a una provocación. Sencillamente no estás en facultades.
- ¡¿Cómo te atreves?!
- ¿Me pondrás en mi lugar? - una encantadora sonrisa apareció en los labios de Blaise.
Draco parpadeó ante eso y apretó los puños.
- No es posible. No estás tomando en serio a Potter.
- ¿Debería? - el moreno suspiró con aburrimiento - . Tengo 18 años, Draco, es normal que busque divertirme con algo interesante, hasta el inevitable momento del matrimonio.
- No con Potter - masculló el rubio.
Blaise levantó la mirada hacia la puerta donde se escuchó la encantadora risa de Aleiya y sonrió.
- Evítalo - dijo con serenidad y avanzó hacia el lugar, empujando a Draco al golpearle en un hombro y penetrando a la habitación donde Aleiya gritó llena de excitación.
Vaya.
Al final Potter tendría una cucharada de su propia medicina, ¿verdad?
Draco sonrió y se acomodó el cabello, pese a que no era necesario, para avanzar al lado opuesto de la eufórica habitación.
Tal como pensó, Blaise no era el adecuado.
o.o.o
- Estamos ante un gran problema.
Blaise Zabini se había tornado irritante, a opinión de Harry, pero no lo dijo, ya que esas palabras eran ciertas.
Y es que Draco se había hecho de una virtud, dentro de tanto defecto: control.
Debería admirarle la magnífica manera en que mantenía esa serena expresión, aún cuando Harry hacía lo posible por ser encantador con Blaise.
El moreno sonrió y se puso de pie para mirar a Zabini.
- Quizá no le interese - murmuró.
- ¿Me has arrastrado a esto para rendirte? ¡No me jodas, Potter!- gruñó Blaise.
- Sólo digo que... habrá que ser un poco más drásticos - Harry se acomodó en un sofá y cruzó una pierna, antes de fruncir el ceño.
- O podrías ser directo y decirle lo que realmente piensas, Potter - opinó Blaise - .A este paso tendré que follarte para que él reaccione. - gruñó - ¡No quiero hacer eso!
- Como si fuera a permitirlo - bufó Harry.
- ¡No voy a ser follado para que Draco muestre celos! - chilló indignado -¡Demuestra esa valentía Gryffindor de la que todos presumen!
Harry sonrió. No hacía eso por falta de valentía, sencillamente quería estar seguro de lo que Draco sentía, ya que se había mostrado muy desprendido desde que bebió el antídoto a la poción de amor. Cosa que no había ocurrido con el moreno, quien sintió que su corazón hacía todo lo posible por recordarle que Draco estaba en peligro; justo a horas de haberse librado del amor que sentía por él. O al menos eso pensó.
- Me lo debes, Zabini - recordó el chico y se puso de pie -. Esto no estaría pasando si no hubieses estado tan interesado en ayudar a Lucius Malfoy para atraparle un esposo a su hijo.
- Ustedes deberían dejar de perder el tiempo en reprocharme eso y empezar a disfrutar de los beneficios que les he brindado - suspiró Zabini y se acercó a Harry, inclinándose muy cerca - ¿Cuál es el plan, héroe?
o.o.o
Draco había desarrollado la extraña preferencia de no querer estar cuando Potter visitaba a Aleiya. Especialmente porque ahora llegaba con Blaise, su antiguo mejor ex amigo.
Personalmente opinaba que Potter estaba tomando medidas ridículas, especialmente porque le invitaba a salir de casa.
El rubio se masajeó el cuello a medida que avanzaba a la habitación de su hija y empujó la puerta.
Aleiya no estaba.
Eso le hizo fruncir el ceño antes de mirar hacia la pared, donde se encontraba el elegante reloj de manecillas. Era temprano, así que la niña debería estar ahí, durmiendo su siesta.
El rubio suspiró y salió del lugar a buscar a su madre. La idea de que Aleiya estaba siendo consentida de forma desmedida le hizo menear la cabeza y tuvo el temor de perder el poco control que tenía respecto a la crianza de su hija. Bastante malo parecía a Draco contar con una estupenda madre que se encargaba de eliminarle toda responsabilidad “materna”. Si Aleiya comenzaba a reconocer a los padres equivocados, Draco se enfadaría mucho.
No porque fuera poseedor de admirables habilidades para cuidar de un bebé, sin embargo se había interesado en leer al respecto y había momentos en que le entraba mucha curiosidad.
Justo ahora le apetecía tener a su hija en brazos y experimentar algo de toda esa teoría acumulada, aunque sería difícil ponerla en práctica si no había bebé.
- ¿Dónde está Aleiya? - preguntó a su madre, quien lucía feliz de tener tiempo para estar coqueteando con su padre; cosa un tanto novedosa al rubio, ya que la había visto más absorta en la niña, desde que nació.
De todos modos no era lo importante ahora. La nena no estaba por ningún lado.
- Su padre se la ha llevado - informó Narcisa con calma.
Draco hubiera querido decir que él era el “padre”, pero apretó los labios al comprender que hablaban de Potter y bufó.
- ¿Dónde? - insistió -. No sabía que le permitirías llevarse a la niña.
- Es su hija también, después de todo - recalcó la mujer innecesariamente.
- Potter parecía especialmente interesado por cuidar de ella - intervino Lucius con calma - . Sencillamente me pareció correcto.
Todo era correcto si se contaba con un poco de calma, pensó Draco, viendo a su fatigado padre, quien parecía gozar de las atenciones de la mujer.
- Bien - murmuró el chico, imitando la calma de su padre. Evitando señalar el hecho de que sus padres se habían desecho de la nena para tener tiempo a solas. Lo que era extraño, cuando hicieron tanto por conseguirla - . Iré con ellos - informó.
- Están con Zabini - dijo Narcisa y volvió a concentrarse en su esposo.
Draco torció los labios, decidido a ahorrarse lo que opinaba respecto al sitio donde su hija había sido llevara y salió del lugar. Sin embargo presentarse en la casa de Blaise no era una opción muy cómoda, especialmente con lo tensas que habían estado las cosas, desde ese sutil encuentro en el que el chico dejó ver su poco interés por la salud emocional de Potter, una vez que le dejara descubrir que solo había sido un juego debido a que Blaise era el afortunado poseedor de 18 años.
Jodido Blaise.
Pese a ello, Draco no pensaba que fuera saludable que Aleiya estuviese compartiendo tiempo con el acosador de uno de sus padres, así que caminó hacia la chimenea, desde donde se transportó hasta el sitio indicado.
Cuando llegó a la estancia de los Zabini. Draco no pudo evitar torcer un poco los labios y se concentró en sacudir todo el hollín que estaba impregnado en su ropa al mismo tiempo que avanzaba con largos pasos hacia la habitación de su amigo.
-Sé el camino -dijo a la criatura que apareció repentinamente a recibirle y se apresuró a ignorarle, mientras pensaba en las irresponsables acciones que Potter cometía al llevar a Aleiya a la propia casa de su "novio". Y hubiera comenzado a soltar molestas exclamaciones, pero una burlona risa le detuvo justo antes de hacerse notar.
-Admítelo, Potter- ese era Blaise-, tu plan está decididamente jodido. La próxima vez que quieras poner celoso a Malfoy, debes tomar en cuenta su elevado orgullo.
¿Plan?
Draco colocó una mano sobre la pared y se acercó sigilosamente. La puerta de la habitación estaba un poco abierta; no lo suficiente para mirar pero se escuchó un claro gruñido por parte de Harry.
-Ya quisiera ver que lo hicieras mejor.
-Ya lo hice mejor, Potter - aseguró Blaise con ese burlón tono que lograba irritar con una facilidad impresionante. - ¡Y hasta tengo pruebas! ¿No te encanta tu pequeña Aleiya?
-A este paso comienzo a pensar que deberé intoxicarlo con un filtro de amor...
-¿Hablas en serio?
-¡Claro que no, maldita sea!
Draco lo comprendía. Lo hizo desde la noche de navidad, cuando se descubrió seriamente cautivado por los efectos que el tóxico provocaba en Potter.
En ese momento tuvo el inocente deseo de que todo fuese verdad y ese moreno le amase realmente.
Incluso hace un año, cuando despertó en el hospital, su corazón pareció suplicarle para que no arrojara ese amor, haciéndole creer que la preocupación que guió a Harry a rescatarlo, no era otra cosa que correspondencia a sus sentimientos.
-Quiero que Malfoy me ame - completó Harry y el rubio recargó la cabeza en la pared, escuchando la risita que Blaise dejaba escapar a esas palabras. El propio rubio hubiera querido reírse.
-En vez de utilizarme en planes infantiles, deberías pedirme consejos, Potter.
-¿Qué tiene de malo mi plan?
-¡Que tarda mucho! -se quejó Blaise-. Además demuestra que no confías en Draco.
El rubio no hubiera podido resumirlo mejor. Ya sabía que Potter no era el más brillante de los estratagemas; lo demostró casi en todos los años que estuvo en Hogwarts, lanzándose imprudentemente a cuanto peligro apareciera. Incluso ocurrió lo mismo cuando fue atado a la oficina del viejo Dumbledore, donde Draco esperaba verlo indignarse, luchando hasta la última consecuencia para librarse de la situación, pero no fue así.
El niño dorado se lanzó de cabeza (otra vez) justificando su estupidez con esa emoción paternal que le brotó de repente.
Sencillamente ocultaba su desconfianza; actuando para que las circunstancias se colocaran a su favor... Entonces volvería a lanzarse de cabeza el muy imbécil.
- Tu maravilloso plan me dejó expuesto - acusó Harry- ¿Qué quieres demostrar al sugerirme que sea el primero que se declare?
-Demuestra que me conoce. - Interrumpió Draco, penetrando en la habitación. Ambas miradas se colocaron en su persona de inmediato, aunque sólo la de Harry se mostraba sorprendida -Padre se sentirá profundamente decepcionado cuando le hable de tu ridículo plan, Potter- suspiró-. Tu buena suerte acaba aquí, porque esto no funcionará como esperas.
o.o.o
La verdad es que Draco Malfoy tenía razón: su plan estaba jodido. Lo curioso es que Harry no estaba molesto por haber sido sorprendido. Todo lo contrario. Las palabras del rubio evidenciaban el interés del que Harry quería estar seguro.
Claro que las cosas no estaban por ponerse eufórico, desde lo ocurrido, el rubio y él no tuvieron comunicación. Estaba claro que Draco estaba molesto, pero incluso esa reacción demostraba ese interés que confortaba a Harry.
Los días en que el silencio se extendió entre ambos, Harry pudo reflexionar al respecto. Por principio de cuentas se percató de que no bastaba que ambos tuvieran a la pequeña Aleiya; lo cierto es que aún eran un par de niños que tuvieron la oportunidad de jugar a ser adultos. Lamentablemente se vieron obligados a continuar comportándose como adultos, acumulando estrés.
Luego del extraño caso que permitió la caída del Dark Lord, Harry y Draco vieron la oportunidad de volver a comportarse como niños. Al menos Harry la aprovechó, pese a que no lo hizo conscientemente.
Ese niño que se estaba enfrentando al hecho de que le gustaba alguien; para colmo se trataba de una persona que rallaba la perfección, al menos a los ojos de Harry quien, repentinamente recordó que tras el Niño dorado se encontraba un muchacho abusado, poco amado y flaco. Nada atractivo a los ojos de un Malfoy: un chico criado bajo características opuestas, dando como resultado alguien que lucía absolutamente inalcanzable.
Para Harry no era extraño haber querido asegurarse de las posibilidades que tenía con el rubio, de alguna manera hizo lo necesario para arrancar una reacción honesta por parte del chico; ahora que la había obtenido; comprendió que era tiempo de actuar.
Claro que comprendía que el rubio estuviera molesto, de hecho confirmaba una actitud infantil que parecía adorable al Gryffindor. Lo cierto es que perdería la encantadora visión si arruinaba los resultados a los que quería llegar; por ello aprovechó el tiempo para pensarlo. Y la conclusión a la que llegó es que debía actuar como adulto.
Por eso estaba ahí. Acudió al estadio y caminó perezosamente por entre las gradas, empapándose del clima fresco que predominaba durante esa mañana, disfrutando de la soledad con la que había contado desde que propuso ese encuentro.
¿Estaba actuando como adulto?
Harry sólo tuvo un modelo adulto para imitar, pero dudaba que Lucius Malfoy considerara tener una cita en un campo solitario de quidditch. De hecho no podía imaginar que Draco Malfoy lo hiciera.
El muchacho suspiró y levantó los pies sobre la silla que estaba al frente. Con un suave movimiento levantó la muñeca en donde alcanzó a mirar su reloj y sonrió. Ya habían pasado más de 20 minutos; ¿sería posible que el rubio no asistiera?
La sola posibilidad causó un gruñido en el moreno y levantó la mirada hacia el cielo, antes de torcer los labios, ¿Qué otra cosa podría hacer para llamar la atención de ese orgulloso rubio?
¿Sería muy extremista presentarse en su mansión y secuestrarlo?
Cielos. Esa idea estaba por volverse algo posible.
Justo cuando el chico comenzaba a plantearse el regreso a casa alcanzó a escuchar unos suaves pasos que se acercaban.
Harry volteó un poco, y alcanzó a distinguir al rubio, que avanzaba con los brazos cruzados, hasta colocarse a su alcance.
-No es el lugar más elegante en el que me hayan citado- murmuró Draco con un claro tono de reproche.
-Pero es lo más parecido a lo que esperabas, ¿cierto? -Harry se puso de pie y estiró su cuerpo.
-Lo es- confirmó el rubio.
Un prolongado silencio se extendió entre ambos. Harry hubiera pensado que sería sencillo que las palabras fluyeran, una vez que se reunieran, ahora notaba que no era así de simple.
Draco se movió para sentarse y se acomodó el cabello. Lucía tranquilo y paciente, nada a lo que Harry se acostumbró todo ese año, especialmente durante las semanas anteriores, en que se propuso alterarlo.
-¿Hoy es el día? -preguntó el rubio y encorvó un poco su espalda al momento de recargar los codos sobre sus muslos- ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que esta ridiculez inició?
-Cerca de 2 años -respondió Harry, pese a que sabía que no era necesario-. Fueron necesarios dos años.
Dos años para darse cuenta que sus reacciones infantiles no eran tan descabelladas como pudieron pensar, sin embargo la situación comenzaba a ameritar otro comportamiento.
-Ahora nos conocemos más fielmente -Draco sonrió-. Tus admiradores se decepcionarían mucho, si supieran un poco más respecto al héroe de la Comunidad Mágica.
-¿No te refieres a ti mismo? -bromeó el moreno-. Fuiste quien determinó la batalla.
-¿Importa?
-No afecta, si es lo que te preocupa, Malfoy.
Era el momento. Harry se incorporó y se colocó frente al chico. Lo vio levantar la cara y ambas miradas se conectaron.
-No tendrás una nueva oportunidad para escapar, Potter, así que piensa muy bien lo que quieres.
Harry sonrió.
-Tuve todo un año para hacerlo.
-Perdiste un año -corrigió el rubio y desvió la cara, intentando ocultar su burlona sonrisa-. Dada tu impulsividad me parece extraño que te tomaras tanto tiempo.
-No irás a decir que perdimos los mejores años de nuestra juventud, ¿cierto? -Harry se arrodilló y estiró un brazo. Con la mano tomó la barbilla del rubio para que le mirara- Ya no somos niños.
-Seguimos sin ser adultos -el rubio frunció el ceño-. Queda mucho tiempo para darme cuenta que no eres perfecto. No sé si quiera eso.
-Bueno -Harry meneó la cabeza- yo también tendré tiempo para aumentar tu lista de defectos, pero creo que lograré adaptarme. Las cosas positivas servirán para que quiera quedarme a tu lado.
-¡Qué descaro! -Draco le atrapó la nariz entre los dedos- ¡No lo digas como si fueras el único que tenga que adaptarse!
Harry se liberó y pasó los brazos por los hombros del rubio; pasó los labios en los de él y, con satisfacción, lo vio ruborizarse.
-Es curioso que terminemos juntos debido a una poción de amor que ha perdido su efecto.
-Créeme que no era la intención -suspiró el rubio-. Sólo era una broma.
-¿Sí?
-Falló, pero no me quejo de los resultados. Aunque no esperaba estar junto a alguien tan cursi y problemático.
- No finjas. Adoras eso de mí.
Draco suspiró. No tuvo que replicar a esas palabras ya que el moreno eligió ese momento para profundizar el beso.
FIN
19 de junio de 2009
Casi dos meses sin actualizar xD
Cuando tomé esta idea de Lady Galatea (de cómo 4 ideas más) tenía bastante claro el final que quería darle. Una de esas cosas donde los protagonistas se reenamoraban lenta y tediosamente xD
Llegados al capitulo14, mi final se arruinó. No tenía excusa para eso, pero tampoco tenía un final bien establecido.
Pese a ello jamás había tardado tanto en actualizar... hum... bueno, sí, pero no actualmente xD
Ahora que tengo el final, quedo un tanto extrañada. Es la primera vez que eso me ocurre y espero que sea la última.
Ahora ando trabajando por terminar el otro proyecto que he empezado, esperando tener resultados mejores.
En fin, nos veremos en el extra.
Akiko Koori