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1 “UN” AMOR PARA…“DOS” 2
Primer capítulo: Toma mi mano…
Un orfanato muy grande, aunque bastante antiguo, daba la sensación de que era una cárcel por el aspecto lúgubre y aun mas, viendo a la directora, era mayor, canosa y tenia una cara que daba miedo, su nombre Ayanokoji Benio.
Una camioneta paro su recorrer, posteriormente descendieron de la movilidad dos gemelos hermosos rubios, tenían los ojos grandes y lindos, iris de hermoso color azul zafiro, la tez blanca como la perla, encantadores y tiernos.
- Estos son los niños – decía un hombre transportando a dos lindos niños de aproximadamente 5 años.
- Si, ya veo – les miraba con arrogancia aquella, bien sabia que ellos se quedarían aproximadamente hasta sus 16 años, ya que este orfanato a diferencia de otros, no daba en adopción a los niños.
- Buenas noches – contestaron al unísono, tomados de la mano ambos, eran del mismo tamaño, aspecto, completamente idénticos en el físico, hasta su voz era igual.
- ¿Cuáles son sus nombres?
- Mi nombre es Fay y el es mi hermano Yuui – dijo el mas valiente de los dos.
- De acuerdo, supongo que no debo decirles que aquí se mantiene el orden, a cualquiera que desobedece se le castiga; llévalos a su habitación – ordeno la señora a una joven que trabaja ahí.
Una vez en la habitación designada…
- Esta será su habitación, espero que estén cómodos – decía la trabajadora.
El lugar tenía tres camas, una estaba pegada a la ventana, la otra era de dos pisos, uno arriba y otra abajo, cada uno era de media plaza.
- Pueden dormir donde ustedes quieran – alego esta, dejando la pequeña maleta que traían los pequeños.
- Gracias – dijeron, aun tomados de la mano.
Cuando aquella se marcho completamente…
- ¿Donde quieres dormir Yuui? – pregunto el gemelo de nombre Fay.
- Donde este contigo – decía el otro pequeñito.
- Entonces será…en aquella cama que esta junto a la ventana – objeto Fay.
- Si… – respondió Yuui, ambos se dirigieron a aquel catre, durmiendo juntos como lo habían hecho desde que nacieron.
Los días transcurrieron rápidamente, ya había pasado unos meses desde que los gemelos llegaron al orfanato.
Una mañana, en otro orfanato…
- ¡Buenos días! – saludaba saltando un pequeño pelinegro, moreno, de ojos vivases y de iris color rojo rubí, era muy lindo al igual que enérgico, de 6 añitos.
- Niño…¿Qué hora es hoy? Además… ¿no te he dicho muchas veces, que dejes de saltar en mi cama de esa manera? – informaba un hombre ya viejo, era quien se hacia cargo de ese orfanato.
- Lo siento, además no soy niño, ya soy grande – decía con igual de energía, mientras se bajaba de la cama – ya es muy tarde.
- Oh…siempre tan activo – alegaba el hombre con una sonrisa – ya preparaste tus maletas, hoy después del medio día vendrán a recogerte – dijo este tristemente, el orfanato que el dirigía, ya no tenia fondos, así que esta era la mejor alternativa, por el bien de los niños.
- Si, no se preocupe – contesto el travieso sin ninguna preocupación, estaba acostumbrado a cambiar de orfanatos, por eso no se le hacia tan raro, para el era frecuente desde que tenia memoria, algunas familias deseaban adoptarlo por lo lindo que era, pero este sinvergüenza siempre se escapaba y eso que tenia 6 años.
Ya en la tarde, era llevado a lo que seria su nuevo hogar, el pequeño pelinegro…
- ¿Ah? ¿es este? Parece un castillo de terror – miraba el pelinegro por la ventana de la camioneta.
Descendió del mismo, encontrándose con la directora del lugar Ayanokoji Benio.
- “Un castillo embrujado, con todo y su bruja” – pensaba el ojirojo, mirando a la vieja bruja.
- Que le pasa jovencito, ¡¿acaso no sabe saludar?! – reñía esta.
- Si, se saludar, buenas tardes – expresaba el chiquillo sin miedo y seguro.
- Se ve que usted será muy problemático, desde ahora le advierto que no le toleraremos ni una insolencia ¡Ni una sola! Llévenlo a su habitación – reñía la anciana, dando por hecho, que este también se quedaría hasta mas o menos sus 17 años.
- “Me pregunto si ¿tendrá escoba para volar?” – pensaba el travieso Kurogane-chan, mientras era llevado de la mano, por una señora no tan anciana como la directora.
Guiado a su habitación…
- Ohh o.o hay tres camas – decía el pequeño moreno.
- Si, tienes dos compañeros – indicaba una de las trabajadoras del lugar.
- Ya veo, acomodare mis cosas – alegaba el de gemas rojas.
Por tal, la trabajadora se retiro.
- Haber…esa cama que esta junto a la ventana esta ocupada, por que lleva cosas encima, así que mmm me quedan esas dos… prefiero la de arriba – dijo subiéndose por la escalerita, una vez arriba vio un bulto entre las sabanas – ¿será un monstruo? – decía sin miedo, el valiente destapo poco a poco, encontrándose a una pequeña “niña rubia” muy hermosa… durmiendo, al parecer era bastante delicada y muy frágil por su aspecto – ¡¿me toco compartir la habitación con una niña?!
- Etto… - comenzó a despertar la personita que dormía, por el grito del pelinegro, sintió a alguien muy cerca suyo y por tal… - AHHHH – grito, este ocultándose mas, sin siquiera mirar a su compañero.
- ¡¿Por qué gritas?! – pregunto el infante ojirojo, mas alerta destapándole.
- ¿Q…quien eres? – alego ahora, abriendo sus grandes ojitos, mostrándose el zafiro de ellos, mirándolo… entreteniéndose con esos ojos de su acompañante tan lindos de iris rojas, tenia ojitos tan lindos como los conejitos que le gustaban tanto.
- Soy nuevo, acabo de llegar y me dieron esta habitación.
- Ah… - decía el rubio.
- ¿Qué estabas haciendo ahí niña?
- No soy una niña, soy un niño.
- ¿En serio? – hablo Kurogane mirándole de mas cerca.
- S…si, lo que pasa es que…mi hermano se fue a ayudar y como me da miedo este lugar, me subí arriba – respondió el ojiazul.
- ¿Por que te da miedo, por la bruja? - pregunto.
- ¿B...bruja? – decía el pequeño de tez pálida con miedo.
- Si, la directora.
- Ah, ella, si me da miedo, pero mas una que siempre camina con su palo de madera.
- Ah, ¿qué estas haciendo? – pregunto mirando el dibujo del rubio.
- Estaba dibujando y pintando, pero me dormí, ahora continuare – explicaba el de ojos azula zafiro - mientras agarraba un lapicero rojo, queriendo pintarle los ojos a su orejudo dibujo, agarrando tres tonos rojos de lapiceros, viendo a Kurogane.
- ¿Qué pasa? – cuestiono extrañado el pelinegro.
- Conejo… - expresó el de iris zafiro al morenito.
- Si, es un conejo lo que estas dibujando – dio la razón.
- Tú eres Conejo.
- No, mi nombre es Kurogane.
- Conejo, eres conejo por que tienes ojos rojos de conejo.
- ¡No! y tu…tienes ojos de…de… - debía decirle algo feo, pero no hallaba – de rana – insulto con lo primero que se le vino a la mente ().
- No, las ranas no tiene ojos azules – indicaba, mientras se acercaba mas al morenito, para ver aquellos rubís rojos tan hermosos, cautivándolo mas – Conejito.
- ¡Que no! ¡yo no soy Conejo! – grito Kurogane-chan.
- ¡¡¡BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!! – estallo en llanto, el chiquillo.
- ¡No llores! – alego el pelinegro, se tapo los oídos, ya que ese chillido era peor que sirena de ambulancia – si sigues llorando puede venir la bruja esa.
- Demo…-(pero) aun lloraba.
- No tienes que llorar por esas cosas – alego moreno.
- Demo Conejo se enfado conmigo… – susurraba.
- ¡Que no soy Conejo!
- ¡Buaaaaaaa!
- Ya, esta bien, pero deja de llorar.
- Snif… de acuerdo… - se limpiaba las lágrimas – y…mi nombre es Yuui.
Paso aproximadamente un hora, Yuui aun estaba ahí arriba, para el morenito, Yuui era como un animalito asustadizo.
- ¿Hay algún lugar donde podamos jugar? – pregunto Kurogane-tan.
- Etto…demo ¿no te da miedo?
- ¿Por qué?, vamos a explorar – insistía el ojirojo.
Y de esta manera tan particular entablaron una relación, Yuui llevo a Kurogane a dar una vuelta por todo el establecimiento, mostrándole todo lo que conocía.
Mas tarde…
- Y después le mostré el lado mas escalofriante del orfanato, el bosque tenebroso, pero a Conejo no le dio miedo – contaba Yuui a su hermano gemelo, estaban en su habitación.
- Así… – alegaba Fay con una sonrisa, hace más de una hora que Yuui no había parado de hablar del famoso “Conejo”.
- Tuvo que ir a la dirección, le llamaron, pero lo conocerás cuando vuelva, ya que compartiremos habitación – decía muy animado Yuui.
Una hora después…
- En…tonces conocier…ron a …su…perso…na espe...cial… - Fay leía un cuento con dificultad, ya que estaba aprendiendo a leer recién, sentado en la cama que estaba muy cerca de la ventana – “Yuui…” - pensó y se dispuso en ir a buscarlo, pero…
- ¡Mira!– ingresaba Kurogane corriendo, de un brinco salto hasta la cama de Fay (la que esta pegada a la ventana), posteriormente abrió la ventana, un suave viento hacia que algunos pétalos del cerezo se infiltraran en el cuarto, ya que un duraznero estaba algo cerca, en si, al lado izquierdo de la ventana, aun así, se divisaba solo parte del gran cerezo por la ventana, el viento ayudaba a traer los pétalos de flor hasta ellos.
- … – para Fay era un desconocido, le miraba con sus hermosas gemas azul zafiro.
- ¿Verdad que es muy interesante? – alegaba el trigueño, mientras se arrodillaba en la cama, mirando ahora al rubio ojiazul - ¿Qué te pasa? – pregunto extrañado, observándolo bien… este tenia algo diferente.
- Tú debes ser, el nuevo… - dijo Fay con una sonrisa.
- Si ¿Quién eres tú? – hablo el moreno, interesado, este parecía mas seguro.
- Al que conociste antes fue a Yuui, yo soy Fay su hermano gemelo – se presentaba el rubiecito, viéndolo, su acompañante tenia ojitos rojos muy bonitos, y tenia un rostro muy lindo también, así que le regalo una sonrisa mas hermosa todavía.
- Ya veo… – Kurogane-chan se acerco mas a el, las dos miradas inocentes, azul zafiro con rojo rubí – son idénticos, pero…hay algo diferente…
- ¿Tu eres…? – pregunto Fay, algo curioso, al parecer el de rubís rojos les diferenciaba algo, aunque, aun no podía confirmar si era cierto, o no.
- Soy Kurogane.
- Etto… - no sabia si debía decírselo, seria la primera vez que le diría algo así a alguien, nunca antes el… - Kuro-chan… - había llamado de esta manera a alguien.
- ¡Nooo! Mi nombre es ¡KUROGANE! – señalaba algo enfadado, primero Yuui con Conejo, y ahora Fay con otros tontos apodos.
- Kuro-tan es Kuro-tan – jugaba el niñito Fay, con una de sus bellas sonrisas, al parecer se divertía haciendo enfadar a su acompañante, era muy gracioso cuando se enojaba (“tan” es un sufijo al igual que “chan” que en Japón, sirve para tratar a los pequeños con amor y cariño)
- Es Kurogane – dijo aburrido y molesto, aunque…
El morenito no dejaba de mirarle, tal vez el hecho de ver a un niño que se parecía tanto al otro, pero de que había algo diferente entre los dos lo había, sus personalidades; los cerezos se asemejaron como a una nevada, cayendo lentamente alrededor de ambos.
Fay no abandono su sonrisa, la imagen se le hacia de lo mas linda, Kuro-chan cubierto de pétalos… era muy bonito.
Ambos niños se acercaron mas a la ventana, apoyando sus brazos al pequeño respaldar del marco de la misma, se observaban, cubiertos de una bella lluvia de pétalos de cerezo…
- Conejito – ingreso Yuui, ajeno a lo que acontecía, mientras gateaba como podía en la cama, como los otros, una vez de rodillas, cerca de ellos.
- ¿Ah? – Kurogane-chan miro al otro ojiazul - mi nombre es Kurogane – se defendía.
- ¿Hermanito que haces? – Fay se extraño de ver a su gemelo con tanta zanahoria en los brazos.
Yuui traía en sus brazos estas verduras naranjas, así que, empezó a colocar con su manito uno a uno, muy cerca de Kurogane, una vez que dejo todas las zanahorias, empujando con su mano todos ellos un poco mas, para luego mirar al pelinegro, esperando que los comiera.
- ¡No soy un animal, ya te dije que no soy conejo! – se quejo el de gemas rojas haciendo berrinche, estaba en medio de los dos.
- Kuro-tan… - Fay había dibujado una sonrisa en su rostro, confirmando una vez más, que su nuevo compañero cuando se enojaba se veía muy lindo y gracioso.
- Conejito.
- ¡ES KUROGANEEEEEEE! – protesto el pelinegro con berrinche, por aquellos dos, que no hacían otra cosa que colocarle apodos ridículos.
- n.n – Fay-chan se divertía, pero había otro que…
- ¡BUAAAAAA! – Yuui-chan nuevamente empezó a llorar a todo pulmón.
- Yuui… - Fay trataba de calmarlo.
- ¡Ya, ya! – decía el ojirojo, mientras se tapaba con las manos sus oídos.
- … - Yuui dejaba el llanto de apoco.
- No tienes que pasártela llorando por todo – aconsejo el niño Kurogane.
Pronto los tres, se centraron en ver la caída de cerezos a su alrededor.
- Kawai.. -(que bonito) susurro Yuui, al igual que su gemelo cautivado por aquella imagen con Conejo, tan linda…
Varios días, después…
Fay y Yuui a veces se ponían tristes y depresivos, Kurogane-tan tenia un carácter mas de travieso que calmado, así que de cierta forma les animaba a los gemelos en gran manera.
Los tres compañeros de habitación, ayudaban en la limpieza de uno de los tantos salones de clase que había, las clases no comenzaron aun, pero ya se estaban preparando…
- Que aburrido – se quejaba el pelinegro, mientras trapeaba.
- Si no lo hacemos nos regañaran – sonreía Fay, también trapeando.
Yuui limpiaba una mesa, era tan alta que apenas alcanzaba con sus piecitos en punta, sin querer hizo caer un florero de porcelana, este que se hizo pedazos.
- ¡Uaaaah! – gritaron ambos gemelos.
- Se rompió – Kurogane miraba, no le preocupaba mucho que digamos.
- Debemos hacer algo – expresaba Yuui muy asustado.
- Si, sino nos golpeara… - alegaba Fay igual de inquieto y temeroso que su gemelo, mirando al morenito.
- ¿Golpearnos? – preguntaba Kurogane, a el jamás le habían pegado.
- ¡Quien rayos hizo esto! – ingreso una mujer casi de 32 años, era la que ponía orden al lugar, de nombre Amakuso Eclair.
- Y…yo – alegaba el pequeño Yuui.
- Pero claro, quien mas – se acerco a ellos - las palmas de sus manos, de los tres ¡ya! – aunque uno lo había hecho, los tres eran responsables según ella y lo pagarían.
Tanto Fay y Yuui levantaron sus manos y colocaron sus palmas, la mujer con un palo de madera golpeo primero la palma de Fay, le había dolido, pero solo se agacho, por tal sus cabellos de adelante le cubrían sus ojitos. Yuui era el segundo, lo golpeo, pero este no contuvo su reacción como el otro, estallando en llanto.
- ¡Cállate! – le riño dándole una bofetada, por lo que eso causo mayor efusión en el llanto de Yuui.
Fay se interpuso, abrazando a su hermano.
- ¡Quítate! – ordeno la señorona, jalándole de la ropa de mala gana.
- Nooo… - decía Fay, casi al borde del llanto, interponiéndose entre aquella y su hermano, protegiéndolo.
- ¡Mocoso! – dijo esta, tirándole mas de la ropa.
- ¡Déjalos, bruja! – Kurogane empujando con su diminuta fuerza a aquella.
- ¡Como me has llamado!
- ¡BRUJAAAA! – grito mas fuerte el pelinegro estaba enojado, eso se podía ver en su muy tierno rostro. Ambos gemelos miraban todo asustados.
- “Kuro-chan…” – pensaba Fay, no sabia que hacer en ese momento, el miedo no le dejaba reaccionar, su gemelo Yuui no dejaba de llorar, por lo que ocurría.
- ¡A la buena o a la mala, aprenderás a respetar a tus mayores mocoso! – riño esta, tomando la mano de Kurogane a la fuerza mientras dejaba al descubierto su palma, golpeándole dos veces - ¡y bien, ¿acaso no piensas pedir disculpas?!.
- … - Kurogane-tan solo la miraba enojado.
- ¡Insolente, ahora veras! – le empezó a llenar de bofetadas el rostro con la palma y el reverso de su mano, en ambas mejillas del niño.
- … - Aunque las mejillas le ardían por los golpes, no pensaba en derramar ni una sola lagrima, ni siquiera una expresión, ¡no!, para no darle gusto a aquella, por que ese era su objetivo.
- ¡Mocoso…! – expresó esta cansada, por tanta bofetada que dio – pretendes hacerte el valiente, no quiero que salgas de tu habitación, ¡ahora fuera de mi vista! – mando, retirándose ella también, en otra dirección.
El pequeño Kurogane se marcho, sin decir ni una sola palabra.
Una vez llegando a su habitación, sus puños los apretó muy fuerte, era la primera vez que le tocaba semejante orfanato, y claro que sus mejillas le dolían.
- … - colocándose una de sus manos en su mejilla, le ardía, definitivamente este nuevo lugar era espantoso, jamás en su vida nadie le había colocado la mano encima - … - en las esquinas de sus lindos ojos se vieron pequeñas gotitas de agua.
- ¿Conejo…estas bien…? – Yuui se acerco a el poco a poco, apoyando su bracito en el de Kurogane y a la vez descansando su cabecita en el hombro de su acompañante ojirojo.
- Si – dijo el valiente trigueño, limpiándose con el reverso de su mano las diminutas lágrimas.
- Gome ne… -(lo siento) susurro Yuui mientras lagrimas calidas se deslizaban por sus mejillas – todo fue por mi culpa…
- ¿Ah? No fue tu culpa – alego Kurogane-chan, pero Yuui aun lloraba - ¡En serio, No fue tu culpa, fue un accidente! No rompiste el florero a propósito ¡La responsable es esa, que nos golpeo! ¡Pero, no dejaremos que nos gane! – sentencio muy vivaz y decidido - ¡estas conmigo ¿verdad?! – observándole.
- ¡Hai! –(si) respondió Yuui, contagiado de la energía del pelinegro, al mismo tiempo sus mejillas se ruborizaron…
- ¿Tienes fiebre? – interrogo el de gemas rojas.
- No, estoy muy bien.
- Que raro… ¿seguro?
- Si – afirmo una vez mas, ruborizándose mas.
- ¡Ah! ¿y donde esta tu hermano? – pregunto el trigueñito, asustado.
- Se quedo hablando con una de las de la limpieza.
- Ya debería estar aquí, que tal si esa bruja le hizo algo.
- ¡Nooo! – Yuui por el susto ya no poseía rubor, así que por ende no tenía fiebre, por tal…
- Tú espérame y cúbreme, yo iré a ver – salio corriendo el morenito.
- ¡Matte! –(espera)- no puedes salir, te lo dijo la… - el ojirojo ya estaba muy lejos.
Por los pasillos, Fay caminaba rumbo a su habitación, así que no tardo en encontrarse con el morenito…
- ¡Aaaah! ¡¿Por qué tardabas tanto?! – reclamo el de rubís rojos.
- Fui a buscar algo para que no te duela…
- ¿Ah?
- Gome ne… -(perdóname) hablo Fay – si hubiera echo algo… - susurro cabizbajo – a lo mejor…no te hubiesen lastimado tanto…por defendernos tu…
- Estoy bien.
- Demo… –(pero) mientras apoyaba la frente suavemente en el pecho del morenito, su vista era cubierta por sus rubios y sedosos cabellos, sus manitos las coloco a la altura de su propio corazón – cuando te golpeaba, sentí un dolor muy fuerte en mi corazón…tanto, tanto, que aun ahora, no me ha dejado de doler…
- … - el trigueñito se conmovió por las palabras del niño, cerro los ojos, no lo aparto, mas bien permanecieron de esta manera por un tiempo…
Luego, ya en la habitación de los tres…
- ¿Para que trajiste eso? – preguntaba Kurogane-chan.
- Para ti – Fay después le puso un cubo de hielo en el rostro al ojirojo.
- ¡Esta frió! – se quejo el moreno.
- Pero, de esa manera no te arderán las mejillas – comento Yuui, tomando otro cubo de hielo colocándoselo en la otra mejilla.
- Es cierto – reconoció el ojirojo después de unos segundos - ¿de cómo lo saben?
- Es que cuando nuestra tía nos golpeaba nos colocaba hielo, y así nos dolía menos – contaba sinceramente Yuui.
- ¿Les goleaba? – pregunto el chiquillo alto.
- Si… decía que éramos niños malos, que nadie nos quería – contaba Fay.
- Ah… ¿y donde esta tu tía, ahora? – pregunto el ojirojo triste.
- Ella murió en un accidente, como no teníamos mas familia nos trajeron aquí – explico Fay.
- ¿Conejo…tu conociste a tus padres? – cuestiono Yuui.
- No, pero en el orfanato donde fui a parar la primera vez, algunas personas conocieron a mis padres, me decían que cuando yo había nacido, ellos eran muy felices y que me amaban mucho – explicaba Kurogane-chan.
- ¡Que bien! – se alegraba Yuui, pero después con tristeza – a nosotros… nuestros papás no nos amaban, mi tía decía que… mi papá nunca quiso saber de nosotros, y que mi mamá se quito la vida por que nos odiaba.
- No, debe ser una mentirá.
- Cuando yo y mi hermanito teníamos 3 años, y aun vivíamos con mamá, ella nos golpeaba, aun más que mi tía, y siempre nos decía que no nos quería y que solo éramos una carga y un estorbo – explicaba Fay.
- Ya veo… - el morenito bajo la mirada, no sabia como reaccionar.
- Pero… siempre he tenido a mi hermanito para cuidarme… – decía Yuui – además…ahora, nosotros tenemos a Conejo junto a nosotros.
- Es verdad – sonrió Fay-chan, animado.
- ¡Si! ¡Seremos invencibles! Y no soy Conejo…¬ .¬ – alegaba Kurogane-tan.
- … - Yuui y Fay sonreían bellamente, mientras se lanzaron a abrazar a…Kuro-chan o Conejo como le llamaban.
Ya en la noche…
Los gemelos con mejor animo, corrieron donde estaba el ojirojo, ya con sus pijamas, que esta vez, se las ingeniaron para que fueran completamente iguales, como ellos. (La ropa del orfanato que les brindaban a los huérfanos, era de segunda mano, ósea usadas y en muy escasas ocasiones nuevas).
- ¿Ah? – Kurogane aun no entendía.
- Mitte –(mira) por ambos – ¿nos puedes diferenciar? – sonreían y hablaban parejos, y seguros que no podría.
- Si que puedo, el de la derecha es el que me dice Conejo, y el de la izquierda es el otro que me pone varios apodos - (Era cierto).
- Te equivocaste – decían ambos.
- No, estoy en lo correcto – defendió bastante seguro el de gemas rojas.
- Otra vez – alego Fay-chan con un bonito puchero en su rostro.
- Esta bien – Yuui-chan apoyo con otro lindo puchero.
Volvieron a salir de la habitación, y cuando regresaron fue el mismo resultado, pero le siguieron otras pruebas mas difíciles, no importaba que hicieran, Kurogane sabia quien era quien, en tampoco tiempo, no cabía duda, el trigueñito era un gran observador.
- Me aburro… - se quejaba Kurogane-tan, para el no era un gran reto diferenciarlos, era la cosa mas fácil del mundo.
- o.o/ o.o
- No me miren así, ustedes aunque sean completamente iguales… física… físicamente si, pero son diferentes…como se diría…en su forma de ser…
- ¿No nos estas mintiendo? – por los gemelos.
- No, a mi me dijeron muchas veces que mentir es malo – mientras se recostaba en su respectiva cama – mejor me voy a dormir, ya me aburrí.
- Conejo eres increíble… – decía muy emocionado Yuui mientras sus iris le brillaban de emoción.
- … - Fay-chan por su lado, le miro por un buen tiempo.
Unos minutos después…
- Yo dormiré aquí, en la cama de arriba de dos pisos – dijo Yuui.
- ¿Aree? ¿no te daba miedo dormir solo? – no entendía Fay, en la cama que estaba casi junto a la ventana.
- Demo, debajo mió esta Conejo, si viene algún monstruo nos protegerá – alegaba Yuui.
- Buenas noches Kuro-tan – hablaba Fay.
- Que… no soy Conejo…ni Kuro-tan… - protestaba Kurogane soñoliento, recostando ya en su cama y arropado.
Un tarde…
- Etto… - Fay llevaba grandes cajones, se lo habían ordenado, bajaba las gradas de aquel parque del orfanato.
- … - Kurogane le miro – “se puede caer” – pensó, tratando de ayudarlo, pero…
PLASH – Fay fue a caer con todo y los cajones al piso, cayo boca abajo, lastimándose su estomaguito y golpeándose fuerte las rodillas, ya que usaba pantalones unos centímetros arriba de las rodillas.
Kurogane corrió a socorrerlo.
- ¿Estas bien? – pregunto el moreno, muy cerca de el hincándose.
- ...Aaaaaahhh - lloraba sin poder evitarlo mas, el pequeño Fay, por el tremendo porrazo que se había dado, sus ojitos estaba cubiertos por lagrimas, mientras se sujetaba una rodilla con sus manitos, era lo que mas se había lastimado, se había golpeado muy fuerte, mas bien no le sangraba.
- … - Kurogane-chan se quedo estático, era la primera vez que veía a Fay llorar, de Yuui no era raro, chillaba a cada rato y la mayoría de las veces por cualquier cosa insignificante, pero de Fay si era extraño, eso quería decir que se había lastimado mucho, tanto que no pudo restringir su llanto.
- … - Fay aun seguía con su lamento, levanto su mirar divisando al moreno con sus ojitos cubiertos de lágrimas, aquel llanto le lastimo el corazón a Kurogane-tan.
- “Ya se…” – pensó el pequeño pelinegro, acordándose de un remedio que vio una vez en la TV; se acerco mas al ojiazul, coloco sus manitos en la rodillita lastimada del de zafiros.
Fay lo miraba aun sollozando.
- El dolor se ira… - aviso el morenito mientras quitaba ambas manos – ahora… – alego finalmente, mientras dio un beso delicado en la rodillita lastimada del rubiecito.
- … - por su lado Fay dejo de llorar, por lo sucedido, mirándole algo sorprendido, sus ojitos aun conservaban pequeñas lágrimas de antes.
- ¿Hermanito estas bien…? – Yuui acababa de llegar, vio como se cayo su hermano y después el beso.
- ¿Ya estas mejor? – pregunto el morenito.
- Si… - respondió Fay, ruborizado.
- ¡Aaaah estas rosa! ¡debes tener fiebre! – expresaba Kurogane-tan.
- N…no, estoy bien – dijo Fay.
- Aunque así sea, será mejor llevarte a la enfermería – ordenaba una trabajadora de ahí.
Una vez en la enfermería…
Kurogane caminaba una y otra vez, daba vueltas, mientras que Yuui lo miraba sentado en el sofá, el también estaba muy preocupado por su hermano y no lo ocultaba.
Una enfermera que estaba al pendiente, en una ventanilla, comenzó a reír bajo, ya que Kurogane-chan actuaba igual que los esposos nerviosos, cuando su mujer esta apunto de dar a luz.
La Doctora salio de la habitación, autorizándoles la entrada. Yuui corrió a ver a su gemelo, pero Kurogane-tan siguió a su consultorio a la doctora, ingresando y sentándose en uno de los inmensos (para el) asientos, frente a la doctora que ya hacia en el escritorio.
- No te preocupes tanto niño.
- No soy un niño, pero, entonces ¿no fue nada grave la caída? - alegaba tranquilizándose el ojirojo.
- No, paso a mayores – a la doctora le enternecía la criatura, tan pequeño y tan preocupado.
- Debió ayudar la cura que le di – confirmaba para si mismo, el pelinegro.
- ¿Cura?
- Si, pero creo que le dio fiebre, supongo que la cura no es tan efectiva.
- ¿Fiebre?
- Si, cuando lo vi lastimado, se me ocurrió una idea, una vez en la TV de un película, una chica se lesiono la rodilla y su esposo le dio un beso justamente en la rodilla lastimada y entonces ambos dijeron que eso aminoraba el dolor, por tal hice lo mismo, pero vera, después de que le di el beso, lo malo fue que, creo que le paso a dar fiebre, por que tenia las mejillas rosas.
- Ja ja ja ya veo – reía la doctora.
- No se ría, y que si le da mas fiebre.
- No lo creo, a menos que hagas algo mas – explicaba la doctora.
- ¿No entiendo…? ¬ .¬ - (de verdad no entendía el inocente).
Luego…
- Voy a entrar – anunciaba Kurogane-chan confundiendo ¿puedo pasar? Con: voy a entrar.
- Siiip – por ambos gemelos.
- ¿Ya te sientes mejor? – preguntaba el morenito.
- Si… - afirmaba Fay, sin saber por que nuevamente sintió calientes sus mejillas.
- ¡Aaaahh! ¡Estas rosa otra vez! – grito el pelinegro señalándolo como acusador al niñito ruborizado.
- Es cierto, ¿hermanito te sientes mal? – indicaba asustado Yuui.
- No – sonriendo.
- ¿Seguro? – interrogo el moreno, acercándose mejor, confrontándose las inocentes miradas, una vez mas.
- S…si – expresaba Fay, mas rosa todavía.
- Ya se, pediré algo de te, en la cocina de la enfermería – anuncio Yuui, abriendo la puerta como podía, corriendo aquel lugar.
Kurogane-tan se sentó a en la cama de la enfermaría de Fay.
- ¿Seguro que estas bien?
- Si – alegaba Fay.
- En otra no vayas llevando tantas cosas que te tapan la vista – recomendaba Kurogane.
- Arigato – (gracias) – por preocuparte por mí – sonriendo tierna y sinceramente.
Yuui, Kurogane y Fay eran demasiado pequeños para comprender sus sentimientos, algún día los tres entenderían muchas cosas, pero ahora no era el momento, así que solo se preocupaban en divertirse juntos.
Trascurrieron dos meses, donde los gemelos se animaban mucho a cada día que pasaba, Kurogane-tan por sus lado iba conociéndolos cada vez mas, y aunque ambos eran muy molestos, ya que le colocaban apodos, cada gemelo por su lado tenia su propio estilo, Fay era muy alegre, pero Yuui era bastante, pero bastante alegre, hasta parecía muchas veces que era súper hiperactivo, siempre demostraba sus sentimientos, ya sea tristeza (explotaba en llanto) o alegría (actuaba de forma hiperactiva); en cambio Fay era un poco mas reservado en ese aspecto, aunque casi nunca abandonaba esa sonrisa y de cierta manera el también era hiperactivo, aunque no tanto como su hermano Yuui. Ambos gemelos comenzaron a sonreír realmente de todo corazón, desde que conocieron a su Kuro-chan o Conejito.
Una tarde…
- Matte… -(espera)- ¿A dónde… me llevas Kuro-chan…? – expresaba Fay corriendo como podía para no caer al suelo, ya que, Kuro-tan le había cogido de la mano, jalándolo a toda prisa, hacia algún lugar.
- ¡Es una sorpresa! – le miraba unos segundos con sus gemas rojas, corría con todas las fuerzas de un niño, no soltando la calida manito de su acompañante.
Llegaron a un lugar lleno de arbustos, Yuui les daba la espalda, estaba ocultándose de algo tras los matorrales…
- ¿Qué sucede? – pregunto el morenito susurrándole, tanto Kurogane y Fay ya estaban ladeados al ver a Yuui así.
- Conejito, es que mira son palomas blancas… - exponía Yuui, los otros dos miraron también ocultos en los arbustos.
- Ya veo – decía Kurogane, el estaba al medio y los gemelos a cada lado suyo.
- Un arco iris en el cielo… – susurraba Fay – es muy lindo, de muchos colores.
- Si, esa fue la razón por la que te traje – explicaba el pelinegro.
- Conejito y yo estábamos jugando, y de la nada vimos este arco iris, y esa pradera de follaje verde, por tal, ambos queríamos que tu también la vieras hermanito – explicaba Yuui – mientras esperaba, llegaron ese montón de palomas.
- Gracias – sonrió Fay – demo –(pero)- ¿que haremos ahora?
- Que mas, vamos a ver quien llega primero hasta ese árbol de cerezo, el ultimo es un mapache – dijo el ojirojo casi parándose, pero se lo impidieron los gemelos – ¿que pasa?
- Conejito, vayamos… corriendo todos juntos – sugirió Yuui tomando la mano izquierda de Kurogane.
- ¿Pero? – el de rubís rojos lo miro.
- ¿Si? Kuro-chan… - Fay tomo la mano derecha del pelinegro.
- ¿Eh? – esta vez volteo a ver el trigueño a Fay.
- Es mucho mejor cuando estamos juntos – alego nuevamente Fay.
- Esta bien – le sonrió enérgicamente Kurogane-tan, correspondiendo con un suave apretón las dos manitos calidas de cada gemelo - a la cuenta de tres – dijo, miro adelante preparándose para correr.
Uno…Dos…
- ¡TRES…! – el trío se paro y corrieron por el césped verde, en medio de las blancas palomas, tomados de la mano, mirando el cielo con una hermosa y tierna sonrisa que expresaba mucha felicidad, viendo… por encima de ellos el gran cielo azul despejado con el inmenso arco iris, ahora, también cubierto de aquellas aves hermosas que volaban y algunas plumas blancas…
CONTINUARÁ…
NOTAS: Los personajes de TRC pertenecen a CLAMP.
1 “UN” AMOR (es Kurogane) PARA…“DOS” 2 (son los gemelos Fay y Yuui) lo explico, si aun, no lo han captado bien n.n.
Bueno aquí de nuevo con otro fic, los haré crecer (17 y 16 años) ahí se desenvolverán… “mejor” (de fondo-risa picarona) iré relatando todo lo que les pase a medida que crezcan, pretendo que no sea con tantos episodios, como mi otro fic “Enséñame a Amar” ya aprendí la lección u.u.
Etto pues en este fic también los intercambie como en TRC, Fay es Yuui, y Yuui es Fay, como pudieron apreciar, sus razones las sabrán mas adelante.
Kurogane es alegre, aquí también es huérfano u.u, pero nunca conoció a sus padres y siempre vivió en orfanatos, esta acostumbrado el travieso; ne recuerdan como era el ojirojo en TRC, cuando era un niñito de mas o menis esa edad, tan alegre y enérgico, me inspire en ello; los gemelos son un poco tristes, demo ellos siempre han estado tristes en TRC recuerdan (por el momento solo salio en el manga, ya luego en ovas), pero aquí los gemelos al conocer a su persona especial Kurogane, claro que debían alegrarse, y Kurogane lo mismo, el en TRC hasta que conoció en especial a Fay D. Flowright ósea Yuui, recupero sus sentimientos, así que lo plasme y los hice conocerse desde chiquillos, para que sintieran esa calidez desde pequeñitos, y ya veremos como viven juntos. Se pondrá muy interesante.
Por otro lado en los especiales de CLAMP: Horitsuba Gakuen, ahora sinceramente pensándolo bien, en Horitsuba creo que Fay es Fay y Yuui es Yuui. No como en TRC donde Fay es Yuui, y Yuui es Fay, hay pero… y si… - mejor no me presten atención, estoy hecha un lió, y sus creadoras CLAMP no nos ayudan mucho que digamos, les gusta dejarnos en intriga, zozobra y duda.
Les recomiendo que vean el anime en su idioma ordinal, ósea en Japonés. Puse algunas expresiones en japonés como debieron leer.
Que mas… dejen REVIEWS onegai (por favor), si quieren que lo continué.