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Los personajes no me pertenecen, son de Kishimoto el creador de Naruto. Solo escribo un fic.
Advertencia: Lemon
2.
Despertó desorientado, rodeado de paredes desconocidas y sobre una cama ajena. Los recuerdos frescos de la noche anterior aún flotaban nebulosos como para tener la certeza de que eran reales. No habían sido sus fantasías más ocultas trastornadas y distorsionadas por su subconsciente, todo fue real. Demasiado vívido para haber sido un sueño; aunque tampoco estaba seguro de como llegó a esa recamara e hizo para acostarse sobre ese catre.
No importaba en lo más mínimo, las respuestas iban a llegar una a una, tal y como lo hacía el efecto colateral de todas sus ensoñaciones. De pie en el umbral de la puerta Itachi lo miraba sumido en el más inhumano silencio, algo que sólo un Uchiha era capaz de producir. ¿De qué se sorprendía? Todos los que conocía de esa familia eran de pocas palabras. Sin embargo al encontrarse bajo su atenta mirada intentó disimular la molestia que le producía esa situación.
Aunque el rubio intentara esconderlo, no servía de nada, podía leerlo como si fuera un libro abierto, en blanco hasta ese momento.
No por mucho tiempo.
Itachi permanecía anormalmente inmóvil lo que resultaba aún más amenazante. Un animal salvaje que tiene acorralada a la presa no gasta su energía en movimientos innecesarios. Naruto lo maldijo mentalmente, como maldijo que la puerta estuviera abierta desde quien sabe que hora, mientras él dormía profundamente, recostado sobre las sabanas, expuesto como un recién nacido e igual de indefenso. Fue entonces cuando pudo notar el rastro que dejaron sus prendas cuando quien sabe como se deshizo de ellas, regadas sobre el suelo señalando el camino a su cuerpo.
Sonrió ligeramente, nervioso, tratando de imaginarse que todo era parte de sus escabrosas fantasías, donde Itachi estaba presente reinando sobre ellas. Como siempre no podía saber lo que pensaba pero de lo que pretendía su cuerpo tenía una ligera idea. No se equivocaba, lo comprobó cuando vio al Uchiha avanzar hacia su cuerpo desnudo. Se detuvo justo frente a él, dejándolo con los labios entreabiertos, esperando que avance un poco más. Casi podía sentir el aliento tibio de Itachi cubriendo su boca, casi podía saborearlo. Maldita sea, por que tenía que detenerse ahora.
Al Uchiha le gustaban los juegos, cuando niño nadie le enseñó a no jugar con su comida. Palpaba sus mechones rubios enredando sus dedos como si fuera un juguete. No tardó en abandonarlos para dirigirse a su pecho. Nunca se imaginó que sus manos fueran tan suaves y pudiera sentirlas tan tibias, circundando la piel tersa de sus pezones. Sin contenerse ni un poquito el rubio intentó atrapar sus labios, pero estos huyeron tal como el contacto de sus manos.
Se miraron fijamente, de hito a hito mientras Naruto perdía el aliento; como si se le hubiera escapado el alma y tuvo que correr para alcanzarla. Se abandonó entonces esperando que Itachi actuara, lo dejó acomodarse en medio de sus muslos, para que terminara lo que empezó la noche anterior. Sus dedos se escurrieron sobre la carne entre sus piernas, en tímida exploración, como si no supiera lo que hacía. Las yemas apenas si rozaban su piel y lanzaban impulsos eléctricos a toda la zona al sur de su ombligo y los alrededores temblaban. Conforme las caricias iban creciendo lo hacían también sus ganas de morderle la boca. Naruto apretaba las sabanas debajo de sus manos mientras que se iba poniendo tan duro como el catre bajo su cuerpo.
Itachi llevó sus dedos y atención a esa parte sin demora. Con la misma paciencia que antes empezó a circundar la punta humedeciendo sus dedos en el centro. Dos de sus dígitos sostuvieron la columna de carne y empezó a masajearlo con la misma tranquilidad que volvía loco al rubio. El resultado fue el que esperaba, no tardó en cosechar gemidos que variaban en intensidad. Algunos apenas si abandonaban su garganta, otros saltaban al vacío estrepitosos. Quería oír más de ellos, sin embargo.
Fue fácil conseguirlo, bastó con rodear con su boca lo que sus dedos estuvieron preparando. El rubio se iba a ahogar en gemidos como un ave temblando sobre la cama, en las fauces del depredador. Sus dientes apenas raspaban sobre su carne y le daban una ligera sensación de peligro mucho más placentera. Incorporándose ligeramente entre jadeos pudo ver como Itachi hundía todo su rostro engulléndolo de un tirón. Temblaba luchando contra la necesidad de atrapar sus cabellos negros y presionarle la cabeza sobre su entrepierna. Desistió de la idea cuando sintió sus labios ascender para luego descender y repetir el movimiento añadiéndole cierta velocidad.
Estaba tan duro como una tabla y apretando los dientes mientras Itachi dibujaba con sus dedos sobre los su piel caliente deteniéndose en el tope para humedecerlos un poco.
-- Sas…Sasuke…
Gritó sintiendo como toda la presión de su cuerpo corría a punto de ser liberada de chorro. Era lo único que podía concebir su mente, gritar su nombre. Itachi se detuvo, recogió sus manos y el resto de su cuerpo.
A Naruto le tomó unos segundos recobrar el ritmo de su respiración, aunque conservaba la vista borrosa y se dio cuenta de que el Uchiha había desaparecido. Se secó el rostro con la mano, estaba sudando como si una nube de lluvia hubiera pasado sobre su cabeza. Tragó saliva y retiró las huellas de hace un momento con sus propios dedos.
Quizá ese era el mejor momento para abandonar la misión que había empezado unos días atrás cuando fue en busca de Sasuke. Iba a tener que regresar con las manos vacías a enfrentarse con ella. Se lo había prometido a si mismo infinitas veces y a Sakura otras tantas. No iba a ser capaz de verla a los ojos si volvía sin él.
De nuevo susurró su nombre mientras que sus manos actuaban de cuenta propia regresando al movimiento frenético, casi obsesivo y compulsivo. De nuevo regresaba a los viejos hábitos, cuando pensaba en Sasuke y no podía detenerlas. No quería hacerlo.
Hubiera deseado estar en su casa sobre su propia cama, cuando a solas buscaba aliviarse a si mismo. En esos momentos pensaba en Sakura, en su piel de lirio, en sus labios tersos, en sus ojos brillantes y… tan negros. Ella abandonaba sus fantasías de emergencia y él aparecía a recobrar el lugar que le pertenecía. Sasuke una y mil veces. Ahogaba su nombre sobre la almohada mientras volvía a sus necesidades personales. Era inútil pensar en ella, en sus pechos redondos, en sus piernas de seda, se diluía su imagen cuando aparecía en su memoria el cabello liso y oscuro, la piel tan pálida de Sasuke revolviéndose en recuerdos.
Con el tiempo dejó de engañarse pero continuó con las sesiones nocturnas.
Ahora nada servía, pensar en Sasuke solo lo arrastraba por el pasillo sin necesidad de cubrir su cuerpo. Instinto, deseo, su mente ausente mientras sus piernas avanzaban sin pedirle permiso a nadie. Se encontró con la puerta de madera, encontró sus manos empujándola con ánimos de tumbarla, se vio entonces en el umbral sin atreverse a entrar.
Como si estuviera de pie ante un abismo.
La respiración de Sasuke se aceleró y hasta podía jurar que escuchaba el latido en su pecho. El sonido de las cadenas de nuevo y su espalda que encontraba la pared porque no había adonde huir. Sus pasos avanzaban hacia su cuerpo recostado sobre el suelo. Se acercaba lentamente y respiraba pesado; no tardó en detenerse frente a él.
Una de las manos atrapó su cabeza, se resistió para liberarse, pero la cadena que sujetaba su cuello no le daba mucho espacio. No quería que lo tocara, pero tampoco tenía como evitarlo. Se quedó quieto entonces, dejando que lo acariciara con los labios, que mordiera los suyos y que forzara su lengua dentro de su boca. No podía hacer nada, no tenia como resistirse tampoco, solo colocar sus manos atadas sobre el pecho desconocido, para conseguir algo de balance. La exploración con la lengua se volcó a su cuello, salió de su boca para dirigirse a su garganta, arañándola con los dientes.
Naruto tomó sus manos acariciando sus dedos. Casi si se detuvo a admirar lo delgados y pálidos que se veían bajo la pobre luz que entraba por la puerta abierta. Las llevó aun unidas entre si a reposar sobre su miembro. Los dedos del Uchiha se contrajeron ante el contacto con su piel caliente y húmeda, pero eso no importaba. Hizo que sus manos rodearan su miembro y las ayudó a subir y bajar de este guiando sus movimientos. En el proceso iba sintiendo como la sangre se le calentaba al punto de ebullición, como si fuera una tetera de agua, pronto Sasuke iba a conseguir hacerla hervir.
Temblaban sus manos, sus labios, el resto de su cuerpo, tenía tanto miedo. Su mente llamaba a Itachi cuando su boca no podía articular más que gemidos ahogados. La garganta se le secaba mientras los dedos se humedecían al tenerlos sobre el miembro de un desconocido. Tenía su boca cerca de la suya, sus labios y dientes masticando su cuello casi lamiendo la gruesa cadena que lo rodeaba. Por el modo como jadeaba el desconocido iba a terminar pronto, con suerte lo dejaría tranquilo entonces. Se esmeró por no resistirse y hacerse la idea de colaborar masajeando su miembro. De nuevo le mordió los labios, devorando la cavidad de su boca. Sasuke quiso gritar cuando sintió como con sus rodillas intentaba separar las suyas, cuando sus manos atraparon sus caderas arrastrándolo sobre el suelo.
—No…— susurró apenas —No.
Fuerte y claro el sonido en negativa, fuerte y claramente el rubio ignoró su pedido. Imposible detenerse en ese momento. Sin pensar en ningún momento asió las caderas filosas de Sasuke jalándolas hacia su cuerpo. La prisa lo movía, la necesidad nublaba sus pensamientos dejando solo uno visible. La espalda del Uchiha hizo un sonido sordo al deslizarse con rudeza sobre el suelo. Naruto no podía resistir el impulso que coronaba su miembro y lo hacía querer invadir el cuerpo de su ex compañero de equipo.
Debía pensar las cosas, detenerse y huir ante la tentación, era tarde y no era que supiera lidiar con ese tipo de deseos. Separó las rodillas de Sasuke apretándolo de los muslos, hizo que arqueara la espalda acomodándolo a sus requerimientos. El ruido que hizo el cráneo de este al golpear la pared y el suelo no disminuyeron sus ganas de saltarle encima a mordiscos. Tampoco tuvo efecto escuchar como el Uchiha le pedía en susurros que lo dejara en paz.
Las cadenas lo estorbaban, no iba a poder alejar mucho a Sasuke de la pared, pero no iba a molestar sus planes de todos modos. Necesitaba hacerlo ya mismo, morderlo, poseerlo, invadirlo, llenarlo y sentir como su ex compañero se contraía alrededor de su miembro que empezaba a escurrir.
Arqueó el cuerpo sobre este dejando que gotas de sudor escapen sobre los mechones de cabello rubio y caigan rebotando sobre la piel pálida de Sasuke. Sus manos hervían y apretaban con locura mientras que se acercaba al cuerpo de su compañero para ingresar de una vez. Lo escuchó gritar pero hubiera querido ver la expresión de sus ojos, lo vio torcer la boca y el cuello para escapar de algún modo del dolor que estaba sintiendo. Se retorcía como un pez en sus redes, como un ave en sus manos haciendo el encuentro aún más placentero. Naruto consiguió hacer que separe bien las piernas introduciéndose de lleno en medio de estas, si no tenía cuidado le iba a sacar los huesos de su sitio. No había espacio en su mente para pensar en esos detalles, el placer empezaba a invadirlo conforme sentía como entraba un poco más dentro de la cavidad caliente y estrecha.
Quería ver sus ojos, el color rojo brillando dentro de ellos, sin verlos el placer no sería completo. Respiraba pesado, el aire se viciaba y se ponía espeso. Sasuke presionaba sus manos sobre su pecho en un intento inútil de alejarlo de sobre él. Cuanto más se esforzaba, más delicioso era balancearse y meterse dentro de su calor. Rápido, muy rápido, entrar y salir a medias para volver a entrar. Tuvo que disminuir la velocidad al sentir que el sudor que lo invadía lo hacía resbalar sobre el suelo. Aplastaba el vientre de Sasuke venciendo la resistencia de sus manos atadas. Le dio una mirada al miembro de su ex compañero, pero ni siquiera ver como no reaccionaba lo detuvo.
Nada podía detenerlo, nada, ni siquiera la sensación de vacío que le provocaba no poder ver sus ojos. Más rápido, más fuerte, más intenso, más profundo, fundiéndose y perdiéndose dentro de Sasuke.
—Itachi…
Sasuke llamó a su hermano. ¿O era que en momentos como ese se ponía a pensar en él? Aquella idea estuvo a punto de hacerlo perder el orgasmo. No se lo iba a permitir. Apuró entonces llegar a su destino y correrse lo más delicioso que pudiera imaginarse.
Maldita sea, Sasuke lo hizo de nuevo, sollozaba el nombre de su hermano como una maldita niñita llamando a su madre. Apretó más sus muslos en busca de venganza haciendo que gimotee como un cachorrito. Si volvía a hacerlo iba a gritarle su nombre y escribírselo encima si era necesario para que solo pronunciara el suyo.
—Aniki…
Esta vez lo dijo tímidamente, aunque lo suficientemente audible como para que el rubio tuviera ganas de arrancarle las palabras y remplazarlas por los sonidos que formaban su nombre.
—No… es Na…ru… —jadeaba sin pensar lo que estaba haciendo, a un pasito del orgasmo de su vida, aquel que Itachi acababa de negarle. Esto era culpa suya, Itachi lo estaba orillando a hacer esto, Itachi era el responsable que no pudiera contener las ganas de follarse a su hermano hasta que se muera.
Sasuke no lo escuchaba, estaba demasiado ocupado susurrando un mantra personal que lo sacara de la situación. Esperaba que Itachi aparezca pronto, que el sujeto desconocido terminara y que se fuera de una vez.
—Maldición —masculló el rubio sintiendo que el orgasmo se le escapaba de las manos. Detuvo sus movimientos entonces, con rabia inundando su ser. Retrocedió del cuerpo de Sasuke y con un movimiento veloz lo hizo girar sobre el suelo volteandolo. De nuevo atrapó sus caderas presionando con una mano su espalda obligando a su compañero a levantarlas. Sasuke sentía que sus rodillas no lo soportaban y más bien se resbalaban sobre el suelo mojado bajo sus cuerpos. No le dio tiempo a acomodarse o tomar un respiro, de nuevo la invasión no le dio tregua ni para salir de su sorpresa.
Con la cara pegada al suelo no lo escuchaba llamar a Itachi. A decir verdad esa posición era mucho más conveniente, tenía un mejor control sobre el cuerpo de Sasuke y a pesar de que añoraba ver sus ojos, en esa posición podía olvidarse de ese deseo. Se internó un poco más en el cuerpo caliente bajo el suyo propio, decidido a conseguir lo que tanto quería. Nada lo iba a detener, ni el sonido de los gemidos del Uchiha, si que su cuerpo resbalara como si lo cubriera aceite, ni los pasos que resonaban a sus espaldas. Por la suavidad y cadencia de los mismos sabía que era Itachi.