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Sorry por no subir el cap el lunes, pero tuve reunión con la comunidad de Twilight Chile, La Push Claro de Luna Serena (algo largo el nombre je!) pero en cuanto llegué a mi casa empecé a escribir. Um...veamos; para este capitulo tengan un vasito de agua cerca :D, después no digan que no les avisé.
Para este cap me inspiré con una selección de las canciones más románticas de todos los tiempos. Me limitaré a decir que son casi 100 canciones de romanticismo puro. Si quieren saber el Playlist, me mandan un mail :D.
Una Promesa.
(by Insensible Swan)
“Si no hay un minuto de mi tiempo, que no me pases por el pensamiento”
Bella POV
Procesé la información que había recibido dos veces. Luego, respiré y traté que mi corazón se acompasara, pero, simplemente, era imposible.
Era él. Edward Cullen. El niño del verano del noventa y seis. El chico del cual llevo enamorada once años. Él que ha protagonizado mis sueños durante mucho tiempo. Era él y estaba al frente mío, mirándome con sus ojos que tanto recordaba y que me quitaban el aliento, al igual que cuando era pequeña.
Me dejé caer hacia las taquillas, apoyando mi espalda en ellas. No podía creérmelo aún. Era casi imposible.
Respiré una vez más y dejé que las palabras, y mis emociones, fluyeran en mí.
-Sí, te recuerdo.-ahora, muy bien, pensé.-solíamos jugar cuando...
-Teníamos seis años, en el verano del noventa y seis, en Phoenix.-terminó él. Ahora, recordaba todo a la perfección.
Era como si su rostro o la suave voz, ya no tan infantil, hubieran estado siempre, pero escondidas tras una espesa neblina. Ahora la nubosidad se había disipado y podía ver todo con suma claridad.
-¿Quieres ir a dar un paseo?-preguntó, me quedé quieta, no sabía como reaccionar o que hacer. Creo que estaba en un estado de shock.
-Eh...-no sabía que decir, no sabía como actuar frente a él. Me comportaba como una completa estúpida.-Bueno.-me limité a contestar, sintiéndome como una verdadera imbécil tartamudeando frente al chico del cual estoy enamorada.
Pero eso es común, creo.
Sentí como el arrebol subía a mi rostro. Escondí mi cara con mi pelo y le di la espalda a Edward. Abrí la taquilla y dejé mis libros, luego, empecé a caminar hacia la salida.
No sabía bien si Edward estaba a mi lado o no, por que no sentía sus pasos, pero me sorprendió el hecho que me siguió hasta mi monovolumen.
-Bella...-¡Dios! ¿Tan bien sonaba mi nombre en sus labios?-¿Irás conmigo?
-Sí.-respondí-Sígueme en tu coche, yo dejo la Pickup en mi casa y salgo.-repentinamente me sentí más nerviosa que antes. Iba a salir con el amor de mi vida. Tenía muchas cosas que hablarle y preguntarle.
Subí al monovolumen, mientras veía a Edward alejarse. Pude ver, mientras sacaba el coche del estacionamiento, que tenía un hermoso Volvo plateado. Repentinamente me sentí insignificante. Él era perfecto en todo aspecto, yo era una más del montón.
Ya no podía hacer nada por lo que sentía hacia él. Llevaba enamorada de Edward once años. Once largos años, casi toda mi vida.
Yo sabía muy bien que el no sentía nada por mi. Éramos muy pequeños como para sentir cosas de ‘grandes’. Pero, al parecer, yo ya tenía una madurez mucho mayor que al resto de los niños de mi edad.
Fue, es y será mi gran y primer amor.
Llegué a mi casa seguida por el Volvo de Edward. Estacioné el monovolumen y entré a mi casa.
Charlie aún no llegaba a casa, por lo que pude respiré tranquila. No le podía y no quería darle explicaciones del porqué un Volvo me seguía a casa con un chico guapísimo como conductor. Las palabras: chico guapo, cita y papá no podían estar juntas en la misma habitación y al mismo tiempo.
Subí rápidamente a mi habitación a dejar la mochila y pasar la billetera, el móvil y las llaves de mi casa a una un bolso que usaba de vez en cuando. Me miré en el espejo que estaba en mi habitación y supe que mi cabello era causa perdida. Busqué entre mis cosas un sobre blanco y lo guardé con cuidado.
Bajé y cerré la puerta con llave. Edward me esperaba con una sonrisa, de aquellas que me quitaban el aliento cuando era niña, en su coche.
Me sentí repentinamente nerviosa cuando me estaba subiendo al Volvo. Se supone que pasé casi dos meses con él, viéndonos todos los días. Pero al parecer, desde mi punto de vista, en ese tiempo, las cosas se veían diferentes frente a nuestros infantiles ojos.
Edward me esperaba con el motor encendido y con la calefacción puesta. Me abroché el cinturón de seguridad y puse el bolso en mi regazo. Edward me miró con sus esmeraldas perfectas, quitándome, una vez más, la respiración.
-¿Dónde te gustaría ir?.-preguntó. Negué suavemente con mi cabeza
-No lo sé, da igual.-Si estoy contigo, cualquier lugar es bueno, pensé.-Me gustaría ir a Port Angeles.-dije por dar algún lugar donde dirigirnos y pasar algún tiempo con él.
Arrancó el coche y manipuló los mandos del estéreo del carro. Estaba tan concentrada en que decirle, que no me fijé la canción que tenía puesta.
Escuché los acordes y me quedé estática. No podía estar escuchando y tarareando mi canción.
Edward me miró fijamente, escrutando mi expresión.
-¿Qué te sucede?-preguntó algo confundido.
-Esa canción...-mascullé.-Es como si me identificara.-
-¿Ojala pudiera borrarte, de Maná?-preguntó escéptico. Asentí levemente.- ¿Por qué?
-No lo sé.-respondí. No le podía responder que me acordaba a él y las muchas veces que traté de olvidarlo. No, simplemente no.
-¿Algún...amor no correspondido?-el tono que empleó se me antojó a tristeza. Miré su perfecto rostro antes de contestarle; estaba con crispado con una mueca de desolación.
-Sí.-que era verdad, pero no le podía relatar que era él. Me quedé en silencio mientras seguía sonando la canción en el reproductor y Edward la cantaba, en voz baja, pero con una melodiosa voz.
-¿Y que has hecho durante estos años?-me preguntó. Le miré y respiré hondamente.
Le conté las cosas que había hecho durante estos once años, omitiendo y resumiendo algunas. Me preguntó por mis clases de Ballet, por mi mamá, por Lizzie y un largo etcétera. También me preguntó por que me había mudado a Forks.
-Mi mamá se casó nuevamente y Phil viaja mucho, por lo que decidí pasar algún tiempo con Charlie en Forks.-
Me sorprendió mucho el hecho que Edward viviera en Forks. Cuando lo conocí el vivía en Chicago. Mi curiosidad me impulsó a preguntarle:
-¿Y tú que haces aquí, en Forks?-le pregunté
-Nos mudamos hace cuatro años.-relató. Ya estábamos por llegar a Port Angeles.-Por el trabajo de mi padre, Carlisle. Y además que mi madre quería un poco de tranquilidad, y Forks parecía apropiado para ello.
Ya nos habíamos detenido. En Port Angeles el cielo estaba encapotado, sin ápice de que pudiera despejar.
Edward estacionó el Volvo cerca del paseo marítimo. Iba a abrir mi puerta cuando vi a Edward abriéndola para mí. No sé como pudo llegar tan rápido. O yo era lo suficientemente despistada como para no darme cuenta en cosas obvias.
-Gracias.-mascullé avergonzada y sentí como el carmín subía a mis mejillas.
-Había olvidado como eran tus mejillas sonrosadas.-dijo Edward con una sonrisa tan arrebatadora que solo pude contemplarla como una tonta.-¿Dónde quieres ir?-preguntó
-A dar un paseo por la playa.-me limite a contestar.
Empezamos a caminar hacia la playa, hablando de cosas sin importancia; el colegio, las vacaciones, el sol, la lluvia, etc. Cualquier conversación con Edward era importante.
Repentinamente me sentí once años menor. Sentí que estaba en el parquecito cerca de mi casa en Phoenix, en aquel verano, conversando con Edward en una tarde cualquiera. Millones de mariposita revolotearon en mi barriga.
Repentinamente recordé algo, ocurrido hace muchos años atrás
-Quiero que me prometas algo.-dijo seguro. El atardecer teñía la bóveda celeste de colores y combinaciones impensables Miré al cielo para que las inminentes lágrimas no salieran de mis orbes chocolate.
-Lo que sea.-respondí autómata. Edward fijó sus ojos esmeraldas en los míos, por instantes que se hicieron eternos. Desvié la vista azorada.
-Quiero que...-Edward respiró hondamente. Se le veía impaciente-...No me olvides nunca. Yo jamás me olvidaré de ti, Bella.- obviamente me sonrojé y volvieron aquellas maripositas que no me habían abandonado en toda la tarde. Pero serené mi expresión en solo una milésima de segundo. Luego, inspiré profundamente, llenándome con un poco del perfume que él desprendía.
-Lo prometo-dije serena y sin titubear.-Jamás me olvidaré de ti.
-¿Te acuerdas...-comencé. Edward se detuvo.-de aquella promesa que nos hicimos?
Edward me miró confuso. Negó suavemente con su cabeza.
-No, no lo recuerdo.-
Repentinamente me abrumó la realidad de las cosas. Si el se había olvidado de la promesa que nos hicimos cuando éramos pequeños, se suponía que el ya no me recordaba. Nos habíamos prometido jamás olvidarnos el uno del otro.
La pena me inundó por completa, él se había olvidado de mi por todos estos años, sin saber que yo lo recordaba, y soñaba, todos los días, durante todos estos años.
Enamorarme de él había sido un error en sumo grado.
-Quiero irme.-me limité a decir y me di media vuelta. Edward se quedó perplejo.
Las lágrimas amenazaban con salir, pero llorar, en este momento, no me servía de nada. Él no merecía nada de mí. Había gastado once años queriéndolo y el ni siquiera me correspondía.
-¡Espera!-gritó alcanzándome y tomando mi mano. Me giré con los ojos llenos de lágrimas. Su rostro se veía difuso por causa de ellas.
-Me olvidaste.-mascullé-nos prometimos jamás olvidarnos el uno del otro.-la voz se me quebró.
Edward me miraba con ojos llenos de pena y angustia. Tomó mi rostro en sus blancas manos y mi corazón empezó a hiperventilar.
Había olvidado como me sentía cuando Edward me tocaba.
-Bella...-me tranquilizó-Yo no me he olvidado de ti. Jamás.-respondió con su suave voz aterciopelada.
Me quedé quieta donde estaba, creo que hasta perdí un latido. Luego, me recompuse y pude hablar al fin.
-Pero te olvidaste de nuestra promesa.-repliqué. Edward soltó sus manos de mi rostro y pasó una de ellas por mis hombros, invitándome a caminar por la playa.
-Pero no de ti, Bella-respondió mientras caminábamos. Una pareja con dos niños pasó cerca de nosotros, nos sonrieron amablemente.
Para un desconocido, Edward y yo podríamos pasar como pareja fácilmente.
-Bella...-se detuvo y me tomó de las manos. Sus esmeraldas se enfocaron en mis ojos chocolates. Sin dejar de mirarme, dijo:-Yo estoy enamorado de ti, desde el verano en que nos conocimos. Siempre te he querido y jamás me he olvidado de ti. Tú siempre has estado en mi mente.-tomó una de mis manos y la puso en su frente. Luego, la bajó a su pecho.-y en mi corazón.
Mi cabeza daba vueltas por el vuelco de toda esta situación. Me sentía como en un sueño.
-Estoy soñando, ¿Cierto?-pregunté aún con mi mano en el pecho de Edward. La risa suave y casi musical de Edward retumbó por mis oídos. La mano que estaba situada en el pecho de Edward la subí hasta su mejilla y allí la dejé, deleitándome con la suavidad de su piel.
-No, no estas soñando, Bella.-respondió con una de sus perfectas sonrisas.
-Yo...-empecé y abruptamente me sonrojé-también no me he olvidado de ti, jamás.-
-¿Y...?-
-También estoy enamorada de ti, Edward. Desde el verano del noventa y seis.-dije entre risas.
Abruptamente se puso serio. Sus ojos me traspasaron por completa. Era como volver al pasado, hace once años atrás. Con él, mi mundo se completaba.
-He esperado tanto tiempo por ti.-me dijo y yo le sonreí tímidamente.
-Yo también, Edward.-y su rostro se empezó a acercarse lentamente al mío.
Siempre había esperado este momento. Solo en sueños había besado a Edward como yo quería. Cuando éramos pequeños era solo un tímido beso en la mejilla que me dejaba hiperventilando. Ahora estaba recibiendo uno de verdad.
No era mi primer beso, pero lo sentía como tal. Era tal cual como lo describía Reneé; cálido y como que sintieras que solo existen tú y él en todo el planeta.
Sus manos me rodeaban la cintura y mis manos estaban en su rostro, tratando de memorizarlo por completo. Me sentía excepcionalmente bien besando a Edward. Él no tenía comparación alguna.
La necesidad biológica de respirar nos hizo separarnos, pero sus labios no se apartaron de mi rostro. Empezó a repartir pequeños y delicados besos por mis pómulos, que me daban cosquillas.
-Edward...-dije entre risas-Para, por favor...-dejó de besarme, mientras me miraba con sus ojos verdes, repentinamente mucho más alegres.
-Te quiero, Bella.-dijo. Una sonrisa se extendió anchamente por mi rostro.
-Te quiero, Edward.-le respondí.
Y así, bajo el dosel de un día nublado, la verdadera promesa de nunca olvidarse tuvo otra más importante: El amarnos para toda la vida.
Fin.
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Es el fin. Sipis, es el fin...
No me gustó como terminó, pero a las 02:30 de la madrugada poco y nada se puede hacer contra las neuronas que trabajan a base de coca-cola y pan de pascua :D. Well, espero sus comentarios que me encantan y muchas gracias por la cantidad de reviewes que recibí, me encantan, gracias chicas :D.
Ya tengo otro proyecto en mente, solo falta determinar unos detalles y sería. Pero ya está estructurado y todo :D
Well, espero que a Corpse/Miu/Janelle/Dayen le guste el fic. Iba dedicado a ti, por tu cumple que pasó hace ya un mes. Si voy a la capital, nos tenemos que juntar para conocernos :D
Kisses & Bites.! a todas las lectoras que me dejaron un review. Y me encantaría regalarles un Volvo Plateado y un Jasper, Edward, Emmett o Carlisle a cada una de ustedes :D
Srta. Insensible Swan.!
PD: La push, baby, La push (H) (para las que vieron la película :D)