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Resurrección
Author:
Las dos Artemisas PM
Una profesora de universidad, especializada en historia antigua, recibe un sarcófago, de Japón, para estudiarlo. A consecuencia de dicho sarcófago empiezan a suceder a su alrededor una serie de acontecimientos que cambiarán su vida por completo.
Rated: Fiction M - Spanish - Suspense/Romance - Inuyasha & Kagome H. - Chapters: 22 - Words: 120,645 - Reviews: 110 - Favs: 52 - Follows: 10 - Updated: 05-17-09 - Published: 12-06-08 - Status: Complete - id: 4699622
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RESURRECCIÓN

Prólogo

Las calles adoquinadas de Roma permanecían tranquilas en las entradas noches de invierno.

Entre las nubes bajas que habían decidido esa noche tocar el suelo, caminaba una joven de cabellos largos y recogidos en una cola, sus ojos eran tan oscuros como su pelo. Y el color de su ropa hablaba de la desolación y el sufrimiento por un amor perdido y un engaño que aun luchaba por cicatrizar con la medicina del odio.

Se resguardaba del frió con un tres cuartos de piel con el que mantenía oculta la catana, tenía las manos metidas en los bolsillos para que no se le congelasen, y del cuello le colgaba un collar de cuentas anudado a la altura de las costillas; un rosario que el maestro le entregó en la sesión de entrenamiento de la mañana de este mismo día. Un recuerdo heredado de un antepasado.

- ¿Necesitas compañía cariño? – Una mujer que hacía la calle se curzó intercediendo su camino, le acarició el brazo como intencionando un acercamiento, y con un dedo se acarició los labios insinuándose. Los ojos de la fulana bajaron a sus pechos, deteniéndose en ellos adrede y luego le miraron el rostro. La pobre chica no era lesbiana, estaba segura, pero si quería comer tenía que captar cualquier cliente, fuera hombre o mujer.

- En otra ocasión. – La joven, sin llegar a detenerse, le sonrió y la apartó a un lado para seguir su camino.

La demacrada prostituta de cabellos andrajosos murmuró una queja, indignada, y volvió a apoyarse en la pared, esperando tener más suerte con el próximo que pase por allí.

La muchacha del collar de cuentas torció la calle y sorteó al anciano ebrio tirado en el suelo, que sostenía una botella cubierta en periódicos, y con la que se mantenía en calor. Se giró y se acuclilló junto a él. Sacó unos billetes del bolsillo y se los dejó al borracho en la mano.

- Toma abuelo, busca una cama para pasar esta noche, aquí hace demasiado frío…

Se levantó y siguió caminando, con el corazón acelerado al sentir su presencia, se estaba aproximando, estaba muy cerca… y su cuerpo lo había reconocido incluso antes que ella. Rió por dentro, resignada a los sentimientos que aún no se iban. Se había acostumbrado a negar sus emociones cuando se trataba de él, pero en realidad aún estaban ahí, y desgraciadamente también el amor, no era algo que desapareciera tan facilmente.

Aminoró el paso al llegar a una bocacalle, y su corazón se saltó un latido al verlo allí, oculto por las sombras del callejón. Se acercó conjurando toda su voluntad para que sus pasos se viesen seguros y se detuvo frente a él. Su estatura seguía estremeciéndola, le recordaba el refugio que falsamente había sido para ella.

Se había presentado como humano, con los cabellos castaños tan largos como los años que realmente tenía. La anchura de sus hombros y el tamaño de sus manos, hablaba de la fuerza que poseía. Una que había creado el terror de todos los que en el pasado se le habían enfrentado. Ella conoció ese miedo y huyó de él, pero ahora estaba dispuesta a terminar con esto. Estaba preparada, y sabía que podía vencerle.

- Tan buena como siempre, no importa el tiempo que pase ni las circunstancias que te rodeen, tú siempre ayudarás a los mas necesitados - caminó hacia ella y miró con curiosidad el collar que llevaba al cuello.

Le era odiosamente familiar, el rosario de Kikyo, aquel con el que quiso, en una de sus luchas apresarlo para tenerlo bajo su poder. Desvió la mirada a los ojos de ella, evocando el asco en su rostro y siguió con lo que estaba diciendo

- Es algo que siempre despreciaré de ti, me das ganas de vomitar – Ella rió y sonrió como respuesta, le entraron ganas de borrar aquella sonrisa de su cara. Maldita mujer… Maldita… Rió ante ese pensamiento tan humano, no podía remediarlo, en parte lo era, aún le quedaba algo y maldecía como lo hacían ellos, si las cosas… Daba igual, para qué plantear pensamientos absurdos que no servían para nada… - Así que has decidido venir – tocó su mentón, acariciándolo con anhelo, la suavidad de su piel, los hálitos suaves de su respiración... Juraría que aún reaccionaba ante él, penetró con sus ojos café en los de ella e intentó ver cuales eran sus sentimientos. Si pudiera doblegarla, si la compulsión fuese lo suficientemente fuerte para pasar una última noche con ella. Pero se había hecho tan fuerte que no valía la pena intentarlo.

- Eso… ya no funciona. – Ella permanecía impasible, sin demostrar absolutamente nada. Lo odiaba. Odiaba lo que le había hecho y tenía que pagar por ello. Un cáncer solo podía exterminarse extirpándolo, y eso era lo que haría.

- Tienes razón – Retiró la mano de su rostro y la dejó caer – mejor así, no me importará matarte cuando llegue el momento – Ella volvió a reír y él sintió la rabia fraguarse por dentro y mezclarse con el amasijo de sentimientos contra los que aún luchaba, y contra los que lucharía toda la vida, durase lo que durase.

- Estaré preparada para eso, pero tú… ¿estarás preparado? no, creo que no podrás, nunca tendrás el suficiente valor de dejar a un lado lo que sientes para poder hacerlo, y eso te está matando de rabia - le dio la espalda y se fue alejando para salir del callejón - ¿No es cierto… Inuyasha? – Oyó el gruñido al fondo, y sonrió sintiendo que se había llevado una pequeña victoria. Él estaba furioso.

- ¡Mañana! ¡Al amanecer en la Plaza de Roma! ¡Y prometo dar fin a esto! – Cerró los puños y apretó la mandíbula, por supuesto que darían fin a aquello, de una forma u otra, pero realmente él no era consciente de lo ciertas que serían sus palabras.

Se quedó allí, quieto, mirándola hasta que su silueta desapareció al doblar la esquina, la ira se concentró en sus ojos, que ardieron rojos de cólera. Respiró hondo para calmar la agitación de la sangre, que gritaba por la transformación absoluta para vengarse en ese momento, o más bien para clamar lo que consideraba suyo con la violencia, y sonrió al ver lo fácil que sería destruir estas calles y las fulanas que había en ellas. Pero no merecía la pena malgastar energías, las pensaba utilizar mañana, cuando se enfrentara a ella.

Respiró hondo para apaciguarse. Se arregló las solapas de la chaqueta y caminó con pasos elegantes fuera del callejón.

- Hola encanto, ¿no quieres una mujer que caliente tu cama esta noche?

Inuyasha miró a la prostituta y sonrió sin ganas al ver que sin llegar todavía a los veinte ya estaba obligada a hacer la calle. Podía oler a su chulo cerca, pendiente de si cumplía o no con su trabajo cogiendo todos los clientes posibles. En esta ocasión iba a ser él.

No podía desquitarse con quien lo había convertido en su enemigo, pero podría hacerlo con esta criatura inocente. Abrió el brazo para enroscara el suyo y la joven respondió inmediatamente, feliz de haber conseguido un cliente atractivo y joven, al menos hoy podría disfrutar del trabajo.

- Ya verás cariño, voy a hacer que pases una noche que no olvidaras, sacaré de ti la bestia que llevas dentro.

Inu Yasha cogió su mentón y sonrió con malicia, un extraño brillo, demoníaco asomó a sus ojos.

- Por supuesto que lo harás.

NN/AA: Menudo lío nos hemos armado para subir este nuevo fic, si veis algo raro como un capitulo que no es de aquí no lo tomeis en cuenta jjejjj, es que tenemos muy mala memoria y ya no nos acordamos bien de cómo se hace.

Un saludo y espero que os guste esta historia.

pd: Gracias por los rewiews del fic anterior ;)

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