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Ceniciento… ¿Encantador?
By Senshi Hisaki Raiden & Takaita Hiwatari
(31 de Diciembre de 2008 a 12 de enero de 2009 xD)
Los personajes de Beyblade pertenecen a Takao Aoki, yo solo los tomo prestados para realizar este fanfic.
Resumen: Kai Hiwatari es un estudiante que vive con su padrastro (Valkov) y sus hermanastros, quienes abusan constantemente de él, tratándolo como sirviente o simplemente maltratándolo. Incapaz de hablar lo que le pasa, su vida es monótona y solitaria hasta que un día un chico lo invita a su fiesta de cumpleaños… (TakaoxKai)
Rating: T (13+)
Genero: Romance, Drama, Parodia.
Advertencias: Shonen–ai, (Relaciones amorosas entre chicos. SI no te gusta este tipo de historia NO sigas leyendo), violencia física y psicológica, sufrimiento protagónico ( como siempre)
Notas del responsable de adaptación:
Hola, no tengo más que agregar. Salvo que esté es el final de ésta adaptación del cuento de “Cenicienta” protagonizado por Kai, con un poco de Shonen-ai (Ya vi que ni Yaoi es xD). Adaptado y dedicado a Mil-chan.
Agradezco a quienes leyeron esta historia: A Takai-chan H. (Por siempre ayudarme y apoyarme al momento de inventar tonterías xD), a Megan H., a Hiika, a Mil (Por su apoyo de siempre), a Valery H. K., a Quimera y a Kaily H. (Respuestas a sus reviews en su E-mail o en mi perfil hasta la parte final).
La respuesta a sus últimos comentarios trataré de dárselos por E-mail o por Reply a los que no tengan ninguna de las dos cosas, los daré las respuestas en el final de otro fic de título: El Fénix, El Tigre y El Dragón en el capítulo 11. Ok?
Bueno este es el final de esta historia.
Aclaraciones:
–Diálogos; “…” Resaltar palabras o frases; ---Cursiva--- Recuerdos; /…../ Pensamientos; (…) aclaraciones.
Capítulo 2: Después de la fiesta.
Mientras en el departamento donde vivía Kai (Si a eso se le puede llamar vivir) El peligris estaba encerrado en su habitación, por idea de Boris y Brooklyn su padrastro no lo había dejado ir a la escuela y lo había encerrado en su habitación, claro, después de mandarlo a hacer todos los quehaceres de la casa. La idea era, no darle ninguna oportunidad de ir a la fiesta de Takao, aunque Kai les había replicado que no iría, ellos querían asegurarse.
El peligris de ojos amatistas se encontraba sentado en su cama, en silencio y sin moverse desde hacía rato, aunque trataba de no pensar su mente terminaba en lo mismo una y otra vez: Kinomiya y su estúpida sonrisa. No podía dejar de pensar en lo que sus hermanastros querían de él... ni en el hecho de que ese chico era tan confiado e inocente que ni se daría cuenta de sus intenciones… hasta que fuera, tal vez muy tarde. Y él no quería eso... por alguna razón que todavía no comprendía, no se sentía tranquilo sabiéndolo… y estando allí encerrado sin poder hacer nada, o por lo menos sin poder advertirle.
–¿Por qué tendría que advertirle? –se cuestionó para si mismo.
Se levantó de la cama y de entremedio del colchón y el hierro, que sostenía a éste, sacó algo delgado envuelto en una bolsa negra, lo desdobló y de allí sacó una fotografía, en ella se veía a una agradable mujer de ojos amatistas y cabellos azules: Su madre. Ella se había ido hace tiempo... lo había abandonado...
¿Por qué se debía de preocupar él por alguien cuando… nadie se preocupaba por él? Si su propia familia le había fallado. Primero su abuelo negó que él fuera legítimo hijo de su padre, y luego su padre los dejó a ambos, a su mamá y a él, y… al final su madre. Todos esos recuerdos y la ansiedad que sentía, lo tentaron a arrugar y a romper la foto de su madre, la cual apenas había salvado de las otras que Valkov se encargó de destrozar frente a él hace tiempo, ese día había llorando por última vez, al fin había entendido que por más que llorara la situación no cambiaría, ni Valkov tendría compasión con él.
Pero... algo lo hizo detenerse de romperla, y fue cuando escuchó que Valkov se acercaba a la puerta de su cuarto, y la cerraba con llave, ya ni si quiera le decía que lo iba a hacer, sólo lo hacia. Después de eso, escuchó como abría la de la calle y se iba. Ese día, Valkov trabajaba por la tarde y regresaba hasta las once de la noche.
–… /¿Se fue?/ –pensó Kai y suspiró más tranquilo. Boris y Brooklyn, estaba seguro de que no regresarían a la casa pese a que ya habían concluido las clases–…/Tengo que ir.../ –pensó decididamente. Debían ya de pasar de las tres de la tarde. Se levantó de la cama y con un alambre que guardaba también debajo del colchón, abrió la puerta, con gran habilidad. Cuando hubo abierto, miró el reloj, justo eran las tres y cuarto.
Se encaminó a la puerta de la salida, pero reaccionó en algo que antes no le importó.
–… /No puedo ir así… a la fiesta... /– pensó mirando su atuendo– / Se darán cuenta de que soy.../ –se perdió en su pensamiento unos momentos hasta que llegó a la conclusión –/… soy pobre./– No cabía duda de que todavía era un adolescente– /no es momento para pensar tonterías.../ –se reprendió.
Se dirigió a la puerta decidido a no dejarse llevar por eso, pero un ruido lo hizo desistir y regresó la mirada a la habitación de su padrastro. Algo parecía haber caído... eso le llamó la atención incluso le hizo temer, se suponía que estaba solo. Camino hasta dónde escuchó ese ruido y entró con precaución a la habitación; ese era el único lugar que ese tipo no le mandaba limpiar, y ahora que lo pensaba tan sólo dos veces había entrado allí, después de que su mamá se fue. Se volvió a escuchar un ruido más, fijó sus amatistas en el armario, caminó lentamente allí y lo abrió, entonces algo cayó casi dándole en la cabeza, retrocedió y miró que era una caja de cartón y algo blanco salía de ella...
–… /¿Qué es?/ –pensó. Se agachó y abrió la caja, descubriendo una ropa color morado... y unas cartas, al verlas se quedó atónito... todas decían De: Umiko Hiwatari. Para: Kai Hiwatari... –Mamá... –sus ojos temblaron, y se percató de que todas estaban cerradas, con desesperación abrió una leyendo un saludo y demás cosas para él… se sentó en el suelo, y después de esa buscó entre todas la más antigua… y entonces lo supo… su mamá no lo había abandonado, su padrastro nunca le dijo que ella se fue a trabajar fuera y le enviaba dinero y cosas. Pero ese maldito lo trataba como sirviente y además le había ocultado que su mamá le escribía. Tomó la caja y la llevó a su habitación.
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Mientras tanto en Latitud.
Hacía un buen rato que la fiesta había empezado. Takao llevaba bastante rato recibiendo y saludando a sus amigos, que eran muchos, y también a algunos que no conocía, después de todo, invitó a toda la escuela, y él no conocía a todo el mundo ahí.
Miró a su espalda y un escalofrío le recorrió por tercera vez desde que entró ahí. Con disimulo, se intentó perder entre la gente, aprovechando que el local no estaba muy iluminado. Llevaba casi toda la tarde huyendo de Brooklyn y Boris, no es que los chicos le cayeran mal, pero le atosigaban, desde que llegaron, que habían llegado mucho antes de que la fiesta empezara, no se habían despegado de su lado. Ahora comprendía como se sintió el chico Hiwatari cuando él no dejaba de ir tras él, seguramente le había fastidiado también. Otra vez pensando en ese chico… y después de todo seguía sin saber su nombre, y cuando Brooklyn y Boris se acercaban a él no respondían sus preguntas sobre él, lo peor de todo es que ellos parecían ser los únicos que lo conocían.
Una exclamación de sorpresa se ahogó en su garganta cuando sintió unas manos posarse en sus hombros. No quería voltear ya que sabía quienes eran, pero eso no estaba bien. Finalmente, se dio la vuelta con una sonrisa fingida:
–Hola, chicos –se retiró un par de pasos, le molestaba que estuviesen tan cerca.
–¡Takao, esta fiesta esta genial! –exclamó el pelirrojo, con una amplia sonrisa
–¡Aparta! –le ordenó Boris, empujando a su hermano a un lado y parándose frente al peliazul –Vaya, que elegante estas –lo miró por completo– Aunque tú te ves bien con cualquier cosa– Afirmó el ojiverde.
El menor frunció el ceño, no le había gustado la forma en la que le había mirado Boris. Esos dos le estaban sacando de quicio:
–Boris... Brooklyn... ¿Me disculpan? Tengo que ir a... –no le dio tiempo ni de avanzar un paso, cuando se encontró al pelirrojo frente a él.
–¿A donde vas? ¿Te puedo acompañar?
–No es necesario que... –intentó esquivarlos, pero de nuevo no pudo.
–¿Quieres dejarlo en paz, Brooklyn? –Le regañó el otro.
Takao agradeció mentalmente eso y sonrió aliviado
–Vamos, yo te acompaño –Fue Boris quien dijo eso esta vez, alzando su brazo para pasarlo por los hombros del menor, pero éste se retiró unos pasos.
–/¡Que alguien aleje a estos dos de mi, por favor!/– rogó el peliazul, mentalmente
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Ya eran casi las nueve treinta de la noche, Kai iba corriendo por las calles de Shinjuku, el antro Latitud, ya estaba cerca... como no tenía dinero, ni otro forma de llegar, había caminado hasta allí, esperaba llegar antes de que la fiesta terminara. De lejos miró las luces del antro.
Llegó al salón... había mucha gente, gracias a que se había puesto la ropa que su mamá le compró y encontró esa tarde, le dejaron entrar, pensando que era invitado de la fiesta. En ese momento sonaba una música rítmica y bailable. Para llegar a la pista, Kai tenía que bajar unas escaleras, el salón era bastante grande y estaba arreglado elegantemente, pero sin ser tan formal, después de todo las luces neón necesitaban de una luz tenue para brillar.
Mientras andaba varios de los chicos y chicas lo volteaban a ver, pero el no hacia caso a ninguno, el estaba buscando a una sola persona, aquel a quien había conocido apenas ayer pero que ocupaba sus pensamientos, quería verlo, si, era verdad quería verlo y que lo viera.
A lo lejos divisó a dos chicos ya muy conocidos por él al rededor de Takao y frunció el cejo, eso no le agradó, pero lo que si le molestó fue cuando vió a Boris pasar un brazo por la espalda de Kinomiya. Se acercó de inmediato tomando a Boris del hombro apartándolo del peliazul con brusquedad.
Takao parpadeó confuso cuando sintió que Boris se alejaba de él bruscamente, alzó la mirada y se sorprendió al ver ahí a Hiwatari.
–¿Hiwatari? –Espetó el peligris de ojos verdes sorprendido.
Brooklyn también se sorprendió.
–¿Cómo es… que? –balbuceó.
–No te atrevas a tocarlo Boris –dijo fríamente fulminándolo con la mirada.
–¿De dónde has sacado esa ropa? –Preguntó Brooklyn.
Ahora Takao estaba más sorprendido, el chico Hiwatari… ¡Lo estaba defendiendo de Brooklyn y Boris!
–Tú no me vas a decir que hacer, Hiwatari. –Dijo Boris enojado, y soltándose del agarre de Kai trató de agarrar a Takao de nuevo. Pero el peliazul apenas reaccionó cuando vio como el chico de cabellos grises empujaba a Boris, tirando también al suelo a Brooklyn en el acto, cual piezas de Dominó. Algunos de los invitados se percataron de eso.
Kai se percató de que los miraban por lo que lo primero que se le ocurrió fue tomar a Kinomiya de la mano y se lo llevó corriendo a otro lado del salón y el otro no se negó.
Finalmente se detuvieron. Takao no pudo evitar quedarse observando al chico que era más alto que él mientras sonreía ampliamente, se sentía feliz de verlo ahí, con él:
–... Viniste.
–… –Kai ni respondió estaba casi sorprendido consigo mismo por lo que acababa de hacer. Había enfrentado a esos dos, después de tanto tiempo.
El peliazul por su lado estaba mirando con atención y por completo a la persona que estaba con él, no podía evitarlo, ese chico fácilmente llamaba su atención, además esa ropa que traía puesta lo hacía ver muy bien. Al percatarse de lo que hacía, llevó la mirada al rostro de ojos amatistas, y con un leve sonrojo le dijo:
–Gracias, yo ya no podía sacármelos de encima. –suspiró.
–¿No? –Ironizó sin darse cuenta– ¿No dijiste que “se detenían” si se los pedías?
–Bueno… –se sintió algo incomodo con ese comentario– hoy no se dio. Gracias por ayudarme con ellos.
–Ahora… estamos a mano –respondió, evitando su mirada– /Ni sé por qué lo hice…eres tan estúpido…/
El menor borró su sonrisa casi por completo al escuchar la seca respuesta, y bajó un poco la mirada:
–… /¿Por eso me ha ayudado? ¿Para estar a mano?/ –se preguntó, bastante decepcionado– /…Claro, ¿Por qué otro motivo iba a ser?/ –bajó un poco más la mirada percatándose de que Kai todavía le sostenía de la mano, y no parecía querer soltarlo… alzó la vista –… /¿De verdad lo haría por eso?/ –Lo miró fijamente.
Kai sintió la insistente mirada del peliazul sobre sí, y fue ahí cuando se dio cuenta de porque. Soltó la mano del peliazul casi de inmediato, aunque con disimulo.
Takao al notar eso suspiró, pero luego alzó su vista de nuevo a él y sonrió. Al menos estaba ahí, y eso le hacía sentirse feliz, no importaba si era para estar a mano, ahora no se escaparía de él:
–Oye ¿Bailarías conmigo?
Kai lo volteó a ver con algo de extrañeza.
–… /¿Bailar?/ –reiteró mentalmente– ¿Bromeas? –dijo incrédulo.
–No estoy Bromeando –Sonrió y cogió a Kai de ambas manos en un solo movimiento para regresarlo a un poco de pista– Soy el anfitrión y el festejado de esta fiesta. Además, ese será mi regalo de cumpleaños de tu parte.
–¿Regalo?... Oye espera… –se comenzó a quejar al sentir como lo jalaba, pero después, sorpresivamente, Kinomiya se plató frente a él y se le acercó… muy cerca... demasiado para su gusto. No reaccionó a tiempo cuando de pronto sintió a Takao rodear su cuello con sus brazos, mirándolo de esa manera.
La música que sonaba en ese momento, no era muy lenta, pero tampoco tenía mucho ritmo.
Kai no sabía como reaccionar o como actuar, nunca permitía a nadie acercársele así, y los únicos que se acercaban más eran sus hermanastros o su padrastro, sólo para hacerle daño por eso no le gustaba el contacto físico con la gente, no confiaba en ellos.
Takao esperó ser empujado o algo por su atrevimiento, sabía que no llevaba de conocerlo ni si quiera dos días, sin embargo quería tenerlo cerca, de alguna manera, le había echado de menos durante todo el día. Aferró un poco el abrazo, mientras finalmente comenzaba a moverse, indicándole a Kai el ritmo a seguir.
El peligris se encontró con la mirada rojiza. La cual le había hecho sentirse bien desde la primera vez que la vio, hasta el punto de desear hablar con el dueño de ella.
–… /¿Qué hay detrás de esa mirada?/ –se preguntó al sentirse inexplicablemente atraído a ella, con tal intensidad que, sin pensarlo, se vio a si mismo acercando sus manos la cintura de Takao para sostenerla con delicadeza, apenas tocándola y finalmente aceptar el baile.
–… /¿Por qué vine hasta aquí? Me estoy metiendo en muchos problemas tal sólo por haber salido de la casa, pero... es que… él… / –Detuvo sus pensamientos cuando miró como una bella sonrisa se formaba en los labios de Kinomiya.
–Me alegra mucho que hayas venido –le confesó, en ese instante.
–… ¿Por qué? –preguntó después de oír eso.
–Porque así puedo preguntarte tu nombre –Sonrió divertido– es parte de mi regalo de cumpleaños.
–... –No dijo nada, sólo desvió la vista.
–¿No me lo dirás? –Inquirió buscando su mirada.
–… ¿Por qué quieres… saberlo? –quiso saber; hacía tanto que no escuchaba a nadie preguntar por su nombre, lo único que escuchaba con frecuencia era su apellido… y dicho con desprecio. Los profesores solían llamarlo por su apellido también.
–… Es normal preguntar el nombre de alguien para saber con quien se está hablando –Dijo sonriente. –También, quiero saber el nombre de la persona a quien le agradeceré esta pieza.
–… –De nuevo dudó, no obstante– Mi nombre… es Kai.
–… /Kai… Hiwatari Kai / –cerró los ojos y memorizó ese nombre. La canción que bailaban terminó, pero Takao no lo soltó– Gracias por la pieza, Kai –Y le sonrió.
La bufanda blanca que lleva Kai en el cuello le llamaba mucho la atención al peliazul, puesto que no era época que frió, salía un tanto de contexto, pero al mismo tiempo lo hacia lucir tan original, y distinguido, y le iba perfecto a la ropa que llevaba puesta. Se ruborizó un poco al percatarse así mismo mirando el cuerpo de ese joven.
–Que bonita ropa llevas, Kai.
–... –Sintió un leve calor en su rostro cuando escuchó eso, y sonrió muy levemente, al recordar que era la ropa que su mamá le había regalado.
–Pero –escuchó Kai que hablaba Takao de nuevo –¿No tienes calor con esto? –dijo cogiendo la bufanda, de un extremo, al tiempo que se alejaba de él. Sonrió de un modo divertido y comenzó a rodear a Kai. El peligris lo miró y sintió escalofrío cuando Taka pasó por detrás de él.
–¿Que haces? –Preguntó tratando de no inmutarse mucho.
–Te ves muy bien Kai –le dijo Takao desde atrás. Kai se volvió repentinamente ocasionando que Takao le quitara la bufanda, que era lo que hacía. El chico de ojos amatistas lo miró un poco confuso. El ojirojizo abrazó la bufanda y le sonrió, pese a que Kai le miraba un poco confuso él alcanzó a notar un ligero tono rosa que se había posado de sus mejillas.
–Así también te ves bien.
Llevó la mirada al cuello del mayor, y después, fue descendiendo lentamente, mirándolo por completo. Sintió sus mejillas arder al percatarse de lo que hacía, y para colmo, no era la primera vez que lo había hecho esa noche. Sintiéndose nervioso, desvió la mirada a un lado y su expresión se volvió seria cuando divisó a Boris y a Brooklyn a unos pasos de ellos.
Sin pensarlo, se acercó a Kai y tomó su mano con la intención de salir corriendo a otra parte del lugar, pero para su mala suerte, fue detenido por los otros:
–Conque aquí estaban –la voz de Brooklyn se escuchaba algo molesta, por primera ves tras su permanente sonrisa, la cual ahora a Takao ya no le agradaba mucho.
Kai, al percatarse de que sus hermanastros estaban ahí, soltó la mano del peliazul de inmediato, dejando a éste desconcertado:
–Muy gracioso, Hiwatari –habló con burla el peligris.
–¡Oye! ¿De donde has sacado esa ropa? –le preguntó Brooklyn, con bastante interés y mirándolo de forma inquisidora, ya que nunca supo que Kai tuviera esa ropa.
–... –él desvió la mirada, no les debía explicaciones a esos dos, y esa ropa era suya, pero no quería hablar de más frente a Takao.
–¡Responde! –le ordenó Boris, con los puños apretados, aguantándose las ganas de darle un golpe.
–¡Déjenle tranquilo! –ordenó el peliazul con enfado, llamando la atención de los tres que le miraron a la misma vez.
–Takao, ¿Qué te parece si bailamos mientras mi hermano habla con Hiwatari? –propuso Brooklyn, con una sonrisa seductora que le puso los pelos de punta al aludido.
–Ni lo sueñes, Brooklyn –Protestó Kai casi de inmediato atravesando su brazo entre su hermanastro y el chico de ojos rojizos.
Eso molestó mucho a los dos hermanos Kai nunca había sido tan insolente, por otro lado Takao sonrió aliviado y feliz por ser defendido por Kai de nuevo, y sin deberle nada está vez..
–Tú no decides por él –dijo Brooklyn molesto como pocas veces se le podía ver.
El ojiverde se acercó a Kai peligrosamente, sin que éste se inmutara
–¿Y cómo le hiciste para escapar? ¿Eh…? ¿Hiwatari? –dijo sonando su voz burlona y maliciosa.
–¿Escapar? –preguntó Takao, pero fue ignorado.
–¿No recuerdas Hiwatari? –Prosiguió– tú no deberías de estar aquí –lo fulminó con la mirada– Si te largas ahora mismo, puede que mi papá no se entere de esto.
En cuanto Kai escuchó lo último, retrocedió un paso de forma inconsciente. Repentinamente había regresado a la realidad. ¿Qué estaba haciendo? Había desafiado a sus hermanastros y a Valkov, ya sabía que tendría problemas pero hasta ese momento comprendió la magnitud de sus actos. Su vida estaba decidida, nada podía hacer. Dudo unos segundos sobre que hacer, pero finalmente, salió corriendo de ahí, sin mirar a nadie… ni a Takao.
–¡Kai! –le llamó el peliazul, pero nuevamente, fue ignorado. Bajó la mirada, con tristeza, y al hacerlo se percató de algo –Tu... ¡Tu bufanda!– gritó con torpeza, aún sabiendo que el bicolor ya no estaba ahí. No pudo evitar fruncir el ceño al escuchar a Brooklyn y a Boris reír a carcajadas a su espalda. ¡Esos dos lo habían estropeado todo!
–¡Ya basta! –Les gritó– ¡Por su culpa Kai se fue! ¿Por qué siempre lo están molestando?
Boris se alzó de hombros como restándole importancia al hecho.
–No te preocupes por él –le sonrió Brooklyn– Mejor bailemos.
Takao no podía creer el cinismo de esos dos, sobre todo de Brooklyn, que siempre hablaba con esa sonrisa en la cara tomando todo a la ligera.
–¡Olvídenlo! ¿Quiero que me expliquen que relación tienen con Kai, ahora mismo? –Casi ordenó– ¿A que se referían con que Kai escapó?
–La verdad... –empezó Boris acercándose peligrosamente a Takao –Hiwatari no es lo que tú crees, ¿viste la ropa que traía? lo más probable es que la robó.
Takao se sorprendió al escuchar eso.
–Si, –se acercó el pelirrojo para apoyar a su hermano en esa sucia treta –él vive en nuestra casa porque nuestro padre amablemente se ofreció a cuidarlo, después de que su madre lo abandonara. Pero Kai es un malagradecido, a veces hace cosas terribles, y nuestro padre ya no puede con él.
–Por eso nosotros lo vigilamos en la escuela, para que no siga haciendo cosas malas, y siempre huye cuando sabe que está acorralado y que lo hemos descubierto... –cerró Boris la mentira.
Takao recordó que ayer Kai “huyó” después de que lo viera con ellos, en una situación similar a la de ahora, pero, no podía ser. Se negaba a que eso fuera cierto.
–No es cierto... –Balbucéo incrédulo al final.
–El finge que es otra persona, pero en verdad no es más que un ladrón –Siguió el pelirrojo ante la reacción de Takao. –Probablemente se acercó a ti para robarte también.
Takao no podía aceptar eso, las palabras de Kai… su actitud… Kai era misterioso pero... no podía creer que fuera un ladrón, sobre todo por sus palabras, y además creyó ver melancolía en la mirada de éste, la mañana que habló con él por vez primera. Sintió como Boris lo abrazaba, estaba por decir algo cuando, unos de sus amigos llegaron a felicitarlo, por lo que Boris y Brooklyn tuvieron que apartarse.
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Mientras... tanto Kai iba corriendo por la calle, al igual que como llegó, se fue caminando, ya era muy noche, y se sentía fatal. No podía creer que hubiera huido así, al final Boris y Brooklyn se habían salido con la suya, y es que estaba seguro de que si Valkov se enteraba de que había escapado y además entrado a su cuarto a esculcar en su ropero, lo encerraría de por vida en el departamento y entonces... jamás volvería a ir a la escuela y... tampoco volvería a ver a Kinomiya...
–/Kinomiya... / –Pensó con algo de tristeza. Que tonto fue; el descubrir que su mamá no lo había abandonado no le servia de nada, porque no podía ir hasta donde ella estaba; a final de cuentas, dependía del maldito de Valkov, cuando lo odiaba...
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Desde que Kai se había marchado, o más bien huido, Takao se mantuvo cerca de sus amigos de la preparatoria, con los que solía estar durante el recreo. Así se aseguraba de que esos pesados de Boris y Brooklyn no se acercaran a él. Todavía se sentía molesto con esos dos, pero también se sentía preocupado y confundido por lo último que le habían dicho. ¿En serio Kai era un ladrón, e iba a robarle? En ese caso, Boris y Brooklyn no habían estropeado nada, le habían ayudado, ¿O no?
Negó con la cabeza, y miró hacia sus brazos, en los cuales abrazaba la blanca bufanda., que le había quitado a Kai e inconscientemente, la apretó un poco contra él, mientras se aferraba a la idea de que Kai no era un ladrón. No podía serlo. O al menos eso quería él:
–Takao, ¿Te ocurre algo?
La voz de uno de sus amigos, le devolvió a la realidad rápidamente:
–Estoy bien –fue lo único que dijo y se integró a la platica, era su fiesta y tendría que estar contento… aunque después de eso, ya no se sentía muy contento, más bien confundido.
El domingo se la paso pensando en que haría la próxima vez que viera a Kai, quería decirle tantas cosas y preguntarle muchas a él. No pensaría que era un ladrón hasta que él mismo se explicara. Cuando llegó el lunes se sintió frustrado porque todavía no sabía que haría, pero cuando menos tenía el pretexto de hablarle para entregarle la bufanda. Había llegado con tiempo de sobra a la prepa, quería hablar con Kai antes de que comenzaran las clases. Sin embargo, ése día al igual que el sábado; el tiempo pasó; el timbre sonó, y ni rastro de Kai. Lo que le extrañó, fue que ni Brooklyn y Boris habían llegado tampoco. Con resignación, se dirigió a su clase, ya buscaría a Kai a la hora del receso, o la salida. Lo que ignoraba, era que tampoco encontraría al dueño de la bufanda a esa hora... Los días siguientes, fueron exactamente iguales. El peliazul esperaba a Kai, pero éste parecía haber desaparecido de repente, al igual que Boris y Brooklyn...
Un día se encontraba en la sala de su mansión, pensativo, y también algo deprimido, ya no podía negarlo, echaba de menos a Kai, se sentía intranquilo, y eso lo desconcertaba ¿Qué podría haber pasado con él? Su padre pasó por su lado, y le llamó la atención el hecho de que su hijo, el que siempre estaba alegre y haciendo algo, estuviese tan callado y quieto:
–Hola, hijo.
–Mph... –Bufó sin ganas.
–¿Qué te ocurre?
–… –Pero no obtuvo respuesta.
–Desde tu cumpleaños te he notado algo decaído. Y también me he dado cuenta de que no sueltas esa bufanda en todo el día –señaló la prenda en los brazos de su hijo– Incluso juraría que duermes con ella –comentó– ¿Esa bufanda es algún regalo de cumpleaños? ¿Te la regaló algún amigo?
–Pues... más o menos –contestó, al no saber bien que decir. – Oye… papá.
–¿Si?
Dudo un momento en lo que se le ocurría como explicar un poco la situación.
–Hay un chico… que es mi amigo, pero… casi no le veo, es…–Hizo una pausa– ha comenzado a faltar a la escuela, y no tengo su número telefónico, ni sé dónde vive… Y no sé que hacer.
Su padre lo miró unos momentos.
–¿Es el amigo que te regaló esa bufanda?
–Aja… –Atinó a decir– quiero ir a verlo, pero…
Su padre suspiró.
–Si es de la escuela, seguramente le puedes preguntar a Dickenson.
–¿El director? –Takao miró a su padre con curiosidad.
–Si… –sacó su celular y lo abrió– siempre tengo su número a la mano para saber de ti. Sabes que no me gusta mucho esa escuela a la que te gusta ir.
Takao rodó su mirada.
–Papá, no empecemos con eso… ¿quieres?
El hombre negó, y reaccionó cuando encontró el número.
–Aquí está –Le paso el celular a su hijo para que mirara el número.
Takao sonrió, y tomó el teléfono.
–¿Me das crédito? –marcó desde allí y esperó el tono.
–¡Espera hijo, ese es mi celular para…
–¿Si? ¿Señor Dickenson? Hola, habla Kinomiya Takao…
–… negocios… –A completó el señor Kinomiya, y ya no dijo más, al ver que su hijo ya estaba hablando con el director, además, se quedó viendo la amplia sonrisa que ahora tenía en sus labios al hablar. De repente se veía muy animado, y aún seguía sin soltar esa dichosa bufanda. Vaya que le había gustado el regalo:
–Sí, se llama Kai Hiwatari– le repitió el peliazul –Como ya le he dicho, Señor Dickenson, me gustaría entregarle su bufanda personalmente –Takao no pudo evitar soltar un pequeño grito de alegría cuando el director de la escuela le dio la esperada dirección de Kai– ¡Gracias! ¡Muchas gracias! ¡Adiós!.
El peliazul miró el papel en su mano derecha, donde había apuntado la dirección del ojiamatista. Estaba impaciente, quería ir a verlo en ese mismo instante si pudiera.
–Papá, –Lo miró contento y le enseñó el papel– ¿Me podrías llevar en tu coche a esta dirección? ¿Si? ¿Por favor?
Su padre vio la dirección.
–¿Shinjuku? –Ese lugar no le gustaba, así que no puedo evitar nombrarlo con desagrado...
… Takao lo tendría que convencer.
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Después de que Kai saliera de la fiesta, había llegado a su casa y las cosas fueron peor que si se hubiera quedado en la fiesta, ¿en qué estaba pensando? Aún no lo entendía. Cuando llegó, Valkov ya estaba allí, jamás lo había visto como esa noche lo vio, sus ojos estaban chispeando odio, y maldad. Cuando era pequeño le tenía miedo, después trató de rebelarse, pero fue capaz de darse cuenta que aun le temía y por ello, aunque lo odiará, terminaba haciendo lo que le mandaba, al principio fue por su madre, después... por el miedo a quedarse solo y desamparado. Ante tales pensamientos se sentía patético, cómo había dejado que esa escoria y las escorias de sus hijos lo trataran así. ¡Se odiaba así mismo! Y más por haber permitido que Valkov lo golpeara esa noche.
Y como lo sospechó, desde ese día había estado encerrado, sin poder ir a la escuela, ni a ningún lado, quizás porque esta vez las marcas de los golpes no habían quedado en lugares discretos, o tal vez para que no viera a Takao, cualquiera de las dos cosas, y eso gracias a las cosas que Boris y Brooklyn le había dicho sobre la fiesta, mentiras, mentiras y más mentiras, estaba tentado a pensar que toda su existencia era una mentira.
De nada sirvió tratar de defenderse con él hecho de saber que su madre no lo había abandonado, pues los siguientes días Valkov jugó con su mente. Le dijo que su madre no estaba trabajando en ningún lado y menos para él, que lo que había visto no era real, que ya dejara de mentir, incluso le preguntó: “¿De dónde sacaste esa ropa?” “¿Ahora eres un ladrón también?”.
–/¡No!/ –Se gritaba mentalmente Kai sujetándose la cabeza. Estaba seguro, leyó la carta de su mamá, eran las palabras de su mamá, su letra... pero ¿Y la fecha? ¿Cuando lo escribió?– / Mamá.../ –pensaba desesperado. Su mamá era lo único que le quedaba, era la única prueba de su existencia, pero sobre todo, de que su existencia valía la pena para alguien. –/¡Maldito Valkov, malditos Boris y Brooklyn!/ –Se terminaría, eso tendría que terminar.
Habían pasado siete días… quizás más, ya había perdido la noción del tiempo. Se encontraba encogido en su cama, encerrado, como lo había estado esos días. –Esto se terminará... Valkov... ya no me usaras mas... maldito –repitió con tono lúgubre, casi se volvía una obsesión, pero...
…
---Me alegra mucho que hayas venido---.
…
La sonrisa de Kinomiya Takao llegó a su mente, su sonrisa y esas palabras.
¿Había alguien más que se interesaba en él? Pero ¿De que servia? Probablemente no volvería a ver a esa persona. Se levantó y caminó hacia una mesa donde halló, como venido del infierno..., algo, un cuchillo, si..., él lo llevó allí para cortar algo... ¿Algo?
Sujetó el cuchillo, mirándolo detenidamente, como si fuera la primera vez en su vida que veía uno... de pronto alzó su muñeca izquierda... mirándola también, con la mano que sujetaba el cuchillo deslizó la hoja metálica por su piel, sin hacerse daño. Luego extendió los dedos, dejando la palma abierta, paseó el cuchillo hasta allí también y sin dudarlo hizo una cortada diagonal... aunque salió sangre, era obvio que eso no lo mataría... paseo el cuchillo por su muñeca... otra vez, pero sin decidirse en hacerlo... pero… ¿Hacer qué?
…
---… así puedo preguntarte tu nombre. Es normal preguntar el nombre de alguien para saber con quien se está hablando---.
…
Un recuerdo más de esa noche…
–/Ojalá… pudiera verte… de nuevo.../ –sus pensamientos se nublaron... ¿Lo quería ver? ¿A Kinomiya?– /Yo... / –vaciló– /¿Por qué…/
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Al mismo tiempo.
Un auto avanzaba por las calles de Shinjuku. En el, se veía a Takao y a su padre en la parte trasera del vehículo. Al final, Takao había convencido a su padre de llevarlo hasta la casa de “Su amigo”. El auto lo conducía un hombre vestido de negro, sombrero y chico peliazul estaba algo nervioso, pero feliz de que volvería a ver a Kai. Conforme avanzaban comenzó a ver que esas calles eran de las más bajas de Shinjuku.
–¿Aquí vive tu amigo, Takao? –preguntó su papá, mirando serio el rededor. Takao no supo que contestar a eso, recordando las palabras de Boris y Brooklyn, de todas maneras, eso no significaba que todos los que Vivian en dichos lugares fueran ladrones, apartó eso de su mente, confiaba en Kai.
–Llegamos señor –Informó el mayordomo, Takao abrió la puerta y miró un edificio de departamentos, tétrico y pobre.
El peliazul bajó con rapidez del automóvil con la bufanda entre las manos y subió las escaleras hasta el piso dónde, estaba indicado el número, dónde se suponía vivía Kai. Una vez frente a la puerta, inmediatamente tocó el timbre, esperando con impaciencia que la puerta se abriera. Después de unos segundos de espera que para él parecieron eternos, por fin alguien abrió la puerta, aunque para su desilusión no era Kai, sino...
–Boris... –murmuró, tornando su expresión seria.
–Vaya, pero que sorpresa –sonrió de lado, mientras apoyaba un brazo en el marco de la puerta en un ademán pretencioso –¿Y se puede saber a que se debe tan agradable visita?
El peliazul arqueó una ceja, extrañado por el cambio de comportamiento de Boris. Aúnque en seguida recordó por qué estaba ahí. Alzó un poco la prenda que llevaba entre las manos para que el peligris la viera:
–Vengo a devolverle a Kai su bufanda –le explicó con una leve sonrisa– la olvidó.
El otro se puso serio repentinamente. Se enderezó y se cruzó de brazos:
–Ah. Por eso estás aquí.
–Sí. ¿Dónde está Kai? –Se alzó de puntillas e intentó ver lo que había tras el peligris, pero éste atravesó un brazo frente a él, llamándole la atención.
–Hiwatari no está aquí –respondió algo tajante–. Aunque eso no importa porque, esa bufanda que traes no es suya, es mía –afirmó.
–¿Tuya?
–Así es. Él me la robó –dijo con tranquilidad. Y le arrebató la prenda de las manos, sin mucho cuidado–. No es la primera cosa que me roba.
–... –De nuevo eso de que Kai era un ladrón.
–¿Qué te pasa? –Sonrió con malicia muy bien oculta– ¿Te ha comido la lengua el gato?
–Kai no es un ladrón –aseguró Takao, mirándolo con desconfianza–. Mientes.
–No estoy mintiendo ¿Por qué iba a hacer algo así?
–... ¿Dónde está Kai? –Preguntó de nuevo con el ceño levemente fruncido–. Quiero hablar con él.
–Ya te he dicho que no está.
Takao ya se estaba hartando de ese tipo, trato de asomarse al departamento.
–¡Kai! –Llamó algo fuerte. Estaba seguro de que Boris le estaba mintiendo y que el ojiamatistas sí estaba ahí. Pero su grito no consiguió que el mencionado apareciera ahí, sino que fue Brooklyn quien salió rápidamente al escuchar su voz.
–¡Takao! –exclamó con alegría.
–…Hola –saludó desanimado.
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En la habitación…
–¡Kai!
Despertó de su delirio al escuchar ese grito, llamándolo.
–/¿Kinomiya...?/ –pensó. Y sin pensarlo se acercó a la puerta, alcanzando a escuchar las odiosas voces de sus hermanastros... y otra más. –Kinomiya... –miró el cuchillo en su mano y miró la puerta, ya había abierto antes esa puerta con algo, pero ¿Con un cuchillo? No le importaba tenía que salir de allí, encajó la punta del utensilio en la cerradura de la puerta, como no era muy delgada, le estaba dando problemas para abrirla, pero al fin, la puerta se abrió. Salió a toda prisa, mirando a Takao bajo el marco de la entrada.
–¡Kinomiya! –exclamó ignorando olímpicamente a sus hermanastros, que miraban sorprendidos hacia él, ya que no había abierto precisamente muy silencioso.
–¡Kai! –Reaccionó el peliazul con felicidad de mirarlo, estaba por ignorar también a ese par y acercarse al peligris, pero...
–Ah, el ladrón Kai –dijo Boris con una mirada cargada de desdén y con una sonrisa torcida– Takao vino a traer la bufanda que me robaste, ¿Lindo, no?
Kai lo fulminó con la vista.
–Yo no he robado nada, ustedes y el infeliz de Valkov me trataron de matar, de destruirme, no son más que escoria. –soltó con desprecio.
–Con que escoria –Reiteró Boris sacando algo de la bolsa de su pantalón.
–¡Kai!–exclamó Takao, alterado cuando su intentó por avisar a Kai las intenciones de Boris se vio interrumpido cuando la mano de Brooklyn tapó su boca y le detuvo sujetándole de la cintura.
Kai se distrajo al ver a Brooklyn agarrar a Takao, desviando por dos segundos la vista, por lo que no alcanzó a prever el golpe que Boris le asentó, pero no cayó, resistió y retuvo a Boris que al querer darle un segundo golpe intentó clavarle una navaja.
Abajo del departamento. Su padre y el chofer lo esperaban. Al señor Kinomiya ya se le había hecho larga esa espera, sólo iba a entregarle una bufanda a su amigo, ¿qué pasaba? Al ver la preocupación de su señor el chofer...
–¿Quiere que vaya por el joven Takao? –Sugirió.
De nuevo en el departamento. Takao miraba con impotencia desde los brazos de Brooklyn como Boris y Kai peleaban.
–… /¿Por qué está pasando esto?/ –pensó– /¿Por qué Boris quiere lastimar a Kai?/ –Aunque forcejeaba él también, intentando liberarse de Brooklyn, fue en vano. Sus ojos se abrieron en sorpresa cuando vio que el peligris había conseguido hacer un corte leve en el brazo derecho– /¡Kai!/ –Ese grito no alcanzó a salir bien de sus labios escuchándose como un murmullo entre los dedos del pelirrojo– /Tengo que hacer algo para ayudarle, ¿pero qué? ¡No puedo soltarme!/ –En ese momento, recordó una conversación que tuvo con el ojiamatista acerca de Boris y Brooklyn:
…
---Conozco a esos dos; a veces son algo abusivos, pero siempre que les digo que paren lo dejan, no son tan malos, sólo que son un poco pesados– le dijo a Kai---.
---Se ve que no les conoces bien... –Le había replicado él demasiado serio---.
---Tal vez, pero me gusta darle una oportunidad a las personas –se había sonreído– todos la merecen---.
–Que bueno que entu mundito, todo es paz y felicidad,–Es fue su ironía–Tú no sabes nada...---.
…
Salió de sus pensamientos cuando vio que Kai nuevamente recibía otro corte, esta vez uno en la mejilla. Al fin comprendió, ¡Cuanta razón tenía Kai! ¡Era cierto! Él no sabía nada de nada y se había atrevido a hablar frente a él como si lo supiera todo.
–…/¡Kai! Aléjate de ahí, por favor, no quiero que te sigan lastimando/ –no supo en que momento fue, pero su vista se nubló debido a las primeras lágrimas que se comenzaban a juntar en sus ojos.
–¿Qué está pasando aquí? –La voz del chofer los dejó a todos paralizados –Usted, ¿Qué le está haciendo al señorito Takao? –Preguntó con molestia a Brooklyn– ¡Suéltelo en éste instante! –instruyó.
El pelirrojo de inmediato obedeció. En cuanto el peliazul se vio libre, salió corriendo hacia Kai y lo abrazó, sintiéndose enormemente aliviado:
–Menos mal que estas bien –sonrió levemente. Y le tomó por sorpresa el echo de sentir los brazos de Kai rodearle en un abrazo firme, apretándole contra él– Kai... –murmuró, aunque no se negó a eso.
–Señorito Takao, este no es un lugar seguro para usted –le comunicó el chofer, mirando con desaprobación a Boris y a Brooklyn– Será mejor que vuelva con su padre cuanto antes –sin más, se dio la vuelta y se dirigió a la salida.
Takao asintió y manteniendo su sonrisa tomó a Kai de la mano para que le siguiera, el cual obedeció algo confundido. Una vez que salieron del departamento, Boris aventó la navaja al suelo con frustración, mientras que Brooklyn tan sólo se le quedaba mirando.
Cuando Kai miró que abajo les esperaba una limusina, se sorprendió, y más aun cuando descubrió que dentro del auto estaba un hombre, que se parecía en rasgos al peliazul… ¡Era el padre de Kinomiya! No se le ocurrió nada que decir, y ambos, tanto el como Takao terminaron abordando el vehículo.
Durante el trayecto hasta la mansión, Takao y el chofer le contaron al padre del primero todo lo sucedido en aquel departamento. El señor Kinomiya mandó una mirada serena y calmada hacia Kai, y éste se sintió estudiado por aquellos ojos que eran tan rojos como los de Takao, sintió como si ese adulto pudiera leer lo que pensaba y se fuera enterando de todo lo que había vivido con Valkov y esos dos. Se sentía tan avergonzado que de no ser porque el automóvil estaba en movimiento y avanzaba a gran velocidad hubiera saltado de él y regresado corriendo al departamento con aquellos, todo con tal de que nadie supiera de su vida.
–¿Qué... familiares…?
–¿¡…!? –Reaccionó de pronto al notar que ese señor le hablaba. Se había sentido tan abrumado y agobiado que dejó de captar los sonidos a su alrededor. Se tomo de nueva cuenta con los rojizos ojos del mayor y no respondió nada, no porque no quisiera, sino porque en realidad no había escuchado.
–¿Qué sino tienes otros familiares? –Le repitió Takao con más calma estando a su lado. En un momento había notado que pasaba.
–Yo…
–No te preocupes –le sonrió– mi papá es muy bueno… y nunca se enoja –Recalcó al final.
El señor Kinomiya suspiró.
–Mi… mamá…–Dijo al final Kai.
Takao sonrió.
–¿Tienes a tu mamá? ¿Dónde está?
–… –dudó, pues después de que leyera las cartas de su mamá por sólo una vez, Valkov le dijo que todo eso eran sólo alucinaciones suyas y no pudo volver a verlas. –… En Yokohama… creo.
–¿Qué hace allá?
–…Trabajando…
–¿Papá? –Volteó el peliazul mirando a su padre, ya que el tenía un negocio en Yokohama, el señor Kinomiya ya ni tenía que preguntar, era obvio que su hijo le pedía ayuda para localizar a la madre de… su amigo ese. A él no le costaría trabajo localizarla, conocía a investigadores y de más gente que podría hacerlo, y eran de los mejores.
Al señor Kinomiya, eso no le importaría... usualmente, sin embargo, su hijo se veía muy preocupado por ese chico llamado Kai, de hecho, debido a su apariencia él mismo fue capaz de darse cuenta también de en qué condiciones había estado viviendo, y eso no podía pasarlo por alto.
–La encontraremos –Fue lo que dijo, y finalmente sonrió hacía su hijo después de permanecer tan serio por mucho rato. Y Takao le imitó la sonrisa, cosa que no pudo hacer Kai, no sabía como reaccionar, nadie había sido amable con él me mucho tiempo, y ahora no sabía ni que decir. Pero sin que lo notara, y siendo incapaz de manifestar otra reacción, se ruborizó un poco, y bajó la vista, aunque su gesto seguía siendo relativamente el mismo. A Takao le dio mucha curiosidad esa reacción.
Llegaron a la mansión y el peliazul se llevó a Kai a su habitación casi corriendo y cuando éste se quiso dar cuenta, estaba siendo curado con delicadeza por el peliazul:
–Kinomiya... no es necesario que... –intentó decirle.
–“Takao” –interrumpió sin dejar de lado su tarea: curar el corte de la mejilla.
–¿Umn? –el peligris se confundió.
–Llámame Takao –pidió el peliazul.
–… –Kai se quedó pensativo, Takao había sido el primero en llamarle por su nombre, y no por su apellido, y de manera despectiva como lo hacían los otros.
–Ya está –le informó– ¿Te duele? –le preguntó sentándose junto a él en la cama. Nuevamente se acercó para examinar la herida de cerca.
–No –después de unos segundos de silencio, agregó–. Gracias por todo… Takao.
–No hay de que –le respondió muy contento de escuchar eso, y además de escuchar su nombre por ves primera saliendo de los labios de Kai.
Hasta ese momento, ninguno se había percatado de que se encontraban demasiado cerca el uno del otro, Takao se sonrojo levemente, al notarlo, pero dirigió su mirada a los labios contrarios, sin percatarse de que él mismo iba reduciendo la distancia entre sus rostros poco a poco, hasta que finalmente posó sus labios sobre los de Kai. Apenas duró así unos segundos ya que él mismo se alejó con un rápido movimiento. Totalmente ruborizado y con torpes movimientos, cogió la bufanda de Kai, la cual estaba sobre la cama:
–Uhmm... Toma, Kai. Será mejor que te pongas tu bufanda antes de que la olvides de nuevo –pasó la prenda por el cuello de chico de ojos amatistas con una sonrisa nerviosa.
Kai se le quedó mirando, sentía un calor intenso en el rostro, pero era una sensación agradable.
–Kai, yo... –aprovechando que aún tenía los extremos de la bufanda en las manos dio un pequeño tirón que provocó que Kai se acercara a él. Takao no perdió la oportunidad y nuevamente volvió a unir sus labios, pero esta vez fue algo más prolongado.
Kai estaba sorprendido por eso, pero al final, alzó sus brazos para rodear el cuerpo del peliazul, y no dejar que se apartara de él. Y aunque no tenía ni idea de cómo, le comenzó a responder el beso a Takao, y éste entendió que sus sentimientos también eran correspondidos. Lentamente se alejaron.
–Me gustas –le susurró, Takao a Kai, con una pequeña sonrisa.
–... Y tú a mi –Respondió Kai.
OWARI (Fin lo que paso después NO importa xD)
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Notas Finales:
Mil-chan, pues esté fue un final tipo: “Película de Disney”, dónde se asume que las dificultades terminaron, y todos fueron felices: por siempre jamás. En realidad, no quería alargar esta historia a lo indebido, si Kai encontró o no a su mamá, creo que quizás con ayuda del papá de Takao la encontró. ¿Qué paso con Valkov? La verdad no sé y no me interesaba ponerlo xD, quizás opines(en) que el tipo merecía ir a la cárcel o algo así. Quizás si. Quizás el papá de Takao también tomo cartas en el asunto, podría ser. Lo que no va a pasar es que escriba un “Ceniciento… ¿Encantador? 2”… ni al caso (como hicieron los de Disney con “Cenicienta”).
En resumidas cuentas, espero que te (les) halla gustado como adapté esta historia, y bueno el crédito no es sólo mío. Takai-chan me ayudó en parte del argumento y por supuesto, en las frases de Takao (Aunque algunas las cambié al español de México ). Sobre el final… ¿No había dicho antes que soy muy mala para ellos? xD Pues ya lo sabes(en) xDD
Si les gustó esta historia, o si quieren decirme que ya no escriba cosas tan malas, y quieren hacérmelo saber (o asegurarse de que lo haga), pueden dejar un comentario, dando un “click” en el botoncito de letras verdes de abajo y… ¡A escribir!
¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!
¡Mil gracias por leer!
ATTE: Senshi Hisaki Raiden “La legendaria swordgirl princess”.
Do svidan ya!
(До свидаья!)