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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » Lágrimas de Serpiente

Learilla
Author of 21 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Angst - Hermione G. & Draco M. - Reviews: 261 - Updated: 12-27-09 - Published: 12-24-08 - id:4740519

Volví.

SIIIIIIIIII!

Siento el retraso pero estoy hasta arriba con la facultad y cosas varias. Pero aquí sigo, al pie del cañón. ESPERO QUE OS GUSTE ESTE CAPÍTULO.

Por cierto, carmilla_nix me dejaste en el review la dirección de tu email, pero fanfiction lo borra. Debes dejármelo así: correobonito arroba Hotmail punto com y así no tengo ningún problema en contestarte y que hablemos sobre la historia. Además os invito a todas las anónimas que también me lo dejéis para que os pueda contestar los reviews.

Espero que os guste este capítulo.

Un besito nenas (y nenes)

oOoOoOoOoOoOoOo

El silencio se había vuelto demasiado incómodo como para seguir manteniéndolo. Los chicos se miraron entre sí, mientras Pansy, sentada en el apoyabrazos del sillón en el que estaba Malfoy, se miraba distraídamente las uñas, tratando de llamar la atención de Draco.

El rubio no podía apartar la mirada de la chimenea frente a él.

-¿Qué te ocurre esta noche, Malfoy? –le espetó Zabini, levantándose de su asiento y sacando una pequeña petaca de debajo de la capa. La abrió y le dio un sorbo rápido antes de hacer una mueca al tragar el líquido. –Creía que tenías algo importante que decirnos. Fuiste tú quién convocó esta reunión.

Draco lo miró sin moverse de su sitio. El brillo de sus ojos bastó para callarlos a todos.

-Las cosas no han salido como yo esperaba –siseó lentamente, calibrando la velocidad y el todo espeso y venenoso que imprimía a cada una de sus palabras. –Hemos sufrido un pequeño… infortunio. Lo mejor es que nos olvidemos de todo esto y volvamos a las mazmorras, creo que los chicos del equipo tenían algo preparado para esta noche.

-No creo que sea una buena idea…

-¿Ah no? –Draco cambió su centro de atención a un par de ojos azules a su derecha. –Y dinos, Nott. ¿Por qué no crees que sea una buena idea?

El chico pareció confuso. Algo no marchaba bien y ese algo era tan evidente que en poco tiempo, incluso Crabble podría deducir de qué se trataba. Draco tenía que sacarlos a todos de allí antes de que a esa sangresucia se le ocurriera la genial idea de empezar a hacer ruiditos que pudieran delatarla. Delatarlos. A ambos.

-Es obvio que tenías algo que decirnos, Malfoy. Tú mismo me lo dijiste anoche. Algo relacionado con el Señor Oscuro. Y si ha ocurrido algo que te impida contárnoslo, a nosotros, tu círculo de confianza, mientras estamos bien incomunicados del resto de este maldito castillo, es algo grave y creo que deberíamos saberlo de todos modos.

-Sin que sirva de precedente, pero Theodore tiene razón Draco. Deberíamos saberlo.

-¡No! –el chico se puso en pie, enfurecido.

Pansy se levantó también y se agarró de su brazo, intentando tranquilizarle. De un movimiento rápido, Malfoy se la quitó de encima haciéndola caer de nuevo al sillón.

-He dicho que hoy no diré nada y no pienso hacerlo. No es muy buena idea que sigáis contradiciéndome. Volved a la Sala Común, sabréis lo que tengo que deciros a su debido tiempo.

-Pero Malfoy…

-¡Fuera!

Crabble, Goyle y Zabini intercambiaron una mirada rápida que bien podría traducirse por “vayámonos antes de que la serpiente salga a cazar”. Murmuraron algo rápido, frases de cortesía que dejaban bien claro quién mandaba en aquella habitación pequeña y asfixiante, y se largaron por el mismo sitio que habían llegado. Nott fue más duro de pelar. Él y Malfoy sostuvieron una pequeña guerra silenciosa de miradas que no pasó desapercibida ni para Hermione ni mucho menos para Pansy.

-Vete, Nott. Déjanos algo de intimidad, ¿quieres?

El castaño la miró interrogante, sin comprender del todo a lo que se refería la muchacha con aquello. Cuando la incomprensión se disipó, alternó su mirada entre ambos, ofendido.

-¿Un calentón, Malfoy? ¿Todo esto por un simple calentón? –recogió su capa del respaldo del sofá y se la echó al hombro. –Buena jugada, Malfoy, pero esto no va a quedarse así.

-Claro que no, Nott –susurró mientras su compañero cruzaba de nuevo el muro que lo devolvía a los pasillos de piedra del castillo. –Puedes apostar a que no.

Cuando la gárgola volvió a su sitio, Draco giró noventa grados en el momento preciso en el que Pansy le rodeaba el cuello con sus brazos y atrapaba sus labios con los suyos. El rubio se dejó llevar un par de minutos, tiempo en el que saboreó, acarició y pellizcó todo lo que se le puso a mano, que no fue poco. Un movimiento, rápido y sutil junto a la chimenea, lo sacó del hedonismo al que se había visto arrastrado. Una vez más, apartó el cuerpo menudo de Parkinson del suyo. La rechazó.

-Tú también deberías irte.

-¿Qué?

-Que te vayas.

Pansy lo miró indignada.

-Te juro que como no estés bromeando…

-¿Qué harás? –Malfoy se alejó de ella un par de pasos y se dirigió a la chimenea. Por alguna extraña razón que Pansy no podía adivinar, el fuego surtía una especie de hechizo hipnótico en su compañero.

-Si salgo por esa puerta olvídate de venir a buscarme nunca más. Y esta vez va en serio, Draco. No pienso estar ahí como una idiota cada vez que a ti te apetezca –se cruzó de brazos bajo el pecho y se afianzó al sueño. –He dicho.

-¿Has terminado?

-Sí. –Pansy dudó. –Creo que sí.

-Bien. Ahora lárgate.

A espaldas del chico, la slytherin levantó la mano derecha como desahogo de su frustración. Se sentía ultrajada y humillada. ¿Cómo podía hablarle así? ¡A ella! Cerró la mano en un puño, amenazante, pero ese rubio engreído ni siquiera se giró, a sabiendas de que ella no sería capaz de hacerlo, de tocarle… Podía llegar a ser tan débil cuando se trataba de Draco Malfoy que se odió profundamente por ello. Ella podría elegir al chico que quisiera de todo Hogwarts. Al fin y al cabo, era una slytherin, una Parkinson y, si las cosas iban tal y como lo tenía planeado, una futura mortífaga. Ella había elegido a Malfoy y no al revés. Selección natural, el macho alfa… era perfectamente comprensible que un Malfoy fuera la primera opción para ella. Entonces… ¿qué diablos había salido mal? Si se llegaba a saber que Draco la repudiaba de aquella manera…

-Está bien. Hablaremos de esto cuando te calmes y tengas las cosas claras.

No esperó respuesta. La muchacha dio media vuelta, enérgica, y siguió los pasos de las otras serpientes.

Draco volvió a respirar.

-Ya puedes salir, Granger –cogió otra vez su varita, apuntó y recitó el contrahechizo.

La gryffindor volvió a recuperar su color normal al cabo de unos instantes. Desde la pared, miró a Malfoy con los ojos desorbitados por el miedo y la sorpresa, más pálida de lo normal.

-Eres una estúpida, ¿sabes lo cerca que has estado de que te descubrieran?

Hermione lo miró aún desorientada y sin ser plenamente consciente de lo que estaba haciendo. Las piernas le temblaban y, sin poder controlarlo, sentía como poco a poco el miedo que minutos antes la había paralizado, ahora la estaba absorbiendo y la estaba descomponiendo por dentro.

-Gracias –susurró desde el sillón. Tuvo que colocar la cabeza entre las piernas para evitar el mareo.

Malfoy se acercó hasta ella y se colocó frente a sus piernas.

-Vaya, Granger, cualquiera diría que eres toda una experta en esto del espionaje. Recomponte de una vez. Eres patética.

Ella se enderezó un momento y le miró con todo el odio que aún albergaba.

-Perdóname, Malfoy, pero no, no estoy acostumbrada a codearme con asesinos y terroristas. ¿O debería decir futuros asesinos y terroristas?

Draco enarcó una ceja.

-Di lo que quieras, Granger, pero procura no decirlo demasiado alto o empezarás a tener problemas. Y ahora vas a decirme qué cojones hacías tú aquí. –al ver el ligero temblor en los labios de Hermione agregó: -y vas a contarme la verdad sangresucia. Si sabes lo que te conviene.

-Di con esta sala por casualidad hace un par de horas.

¿Por qué mentía?

-Mientes… -siseó.

Claro que lo hacía.

Aunque no llegaba a comprender por qué. Había sido Theodore quién la había traído a esa sala oculta del castillo. Theodore quién la había dejado sola justo momentos de que llegaran los otros. Theodore quién había insistido en que lo acompañara. Theodore quién la había besado como nunca nadie antes lo había hecho. Theodore quién la había tocado. Theodore quién la había abandonado allí a su suerte…

No era estúpida. Hermione Jane Granger podía ser muchas cosas en este mundo salvo estúpida, por eso sabía que había algo muy extraño en todo eso. Algo que no encajaba en el puzzle. Su sentido arácnido no paraba de pitar en lo referente a Nott. Un pitido que le impedía ver y oír nada más a su alrededor.

-Os habéis reunido por la última aparición de mortífagos en el Callejón Diagón, ¿verdad? Sabéis algo, tenéis algo que ver…

-Deja de decir estupideces, Granger.

-¿Estupideces, Malfoy? ¡Por Morgana! Tengo que salir de aquí, necesito pensar.

La gryffindor se levantó del sillón y se dirigió a la puerta de salida antes de que la mano pálida de Malfoy alrededor de su brazo le cortara el paso. Ella se volvió indignada y se revolvió, en un vano intento por soltarse del agarre. Por desgracia para ella, el chico había previsto el ataque de furia y estaba preparado para él.

-Más te vale no decir nada de lo que has visto aquí, Granger.

Ella entornó los ojos, desafiante.

-¿Ver qué, Malfoy?

Abriendo los ojos, sorprendido por la nueva actitud de ella, Draco la soltó poco a poco, retrocediendo medio paso para tener mejor ángulo de visión de aquella leona.

-Aprendes rápido, Granger…

La mirada que el slytherin le dedicó la puso nerviosa. Por un minúsculo momento, Hermione habría jurado que a Draco Malfoy, el ególatra, narcisista y prefecto candidato para futuro Hitler del mundo mágico, se le había colado, casi de improviso, una pequeña sonrisa de medio lado entre los labios. Y por extraño que le pareciera, y por mucho que su mente racional le gritara que aquello no podía ser posible… aquella sonrisa no era ni mordaz ni sardónica. Era de algo más y Hermione no estaba muy segura de querer ponerle un adjetivo con el que la pudiera calificar.

Sin decir una sola palabra más. Hermione le dio la espalda, con un pequeño gruñido de frustración por la condescendencia con la que aquel futuro mortífago la estaba tratando, y salió por la apertura en el muro de piedra. Sin decir nada, sin volver la vista atrás. Decidida a no darla a Malfoy tal satisfacción…

Si él supiera en lo que estaba metida… otro hipogrifo cantaría…

En la soledad de la habitación secreta de los slytherins, Draco maldecía lo cerca que había estado…

oOoOoOoOoOoOoOo

No le extrañó demasiado llegar a la Sala Común de gryffindor y encontrarse a prácticamente todos sus amigos allí reunidos. Junto al fuego, susurrando e inclinados, de manera casi instintiva, sobre lo que Ginny tenía entre las manos. Antes de acercase a ellos, Hermione trató de respirar hondo un par de veces. Necesitaba despejarse, deja de lado todos los sentimientos encontrados que ahora mismo se debatían en su interior. Ninguno de ellos podía sospechar nada. No había ocurrido nada. Hermione no había estado rodeada de serpientes venenosas, ni mucho menos había sido tentada a morder la manzana. No. Ella sólo había estado fuera haciendo… cualquier cosa. Lo que fuera. Menos en aquella sala horrible de las mazmorras, besándose con Nott, espiando a los futuros mortífagos.

La castaña se acercó desde atrás, esbozando una sonrisa ladeada. Se apoyó sobre el respaldo del sillón escarlata y se puso de puntillas, dispuesta a echarle ella también un ojo a lo que quiera que estuvieran mirando.

El rostro asustado de un duende le devolvió la mirada antes de desaparecer en una de las esquinas de la foto.

Sin duda algo no marchaba bien.

-¿Qué ha ocurrido? –conscientes por primera vez de que ella había vuelto, los chicos se giraron y miraron a Hermione alarmados.

La chica se asustó.

-Hola Hermione, ¿dónde estabas? –la castaña rehuyó la mirada de Neville.

Algo dentro de ella se revolvió… él seguía siendo tan puro e inocente. Pese a todo lo que estaba ocurriendo, el chico desgarbado y algo despistado que era Neville Longbotton no había cambiado.

-Tenía cosas que hacer para McGonagall, -contestó. En seguida cambió el tema y volvió a lo que le interesaba. -¿Qué me he perdido?

-Hace una hora que ha llegado una lechuza –le contestó Ron apartando el codo del apoyabrazos del sillón para que su amiga pudiera sentarse. El chico le pasó El Profeta. –Bill me ha mandado el periódico. Por lo visto, McGonagall ha prohibido que entren publicaciones del exterior, por eso no habías recibido el periódico los últimos días. Es horrible Hermione. Los mortífagos han saqueado Gringotts.

-¿Qué? Pero eso no puede ser…

-Puede y es, Mione –Lavender se levantó del suelo y se acercó un poco más al círculo. –No me imagino lo que está ocurriendo fuera, pero debe ser un caos. –Instintivamente se abrazó a sí misma y perdió su mirada entre las llamas. –Mi hermana entra el año que viene a Hogwarts, es una niña. ¿Y si corre peligro ahí fuera, mientras nosotros estamos aquí bien protegidos? ¿Y mis padres?

Todos guardaron silencio ante tal muestra de sinceridad. Si hubiera que definir a Lavender Brown con una sola palabra, seguramente todos escogerían superficialidad. Por eso, escuchar de sus labios aquellas palabras, comprender su angustia, sentir su dolor… los dejó a todos atónitos y sin palabras de consuelo.

Hermione también se arrebujó un poco más contra el sillón, apretando con fuerza el papel que tenía entre las manos. Ron le pasó el brazo por los hombros, con la intención de reconfortarla y aliviarle un poco de la pesadez que debía de estar consumiéndola por dentro. Aquel simple gesto la hundió un poco más.

-No creo que debamos sacar conclusiones tan precipitadas –se obligó a decir. Alguien debía ser la voz que velara por el grupo, que los mantuviera unidos. –Posiblemente no sea tan malo como aquí aparece. Ya sabéis que los periodistas siempre tienden a exagerar los hechos.

-Hermione, tú misma sabes lo complicado que es irrumpir en Grigotts. Desde que alguien trató de robar la piedra filosofal hace seis años, las medidas se intensificaron. Aquello se convirtió en una fortaleza con magia de duende por todos lados. Magia muy poderosa, seguramente. ¿De verdad crees que exageran al decir ahí que ahora Voldemort tiene vía libre para entrar donde le apetezca?

Ella no dijo nada. En el fondo sabía que Harry tenía toda la razón.

-¿Dice qué se llevaron?

-No. Los duendes morirían antes de decir nada. Ni siquiera creo que ellos mismo lo sepan.

-Por Morgana…

Ron la apretó un poco más, atrayéndola hasta donde él estaba. De repente la castaña se sintió terriblemente casada, el peso de lo vivido aquel día le empezaba a pasar factura.

-Casi todos los chicos han recibido ya carta de sus padres para que pasen las navidades en la escuela –Ginny se acercó a Harry por detrás y le rodeó la cintura con los brazos. –No he parado de oírselo a todos. Están preocupados y no le culpo. Algo pasa y nadie nos quiere decir lo que es.

-Si de verdad algo importante pasara, Ginny. Los profesores ya nos hubieran dicho algo –Hermione se enderezó y se acercó al fuego para poder leer el artículo al completo.

-¿Tú crees?

-Estoy segura.

-¿Y si te equivocas, Hermione?

La castaña apartó un momento los ojos del periódico y los dirigió a la pareja. Harry la miraba fijamente, con aquellos ojos verdes que eran capaces de traspasarla, haciéndola sentirse pequeña, muy pequeña.

Un trozo más de su alma se partió y se perdió. Debería contarles a todos lo que estaba haciendo, cómo estaba trabajando para Dumbledore y McGonagall con la intención de pillar a alguna de las serpientes y descubrir algo que ayudara a La Orden a terminar con Voldemort de una vez. Sopesó sus opciones durante un par de segundos. Si se lo decía corría tres riesgos. El primero es que no la creyeran y se rieran de ella; el segundo, que sí que lo hicieran y la obligaran a abandonar esa estúpida misión por ser demasiado peligrosa; la tercera, que comprendieran el gran engaño al que los tenía sometidos y se enfadaran.

Ninguna le convenció.

Nada.

Por lo que en lugar de confesarse ante ellos, decidió que ya arreglaría cuentas más tardes con alguien superior. En vez de eso, su respuesta fue otra. Con la voz temblorosa y tirando el periódico al fuego, añadió:

-Creo que es hora de que vuelvas a reunir al Ejército de Dumbledore.

oOoOoOoOoOoOoOo

Cerró los ojos y se recostó sobre los cojines del sofá verde que había en la Sala Común de Slytherin. A aquellas horas de la tarde, las serpientes tenían mejores cosas que hacer que estar encerradas en su madriguera, por lo que Draco agradeció en silencio la tranquilidad que lo rodeaba allí. Llevaba un par de días sufriendo una jaqueca horrible que no disminuía y que lo tenía de un humor de perros.

Algo lo alarmó. Algo primigenio e instintivo. Cada vez que cerraba los malditos ojos volvía a recrease ante sí la escena de hacía un par de días, cuando había pillado a esa asquerosa sangresucia fisgoneando donde no debía.

La ayudaste para quedarte tú con la gloria de destruirla, se dijo. Si hubieras sido un estúpido imprudente, tendrías que haberla compartido con Zabini y Pansy, quizás también con Nott… No. Granger era suya, lo sabía.

¿Entonces por qué tenía que repetírselo una y mil veces cada vez que se la cruzaba por los pasillos y ella actuaba como si nada hubiera pasado?

La herida del hombro aún no le había sanado. Ese inútil de Goyle había apuntado mal en el bosque mientras practicaban magia oscura y el resultado había sido una maldición impactando directamente contra su hombro. No se curaba, no empeoraba. Simplemente seguía ahí, molestándole y jodiéndole la vida. Justo como hacía Granger.

Unas manos menudas y frías le acariciaron el rostro, parándose justo sobre su sien, donde empezó a moverse en círculos. Lentamente, Draco sonrió. Al menos, el dolor de cabeza parecía menguar ligeramente.

-Creí que dijiste que no ibas a estar ahí para mí otra vez –siseó con sorna.

-Me he cansado de esperar a que vengas a pedirme perdón. Llevas dos días paseándote por el castillo como un alma en pena. ¿Tan fuerte te ha dado esta vez?

Draco no dijo nada, mientras las manos de Pansy seguían haciendo su trabajo recorriéndolo cuello abajo, colándose descaradamente bajo su camisa.

-Deberías ir a ver a Madame Promfrey. Quizás ella pueda darte algo contra la jaqueca –soltó de repente. Si Draco no la conociera mejor, juraría que estaba preocupada.

-Esa vieja loca no va a tocarme ni un pelo, Parkinson.

Las manos de Pansy temblaron. ¿Acaso usar su apellido era una forma de decirle que lo suyo se había acabado?

-Bueno… Malfoy –escupió apartando rápidamente las manos de él. –A veces hay que ceder y saber aprovechar los puntos fuertes y las debilidades de los demás.

Lentamente, Draco volvió a abrir los ojos y le devolvió a la morena una mirada gris, vacía y carente de todo tipo de expresión. Ella estaba dolida por su actitud indiferente y a él, sinceramente, le importaba una mierda lo que esa Parkinson pudiera sentir o dejar de hacerlo. Y menos cuando tenía cosas tan acuciantes en la mente como poner en su sitio a cierta leona descarriada que se había salido del redil.

-¿Sabes, Pansy? –giró sobre mismo, quedando bocabajo y frente a la muchacha –Empiezas a molestarme, ¿por qué no te pierdes un rato y haces cualquier gilipollez de las tuyas? ¿Has visto a Greengrass por ahí? Quizás a ella no le de por hablar tanto.

La morena abrió los ojos de par en par y soltó un gritito de indignación.

-Vete a la mier…

Con una velocidad que la asustó y le hizo dejar la frase a medio camino, Draco sacó el brazo de debajo de su cuerpo y la agarró a ella por la muñeca, apretando tanto que la slytherin no tardó en retorcerse y gemir de dolor. Un par de alumnos de tercero que estaban allí, recogieron sus cosas y se fueron a sus habitaciones. Cuando un Malfoy estaba de tan mal humor, lo mejor era quitarse de su camino si no querías que a ti también te cayera el vendaval.

-Termina esa frase –la amenazó. En su rostro ya no quedaba una pizca de comprensión.

-Lo… lo siento, Draco. Suéltame.

Lo hizo. Lentamente, sin dejar de mirarla.

-Deberías aprender a cuidar tu lengua, Parkinson. Que te hayas colado un par de veces entre mis sábanas no te da ningún poder sobre mí –siseó. –Recuérdalo.

Asqueado, Malfoy se levantó del sofá y salió de la Sala Común de nuevo a los pasillos del castillo. Cuando pasó por su lado, el rubio ni se dignó a lanzarle una mirada rápida de compasión.

Nada.

Draco vagó un buen rato por los pasillos de Hogwarts. Las escaleras cambiantes le ayudaron en cierta manera a evadirse un rato y no tener que buscar excusas ni un destino fijo al que acudir. En aquellos momentos, lo único que quería era poder evadirse de todo y de todos. Los dolores de cabeza habían ido a más desde que antes de que empezara su último curso en Hogwarts, su madre le dijo que el Señor Oscuro lo haría uno de sus mortífagos antes de que abandonara la escuela. Después del fiasco en el Ministerio de Magia en quinto curso, en el que La Orden del Fénix irrumpió en medio del encuentro entre el-que-no-debe-ser-nombrado y San Potter, arruinando así los planes de las tropas tenebrosas de Voldemort, su padre, y por ende su familia, había caído en una especie de desgracia silenciosa, latente, que sólo él podría subsanar demostrándole a todos lo valioso que era para la causa.

No es que no quisiera entrar a formar parte de los mortífagos, porque no era así. Él lo deseaba con todas sus fuerzas, quería poder salir de allí y convertirse al fin el alguien que todos temieran, alguien que callara más de una boca con actos, que apagara más de una vida con su varita… El único problema es que era pronto, demasiado pronto.

Aún ensimismado, Draco chocó contra algo o alguien. La mata de pelo castaño y los ojos azules que lo recibieron no ayudaron a mejorar su humor.

-Nott –murmuró sorprendido. -¿Adónde vas?

El chico levantó una ceja, sorprendido.

-No creo que sea de tu incumbencia a dónde vaya o deje de ir.

Draco lo agarró del brazo antes de que pudiera irse demasiado lejos.

-Te equivocas. Sí que es de mi incumbencia, sobre todo si no paras de juntarte con impuras. He oído que tu padre sigue en paradero desconocido… no creo que tu actitud le guste demasiado a quién tú ya sabes…

Theodore se quedó inmóvil, demasiado impresionado por lo que su compañero acababa de insinuar. Percibiendo sus pensamientos, Draco lo soltó, sonriendo de lado ante la actitud que había conseguido despertar en el siempre taciturno Theodore Nott.

-Bien. Creo que Pansy estaba esperándote en la Sala Común. No creo que le guste mucho que la hagas esperar.

Sin esperar respuesta, Draco dio media vuelta y recorrió de nuevo el camino por el que había venido, intrigado por saber adónde se dirigía Nott. Tras un par de minutos pensándolo, llegó a la conclusión de que sólo podía haber un lugar con el que se reuniría con esa asquerosa sangresucia de Granger.

La biblioteca.

Madame Pince lo miró gravemente desde detrás de sus enormes gafas. Él le devolvió su cordialidad con una mirada condescendiente y el labio superior contraído en una expresión de asco. Luego siguió su camino internándose entre las enormes filas de estanterías llenas de libros. A esas horas y a esas alturas de curso, básicamente el principio, no es que hubiera muchos alumnos en las mesas. Un par de gryffindors, media docena de hufflepuffs y alguno más de ravenclaws. Ninguno que vistiera el verde y el plata. A pesar de todo, esa sabelotodo tenía que estar por algún lado, lo sabía. Podía… olerla.

¡Ah! Allí estaba…

Draco se acercó desde atrás, observando atentamente como ella conjuraba con su varita a fin de coger un par de libros de las baldas más altas e inaccesibles. A menos de medio metro de ella, Hermione aún no había reparado en su presencia. Ajena, distraída, expuesta, indefensa…

El slytherin estiró la mano y rozó el brazo desnudo de ella con la yema de los dedos. La piel de la gryffindor se erizó, pero por extraño que resultara, ella pareció relajarse, como si esperara aquella caricia, como si de verdad no le molestara. Draco siguió ascendiendo hasta rozar su hombro por encima de la blusa, al tiempo que se acercaba un paso más, tan cerca, que su aliento barría lentamente su coronilla castaña.

-Nunca creía que fueras tan sensitiva, Granger. Apenas te he tocado y ya tienes todo el cuerpo excitado.

La chica se volvió con cara de horror, que no hizo más que aumentar cuando vio confirmadas sus sospechas. Draco Malfoy era la persona que la había abordado y tocado. ¡Por Merlín! ¡Draco Malfoy! ¡Maldita estúpida!

En un acto instintivo, le dio un empellón, separándole de ella un par de metros, aprovechando la confusión para alejarse ella un par de pasos más.

-¿Qué narices te crees que estabas haciendo, Malfoy?

Él la miró con sorna, enseñándole los dientes blancos y brillantes, siseando de manera exagerada. Provocándola.

-Es obvio, Granger. Me tomo lo que me debes.

Ella lo miró sin comprender.

-Me lo debes, sangresucia.

Ella alzó la varita y la interpuso entre ambos, protegiéndose de aquella mirada inquisitiva y venenosa que se le había clavado hasta el fondo del alma. Por mucho que se duchara, tenía la sensación de que jamás podría librarse de la pestilencia y del roce de Malfoy sobre su piel.

-Yo… yo no te debo nada –consiguió decir.

Él la seguía mirando impasible, aparentemente ajeno a que ella lo estuviera amenazando con una varita.

-Claro que me lo debes, sangre…

-¡Juro por Morgana que si vuelves a llamarme eso, no tendrás lengua con la volver a llamármelo una tercera vez!

-No estabas tan brava hace un par de días, cuando caritativamente te salvé de un buen lío. No eres idiota Granger, ¿qué crees que te pasaría si le cuento a los demás o a Snape que estabas allí, escuchándonos, escondida tras un hechizo camaleónico?

-Es tu palabra contra la mía –fue lo único que se le ocurrió decir en aquellos momentos. ¡Inútil!

-¿Acaso crees que importa?

No. Claro que no lo hacía.

Poco a poco, el brazo de Hermione comenzó a perder fuerza y la decisión de su rostro se esfumó de un plumazo. Draco la miró desde el otro extremo y volvió a acercarse a ella, con cuidado esta vez de no tocarla en absoluto.

-Así me gusta, Granger. Puede que tengas algo de cerebro después de todo –el rubio observó con satisfacción cómo las manos de ella se contraían en un puño. –Dime lo que hacías en aquella habitación. ¿Quién te llevó?

Ella lo miró desde abajo. La diferencia de estatura entre los dos era lo suficientemente pronunciada como para que ella tuviera que doblar el cuello para poder mirarlo al estar tan cerca el uno del otro. Él volvió a subir su mano y la cerró alrededor de su cuello, sin ejercer presión, acariciando, deleitándose…

-La encontré por casualidad.

-Mientes –ella temblaba y eso le obligaba a prolongar el contacto. –No volveré a repetírtelo.

Hermione cerró los ojos con fuerza, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no gritar en medio del silencio de la biblioteca. Sin duda, ante tal estruendo, Madame Pince iría a ver lo que ocurría, pero en ese caso, ¿cómo lo explicaría ella? ¿Qué le diría cuando la viera agarrada a Malfoy, tan cerca el uno del otro?

-¿Qué es lo que quieres, Malfoy? –ella lo miró con los ojos fríos, llenos de odio.

-Te odio, Granger, y voy a hacer lo imposible por amargarte la vida lo que nos quede aquí dentro –la soltó, como si de repente su piel quemara. –Fuera ya será otro cantar. Si quieres que me quede callado, más te vale hacer todo cuanto diga. De ahora en adelante, vas a hacer todo cuanto diga. Sumisión, Granger. Con eso es con lo que me vas a pagar. Sumisión absoluta, cómo y cuándo diga. ¿Lo entiendes?

Ella le respondió con odio y desprecio.

-Como desees –susurró.

En su interior, lo único en lo que podía pensar era en que no se sentiría tan mal usando a Malfoy para sus propósitos como lo haría con Nott. Llevaba años soportando las vejaciones y maltratos de aquel snob engreído. Esta era la oportunidad que Hermione tanto había rezado por recibir. Él la conduciría hasta El Señor Tenebroso y La Orden se encargaría del resto. Esa serpiente saborearía el Edén prohibido junto a ella y sería, sin saberlo, la manzana que pudriría todo el cesto de Voldemort.

¡Maldito Malfoy! Si quería jugar, jugarían…

oOoOoOoOoOoOoOo

Chan chan chan…

Cómo habréis podido observar, he cambiado un poco el sistema de posteo. Ya no son capítulos divididos entre pasado y presente. Serán uno u otro dependiendo de lo que exija el guión. Es necesario, gente. Sino la historia tardaría años en avanzar.

Bueno. ¿Qué os ha parecido la reacción de Malfoy? Dios… Este hombre es demasiado sexy.

Un beso nenas. Y ya sabéis. Si queréis hacerme feliz… dadle al GO y contadme qué os ha parecido en una review.

BESOS!



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