|
Author of 25 Stories |
BATALLAS PERDIDAS
La batalla fue temible. Alanha insistió en tomar parte y conociendo su determinación no me atreví a disuadirla. Planeamos una incursión rápida consistente en golpear contundentemente el corazón del campamento enemigo y huir con la destreza de un fantasma. Pequeños daños que dolían si se repetían con la suficiente frecuencia. Pero cuando fuimos divididos en una táctica demasiado inteligente como para estar diseñada por goblings comprendimos lo erróneo de nuestras informaciones Eran los draconianos lo que se encontraban al mando del ejército y parecían advertidos de nuestra llegada. Poco a poco nos rodearon, aprovechando el laberinto de cañones de aquella región montañosa, cerrando cualquier intento de huída. Los grifos acudieron en nuestro auxilio pero mi escuadrón se quedó atrapado en aquella ratonera de gargantas y desfiladeros. Lo que en un principio parecía una escaramuza sencilla se transformó en una guerra por la supervivencia.
No llegaban, esperábamos en el punto de reunión y su escuadrón no llegaba. Había demasiados heridos, demasiados gritos de dolor en el campamento y yo tan sólo podía observar con impotencia cómo los sanadores corrían de un lado a otro intentando estar en todos los sitios a la vez. La angustia crecía en mí y por primera vez fallé en ocultarla porque Samar percibió mi palidez y me recomendó que fuera a descansar. Pero encerrarme en mi tienda, cerrando los ojos ante todo lo que estaba pasando, sería una cobardía y aumentaría mi desasosiego ante la inexistencia de noticias así que decidí ser práctica y reunirme con los generales para repasar lo acontecido durante la batalla. Buscar errores de los que aprender, distraer mi mente turbada. Hablar, actuar, no pensar. No importaba que me tacharan de reina de los hielos, de insensible. En aquel momento mi prioridad era ocultar los nervios, demostrar que controlaba la situación... pero una algarabía exterior nos obligó a salir tan rápido que casi arrollamos al soldado que venía a informarnos. Cuando le vi, cansado pero triunfante, no quise ni pude disimular mi alivio así que corrí a abrazarle agradeciendo a los dioses que al menos él permaneciera con vida.
No podía creerlo, la siempre impertérrita Alhana lloraba aferrada a mi cuello. Era un llanto silencioso, privado, dedicado exclusivamente a un nosotros sin importar las caras asombradas que nos rodeaban. Era el acto más íntimo que jamás habíamos compartido: sus lágrimas, ella y yo, porque eran inconmensurables significados encarnados es unas cuantas gotas saladas. Aquella noche hicimos el amor sin importarnos los ritos ni las infusiones. No más orgullos tribales, no más obsesiones infértiles… unidos porque así lo decidimos, juntos porque así lo quisimos. Sin corte ni reinos; solos en una vieja tienda de campaña ganando nuestras batallas