|
Author of 22 Stories |
Bueno, gente, esto se acaba. Esta es la última viñeta y espero que no os decepcione. Además la publico ahora porque me voy a ir de viaje el sábado y estaré dando tumbos por ahí y sin ordenador durante 3 semanas, y prefería no dejaros en vilo todo ese tiempo, que nunca se sabe cuando se unen y te linchan las masas :P
En fin, que espero que lo disfrutéis y me dejéis un review de despedida.
Un beso :)
Kira
10. Have I told you lately that I love you? 1977 (Lily)
Me costó, no creáis, darme cuenta de que por muchos chicos con los que hablase, saliese o me besase, siempre acababa volviendo al mismo. Me llevó muchos meses reconocer que lo que me acababa ilusionando de los sábados o los viernes por la noche era llegar a la sala común y encontrarle allí leyendo y esperándome, o comprobar que bajaba apurado las escaleras porque creía llegar tarde a nuestras no-citas.
Cuando por fin me acabé enterando, me lo callé. Me había costado mucho conseguir llevarme bien con James, descubrir que no era un niñato descerebrado y acabar confiando en él más que en nadie. Seguí con mi ritmo normal, quedando con otros, yendo a clase, sonriendo, siempre igual, pero ahora guardaba un pequeño secreto para mí sola.
La noche que mi madre me avisó de que mi padre estaba en el hospital, James estuvo allí. Fue la única persona que en los años de colegio me había visto llorar así. No me gustaba llorar y menos que me viesen, me daba vergüenza y además prefería estar sola cuando estaba triste, pero él llegó a mi lado y el calor de sus manos fue suficiente para hacer que dejase de llorar y respirase de nuevo. Nos dormimos en el sofá y me abrazó toda la noche, y cuando nos despertamos sobraron las palabras.
Una semana a caballo entre mi casa y el hospital, con mi familia y bien lejos del colegio fue un alivio y sirvió para tranquilizarme aún más. Vi que mi padre estaba recuperándose bien y me di cuenta de que quería volver al colegio por una sola razón. Mi madre también se percató, por supuesto, pero tuvo la delicadeza de no decirme nada.
Regresé a Hogwarts un sábado a medianoche. Llegué a la chimenea de McGonagall, que me preguntó por la situación y luego, cortésmente, me recomendó ir a descansar a mi habitación. Yo me fui a la torre esperando encontrar a alguien en la sala común, pero el fuego estaba apagado y la habitación vacía, y mi estómago dio un vuelco de pura decepción.
No tenía sueño, así que me senté en la ventana y miré a los terrenos, sumida en mis pensamientos. De repente, vi que pequeñas motas negras se movían flotando por encima del campo de quidditch. Las seguí con la mirada hasta que desaparecieron y apenas unos minutos más tarde, cuatro personas entraban intentando no hacer ruido por el hueco del retrato, ahogando risas nocturnas. Yo me quedé observándoles en silencio hasta que se dieron cuenta de mi presencia, y la risa de los merodeadores se cortó en seco.
- Antes de que digas nada, Evans, estábamos con un prefecto – dijo Black, apurado pero sonriendo de medio lado, con la escoba en una mano y la otra señalando a Remus.
Yo puse los ojos en blanco.
- No iba a deciros nada – dije – De hecho, ya me iba a dormir.
- Sí, nosotros también – se apresuró a decir Remus y agarró a Black y Pettigrew para arrastrarlos escaleras arriba hacia su cuarto – Sin prisas, ya sabéis. Buenas noches.
Sonreí, divertida, y luego miré a James, a quien también se le escapaba una sonrisa de medio lado.
- ¿Cómo está tu padre? – preguntó él.
- Mejor, mucho mejor, gracias. ¿Tú cómo has estado?
- Aburrido. No tiene gracia hacer cosas ilegales si no estás para reñirnos, pelirroja.
- Siempre has sido un poco masoquista.
Nos quedamos en silencio de nuevo y yo decidí que quería que estuviese un rato más conmigo, así que me senté en el sofá. Él captó la indirecta y se sentó a mi lado.
- Tenía ganas de volver – comenté.
- Empollona…
- Tenía ganas de verte a ti. – repuse.
Eso lo dejó sin palabras.
- Me ha costado, James, me ha costado mucho, y quizás ahora para ti no sea nada y yo lo entendería, pero… Te quiero.
Él seguía sin decir nada y su cara era un poema. Eso ya empezó a preocuparme.
- James, en serio, acéptame o recházame, mejor lo primero que lo segundo, pero di algo, por favor. – le pedí, nerviosa.
- Lo primero.
- ¿Lo primero? – repetí tontamente, sin captarlo.
- Yo también te quiero.
Nos sonreímos. Luego una mueca de duda cruzó mi cara.
- Espera. No te quiero como amigo. Quiero decir… vale, sí, también te quiero como amigo, pero…
James no me dejó acabar. Creo que él ya lo había pillado y llevaba algo de tiempo conteniéndose, porque cuando me besó lo hizo con tanto ímpetu que se olvidó de que llevaba la escoba en la mano y casi me da con el palo en la cabeza.
- Perdona – se disculpó – No quería que nuestro primer beso…
Le cogí la cara con una de mis manos, igual que una semana antes había hecho él, y posé mi pulgar sobre sus labios. Con la otra mano le quité la escoba y la dejé en el suelo.
- No importa – susurré – No importa. – y cuando yo le besé, tuve cuidado de no golpearle con nada.