Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Saint Seiya » El otro lado de la Luna

Alisse
Author of 37 Stories

Rated: T - Spanish - General - Reviews: 6 - Updated: 03-07-09 - Published: 01-20-09 - id:4807141

El otro lado de la Luna.

Por Ryu Mari y Alisse

Capítulo II: Preparativos para una fiesta urgente.

--

17 de septiembre, Santuario.

-Al menos ustedes tienen suerte- gruñó una de las chicas, mientras ella y sus compañeras caminaban en dirección a los lugares de entrenamiento –no tienen que soportar a un maniático como maestro, está realmente loco, con sólo escuchar el nombre uno ya sabe lo que viene…

Las demás rieron con disimulo, tratando de no hacer enojar más a Daniela, que desde la tarde del día anterior andaba de un pésimo humor debido al maestro que le había tocado. Por supuesto que ella sí las escuchó, y las miró ceñuda, aunque sin decirles palabras.

-Vamos, Dany, no te desesperes- le dijo Sarayu –a ti te tocó el maestro loco, pero al menos es uno. Lo que es a mí, me tocaron dos, gemelos y que pasan todo el día discutiendo sobre tonteras, ¡ni siquiera estoy segura de que se puedan poner de acuerdo para el entrenamiento! ¡Eso es para volverse locos!

-Las dos están exagerando- Vaitiare interrumpió la conversación, que sonaba más que nada a una futura discusión –la señora Hécate nos hizo estudiar a los caballeros dorados, de plata y de bronce justamente para que sepamos sus virtudes y puntos débiles… de esa manera…

-¡Que alguien la calle!- exclamó de pronto Dasha, tapándose sus oídos –linda Vai, todas sabemos eso, conocemos a la perfección nuestra misión porque la señora estuvo días y días hablándonos sobre eso, así que no tienes que repetirlo otra vez- agregó con voz irritada.

-No lo hacía con esa intención- replicó Vaitiare, molesta por el tono con que su amiga le había hablado –simplemente lo decía para que ellas tuvieran claro que al saber cómo son los maestros que les tocaron, sabrían cuidarse de mejor manera de ellos y no ser influenciadas por sus personalidades.

-Lo dice quién le tocó Shaka de Virgo- dijo como quien no quiere la cosa Daniela. Vaitiare se estaba alistando para contestarle, pero la presencia de otras personas llamó su atención.

-¿Ustedes son las nuevas amazonas?- les preguntó uno de ellos, un chico de cabello verde y mirada demasiado amable.

-Sí- contestaron a coro la mayoría de ellas, mirando con atención al joven, y pensando que estaba muy guapo.

-¿Ustedes son los caballeros de Bronce?- preguntó Alcione, sonriendo.

-Sí, yo soy Seiya de Pegaso- dijo el castaño, apuntándose a sí mismo –y ellos Shun de Andrómeda – el peliverde les hizo un gesto con la mano -e Ikki del Fénix- el muchacho ni se inmutó –es un gusto.

-Igual…

-Y les queríamos decir que si no se apuran, van a llegar tarde al entrenamiento, y por lo que sabemos, al menos Camus suele castigar muy duro la impuntualidad- dijo calmadamente Shun, mirando a Nadir, que dio un saltito y su mirada cambio inmediatamente.

-Creo que mejor nos apuramos…- murmuró, comenzando casi a correr.

Los tres caballeros de Bronce las vieron alejarse sin hacer comentarios. El no tener a sus otros dos compinches (es decir, a Hyoga y a Shiryu) les hacía pensar que desde ese día se acabarían ciertas actividades que tenían los cinco juntos, ya que sus amigos del Cisne y del Dragón tenían a aprendices a su cargo, por lo que el tiempo con sus amigos se reducía bastante. Normalmente estas actividades tenían que ver con algunas bromas a los dorados más que nada… planeadas por Hyoga y Seiya, reprobada por Shiryu (pero aún así se quedaba para ver el resultado) suavizada constantemente por Shun y disfrutada más que nadie por Ikki.

Y, aparte de las menos horas que podrían compartir, era obvio que por ser maestros tenían que tratar de darles un buen ejemplo a sus pupilos, por lo que las bromas tendrían que reducirse a… ninguna (según Shiryu). Por supuesto que ninguno de sus amigos aceptó eso, por lo que llegaron al acuerdo de suavizarlas ligeramente y tratar que fueran más esporádicas. El caballero de Dragón quedó bastante satisfecho con el acuerdo que logró con sus amigos y compañeros de batallas, pero (para tristeza y futura desesperación de él) no se dio cuenta que TODOS tenían los dedos cruzados detrás de su espalda.

-¿Se les ocurre hacer algo interesante?- preguntó Shun, soltando un suspiro de aburrimiento. Habían desayunado hacía poco y ya se sentía casi desocupado…

-Podemos ir a observar a Hyoga y a Shiryu- contestó Seiya, poniendo sus manos detrás de su cabeza y mirando a sus amigos –o también podemos ir a entrenar, no es bueno que nos descuidemos pensando que estamos en paz.

Shun e Ikki se miraron levemente, como consultándose las dos posibilidades que tenían. Hablaron a un tiempo.

-Vamos a molestar a Hyoga y a Shiryu.

Mientras, en otro lado del Santuario, mejor dicho en los lugares de entrenamientos, las chicas ya habían llegado, encontrándose con unos no muy contentos maestros, esperándolas casi de manera impaciente.

-Muy bien- dijo Camus, al ver llegar a Nadir casi sin aliento –veo que ya comenzaste con parte del entrenamiento, hoy continuaremos trabajando resistencia- la chica puso cara de horror –sígueme, sé donde hacerlo.

-Pero…- Nadir miró con pánico a sus compañeras, que se veían igual de cansadas que ellas. Las chicas sólo se atrevieron a encogerse de hombros, deseándole lo mejor.

-Ustedes tampoco crean que se han salvado- escucharon una voz femenina, y al ver a una chica de cabello verde cruzada de brazos, Alcione se dio cuenta que su día no empezaría nada de bien –para que les sirva de lección, tienen que ser puntuales.

-¿Aquí no corre eso de “primer día nadie se enoja”?- preguntó Sarayu, sonriendo con nerviosismo. Por la sola mirada que le dio Sheena, prefirió quedarse callada (y se planteó seriamente pensarlo dos veces antes de preguntarle algo a la amazona de Cobra)

-Vamos a entrenar- dijo Sheena.

-Tengo entendido que el dicho es “último día nadie se enoja”- le dijo Ariasu a Sarayu, en un susurro –yo creo que por eso no te hizo caso.

En menos de cinco minutos, cada una estaba con su respectivo maestro, tratando, en parte, de parecer novatas y, por otra, hacer enfadar lo menos posible a sus maestros, ya que al menos ese día parecían bastante propensos a enojarse.

Milo de Escorpión decidió hacer su “ronda matutina” bien entrada la mañana, tratando de esa manera, de asegurarse que la mayoría de sus compañeros dorados estarían en los recintos del Santuario entrenando a las “niñas” (o pretendientes en potencia del caballero escorpión). Primero llegó (cómo no) con su amigo cercano, quién le aguantaba y escondía todas las barbaridades que se le ocurría hacer de vez en cuando.

Así es, Camus.

El caballero dorado de Acuario aún no se notaba de buen humor, aunque solía ser bastante serio en lo normal, cuando Milo le vio la cara se dio cuenta inmediatamente que se había levantado con el pie izquierdo de la cama.

-¡Hola, amigo!- saludó alegremente Milo, mientras que Acuario esperaba que Nadir terminara de subir un pequeño cerro exclusivamente de piedra (típico del Santuario y sus alrededores) y está de más decir que empinado. La chica ya llevaba cinco caídas, más de seis deslizamientos y unos cuantos accidentes más.

-¿Qué se supone que haces aquí?- le preguntó Camus, sin rodeos. El otro lo miró con aire ofendido.

-Por favor, Camus, con esas palabras das a entender que me paseo por estos lugares con intenciones poco sanas- contestó Milo, fingiendo indignación, se cruzó de brazos y miró hacia donde estaba Nadir tratando de subir –oye, niña- le gritó -¡cuidado con esa roca, que…!

-¡Ahhhhh!- exclamó la chica, comenzando a caer.

-Te dije que tuvieras cuidado…- murmuró Milo, después que la chica cayera pesadamente sobre su trasero –¿cómo era que se llamaba tú aprendiz, Camus?, son tantos nombres que termino por confundirlos…

-Nadir- contestó Camus, viendo cómo la chica se ponía de pie nuevamente, notándose muy irritada –a este paso hoy no podrá subirlo.

-¿Y qué esperas?, es el primer día- replicó Milo, Camus sólo se cruzó de hombros.

-Si tan sólo pudiera usar magia…- murmuró enojada Nadir, subiendo con esfuerzo –me dedicaría a lanzarle la montaña más grande a mi maestro por la cabeza, para que entienda que esto es totalmente inútil…

-No murmures- le dijo Camus, a la distancia –no se ve bien en una señorita, y menos si será amazona. Ellas son lo bastante valientes y atrevidas como para decir las cosas de frente.

-Demonios…

Dándose cuenta que no sacaba mucho quedándose ahí, Milo prefirió seguir con su inspección matutina, y a los siguientes que encontró fueron a Shaka y a Vaitiare.

Los dos estaban sentados, uno en frente del otro, con los ojos cerrados y en posición de loto. Cinco minutos después el caballero de Escorpión los dejaba solos, murmurando cosas sobre “enseñanzas inútiles” y cosas así.

-Tal como te diste cuenta, Vaitiare- dijo Shaka, una vez que Milo se había ido –la meditación es necesaria para aislarte de molestias ajenas al entrenamiento…

-Como diga, maestro…

El dorado de Escorpión desechó inmediatamente dos posibilidades debido a otras dos razones de mayor peso: Sheena y Marín. Como estaban en el recinto de las amazonas, el acercarse demasiado a espiar era casi firmar el suicidio, porque aparte de estar las dos chicas recién nombradas, estaban las demás que no se quedarían calladas ni por respeto al status que tenía dentro de la Orden de Atenea.

No, mejor se acercaba a esas dos chicas en algún otro momento.

-¡¡Cuidado!!

A pesar de la advertencia, Milo no fue capaz de esquivar la gran cantidad de piedras que le llegaron, sobre todo en la cabeza. Quedó medio aturdido mientras notaba que alguien se acercaba a él.

-¿Te hiciste mucho daño?- le preguntaron. Al mirar vio a una de las aprendices… si no se equivocaba, esa era la de…

-¿Te golpeaste mucho, Escorpioncito?- preguntó con ironía Death Mask, mirándolo desde la distancia –que eso te sirva de lección para que no te metas más en medio.

-Sólo estaba caminando- contestó con el orgullo herido Milo, mientras se sacudía algunos restos de piedras que quedaron sobre él. Death Mask lo miró con la ceja enarcada -¿qué?, ¿es que acaso no puedo caminar libremente por el Santuario?

-Si caminas no hay problema, pero sí lo hay cuando andas cazando- replicó Death Mask, sonriendo con burla. Su alumna lo miró confusa –vámonos, Daniela, aún queda mucho que practicar y no podemos perder el tiempo con banalidades.

-Sí, maestro- la chica volvió a mirar con curiosidad al caballero de Escorpión, y siguió a su maestro, que ya se había alejado unos cuantos metros.

-Ese desgraciado…- murmuró molesto Milo, continuando su camino por el Santuario, que duró sólo unos minutos después.

-¿Milo?

-¡Atenea!- exclamó por la sorpresa –quiero decir… Princesa Atenea… ¿qué hace usted por estos lugares?, debería estar en el palacio…- dijo más calmado, a la vez que ponía rodilla en el suelo, como signo de respeto.

Saori sonrió con un dejo de diversión. Aunque no estaba del todo segura, suponía lo que podía estar haciendo el Caballero del Escorpión rondando por el Santuario, sin contar que estaba tan nervioso que no sabía si sentir lástima por él, o si reírse (definitivamente prefería lo primero)

-Sólo camino- contestó la chica, con suavidad –creo que es importante que de vez en cuando vea el trabajo de mis caballeros, al menos es una forma de estar cerca de ellos- Saori permaneció unos momentos pensativa –además, estar allá arriba todo el día es condenadamente aburrido, tengo que encontrar algunas distracciones.

-Como diga.

-Por cierto, necesito alguien que me escolte- comentó la chica, con voz alegre -¿te molestaría?, no encontré ni a Seiya ni a Shun, y no tengo quien me acompañe.

-¿Y no buscó a Ikki?- preguntó, extrañado. Los Caballeros dorados sabían que la diosa tenía la preferencia en sus caballeros más cercanos (y ya no se molestaban por eso), por lo que al menos él, esperaba que primero se dirigiera a los cinco de bronce o, por último, a Jabu de Unicornio…

-¿Ikki?- Saori soltó una risa entre traviesa e irónica –por favor, seamos sinceros… Ikki no me toma en serio, lo hace sólo cuando el problema ya es demasiado serio.

-¿Y eso a usted no le molesta?

-¿Por qué habría de hacerlo?- Atenea se encogió de hombros, resignada –lamentablemente él es así, y yo prefiero que mantenga su distancia, al final, es Shun el que tiene que soportar sus mañas, yo sólo cuando es estrictamente necesario.

Milo prefirió no volver a preguntar, y resignado acompañó a Atenea a su “visita” al Santuario. Al poco rato ya estaba completamente resignado de que al menos por ese día, podía despedirse de las visitas a sus compañeros caballeros.


-Necesito que vayas al Hades.

Shun puso cara de espanto al escuchar tales palabras, e intentó pensar en alguna excusa válida que evitara que tuviera que hacer ese viaje…

-¿Y para qué es necesario que vaya?- preguntó al reflejo que había en el espejo –se supone que todo está en orden, sólo sería una pérdida de tiempo, sin contar que a todos aquí les parecería de lo más raro que de un día para otro decida hacer un viaje.

-Si te lo estoy diciendo es porque es necesario- replicó Hades, con voz algo grave –ambos quedamos en que tú tomarías mi papel, y tienes que ir al Hades y reorganizarlo, porque después de la visita que tú y tus amigos hicieron todo está hecho un desastre. ¿Entiendes?

-Pero debe quedar así después de cada Guerra Santa, demás podrán repararlo sin ser necesaria mi presencia- contradijo Shun, sonriendo con cierto nerviosismo –vamos, no puede ser que justo ahora tenga que ir.

-Si no tienes ninguna cita planeada, puedes ir perfectamente, sólo necesitas el permiso de Atenea para salir del Santuario, nada más. A tu hermano puedes decirle que necesitas algo de aire, y si te insiste, le sacas en cara todas las veces que se ha ido de viaje sin siquiera despedirse, y ambos quedan en paz…

Shun miró con inseguridad a Hades. ¿En paz?, si llegaba a decirle eso lo más seguro es que su hermano le sacaría en cara todo un discurso sobre el “respeto hacia los mayores” o algo así… y no, definitivamente él no estaba para eso.

-¿Y no puede haber alguien que me reemplace?- preguntó Shun –quiero decir, como Radamantys, Aiacos o Minos…

-Pandora- contestó Hades, mirando molesto hacia otro lado.

-¿Es que no estaba muerta?- preguntó Shun, confundido.

-No, andaba de parranda- replicó Hades, y al notar más confundido al Caballero de Andrómeda, se molestó más aún -¡es obvio que está muerta!, pero se supone que tienes mi poder, ¡si la necesitas, revívela!

-¿Y se puede?

-¿Y por qué no podrías?

-¿No que te traicionó?- preguntó Shun –pensé que por eso querías mantenerla al margen de todo.

-Ah, eso…- Hades permaneció pensativo durante algunos momentos, y luego se encogió de hombros –lo dejaré a tu criterio, si quieres antes de revivirla puedes preguntarle si es que será completamente fiel esta vez, en una de esas puede que actúe de la manera correcta…

-Es una ironía, ¿cierto?- preguntó Shun, que aún no se acostumbraba del todo a la manera sarcástica con la que Hades solía hablar. El silencio que hubo fue suficiente respuesta para él –bueno, ya que estás tan cooperador hoy…

-Ya te di mi opinión…

-Como sea…

-¿Shun?- el peliverde escuchó cómo de pronto golpeaban la puerta y lo llamaban por su nombre. Con algo de espanto notó que era Ikki el que lo llamaba insistentemente, y en ese momento se dio cuenta que no había sido mala idea cerrar con petillo la puerta (porque seguramente su hermano hubiera entrado nada más, y ahí sí que habría quedado la grande)

-Espérame, Ikki- se apresuró a decir, mientras se ponía de pie e iba a la puerta. Abrió la puerta con rapidez -¿se te ofrece algo?

-¿Por qué tienes la puerta cerrada?- le preguntó suspicaz su hermano –llegué a pensar que estabas con una mujer adentro.

Shun se sonrojó, avergonzado, pero no quiso responderle a su hermano, sólo se limitó a mirarlo de mala manera.

-¿Estabas con alguien?- insistió Ikki.

-Ya te dije que no- gruñó Shun, aún algo molesto por el comentario anterior de Ikki.

-Entonces, ¿con quién estabas hablando?

-Yo no estaba hablando- replicó Shun, demasiado serio como para que se notara que fuera mentira –estás alucinando. Quizás deberías reconsiderar el estar escuchando detrás de las puertas, ¿no, Ikki?

Y haciéndose el ofendido, lo más digno que pudo se fue caminando por el pasillo, rogando por dentro que Ikki no lo siguiera ni tampoco que continuara el interrogatorio.


El pobre caballero de Escorpión después darle varias vueltas a “la diosa” Atenea por los lugares de entrenamiento, logró volver a su querido y adorado hogar.

-Mi cuchitril, mi amado cuchitril como te extrañé… ¡aaaah!, ¡a veces realmente la detesto! Se cree que tiene mucho poder porque es una diosa… si “diosa” – dijo Milo haciendo el ademán de las comillas con los dedos – ¡ES UNA MALDITA NIÑA MIMADA CON CARA BONITA Y CREE TENER TODO A SU PIES! - El caballero de Escorpión puso una voz muy aguda imitando a la de una chica – Milo has esto, Milo quiero ir donde están a las amazonas, Milo llévame donde están los cabellos de bronce, Milo espera, encontré una flor, Milo tengo calor… mejor volvamos porque está demasiado fuerte el sol, pero ya sé que están todos cumpliendo con su deber incluso tu… -Milo volvió en sí – AAAAAAAAAAAAAAAAAAH y para colmo hoy no pude hacer nada… NADA… si tuviera un aprendiz… sería todo diferente.

El joven caballero del Escorpión se acercó a una ventana, por la altura lograba ver gran parte del Santuario, pero realmente por ahora no tenía ganas de nada, Atenea había superado su paciencia con demasiadas peticiones, especialmente con la última, la de volver a sus aposentos siendo que estaban al otro lado del Santuario, lo cual hacia una caminata de más de una hora a pleno sol…


-¿Cómo es posible que mi hermano me haya dicho eso?, esto me está cansando y además tengo que ir al Inframundo… ¿cómo lo hago, cómo lo hago, cómo lo hago?… - se cuestionaba el peliverde mientras subía las escalera de las 12 casas, y saludaba a sus protectores tratando de disimular lo preocupado que estaba en esos momentos.

Al poco andar, casi como un estruendo comienza escuchar una voz, conocida por él, gritando desaforadamente, pero lo suficientemente bajo como para que no llegara a oídos de los otros caballeros. Estaba un poco a más de la mitad de la escalera hacia la casa de Escorpión cuando comenzó a escuchar:

“¡ES UNA MALDITA NIÑA MIMADA CON CARA BONITA Y CREE TENER TODO A SU PIES!”

-¿Milo? ¿Qué le habrá pasado para estar tan enojado? – El caballero de Andrómeda subió rápidamente la escalera y se quedo en la entrada viendo como Milo realizaba una imitación de una chica con voz de chica, quedando bastante impresionado y con unas enormes ganas de largarse a reír.

-Jamás había visto a Milo de esta forma, si estuviesen los demás Ikki y Seiya serían los primero en comenzar a molestarlo, pero como está hablando mal de Saori quien más disfrutaría sería mi hermano, molestándolos a los dos.

En ese momento se dio cuenta de que Milo se acercó a una ventana y se quedó mirando tranquilamente hacia fuera de ésta. En ese instante se dio cuenta de que ahí estaba su ticket dorado para salir del Santuario, ya que necesitaba algo que fuese una distracción para poder revivir a Pandora, porque sino Atenea se daría cuenta de igual forma, ya que usaría el poder de Hades. ¿Quién mejor para poder ayudarlo a armar algo que Milo?

Shun hizo como que entraba recién a la casa de Escorpión y saludó a Milo a lo lejos.

–Hola Milo –dijo el peliverde, más el ojiazul de escorpión sólo le levantó la mano en señal de saludo, al parecer estaba algo hastiado -¿Qué sucede Milo? Te veo algo cansado- le dijo, en tono casual.

-¿Cansado? Creo que no resume todo lo que siento en estos momentos, sólo tengo ganas de estrangular a alguien y de destruir algo, podría ser una isla… aunque sea pequeña, para sacar mi ira desde adentro.

Shun no lo miro con muy buena cara al recordar lo que sucedió en la Isla de Andrómeda.

–Pero debe haber algo menos… nocivo que pueda hacerte sentir mejor- dijo, con tono conciliador, y aguantándose en esos momentos de decir alguna barbaridad por las palabras que el Caballero de Escorpión había dicho antes.

-Sí, podría haber, pero no me dan ganas de salir- contestó el dorado.

-¿Salir? –preguntó Shun algo extrañado.

-Pero que lento eres… ¿qué puede hacer que un hombre… como yo, se sienta bien y olvide sus penas? – comienza a preguntar el santo dorado, los ojos brillándoles con cierta picardía.

-Eeeeeh… me doy… no tengo idea- Shun se encogió de hombros.

-Vamos, ni siquiera lo intentaste- insistió Milo, notándose un poco más animado por la conversación que estaba llevando con el caballerito de bronce.

-Ok- Shun miró al techo, simulando que trataba de concentrarse y de encontrar la solución a la pregunta que le habían hecho -eeeeh ¿salir del Santuario?

-Vas cerca.

-No puede ser beber, no puedes hacerlo- dijo, después de unos momentos de silencio.

-¡Aaaah, que santo eres! ¡¡¡JUERGA, MUJERES, SEXO, DROGAS Y ROCK&ROLL!!!- respondió el caballero de Escorpión, gritando y agitando un poco sus brazos como para poner mayor énfasis a sus palabras. Shun lo miró casi con espanto.

-¿¡QUÉ!?

-Bueno, quita lo del sexo y las drogas- dijo luego, como quitándole importancia -pero si me haría bien un relajo, una fiesta… o por lo menos decirle feliz cumpleaños a quien lo esté cerca de este mes, aparte de lanzarle la torta a la cara y alguna otra broma más.

-Yo ya estuve…- dijo Shun, encogiéndose de hombros y en parte suspirando con alivio.

-Lo sé, pero ese es el problema, la “diosa” – mismo además de comillas – no permite que hagamos nada de nada, ni siquiera poder celebrar un cumpleaños como se debe.

Shun se quedó estático después de escuchar a Milo. Se podría decir que prácticamente se le había prendido la ampolleta de su cabeza, y poco a poco fue sonriendo, al darse cuenta de la idea que se le estaba ocurriendo (aunque en realidad, todo el crédito era de Milo)

Celebrar un cumpleaños, ¡claro! Ese era su pase dorado, lograr convencer a Saori de realizar un cumpleaños a quien estuviese más cercano, era lo mejor que le pudo haber dicho el Santo de Escorpión. Era la oportunidad perfecta, si decía lo correcto ahora Milo sería su ayudante para lo que necesitaba (y con eso, podía pensar que la fiesta estaría más que lista)

-Pero, Milo- comenzó, como quien no quiere la cosa –si es por eso, puedo conversar con la Señorita Saori y tratar de convencerla o…- trató de buscar otra idea, al notar el interés que mostraban los ojos del Escorpión -convencer a Seiya y que él la convenza, así TODOS tenemos un momento de relajo y alegría… sin sexo y drogas, claro…- se apresuró a agregar.

-¿Crees que funcionará?- preguntó con visible ánimo Milo.

-Claro déjamelo a mí, pero tú debes ayudarme con la organización de la fiesta… y ¿Para quién sería?

El ojiazul se alejó de la ventana y se fue a un calendario que estaba arriba de una mesita, comenzó a ojearlo y el brillo volvió a sus ojos, ese brillo lleno de picardía que solía tener cuando se le ocurría alguna travesura.

-Ya sé quien –dijo con un deje se malicia.

-¿Quién? – lo miró extrañado el caballero de bronce, sobre todo por la expresión que tenía.

-Shaka. – Milo no pudo evitar esbozar una sonrisa de complacencia con algo de malicia en ella.


Mientras tanto en el lado Oscuro de la Luna…

-Queda tan poco para que vuelva a ser mío lo que me pertenece, que me siento realmente feliz. Zamael, puedes abandonar la habitación, quiero estar sola.

-Sí, mi señora Hécate- después de una leve inclinación de cabeza, la dejó sola.

Hécate se paseo por su gran habitación con un hermoso piso de madera, con colores muy cálidos y llena de terciopelo en colores rojo, borgoña, negro y violeta. Se acercó a su cama, de terciopelo violeta, y se recostó en ella.

Con un ademán de sus manos cayeron las telas que dejaban su cama completamente aislada del exterior. Cerró los ojos lentamente y se concentró, hace bastante que sentía una inquietud y necesitaba saber de qué era. No estaba segura pero sentía que era una impaciencia que podía ser positiva ya que la usaría a su favor.

Comenzó a indagar en todo lo que era posible, a donde la llevara su plano astral.

-Imposible no logro… un momento pero… ¿qué es esto? – una sonrisa llena de satisfacción inundó los labios de la bruja, su corazón saltaba de excitación. –Esto es como si quisieran que todo me saliera realmente como quiero que sea- de la emoción, se levantó, comenzando a caminar de un lado a otro -¡No puedo creerlo, realmente no puedo creerlo!. ¿Qué hace aquella damita en este tiempo?, que sepa no tenia porque reencarnar. Eso significa que estaban completa y absolutamente predestinados a estar juntos. Esto es como un AS bajo la manga de forma casi exacta y precisa, realmente me encanta. ¿Tanto lo amas que lo sigues reencarnación tras reencarnación? No puedo comprenderte, aunque tampoco quiero hacerlo. Lo único que sé es que TU serás… mi carnada, mi llave dorada, mi camino a la victoria. – Hécate se sentó en su cama y comenzó a reír a carcajadas desaforadamente – . ¡HADES! ESCUCHAME Y ESCUCHAME BIEN. Estoy segura que puedes hacer lo que se te antoje, que puedes matar y revivir cuantas veces lo desees pero… ¿que pasaría si en medio de toda esta batalla, de la cual estoy segura que ganaré, aparece alguien que no puedes evitar proteger, que no puedes evitar sentir vulnerabilidad, que no puedes evitar… AMAR?. JAJAJA. POR FIN, LO QUE TANTO ANHELABA, ¡PERFESONE!, mi queridísima Perséfone ha reencarnado y está tan cerca… demasiado cerca, tanto que hasta puedo disfrutar, de antemano, cómo sufrirás si ella llega a involucrarse en todo esto.

Hécate sonrió nuevamente y volvió a recostarse en su lecho, al poco momento cerró los ojos con satisfacción. En sus labios no se borró nunca la sonrisa de aquél descubrimiento.

Continuará…


Y bien, he aquí el segundo capítulo del fic. Esperamos que lo hayan disfrutado y que nos dejen algún comentario. Por cierto, les pedimos disculpas por la demora, pero durante el mes las dos salimos de vacaciones y se nos hizo difícil escribir. Esperamos que los próximos capítulos salgan más rápido.

Gracias a Kisame Hoshigaki, Darkacuario y a Alyshaluz, por sus comentarios.

Hasta la próxima!!!



Return to Top