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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » 101 Razones para odiarte

Booh
Author of 20 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Adventure - Hermione G. & Cho C. - Reviews: 153 - Updated: 05-08-09 - Published: 01-25-09 - Complete - id:4817376

Capítulo 15

-Cariño… te lo cuento luego-

-Ron, lo digo completamente en serio: como no dejes de jugar con la pajarita, te ahogaré con ella.

Ronald Weasley bufó desesperado. Había hecho todo lo posible por aflojar el nudo de su pajarita sin descomponer del todo su atuendo, pero todavía no había sido capaz de sentirse a gusto vestido como un pingüino. –No dirías eso si fueses una chica.

-ES una chica –matizó Harry-. Y tu hermana además.

-Bah, ya sabes a qué me refiero.

Harry alzó una ceja. No, desde luego no sabía a qué se refería su mejor amigo, el cual volvió a estirar el cuello y a meterse los dedos entre la nuez y el ajustado lazo de la pajarita. Iba a preguntarle qué quería decir con esa afirmación tan rara cuando vio que alguien se acercaba a hablar con ellos.

-Hola, chicos. Hola, cariño.

Lavender Brown depositó un beso en la mejilla de Ron y alzó la copa que traía en la mano para brindar con Ginny, que estaba a punto de pegarle un sorbo al contenido de la suya. Ron pareció ver el cielo abierto con este gesto, porque aprovechó para tirar disimuladamente de la manga de Harry, haciéndole gestos con la cabeza para que se alejaran un poco del grupo.

-¿Qué ocurre? –preguntó Harry tan pronto consiguieron distanciarse unos metros. Ahora estaban fingiendo que atacaban una de las bandejas de canapés que los camareros habían servido minutos antes, aunque en realidad ninguno de los dos estaba probando bocado-. Ron llevas toda la tarde muy raro, ¿qué pasa?

-Lavender.

-Sí, ¿qué le ocurre?

-No lo sé, está histérica, colega.

-Yo la veo perfectamente calmada –aseguró Harry, echándole un vistazo a la muchacha, que parecía estar riéndole alguna gracia a Neville.

-Pero sólo aparentemente –matizó Ron, de nuevo luchando con su pajarita. Hacía demasiado calor. Se sentía como un pollo al horno que está siendo cocinado dentro de su túnica de gala-. Lleva todo el día quejándose porque tenemos que estar en la misma fiesta con quien-tú-ya-sabes –afirmó el pelirrojo, desviando la mirada hacia una persona en concreto.

Harry se reajustó las gafas sobre el puente de la nariz y suspiró. –Ron: por mucho que sepa a quién te refieres, ¿realmente es necesario que llames así a Hermione? Me entran escalofríos cuando lo dices. Además, ¿no se suponía que ya lo teníais superado?

-¡Eso es lo que he intentado decirle toda la tarde! –protestó el pelirrojo, encolerizándose-. Pero no me hace caso. No para de preguntarme si estoy seguro de que no la quiero. ¡Ya no sé cómo explicárselo!

-¿Le has contado lo que hay?

Ron pareció no comprender durante unos instantes. Miró a Hermione de refilón, como intentando asegurarse de que estaban hablando de la misma persona. –Eh… no –contestó finalmente.

Harry sonrió con picardía. A continuación le puso una mano en el hombro a su amigo, le dio unos golpecitos tranquilizadores en la espalda y le dijo:

-Pues, créeme, después de esta noche, no creo que tengas que preocuparte más por eso.


-No es por meter presión, Hermione, pero llega tarde.

-Lo sé.

-Yo sólo lo comento.

-Pues deja de hacerlo, me estás poniendo nerviosa –pidió Hermione, consultando por octava vez su reloj-. Cambiemos de tema.

-¿De qué quieres hablar? –preguntó Ginny, dándole un generoso trago a su copa. En apenas dos sorbos se la había bebido toda. Cuando la copa llegó a la altura de su nariz y pudo ver lo que tenía enfrente, estiró el dedo índice para señalar. -¿Has visto a esos dos? Cuchicheando como colegiales. Creo que Lavender le está dando la noche a Ron.

-¿Tú crees? ¿Por mi culpa? –se preocupó Hermione, echando un vistazo de refilón a su antigua compañera de curso, que ahora parecía estar aburriendo soberanamente a Hannah, que no pudo reprimir un bostezo, seguido de una sonrisa displicente y un apretón en el brazo de Neville-. Yo la veo bien. Se está riendo. Parece estar pasando un buen rato.

Ginny alzó una ceja, pero sólo una. –Hermione, por favor no subestimes nunca la capacidad del tándem Lavarti para fingir en público. Pero tú no tienes que sentirte culpable. Las cosas están muy claras entre vosotros y ellos llevan meses juntos. Es la guerra de Ron, no la tuya. Tú no pudiste ser más franca.

-Ya, pero…

-Pero nada. ¿Te apetece un canapé? –le interrumpió Ginny-. Me muero de hambre.

-Sí, vamos.

-Llega tarde.

-Lo sé. Mira que eres pesada.


-Lavender está a punto de asesinar a Ron, ¿verdad?

Harry se quedó mirando a su novia de arriba abajo. Daba igual los años que llevaran juntos, Ginny nunca dejaba de sorprenderle.

-¿Qué? No me mires con esa cara, ¡es evidente!

Harry echó un vistazo por encima de su hombro y se aseguró de que Hermione y Ron no podían escucharles desde donde estaban. Se encontraban justo a sus espaldas, charlando amigablemente mientras Ron engullía los embutidos de dos en dos.

-Si tan evidente es, no necesitas que te confirme nada –bromeó Harry. Tenía los ojos chispeantes al contemplar a su novia. En ese momento pensó que Ginny estaba preciosa.

-Odio cuando haces eso, Harry.

-Es sólo para ponerte nerviosa, ya lo sabes –se disculpó él.

-¿Quieres que te ponga yo nervioso a ti? De acuerdo –Ginny se limpió las manos en una servilleta que cogió de un montoncito que había encima de la mesa. Parecía estarse tomando su tiempo para dar el golpe de gracia a su novio-. ¿Has visto lo bonito que está todo? ¿Crees que deberíamos contratar la misma empresa de arreglos florales para nuestra boda?

Y Harry escupió el contenido de la copa de champán que estaba bebiendo.

-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien, colega?

Harry hizo un gesto con la mano para asegurarle a Ron que estaba todo bajo control a pesar de los estertores de tos que estaba teniendo tras haberse atragantado con el líquido burbujeante. Ron sonrió, meneó la cabeza con diversión y se dio la vuelta para retomar donde lo había dejado. -¿Por dónde íbamos? –preguntó.

-Me estabas contando que te has comprado una escoba nueva –le recordó Hermione, mirando por encima del hombro del pelirrojo. Harry estaba tan colorado que Hermione habría apostado una mano a que Ginny le había propuesto matrimonio en aquel preciso momento.

-¡Cierto! –exclamó Ron-. Pues, eso, que me he comprado una escoba nueva –resumió.

Acto seguido se hizo un silencio incómodo entre ellos. Ron carraspeó y se reajustó la pajarita de nuevo, contento de que su hermana no pudiera verlo. Hermione comprendió perfectamente a qué se debía ese silencio. No era como si no hubieran hablado antes, pues lo habían hecho. Tras la ruptura, las cosas entre ellos habían sido todo lo cordialmente posibles. Si bien habían tomado un poco de distancia –y el traslado de Hermione había jugado un papel muy importante en esto-, por su propio bien y el de su grupo de amigos, ninguno había dramatizado en exceso ni habían obligado al resto a tomar partido. De alguna manera, tanto Ron como Hermione se habían dado cuenta de que la ruptura era necesaria porque estaban secos, vacíos, ya no quedaba nada entre ellos. Pero ahora era diferente. Ahora estaba… ese otro asunto…

Y era francamente incómodo tener que romper el hielo. Aunque después de tantos años de convivencia, Hermione supo que tenía que ser ella la que lo rompiera primero.

-Escucha, yo –titubeó-, sólo espero no estar causándote demasiados problemas –afirmó, mirando intencionadamente a Lavender, que no les quitaba ojo de encima y que incluso les saludó con un gesto muy afectado cuando vio que Hermione la estaba mirando.

-Tranquila –le apaciguó Ron-. Está un poco… nerviosa.

-Es natural.

-Sí, pero se le pasará. Tendrá que acostumbrarse a la idea. No pienso renunciar a tu amistad por muchas pataletas que tenga.

Hermione sonrió. De todas las cosas que podría haberle dicho Ron, aquélla era la que más feliz podría haberle hecho. Pero lo mejor de todo era que ella sentía exactamente lo mismo.

-Lo mismo te digo. No renunciaría a ti por nada. ¿Un abrazo? –propuso, empezando a extender sus brazos.

-¿Sabes qué? –la detuvo Ron-, no es por fastidiar ni porque no quiera dártelo, pero… quizá en otro momento –comentó, señalando con la cabeza en dirección a Lavender, que seguía vigilando muy de cerca todos sus gestos.

Hermione se rió con ganas. –Anda, vamos. Esto va a empezar –le dijo, dándole una palmada en la espalda.

-Oye, llega tarde, ¿no?

-Lo sé.

-Yo sólo lo comento.

-Tú eras un Weasley, ¿no?

-¿Uh?


Y entonces todo el mundo comenzó a sentarse en esas sillas blancas extendidas a lo largo del jardín, adornadas con olorosos lirios inmaculados en el respaldo. Un cuarteto de cuerda empezó a tocar una pieza especialmente melodiosa y por encima de la música se podía escuchar el murmullo de la gente, que poco a poco iba tomando asiento junto a sus respectivos amigos. Hermione hizo lo propio junto a los suyos. Estaba tan nerviosa que comenzó a morderse el labio inferior, hasta que notó la mano de Harry aprentando la suya en un gesto cariñoso.

-Llega tarde.

-Oh, por dios, Harry tú no.

-Pero vendrá.

-Ya, pero, ¿cuándo?

-Justo ahora –Ginny se inclinó hacia delante para poder ver a Hermione. Estaba señalando con el dedo y tenía una sonrisa radiante dibujada en los labios.

Hermione sintió que su corazón daba un vuelco. Ella y Harry se giraron en la dirección que estaba indicando Ginny y esto llamó la atención de los demás, de Neville, Hannah, Ron y Lavender, que también miraron hacia donde indicaba la pelirroja.

-¿Y qué pinta ella aquí? –preguntó Lavender en voz tan alta que lo escucharon todos y no pudieron evitar intercambiar una sonrisita cómplice.

Ron agarró cariñosamente la mano de Lavender y mientras se ajustaba una vez más la pajarita con fastidio, afirmó: -Cariño… te lo cuento luego.

Hermione intentó medir la velocidad de sus pasos de camino al parterre junto al que estaba esperando Cho. Le costó muchísimo no echarse a correr para ir a recibirla. La verdad es que no sabía si estaba completamente furiosa de que hubiera llegado tan tarde o si tenía ganas de ahogarle en un abrazo por haber ido. El caso es que, cuando llegó hasta donde estaba, le faltaba el aliento.

-Hola –dijo Cho, mirando el suelo. De repente se sentía muy avergonzada.

-¡Llegas tarde! –protestó Hermione, tratando de controlar su respiración.

-¡Lo sé, lo siento! Te juro que intenté llegar a tiempo, pero es que…

-…pero da igual, porque estás guapísima.

Cho se ruborizó e involuntariamente se ocultó todavía más a la sombra del parterre. –Por Merlín, ¿tú crees? –preguntó-. He tenido una crisis enorme porque no sabía qué ponerme y como iban a estar todos tus amigos y es la primera vez que me ven desde que… bueno… ya sabes. Madre mía, ¡estoy espantosa! Será mejor que me vaya.

Hermione frunció el entrecejo. Era la primera vez que veía a Cho tan insegura. Y de veras parecía que estaba dispuesta a darse la vuelta y volver por donde había venido. En verdad estaba nerviosa.

-Pero, ¿qué estás diciendo? –le reprendió, agarrando su muñeca y tirando de ella en dirección contraria a la que estaba yendo. Cuando consiguió que Cho caminara unos pasos, siguió hablando: -¿Dónde está la chica borde, segura de sí misma y rematadamente sexy de la que me enamoré? Venga, vamos –comentó, tirando de nuevo por ella.

Cho estaba tan confundida por la reacción de Hermione que se dejó llevar y caminó a trompicones unos pasos, luchando con los altísimos tacones que llevaba. Pero entonces se detuvo en seco. Puso una mano en la cintura y frunció el entrecejo:

-¿De la que te enamoraste?

-Sí, claro –respondió de la forma más natural Hermione, que no parecía comprender qué era exactamente lo que le había sentado mal.

-¿Y tú crees que es normal decírmelo así?

-¿Decirte el qué así? –la voz de Hermione había tornado peligrosamente de la confusión al enfado. Empezaba a no comprender cuál había sido su error.

-Que me quieres. Acabas de decirme que me quieres como si estuvieras hablando del tiempo. ¡Esas cosas no se dicen así! ¡No cuando es la primera vez que me lo dices, Hermione!

Hermione estaba completamente anonadada. Se lo preguntó a sí misma durante una milésima de segundo, pero no, no podía ser que eso hubiera salido de sus labios de manera tan vehemente. –Para ser francos, no te he dicho que te quiero.

-Claro que sí. Lo has dicho.

-No, no es cierto. He dicho que estoy enamorada.

-Lo cual es como decir que me quieres, pero aniquilando cualquier remota esperanza de un momento romántico –puntualizó Cho.

-Te pones así y cualquiera diría que lo que pretendes es que te lo diga –Hermione estaba furiosa ahora. Se retiró un mechón de pelo de la cara con nerviosismo.

-Pues a lo mejor es lo quiero –arremetió Cho con tozudez.

-¿Aquí mismo?

-Aquí mismo, ¿por qué no?

-Bien: te quiero, Cho. ¿Necesitas que lo grite o te vale así?

Cho iba a contestar enfadada, pero fue incapaz de hacerlo. Sólo sonrió. De medio lado, aunque se notaba que algo latía fuertemente en su pecho. Se humedeció los labios y deslizó los ojos hasta la boca de Hermione. –No, creo que con eso me basta –y se acercó para darle un beso lento y suave-. Yo también te quiero, Hermione.

Pero justo cuando Hermione estaba a punto de profundizar el beso, escucharon aquel sonido tan inesperado, tan raro en una situación en la que parecía que estaban solas, en su burbuja, ellas dos. Sólo que… no lo estaban. Y aquel carraspeo hizo que se separaran.

Sólo entonces Hermione y Cho fueron conscientes de que todo el mundo las estaba mirando y de que justo enfrente tenían a Luna, vestida de blanco de pies a cabeza, colgada del brazo de su padre mientras jugueteaba distraídamente con las flores de su ramo de novia.

Estaban en medio de la alfombra blanca que conducía al precioso altar improvisado en el jardín de la casa de los Lovegood.

-Yo os dejaría que siguierais –comentó Luna con voz adormilada-, porque creo hacéis muy buena pareja, pero el Ministro tiene que irse tan pronto acabe la ceremonia.

Y Luna simplemente sonrió y señaló al Ministro, que estaba esperando con impaciencia en lo alto del altar.

Sentado en su silla, Harry se inclinó levemente hacia un lado y le susurró a Ginny en la oreja:

-Me parece buena idea que pidas el número de los arreglos florales, pero mucho me temo que nosotros no somos los que vamos primero –dijo, señalando a unas ruborizadas Cho y Hermione que en ese momento querían que se les tragara la tierra.

-Completamente de acuerdo. Aunque hay cosas que nunca cambian: ya están otra vez discutiendo –respondió Ginny, con una sonrisa de oreja a oreja.

-No serían ellas si no lo hicieran.

-¿Se han besado? ¿Qué está pasando, Ronald? Todo esto es muy confuso –preguntó una Lavender Brown extremadamente confundida.

-Cariño...¿mejor te lo cuento luego?

-Fin-


NdA: Y ¡FIN! Estoy tan contenta de haber podido acabar otro fic que podría llenar mi cuerpo de helio y salir volando por encima de los tejados. Lo digo en serio. ¡Por fin! Ha sido del mal. Demasiados meses cuando yo contaba con que no serían tantos.

Tengo que decir que el capítulo final ha cambiado. Al principio había un epílogo cortito. Muy soso. Pero luego tuve un sueño esta semana y en el sueño pasaba exactamente todo esto, y tuve que cambiarlo porque me gustaba muchísimo más que lo que había escrito inicialmente. Bueno, ¿qué puedo decir del final? Creo que es un final muy típico de las historias que escribo. Algo loco y poco previsible (eso espero). Ojalá os haya gustado tanto como a mí.

Respecto a vosotros (sí, a vosotros): estos días he estado fijándome en todos los que estáis ahí y me seguís. Y tengo que reconocer que me he sentido abrumada. Me encantaría citar aquí todos los nombres de las personas incondicionales a mis fics, pero tengo miedo de que se me escape alguna, así que mejor no lo haré. Sólo quiero deciros que me doy cuenta de ello y que me siento afortunada de teneros ahí. En serio, gracias. Siempre conseguís que me anime a escribir, hasta cuando estoy bloqueada y me entran ganas de tirar el ordenador por la ventana porque se me ha ido la inspiración. No encuentro las palabras para agradecéroslo, por lo que mejor os mando un beso y pongo ya fin a esto.

Sólo me queda dar las gracias a G, que ha sido el verdadero motor de esta historia, siempre apoyándome para que la continuara y no la dejara de lado. Siempre proponiendo ideas y maneras de acabarlo para inflamar mi imaginación y hacerme espabilar. Esta historia se la debéis tanto a ella como a mí, lo digo de verdad.

Y creo que nada más. Tan sólo gracias. Nos vemos por aquí. Booh.


Claudia: si repites muchas veces una cosa, puede que de la punta de tu varita salga algo. Yo no lo he probado, pero tendré que hacerlo. La verdad es que esa fue la idea del capítulo anterior: darles la suficiente distancia para que comprendieran que pocas cosas les impedían estar juntas. A veces parece muy necesario hacer esto para aclarar las ideas. Me alegro de que en cierta manera se viera.

Crystallus: JAJAJAJAAJAJA. En serio, me dejas los mejores reviews de la historia de Fanfiction. Siempre me río. ¿Me compras el yate? Ahora que viene el veranito no me iría nada mal ;) Un besito

Kyoko: Amor-yaoi a veces se opone a los designios de las actualizaciones jaja. Siento que hayas tenido que venir hasta aquí, pero, mira, si lo has encontrado, genial. Se ve que tenías ganas de leer y yo feliz por ello.

Quimera: oh, ahora sí que ya no lo puedo alargar más. Porque odio las secuelas, no creo que escriba una en mi vida. Con la cantidad de cosas nuevas que se pueden escribir… me parece una pérdida de tiempo. Aunque no me desagrada la idea de escribir una saga… mmm… pero sería propia. Bueno, algún día, quizá. Pero no de femslash! Eso sería muy raro!

Rochu Black: te llegó mi contestación a tu review? El nuevo sistema éste de mensajería me tiene confundida. Se supone que te lo envié, peeeeeero… no me consta. Sólo por asegurarme. Espero que te haya llegado.



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