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Author of 79 Stories |
N/A: E La idea esta vez corresponde a Aori Hime Murasaki, que aunque en realidad sugirió más el tema de la mentira relacionada con la manipulación, la mentira sola se me hizo más facil xD. ¡Mil Disculpas!
¡Por último este fic va dedicado a mi nueva amiga Kasu-chan, es es puro amor!
De ninguna manera Misaki podía decirle a Usagi-san que se había lastimado la rodilla en el camino a casa. Había sido tan sólo un pequeño golpecito, nada importante, ni si quiera le había sangrado. Pero le dolía, le costaba mover la pierna sin cojear un poco. Cuando llegó al departamento, entró sigilosamente para evitar ser escuchado. Creía que si reposaba un rato y se tomaba un anti-inflamatorio el dolor se le pasaría. Pero poco después de haber podido agarrar la cajita donde tenía todos los remedios y pastillas, Usagi-san entró a la habitación.
—Misaki, ¿ya llegaste? Tengo un poco de hambre —le dijo el hombre mientras salía de su lugar de trabajo.
—¡U-Usagi-san! De-dentro de un rato empezaré a preparar la cena, puedes volver a tu trabajo —escondió la pastilla detrás de su espalda, agarrándola con ambas manos. Debía mantener la compostura y no ponerse nervioso, sino seguramente iba a delatarse a sí mismo.
Usami se le acercó sonriéndole y le desordenó los cabellos cariñosamente.
—Oh, es verdad —dijo recordando algo de pronto—. Llegó un correo electrónico de Takahiro, deberías venir a leerlo —terminada la oración, se dio vuelta para dirigirse de nuevo a la habitación donde tenía su computadora. Misaki en cambio se quedó en su lugar, esperando a que el hombre desapareciera de su vista para poder terminar lo que había empezado sin que el otro se enterase. Pero cuando Usagi-san vio que no estaba siendo seguido por el más joven, quiso saber por qué.
—Misaki, ¿qué sucede? —pero antes que el joven pudiera contestarle el escritor notó que en todo el rato el estudiante no había movido sus brazos escondidos—. ¿Qué traes ahí…?
—¿Eh? ¿Yo? — preguntó en vano, señalándose con una mano.
—No, Suzuki-san… Claro que te pregunto a ti, Misaki —se le acercó de nuevo y lo tironeó del brazo que ya no tenía escondido, haciendo que el joven diera unos pasos y la rodilla le doliera.
—¡Ah! U-ugh… —no pudo ocultar su dolor. Y sin decir nada, el escritor demandó una explicación con su penetrante mirada. Misaki lo contempló con sus ojos temerosos, mientras dudaba sobre qué hacer. Pero lamentablemente ya no había nada que pudiese evitar su destino—. Me tropecé en el camino a casa y tengo un ligero dolor en la rodilla, Usagi-san…
—Entiendo —así sin más, lo levantó como a una delicada princesa y le dijo—: Está bien, Misaki. Esta noche la cena la preparo yo. Tú te quedas recostado en la cama y no vuelves a intentar mentirme —por fin se lo llevó a su habitación, mientras Misaki rezaba para poder vivir un día más después de la indeseada y mortal comida.
—¡Kamijô! —se iluminó al verlo—. Qué bueno que aún no te has marchado todavía, necesito que me hagas un favor…
—Lo siento, profesor —usó su tono altanero para sonar más convincente—. Esta noche tengo algo importante que hacer, no puedo quedarme a hacer horas extras.
—¿Eeeeeeeeh? ¡Pe-pero Kamijô! ¡De verdad necesito que me des una mano con…!
—De verdad lo lamento, pero debería habérmelo dicho por lo menos ayer. Ya no puedo cancelar mis planes —y con esto, salió dejando a un Miyagi que fingía falsas lágrimas.
La verdad era que Hiroki no tenía ningún plan para esa noche, pero cuando a la mañana se había enterado que Nowaki tenía el día libre, supo que por nada en el mundo se quedaría un minuto más en su oficina terminada su jornada de labor.
—Oh… —le contestó éste mientras se secaba la cabeza. Miyagi se le acercó, cigarrillo en sus labios.
—¿Por qué no vas? Parecía que se estaban divirtiendo —entones recordó lo que el muchacho le había dicho—. ¿Qué otros planes tenías para hoy?
Shinobu le respondió, pero había hablado tan bajo que el profesor no había alcanzado a escucharlo.
—¿Qué dijiste, Shinobu-chin? —bajó un poco la cabeza y se le acercó.
—¡Que tú eres mi plan para hoy, idiota! —y el susodicho recibió un no tan merecido golpe en la cabeza.
—Ryuichiro-sama —entró Asahina a su oficina, anunciándose dando un golpecito sobre la puerta—. ¿Ya está listo? ¿Ha terminado con su trabajo?
—Claro que sí —hizo una pausa para acomodar los papeles que tenía sobre el escritorio y luego miró serio al que tenía adelante—. Como te lo prometí, he terminado con todo lo que hoy tenía que hacer para poder salir antes de la oficina.
A Asahina algo le olía raro, pero aún así siguió, sonriendo:
—Me alegro mucho, Ryuichiro-sama. Así no perderemos la reservación en el restaurante.
—Sí, sí, sí —le contestó haciendo un gesto con la mano parecido al que hace uno cuando tiene una mosca rondándole por el rostro—. Oye, ¿podrías apagarme la computadora mientras voy al baño? —y antes de que Kaoru pudiese contestarle, Isaka ya se estaba dirigiendo a donde había comunicado que iría. En realidad una respuesta no hacía falta, ambos sabían que el secretario le haría el favor.
Entonces cuando el editor se había perdido de vista, Asahina no pudo resistirse a revisar la carpeta llamada "A editar" del ordenador del otro, donde todo el trabajo pendiente iba a parar. Una vez que dio con la carpeta que buscaba, sólo encontró un archivo llamado "Leelo, Kaoru!". Curioso y sorprendido, éste hizo como el archivo se lo había ordenado. En él leyó:
"¡Serás fisgón! ¡Tú conoces mi flojera demasiado bien, pero yo conozco tu desconfianza como a la palma de mi mano! ¿Ves que puedo decir la verdad de vez en cuando? Como te lo prometí he terminado todo lo que debía hacer, sabes que de verdad quería salir a comer contigo".
Asahina no pudo contener su risa, pero pudo hacerla inaudible tapándose la boca. Isaka de verdad lo había agarrado desprevenido. Luego de unos segundos apagó la computadora y esperó a su amado Ryuichiro, como si nada. Aunque en vano.
—Fisgón.
N/A: Fans de romantica, alégrense, el capítulo fue bastante largo. Me disculpo porque los de Ego y Terro fueron similares. Y la verdad, el de Mistake fue mi favorito.
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