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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Movies » Pan's Labyrinth » Yo te cantaré una nana

Tavata
Author of 63 Stories

Rated: T - Spanish - General - Reviews: 1 - Updated: 06-21-09 - Published: 02-02-09 - id:4836362

7

El hombre pálido, la pequeña Ofelia no había podido olvidar a ese terrible ser.

Mientras la pequeña caminaba por esos corredores con los altos pilares a todo lo largo no podía dejar de pensar en la primera vez que se topó con esa criatura.

No comais ni bebais nada- había dicho el fauno en esa ocasión.

Ahora, Ofelia iba con la clara intención de desobedecer esa orden, era la única forma de salvar a Zathary.


Una vez más ahí frente a ella estaba la mesa del Hombre Pálido, repleta de manjares para tentar a los niños, en una esquina todos los pares de zapatos viejos de todos esos pequeños infantes que ese monstruo había devorado por años.

¿Dónde estaba el Hombre Pálido?- no pudo evitar preguntarse en voz alta la princesa Moanna.

La silla a la cabecera de la mesa estaba vacía, no había rastro del cruel monstruo por ninguna parte.

En ese momento la niña tuvo miedo, no lo había visto por el corredor que había tomado y tampoco lo había escuchado en ningún momento. El hada de color rojo revoloteó por todas partes intentando encontrarle pero fue inútil, era como si en ese momento el cruel Hombre Pálido no se encontrara.

Debemos apresurarnos- dijo la princesa Moanna acercándose a la mesa- el Fauno dijo que era una fruta del color del fuego.

Entre los platillos y platillos que había en la mesa del Hombre Pálido había infinidad de frutas que tenían un color rojo encendido ¿cómo saber cuál era la fruta del color del fuego que necesitaban?

El hada de color rojo no dejaba de volar sobre la cabeza de la princesa mientras ésta buscaba, así si el Hombre Pálido llegaba no tomara por sorpresa a la niña.


¡Esta debe ser!- dijo feliz Ofelia.

Una vez más algo muy dentro de ella le había dicho cual era la fruta, fue como en aquella ocasión cuando debía encontrar donde estaba escondida la daga.

La niña tomó con mucho cuidado una pequeña fruta del tamaño de una ciruela, era la que tenía el color rojo más encendido de todas. Solo tomarla entre sus manos, Ofelia sintió como esa pequeña fruta estaba tibia.

"El color del fuego" Pensó la princesa Moanna mientras guardaba con mucho cuidado la pequeña fruta en una bolsa de su vestido.

Debemos irnos- le dijo al hada alejándose de la mesa.

Como lo había esperado la princesa, solamente tomar la fruta se escuchó un largo y aterrador gemido. El Hombre Pálido estaba cerca.


Sin esperar a que ese monstruo se presentara ante ella Ofelia comenzó a correr lo más rápido que podía, solamente pasar por el primer pilar algo muy extraño pasó.

Las luces se apagaron sin previo aviso. La princesa Moanna se detuvo de golpe. ¡No podía ver nada frente a ella!

En ese momento el gemido lastimero del Hombre Pálido se escuchó más cercano. ¡Se estaba acercando!

¿A dónde correr? Ofelia no sabía si iba hacia adelante o hacia atrás.

De pronto el hada de color rojo comenzó a brillar como si de una antorcha se tratara.

Ofelia agradeció en silencio que esa pequeñita estuviera con ella, utilizándola como guía la niña comenzó a correr a toda velocidad, detrás de ella podía escuchar el arrastrar de los pies del Hombre Pálido.

Pese a su miedo, la princesa Moanna nunca giró para ver que tan lejos estaba esa cruel criatura de ella.


Por fin habían llegado a la parte más alejada de ese solitario pasillo por el que corrían.

No es posible- dijo Ofelia golpeando con sus manos la fría pared, la puerta que había dibujado se había cerrado, ¿cómo iban a salir de ese horrible lugar?

En ese momento una mano pálida la sujeto por la muñeca, la niña gritó de terror podía sentir el párpado del Hombre Palido cerrandose en la palma de la mano del monstruo.

El hada revoloteó con fuerza sobre la cabeza de la princesa mientras se lanzaba contra la cara sin ojos del monstruo.

Éste sin soltar a la princesa Moanna trato de quitarse de la cara a esa molesta hada pero al no poder ver no lo conseguía.

En un momento dado mientras Ofelia intentaba liberarse del agarre de esa criatura ciega el monstruo apretó con tal fuerza la muñeca de la niña que ésta no pudo evitar gritar de dolor.

El hada pareció incendiarse mientras se lanzaba una vez más contra la cara del Hombre Pálido, éste la atrapó con la mano libre solamente para quemarse el ojo que parpadeaba en su palma.

El hombre Pálido abrió la boca dando un grito de dolor, el hada aun presa entre sus dedos parecía quemarle la blanca piel.

Ofelia no podía liberarse por más que lo intentaba.

El Hombre Pálido pese al dolor apretó con todas sus fuerzas al hada quien comenzó a retorcerse de dolor entre la mano quemada de la ciega criatura.

Con un brusco movimiento el Hombre Pálido lanzó a la pequeña hada de color rojo contra el suelo, la pequeña se golpeó con tal fuerza que se quedó tirada sin reaccionar.

El leve resplandor del hada aun iluminaba la obscuridad del corredor.

Ofelia ahora estaba atrapada por ambas muñecas, el Hombre Pálido la levanto un poco del suelo ¡La boca del Hombre Pálido se acercaba peligrosamente al blanco brazo de Ofelia!

¡Va a morderme!- se dijo la princesa intentando liberarse.

Ya podía sentir el aliento de la criatura, iba a devorarla ¡como a los otros niños!


La pequeña princesa no podía alejar su mirada de la boca del Hombre Pálido, no había salida, ese monstruo iba a comérsela.

De pronto el Hombre Pálido la soltó ¿qué había pasado?

Ofelia cayó al suelo, al momento levantó la vista.

En el techo se había abierto una puerta, el Hombre Pálido había retrocedido al sentir sobre él la desconcertante luz del exterior.

¿Otra puerta? Ofelia se preguntó mientras tomaba al hada entre sus manos.

¡Princesa vuestra mano!- gritaron de pronto.

El príncipe Nuada se asomó por el espacio abierto en el techo hasta medio cuerpo ofreciendo su mano a la princesa Moanna. La pequeña se estiró lo más que pudo para alcanzarlo.

Antes de que el Hombre Pálido pudiera evitarlo, el príncipe Nuada ya había levantado a la niña hasta él para acto seguido cerrarse la puerta en el techo.

Una vez más Ofelia había escapado del monstruo devorador de niños inocentes.


El corazón de la princesa Moanna palpitaba con fuerza, había escapado del Hombre Pálido, aun tenía el hada de color rojo entre sus manos y la fruta del color del fuego en su vestido.

El príncipe Nuada la había jalado hacia él tan deprisa que solamente cerrarse la puerta en el techo cayó de sentón en el piso con la princesa entre sus brazos.

La niña no pudo evitar apoyar su cabeza contra el pecho del príncipe de los elfos.

Gracias- musitó Ofelia.

El príncipe Nuada no contestó.

Continuara...



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