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Little Pandora
Author of 24 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/General - James S. P. - Reviews: 11 - Updated: 03-08-09 - Published: 02-25-09 - Complete - id:4884170

Disclaimer: Goldie Tremlett me pertenece a mí, el resto de las cosas que reconozcas es de Rowling.


Cómplice
(Parte Dos)


Recomendación musical: Gone out the window - Sugar Ray


Puede meterse en el Bosque Prohibido sin que le tiemble el pelo y caminar al lado de Filch con la capa encima a las tres de la mañana como si estuviesen yendo ambos a una convención de tés. Puede levantar los ojos con unas gotas de rebeldía cada vez que le asignan un castigo, y hacerlo sin miedo de que manche su expediente porque sólo a veces su apellido sí que le gusta y le conviene.

Puede hacer muchas cosas, puede defender a Albus cuando alguno de sexto lo molesta en el Gran Salón, puede amenazar a otros chicos con convertir sus calzoncillos en El Monstruoso libro de los Monstruos y comentarles que Voldemort es un croquis comparado a lo que él mismo piensa hacerles si se acercan demasiado a Lily.

Puede incluso presentarse a un partido de Quidditch con la ropa interior encima de la túnica y decir que lo sacó de unos dibujitos muggles y aceptar la detención con un ‘solamente estaba abriendo los parámetros culturales del colegio’ que hasta sonaría intelectual sino fuera por la sonrisa ladeada y la cara de deliberada inocencia. Puede hacer muchas cosas… Pero en el fondo y honestamente sólo le gustaría poder hacer una sola.

Y es controlar su respiración cuando Goldie se le acerca. Y lo saluda. Y le besa. Y le hace sentir un calor que le sube por las piernas y le baja como torpedo hasta el centro del cuerpo. Controlar el tiempo para que su carcajada dure eternidades juntas y que nunca se evapore en el aire con la última onda de sonido como un eco. Controlar el impulso de tocarla, tenerla cerca y que nunca se aleje.

Porque para tener dieciséis años todas esas sensaciones le quedan como una camiseta demasiado grande que le llega a los tobillos y no puede acortar. Y sólo está un poco cansado, con algo de miedo y la impresión de que se está perdiendo algo importante, sin poder especificar el qué.

Pero todo eso lo siente cuando Goldie está lejos y no a centímetros de él, con el saxo entre los labios y hablándole de Louis Armstrong como si fuese Merlín, los ojos de roble brillando bajo las luces de las cocinas y Kreacher preparándoles chocolatadas.


Se da cuenta que lo que siente es algo grande cuando en un partido entre las gradas no la encuentra. Se da cuenta porque fue como si el corazón se le detuviera en el pecho al ver ese lugar tan familiar lleno de nada. Ni bufandas escarlatas ni sonrisas tibias. Y cuando Hutcher le grita con ese tono desesperado que pone cuando piensa que están a punto de perder, que preste atención, fue cuando se dio cuenta que se había quedado ahí, en el medio del campo a trecientos metros del suelo simplemente mirando hacia allí.

Y nada más.


-¡Jimmy!- le grita y él apenas levanta los hombros. Sólo se da cuenta que es ella cuando la tiene enfrente y no la puede esquivar. Sinceramente podría decir que desde que salió de los vestuarios está un poco desconectado.

No puede evitar sonreír ligeramente, sin embargo.

-Perdón que no pude ir, es que Longbottom me había castigado esta mañana por hacer llorar a las mandrágoras de otra clase… ¿Cómo les ha ido?- pregunta, aunque ya sabe la respuesta.

-Vas a tener que hablar con Hutcher- comenta, así. Como si nada.

Cejas alzadas y la mirada llena de signos de interrogación.

-Creo que cuando bajábamos al campo ya estaba planeando mi vasectomía con su escoba y la ayuda de una Bludger. Y como después de todo ha sido tu culpa que perdamos ante Hufflepuff...- el tono ligeramente indignado y la carcajada asomando los labios.

Lo sigue mirando cuestionante hasta que suelta.

-No me pude concentrar. Lo siento.

Y en ese momento ambos ríen y siguen caminando hacia la Sala Común. James, con la pequeña sensación de que con ella ya nada le importa tanto.


Hace ya un par de meses que siguen juntos y él ya sabe que la quiere como duda que vaya a hacerlo con alguien más. Y aunque a Louis le suene cursi y Budd piense que lo de las mariconadas son de familia (‘Teddy, ¿qué le has estado diciendo a tu primo, imbécil?’), no puede dudar de sí mismo. Porque nunca antes ha podido confiar en una chica como si fuese un amigo y al mismo saber bien que no lo es. Contarle cosas que no le ha dicho a nadie (-A veces me siento en la sombra de mi apellido) y saber que lo entiende porque simplemente se entienden.

Y es por eso que una noche cuando vuelven de las cocinas y se sientan en la Sala Común, ella en el suelo entre sus piernas y él acariciándole el pelo, enfrente de la chimenea… No puede evitar decirle esas enormes dos palabras que sólo parecen fáciles cuando se está en la familia.

-Te quiero- le dice y no suena a culebrón de abuela Molly o novela rosa. Sino que simplemente sale, espontáneo y por un momento se alegra de no verle la cara para no sentirse más estúpido.

Y no sabría decir cuánto tardó Goldie en darse vuelta, apoyarse en sus rodillas y darle el beso más profundo que le han dado en toda su vida.

Manos en su nuca y siente todo un calor cubriéndole la cara, los labios. Cada centímetro que tocan sus dedos. Hasta que lentamente se separan y la mira a los ojos y Merlín, es tan hermosa.

-Si cada vez que lo digo me vas a responder de esta manera, sería bueno empezarlo como rutina, ¿no te parece?

Sonrisa. Mejillas sonrojadas.

-Eres un idiota, Potter.


Hace un par de años que dejaron Hogwarts y un par de años que ya no se ven. A veces escucha su nombre en la radio, "la hija del legendario Tremlett sigue su propia carrera musical", pero nada importante.

Y esas veces recuerda como un soplido esos años en el Colegio y tiene un poco, sólo un poco, de ganas de verla. Ver cómo está, cómo la ha tratado el reloj.

Pero luego se le va la idea y la sensación desaparece dejando apenas un vacío y Jamie sigue camino al trabajo, a su casa. A su vida, esa que tiene ahora.


Francamente, no se sorprendió que una tarde se encontraran en el Callejón Diagon en plenas fechas navideñas. Como una ironía del destino y esas cosas que seguramente irían bien en los labios de Trewlaney.

-Ay, mierda. Me cago en Merlín- pero más que encuentro podría decirse choque y él se apresura a sacarle el culo del hielo antes de que empiece a maldecir a su madre. Igual no tiene tiempo de pedirle disculpas antes de ella grite un -¡Jimmy! ¡Santo cielo!- y lo abrace hasta cubrirlo de ella y su tibio cuerpo.

Y le responde como si no quisiera que se despegara de él y luego lentamente se separan, reticentes. Por largo rato sólo se miran a la cara y ella sigue teniendo el mismo pelo rubio, los mismos ojos chocolates y la sonrisa aún ladeada. Algo más alta, más adulta. Un poco más distinta.

-Así que Tremlett, eh- le dice, y se echan a reír.- ¿Cómo has estado?

Y el tiempo a veces cierra paréntesis extraños en que la vida no parece más que un prólogo a otra cosa. Otra cosa más importante.

A manos en su cuello y sonrisas llenas de segundas intenciones. Insultos en labios de chicas que ya dejaron de serlo y un futuro tímido y brillante que te tiende la mano.

Y sólo puedes estrechársela de vuelta porque, simplemente, la camiseta que te quedaba ancha a los dieciséis no puede seguir haciéndolo a los veinticuatro.

(-Estás igual de feo que cuando estábamos en Hogwarts, Jimmy.

-Yo también te he estrañado, Gold.)


Y como pudieron actualización y esta vez no pude negarla, tarán, una secuela y definitiva de Goldie y Jimmy Jamie.

No pude evitar nombrar a Budd Sloper porque simplemente es mi amor platónico inventado. Y el esposo de Lore, so... xDD.

Espero que lo hayan disfrutado como yo, y los reviús se agradecen como agua en el desierto ^^.

Besotes .



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