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Me vino en la (por lo demás improductiva) tarde de ayer un ramalazo de inspiración con este par. Quizás debería de haber estado dedicado al cumpleaños de Mr. Wonderful (pues ayer fue su día. 23 añazos, campeón), pero la historia me cuadraba mejor con un aniversario, a saber por qué. Sea como sea, no se trata de la pairing a la que estoy más acostumbrada a trabajar, así que mantengo mis dudas acerca del grado de IC. Disculpádme si no lo he conseguido, pero hasta estos dos se merecen una mirada amable y exenta de toneladas de angst sádico de vez en cuando. Para seros sincera, estoy contentísima con este fic.
Audaces Fortuna Iuvat
La fortuna sonríe a los audaces.
Virgilio.
El característico sonido de la llave girando en la cerradura hizo que Amane Misa corriera como una exhalación hacia el hall para recibir a su afanoso novio, quien volvía de otra jornada completa de arduo trabajo. La rutina de siempre: anuncia su vuelta al hogar con un quedo “ya estoy en casa”, coloca las llaves sobre la repisa a la par que se descalza y se afloja el nudo de la sobria corbata, dejando que su compañera le ayude a quitarse la chaqueta, para mecánicamente regalarle un beso en la mejilla como saludo implícito entre amantes. Todo sería exactamente igual que todos los días si no fuera porque -Misa juraría que estaba soñando, no había otra razón plausible- aquella tarde Light Yagami regresó con un enorme ramo de rosas bajo el brazo.
Se llevó las manos a la boca, ahogando un jadeo de sorpresa. Durante varios segundos no fue capaz de hacer otra cosa que contemplar aquella extraordinaria explosión en carmín y oler el grato y penetrante perfume que emanaba del cáliz abierto de cada una de las rosas. Se percató del bonito lazo que ataba el papel transparente y las flores y de la pequeña tarjeta que tenía prendida, con un mensaje grabado en inglés que no acababa de comprender y por el que sintió apuro en preguntar. Finalmente alzó su rostro interrogativamente, con los ojos rebosantes de lágrimas y todavía sin voz.
−Desde hace un año me llevas reprochando de forma particularmente molesta e insistente el que no tengamos establecida una fecha exacta a modo de aniversario. Como no pretendo que andes fastidiándome por más tiempo con semejante trivialidad, tomé cartas en el asunto en su día. Pues bien, pese a los altibajos, separaciones prolongadas y demás inconveniencias y privaciones de la mano de ese bastardo de L, la estimo como la fecha más lógica: el veinticinco de mayo del 2004* cierta muchacha rubia, tan despampanante como insolente y descarada, apareció misteriosamente en mi casa con una libreta negra entre las manos, suplicándome que la hiciera mi novia. −una confidencial y significativa sonrisa sesgó sus labios llenos, que se posaron fugazmente en la frente de la modelo.−Y yo, sabiamente, acepté su proposición y hasta hoy no me he arrepentido de mi decisión. Feliz aniversario, Misa.
Dejando satisfecho tras de sí a la joven aún en completo estado de trance, Yagami se sentó en el sofá, cruzó las nervudas piernas y desplegó ante su mirada distendida el periódico del día. Pasados unos segundos de perezosa lectura abrió la boca para hablar nuevamente, sin tan siquiera molestarse en levantar los almendrados ojos para mirar cara a cara a su interlocutora, aún absorto como estaba entre las líneas de tinta impresa, o quizás tanta atención para con Amane no era precisa para dejar claro su mensaje.
−Ah, lo olvidaba. Tenemos mesa en el Château Restaurant Joël Robuchon*. He reservado para las ocho en punto así que dado el tiempo que empleas para arreglarte te aconsejo que vayas comenzando. Es un restaurante francés de lujo, Misa. Ponte algo elegante pero que sea discreto, haz el favor.
Esta vez el segundo Kira emitió un chillido de pura euforia y acató la orden asintiendo con la cabeza enérgicamente, informándole acerca del bonito vestido negro de tela de raso que se había comprado hacía poco, esperando que no le pareciera descocada en exceso su espalda sensualmente descubierta. Atropelladamente, le relató con pelos y señales el conjunto que llevaría, sin olvidar un minúsculo tanga rojo -“porque sólo me lo verás tú después, cuando volvamos a casa y bueno, jeje, cuando hagamos lo que toca luego, así que no importa si voy a ese Chatóo con algo sexy debajo, ¿verdad?”-.
Yagami soltó una breve carcajada.
−”Lo que toca luego” ocurre en una media de noches no tan parca y frugal como pretendes insinuarme, a decir verdad. Te recuerdo que compagino las clases en la Universidad con mi colaboración en el cuartel general, por lo que necesito dedicar las noches a la eliminación de criminales y al descanso. Pero sí, Misa… imagino que es inevitable que la velada culmine de esa forma. Y no diré que me desagrade la idea en lo más mínimo, ciertamente… −apostilló con tono sugestivo, sonriendo para sí. −Puedes llevar ese conjunto completo; estoy seguro de que te sentará incluso mejor de lo que ya has hecho que mi mente ilustre con tu descripción.
La niña, ante aquel inesperado cumplido, volvió a derrumbarse, temblando de arriba a abajo como una hoja, mirando alternativamente con las pupilas acuosas el encantador ramo y a su oferente y gimoteando más agradecimientos, explicaciones y disculpas incoherentes por no haberlo sabido antes y no haberle podido tener preparado ella también un regalo digno.
−Pon las rosas en un jarrón con agua antes de que se estropeen y arréglate, Misa. Y, por todos los santos, deja ya de lloriquear. Ven, dame un beso, tonta.
Lo cierto es que no logró mudar su semblante emocionado durante toda la cena. Quizás contribuyó el hecho de que la mano de Yagami hubiera estado reteniendo la suya sobre la mesa la mayor parte del tiempo, sumidos en otra conversación muda -apenas salpicada por unos breves comentarios del estudiante a propósito del refinado menú, la excelente carta de vinos y la interpretación de una pieza de Mendelssohn por parte del cuarteto de cuerda del fondo- y de contacto visual unilateral -a cargo de la mirada arrobada de la joven idol hacia su enchaquetado y radiante novio-.
En tiempos de prosperidad no estaban de más las muestras de cariño. Constituían un método saludable y rentable de canalización de su autosatisfacción. Y nadie podía negar que Amane Misa se veía aún más bella cuando sus esporádicas atenciones la desbordaban hasta ese punto de devoción sin parangón.
No aciertan a pulsar el interruptor de la luz. La muchacha apenas le deja cerrar la puerta tras de sí, despojándole como ya lo hace de chaqueta, corbata y cinturón, con una suerte de excitación juguetona y expectante. Caen sobre las frías sábanas con las yemas de los dedos y la ingle ardiendo, comiéndose los labios y paladeando el regusto dulzón e inconfundible del vino en la boca propia y en la ajena. El asesino de masas tantea con sus sabias y hoy ansiosas manos la silueta de ninfa de su mayor aliada buscando la exigua lencería que bien sabe que bajo el austero vestido escogido -obediencia ejemplar- se oculta. La besa en los párpados cerrados, plenamente consciente del preciado don que esconden sus largas pestañas. Sus ojos eran su tesoro, solía decirle. Extraña declaración de amor, pero sincera como pocas pronunciadas por el psicópata del siglo.
Goza de ella varias veces hasta darse por saciado, como quien se regocija en una posesión que se sabe preciosa, incondicional, irremplazable y, lo más importante, maravillosa y jodidamente de su total y absoluta propiedad. Después de todo, así era como él había trazado su futuro a nivel connubial: una mujer sumisa y solícita como una sierva, moldeable a sus designios; una candidata inocua pero comprometida con su causa que pudiera llegar a convertirse en esposa y engendradora de su prole una vez que el Nuevo Mundo se hubiera consolidado y tuviera a la Humanidad entera a sus pies.
Caso curioso el suyo, pensaría tiempo después el apuesto homicida, que trasgredía infaliblemente toda purga requerida en pos de la utopía. Tarde o temprano todos sucumbían a la criba de su pluma sobre el cuaderno de muerte, como vulgares peones execrables cuya única función era servir a ese nuevo dios pagano a costa de sus vidas. Ciertamente parecía que todo aquel desdichado que entretejía su existencia con la de Light Yagami, ya fuera fruto del sino celestial o de la divina casualidad, estaba crucificado de antemano.
Su loable proyecto requería sacrificios y pérdidas, indudablemente. Pero la pequeña, atontada y hermosa de Amane Misa, con una habilidad no menos que sorprendente, siempre, y no sabemos cómo, siempre encajaba en el plan.
Fin
* Sí, la fecha es auténtica, como podéis comprobar si ojeáis el How To Read XIII. Así que, por ende, la escena se ubica en el 2006, dos años después del fin del primer arco de la serie, y casi tres antes de la aparición de Mello y Near. Probablemente esos años de tregua fueron los más felices de Light Yagami, que veía como su sueño se hacía realidad sin impedimento alguno, a la par que disfrutaba de renombre profesional: concluye su carrera universitaria y acabaría por desempeñar un cargo en la jefatura de policía (sección de proceso de datos en la oficina de Informática y Comunicaciones, quiero recordar) además de que, paralelamente, asume el papel de L y, del mismo modo, disfrutaba de cierta estabilidad en el plano personal: tras la muerte de L él y Amane comienzan a vivir juntos.
* El nombre no es inventado, lo encontré buscando restaurantes de lujo en Tokyo y me pareció una perfecta elección por parte de Yagami. El edificio imita la estética de los castillos del Loira y sus grandes estancias para festejos no son menos exquisitas, aunque vi fotografías de ciertos salones más íntimos que imaginé como escenario idóneo para lo que, a fin de cuentas, no deja de ser una cena romántica. Ayudó bastante el hecho de que el menú fuera del tipo nouvelle cuisine, pues, aunque sólo hemos visto comer una vez a Light Yagami, y ésta era una comida japonesa casera, me da a mí que es un auténtico gourmet con gustos más bien occidentales (pues, como ya sabemos, todo lo que haya de nipón en Light es mera casualidad).
Como siempre, gracias por vuestro tiempo y dedicación. El fic va dedicado especialmente a las únicas personas que conozco que shippeen verdaderamente a esta pairing tan necesitada de amor, fangirleo, squees masivos y doujinshis hentai: Harazyn, Asuka05 y Aiwatan.