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¡Hola a todos!
Otro largo tiempo lejos de la escritura. Perdón en mil idiomas, lo que pasa es que no tengo tiempo, y eso que los capítulos son bien cortos. Hoy es un poquito más largo, y prometo que les va a gustar, o espero. Ahora por fin tengo vacaciones y voy a escribir mucho más seguido y mejor.
Díganme cómo los trata el dramione, y qué les parece. ¡Ah! ¡Ya se está por estrenar Harry Potter 6 en Argentina! Me muero por verla. Cuéntenme cuándo se estrena en sus países.
La reina del retraso les deja muchos saludos,
Adalie May.-
12- ) Lo prohibido te vuelve loco
Se movió una y mil veces por esa cama tan poco confortable. Se sentía un inútil varado en una habitación tan incómoda. Y lo menos gratificante resultaba que no podía dejar de pensar ni un solo segundo en su presencia: en ella. Le había resultado inevitable porque nunca hubiera esperado de su presencia, y de su cuidado, que tan poco se le parecía a la lástima. Por un momento creyó volverse loco en sus propias alucinaciones. ¿Qué lo llevaba a pensar tal ridiculez? Pero allí estaba, preguntándose por qué ella se había quedado y por qué él había ansiado con no dejarla ir.
Quiso adivinarlo, pero no pudo. Quiso entender sus sentimientos, aunque falló también. Estaba absolutamente descartado consultarlo con ella; ¿humillarse de ese modo?. Jamás. Decidió enterrarla en su mente, dejarla ir tal y como había llegado, de apuros.
Quiso volver al día siguiente, pero su evidente mejora no la invitaba a hacerlo. Pues despierto él era Malfoy. No sabía cómo sus pensamientos se habían desviado hasta tal lugar. Quería creer que él podría ser algo mejor que Draco Malfoy pero no dudaba en contradecirse luego de unos tres segundos. Es que lo había visto tan vulnerable, tan pacífico que no podía evitar imaginarlo de ese modo tan celestial. Y la había salvado. Había arriesgado su pellejo por el de ella, y eso, sí que no tenía ninguna explicación lógica.
Regresó a su sala común y comenzó las explicaciones, con lujo de detalles. Harry y Ron no se molestaron en hacer más que muecas de incredulidad y recelo. Por supuesto que no se molestó en contarles que había llegado a ver a Malfoy de un modo que él parecía ser casi una persona normal.
-No puedo entenderlo.- Opinó Harry.- Siempre imaginé que Zabini era un patán, pero, ¿contra Malfoy?. Siempre creí que lo idolatraba.
-Es cierto.- Corroboró Ron.- Aunque es sabido que se muere por ocupar su lugar.
-Hermione, ¿tú qué dices?
Hermione tenía los ojos desviados hacia la chimenea, que respondía vibrante a sus supersticiones.
-Estoy segura de que Zabini muere por ocupar el lugar de Malfoy.
-Oye, y ¿cómo crees que Malfoy saltó a defenderte? ¿Se lo has preguntado?
-No.- Mintió ella con recelo.- Por supuesto que no. Es que es una situación bastante más grave, no me podía dejar morir…
Esa pregunta resonaba en su cabeza atormentándola. “¿Por qué?” Draco hubiera pagado por verla morir y ahora se consagraba su héroe. Ella había ocultado lo de su padre, eso era cierto, pero Malfoy no era la clase de persona que retribuía los favores al resto.
Se moría por averiguarlo, por supuesto, e intuía que no iba a logarlo, pero al menos, lo intentaría.
Vagó distraídamente por los corredores. Ya llamaba bastante la atención por sí mismo, en conjunto con los últimos rumores sobre su supuesto amorío con Granger. ¡Increíble! Qué inocente era la gente, por favor. Pero todos parecían aceptarlo como si fuera algo probable. ¿Es que acaso estaban locos? La enfermería le había otorgado un enorme tiempo para pensar, pero aún así sentía que la situación escapaba de sus brazos. Principalmente, Zabini no estaba en las mazmorras y nadie lo había visto. En segundo lugar, Snape parecía haberse esfumado de la tierra. En tercer lugar, nadie se había molestado en preguntarle cómo estaba, más que Pansy, que había prometido con arrancarle la cabeza a Blaise.
Agotado de sus incesantes caprichos, Malfoy dejó a Parkinson pagando y deambuló sin rumbo hasta detenerse en un pasillo desolado. Creía no haber pisado ese lugar jamás. Se quiso orientar por los cuadros, pero no los reconoció. Estuvo dispuesto a abandonar el lugar cuando el torpe roce de unos zapatos gastados lo hizo tornarse a ver.
-¿Granger? – preguntó Malfoy con un dejo de incredulidad en su voz. Ella dejó caer todos sus libros al suelo, fiel a su torpeza habitual.
-Malfoy.- Respondió con voz sorda, intentando recoger sus pertenencias. Malfoy no se movió ni un centímetro de su sitio observando a la recién llegada. Hermione recogió todo, aunque retrasando su partida. Luego se levantó y no pudo evitar toparse con sus ojos grises. Malfoy tampoco desvió su mirada. Ese largo momento que transcurrió en tres segundos simuló una eternidad.
Hermione estaba encarando su partida, cuando Malfoy expuso:
-Déjame preguntarte algo, Granger.- El tono acusador de su voz fue un tanto más relajado al ver que ella no se disponía a contestar ni una sola palabra.- Me preguntaba…solo…quería saber…¿por qué te quedaste ahí conmigo? Miénteme, pero una buena razón.
Hermione entreabrió los labios, en un gesto de sorpresa.
-Pues…- respondió al cabo de unos segundos-…yo pensaba preguntarte por qué me has salvado sin ningún remordimiento.
Ambos callaron durante unas milésimas.
-Solo estuve en el momento indicado, en el lugar indicado.- Repuso él con poca convicción.
-Sí- argumentó ella- pero nadie te obligó a hacer lo que has hecho. E incluso hubiera sido mucho más fácil el dejarme morir, ¿no es cierto?
-En cierto modo, Granger. Nadie hubiera confiado en mi inocencia, ¿no crees? – mintió él.
-Así que fue solo para salvar tu pellejo…- afirmó ella desilusionada.
-¿Qué crees? ¿Qué soy mejor persona? ¿Qué he cambiado?
-En verdad, tenía una remota esperanza de que sí. Pero me doy cuenta de que es inútil, no eres más que un patán que se cree el ombligo…
-Sh.- La interrumpió Malfoy y eliminó gran parte de la distancia que cabía entre ellos.- No entiendo por qué te preocupas tanto en que cambie o en que deje de cambiar. A ti te da igual, ¿o no?
-Yo…- tartamudeó ella.- Por supuesto que no me da igual. Me daría gusto que cambies, por tu bien Malfoy.
-¿Por mi bien? – repitió Draco con una sonrisa de lado que lo hacía ver innumerables veces más atractivo.- Yo no estoy tan seguro de eso.-
Admitió él sin borrar esa sonrisa traviesa de su rostro.
-¿De qué hablas? – preguntó Hermione sin encontrarle sentido coherente a sus palabras.
-Hablo de que quieres algo de mí. Si no, no te molestarías en cambiarme, ¿no es cierto?
-Puede ser.- Respondió ella, más animada. Sin creerlo, no podía encontrar ni un matiz irónico ni en sus palabras ni en sus sonrisa.- Supongo que el hecho que seas tan incoherente supone un buen reto para mí.
-Oh, así que ahora soy un reto.- Dijo entre risas.- Pues bien, no creo que puedas ganarlo.
Hermione rió también, pero sí con una gran tonada de sarcasmo.
-No me pruebes, Malfoy. No me pruebes.
-Muy tarde, Granger. ¿Aceptas el reto?
Granger no titubeó.
-Por supuesto.
-¿¡Has aceptado un reto con Draco Malfoy!?- susurró Ginny incrédula, intentando controlar el matiz de su voz.
-¡Ginny! – replicó Hermione exasperada.- Tú no entiendes, es que la situación me incitaba a hacerlo, no tuve otra opción.
-¡No! Esa era tu otra opción.- Respondió Ginny, incrédula. Sin embargo, poco a poco una sonrisa fue iluminando su rostro.- Veo que te estás encariñando con Malfoy…
-¡Pero qué dices! – contestó Hermione avergonzada.- No me hagas reír. No podía decirle que no y perder.
-¿Por qué? ¿Acaso te importa lo que piense Malfoy?- argumentó Ginny, de modo que la castaña no pudo concretar una idea coherente.- No sé por qué te pasa todo esto, pero, indudablemente, te estás interesando en Draco Malfoy.
Tras unas milésimas Hermione rió muy falsamente.
-Estás siendo ridícula.- Objetó.- Sinceramente, le estoy retribuyendo el favor que me hizo, nada más.
-Yo no quiero presionarte – se apresuró a añadir Ginny- pero créeme, entré tú y Malfoy las cosas están cambiando, y decir mucho, es decir poco.
Hermione no pudo evitar quedarse unas cuantas horas despierta barajando las nuevas posibilidades. Ahora Ginny le insinuaba que algo pasaba entre ellos. Sencillamente una locura… ¿Sencillamente una locura? “¡Por Dios!” pensó exasperada. Cómo podía llegar a considerar que las cosas fueran a cambiar entre Malfoy y ella.
Que Draco Malfoy estaba modificado, era un hecho. Pero eso no quitaba que seguía siendo Malfoy, su enemigo en primer lugar. Pero ahora tenía una apuesta por ganar, le había prometido que haría de él algo bueno. ¡Menuda apuesta! Algo de imposible resolución.
Pero todo lo que se proponía, lo cumplía. Por lo tanto si ella se había propuesto dominar a Malfoy, entonces no perdería más tiempo.
-Malfoy.- Dijo Theodore cuando por fin dejó de fingir que estaba dormido.
-¿No estabas durmiendo? – reprochó Draco.
-No. Tenía que hablar contigo.- Repuso él.- ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Qué ha pasado con Zabini?
-Nada, todavía. Pero pronto pasará. Échenlo o no lo mataré.
-¿Por qué?- inquirió Nott.
-Porque intenta ocupar mi lugar.
-Pero eso no es una novedad.
-Lo sé.- Admitió Malfoy.- Pero esta vez se ha pasado…
-¿Qué ha hecho?- volvió a preguntar Nott.
-Primero, estuvo a punto de torturar a Granger. Además, divulgó el secreto de mi padre, pero la sangresucia me cubrió.
Theodore no se mostró sorprendido, sino más bien contento.
-Claro.- Susurró entre dientes.
-No estoy para tus jueguitos.- Advirtió Malfoy, metiéndose a la cama sin molestarse en taparse.
-Malfoy, tú sabes que algo te sucede con Granger, y no necesito que me des detalles de tus fantasías, eh.
-¡Idiota! – insultó Malfoy fingiendo dormirse en unos pocos segundos.
-Era evidente, Malfoy. Lo prohibido te vuelve loco.
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Están por leer lo mejor de toda la historia, ¡paciencia!
Gracias por estar de ese lado, me hace muy feliz.