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Anime/Manga » Naruto » Media luz
Kusubana Yoru
Author of 42 Stories
Rated: T - Spanish - Crime/Horror - Ibiki M. & Shizune - Reviews: 168 - Updated: 12-17-11 - Published: 03-12-09 - id:4918326
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Disclaimer: Los personajes, detalles y trama original de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto.


Permiso expreso de Ellistriel para el uso de "la vecina molesta" de su fic "Crónicas Perdidas de Konoha", le agradezco me permita el uso del personaje y parte de la propuesta de trama para Ibiki Morino, y los invito a leerlo.


Fic para la campaña el valor de los extras (más información en mi perfil)


Advertencias:

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física, psicológica, o incluso sexual en determinado momento. Además del uso de vocabulario vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.


Media Luz

El nunca vencía a sus oponentes con armas o golpes, él solo entraba en su mente, quebraba su alma y ellos solos se aniquilaban.


Reminiscencia

Si pudiera golpear a alguien lo habría hecho desde hacía más de una hora, aunque lo más seguro era que el problema no se resolviera y el tic nervioso de su ojo derecho tampoco desaparecería. Inútilmente trató de concentrarse en el expediente que tenía en las manos pero era la enésima vez que leía el primer párrafo y la enésima vez que no entendía ni una palabra de lo que estaba escrito, todo por culpa del infernal golpeteo del techo que básicamente era el piso del departamento de arriba.

Maldijo al constructor de la aldea, el muy infeliz para ahorrar en materiales no había hecho la separación pertinente entre nivel y nivel o cuando menos, pudo haber comprado un aislante acústico barato, pero simplemente no lo hizo. Lo odiaba, a él y al concepto de vivienda popular.

Las manos le temblaban sin control alguno, usualmente no cedía al estrés fácilmente, después de todo se había dedicado la vida entera a estudiar las ciencias de la conducta humana, podía prever causa y consecuencia de cada gesto, así como la forma de controlarse para actuar racionalmente por lo que, lo que le estaba sucediendo, era ridículo.

Maldijo ahora, pero muy para sus adentros porque si lo oían terminaría con todos los huesos del cuerpo rotos, a la dirigente de la aldea por obligarle a cambiarse de edificio cuando podía perfectamente sacar un perfil psicológico a distancia.

La hoja del reporte estaba temblando, la razón lógica era debido al estremecimiento de sus manos, pero viéndolo desde otro punto de vista quizás la pobre temía por su integridad al elevarse el ruido de arriba, parecía que había un desfile o una marcha de entrenamiento de academia, las vigas cimbraban dejando caer un poco de polvo, el plafón cedería en cualquier momento y entonces la chica de arriba caería en seco… con un poco de suerte se rompía las piernas y tendría que estar en el hospital por un tiempo…

Resopló con cierto fastidio, se había quedado quieta al fin y sus "buenos" deseos se frustraban por completo con eso. Pero al menos podía hacer ya "su trabajo", su ridículo trabajo a decir verdad. Detrás de él una enorme pila de archiveros de todos tamaños lo saludaba con reverendo descaro con sus brillantes cajones de metal reluciendo a la luz del único foco que servía en el lugar. El anterior dueño era uno de esos sujetos que podrían acomodarse perfectamente en una caja de cartón en algún callejón olvidado de la aldea y llamar hogar a eso.

Pero volviendo a lo que hacía, tornó la mirada al reporte que tenía en manos. Bonita forma de pasar el tiempo de cuida-niños encubierto; organizar los archivos viejos del cuartel de seguridad interna de la aldea. El gran interrogador Ibiki Morino haciendo de archivista marginado. Pero al menos no le pagaban como a uno y la renta del piso que tenía ahora corría a cuenta del departamento de impuestos por ser "gastos de misión".

Hacía ya varios años que no le asignaban un trabajo así, no desde que terminó su residencia en el ya abandonado edificio de policía. Aunque debía reconocer que sin duda aprendió muchas cosas de los Uchiha en esos días.

Cuando era más joven soñó con ser un ninja glorioso, pero sin duda en ese sitio se dio cuenta de que tras bambalinas, la vida era más tétricamente interesante. No era lo mismo enfrentar un cuerpo al que se le pueden quebrar fácilmente los huesos que meterse en la mente de alguien y jugar con su voluntad hasta doblegarla y orillarlo a hacer lo que uno desee, después de todo, una vez quebrada el alma solo queda un cascarón manipulable.

Los Uchiha usaban genjutsu y técnicas del clan para hacer el trabajo, pero él no estaba en posibilidad de hacer lo mismo, no había nacido con ese precioso don, así que como buen ninja solo le quedaba usar lo que tenía a la mano, aprender e improvisar.

Cada día procuraba hacer un poco más de tiempo en cada archivero de cada cubículo esperando el caso de cada día, un ladrón fantasma, algún acosador, merodeadores, secuestradores, asesinatos dentro de la misma aldea. Gente que profanaba tumbas, que coleccionaba cadáveres, que contrabandeaba mercancía o personas, niños que habían quedado huérfanos tras la gran guerra ninja para convertirlos en servidumbre, en esclavos sin mucha esperanza de vida, mujeres enviudadas que se dejaban hacer lo que fuera para sacar adelante a su familia… ¡Cada cosa que había! ¡Y cómo le daban ganas de salir de la oficina y partirles la cara hasta dejarlos irreconocibles!

Sin embargo, sabía que su técnica de taijutsu era apenas medianamente buena. Ciertamente era capaz como cualquier otro ninja de anticipar movimientos, de leer a sus oponentes, después de todo era un procedimiento sencillo que en la academia lo enseñaban en cursos de acción y reacción en las líneas de movimiento del cuerpo; si la cadera gira es patada baja, si lo hace la cintura es alta, arquear la espala hacia atrás es indicio de llave con las piernas. Lo que marca la diferencia en un combate no es anticiparse o no, eso es sencillo, el anticipo no sirve si el movimiento es rápido. Y siendo él de complexión tosca, su misma musculatura le restaba agilidad, su propio peso le hacía fallar en velocidad y si bien era resistente a la mayoría de ataques que le lanzaban, eso no ayuda mucho si lo que uno quiere es atacar. Pero, a resumidas cuentas, la lógica de un combate cuerpo a cuerpo era la misma siempre porque el cuerpo no puede tomar líneas incoherentes.

La mente por su parte sí, puede retorceré a niveles extremos, puede cambiar a donde le plazca porque no está atada a las leyes de la física y ahí es cuando el potencial de un shinobi se requiere explotar para analizar las debilidades de un oponente, armar un patrón de conducta y contraatacar sin preocuparse por las rendimientos bajos de uno mismo en algunas áreas de entrenamiento. Pero así como puede tomar por sorpresa un buen plan en plena batalla, había aprendido que también se puede moldear a entero gusto los movimientos y sobre todo los pensamientos de un oponente.

Sugestión, miedo, intimidación, provocación, son algunas de las armas para obligar a una mente a ir a donde se quiera, claro que a diferencia de un kunai o una shuriken, estas solo sirven cuando quien las usa no las arroja.

Complicado, lo mismo pensó cuando le ofrecieron el entrenamiento para interrogador.

Después de todo, era joven y lleno de energía, lo que menos quería era pasar la vida en un cuarto oscuro con un tipo amarrado a una silla con una luz blanca sobre el acusado y él gritando como desquiciado para que le dijera en donde estaban sus demás compañeros. Demasiado cliché para su gusto.

Aunque ordenar los archivos tampoco era precisamente su máximo en la vida pero al menos así pasaba más tiempo estudiando los casos, leyéndolos antes de meterlos en la gaveta que les correspondía y pensando las formas más crueles de hacer sufrir a cada mal nacido.

Y pues, en realidad, tan solo estaba haciendo tiempo para conseguir una plaza titular como efectivo de policía, lo que ha decir verdad era un poco complicado porque en primer lugar las vacantes eran limitadas y en segundo, le daban prioridad a las solicitudes de los Uchiha.

Al final se quedó con las ganas porque al desaparecer el clan, el edificio fue cerrado, el papeleo se pasó a una sección olvidada del cuartel general ANBU y él terminó botado de nuevo como oficinista pero ahora en la división de tortura e interrogación. Curiosa forma de llegar y más curioso aún que cuando le ofrecieron el entrenamiento no le hubieran dicho el primer nombre de la división, si desde el principio le hubieran marcado la palabra "tortura" no se lo pensaba tanto para tomar la plaza.

Le dejó el trabajo de archivista a su hermano menor que recién ingresaba y se plantó en la oficina del comandante para hacer la solicitud del entrenamiento, misma que le concedieron al momento junto con fecha, hora y lugar para iniciar.

Cinco treinta de la mañana, bosque de la muerte primer día del mes décimo del año en curso. Puntual, él solo.

Pronto llegó quien sería su examinador. El ANBU de capa blanca le tendió un fólder que contenía los archivos de cuatro ninjas enemigos capturados, acusados de espionaje, chantaje, robo y asesinato de una familia civil.

—Tres adultos, un anciano y tres niñas; siete, nueve y doce años respectivamente. El anciano no resistió mucho; fue el primero en morir debido a una hemorragia interna. Las niñas fueron violadas frente a su padre junto con su madre. Le rompieron los brazos y piernas al hombre por lo que no pudo hacer mucho. Fueron mutilados poco a poco, los miembros de las mujeres se esparcieron por la casa y dejaron vivo al padre, pero igual murió después de una agónica estadía en el hospital. Es simple lo que debes hacer y quiero pensar que ya lo supones…

—Los soltaron, los cuatro están adentro, los encuentro y termino la misión.

El examinador asintió; —Pero debes dejar todo; shurikens, kunais, sellos, bombas, la malla, los protectores, los vendajes, chaqueta y hasta la banda ninja.

Sin duda hizo lo que se le pidió y entró al bosque sin importarle que a su espalda cerraran de nuevo con el candado la cerca metálica que en realidad no tenía más que un simbolismo psicológico de "no hay vuelta atrás".

—Morino, tienes que demostrar que eres apto para entrar en la división de tortura e interrogación. Si te atrapan, te pedirán información, se supone que no digas nada… si los atrapas, sácales todo lo que puedas.

El joven se marchó asintiendo levemente. Cuando se hubo perdido de vista dos ninjas más de ANBU se colocaron a ambos lados del que hacía de examinador. —Los otros dos candidatos también ya entraron y el escuadrón liberó a los dos prisioneros en el centro.

—Esperen en la torre hasta nueva indicación

—Si

.

Nunca se había sentido tan extasiado pese a que estaba en desventaja numérica y desarmado, dedujo que el plan era ver que tan bueno era en situaciones extremas, como si el examen a chūnin hubiese sido solo una práctica de campo. Ahora en verdad sería supervivencia.

Se movía rápido y con todo el sigilo que podía. Estaba confiado, sí, pero no era idiota y siendo cuatro contra uno el combate cuerpo a cuerpo era muestra clara de suicidio. Necesitaba armar un plan, una emboscada que no comprometiera la vida de los sujetos para poder hacer las preguntas. Analizó la situación y fueran de donde fueran, seguro necesitarían agua y el río era la opción más lógica.

.

El día pasó demasiado rápido, aunque cuando uno corre por su vida el tiempo es cruelmente más largo, de eso se dio cuenta mientras saltaba de rama en rama no queriendo mirar hacia atrás y ver qué tan cerca estaba su perseguidor, lo más seguro es que se hubieran separado al sentirle merodeando el área, ¡Valla suerte la suya! ¡Precisamente con el que tuvo que encontrarse le doblegaba las habilidades en batalla!

En su desesperación por ganar ventaja puso demasiado chakra en sus pies y la rama que pisó se quebró haciéndole caer sin tiempo para más nada… lo había alcanzado.

—Vamos niño, dime ¿Cómo salgo de aquí? — el aliento fétido del ninja en su cara le revolvió el estómago pero se rehusó a hablar. El otro lo comprendió, —Bien, veamos cuanto más aguantas…

.

Un alarido desgarrador sonó en el bosque ahuyentado a las aves de la zona, Ibiki levantó la mirada, desde su escondite pudo ver perfectamente el vuelo de la parvada, frunció el seño ¿Qué hacían esos cuatro?

Casi salía a revisar pero un chakra que se acercaba le hizo recobrar la postura en su sitio. Ciertamente, el agua los había atraído. Miró con cuidado al sujeto. Tenía una complexión media, probablemente de especializaba en genjutsu, mientras tuviera cuidado al acercarse podía ganarle fácilmente. Aunque también podía esperar a que cayera en la trampa y…

Listo, ya estaba, ni siquiera tuvo que esperar mucho, el ninjutsu somnífero que había puesto en el río era eficiente, aunque se arriesgaba a deshidratarse si no encontraba a los otros tres pronto, drenar chakra envenenado no era la mejor opción pero había que trabajar con lo que se tenía a la mano.

Llegó hasta él asegurándose de que no fuera una trampa a su trampa y le estuvieran esperando con una emboscada. Como no podía arriesgarse a que despertara y escapara, o lo matara en el peor de los casos si solo lo amarraba, se le ocurrió algo que siempre había querido hacer desde que estaba en las oficinas de los Uchiha. No había reglas después de todo.

El dolor cortó de inmediato el efecto del jutsu somnífero, sus brazos extendidos con las palmas hacia arriba tenían una roca sobre cada mano y al ninja moreno sobre ellas ejerciendo más presión.

—Necesito que me digas un par de cosas

—Jódete maldito infeliz

—Aún no pregunto, se supone que esperes eso para responder, habla de tu aldea

—…

Al no tener respuesta movió los pies de manera que las rocas hicieran fricción en las destrozadas manos y haciendo que avanzaran un poco hacia adentro, quebrando las muñecas. Repitió la pregunta un par de veces más, pero el otro se negaba a responder. Lo miró con atención, fuera de la mueca de dolor causada por los brazos triturados hasta el codo el tipo se veía como un sujeto normal.

Las niñas fueron violadas… siete, nueve y doce años…

Desgraciado.

Las manos eran lo de menos ahora que lo pensaba. Bajó de las dos piedras que apresaban al ninja que capturó y caminó un poco hacia el borde del río, se subió en una roca más o menos redonda por la erosión del agua. Con ayuda de un poco de chakra comenzó a rodarla hasta dejarla a los pies de su víctima, fue al bosque regresando tranquilamente al poco rato con un tronco delgado no muy largo, pero lo suficiente para lo que quería. Usó el leño para separarle las rodillas y volvió a subir a la roca encaminándola de nuevo con agonizante calma hasta la entrepierna del que estaba en el suelo.

Lo que pretendía era obvio, no le amputaba el miembro porque no llevaba un kunai. Horrorizado el otro guardó silencio, no le harían hablar, no le diría nada a ese sádico, solo giró el rostro hacia la derecha y cerró los ojos debido a lo cual no vio venir el puñetazo a su cara generosamente cargado de más chakra que le rompió la nariz.

—Si no quieres hablar de la aldea, hablemos de ti

Ibiki estaba aturdido, nunca se había portado así. No negaba que lo había pensado, pero hacerlo era ya diferente y el sujeto no tenía muchos ánimos de hablar. Lo que implicaba más coerción.

—Tu nombre

—…

Atrajo un poco la roca y esta comenzó a hacer presión en los muslos aprisionándolos contra el suelo.

—Tu nombre

—…

Nuevamente lo hizo esta vez procurando dejarla lo más cerca posible de la pelvis, pero los muslos ya estaban sangrando, seguro el músculo ya estaba deshecho, y a juzgar por la cara del tipo los nervios no del todo.

—Tu nombre

Esta vez la respuesta fue una escupida con algo de sangre directo a su rostro, él respondió con otro golpe a la cara, esta vez la mejilla izquierda se había abierto, seguro le dejaría una marca no muy agradable.

—Tu nombre

—…

Ya sin hacer más desidioso el asunto acercó el trecho faltante aplastando por completo la entrepierna del sujeto y asegurándose de tener bien centrado el miembro que le quitó la dulce inocencia a esas niñas, que si bien no conocía, de todos los crímenes, los de naturaleza sexual eran los que le parecían los más aberrantes.

— ¡Raidō Namiashi!

El alarido que pegó bien puso escucharse hasta el otro lado del bosque y con los gritos que daba seguramente sus compañeros vendrían a buscarlo, eso si aquellos no eran los suficientemente malditos como para dejarlo morir solo. Se levantó, pues estaba de cuclillas sobre su pecho una vez que dejó la roca donde quería y se colocó a un lado, lo miró de reojo no pudiendo contener una sonrisa de triunfo, el pobre de verdad estaba sufriendo.

—Cuéntame de tu aldea

— ¡Jódete!

Posiblemente le abría dicho más cosas y no precisamente de lo que el aspirante a interrogador quería saber de no ser porque los quejidos no le dejaban sacar palabras de la boca.

Ibiki, dejó de mirarle… esto estaba siendo demasiado fácil como para no tener armas, estar en desventaja numérica y supuestamente con un cuarteto de sádicos, ¿Por qué no estaba ya él bajo las rocas en lugar del tal Raidō?

Si te atrapan, te pedirán información, se supone que no digas nada… si los atrapas, sácales todo lo que puedas.

—Se supone que no diga nada si me atrapan… que pregunte si atrapo… sin bandas… esto no era supervivencia…— Ibiki habló en voz alta y aún con sus gritos el otro escuchó.

—Raidō Namiashi, candidato para entrar a la división de tortura e interrogación del cuerpo ANBU— mustió el otro casi ahogándose con su sangre, la que aún no se contenía de los golpes en la cara…

.

Cerró el expediente de los verdaderos asesinos de la familia a quienes encontró casi un día después del suceso en el río. ¿Quién diría que todas las suposiciones que hizo ese día eran erradas? No era examen de supervivencia, ni tampoco para ver si eran capaces de distinguir aliados de enemigos, solo les estaban haciendo un maldito examen de aptitudes y salió "adecuado" para el puesto.

Él se quedó en ANBU, Raidō terminó como guardaespaldas del kage "por su lealtad a la aldea aún en circunstancias extremas". Menos mal que no había rencores, aunque lo que ocurrió no era secreto y ahora los demás jōunin varones dudaban bastante para acercarse.

Se levantó después de acomodar las notas, graficas y archivos como se suponía que debieran estar y los llevó al archivero que les tocaba. En eso el desfile empezó de nuevo arriba, escuchó cómo algo de cerámica posiblemente daba al suelo, seguido de algunos golpes secos que presintió como un "me levanté de la cama sin prender la luz, choqué con la mesa de noche y se cayó la lámpara, al querer salvarla se vino abajo el perchero que tiró el espejo"… esa niña era un peligro más para sí misma que para la aldea. De repente otro golpe y luego nada, se preguntó si estaría bien, el plan no era que se muriera mientras él vigilaba, así que tomó la escoba que tenía cerca y golpeó el techo con fuerza.

— ¡¿Qué? ¡No estoy haciendo ruido! — gritó la vecina para luego patear el suelo.

Él de nuevo uso su escoba; — ¡Vas a romper esta cosa! — le gritó, pero no estaba muy seguro sobre si lo escuchó porque ella seguía alegando a todo pulmón que no estaba haciendo ruido.

Dejó la escoba en su lugar de nuevo, vivir con ella iba a ser complicado, y mejor se fue a acostar preguntándose por qué demonios los otros vecinos no se quejaban.


Si ya leyeron Crónicas asumo que saben quién es la vecina, pero no se preocupen que no pienso hacer plagio, el OC nunca saldrá como tal.

Bueno, este capítulo es bastante ligero a comparación de los que le seguirán, espero recibir sus comentarios para saber si no estoy tan loca como presumo.

n.n

¡Gracias por leer!

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