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MSLN no es mió ;o || ultimo capi
Mi cuerpo.
No puedo moverme.
¡Doctor, lo necesitamos!
¿Y esa voz?
¡Urgencia en la sala de operaciones!
¿Quiénes son?...
Abría mis ojos con lentitud.
Todo negro.
Tuve que esperar un rato para poder ver aunque sea luz.
Luego distinguí…una silueta. Se veía bastante borrosa.
Intenté escuchar, ya que sentía un murmullo.
Al rato descubrí que era mi nombre.
¿Quién era?
- ¡Fate-chan!
Quien…
… ¿M-mamá…?- Mi voz sonaba ronca, áspera.
¿Dónde estaba?
Hasta lo imposible
¡F-fate-chan!- Sentí un peso sobre mí.
Intente levantarme, pero no pude. Mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Elevé un poco mi cabeza para ver que ocurría.
Aún con los ojos entre abiertos, no podía distinguir el lugar.
Se siente…olor a remedio, desinfectante… y tanto bullicio…
Sollozo.
Miré extrañada a mi madre. Se había tirado a mi cuello y ahora empezaba a llorar.
Un nudo se apoderó de mi garganta. Para mí, era lo peor ver llorar a alguien que quiero.
Aunque me dolía el cuerpo, pude levantar mi mano y acaricié su cabello.
Levantó su triste rostro y me miró sorprendida. Limpié sus lágrimas con una sonrisa. ¿Qué ocurría?
Me miró con amargura y me abrazó con cuidado.
Correspondí a su abrazo aferrándome a ella con la mano que había levantado, pero sin fuerzas. No podía.
¡No quiero! ¡No quiero!
Miré por el hombro de mi mamá. Por fuera de la puerta de aquel extraño cuarto blanco, se veía pasar una niña pequeña llorando. Iba realmente siendo arrastrada por el pasillo…
Claro.
Es obvio.
Estamos en un hospital…
¿Pero que hago aquí?
¿Me habrá pasado algo?
- Ahh…- gemí.
Tenía una jaqueca horrible.
Se separó con lentitud y apoyé mis manos con la intención de sentarme en la cama. Pero no pude. Mis brazos flaqueaban.
Comencé a masajear mi sien. Me miró preocupada.
- Fate-chan ¿Te duele la cabeza?
- N-no te preocupes. Sólo un poco.- Mi voz comenzaba a tomar volumen.
Tenía constantes punzadas en el estómago. Eran horribles. Puse cara de dolor.
- Fate-chan- Puso una de sus manos en mi rostro.- ¿Cómo te sientes? ¿Quieres que llame al doctor?
- N-no mamá, estoy bien, gracias.- Susurré. Luego respiré hondo.- Esto, ¿Por qué estoy aquí?- Movía mi vista continuamente para ver como era el lugar en que me encontraba.
- Fate-chan…- suspiro- Pues verás- Bajó su mirada y calló un momento.- Tuvieron un accidente. Estas en el hospital.
- ¿Q-qué?- La miré al instante.
- Me informaron que un auto las había atropellado. Al parecer la lluvia fue una causante de aquello. Sus frenos no funcionaban.
Un montón de imágenes pasaron rápidamente por mi cabeza al escuchar esa frase…
Atropello.
Un cruce.
La solitaria calle.
La feroz lluvia que caía.
Un auto.
Nanoha.
Nanoha…
- M-mamá… ¿Dónde está Nanoha?- Mi respiración se detuvo un momento al tiempo en que ella se quedaba en silencio.
- A ella también.- Ahora fue mi corazón el que se detuvo.- También sufrió el accidente…
- ¿¡C-cómo!? ¡P-pero como está! ¿En donde se encuentra?- Otra punzada. Callé al instante. Debía evitar subir la voz.
- Tranquila hija. En este momento ella está siendo atendida en el piso de arriba.
No dije nada. Podía escuchar como mi corazón latía desesperado, preocupado, asustado.
Dirigí mi vista hacia la puerta. Tenía terror. Intenté no parecer preocupada. Pero no funcionó. Además, no tenía razones para ocultarlo.
- Etto… m-mamá…- La miré suplicante.
Me sonrió levemente, puso su mano en mi cabeza y me acarició.
- No te preocupes. Si quieres, ahora iré a ver como se encuentra.- Se levantó de la cama.- Por ahora sólo descansa. Debes recuperar fuerzas. Vuelvo en seguida.
Con cuidado me acomodó. Tuve que presionar mis labios para no soltar un gemido de dolor. No quería preocuparla.
Me abrigó cubriéndome con las blancas sábanas. Me dio un beso fugaz en la frente. Ya en la puerta me sonrió y se fue cerrando la puerta consigo.
Solté un largo suspiro.
Por que pasaban estas cosas. Por que le tuvo que pasar esto a Nanoha.
De un momento a otro sentí mis mejillas arder ¿Cómo me podría conocer tanto mi madre? Enseguida supo que quería verla…
El cuarto estaba en silencio. Sólo escuchaba murmullos y las pisadas de la gente que corría por los pasillos del gran hospital.
Levante las sábanas con cuidado para mirarme. Quería ver como quedó mi cuerpo. La mayor parte de este estaba con vendas. Mis piernas. Mi brazo izquierdo. Y por lo que siento, también mi estómago.
Otro suspiro. Estoy segura que estas heridas tardarán en curarse.
Pero eso ahora no me importaba mucho. Sólo pensaba en Nanoha. ¿Se encontrará bien?
Mi corazón gritaba “te quiero”. Tenía unos irremediables deseos de correr hacia ella, protegerla, abrazarla y decirle cuanto la amo…
Me deprimí. Esos sentimientos que vivían en mi confuso corazón, no eran aptos. Con ella debería sentir sólo amistad.
¿Pero qué podía hacer? No quería hacerle sufrir. No quería arruinar nuestra lazo confesándome…
Tercer suspiro.
Ya sólo me quedaba una opción.
Olvidar. Pero no a ella.
Olvidar que un día me enamoré. Sólo ignoraré el sentimiento.
Prefiero sufrir. Que verla sufrir.
Estaba decidido. En cuanto saliéramos de aquel lugar, haría como si nada. Simples mejores amigas.
…Por otra parte.
- ¿Qué horas serán?
Miré todas las paredes buscando un reloj. Giré mi cabeza hacia mi izquierda. ¡Que mala suerte! Había uno. Pero estaba en un velador alejado de mí. Los números eran pequeñísimos. No alcanzaba a verlos.
Miré por la ventana el ocaso. El sol ya casi no se podía ver. Era tarde.
Un sentimiento de melancolía rondo por mi corazón. Recordé aquel día. El día en que la conocí.
Bostezo.
- Rayos. Me está entrando sueño.- Pero no quería dormir, necesitaba saber como estaba ella. Tenía que aguantar hasta que llegara mamá.
El cansancio me vencía. Mis parpados se cerraban continuamente.
Vaya. Gracias anestesia.
- Creo que… dormiré un poco.
·
·
·
¡Fate-chan!
Tocaste mi rostro.
Despierta Fate-chan…
¿Q-qué?… ¿Nanoha?
Fate-chan, debes despertar.- Me sonreíste.
¿Nanoha?… ¿Nanoha eres tú?
Nyahaha… vamos, despierta.
Espera no me dejes. Nanoha. ¡Nanoha!. ¡¡Nanoha!!
- ¿Fate-chan?
- Ma… ¿Mamá?- Me desperté bruscamente con un frío sudor en mi frente. Demonios. Tonto sueño. Nanoha no estaba.
- Perdón por despertarte, pero el doctor dijo que debes tomar un remedio para el dolor.
- A pues… gracias.- Me incliné hacia delante un poco. Punzada. Recibí el vaso con agua y las dos pastillas que se me estaban ofreciendo…
Puaj. Eran malas. Pero si disminuían el dolor… Que más daba.
Lindy sonrió por la cara de Fate. A su hija nunca le habían gustado los medicamentos. Desde pequeña los evitaba, en ese entonces siempre salía con excusas para no tomarlos.
Pero de pronto su mirada se apagó y miró seria a su hija. Fate lo captó.
- ¿Qué sucede?
- Pues… fui a ver a Nanoha y…
Fate de inmediato dejo el vaso en el velador que estaba a su lado. Se atragantó… Era raro. ¿No que estaba en el otro extremo de la habitación ese mueble? Quizás su madre lo había movido. También estaba el reloj y este marcaba las once de la noche.
- Y c-como está.
- No me dejaron verla.- Fate palideció con eso. Pensó en lo peor.- Ni siquiera a su familia dejaron entrar. El doctor informó que Nanoha estaba en un estado…- Dudó un poco en decirlo.- Severo.- El corazón de la rubia no latía. Se había detenido con la simple idea de saber que Nanoha estaba mal.
- P-pero como.- Sintió sus ojos humedecer.- Si yo salí del accidente… casi ilesa.
- No digas ilesa Fate. Sólo no tan grave como Nanoha.- Su vista se dirigió al suelo. No sabía por que no le habían dejado ver a la amiga de su hija.
¿Qué habrá pasado?
Debe ser grave, ya que ni a su familia le dejaron verla…
- Mamá…- Lindy se sobresalto un poco y la miró- ¿Nanoha va a estar bien?
- Fate-chan…- Sonrisa- No te preocupes. Sea lo que sea. Nanoha estará bien.- Acarició mi cabeza y me abrazó.- Ahora debes descansar. Tu cuerpo tiene que reponer fuerzas. Que duermas bien hija.
- Claro. Gracias mamá.
Dormir… claro.
Toda esta situación me traía un fuerte sentimiento de… no sé… algo como miedo.
Una desconfianza.
El problema no tenía buena pinta.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Saben…
La palabra más adecuada es enojada.
No. Estoy realmente fastidiada. Dos días ya, y no me han dicho nada sobre Nanoha.
Siempre que pregunto evaden el tema. O es el doctor con la excusa de que no me lo puede decir. Luego mi madre dice que aún no puede averiguar nada.
Y como no me puedo mover, ni siquiera puedo salir a investigar o a buscarla.
Esto es atroz. Nanoha… ¿Cómo estarás?
Pip. Pip. Pip. Pip.
Miré el reloj que estaba a mi lado. Eran las cinco en punto. La alarma estaba sonando…
Aunque preferiría dejar de lado el tema de las alarmas. No me trae muy lindos recuerdos.
Aunque… Ese día, Nanoha actuó muy raro.- Recordé el momento en que las dos estábamos en la sala de música, muy cerca.
Me sentí acalorada al recordar la poca distancia entre las dos. – Estábamos realmente cerca.-
A la rubia, le vino la imagen de una Nanoha con su rostro a escasos centímetros, sus dos manos en sus hombros, y acercándola cada vez más.
Empezó a mover nerviosa la silla de ruedas que estaba a su lado. Se la habían dejado allí para que saliera de aquella habitación. Pero para eso, debía esperar a su madre.
- … Juraría que Nanoha…- Rubor- Iba a…
- ¡Fate-san!- Alguien golpeaba y me llamaba desde el otro lado de la puerta.
- ¿S-sí?- Su femenina voz me parecía conocida.
- ¿Podemos pasar?- Un hombre…
- ¡Por supuesto!
- Gracias. ¡Oh Fate-san! Buenas tardes. ¿Cómo estás?- Me preguntó el padre de Nanoha.
- B-bien, un poco mejor. ¿Y-y usted? – Nunca se me había dado bien el hablar con otras personas. Era inevitable para mí tartamudear.
- Bien gracias- Rió, me pareció raro.-
- Sólo veníamos a ver como iba tu salud.- Dijo por fin la madre de Nanoha.
- ¡Bien!, Muchas gracias…
…
- Yo…- ¿Qué pasaría si pregunto?
- ¿Si?
- Saben…- Los miré con temor.- ¿Saben como está Nanoha?
Silencio.
Sus miradas entristecieron. Había arruinado el momento,
- ¡P-perdón! No debí pregu…
- No hay problema Fate-san – Me dijo callándome aquel hombre- Nosotros…- Los dos bajaron su mirada.- Aún no lo tenemos claro.
- ¿Qué?
- El doctor dijo que Nanoha e-estaba en un estado crítico.- La voz de la madre de mi amiga tiritaba. Creo que fue mala idea preguntar.- Estaban haciendo todo lo que tenían a su alcance. Sólo eso.- ¿Tan mal estará? Un nudo se formó en mi garganta.
Se formó un silencio incómodo. Yo los miraba atónitos. Ellos no me dirigían la mirada. La tenían perdida en algún punto de la habitación.
No se que decir. Odio estas situaciones. Son horriblemente incómodas…
¡Toc, Toc!
Los tres miramos sorprendidos la puerta. “Con permiso”, se escucho desde el pasillo. Luego entró un doctor al que no lo conocía. Nunca lo había visto.
Me miró. Miró a los padres de Nanoha, y con un gesto les dijo que salieran. Ellos miraron extrañados. Pero entonces, el doctor sólo moviendo la boca dijo “Nanoha”. Quedé sorprendida. Su familia también. Se retiraron de inmediato ¿Qué diablos pasaba?
Cerraron la puerta. No podía ser. De seguro a fuera, hablarían de mi amiga, de su salud, ¡Y yo aquí sin poder enterarme de nada!
Pero no me rendiría. Miré la silla de ruedas y pensé con rapidez. Muchas veces en el día, había intentado subir a ella por mi misma. Dolía. Pero era un dolor que se podía aguantar.
Eso haría. Acerqué la silla, apreté mis labios y me fui corriendo de la cama para llegar a la orilla de esta y pasarme a la silla de ruedas. Si caía, sería horrible.
Pero tuve suerte, pude sentarme en ella. Una posición muy incómoda que digamos, pero servía. Hice girar cautelosamente las ruedas. No debía emitir algún sonido. Avance con lentitud hacia la puerta. Esperaba que no se hubieran ido tan lejos, o no escucharía nada. Apegué mi oreja a la madera e intenté escuchar algo.
Y ¡Bingo! Se oía casi a la perfección. El extraño silencio de la tarde de aquel domingo, me ayudaba bastante.
“Doctor, por favor, díganos como está nuestra hija”- La madre de Nanoha… sonaba preocupada.
“Por eso los he llamado. Les necesito decir algo muy serio”- Mi corazón silenció también.
“…”
“Verán… Nanoha, está bastante grave. Más de lo que creíamos. La situación se nos fue de las manos”- ¡¿Qué estaba diciendo ese doctor?!
“D-doctor. Díganos. ¿Cómo está nuestra Nanoha? Mi esposa y yo afrontaremos la verdad. Por muy dura que sea, saldremos a delante, no nos rendiremos.”
“Lo siento. Pero esta situación no tiene esas dos posibilidades. Aunque la esperanza es lo último que se pierde”- N-nanoha…
“…”
“Su hija…”
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Crack.
Crack.
Realmente no tenía ganas de comer.
Pero mamá dice que si quiero recuperarme debo comer bien. Y que mejor que galletas hechas por ella misma.
Suspiro.- Pero no tengo ganas de comer.
Dejé las galletas a un lado y me puse a mirar por la ventana. Era bastante aburrido estar en casa, sola. No me puedo mover de aquí. Me dieron de alta hace dos semanas más o menos. Todavía no me puedo mover con facilidad. Aquel día cuando subí a la silla de ruedas, pasé a llevar mis heridas. Tardaron mucho más en sanarse. Y ahora tengo ese endemoniado dolor en el estomago. Aún no se va.
Cerré los ojos. Necesito salir de casa. Me atormenta estar encerrada en cuatro paredes.
Mm, pero si me llega a ver mamá…
“Ni se te ocurra salir de casa”. Su aterradora voz hizo eco en mis pensamientos.
- Nah. Me puedo mover, así que no hay problema alguno.
Me vestí desganada, tomé una chaqueta y salí.
Reitero. Es muy triste salir sola. Siempre fue mejor cuando salía con ella.
Un nudo se formó en mi garganta. Esos que no te dejan respirar hasta que sueltes las lágrimas. Hasta que llores sin consuelo, te atormentarán.
Las gotas de dolor asomaban por mis ojos.
Los cerré con fuerza al momento en que las lágrimas saltaban.
La verdad nunca es fácil de afrontar.
Caminé sin rumbo. Perdida en mis pensamientos. Perdida en el recuerdo de tu voz.
Miraba el suelo. Miraba mis zapatos.
Hasta que vi pasto…
Levante mi mirada y observé el lugar en donde había llegado.
¿Por qué un parque? ¿Por qué este parque?
Me sequé las lágrimas que no querían parar de salir y hacerme llorar, y me adentré al lugar.
Pensé en ir a sentarme a aquel árbol. Pero decidí ir a la banca en que Nanoha se había sentado ese día.
Me senté en la fría madera. Rocé con la punta de mis dedos el asiento, buscaba tu calor.
Pero no. Se sentía frío. Tú no eras así.
Me quedé en silencio recordándote…
Abrí los ojos apresuradamente. Me di cuenta… ¿Escuchas?
Acababa de encontrar el silencio absoluto.
Yo callada.
No hay ruido.
No hay brisa.
El agua de la fuente no salía.
Era un parque muerto.
Que raro. Miraba hacia todos lados. El lugar estaba igual que siempre. ¿Por qué ahora tan callado?
…
Me acordé. Y me puse a reír irónicamente.
Era tan simple.
Volví a observar el lugar. No todo estaba igual. Faltabas tú.
Tu sonrisa. Tus ojos.
Al triste parque le falta tu presencia.
“Que le sucede a mi hija.”
Me largué a llorar.
“Señor Takamachi. Debe saber, que hemos hecho todo lo posible por restaurar su salud…”
Lo lamento.
“… Todo a sido en vano…”
Ya no aguantaba más.
“… Nanoha agoniza.”
Simplemente no entendía. La vida era una traicionera. Primero te da el motivo para despertar con una sonrisa cada día, y después te lo quita de la peor forma.
Ya no tenía motivo para vivir. ¿Y qué vida? Si mi vida eras tú.
Sequé de nuevo mis lágrimas, metí la mano a mi bolsillo de la chaqueta, y saqué la llave de mi casa. Volteé mi tronco y apoyé mi brazo en el respaldo.
Agarré con fuerza la llave y empecé a rasgar la madera con ella. No lo sé. Quería escribir.
“Te amo Nanoha.”
Miré los dientes de la llave. Los había gastado mucho. Pero ya todo me daba igual.
Me paré y me fui en dirección a mi casa. Intentaré dormir. Mañana tenía pensado ir a clases.
- Jajaja ¡Oye espera! ¡No corras!
- ¡No estoy corriendo! ¡Tú eres el lento!
- ¡Ya verás cuando te atrape!
Veías como tus dos compañeros jugaban a perseguirse.
Sonreíste. Ustedes se parecían a ellos.
Suspiro. Otro día igual que el anterior.
Sentada. Sola. En silencio.
Como todos los días miraste por la ventana, cerraste los ojos y sentiste la brisa que llegaba al tenerla abierta.
“¡Fate-chan, mira los pajaritos!”
Los abriste de inmediato y cerraste la ventana de golpe.
Tus dientes crujían al tenerlos tan apretados.
“¡Fate-chan es muy olvidadiza! Nyahaha”
Miraste como se reflejaba la sala en el vidrio.
“Fate-chan, dame la mano”
Estaba completamente vacía. Seguías viendo el reflejo de las paredes, puertas, luego el tuyo.
Te veías seria. Tu cara estaba pálida, desganada. Tu mirada era fría, tu pelo la tapaba un poco.
Que más daba. Estabas pudriéndote por dentro. Miraste el reflejo del banco que estaba a tu espalda. Esperabas encontrarlo vacío.
Pero no.
Te sorprendiste, porque la viste. Nanoha estaba sentada y mirándote. En definitiva, estabas loca. Nanoha estaba en el hospital. Alucinabas.
El tierno reflejo te sonrió, luego te saludo… ¿Podría ser? Se veía muy real. Aun así, temías voltear y encontrarte con un banco sin vida.
Frunciste el ceño. Tu mente estaba jugando con tus sentimientos. No creerías. El reflejo puso cara de ofendida. “Fate-chan”, te dijo.
Debía ser una broma. ¿Te estaba hablando? Tu cara se transformó a una de asombro.
El reflejo de tu amiga te miró satisfecha y te estiró su brazo.”Vamos” soltó.
¿Qué hacía? ¿Te ofrecía la mano? Sabías que era mentira. Era falso. Sólo una alucinación. Pero necesitabas sentir su calor.
Titubeando, estiraste la tuya con la intención de aceptar su petición. Chocaste con el vidrio. La miraste sorprendida.
Ella sólo rió por lo bajo y apoyó su palma contra el vidrio. La miraste atónita. Estiraste tu mano y la colocaste encima de la de ella.
A través de un vidrio. A través de un recuerdo. A través de un deseo. Su calor traspasaba las moléculas de la imaginación, y te llegaban en forma de cariño.
Cerraste los ojos disfrutando el momento. Hasta que sentiste el frío del vidrio de la ventana. Miraste y ya no estaba. Contemplaste tu palma de la mano por última vez, y la pusiste en tu corazón. Ya era tarde. Debías visitar a Nanoha.
·
·
- Mm… sala 3-C… Nanoha.- Pensabas.
¡Mamá me quiero ir!
Sólo un poco más hijo, falta poco.
¡Pero estoy aburrido! ¡¡Quiero irme!!
- Segundo piso…
Tengo miedo.
No te preocupes hija, las inyecciones no duelen.
- Falta poco. 2-A… 2-C… 2-F…
¿El abuelo se recuperará?
Sólo Dios sabe eso hijo. Sólo él.
- Sólo Dios… ¡3-C!
La habitación estaba sola. Habías elegido aquella hora pues los padres de Nanoha se iban minutos antes.
Estaba oscura. El sol no llegaba. Aquel sol que las había visto reír, correr, despertar. Ahora se escondía llevándose consigo la alegría del día.
Miraste la camilla. La miraste a ella. Tu corazón se apretó con brusquedad. No aguantabas verla así. Llena de aparatos, máquinas, tubos, pero aquello le permitía seguir viviendo. Era un martirio para todos verla así cada día. Pero más doloroso era saber… que sólo quedaba esperar, para que ella partiera.
¿Qué podíamos hacer ahora? Esperar. Disfrutar su estadía en este mundo. Para que luego nos deje, sin decir ni siquiera adiós.
Saber que su débil latido va decreciendo en velocidad a cada segundo que pasa. A cada bocanada de aire que dabas, eran dos menos para ella.
No soportas. Corres hacia ella, te arrodillas y rompes a llorar en su pecho.
Tomas su débil mano. ¿Qué sientes? Sólo frío, y la cinta que afirma la aguja que le inyecta suero.
Acaricias su rostro, topas los tubos de su nariz que le dan el aire. Besas su frente, pero rozas la venda. Acaricias su piel, sólo heridas.
Tu llanto es incontrolable. ¿Por que ella? ¿Por que no tú? Extrañas su risa, la extrañas.
Si hubiera alguna forma, algún modo en que se pudiera dar la vida. Serías la primera en ofrecerla.
Estas Desesperada. Debes hacer algo.
Con tu izquierda tocas tu corazón. Con tu derecha tocas su corazón. ¿Qué haces?
- ¡¿Lo sientes Nanoha?! Te estoy dando vida. ¿Lo sientes verdad? Abre tus ojos cariño… Sonríeme de nuevo vida.
Estabas al borde del colapso de la razón. Lo que hace la desesperación es impresionante.
Vuelves a llorar. Te aferras de las sábanas. Por un momento sientes un odio y ganas de matar al conductor de aquel auto.
Pero no sacas nada con odiar. No serías capaz de quitar una vida.
Apoyas tu oído en su pecho. “Se que estás ahí corazón, late con más fuerza. Te lo pido. Te lo ruego”
¿Por cuanto te quedas así? Podrías decir cinco minutos. No lo sabes. Estas atenta al ritmo de su palpitar.
De pronto te sientes agotada. Sería por llorar tanto. Tu respiración se agita. Comienzas a tiritar.
No… tú no tiritas. Es ella… Se estaba moviendo… La miras más que asombrada. Esperanzada. Pero aún esta con sus ojos cerrados.
Pero es raro. La miras aún con sorpresa. ¿Qué le ocurría? Te asustas. No vaya a ser algo malo.
Te paras con la intención de llamar al doctor que está a cargo de Nanoha.
Y ocurre. Quedas muda. Tus palabras quedan sin palabras al ver como abre lentamente sus ojos. Como lentamente se va tiñendo su mirada de un azul cielo.
Tus ojos carmesí botan lágrimas de alegría. Caíste de rodillas y soltaste el clavel que tenías como regalo para ella.
Aquello debía ser mentira. Se suponía que Nanoha desfallecía a cada día que pasaba. Ayer te habían dado la noticia de que la vida de Nanoha no perduraría un día más. Este día ibas a despedirte. Y ahora la vida te sale con esto.
Sin pensarlo dos veces, te paras y corres a buscar al doctor o algún enfermero que pase por allí.
Abres la puerta y te asustas al encontrarte con el doctor de Nanoha que en ese momento entraba. De seguro a decirte que la hora de visita terminaba.
- ¡D-doctor!- Tu voz no sale. Sólo es un ronco murmullo.- ¡Doctor! ¡N-nanoha!.- El llanto no te dejaba hablar.
- ¡¿Qué le sucede?!- Mira por sobre tu hombro. No te puedes mover. Su cara cambia drásticamente al verla con los ojos abiertos. Te corre hacia la puerta para darse paso hacia ella. La mira con sorpresa. Estabas segura que él pensaba lo mismo que tu hace un rato. Ella debería estar muriendo. Corre hacia la puerta con rapidez.- ¡Un paramédico! Que venga un enfermero o algo, rápido.
Te alejas de la puerta mientras ves como una señora de edad entra con unos aparatos y se los pone a Nanoha. Una más con cara de sorpresa. Se queda un rato sin moverse. “Increíble. Está mucho mejor. Quizás, demasiado”. Aquello te alegra tanto, que las lágrimas de felicidad acompañan a las ahora caen por tus mejillas.
- Llamen a sus padres. - ¡Esto es un milagro!.- Infórmenlos. Estan en la sala de espera.
El médico se aleja de Nanoha junto con la enfermera. Tienes el espacio libre. Te acercas a ella y vuelves a sentir aquel calorcito conocido que te causaba aquella mirada. Sólo la de ella. Le sonríes. Te sonríe levemente.
Te inclinas a su rostro y juntas tu frente con la de ella, con sumo cuidado.
- Fate-chan.- Te susurra. Tu ángel te habla. Tu vida te renace luego de semanas sin dejarte respirar.
Acercas tu oído a su boca mientras una lágrima recorre tu rostro al cerrar tus ojos.
Sube su mano levemente y la deposita en tu mejilla.- Dame más vida.
Tu mirada se prende al instante. Fue simple, pero directo. Lo entiendes a la perfección. Te sonrojas con felicidad.
Ella sin ejercer fuerza, traza el camino que deben seguir tus labios hacia los suyos.
Un toque tierno. Un simple roce. A la vez, un beso con pasión. A su modo.
En la habitación sólo se logra ver la multitud de paramédicos alborotados por el extraño despertar de su paciente, corren de un lado a otro. La familia de Nanoha tratando de entrar. Unos tratando de salir. Y en aquel rincón, dos almas que se corresponden, se entregan la muestra de amor más pura. Y se entregan a ellas mismas. Por que cada una es un trozo de un alma que decidió separarse y vivir en dos cuerpos. Aquella despistada alma que no sabía que necesitaría de su otra mitad para sobrevivir.
La magia del amor.
La magia de tu voz.
El sonido de tu súplica.
Destroza al dolor.
Su mirada cristalina… la vuelves a sentir.
Vuelves a escuchar su alegre latir.
Cuando creías que iba a partir.
Cuando creías que ibas a morir.
Has vuelto a vivir.
¿Milagro?
Si, milagro han hecho las dos.
Derrotaron a la muerte.
Pisotearon al dolor.
Hicieron reír a una marchita flor.
Hicieron volar al soñador.
Pero para esto, si existe una explicación.
Aunque digan que esto es algo increíble.
Aunque digan que la magia no existe.
Tú tienes claro, que el amor lo puede todo:
Hasta lo imposible.
Ojala les haya gustado ^-^ a mí me gusto mucho escribirlo :D (me emocione escribiendo xD)
(Nah nah xD tampoco quería matar a nadie T_T mucha pena nooo awww )
Gracias a todas las personas que me han dejado reviews “gracias-gracias” ustedes me dan animos.
Saludos a todos ¡ojala les vaya bien! Awawawa chaito.