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K-RO
Author of 20 Stories

Rated: T - Spanish - Angst/Romance - Naruto U. & Sasuke U. - Reviews: 21 - Updated: 05-14-09 - Published: 03-24-09 - id:4946686

School Days

By K-RO

Capítulo III

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Se arregló la chaqueta del uniforme, en el vestíbulo se puso los zapatos y salió de su casa. Cerró la puerta con llave y caminó recto a reunirse con su hermano que ya había salido del patio.

Gaara se detuvo por una milésima de segundo al notar a la persona que los esperaba en la siguiente calle: Rock Lee les saludaba alzando la mano y dando los buenos días en un grito. Luego de ese pequeño desliz se recompuso rápidamente y continúo caminando sin prestarle atención.

—Buenos días, Cejotas —Kankurō le devolvió el saludo y dio un codazo a su hermano menor—. Gaara, saluda

Él cabeceó cómo saludo al joven mayor, pero no dijo nada.

El camino se llenó de la plática de los otros dos muchachos. Gaara, de por si parco; se retraía todavía más con la presencia del ruidoso pelinegro amigo de su hermano.

Estúpido” Pensó, gruñendo internamente.

Cuando llegaron a la escuela, se separó de ellos sin voltear, dirigiéndose a su respectiva área.

— ¡Gaara-Kun! —Escuchó que Lee le gritaba, contra su voluntad se dio la vuelta para fijar los ojos verdes en aquellos brillantes, negros y redondos.

Unos ojos tan llenos de vida, tan bonitos.

—Ten un buen día —Continuó el otro, alzando el pulgar con ánimo.

Gaara necesitó hacer uso de su bien practicado control de impulsos para evitar sonrojarse y ponerse en evidencia. Se volvió a dar la vuelta y caminó hacia su edificio un poco más rápido.

¡Imbécil!”

Aunque no estaba seguro de a quien se dirigía exactamente.

***

Aún no amanecía cuando abrió los ojos, Uchiha Obito estiró el brazo hacia la izquierda, buscando a su compañero.

Cuando encontró el otro hombro ancho, rodo sobre sí mismo, cruzando su pierna por la cintura del otro y apresándolo contra su cuerpo. Suspiró de gusto al sentir el calor corporal.

— ¿Sabías que me provocas con tu síndrome de oso de peluche? —Escuchó decir en su oído. Obito dio un brinco por la sorpresa

— ¡Kakashi, estas despierto!

—Como no lo estaría contigo pegado a mí de esa forma tan sugerente.

— ¡Pervertido! —Hizo amago de alejarse de Kakashi, pero ahora fue él quien le cogió por la cintura y rodo hasta quedar encima suyo.

Se apoyó en los antebrazos y se dedico a mirar con cariño los ojos negros. Sacó la lengua y lamió los labios frescos, luego posó su boca sobre la de Obito y lo besó con pasión.

El pelinegro jadeó, abrió la boca y sacó su propia lengua para pasarla por el paladar de Kakashi de manera perezosa. Cruzó los brazos por el cuello del mayor y lo besó una y otra vez.

Las manos de Kakashi vagaron por su cuerpo, acariciando las varoniles formas a través de la sabana, para luego colar las manos a través de ella.

—Kakashi, llegaremos tarde.

—Llegaremos a tiempo.

—Pero…

—Shh —Hatake puso un dedo en sus labios para callarlo, mientras su cabeza bajaba por el apetecible cuerpo de su amante, recorriendo con su nariz el elegante cuello, respirando contra él, consciente de lo sensible que era esa parte de la anatomía de Uchiha.

— ¡Ah! —El moreno se estremeció, agitándose sobre las sabanas. Todas sus protestas murieron y tomó el digito entre sus labios para succionarlo.

Enardecido por el descarado gesto, el hombre de pelo plateado, arrojó las hojas hacia un costado, abrió las piernas de Obito y se acomodó entre ellas, friccionándose contra el otro cuerpo.

Pronto, entre besos apasionados y fervientes caricias, se encontraron erectos, desnudos y revolviéndose entre las mantas. Riendo y jugueteando, acariciándose tanto como sus manos alcanzaran.

Obito se colocó encima de Kakashi, sentándose sobre su estomago, luego apoyó las manos sobre sus costillas, bajando hacia sus caderas y se agachó a besar el pecho amplio y lampiño.

Hatake, sin quedarse quieto, resiguió con el índice la suave curva de la columna, deslizándose en la cálida hendidura de la separación de sus nalgas y rodeando el aro de músculos antes de introducir el curioso dedo.

Se sentó en la cama, aún con el pelinegro sentado en su regazo, besándolo con fruición. Juntó ambos penes en su mano y los frotó, salpicando del pre semen y gimiendo en su boca. Su otra mano todavía explorando el interior del pelinegro.

No pudo sopórtalo mas, así que le tomó por la cintura y lo alzó para enclavar su enhiesto miembro tan adentro de Obito como pudiera, rozó con los labios el rosado montículo que quedaba a la altura de su cara y lo atrapó entre sus dientes para tirar suavemente de él.

Obito estaba sonrojado como una cereza, todo su bello cuerpo se encontraba en tensión, gimiendo adorablemente y halando de su cabello cuando el éxtasis era demasiado para soportarlo.

—Kakashi… Kakashi —Repetía para su complacencia. Giró su cadera cuando entro en él y ambos vieron las estrellas brillar en sus ojos— ¡Kakashi!

—Sí, así… Mi amor…

Sintió la familiar oleada de calor bajar por su estomago, sitiándose entre medio de sus piernas, apuró el ritmo que llevaba; entraba y salía de su amante cada vez más de prisa, dispuesto a llevar a Obito al delirio.

Estaba tan cerca… veía su orgasmo venir.

—Voy a correrme dentro de ti y a llenarte con mi esperma —Susurró lascivo al oído del moreno, para luego pasar su lengua caliente por el pabellón.

La culminación llego a ellos como los rayos en una tormenta de verano; uno tras otro los espasmos llenaron sus cuerpos de gozo y tal como prometió, su semilla fue derramada dentro del cuerpo de su compañero, mientras que al mismo tiempo Obito alcazaba su orgasmo con un erótico gemido y se dejaba caer agotado en el cuerpo de Kakashi.

Satisfecho y cansado, el mayor no hizo mayo movimiento más que el de cubrir sus húmedos cuerpos con las sabanas y limpiar con la orilla de estas el cuerpo del pelinegro. Besó su frente y lo miró dormir por el esfuerzo a tan temprana hora.

Se arrellanó y cerró los ojos, los parpados pesados lo llamaban a dormir el mismo sueño de su amor.

Miro por última vez el reloj en la mesita de noche.

Ahora que llegarían tarde.

***

Los pasillos de la escuela se encontraban en relativo silencio, hacía rato que la campana había sonado, por lo que los estudiantes ya se hallaban en sus respectivas aulas.

Sasuke caminó por el pasillo que llevaba a la dirección, con las manos en los bolsillos y sin ninguna prisa, tenía una hora libre antes de su siguiente clase. Sacó una cajetilla y encendió el cigarro, dando una honda calada.

—Sasuke-Kun, está prohibido fumar en la escuela.

La voz, ronca y seseante lo hizo sobresaltarse. Arrojó el cigarrillo sin proponérselo y dirigió los ojos negros a la silueta que salía en ese momento de la dirección.

Un hombre pálido como la cal, de oscuro y lacio cabello negro y unos viperinos ojos amarillos con los que lo atravesaba sin el menor empacho.

—Orochimaru…-San —Dudó Sasuke al no saber exactamente como referirse a su otrora profesor de la universidad.

El aludido ensanchó su sonrisa, acercándose al moreno hasta tenerlo más cerca de lo que la decencia dictaba

—No nos habíamos cruzado para darte la noticia. Cómo Tsunade pensó en un principio que no aceptarías el empleo, me llamo a mí para preguntar si estaba disponible.

Eso explicaba por qué Obito-Aniki estaba tan ansioso por qué aceptara el empleo, no era un secreto para nadie que Orochimaru-Sensei y Obito-Aniki no se llevaban bien. Durante el periodo que el hombre de ojos amarillos había trabajado con su hermano mayor; recién egresado de la universidad, en más de una ocasión había puesto en tela de juicio la capacidad de “Alguien tan inmaduro y torpe como Uchiha Obito” para hacerse cargo de dos adolescentes.

—Pero cómo al cabo te convencieron— Continuó, pareciendo ajeno a las cavilaciones de su anterior pupilo—, le dije a Tsunade que sería muy pesado para ti; sin experiencia en la docencia, encargarte de los tres grados. Por eso me he quedado con los grupos del primer año.

Mh, que astuto.

—Felicitaciones, Orochimaru-Sensei —Dijo Sasuke, sin sentirlo realmente.

El nombrado dio otro paso, entrando sin la menor vergüenza en el espacio personal del más joven.

—Espero que podamos trabajar bien juntos, Sasuke-Kun.

Dio dos pasos hacia atrás, relamiéndose el labio superior, y se marcho por el lado contrario del pasillo.

Uchiha dio un suspiro frustrado, luego saco de nuevo la cajetilla y volvió a encender un cigarro.

Ese hombre jamás le había gustado, y ahora menos que nunca.

***

Al dar la reverencia de despedida a Kakashi-Sensei, todo el salón 2-7 se apresuró a recoger sus cosas y salir del aula lo antes posible, sólo quienes tenían que quedarse a hacer limpieza lo hicieron de mala gana.

Naruto consultó su reloj de pulsera con forma de rana: tenía algo de tiempo antes de tener que llegar. Dio una carrera hacia la cafetería del instituto y rogó porque su platillo favorito no se hubiera agotado.

— ¡Ayame-Neechan! —Gritó, casi subiéndose en la barra que separaba el comedor del lugar donde se servía la comida, detrás podía verse otra puerta con una ventana redonda dónde se encontraba la cocina. De ahí salió una mujer muy joven, de cabello castaño y ojos de igual color que hacían juego con su sonrisa amable.

—Naruto-Kun ¿Qué puedo ofrecerte?

—Un plato de ramen Nee-Chan ¿Se ha acabado?

Ayame jamás le diría que siempre guardaba una generosa porción de ramen para aquel revoltoso mocoso de sonrisa franca y energía inagotable. Naruto casi siempre al terminar las clases iba a comer a la cafetería del instituto, lo qué le decía a la joven que, contrario a sus compañeros de clase, no iba directamente a casa donde se les serviría una comida casera, ni tampoco iría a tontear a la calle, a jugar videojuegos ni a ninguna de las otras posibilidades que pudiesen ocurrírsele a alguien que no conociera la firme voluntad de Uzumaki Naruto.

Pero Ayame era demasiado noble como para poner en evidencia al chiquillo, así que sin decir una palabra de lo que le pasaba por la mente en ese momento, asintió alegre y entro de nuevo en la cocina para decirle a su padre que sirviera aquel enorme tazon de ramen de cerdo; su cliente más fiel había llegado a pedir su platillo.

***

—Ah, me muero de hambre.

Sasuke se sintió de pronto un poco envidioso de Kakashi, ya que este siempre acababa comiéndose la mitad del almuerzo de Obito –Razón por la cual su hermano mayor había terminado por rendirse y había acabado haciendo suficiente comida para los dos– y él, mientras tanto, con su estomago gruñendo.

— ¿Por qué no vas a comprar algo en la cafetería? Abre hasta tarde y todavía debe de tener algunos platillos ahí.

El moreno rodó los ojos, había desistido de ingresar ahí, desde la primera vez que lo intentó, demasiado barullo, demasiada gente, y demasiadas fangirls que gritaron “Sasuke-Sensei” desde que lo vieron poner un pie ahí.

—No gracias —Contesto, tajante.

—A esta hora debe estar vacía, las clases han terminado ya. Tus admiradoras deben haber vuelto a casa.

Sasuke detuvo su caminata un momento, sopesando lo dicho por el hombre de pelo plateado. Pero negó con la cabeza y siguió, prefería volver a casa a comer algo allá.

Saliendo del recinto estudiantil, el pelinegro vio una pequeña turba vestida de uniforme, que esperaba a un lado del camino adoquinado. Muchas de las chicas de su clase se encontraban apelotonadas una detrás de otra, estrujando sus faldas y cuchicheando nada discretamente.

El moreno arqueó elegantemente una ceja oscura, mientras Kakashi intentaba infructuosamente no desternillarse de risa.

Entre empujones y empellones, literalmente lanzaron a la pequeña Haruno-Kun, la presidenta de la clase, directamente enfrente de ellos. La niña apretaba contra su pecho su maletín escolar. En cuanto lo vio a los ojos, sus mejillas tomaron el mismo tono rosa de su pelo.

—Sa-Uchiha-Sensei —La chica tartamudeo, avergonzada por su atrevimiento, cerró los ojos, juntó fortaleza, pero lo único que salió de su boca fue—. Hasta mañana.

Él dio un cabeceo como despedida, tomó sus llaves para accionar la alarma de su coche y se marchó.

Sakura se revolvió el largo cabello, riñéndose a sí misma por tonta. Todas las demás muchachas dieron un suspiro colectivo de pura decepción.

***

Naruto llegó corriendo a la velocidad de un aerolito. Sin detenerse, entró al bar-restaurante dónde trabajaba: Kyūbi. Tal como el nombre indicaba, el anuncio de neón mostraba un orgulloso zorro rojo de nueve colas serpenteantes.

—Ero-Sennin ¡Ya llegue ´ttebayo!

—Mocoso impertinente ¡Has interrumpido mi proceso creativo!

—Si por “proceso creativo” te refieres a leer esas novelas porno, entonces no he interrumpido nada ¡Eso lo haces todo el tiempo! —Se defendió el niño, cruzando los brazos y asintiendo con aire conocedor.

Una colleja resonó en el establecimiento vacio.

— ¡Vete a cambiar, muchacho! ¡Te echare esta misma noche si vuelves a decir una cosa como esa!

Naruto sacó su lengua en un gesto pueril, pero obedeció instantáneamente al ver que el rostro de su jefe y maestro pasaba del blanco al rojo con rapidez.

Ya en la parte de atrás; cambio sus zapatillas deportivas de color naranja por un calzado más serio y formal; y su uniforme escolar por una camisa blanca, un pantalón negro, chaleco y corbata de ese color. Encima de todo el conjunto se colocó un delantal del mismo color oscuro y de esa forma, salió pitando a trabajar.

Limpió la barra, acomodó las copas, trapeó el piso, fregó las mesas, colocó las sillas. Para la hora en que Kyūbi abría las puertas para sus clientes, el risueño rubio ya se encontraba en la entrada haciendo de un perfecto anfitrión.

Preparando las bebidas, Jiraiya: un hombre de gran estatura y pelo largo y blanco, había dejado de lado la informalidad con la que se había dirigido a su pequeño empleado y se dedicaba con eficacia a atender la pequeña pero fiel clientela que tenía en ese lugar.

El local no cerraba hasta altas horas de la madrugada, cuando Naruto pudo tomarse un descanso era porque ya no quedaban parroquianos a quienes atender, antes de ponerse a limpiar de nuevo, tomó la computadora portátil de su jefe, e introduciendo su pequeña memoria USB abrió un archivo de texto y se dedico a teclear con rapidez.

Jiraiya se recargó en la barra y se le quedó mirando: esa era la principal razón por la que había aceptado como empleado a un mocoso que todavía no terminaba la secundaria alta. La férrea decisión de Naruto en cumplir sus sueños a toda costa.

— ¡Termine ´ttebayo! —Anunció gustoso, mientras corregía los últimos detalles y le pasaba la portátil a su jefe para que le diera una ojeada.

—A ver, muéstrame niño.

Naruto brincó de su silla para comenzar la limpieza y marcharse de una vez. Estaba agotado y aún tenía la tarea del colegio por terminar. El rubio jamás le diría a Ero-Sennin qué el tiempo no le alcanzaba, no después de lo que había rogado por ese empleo, ni tampoco le detenía la prohibición de su instituto sobre alumnos con trabajos de medio tiempo.

Cuando terminó la limpieza general, el hombre viejo le señaló un plato con la cena, mientras todavía seguía leyendo su historia.

Jiraiya leyó el texto de principio a fin: un cuento infantil como los tantos qué el rubio había escrito y con los que soñaba algún día publicar un libro. Tomó notas de sus errores y aciertos, hizo una pequeña crítica a la trama y le pasó el papel a Naruto.

—Mejoras chico, pero todavía te falta por pulir.

El rubio no se decepciono, solo asintió con los mofletes marcados llenos de comida y se guardó el papel en el bolsillo para leerlo más tarde. Para él, no podía tener mejor maestro que el reconocido Jiraiya, que había publicado varias novelas de éxito. Aunque la temática de sus novelas era abiertamente sexual, eso no le demeritaba su narrativa y buen gusto, por lo que en cuanto se entero que se retiraría por un tiempo de escribir y montaría un bar, se impuso el conseguir un empleo ahí.

Para Jiraiya, fue toda una sorpresa encontrarse de pronto con un muchachito enano y rubio que exigía trabajo en ese lugar. Al principio se negó rotundamente, pero el porfiado niño no paró hasta sentarse enfrente suyo y explicarle los motivos que lo hacían buscar empleo, y si en ese empleo podía tener algún verdadero critico que mirara con objetividad lo que creaba, pues que mejor que el gran Jiraiya.

La voz, los ademanes y la testarudez implícita en todos los gestos de Naruto, lo hicieron emplearlo por un mes como prueba, actualmente Naruto ya llevaba casi un año trabajando para él, aunque eventualmente el hombre mayor volvió a el mundo editorial, no dejo de lado el Kyūbi ni a su pequeño alumno.

—Ne, ne Ero-Sennin —Le llamó el chaval por el apodo que le había dado cuando leyó un borrador de su novela, con su irritante voz de cuando estaba contento— He mejorado un montón ¿Verdad que tengo talento?

—No se trata de talento chiquillo —Le refutó el otro con la voz gruesa de cuando hablaba en serio—. Se trata de esforzarse: un buen escrito se compone de 90% de trabajo y 10% talento*, no seas egocéntrico.

Naruto volvió a inflar los carrillos, pero luego recompuso su alegre faceta cuando el mayor le dio un pequeño frote a sus cabellos desordenados.

—Vas mejorando Naruto, algún día harás tu libro.

Uzumaki Naruto hinchó el pecho por la felicitación. No era común en su vida recibir alguna enhorabuena, por lo que todas eran fuertemente guardadas en su memoria y muy queridas para él.

Se cambió de nuevo a su uniforme escolar y se despidió de su empleador, ya era muy tarde por lo que Jiraiya se ofreció a dejarlo a su departamento, Naruto se negó, alegando que la estación de trenes se encontraba muy cerca y el podía tomar uno que lo acercara a casa.

Ya en el vagón, sacó una ajada libreta donde plasmaba sus ideas principales a escribir; tenía muchas ideas y normalmente, dado su hiperactividad le era difícil centrarse en una para desarrollarla, así que las anotaba para después retomarlas y trabajar sobre ellas.

Era difícil de digerir que un chaval como él: inquieto, torpe y siempre en movimiento, tuviera como sueño una actividad tan pasiva como la escritura. Pero habían sido los cuentos infantiles quienes lo habían ayudado en los momentos más difíciles en su corta vida. Diciéndole que no importaba que tan mal pintaran las cosas, siempre había un mañana para vivir.

Prueba de ello era él mismo: ahí estaba después de todo el horror vivido en el orfelinato, estudiando el instituto donde también trabajaba uno de sus modelos más importantes a seguir, con un empleo que amaba y sobre todo.

Con Sai.

Bajando en su estación correspondiente, se apresuró a llegar a su piso, enfrente de su edificio, su pelinegro novio lo esperaba ya.

Se arrojó infantilmente a sus brazos, dando vueltas como tontos en la acera y dándose un beso de bienvenida.

—He vuelto.

—Bienvenido.

Mientras ambos entraban tomados de la mano, Naruto pensó:

“Sí, siempre hay un mañana para vivir”

Era una buena frase, la anotaría mas tarde.

-

TBC

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Las divagaciones de K-RO

*La frase “Escribir es 90% trabajo 10% talento” no es mía, pertenece al tío de Ayann, yo solo la tome prestada por qué es lo que ella me dice cuando me quejo de ser cero talento.

Nota culturosa: Originalmente, el cuento que Naruto está escribiendo lleva por título “Mundo de Juguete” Homónimo de mí propio One-Shot. Pero pensé que la auto propaganda sería demasiado obvia **

¿Qué más puedo decir? A pesar de que gran parte de este capítulo fue improvisado, me ha gustado mucho ¿Qué os ha parecido Naruto y su sueño? A mí me ha encantado el chico. Y anotar las ideas vagas mientras vas en el transporte es común para cualquier escritor (no sé, como que a las musas les gusta el transporte público [??])

¡¡Al fin le he dado más protagonismo al rubio!! *K-RO hace la danza de la victoria* Ya era hora, que el rubio lleva un rato chillándome al oído que cuando carajos pensaba dedicarle más de un par de párrafos por capitulo.

Pfff, si no fuera porque es la estrella…

Sasuke, por otra parte, ha hecho una de sus caras de “me-vengare-de-ti-en-cuanto-pueda” al preguntarme por qué, si se supone que él es mi personaje favorito, me encanta putearlo ¿Qué clase de fangirl soy?

Le he respondido (Katana en mano) Muy elocuentemente, que soy el tipo de fangirl que lo ama con toda el alma, pero que lo hará pedacitos y lo freirá si no hace lo que le digo…

Pero estoy divagando.

Obito y Kakashi!!! *¬* y Lime!! Siempre pensé que el primer lime/lemon que escribiría de mis fics largos seria SasuNaru, pero ya ven, mis fanfics son niños caprichosos que hacen lo que quieren conmigo. Todos reclamando mi atención.

U.U carajo, que mala madre soy, dejándoles hacer lo que se les pegue su gana.

Creo que eso es todo. Muchas gracias por leer. La crítica constructiva es muy apreciada.

K-RO



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