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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Hetalia - Axis Powers » Crónicas de un amor desafortunado

Alega Dathe
Author of 66 Stories

Rated: M - Spanish - Humor/Romance - France & England - Reviews: 66 - Updated: 11-08-09 - Published: 04-03-09 - id:4967552

Diclaimer: Axis Power Hetalia no es de mi propiedad.
Advertencias: Yaoi.
Pareja: Francia/UK.
Palabras: 1.426
Resumen: Ambos sabían que era una completa estupidez pero aún así… “¿Quieres casarte conmigo?”

Capítulo 1

Los persistentes gritos de Francia fuera de su casa se colaban por las ventanas. Seguía igual de inamovible que desde que lo echó, hacía aproximadamente unas dos horas. Ni siguiera sus agentes de seguridad pudieron sacarlo definitivamente; el bastardo conseguía burlarlos ante cada uno de sus intentos por atraparle y ahora, fastidiado de la situación, Reino Unido esperaba el momento propicio para volver a llamar a la seguridad. No perdería su valioso tiempo echándolo él mismo, su ardiente deseo de darle una patada en el trasero tendría que esperar. Ahora descansaba en su habitación, o eso se proponía con algo de esfuerzo; el bastardo de alguna manera consiguió ubicar su habitación en toda la gran estructura y ahora seguía gritando el cuento ese con el que lo visitó aquella tarde. ¡Como si fuera aceptar semejante propuesta!

A cualquier vista era una soberana estupidez la petición de matrimonio de Francia, ¿en qué cabeza cabía? La desesperación de sus jefes sería inmensa y sin duda estaba obedeciendo sus órdenes, pero incluso un imbécil como él entendería una negativa tan tajante como la de Reino Unido. No era tan difícil, “No es No” y ya no había más vueltas que darle, al menos que el bruto tuviera que mandar a sus mejores filólogos y expertos académicos para comprender una frase de tres palabras. Tal vez debió decírselo en su propio idioma para que comprendiera pronto, ¡ja! Era una posibilidad inamisible: sus labios no se mancharían articulando un lenguaje como el francés. En fin, ya se cansaría y hallaría otra cosa en la que ocupar su depravada vida.

-¡Idiota, te digo que te cases conmigo! –oyó nuevamente tras la ventana cerrada.

Reino Unido terminó con lo que estaba haciendo, ya el tobo de agua se había llenado por completo. Lo tomó por las azas y con cierto esfuerzo –jamás admitiría que el tobo estaba pesado y él era medio debilucho- lo trasladó del baño hasta la ventana, lo dejó en el piso mientras la abría. Hubo una exclamación incrédula por parte de Francia.

-¿Me dirás que sí?

-Vine a decirte: ¡buen baño, bastardo! –Reino Unido lanzó el tobo lleno de agua, poniendo toda su alma en ello -¡malditos tobos pesados que lo entorpecían todo!-, y el agua fue a parar en la humanidad de Francia. Soltó una maldición que no entendió por decirla en francés. Reino Unido se lo esperó, era algo que se lo decía a menudo y nunca se había propuesto en buscar el significado, siendo la lengua francesa inferior en todo al idioma inglés, ¿para qué molestarse?

Por otro lado, se estaba riendo demasiado como para preocuparse de la ignorancia léxica. Ponía especial énfasis en que su risa fuera estridente y llegara a oídos de aquel apestoso. Francia parecía la viva imagen de un pretendiente dolorosamente rechazado, mojado de pies a cabeza, incluido su estúpido cabello de niña; la camisa blanca se le había transparentado y dejaba al descubierto ese desagradable pecho peludo que odiaba observar, ¡menos mal que era la única pieza blanca en su conjunto! Su risa se convertiría en llanto cuando se asqueara tanto de semejante basura, ¡tenía suficiente con soportar mirar su cara como para incluso llegar a mirar París! Y París no tenía ningún atractivo, al igual que ninguna otra parte anatómica de Francia. ¡Lo podía afirmar con conocimiento de causa (o bases científicas, como decía a menudo Alemania)! ¡Aunque, claro, lo había espiado con el único propósito de conocer a su enemigo, sin más intenciones que esa! Oh, bien, también para burlarse un poco.

Reino Unido siguió riéndose incluso cuando Francia se retiró finalmente derrotado. La dicha por la humillación de su némesis no le duró mucho, a la mañana siguiente las hadas del jardín le informaron que sus hermosos arbustos habían amanecido destrozados y no había ninguna rosa en los rosales. Casi se puso a llorar; se conformó con tomar unas de sus películas francesas y tirarlas a la basura argumentando que jamás en la vida volvería a ver semejante porquería. Al mediodía ya estaba recogiéndolas de la basura furtivamente. Después de darse un baño y de amenazar con sutileza a dos empleados que por desgracia lo cacharon en plena vergonzosa tarea, salió a dar un paseo por el bosque en compañía de un amistoso gnomo que había conocido hacía poco y de una joven hada que a menudo iba a visitarlo. El recorrido transcurrió tranquilo hasta que sus dos compañeros adoptaron un aire tenso. Sus interrogaciones fueron inútiles, ninguno le explicó claramente lo que les pasaba, apenas y decían unas palabras sueltas igual de confusas, hasta que el gnomo decidió retroceder y el hada cambiar de rumbo. Se movieron al mismo tiempo y Reino Unido se quedó confundido, ¿a cuál de los dos debía seguir primero para exigir una explicación? Y más importante aún: ¿significaba que corría peligro? Con una desagradable sensación surgida por la huida de sus amigos, Reino Unido siguió avanzando. Reunió valor, ¡él había sido el terror de las naciones y ahora, si lo quería, podía continuar siéndolo! Lo que pasaba actualmente era que ya el mundo tenía suficiente con Estados Unidos.

Al llegar a un claro del bosque se vio asaltado por unos pétalos de rosas de variados colores que le parecían tremendamente familiares. Fuera paranoias, ¡eran sus rosas arrancadas por aquel bastardo, estaba seguro! En el suelo del bosque habían dejado caer rosas por todos lados, y en el centro del claro, levantando un ramo de rosas rojas, se encontraba Francia. Le costó salir de su estupefacción; para entonces ya tenía a Francia encima. O, para ser más exactos, cara a cara todavía con el ramo de rosas extendido.

-¿Para qué me las ofreces, apestoso?

-Son tuyas, tómalo como una prueba de mi amor.

-¡Prueba de tu desfachatez, más bien! ¿Cómo te atreves a arrancar mis rosas para luego tener intención de dármelas? ¡Eran mías, sólo mías!

-¿De qué hablas, ingrato? –le gruñó Francia esta vez-, son rosas francesas, nada más que la de mejor clase. Las tuyas me encargué de que fueran a parar a las cañerías de tus tierras.

Aquello desmejoró el humor de Reino Unido. Rabiando, apartó el ramo con un violento manotazo. Las rosas fueron a parar al suelo.

-Mira lo que hago con tu amor. –Y las pisó varias veces. Se detuvo luego con un gesto burlón.

Francia se indignó del trato que su buen gesto recibió, ni siquiera se esforzó por ocultar su enfado. Reino Unido se preparó para entrarse en manos con el bastardo, dispuesto a hacerle entender mediante golpes y patadas su total desagrado hacia las galanterías totalmente absurdas. Pese a que la experiencia le decía que se aproximaba una batalla, la actuación de Francia no cambió ni un ápice. Al contrario, se contuvo y adoptó la misma expresión estúpida de siempre, ¿qué le pasaba al bastardo?

De improviso, sacó una última rosa y se la extendió otra vez. Todavía parecía estar en serio. Reino Unido ya estaba inseguro en su proceder, ¿el imbécil quería seguir con esto? ¿Por qué simplemente no se rendía y volvía a ser el mismo pestilente? Pasaron varios segundos sin que transcurriera nada, Reino Unido observó a varias criaturas mágicas reunirse alrededor de ellos, evidentemente curiosos por la escena que acontecía. Llegaban en un mal momento, odiaba que lo vieran siendo tan duro incluso tratándose de su detestable némesis; además, quisiera ser el único testigo del nuevo rechazo de Francia. Tenía que reconocer el intenso placer que le provocaba.

-Ya déjalo, primero me uno a Rusia antes de aceptar cualquier cosa tuya –comenzó Reino Unido-. Por no decir que te ves bastante patético, ¡aunque no tanto como ayer! –Y volvió a reírse estridentemente.

Los dientes de Francia castañeaban, seguro.

-Como quieras, idio-- chérie. Ten de igual forma –dijo, arrojándole la flor a sus pies- y destroza mi amor con pasión.

Francia, dando media vuelta, se retiró. Reino Unido, a pesar de que las apuestas entre los duendes señalaban que –efectivamente- destrozaría la rosa, la tomó y la observó por largo tiempo, pensativo. ¿Qué le ocurría al bastardo? ¿Hablaba en serio? ¿Estaba tan desesperado como para seguir con aquella farsa? Si era así, a él le encantaría destruir todo su engañoso afecto con ardor. Habiéndolo decidido así, comenzó a Reír Malvadamente, tanto que asustó a las hadas y demás criaturas, convencidas de que se disponía a realizar otro de sus ritos de magia negra para maldecir al francés. Por suerte para Francia, Reino Unido en realidad estaba tan desconcertado con la situación que esa idea ni se le pasó por la cabeza.


Continuará.


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