|
Author of 71 Stories |
Esta viñeta es un Sam/Ruby repleto de spoilers de la 4ª temporada y más concretamente del 4x22. Si no lo has visto, te aconsejo que no lo leas porque despiezo puntos claves del episodio. Son reflexiones de Sam sobre Ruby.
Advertencia: Pongo a parir a los guionistas a través de Sam y sí, me quedo muy a gusto con ello.
O.o A SUPERNATURAL ROMANCE o.O
-
No estaba escrito
“Está escrito que cuando un humano honrado se corrompa en el infierno, se destruirá el primer sello para desatar el Apocalipsis.
Está escrito que el primer demonio, Lilith, será el último sello.
Está escrito que sólo una criatura de carne humana y sangre de demonio podrá matarla y así abrir la puerta.
Está escrito que cuando Lucifer se alce salvará el mundo.”
-
A veces, a Sam le parecía que su vida estaba escrita por unos guionistas con un retorcido sentido del humor y grandes dosis de mala leche.
“Vamos a clavar en el techo y prenderle fuego al amor de tu vida. ¿Y en el siguiente capítulo en que conozcas a una chica? Haremos que resulte ser una mujer lobo y que tengas que pegarle un tiro en el corazón con una bala de plata”.
Sarah, aquella tratante de arte que conoció el primer año después de la muerte de Jessica, no hubiera sonreído tanto si supiera de qué se había librado. Y la Doctora Cara Roberts jamás sabría lo cerca que había estado de ser ensartada por Dean cuando creyó que era la sirena.
Pero luego estaba Ruby: ella jugaba en una liga diferente.
Era como si todo el mundo se riera de él. “Vamos a hacer que un demonio sea malo. Nadie se lo esperará y Sam menos”. El pobre y tonto Sam, engañado así, creyendo que salvaba al mundo cuando en realidad lo estaba condenando. De hecho, si la cosa no fuera demasiado seria para frivolizar con ella hasta Dean y Bobby le mirarían con condescendencia, negando suavemente con la cabeza (“El muy ingenuo de Sammy ni se lo vio venir”) como quien espera llegar a la tercera base con la hija del reverendo y acaba la noche con un tortazo en la cara y una puerta que se le cierra en las narices, para después tener que soportar las burlas de sus amigotes.
Pensarlo le pone furioso. Se odia a sí mismo por lo que ha hecho y la odia a ella, mucho. Pero al mismo tiempo sabe que no fue tan estúpido (bueno, vale, fue bastante estúpido, pero no en todo), que hubo cosas que no se imaginó.
Su manera de mirarle cuando creía que no le veía, cuando algo indefinido cambiaba su rostro y borraba su expresión burlona o la gravedad de los últimos tiempos. No le miraba como se mira a una mascota a la que estás alimentando para lanzarla a perseguir un rastro igual que un perro amaestrado. Había algo ahí, un afecto latente, un afán protector que desaparecía en cuanto Sam la miraba (entonces ella cruzaba los brazos, a la defensiva, y alzaba una ceja como si estuviera preguntándole qué coño estaba mirando).
¿Qué pondría sobre eso en los Evangelios de Chuck? ¿Qué ella le observaba con un brillo calculador y malvado en los ojos en cuanto él le daba la espalda? ¿O que, efectivamente sus ojos brillaban, pero con algo demasiado escurridizo y profundo para ponerlo en palabras?
Además, ¿era realmente acostarse con él una exigencia del guión? ¿Venía en el pack de deberes de Ruby como sucesora de Azazel?
“Debo: salvarle la vida varios centenares de veces, arreglarle la Colt, prestarle mi cuchillo mata demonios, hacer que deje de comportarse como un borracho suicida y ofrecerle sexo salvaje y desesperado cuando la ocasión lo requiera. Ah, y debo entrenarle para que mate a Lilith y libere el Apocalipsis”.
¿Qué sentido tenía aquello? ¿Había fingido todo eso? ¿Todos esos encuentros hambrientos, violentos y desenfrenados en que los que la habitación entera parecía sacudirse y las farolas del motel de ocasión chisporroteaban y se fundían, dejándolo todo a oscuras, como si dos energías demasiado grandes, demasiado poderosas, se estuvieran fusionando con tanto placer que el mundo no podía soportarlo? ¿Había fingido cada estremecimiento cuando él le lamía la nuca o le mordía en la curva de la cintura? ¿Había fingido al clavarle las uñas y apretarle entre sus piernas con tanta fuerza justo antes del orgasmo? Es más, ¿había fingido cada orgasmo, cuando los ojos se le quedaban en blanco, luego en negro y con un chasquido se volvía lacia y sinuosa?
Y luego estaba todo el asunto de arriesgarse y sacrificarse por él. ¿Había sido sólo porque él era “la criatura”, capaz de romper el último sello? Si era eso, si sólo se trataba de que se consideraba prescindible y menos importante que él, ¿cómo pensaba que Sam podría llegar a matar a Lilith sin ella? Estaba aquella demonio que robaba el alma de las brujas y que estuvo a punto de hacerla picadillo. Después aquella ocasión en que se ofreció a sacrificarse para que él y su hermano pudieran salir con vida de aquella cárcel de Monument o la vez que se entregó a Alastair para salvarles a ellos y de paso a un ángel al que acababa de conocer.
Lilith sabía quién era y qué estaba haciendo, pero, ¿qué había de todos los demás? Todos los demonios que habían intentando matarla durante dos años. Si ella hubiera muerto, Sam jamás habría podido acabar con Lilith, ¿qué sentido entonces tenía morir por él? Ninguno, a no ser que quisiera salvarle la vida, independientemente de que pudiera o no cumplir su papel en esa función y liberar a Lucifer.
¿Por qué, Ruby, por qué?
A veces le gustaría tenerla delante para preguntarle todas sus dudas. “¿Me soportaste todo ese tiempo en que ni yo me soportaba a mí mismo sólo por tu misión? ¿Lograste que dejara de ser un alcohólico temerario únicamente por Lucifer? ¿Intentaste consolarme, una y otra vez, para que confiara en ti? ¿Mataste a todos esos demonios, arreglaste la Colt y me dejaste tu cuchillo tan sólo para engañarme?”.
Nada tenía sentido. Que se ofreciera a desaparecer un tiempo cuando Dean regresó para no causarles problemas, que no le arrancara la cabeza de un mordisco cuando él dejó de entrenar durante meses, que les guiara hasta Anna, que le ayudara a dar con su hermano cuando los ángeles se lo llevaron. Ni siquiera intentó ponerle en contra de Dean, la principal razón de que Sam abandonara sus entrenamientos por un tiempo. Se hizo a un lado y dejó que las cosas siguieran su curso. Para alguien tan inteligente como ella (esa cabrona siempre parecía saberlo todo) seguramente era evidente que acabarían a golpes, pero todo hubiera sido más fácil, él hubiera sido más manejable, si hubiera quitado a Dean de en medio mucho antes.
Y no podía librarse de la estúpida sensación de que cuando le dijo, justo antes de ir al Convento donde estaba la puerta que retenía a Lucifer, que cuando todo acabara él y Dean se arreglarían, lo creía de verdad.
Pero luego se despreciaba a sí mismo por intentar buscar claros en Ruby, verdades, sentimientos humanos, migajas a las que agarrarse para no sentir que todo lo que tenía que ver con ella había sido una mentira. Ella le había engañado, manipulado y entrenado para liberar a Lucifer y lo había conseguido. Punto final de la historia.
Jugó con él, con sus deseos de venganza y sus ansías desesperadas por salvar el mundo para conseguir que liberara a su Señor. En esos momentos su odio por ella se intensificaba y querría tenerla delante, no ya para hacerle preguntas, sino para acuchillarla. Destruirla, borrar su existencia de la faz de la tierra, por la cosa tan horrible que le había incitado a hacer mediante engaños. Qué paradoja: se había cargado el mundo pensando que lo salvaba. El tipo de chiste de humor negro que a Ruby le hubiera hecho tanta gracia.
Por eso cuando murió, Sam no podía verle la cara, pero lo último que vio en su rostro fue el asomo de una sonrisa. Porque cuando Dean apareció y todo su cuerpo, su expresión y su mirada decían a las claras que pensaba cargársela y disfrutar de ello más que de nada que hubiera hecho en su jodida vida, Sam la sujetó.
Ella no se lo esperaba, quizás por eso ni siquiera intentó liberarse. Se quedó en el sitio, entre sus manos y no hizo nada para evitar que Dean la acuchillara. Sam la sintió sacudirse contra su pecho y sus caderas, mientras se iba, mientras la persona que, literalmente, le había mantenido vivo durante dos años, se esfumaba para no dejar nada. Y apretó los dientes y casi cerró los ojos –no quería ver aquello, pero de algún modo sentía que debía hacerlo –como si absorbiera las vibraciones espasmódicas de Ruby, el dolor de sus últimos segundos de vida, como suyos. Así que en cuanto dejó de temblar, no pudo soportarlo más y la soltó, como si quemara. Y aún la sentía en la yema de los dedos, en cada pedazo de piel que alguna vez ella había tocado.
Se negó a mirarla cuando cayó al suelo, una muñeca sin ventrílocuo, y se obligó a pensar en cómo le había traicionado y en cuánta gente moriría por su culpa para tratar de sepultar ese dolor sordo pero rabioso en la boca del estomago, subiéndole por todo el pecho. Pero cuando la instancia se llenó de una potente luz blanca, las paredes temblaron y la pintura del techo comenzó a desprenderse y caer en medio de una nube de polvo, y al fin Dean logró convencerle de que salieran cagando leches de allí, Sam se detuvo bajo el marco de la puerta reventada y miró atrás. No hacia la luz, no hacia el agujero inmundo por el que saldría Lucifer, sino al cuerpo sin vida que se arrellanaba en el suelo. El cabello oscuro desperdigado por la superficie con forma de serpientes negras, los ojos vacíos, los labios abiertos de sorpresa y la cazadora de cuero intacta y rebelde, que parecía insinuar en que cualquier momento se pondría en pie y se acercaría a él de muy mal humor.
Después de que Dean le gritara que ese puto convento iba a venirse abajo y que quedarían enterrados en suelo santo si no se daban prisa (y eso era algo que no estaba dispuesto a tolerar) Sam logró moverse de nuevo y los Winchester salieron de allí de alguna manera. Entonces se prometió no volver a pensar en ella, pero en las noches tranquilas, cuando no estaban tirándose de los pelos intentando cómo parar el fin del mundo y se permitían dormir un par de horas, Sam no podía evitar darle vueltas una y otra vez a las últimas palabras que Ruby le dijo. Aún mientras el mundo se caía a cachos, los cazadores se apretaban el cinturón y ponían cara de póker, y los ángeles se preparaban para hacer algo de una jodida vez, sin importarles el llevarse a media humanidad por delante. Lo hacía, aún sintiéndose culpable y despreciable por ello.
Ruby le había hablado mucho de salvar el mundo. “Tú salvarás el mundo, Sam” le había dicho innumerables veces, comiendo patatas fritas, conduciendo, entrenando, cazando, follando.
Y la muy hija de puta, técnicamente no le había mentido, porque pensaba que era eso lo que estaban haciendo. Por eso, cuando la sangre de Lilith comenzó a deslizarse por el suelo, pintándole una bonita alfombra roja a Lucifer en su estreno, cuando a Sam la cabeza amenazaba con estallarle, sentía náuseas y era incapaz de asimilar lo que acababa de hacer, Ruby se arrodilló frente a él, le tocó la cara, acariciándole una y otra vez las mejillas y el pelo, y con agradecimiento, casi con adoración, le dijo que les había salvado, que había obrado un milagro.
Ella hablaba de salvar el mundo. Lo que Sam nunca había entendido era que hablaban de mundos diferentes.
Ella pensaba que el papel que a él le había tocado en todo eso suponía un tremendo honor, que sería justamente recompensando por ello, que sería feliz.
Pensaba que le estaba haciendo un regalo. Lo que Ruby nunca había entendido era que Sam jamás podría perdonarse lo que había hecho.
Por eso, a veces, todo le parecía una broma cruel de los guionistas. De los evangelistas, de los profetas o de quien hubiera escrito la Biblia demoníaca y le hubiera elegido a él para liberar a Lucifer. Como si hubieran creado a su personaje con un propósito, como si en realidad, nada hubiera estado en su mano. Como si su destino siempre hubiera estado escrito.
Sin embargo, Sam sabía que había algo que no estaba escrito. Que ni guionistas ni profetas, mientras sentaban sus culos gordos y sudorosos en sus respectivos despachos y se frotaban las manos, maquinando como joderle la vida, habían previsto jamás.
Y es que estaba seguro que en ninguna parte estaba escrito que, a pesar de todo, echaría de menos a esa zorra mentirosa.
Mi indignación al ver que todo lo que tenían reservado para Ruby fue el tópico argumento de hacerla malvada (porque vamos, a NADIE se le habría ocurrido que un demonio pudiera ser malo...) y a continuación darle una muerte tan ridícula que compite con la de Pamela fue descomunal. Un muerte tan cutre, absurda y atropellada, que desmerece la trayectoria de un personaje que ha tenido un peso vital en estas dos temporadas. Puede gustarte o no Ruby, pero creo que todos pudimos ver que la manera en que la mataron, da risa. La misma Ruby que en el 3x16 pudo darles una paliza a las dos hermanos a la vez, la misma Ruby que supuestamente se ha pasado dos años siendo perseguida por todo tipo de demonios y ha salido airosa, la misma a la que Sam con sus poderes no pudo ni despeinar, muere en 3 segundos, sin presentar batalla ni hacer nada para evitar que Dean la ensarte con su propio cuchillo, como era evidente que iba a hacer desde que entró por la puerta. A eso sumemos el hecho de las incoherencias y agujeros negros que quedan en la serie al respecto de esta revelación. Lo que Sam ha dicho por mí y más todavía. En fin, que mi cabreo fue biblíco y mi indignación apocalítpica y estuve furiosísima durante días hasta que escribí esto. Sigo enfadada y decepcionadísima con los guionistas por esto, pero qué le voy a hacer. AL menos para mí la siguiente temporada ha perdido 3/4 partes de mi interés. Sin embargo, como me hicieron comprender, para eso están los fanfics. Y aunque me planteé no escribir más de este fandom, probablemente seguiré por aquí, torturándonos.
Si alguien ha leído la viñeta y además mi biliosa nota de autor, se merece un pedacito de cielo. Gracias por todo!
Con cariño, Dry.
PD: Ah, sí, la próxima viñeta será un Castiel/Dean bastante asburdo y crack xD pero muy suave.