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Author of 48 Stories |
Solo lo diré esta vez (porque siempre me da flojerita y se me olvida): Nada me pertenece
Hecho para el Fuh-Q-Fest del Foro Drarry. Responde al reto de Saneral.
Agradecimiento a Moni, Caribelleih y Dara.
Prólogo: Infierno.
Recuerdas el tres de mayo.
El día en el que la batalla final se llevó a cabo. El día en que Harry Potter triunfó. El bien ganó, el mal fue vencido y toda esa bola de monsergas. El día en el que tú te viste atrapado en el incendio de la Sala de los Menesteres, sin escapatoria, solo. Si Potter hubiese llegado dos minutos después estarías muerto, si hubiese llegado dos minutos antes, ileso.
Ahora estabas en San Mungo, pendiente de cualquier noticia respecto a tu familia. Preocupado por los juicios, a los cuales tú no podrías asistir. Estabas convaleciente, incapacitado para declarar, pero, mientras se aclaraba todo, bajo custodia del Departamento de Aurores. No fuera a ser que un pobre diablo quemado e incapaz de moverse fuera a escapar. ¡Por favor!
Los medimagos te daban varias pociones cada par de horas, para el dolor, para evitar que las quemaduras se infectaran, para mantenerte sedado la mayor parte del día. Te tenía frustrado el hecho de pasar todo el tiempo inconsciente, pero sabías que en cierto modo era lo mejor, de lo contrario el dolor te volvería loco.
El poco tiempo que pasabas despierto lo dedicabas a pensar en tu familia, en ingeniar alguna forma para conseguir información sobre el estado de los juicios. También te lamentabas y compadecías de ti mismo. Pensabas en tu vida acabada, en las oportunidades que dejaste ir, en que ya nadie podría querer a un tipo totalmente desfigurado. Además, también había momentos en los que maldecías a Potter por haber sido tan lento, pero al siguiente minuto te sentías agradecido con él, te había salvado la vida. A veces, tenías ganas de reclamarle, de decirle que hubiera sido mejor que te dejara morir. Y, en otras ocasiones, querías gritarle a la cara que mejor forma de humillarte no pudo haber encontrado.
Todo era un maldito infierno.
Después de una semana, aunque en realidad el tiempo te era algo totalmente indefinido, tuviste una noticia que te alegró el día. No tanto por la información en sí, sino por la persona que se encontraba hablando junto a ti. Narcissa había podido verte, estaba ahí contigo, en tu cuarto. Por fin alguien conocido acompañándote.
Ella te dijo que la fecha para el juicio de ambos ya había sido determinada, sería en un mes. Ella había sido puesta en arresto domiciliario, y hubiera permanecido así de no haber sido por Potter, quién habló a su favor y dijo que era una crueldad alejarla de ti en un momento como éste.
Una vez más, no supiste si maldecir, agradecer o sentir qué respecto a Potter.
Por otro lado, Lucius permanecería detenido en las celdas provisionales del Ministerio hasta la fecha de su juicio, la cual aun no había sido fijada.
El panorama no pintaba muy bien, pero ya no pudiste tener algún otro pensamiento. La densa niebla de la inconsciencia se fue apoderando poco a poco de ti y pronto yacías dormido una vez más.
La siguiente vez que despertaste, Narcissa no estaba contigo, solo había un sanador, acompañado por un auror. Escuchaste algunas palabras y viste que ambos movían sus labios, pero no tenías ni la más remota idea de qué hablaban.
Un par de minutos más tarde, viste a tu madre entrar violentamente y hablándole de mala gana al auror. No sabías qué pasaba, estabas confundido.
Observaste como el auror quería hacer menos a Narcissa, que trataba de intimidarla. Sin embargo, no tuvo éxito alguno, terminó humillado y rumiando maldiciones. Mala idea tratar de intimidar a la mujer que le había mentido a Voldemort sin titubear siquiera.
Cerraste los ojos un segundo, o lo que pareció serlo al menos, cuando los volviste a abrir tu madre te miraba con infinita ternura y acariciaba tu pulgar izquierdo, uno de los pocos lugares en los que la piel se conservaba lisa y tersa. Te estaba protegiendo.
Pasaron dos semanas más. Ahora podías permanecer despierto la mayor parte del tiempo. Casi siempre Narcissa estaba a tu lado y muchas veces la oíste hablar sobre los planes que había hecho para ir a ver a un famoso medimago ruso, un tal Sergei Borisov. Según ella, era un experto curando a personas quemadas, era uno de los pocos que se había especializado en víctimas de fuego mágico. Si bien, ni sus servicios ni el tratamiento eran muy baratos, la inmensa fortuna de los Malfoy siempre bastaría para pagarlos.
A la tercera semana, los sanadores dijeron que ya no podían hacer nada por ti. Ni tu madre ni tú se sorprendieron, después de todo eran una bola de inútiles que no podrían curar ni el resfriado de su propia abuela. Por lo tanto te dieron de alta, no sin las debidas recomendaciones ni una buena dosis de pociones, que tal parecía durarían de aquí hasta el día en el que los Weasley tuviesen algo de clase y Potter un poco de sentido común.
Una enfermera empujaba tu silla flotante, mientras tu madre iba a tu lado, seguida de Télefo, el elfo doméstico, quien cargaba la infinidad de pociones.
Justo cuando llegaron a la recepción del hospital, lo viste. Potter estaba ahí. Preferiste fingir demencia, hacer que no lo habías visto. Con suerte él haría lo mismo y tu madre y tú podrían salir tranquilamente del lugar.
Seguramente había ido a visitar a algunos de los tantos pacientes que estaban ahí debido a que arriesgaron su valiosa vida por el elegido. Probablemente era el día en el que Potter salía de su casa cargado de chocolates, florecitas y buenos deseos para sus amigos hospitalizados, patético e hipócrita.
Te habías sumido en tus pensamientos tanto que no te diste cuenta que la silla se detuvo justo frente a él y tampoco te percataste de que tu madre se había a acercado a saludarlo. Sólo supiste de su presencia cuando él te habló, cuando un simple Malfoy, no tan agresivo ni despectivo como lo habías esperado, salió de sus labios.
¿Qué demonios? No pudiste evitar pensar. ¿Qué hacía Potter ahí y por qué tu madre lucía tan cómoda y cordial con él?
‒ Malfoy, es hora de ir a casa. Andando.
Gracias por leer, comentarios y sugerencias son bienvenidos.