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Funny Destined Love
¡Hola a todos mis queridos lectores y lectoras! Ahora si sabrán por qué se llaman “El fin justifica los medios” desde el capítulo 4. Si lo hubiera dejado como un solo capítulo, hubiera sido enorme.
Y recuerden… (Sólo por formalidad) Los personajes de Yu-Gi-Oh! No me pertenecen, son propiedad del Gran Maestro Kazuki Takahashi.
Personajes de mi creación: Horus Kaiba
¡¡¡Disfruten su lectura!!!
Capítulo 6: “El fin justifica los medios”
Parte III Cena y travesuras
Terapia de grupo. Se supone que los “Alcohólicos anónimos” son un grupo de auto ayuda, y se llama terapia de grupo por que se ayudan mutuamente con sus problemas siendo que cada uno está enfermo de alcohol. Pero… ¿Cómo se supone que se llama cuando todos tus amigos y tu hermano están en tu habitación para hablar exclusivamente de tus problemas?
— Bien faraón, ya quedamos en que sólo gustaba durante sus primeras semanas aquí, y que te enamoraste sin darte cuenta. — Decía Joey mientras que Tristán palomeó solo-Ra-sabe qué era en una revista de esas con miles de tests y quizzes de esos en los que “Verificas si te ama o no te ama” (cortesía del revistero personal de Tea) — Y también que se volvió peor apenas te besó.
— De hecho… No sé… solo que… solo me sentí muy confundido cuando me besó…— decía el faraón
—Espérate a que terminemos este test ¿De acuerdo? — Le reprimió Tea con una vena saltada— Ya lo arruinaste, esa pregunta era en caso de que contestaras “b” pero contestaste “a”
— ¿Y eso qué quiere decir? — Preguntó perplejo Atem
— No, mejor dinos ¿Cuál es tu número favorito? — Bakura intervino con otra revista en sus manos.
— Em… ¿Y si no tengo número favorito?
— ¡Tú invéntale!— le gritó Joey por encima del escándalo
— Aguarda, ouji, repíteme ¿Qué forma debe tener una mancha para que te guste? — Se amontonó Mana
— ¿No habías dicho nube?
— Olvídala faraón, —dijo Tristán empujando a la maga—… mejor dime cuál es tu estilo artístico favorito: romántico, neoclásico, prehistórico o…
— ¡Cállate y continuemos!, Haber… la siguiente es… em… número catorce… ¿Besos o algo más? —Preguntó Tea de otra revista, dejando a Atem igual de perplejo
— ¿Qué se supone que significa eso? — decía con una ceja arqueada.
— Chicos uno a la vez — Pidió Yugi con una gota de sudor enorme cayendo por su nuca junto con Ryo temiendo que pasar algo feo.
— ¡¡Haber!! Ya me hicieron bolas, unos test dicen que se enamoró a primera vista, otros que son compatibles, otros que no deberían estar juntos, otros que “sólo amigos”, otros que están destinados, otros que es un “camino accidentado” ¡No entiendo! ¡¿Qué acaso hablamos de una carretera?! — Se quejó el rubio, totalmente desesperado (se puso igual que en las noches de estudio en tiempo de exámenes) y finalmente suspiró resignado y cansado de hacer tanta pregunta rara— Oigan, no creo que esto nos lleve a alguna parte.
— ¡Eso fue exactamente lo que les dije hace una hora! — gritó el faraón finalmente sin una gota de paciencia. — no sé cómo es que estoy enamorado de Horus, comencé a cuestionarme esa posibilidad apenas me besó. Además seguro que lo hizo solo para vencerme, ya saben, “El fin justifica los medios”. Y… estoy seguro de que ella solo me ve como un amigo… — lo miraron incómodamente cerca— ¿Qué? Es la verdad…
— Te sorprenderías…— murmuró Tea.
— ¿Dijiste algo, Tea? — preguntó el menor de los ojivioletas
— Ah… nada, nada importante… se los digo después… y… ¡Miren la hora! Son las tres… Mana tenemos que ir de compras… recuerda, lo de literatura… hehehe— Salió de la habitación con mana de la mano y luego regresó por los comentaristas, el rubio y los albinos— ¡Ustedes también!
— ¡¿Y nosotros por qué?! —reclamó el albino gruñón
— ¡Para cargar lo que compremos! Ya es hora de que sirvas para algo Bakura— le gritó Tea con su humor de perros, no sin antes guiñarle levemente el ojo a Yugi.
— ¿Qué… qué fue eso? — se preguntaba Atem, parpadeando confundido por tan rara reacción
—No sé, voy a ver que pasa, mientras tanto tú podrías quedarte a resolver el rompecabezas de tu corazón ¿No crees?— Yugi salió y Atem permaneció en la habitación.
Por el momento, Atem no se sentía apto para explorar los pasillos de su mente, sentía que ahora sí se podía perder aunque el laberinto fuera pequeño. Así que mejor se puso a memorizar sus líneas para el proyecto de literatura ¿Obra? “La fierecilla domada” Acto segundo, el dialogo de Petrochio y Catalina.
Mientras que abajo, en la sala todos miraban a Tea y Mana interrogadoramente hasta que llegó Yugi donde ellos.
— ¿Ahora sí, nos puedes decir por qué nos obligaste a bajar tan súbitamente? — reclamó el rubio con una venita saltada en su frente.
— Porque no sé si… ya-saben-quien se debería enterar de lo que les voy a decir…— Comenzaba a decir la chica bailarina— verán hace un par de semanas…
Aun se encontraban en medio del desierto, con un sol inmóvil en el horizonte, parecía que por más cerca que estuviese, la noche simplemente no llegaba, pero eso no parecía importarles a Atem y la chica cuyo rostro veía como cubierto por un frondoso velo tejido por las hebras del misterio.
— ¡Mira! Parece ser un oasis— dijo la chica que tenía al faraón cogido de la mano— ¡Vamos faraón!
Avanzaron entonces e instantáneamente se encontraron en una formación rocosa en medio de la nada, rodeada por el fértil suelo característico de un oasis.
— Espera… estos no son árboles — dijo el faraón tocando lo que parecía un tronco cubierto por la maleza—… son columnas. Estas deben ser las ruinas de un templo, y...tal parece que fue uno grande.
— Vaya que lo fue— le contestó la chica misteriosa— pero apenas terminaron de construirlo fue abandonado.
— ¿Tú sabes por qué?
— Pues… dicen que este templo sólo fue creado para llevar a cabo un ritual especial, pero nunca se supo si realmente fue utilizado para su propósito.
—No sé si es mi imaginación o tú sabes más de lo que me dices
— Es tu imaginación
— Por cierto… — comenzó el otro a decir mientras con algo de pena— creo que olvidé tu nombre otra vez, ¿Te molestaría repetírmelo?
— No te preocupes— le sonrió— mi nombre es…— Poco a poco el velo que cubría su rostro se iba e desvaneciendo, junto con ella…
— ¡Espera! ¡No te vayas! — suplicó tratando de alcanzarla
— ¡No! — Atem se levantó súbitamente con la mano hacia el frente, cuando se dio cuenta de lo que hacía, se sentó en la orilla de la cama con una mirada algo triste. —… fue un sueño otra vez. — murmuró para sí mismo y luego terminó de apoyar la espalda en el colchón mirando en dirección al techo. — Otra vez ella… me pregunto quién será…— Bostezó nuevamente y luego se dirigió al baño. Eso era justamente lo que necesitaba; un buen baño con agua fría para terminar de despertarse.
— ¡Hermano! Hermano, ¿Estás aquí? — Escuchó a Yugi llamarle al tiempo que golpeaba la puerta.
— ¡Ahora salgo! — le respondió el otro desde dentro mientras tomaba una toalla
— ¿Te quedaste dormido de casualidad?
— Em… si, pero no te preocupes, solo fue una pequeña siesta — se oyó desde el interior del baño
— Bueno, solo te quería decir que quedamos de vernos con Horus a las… en media hora.
— ¡¿Qué?! ¿Ya es tan tarde? — Pobre faraón, el tiempo pasa volando como el jet de ojos azules cuando estas durmiendo plácidamente.
“¿Quién era esa chica?”
La mansión estaba vacía, pero no es que no hubiera nadie, era porque no había ningún ruido… hasta que… un sonidito de “Ding don” (Al estilo de la familia Kaiba, claro está) hizo que finalmente ese lugar dejara de sentirse como una película de espantos.
Un pelilargo camino por la instancia hasta la puerta y al abrir…
— Hola chicos, llegan justo a tiempo— les saludó el menor de los Kaiba. Como siempre, Mokuba vestía un chaleco amarillo, y una camisa rayada debajo de este, solo que esta vez la camisa era de mangas cortas y un pantalón negro. Los invitados vestían aún los uniformes de la preparatoria Dominó, a excepción de las chicas. Tea tenía puesta una minifalda con una blusa negras y un chaleco blanco, mientras que Mana llevaba una falda color rosa y un suéter azul cielo.
— ¿Qué? ¿Acaso planeaban servir la mesa sin nosotros? — Bromeó el comentarista de cabeza puntiaguda.
— No, lo digo porque onee-sama y onii-sama ya comenzaron con su competencia de cocina — Y no bromeaba, realmente ya habían comenzado los mayores a discutir sobre su habilidad innata de ser mejores en todo que el otro.
— ¡No haga eso! Te dije que nada de comino, ya tiene suficiente. — Regañaba el castaño con una cuchara en la mano.
— Esto no es comino, es orégano, no se puede hacer un buen espagueti sin orégano. — Dijo la castaña señalándole con el especiero que tenía en la mano.
— ¡No le habrás puesto más pimienta, verdad? — Le acusó el C.E.O., que en ese momento, presumía sus dotes de chef.
— Por amor de Kami, claro que no. Y tú no le hayas puesto más ajo al kurri— los papeles se invirtieron.
— Oye, se necesita más una cabeza de ajo, y tú solo le pusiste tres dientes. Esa cosa necesita sabor y a ti siempre te queda insípida.
—Tenía cinco años en primer lugar, y en segundo, obviamente no tenía sabor ¡Era un pastel de lodo! — Se excusó la otra— Además tu eres un adicto a la comida condimentada con ajo y cebolla, por eso eres tan amargado.
— ¡Horus “Kuribo” Kaiba! — Ahora sí se enojó el castaño gruñón.
— Sí, sí. Ya sé, me callo, además ya están aquí los demás. — Hizo una pausa para sacar los platos de su respectivo estante con un puchero extra en su rostro, y luego soltó una risilla con un deje de nostalgia
— ¿Ahora, qué te pasa a ti, loca? — Le miró con forma de reproche Seto.
— Es que… hace mucho que no me llamabas “Kuribo”, bueno, siempre me dices que parezco un Kuribo, o solo me llamas kaijuu (monstruo), pero… no me habías vuelto a llamar Kuribo abiertamente.
— Bueno… primero pensé que en este tiempo que estuvimos separados, habías cambiado y por eso… solo eras un monstruo indefinido, pero tal parece que sigues siendo un pequeño Kuribo, Kuribo. — La castaña sonrió, sin importarle que le volvieran a decir “pequeño monstruo esto” o “pequeño monstruo aquello”
Sirvieron la cena y a todos les gustó, fue de esas cenas con los amigos que se ven tan cotidianas y tan especiales. Se encontraban en este momento en la enorme mesa del comedor Kaiba, con sus doce asientos repartiéndose así:
El C.E.O. (con su traje blanco de oficina) en la cabeza de la mesa, a su diestra el más pequeño de la familia, y su hermana a la derecha de éste, seguida del faraón, Mana y Ryou. A la izquierda del amargado empresario, estaban Tea, Bakura, Joey, Tristán y Ducke.
“Primero me carcome el páncreas, luego me hace derramar bilis, luego besa a ese retrasado faraón,
después me tortura la psique en la cocina y ahora para colmo de males,
se sienta junto a él… lo mandaré derechito a su pirámide” —
Este pensamiento, ya saben de quién es.
— ¡Delicioso! Este espagueti es fabuloso Horu-chan— comentó Tea.
— Gracias, pero la verdad es que no lo preparé yo, lo hizo mi hermano, a él le queda mejor que a mí el espagueti. — dijo mientras Mokuba mostraba un aura depresiva en su sitio— ¿Qué te pasa otouto-chama?
— Ustedes prepararon la comida y yo no ayude, solo pude pasarles las especias… Me siento tan inútil
— Cálmate hermanito, no es para tanto— Intentó animarle la castaña ante el silencio del más alto de los hermanos Kaiba (Es que estaba muy ocupado imaginándose la mejor forma de asesinar al faraón, pero decidiéndose más por las torturas que usó el Santo Oficio de la inquisición allá por la edad media. Se preguntaba si debía de usar esa de la cabra lamiendo los pies, el potro o ese que estira los miembros hasta dislocarlos)
—Bua… no es verdad onee-sama… si soy un inútil… ahora solo por eso me volveré emo— dice cubriéndose la mitad del rostro con su cabello y saca la espada de Seto para cortarse las venas. Acto que asustó a todos, ese niño iba en serio.
— ¡Qué emo ni qué calabazas! ¡Tráeme aquí esa espada!— Dijo mientras se la arrebataba al pequeño Kaiba— ¡Y tú, hermano, deberías aprender a cuidar mejor tus cosas! — Le regañó apuntándole con el mango de la espada ni siquiera notó cuando Mokuba le dijo que era una broma.
— ¿Y tú quién eres para reclamarme a mí, Kuribo? — Sin comentarios, la castaña ya no tubo un solo argumento para derrocar el poderío de su hermano mayor, el todopoderoso señor de Kaiba Corp.
— Al menos dile algo a Mokuba— El ambiente de repente se volvió pesado en cierta forma, a lo que Joey atinó a interrumpir.
— Oigan, —hizo pausa para deglutir lo que tenía en la boca— realmente te queda bien el espagueti, Kaiba.
— Obvio, soy el mayor y el más listo. — comenzó a decir con la castaña mirándole con un puchero— y por lo tanto mejor chef que el Kuribo de en medio— argumentó mirando con presunción a la menor.
— ¿Kuribo? — se preguntó el faraón a lo que la castaña respondió:
— Es mejor a que me diga monstruo— Por increíble que parezca, el castaño paso esto por alto solo para presumir sus dotes de chef.
— ¿No crees que está un poco salado? — cuestionó el de cabeza puntiaguda.
— No, lo que pasa es que tú estás salado el día de hoy, además puedes acompañarte de un huevo duro para…— examinó la mesa como buscando algo— Horus… ¿Dónde están los huevos?
— Se quedaron en la estufa— Exclamó temiendo que algo se incendiara
— Al menos encendiste la flama, ¿Verdad? — la castaña le miró con esa expresión de “¿Tenía que hacerlo?”— Porque creo que si enciendes el fuego estarán listos más rápidamente. — Helo ahí, el increíble sarcasmo del Señor Egocentrismo.
— Yo pensé que ya estaban listos— en ese momento el peque de la familia Kaiba se hundió en su asiento.
— Ay no… — Lloriqueaba con cascaditas en lugar de ojos— … yo le dije a onee-sama que estaban listos y onii-sama me dijo que estaban crudos… ¡Pero que idiota fui!
— No te preocupes, nada que la magia de Joey Weeler no pueda solucionar— Y vieron cómo se levantaba el rubio de la mesa— ¿Esa es la puerta que lleva a la cocina, verdad? — dijo señalando una puerta justo al otro lado de la habitación, los Kaiba mayores le respondieron que sí, y en un escaso par de minutos después, regresó con una amplia sonrisa.
— Ya está, los tendrán listos en cinco minutos— Todos se quedaron sorprendidos.
— ¿Qué se supone que hiciste Joey? — Le interrogó la bailarina con total estupefacción.
— Fácil, solo los puse en el microondas— Los comensales cayeron de sus sillas ante la explicación
— ¿No hablarás en serio, o si? — La pregunta del Devlin era solo pura formalidad.
— ¿Por qué? ¿Qué tiene? Cualquier idiota sabe que el microondas lo calienta todo muy…—Se oyó una explosión por detrás de la puerta de la cocina. — ¿rápido?
—Sí, Joey — Le regañó a gritos el “cabeza puntiaguda” — ¡Pero no cualquiera es tan idiota como para no saber que nunca debes meter un huevo crudo al microondas!
— ¿Acaso no te acuerdas del experimento de física de los globos dentro del microondas por 20 segundos? —Le habló Yugi, por primera vez en todo el evento.
— ¿Eso nos lo dejaron de tarea, no?
—No me digas que la copiaste del libro de Tea— Fue todo lo que el faraón alcanzó a decir
—Em… esté… no… desafortunadamente no quiso así que… solo adiviné los resultados—rió nerviosamente el rubio
— Weeler…— El castaño se levantó de la mesa, se dirigió hasta donde Joey, quien se cubrió la cabeza con ambos brazos, pero el castaño, lejos de golpearle, pasó de largo hasta la puerta de la cocina y al abrirla… las bombas de Hiroshima y Nagasaki no eran nada comparado con el desastre que ahora era la cocina de los Kaiba.
Parecía que el orden había sido restaurado, un castaño bebía una taza de té, al igual que los demás, mientras un rubio limpiaba los escombros de la habitación contigua, ayudado por Bakura (Seto se está vengando por el comentario de la mañana)
— Maldito Kaiba… Me las pagará…— Repetía el rubio entre dientes mientras barría el piso de la cocina.
— No culpes a Kaiba, la culpa de todo esto la tiene el faraón de novena…— Soltó Bakura mientras sostenía un trapeador junto a él.
— ¿Culpa del faraón? — Paró de barrer para mirar a Bakura.
— Si, ese suertudo de lo peor. Primero se enamora de la Kaiba, luego ve su ropa interior, luego la besa en medio de un duelo, como resultado: nos invitan a comer, él no te pasó la tarea de física, por eso solo escribiste tonterías, que resultaron ser verdad y si te hubiera dejado copiar habrías recordado que los huevos en el microondas explotan, y en consecuencia no estaríamos aquí como esclavos. ¿Pero acaso lo hicieron pagar por sus errores de antes? ¡No!
— No sé qué estés pensando, pero no podemos hacerle daño al faraón, es nuestro amigo. — El rubio miraba al albino con unos puntitos acusadores en logar de ojos
— Oye, oye, no le haré nada… solo una pequeña travesura, una bromita pesada— Le contestó el peliblanco con una sonrisita de picardía.
— ¡Ah…! Pues si es una broma pesada, yo le entro compadre. ¿Qué tienes en mente? — A Joey no le interesaba la violencia sin sentido hacia sus amigos, cuando no le han hecho nada malo, pero sí haría lo que tuviera que hacer para disfrutar de una buena broma. Se acercó cómplice a Bakura.
— Decidme, decidme por favor O Gran Pillo y Amo de las Maldades — Le reverenció Joey como si se tratase de un gran gurú.
— ¿Recuerdas que el año pasado, cuando estábamos jugando fútbol y rompimos una ventana del almacén de la farmacia?
—Sí, y como te cacharon a ti y a Ryou tuvieron que trabajar en la farmacia un mes— confirmó el rubio sentado en el suelo con las piernas cruzadas.
— Bueno, pues como trabajamos muy duro para pagar la reparación de la ventana, nos dieron una pequeña recompensa, — Sacó entonces una cajita de la bolsa del pantalón— No nos pagaron con dinero, pero si con vales de descuento en cualquier producto que necesitáramos, mi baka hermano tomó un frasco de aspirinas, pero yo soy más listo y tome esto— le extendió entonces la caja a Joey
— Esto es… — Joey abrió los ojos de par en par al ver esa poderosa arma: laxantes — Pero… ¿Hasta cuándo harán efecto?
— ¿Ya viste la fecha de vencimiento? — Rió con una mueca de maldad el albino— la razón por la que esos vales existían, era para deshacerse de los productos próximos a su fecha de vencimiento.
— Y esto no es apto para consumo desde hace seis meses, entonces ¿Cuál es el plan Gran Maestro?
— Solo has lo que te digo…
Media hora, tiempo récord. Nunca nadie había logrado hacer una hazaña como esa: reconstruir la cocina de la mansión Kaiba en media hora, por consiguiente no es difícil pensar cómo terminaron las pobres víctimas.
— Ay... He aprendido una muy buena lección el día de hoy, debo respetar a los sirvientes de la casa Kaiba….
— ¡¿Qué?! Joey, ellos son un ejército, nosotros solo somos dos, y no sé cómo es que esta familia mantiene limpia esta mansión. — Gruñó el albino.
— Solo te diré, que tuve que aumentarle el sueldo a Roland. — Dijo el pequeño Kaiba colocando la taza, ahora vacía, en la mesa, junto con las otras.
— Pobre, lo compadezco, yo no haría este trabajo ni porque me pagaran un millón de dólares…— Joey estaba casi al nivel de horrorizado, sólo de pensar en limpiar esa mansión con una sola persona.
— ¿Alguien quiere más té? — Preguntó la castaña mientras cogía la cafetera, a lo que todo el mundo asintió y entre este ir y venir de las tazas, los conspiradores soltaron las pastillas en una de las tazas sin que nadie se diera cuenta.
— No, gracias Horus he bebido mucho té y lo que yo quiero saber es dónde tiene el baño los Kaiba— Expresó Bakura con algo de pena ciento por ciento fingida.
— Em… pues puedes subir las escaleras y abrir cualquier puerta prácticamente hay un baño en cada habitación de la casa. Excepto en los armarios, bodega, cocina y cuarto de lavado.
— ¡Ok! Muchas gracias, regreso enseguida— Y con una sonrisa se retiró del lugar
— M... ¿Y ustedes ayudan en la limpieza de la casa? — Cuestionó Tea.
— Es obligación de cada uno mantener en orden la habitación que use, puede ser su habitación, el cuarto de juegos inclusive la cocina.— Habló solemne Mokuba, como si fuera una proclamación real.
— Igual que cuando éramos niños, ¿Verdad onii-sama? — El comentario de la castaña confundió un poco a los demás.
— Solo que tu tienes la mala costumbre de dejar tus cosas regadas por todo tu cuarto, ¿Qué clase de educación es esa, Kuriboh? —
— Pues la que misma que nos dio papá antes de que terminara en ese internado, además ahora esta es mi casa y es mi cuarto, donde se supone que soy libre.— Se cruzó de brazos
— Además no tengo muchas cosas, y la ropa que uso es la que a ti ya no te queda — La castaña no mentía, de hecho en ese momento llevaba una camisa blanca y un pantalón que evidentemente habían pertenecido alguna vez al C.E.O. (Antes de que diera el estirón, claro está.)
—Si hago un inventario de toda mi ropa, solo tengo muchos uniformes del internado y muchas pijamas, recuerda lo estrictas que son las profesoras inglesas, y lo demás es ropa que solía ser tuya.
— ¿Profesoras inglesas? — Repitió en voz alta el albino gruñón que acababa de llegar— Pero ¿Qué no vivías en Norteamérica?
— No Joey, casi desde que mi hermano y yo nos separamos estuve en un internado en Inglaterra. ¿De dónde sacaste esa idea?— Preguntó sonriente y extrañada la castaña.
— Em… pues… del que nos presentó— miró el rubio al todopoderoso C.E.O. La castaña no tardó nada en saber a quién se refería.
— Onii-sama,¿Qué tantas mentiras les dijiste?— El C.E.O. miró a sus invitados con su expresión de mala leche y acto seguido se levanto muy serio de su lugar.
— Si me disculpan, debo ir a atender unos asuntos en mi oficina— Y a pasos agigantados el mayor de los Kaiba hizo su acto de desaparición en las escaleras. La menor suspiró, con un deje de hartazgo.
— Enserio que está paranoico, esos paparazzi vana pagar la cuenta del psicólogo— expresó con una mano cubriéndole la mitad del rostro. — En pocas palabras, ¿Qué fue lo que les dijo?— Y el que suelta la sopa es… el trío de tontos.
— Pues nos dijo que realmente son primos, que solo se vieron una vez cuando eran niños y que te fuiste a vivir a Norteamérica y que ahora tenia que hacerse cargo de ti por no sé que cosa de un testamento.— Fue el argumento que dio su líder, el rubio.
— Y también dijo que la razón por la que corren rumores sobre asuntos legales es por algo de que te adoptó como hermana— continuó el cabeza de punta.
— Y se supone que has tenido clases particulares desde entonces.— Finalizó el chico de los dados.
— Solo por curiosidad ¿Cuánto de todo esto es verdad? — Inquirió la bailarina.
— De todas las mentiras que hay ahí, la única verdad es que nos separamos desde pequeños.— fue lo que le contestó Mokuba— Bueno, ¿Por dónde empezamos?
— ¿Qué tal por el principio?— sugirió la mayor— Par empezar, sí somos hermanos se sangre. Mamá falleció al nacer Mokuba y papá nos crió el solo. Creo que… Seto tenía nueve años, Mokuba cuatro… y yo seis cuando…
— Está bien Horu-chan entendemos— La empatía de la Gardner le hizo saber que ya sabían de qué estaban hablando.
— ¡Pst! ¿Oye Ýugi, tu sabes a qué se refiere?— A excepción del rubio que susurraba en el oído del Rey de los Juegos.
— Está hablando del evento que los hizo llegar al orfanato, Joey— le contestó el Faraón que estaba junto a él.
— Luego de que eso pasó… ninguno de nuestros parientes quiso hacerse cargo de nosotros fuimos enviados a un orfanato en las afueras de la ciudad. Sin embargo… no había espacio suficiente para que nos quedáramos los tres, solo uno podría quedarse uno y los adultos nunca toman en cuenta la opinión de los niños. Así que decidieron que yo me quedaría, por ser una niña. Cuando se los llevaron a otro orfanato creí que no volvería a verlos. Además, no pasé mucho tiempo ahí, tal vez solo fueron seis meses.
— ¿Y cómo terminaste en Inglaterra?— interrumpió el rubio el triste relato que los tenía a todos tan atentos.
— Un día uno de los prefectos vino a mi cuarto y me ordenó que empacara mis cosas, por que alguien me había adoptado. Y de inmediato me vi a mí misma en una limusina con mi nuevo “padre” de camino al aeropuerto para tomar el primer vuelo con rumbo a Londres.
— Eso significa… que tu padrastro era… — empezó a decir el faraón.
— Era Gosaburo — Le respondió Mokuba — Cuando mi hermano lo venció, Gosaburo se negó a incluir a Horus en el trato, pero vio que Seto haría lo que fuera por mantenernos unidos sí que Gosaburo adoptó a Horus sin que nos enteráramos y nos hizo creer que alguien más lo había hecho solo para presionar a Seto en sus estudios.
— ¿Podrían explicarme, que esa parte no la entiendo? — Pidió el comentarista con cabeza de punta.
— Tal parece que con esa jugada Gosaburo amenazó a Seto de enviar lejos a Mokuba tal y como lo había hecho conmigo. La verdad, no odio a Gosaburo por esto y tampoco le tengo simpatía por lo que nos hizo, ya que solo lo ví pocas veces, la primera fue en la limusina hace diez años, la siguiente fue la ceremonia de clausura del primer periodo que pasé en el internado; le volví a ver hasta que tuve diez años en este me hizo una especie de “examen” pare ver si era digna de llevar el apellido Kaiba y la última fue a los once. Nunca le importé en ningún sentido, no tenía un propósito como Seto para él y todos los gastos del internado los pagaba automáticamente Kaiba Corp.
— La buena noticia, es que gracias a eso encontramos a One-sama. — todos giraron la cabeza hacia Mokuba — Verán, cuando Seto tomó el control de la compañía tuvo que revisar muchas cuentas de gasto y reacomodar presupuestos desde que cerró el departamento de desarrollo de armas de Gosaburo. Y hace relativamente poco, cuando encontramos a Noah, nuestro querido hermano virtual se dedicó a formatear el sistema y encontró este “desvío” de capital de Kaiba Corp, claro que no era nada comparado con el resto pero mi hermano quería saber de que era. Y lo demás es historia, solo investigamos a quién le pertenecía esa cuenta bancaria, fuimos a Londres y trajimos con nosotros a onee-sama.
— Enserio no puedo creer que mi hermano les contara eso — cabeceó la castaña — Los paparazzi no conocen la ciudad de Dominó. Saben que aquí esta la oficina, pero creen que vivimos en Tokyo… necesitamos un psicólogo para mi hermano. — El ambiente fue interrumpido por un polifónico de Lucky Star , acto seguido la castaña Tomó su celular — Woshi moshi…? ¡Ah! ¿Qué no puedes bajar por la escalera? ¿Eh? ¡¿Eh?! — La chica se veía muy sorprendida — De acuerdo, ya voy ya voy. — Guardó su celular en el bolsillo del pantalón — Discúlpenme un momento — Se dirigió a la puerta debajo de las escaleras y sacó una caja con lo que parecían ser treinta y dos rollos de papel higiénico.
— ¿Y eso? — el cabeza puntiaguda quedó boquiabierto al ver esos rollos de papel.
— No sé, mi hermano dice que desapareció todo el papel higiénico de los baños así que…
— Esto me recuerda, ¿No debieron haberle hecho efecto ya? — Preguntó el jóven inu al gurú en voz alta.
— ¿Qué cosa? ¿Efecto de qué a quién o qué? — Les acusó con la mirada Ducke
— Es que le íbamos a hacer una broma Atem y le pusimos laxantes caducos en la taza del té
— ¡Idiota! — le gritó el albino — nos equivocamos de taza — Para su desgracia, la castaña puso accidentalmente su celular en modo altavoz y esto llegó a oídos del señor egocentrismo. Volvió a sonar el celular de la castaña pero esta vez casi de inmediato opuso en modo de alta voz.
— ¡Ustedes! Basura y Weeler, ¡Apenas salga de aquí me las van a pagar! — Los otros temieron por su vida y le rogaron a Horus que no le llevara el papel higiénico a su hermano por que les esperaría un santo castigo impartido por el Santo Oficio: Limpiar todos los baños de la Mansión de los Kaiba.
— Vean el lado amable, al menos aprendieron algo de esta experiencia, ¿Verdad Joey? — Le cuestionó Yugi, preocupado por el déficit de aprendizaje en su amigo rubio.
— Si, aprendí algo muy bueno que me va a servir por el resto de mi vida. — Dijeron los traviesos cruzado de brazos.
— ¿Qué no es bueno hacer bromas con laxantes? — Tea
— ¿Qué hay que acabar siempre la tarea de física? — Tristán
— No, que los Kaiba son muy sabios con sus elecciones y por lo tanto sólo usan del pachoncito — Todos se fueron de espaldas por las palabras del rubio (Con la excepción de los miembros de la susodicha familia, esa era la verdad.)
— Apoyo esa elección, por que el otro raspa y te deja rosado como pompis de bebé. — Escuchen a Bakura.
— Alguien golpéelo — pidió el C.E.O. al otro lado del celular. Acto seguido Tristán le profirió al rubio un coscorrón en el medio del cráneo (Hasta hizo que se mordiera la lengua el pobre inu)
Ya era tarde y las estrellas pintaban el cielo brillando con tal intensidad que parecían bailar una caleidoscópica danza de lejanas luces en un efímero vals. Mientras que los chicos se disponían a tomar la limusina que los llevaría directamente a casa. Uno a uno ban subiendo (claro, cada quien con su plática) hasta que solo quedaron fuera Tea y el faraón que conversaban animadamente con la castaña.
— Esta noche ha sido grandiosa Horu-chan, tal vez podamos reunirnos así más seguido. — le sonrió Tea
— Tienes razón Tea, pero recuerda: se van solo por que quieren, y por que tienen que hacerlo o los regañarán igual que mi hermano a mi — Si, la castaña no se salvó de un buen sermón por parte de su hermano, aunque no fue por el hecho de que no regreso a la casa en toda la noche, si no por “haber besado a un idiota”.
— Jajaja — rieron Tea y el gobernante, mientras este último se alejaba poco a poquito al sentir una mirada asesina proveniente de un poste de luz muy parecido al C.E.O.
— Tienes razón, ya debemos irnos
—Por cierto Tea— Le llamó la chica Kaiba a la bailarina.
— ¿Qué sucede Horu-chan? — Cuestionó la mayor
— Gracias por el consejo que me diste la otra semana— le sonrió con sinceridad.
——Flash back——
Se divisaban unas chicas caminando desde direcciones opuestas por el pasillo, iluminado por el sol vespertino.
— Ne, Horu-chan ¿Qué haces aquí tan tarde? — preguntó la que llevaba el uniforme rosado
— Hoy tenia práctica de Aikido, vengo de los vestidores. ¿Y tú? — decía la castaña del uniforme azul con un pequeño bulto en la mano derecha, donde, aparentemente, se encontraban su uniforme y su cinta, también llevaba un estuche negro en la otra mano.
— Necesito practicar para el examen de música, así que le pedí unas horas de asesoría a Kirasagi-sensei— Repentinamente preguntó— ¿Ya te vas?
— No, mi onii-sama llamó y dice que está atrapado en el tráfico, así que tendré que esperar un poco más. Le pasa seguido últimamente.
— ¿Quieres que te acompañe? — preguntó la bailarina.
— ¡Claro! —Dijo efusiva la Kaiba mientras caminaban a los jardines de la escuela y se sentaban bajo la sombra de un gran árbol de cerezo.
— Tea, ¿Te puedo hacer una pregunta? — La castaña estaba algo cabizbaja y seria en ese momento.
— Claro… ¿De qué se trata? — a Tea le extrañó verla en ese estado de seriedad repentina.
— Bueno… si te enamoras de alguien ¿Qué es lo más sensato? — preguntó ingenua la kaiba.
— Lo más lógico es decírselo, esperando que la otra persona sienta lo mismo— habló Tea con cierto tono de sabiduría en su voz.
— ¿Y si esa persona no siente lo mismo?
— Pues hay muchos peces en el mar, así que no importará mucho.
— Y… ¿qué haces si no te sientes con el valor de confesar tus sentimientos? — preguntó nuevamente la pelilarga.
— Pues… lo mejor es darle indicios a esa persona, y sabes, pequeñas pistas para que se dé cuenta de lo que sientes, aunque muchas se desesperan y terminan confesándolo cara a cara— rio un poco la otra.
— ¿Tú lo haz intentado alguna vez? — interrogó la Kaiba, haciendo que la mayor dejara de reír repentinamente.
— No, la verdad es que yo le gusto también, y solo espero a que él me lo diga primero.
— ¿Y…está mal enamorarte de tu mejor amigo? — la pregunta hizo eco en los oídos de Tea
— Claro que no, es decir ¿Quién mejor para enamorarte que tu mejor amigo? Debe ser una persona con la que te llevas muy bien, que te defiende y más importante, te quiere por lo que eres.
— M… ya veo— la chica miró hacia el frente, cuando repentinamente sonó su celular.
— ¿Onii-sama? Hai... Hai, Enseguida— Colgó el celular y se levantó — Mi hermano ya está aquí, mejor corro o me regañará. — dijo mientras tomaba sus cosas.
— ¡Espera!—La castaña apenas había dado un par de zancadas cuando la otra le llamó— Horu-chan, ¿Puedo saber quién es tu mejor amigo? — la otra chica paró en seco dudando por un par de segundos cuando finalmente dijo:
— A Atem
—— Fin del flash back ——
— De nada, me alegra que te haya servido.— Y con una ultima sonrisilla la bailarina subió al vehículo que aceleró al final de la mansión Kaiba.
CONTINUARÁ…
Hola mis queridos lectores, ¿Cómo están? Espero que muy bien y que se cuiden contra la influenza, la tos la gripe y su séquito de kleenex. Y les pido perdón por la tardanza, pero ya ven, la escuela nos hace esto.
Quisiera hacerles ciertas aclaraciones sobre el fic, ejemplo: que Mokuba se pone “medio emo”, no es mi intención ofender a nadie, solo es un chiste local. Inventamos que hay dos clases de subculturas y contraculturas y son las “I WANNA BE” o sea, aquellos que se visten o llevan consigo indumentaria de ciertos tipos (como dark, punk, gotica, emo, sketo, fresa, etc. Inclusive hay otakus I WANNA BE) pero solo lo hacen por moda, mas no por identificarse o pertenecer a dicha subcultura o contracultura (mejor para abreviar las llamaré “tribus”) así que por favor, si desean que ese chiste malo sea borrado del capítulo, solo díganme (Vigencia válida hasta 30 día después o hasta que se publique el siguiente capítulo… JAJAJA Ok, mal chiste)
Segunda: La razón de el titulo Funny Destined Love es que así se titula el arco, este fic lo dividiré por “temporadas” el titulo de todo en general es “Puzzle Hearts” y si quieren saber por qué el capítulo anterior se llama “El fin justifica los medios” entonces espero que este capítulo se los haya aclarado ¿¿ eh?? XD
Bueno, nos leemos después!! CIAO!! Matta ne!! Los quiero!! Un abrazo y un besote a todos! Y recuerden cuidarse contra las enfermedades ahora que empieza el frío (o al menos, así es aquí en el hemisferio norte) y no olviden tomarse sus vitaminitas y dormir bien.
P.D.: ¿Alguien sabe si el Maestro Kazuki Takahashi es pariente de Madame Rumiko Takahashi?
Buenoo,matta ne!!! Tengo sueño así ue Oyasuminasai!!