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02.- Introducción de Gotsumon y Rakugamon
Han pasado seis meses desde entonces. Había terminado mi último rondín por la zona sur del continente Folder. En ocasiones me arrepiento de dejar heridos a varios Digimon inocentes, pero es mi trabajo. Debo mantener el orden en los dominios de Torkaimon-sama, a cambio de... ya saben qué. Debido a mi organización con los planes que debíamos aplicar para mantener el orden en la zona, me gané el favoritismo de Torkaimon-sama, dejando a Onagimon bajo mis órdenes.
Eso no fue algo que le agradó a Onagimon, de hecho, comenzó a odiarme por eso, pero si Torkaimon-sama había dado esa orden, no tenía más opción que obedecer...
-Has hecho un excelente trabajo, Rakugamon. -dijo Torkaimon mientras saludaba a sus dos esbirros en su castillo.
-Por favor, -contesté apenado a la vez que servicial. -llámeme Daisuke mientras esté en mi forma humana.
-Y tú, Onagimon, ¿no pudiste controlar ni a una aldea de Tanemon? -gritó furioso nuestro jefe.
-¡Yo...! ¡Fue culpa de Rakugamon! -espetó Onagimon mientras me señalaba y descargaba en mí toda su ira.
-¿Qué? -contesté gritándole. -¡Yo ni estaba allí cuando te pasó eso! ¡Además no entiendo cómo pudieron vencerte con su ataque de Bubble Blow!
-¡Ya te dije que odio bañarme! -gritó como si con su excusa pudiera disculparse de su incompetencia. -Además, ¿cómo pudiste saber que fue un ataque de Bubble Blow?
-Los Tanemon publican un periódico semanal. -contesté mientras le enseñaba la edición del "Tanemon News" donde mostraban una divertida imagen de Onagimon gritando y pataleando mientras un grupo de Tanemon lanzaban sus burbujas contra él.
-¡Silencio los dos! -gritó con furia Torkaimon. -¡Parecen un par de escuincles discutiendo sin parar!
-Torkaimon-sama... -intenté disculparme. -Si no se ha dado cuenta, soy un niño, a pesar de que pueda "evolucionar" a una forma Digimon.
Torkaimon comenzó a reírse sin parar.
-Creo que hice una excelente elección al tomarte como mi servicial esbirro. -dijo mientras se enjugaba las lágrimas producto de su efusiva carcajada. -Has sido muy eficiente, mucho más que a este sujeto que tengo como esbirro. -dijo nuevamente mientras señalaba a Onagimon. -Eres de gran ayuda, le haces honor a tu nombre, Daisuke.
-Todo sea por llevarlo a la cima del Digital World, Torkaimon-sama. -contesté de nuevo mientras me inclinaba hacia él, lo cual odiaba hacer.
-Perfecto, perfecto. -dijo Torkaimon. -Viendo las cosas como están, tendré qué declarar a Rakugamon, alias Daisuke, como mi primer oficial, dejando a Onagimon como tu sub-oficial.
-¡Pero no puede, Torkaimon-sama...! -gritó Onagimon furioso por la decisión.
-¡Claro que puedo! -le gritó Torkaimon. -¡A partir de ahora, Rakugamon será quien lidere la operación de aniquilación de los niños elegidos, mientras usted, señor Onagimon, tendrá qué obedecer todas sus órdenes!
-Pero... pero... -gritaba Onagimon a modo de berrinche.
-Torkaimon-sama ha tomado una decisión. -contesté burlonamente mientras palmeaba la espalda de Onagimon. -Lo siento Onagimon, a partir de ahora tendrás que llamarme Rakugamon-sama, o Daisuke-san, aunque te duela.
-De... de acuerdo, Rakugamon-sama... -contestó Onagimon apretando los dientes.
-Bien, ahora que soy el jefe de Onagimon, -dije como punto final. -debo retirarme al mundo real. Allí existe algo llamado "escuela", y no puedo dejar eso. Hasta mañana, señores, estaré vigilando desde fuera.
-De acuerdo, Rakugamon. -contestó Torkaimon. -Recuerda tener cuidado con los Vigilantes de la Frontera.
-Lo tendré, Torkaimon-sama. –le contesté mientras me inclinaba hacia él.
Eso sucedió hace unos cinco días. A veces me da asco ser lo que soy, pero si de esa forma, mi madre estará a salvo, es lo único que puedo hacer. Apagué la computadora, mi única puerta de acceso al Digital World, y abrí la puerta de mi habitación para salir hacia el pasillo. Bajé hacia la sala y luego me dirigí al comedor. Allí estaban mi padre y mi hermana menor Ayano. Como era costumbre, después del secuestro de mi madre, ambos estaban tristes. Para no desentonar con el momento y el ambiente de tristeza, igualmente intenté esbozar una cara triste. Eso era fácil, solo tenía que recordar como sodomizaba a las aldeas inocentes del Digital World. Era un mundo virtual, o al menos eso creía, pero me daba lástima pedirles tributo para evitar que sus vidas se esfumaran.
-Daisuke... -contestó mi padre. -Han pasado seis meses desde que secuestraron a su madre. Sería buena idea si apagaras un instante la computadora y decidieras venir con nosotros este domingo a la iglesia para rezar por el bienestar de su madre.
-Eso... eso sería una buena idea...-contesté en voz baja y sin despegar la mirada del plato de comida.
-Papá... -dijo Ayano. -¿Cuándo volverá mamá?
-No lo sé, hija mía. -contestó mi padre. -No lo sé.
-¿Y no ha dicho nada la policía? -le pregunté a mi padre.
-Nada, si en dos semanas no encuentran pistas de su madre, seguramente dejarán de buscarla.
-Mamá... mamá... -comenzó a llorar mi hermana menor.
-Tranquila Ayano, tranquila. Si la policía no la busca, moveré mar y tierra hasta encontrarla, te lo juro. -contestó mi padre para tranquilizarla.
Yo también quise llorar. Era una carga muy pesada el saber dónde estaba, y no poder decirlo por temor a Torkaimon. Además, era un mundo virtual, un mundo que se hospedaba en la red. ¿Cómo iban a creerme que mi madre estaba en un mundo que nadie sabe que existe? Terminé mi cena, y me dirigí a mi cuarto.
Al llegar a mi habitación, cerré de nuevo la puerta con llave, me tumbé sobre mi cama y comencé a llorar. Lo hice, porque no quería ver a mi hermana sufrir por mi culpa. Era su hermano mayor y debía verme fuerte para ella. En segunda, porque me odiaba a mí mismo y a lo que era o hacía en ese algo llamado Digital World. Y en tercera, porque odiaba con todas mis fuerzas a Torkaimon, pero esperaba que cumpliera su promesa. Si era de ese modo, sólo tenía que obedecerle, pero me sentía sucio.
Al día siguiente, fui a la escuela primaria como de costumbre. Las clases se desarrollaron de forma normal, todo resultó como siempre. Durante la hora del recreo, iba en ocasiones al baño y revisaba desde mi celular la región del continente Folder, tal y como me lo ordenaba Torkaimon. Nada, nada fuera de lo normal. De ser así, sólo regresaba al recreo e intentaba jugar con los demás.
Al terminar las clases, decidí quedarme un momento para terminar algunas tareas. Prefería pasar el tiempo allá y no en mi casa. El estar frente a mi computadora personal me recordaba mucho a Rakugamon, a mi jefe Torkaimon, y a mi servicial "soldado" Onagimon.
En la sala de computadoras de la escuela se encontraban: Rina y Mizuki, dos amigas inseparables de mi misma aula. No sé si esto sirva de mucho, pero Rina era la niña que intentó por todos los medios terminar la pelea entre el botijón de la clase y yo. Mizuki fue la que llamó al director. Ambas se encontraban realizando una pequeña investigación. Si tan solo mi compañero de investigación no se hubiera enfermado de varicela... Pero no puedo quejarme, ese chico era bastante enfermizo. La semana pasada le dio influenza, y hace un mes contrajo dengue. ¿Cómo le hace para ser tan enfermizo?
Por fortuna ya estábamos a punto de ir de vacaciones de semana santa. Dos semanas para no hacer nada. Pero era mejor ponerse las pilas y no dejar las tareas para el último instante.
En las computadoras que se encontraban a una fila al frente de mí estaba otro grupo conformado por Akio y Hiroshi. Akio era el sujeto que me tomó de las muñecas y me dio mis golpes de "bienvenida" al colegio. En cambio Hiroshi era más relajado, generoso y prudente. De hecho era el más destacado de la clase, claro, después del botijón de la clase, quien sólo era el más destacado por ser el consentido de la profesora.
Decidí no distraerme, tenía que terminar pronto la investigación sobre la piratería en las costas del golfo de México. Mientras navegaba con las páginas, de pronto me topé con una página que había visto tiempo atrás: el sitio web del Digital World. Me pregunté de nuevo por qué aparecía esa página frente a mí.
Intenté cerrar la ventana, pero no se dejaba. Miré hacia mis compañeros del frente y noté que ambos tenían la misma página frente a nosotros. Volteé hacia donde se encontraban Rina y Mizuki, y menuda sorpresa la que me llevé al verlas en la misma página. ¿Qué diantres pasaba aquí?
De pronto, mi celular comenzó a sonar. Al mismo tiempo, escuché cómo los celulares de mis compañeros se activaban también. Esto ya empezaba a dar miedo, aunque quizás no tanto si tenía que tratar con Torkaimon todos los días. Tomé mi celular, y vi que me había llegado un mensaje de texto. Lo abrí y me espanté de lo que decía allí: "Has sido elegido para visitar el Digital World. Tu Digi-ID es el siguiente: 112XXXXXXXX. Introdúcelo en la pantalla que está frente a ti y disfruta tu destino."
"¿Qué carajos estaba pasando?", me dije. Curioso, introduje el código en la pantalla de mi computadora, y al oprimir el botón de Acceder, un fuerte destello me cegó por unos instantes. Sentí que caía a un profundo vacío, y de ahí, no supe qué mas pasó...
-Daisuke... Daisuke... despierta Daisuke... -me gritó una voz que, mientras abría los ojos, localicé frente a mí.
-¿Eh? ¿Quién me habla? -contesté desorientado.
Al abrir los ojos, vi a un Digimon (o al menos así Torkaimon me dijo que se denominaban) con una cabeza fragmentada a tal grado que parecía estar hecha de rocas. Al ver al susodicho frente a mí, me levanté sobresaltado pidiendo una explicación.
-¿Quién? ¿Quién eres tú? -grité mientras me recuperaba del susto.
-¡Daisuke! -gritó el Digimon mientras corría directo a abrazarme. -¡Qué bueno que estás bien! ¡Yo creí que estabas muerto o algo!
-No me has respondido a la pregunta que te hice. -dije algo molesto mientras me estrujaba. -¿Quién eres y por qué sabes mi nombre?
-Ah... esto... –me soltó y se quedó pensativo el Digimon. -Mi nombre es Gotsumon, y soy un Digimon de tipo roca.
-¿Go... Gotsumon? -pregunté.
-Sí, y te estaba esperando.
-¿Cómo que me estabas esperando? -le dije mientras pensaba lo peor, que a lo mejor él sabía mi otra identidad.
-Esto... no sé cómo explicarlo... -me dijo Gotsumon. -Sólo te vi caer desde el cielo y me di cuenta que eras tú, mi amigo Daisuke.
-¿Y cómo sabes mi nombre? -pregunté nuevamente.
-Cuando te vi caer del cielo, me di cuenta que tenías aspecto de Daisuke, así que me imaginé que debías ser él. -contestó rotundamente Gotsumon.
-Esto... -le dije un poco mosqueado. -como si "Daisuke" fuera un objeto o algo así...
Gotsumon y yo comenzamos a caminar para ver si encontrábamos algo de ayuda.
-Pero bueno... ¿dónde se supone que estamos? -pregunté, a pesar de que sabía dónde estábamos.
-Este lugar se llama Digital World. -me contestó Gotsumon mientras volteaba a su alrededor. -Estamos en la zona sur del continente Folder. Es una zona muy insegura.
-¿Digital World? -pregunté a pesar de que sabía muy bien esa respuesta. -¿Por qué es insegura? ¿No estamos en Ciudad del Valle?
-¿Ciudad del Valle? -preguntó Gotsumon como si no supiera de qué le hablaba. -¿Qué es una "Ciudad del Valle"?
-Nada, nada, olvídalo. -le dije para que no se sintiera mal. -¿Qué tan inseguro es este bosque? -pregunté mientras volteaba a mi alrededor y lo único que veía eran puros árboles.
-Demasiado inseguro. -contestó Gotsumon asustado al momento que comenzó a relatar. -Hace alrededor de seis meses, esta zona ha estado dominada por tres demonios. Torkaimon, Onagimon y Rakugamon.
-Rakugamon... -repetí en voz baja. Al parecer el nombre de mi otra identidad estaba haciendo eco en el continente.
-Sí, ese es el más peligroso de todos. -me dijo Gotsumon con un poco de miedo. -El sólo escuchar su resoplido me da mucho miedo.
-Si lo cuentas de esa forma, entonces sí debe ser un sujeto malo. -contesté mientras fingía tener miedo para no levantar sospechas. -¿Y qué es el Digital World?
-El Digital World es este mundo que ves. Es donde vivimos nosotros, los Digimon.
-¿Digimon? -pregunté de nuevo para que Gotsumon no pensara que conocía una buena parte de su mundo. -Cada vez que hablas me dejas con más dudas...
Mi réplica fue interrumpida por el grito de una niña.
-¡Auxilio! ¡Quítenme esta cosa de encima! -gritó la niña, quien al yo voltear hacia donde provenía la voz, me di cuenta que era Rina.
-¿Qué pasa Rina? -pregunté un tanto alarmado por sus gritos.
Rina intentó calmarse un poco, pero, supongo que al ver a Gotsumon junto a mí, volvió a gritar con desesperación.
-¿¡Qué es esa cosa tan espantosa! -gritó Rina señalando a Gotsumon.
-¿¡A quién le llamas "cosa espantosa"! -gritó Gotsumon enfadado por aquel comentario.
-¡Basta, tranquilos! -intenté tranquilizar a Rina. -Rina, él es Gotsumon. Gotsumon, ella es Rina. -le dije esta vez a Gotsumon mientras le daba una pequeña palmada en la espalda intentando empujar buenas migas entre los dos.
-¡Mu... mucho gusto! -contestó Gotsumon con total naturalidad.
-Igualmente... -dijo Rina mientras le tendía la mano con algo de miedo.
-Ahora que estás más tranquila, -seguí diciendo. - ¿podrías decirme por qué gritabas tanto?
-Bueno... -me contestó Rina. -Un pájaro feo y rosa me seguía por todos lados.
-¿A quién le llamas pájaro feo y rosa? -contestó un Digimon que venía detrás de ella.
Por el aspecto que noté, supe claramente que se trataba de un Piyomon. Por lo que sabía, los Piyomon son demasiado amigables y no se separan jamás de sus amigos. Y eso lo dejaba notar muy en claro ya que, incluso cuando Rina se ocultaba detrás de mí, Piyomon la seguía.
-Rina, ¿dónde te metiste? -escuché que una niña gritaba. Por la voz, supe claramente que se trataba de Mizuki.
-¡Mizuki, qué bueno que estás aquí! -contestó Rina aún ocultándose detrás de mi espalda. -¡Tengo mucho miedo de todo esto!
-¡Por eso, yo Piyomon, siempre estaré a tu lado para protegerte, Rina! -contestó Piyomon.
-¡De eso tengo miedo! -contestó Rina.
-Tranquila Rina. -le dijo Mizuki en un tono calmo. -No pasa nada, ya verás que pronto regresaremos a casa. Además, estas criaturas son muy amigables. -dijo mientras señalaba a un Patamon volando detrás de ella.
-¡No tienes por qué decir eso, Mizuki! -contestó Patamon mientras se sonrojaba.
-Lo que me extraña y mucho, es que estos personajes se sepan nuestros nombres. ¿No crees, Daisuke? -me preguntó.
-Eso mismo estaba pensando... -contesté mientras adoptaba una pose fingida, que poco a poco se iba desvaneciendo.
-¿A poco están aquí el trío de niñitas? -gritó alguien, al parecer se trataba de Akio.
-¡Tenía qué estar aquí el más odioso de todos! -gritamos los tres al unísono.
-¡Por favor Akio! -contestó un Gaomon quien le seguía. -¡No sea tan malo con ellos!
-¡No soy tan odioso como creen! -nos contestó. -¡Si fuese el más odioso de todos, estaría hecho una bola y sería el sobrino de la profesora!
Al decir eso, nos pusimos a reír todos, excepto los Digimon. Al parecer todos estábamos de acuerdo en que ese tipo era un odioso.
-Esto... contestó otro más que había llegado. Al parecer se trataba de Hiroshi. -¿Alguien podría decirme en dónde estamos?
-Estamos en el Digital World, Hiroshi. -contestó un Digimon con forma de tortuga, el cual según mis pocas informaciones, se llamaba Kamemon.
-Oh, es una tortuga. -contestó Mizuki mientras se acercaba a Kamemon. Éste se ocultó dentro de su caparazón, y al hacer esto, todos nos reíamos.
Pero las risas desaparecieron cuando un fuerte estruendo se produjo en las cercanías de nuestro punto de reunión. "Ojalá no sean...", me dije a mí mismo con un poco de preocupación.
-¿Qué está pasando? -pregunté alarmado.
-¡Corran! -gritó Patamon. -¡Es Onagimon!
-¿O… Onagimon? –pregunté esta vez con miedo. -¿Qué es un Onagimon?
"Maldición", me dije a mí mismo. No le había la orden a Onagimon de atacar por ahora. Pero si lo pensaba fríamente, todo encajaba a la perfección. No era normal que un grupo de niños humanos irrumpiera en el Digital World. ¿Podrían ser ellos los "niños elegidos" de los que tanto hablaba Torkaimon? Entonces, ¿qué rayos hacía yo con ellos?
Onagimon comenzó a destruir los árboles y a romper el suelo con sus puños. Eso nos llenó de miedo a todos, incluso a mí. Algo estaba tramando y no entendía nada de lo que sucedía. Decidimos correr, lo más obvio que podíamos hacer.
-¡Onagimon es un esbirro de Torkaimon! –gritó Piyomon.
-¿Y quién es Torkaimon? –preguntó Mizuki mientras todo el grupo seguía corriendo.
-¡Torkaimon es el gobernante de esta zona! –contestó Gaomon.
-¡Y junto con Rakugamon, nos hacen la vida imposible! –gritó Gotsumon.
Nuestra huida fue interrumpida cuando Onagimon se plantó de cara frente a nosotros. Al hacer esto, ese monstruo comenzó a rugir. Kamemon, como era su costumbre, se ocultó dentro de su concha.
-¡Jujujujuju! –comenzó a reír maléficamente Onagimon. -¡Así que estos son los "niños elegidos"! ¡Torkaimon-sama se pondrá tan contento!
-¿"Niños elegidos"? –pregunté en voz alta.
Mis pequeñas sospechas se convertían en realidades, al escuchar la tan enorme afirmación de Onagimon. Pero no lograba entender qué tenía que ver yo en todo esto.
-¿Qué es lo que quieres, Onagimon? –se le plantó Patamon con un aire muy valiente.
-Nada malo. –contestó Onagimon en tono muy calmo. –Sólo charlar con ustedes, llevarlos a la guarida de Torkaimon y matarlos.
-¡Eres un…! –gruñó Gaomon.
-¡Silencio! –gritó Onagimon. Después de eso, se plantó frente a mí, y con una mirada insinuativa, me dijo. -¡Me preguntó qué pensará el jefe Rakugamon cuando se entere de esto!
Al decir esto, lanzó un zarpazo hacia mí, el cual me aventó hacia un árbol golpeándome fuertemente y dejándome aturdido por unos instantes, el tiempo suficiente para que Onagimon me tomara como su prisionero.
-¡Auxilio! ¡Me está apretando fuerte! –intenté gritar del susto mientras Onagimon me estrujaba con su enorme mano.
-¿Qué pensabas hacer, Rakugamon? –me dijo sonriente y en voz muy baja para que nadie escuchara.
Pero por más que intentaba contestarle, la fuerza con la que me apretaba no me dejaba ni pensar mis respuestas con coherencia.
-¡Daisuke! –gritaba Gotsumon asustado a la vez que enojado mientras veía la escena.
Los Digimon lanzaban piedras contra Onagimon, a la vez que los niños intentaban pedir ayuda a los alrededores.
-¡Déjalo en paz, Onagimon! –gritaba Patamon.
-¡Eres un…! –gruñía Gaomon.
Pero a Onagimon, ni las pedradas que recibía Durante el zarandeo que Onagimon me daba, una especie de reloj pequeño, que nunca había visto antes, cayó de uno de mis bolsillos al suelo. Éste artefacto comenzó a despedir una especie de luz blanca brillante a la vez que cálida. La luz cegó a Onagimon por un buen rato mientras lo confundía, algo que logró que me soltara. Gotsumon me atrapó para evitar que me golpeara contra el suelo.
-¿Qué… qué pasó? –pregunté algo confundido.
-¡Angry Rock! –gritó Gotsumon a la vez que de su cabeza salían varias piedras que golpearon a Onagimon. -¡Aléjate de aquí! –me gritó inmediatamente.
Tomé aquella clase de reloj que estaba en el suelo e inmediatamente guardé mi distancia de la zona de pelea. El reloj era pequeño y de color negro. El sólo tomarlo entre mis manos me hizo sentir en mi interior una especie de calidez que no había experimentado desde hacía mucho.
Al mismo tiempo, el resto de mis acompañantes notaron un fuerte brillo de sus bolsillos y de allí tomaron ellos la misma clase de relojes que tenía en mis manos, pero de colores diferentes. El de Hiroshi era azul, el de Akio era verde, el de Rina era violeta y el de Mizuki era amarillo. Instintivamente los cuatro apuntaron la luz que emanaba de esos artefactos hacia Onagimon, al ver eso de igual manera hice lo mismo.
Onagimon apenas comenzaba a recuperar la vista, cuando los rayos de esos artefactos volvían a cegarle.
-¡Air Shot! –gritaba Patamon mientras lanzaba una especie de burbuja de aire hacia el enemigo.
-¡Rolling Upper! –el grito esta vez era de Gaomon mientras daba una especie de giro y se estrellaba contra Onagimon.
-¡Magical Fire! –gritó Piyomon mientras alzaba el vuelo y lanzaba una especie de flama desde sus alas.
-¿Qué están haciendo esas cosas? –preguntó Akio al ver la danza mágica de poderes entre esas extrañas criaturas.
-¡Nos están defendiendo! –dijo Rina.
Kamemon comenzó a rodar sobre su estómago y se estrelló con la cabeza contra Onagimon. Era tímido, pero a la vez que tímido era fuerte, o al menos eso me comentaba Torkaimon durante las pocas clases acerca del Digital World que me daba a modo de información. Onagimon, al no ver quién le atacaba y no poder atacar de manera coherente hacia los demás, decidió retirarse inmediatamente, no sin antes gritar:
-¡Esto lo sabrá Torkaimon-sama!
Todos corrieron hacia mí preguntándome si me había lastimado alguna parte de mi cuerpo, a lo que yo respondía "Estoy bien" para tratar de no preocuparles. Aunque en el fondo sí estaba preocupado. ¿A qué se refería Onagimon con eso de que Torkaimon-sama se enteraría? ¿Era una amenaza para todos? ¿O se estaba refiriendo específicamente a mí? Tenía que hablar con Torkaimon pronto, pero no podía irme.
-¿Cómo podemos irnos de aquí? –preguntó Hiroshi.
-La única manera de cruzar este mundo es yendo hacia la Digital Border. –explicó Gotsumon. –Allí se alojan los Vigilantes de la Frontera. Son muy amigables, pero tienen prohibido el paso de cualquier Digimon al mundo humano y viceversa.
-¿E… está muy lejos de aquí? –preguntó Mizuki.
-Un poco, son como cuatro días de caminar.
-¿¡Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé! –gritamos todos al escuchar las palabras de Gotsumon.
-¡Quiero irme a casa ahora! –gritó Rina.
-¡Mis papás no estarán hoy en casa! ¡Tengo que estar allí a fuerzas! –protestó Akio.
-Tranquilos, chicos. –les dije para intentar calmarles. –mientras estemos juntos nada pasará. Además… -dije al señalar a nuestros amigos no-humanos. –tenemos a estas criaturas para que nos defiendan.
-Tienes razón, Daisuke. –dijo Gotsumon mientras orgulloso se mostraba ante los demás.
-Pero esos tres demonios son persistentes. –contestó Kamemon, quien no había pronunciado casi palabra alguna durante nuestra travesía. –En cualquier instante podrían venir y atacarnos nuevamente.
-Entonces tenemos que apresurarnos y llegar hacia ese lugar. –contestó Hiroshi.
Todo el grupo asintió con la cabeza. Y así comenzamos nuestra marcha, siendo nuestros amigos los guías hacia la zona. Esto me estaba fastidiando. ¿Cómo podría escapar para ir hacia el castillo de Torkaimon y presentar mi informe del día?
Mientras tanto, todos apreciábamos la extrañeza de la zona. Durante la travesía encontramos un tramo completo lleno de televisores, pero ninguno tenía botón de encendido alguno. En otro trozo del camino encontramos consolas de videojuegos de color blanco con un sector verde. Akio en ocasiones hacía bromas sobre lo que veíamos.
Ya estaba anocheciendo, así que decidimos acampar cerca de un río. A pesar de la extrañeza del caudal, el cual parecía llevar bloques de agua pequeños, pudimos meternos en el río y darnos un baño que en verdad necesitábamos. De noche, todos acampábamos cerca de una fogata, e intentábamos dormir como se pudiera. La soledad de estar en un mundo que no conocíamos (o al menos ellos no conocían), nos hacía sentir pequeños y asustadizos.
Pero yo no estaba preocupado por regresar a casa. Más bien, estaba preocupado por hablar con Torkaimon-sama lo antes posible. No pude dormir esa noche, así que mientras ellos dormían, me escabullí sigilosamente tratando de no hacer ruido, y caminar algunos metros hasta que no pudieran verme. Me escondí detrás de un árbol. Torkaimon-sama me había dado una aplicación útil que podía instalarse en un celular y con unos cuantos botones, ir directo a su guarida.
Pero no encontraba mi celular, no lo veía por ningún lado, a pesar de que recordaba llevarlo conmigo antes de caer a este mundo. Lo que encontré en su lugar fue ese extraño reloj. Intenté revisarlo para ver qué traía, y encontré varios menús. El primero decía "Digimon camarada". En él encontré la información de Gotsumon, y más abajo aparecía la información de Rakugamon. No entendía nada de lo que tenía en mis manos.
Indagando más a fondo pero de una manera rápida, encontré lo que buscaba. La forma de ir hacia el castillo de Torkaimon. Y con sólo oprimir un botón, caí inmediatamente frente a Torkaimon. Intenté presentar mi informe del día de hoy, pero un tremendo golpe que me envió hacia el fondo del castillo me dejó aturdido y asustado.
-¿¡Cómo que eres uno de los niños elegidos! –gritó Torkaimon mientras me veía rodar por el piso.
-No entiendo de qué me habla, Torkaimon-sama. –intenté contestar del miedo.
-Onagimon ya me informó lo que hiciste. Lo atacaste y lo dejaste imposibilitado para atacar. ¿Crees que puedes traicionarme así?
-No le he traicionado, Torka… -intenté contestar, pero al ver que mi jefe lanzaba un rayo hacía mí, el cual quebró el muro, corrí con todas mis fuerzas para apartarme del sitio.
Torkaimon corrió hacia mí, y viéndome frente a frente, me dijo:
-Mira, Rakugamon. Sabes bien lo que le puede pasar a tu querida madrecita si llegas a traicionarme. Así que ve pensando bien de qué lado te conviene estar.
-Torkaimon-sama… -intenté contestar lo más apresuradamente posible. –Yo no sabía que esos sujetos eran esos niños de los que usted hablaba tanto. Y tampoco sabía que yo lo fuese…
Torkaimon se dio media vuelta asqueado y caminó hacia su sillón.
-¡Torkaimon-sama! –grité.
-¿Qué quieres idiota? –me gritó Torkaimon.
-Tengo un plan para aprovechar lo que ha pasado.
-Y dígame, señor Rakugamon, ¿cuál es su plan?
-Si de verdad soy uno de esos niños elegidos, entonces puedo aprovechar mi situación para espiarles internamente. Podré estar demasiado cerca del enemigo, podré enviarle a usted todo lo que ellos vayan a planear y a dónde irán. En cualquier instante que estén debilitados, puedo apartarme de su grupo, mostrar mi otra cara y aniquilarlos. Nadie podrá desconfiar de mí.
-¿Estás seguro de poder hacerlo? –preguntó Torkaimon.
-Por supuesto, Torkaimon-sama. De eso no se preocupe. Y dígale a Onagimon que no intente atacarme, que por más que parezca estarles traicionando, en realidad sólo seré un agente encubierto.
Así me despedí de Torkaimon, y regresé hacia donde se encontraban los demás. Noté que ninguno se había despertado, y eso era de lo mejor. Esperaba poder cumplir a cabo mi objetivo de eliminarlos. Pero no sabía si podría hacerlo. Sólo esperaba que el estar varios días más junto a ellos no desencadenara una amistad con ellos ni con Gotsumon. Pero por ahora sólo restaba dormir.
Continuará…
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