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Anime/Manga » Digimon » The Digital World Chronicles
Gargadon
Author of 3 Stories
Rated: K+ - Spanish - Adventure/Drama - Reviews: 16 - Updated: 09-05-11 - Published: 04-18-09 - id:5004183
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03.- Un día más lejos del hogar.

-¡Torkaimon-sama! -grité entre sollozos. -¡Por favor no lo haga! ¡He cumplido mi parte del trato!

-¡Esto te enseñará a jamás traicionar a un demonio! -gritó Torkaimon a la vez que rompía el tubo donde se encontraba encerrada mi madre, la tomaba por completo y la lanzaba desde un precipicio perdiéndola de vista.

Desperté sobresaltado después de haber visto una escena que parecía demasiado real entre mis más grandes pesadillas. Estaba consciente de que eso sucedería si no me apresuraba a cumplir mi propósito. Tomé aquel extraño reloj para ver los datos de aquellos seres que podía manejar ahora y me detuve al ver la imagen de Rakugamon frente a mí. Me sentía extraño estar en un grupo donde sabía que debía traicionarles tarde o temprano. Debía ganarme la confianza de todos, eso no era difícil. Quizás lo más difícil era tratar de no hacer amistades con nadie para que la traición no me doliera tanto.

Miré a mi alrededor y vi a todos todavía durmiendo. Akio y Hiroshi dormían separados. Hiroshi como siexmpre, parecía tener miedo, aunque no me esperaba lo mismo de Akio. Siempre pensé que era un tipo que no le tenía miedo a nada y que con su fuerza podía conquistar lo que quisiera. Rina y Mizuki dormían abrazadas. Rina había estado llorando toda la noche, y eso podía notar en las lágrimas secas que parecían estar escurriendo de sus mejillas. La verdad, entendía a la perfección cómo se sentían todos. Estábamos en un mundo diferente, sin posibilidad de regresar a casa por ahora, separados de nuestros padres y de nuestras madres...

"Madre", pensé. En ocasiones me escabullía hacia los calabozos del castillo de Torkaimon e iba a visitar a mi madre secuestrada. No me contestaba ni me escuchaba, pero su rostro lucía tan angelical como siempre lo conocía. En ocasiones lloraba, y en otras maldecía a Torkaimon. Hasta ahora no me había puesto a valorar lo poco que tenía. Era cierto que mis padres nunca me prestaban atención, pero aún así los quería. Por eso haría todo lo posible para no ver a mi padre o a mi hermanita sufrir.

Dejé mis tristes pensamientos a un lado y regresé a la "realidad" donde me encontraba. Miré hacia el cielo y vi quizás el más bello de los amaneceres que me hubiese tocado ver. Era un extraño amanecer de color verde. Mientras ellos dormían, me dirigí hacia el río. No podía ver bien mi rostro en el agua, se veía como cuadriculado. Bebí un poco de esa agua, y luego me lavé la cara. No era momento de pensar en mi doble ocupación, debía actuar lo más natural posible.

Pero no pude contener las lágrimas y comencé a llorar, mientras con mis puños golpeaba el agua del río y en silenció repetía una y otra vez en mi mente "Maldito Torkaimon".

-¿Qué estás haciendo, Daisuke? -me preguntó Gotsumon, quien había llegado al lado mío.

-Yo... yo... -le inventé para no decirle que nada me pasaba y no desconfiara. -quiero volver a casa, me pregunto cómo estarán mi hermana y mi papá.

-Tranquilo Daisuke, que para eso estoy aquí. -me contestó Gotsumon mientras orgulloso se daba golpes en el pecho. -Pronto llegaremos al Digital Border y podrán regresar.

-Eres extraño cuando hablas así. -le dije mientras me secaba las lágrimas.

-¿Cómo que soy extraño? -se enfadó Gotsumon.

-¡Era broma! ¡Era broma! -contesté apresuradamente mientras le salpicaba algunas gotas de agua provenientes del río.

Eso se transformó de pronto en una guerrilla de agua, en la que ambos al final terminamos empapados en el río. Nuestras risas habían despertado a los demás.

-¡Heh! ¡Queremos irnos desde temprano y lo único que hacen es jugar en el río! -protestó Gaomon al vernos, llevándose las manos hacia la cintura.

-¡La comida ya está lista! -gritó Hiroshi desde lo lejos.

-¡Ya vamos! -grité. Cómo se nota que el tiempo se fue rápido mientras me sumía en mis pensamientos.

Llegamos a nuestra mesa improvisada que nuestros amigos digitales habían puesto y nos dispusimos a desayunar. Akio nos contó que había salido con Mizuki a buscar provisiones cuando de pronto se toparon con un refrigerador lleno de queso y tortillas de harina, así que mientras algunos se dedicaban a preparar quesadillas, otro grupo hacía fondue con un trasto improvisado.

La charla durante el desayuno fue amena y todo. Pero teníamos que comer rápido pues "nuestra" prioridad era regresar al mundo real. Como siempre, las protestas por parte de Rina no se hicieron esperar.

-¿Cuánto falta para llegar?

-Trata de no quejarte tanto, Rina. -le decía Mizuki.

-En esta dirección está una aldea de Tanemon. -contestó Patamon.

-¿Aldea de... Tanemon? -pregunté de una forma más que fingida.

-Sí. Son unos tipos muy amigables. -contestó Gaomon. -Aunque no sé cómo contesten cuando lleguemos. Esos demonios atacaron su aldea hace unos días.

-No creo que nos acepten de buena gana. -contestó Akio.

-Creo que si nos presentamos como amigos... -contesté, pero una fuerte explosión interrumpió mi charla.

-¡Ocurrió en la aldea de los Tanemon! -gritó Gotsumon.

-¡Vamos! -gritó Hiroshi.

La aldea de los Tanemon estaba justo después de cruzar un río. Para fortuna de nosotros, había un puente que nos llevaba al otro lado del río. Al cruzar el puente, vimos una tremenda humareda que se elevaba por los cielos. Todo el grupo corrió inmediatamente hacia un grupo de Tanemon que llevaban en sus cabezas baldes de agua para contener el incendio.

-¿Qué está pasando aquí? -pregunté a uno de los habitantes de la aldea.

Aquel Tanemon me miró fijamente, a tal grado de sentirme intimidado. En ese momento, varios Tanemon más se acercaron hacia el que estaba frente a mí, en plan de no muy buenos amigos.

-¡Enciérrenlos! -gritó el que estaba frente a mí.

-¿¡Qué! -grité asustado.

-¡No somos los que..! -intentaron explicar mis "amigos", pero nada de eso les bastó a la aldea para llevarnos en pequeñas celdas, adaptadas a la perfección para los Tanemon, pero totalmente pequeñas y apretadas para nosotros. No resistimos a nuestro arresto para no regarla más.

-¿Pero qué está pasando aquí? -pregunté con un nudo en la garganta pensando en que sabían algo más de mí.

-¡Sáquennos de aquí! -gritaba mi "compañero" de roca.

-¡Quiero irme a casa! -gritaba Rina.

-¡Debe haber una explicación para tenernos encerrados! -decía Hiroshi.

-¡Quiero un abogado, pero que sea humano! -gritaba Akio.

-¡Silencio! -gritaba de manera chistosa pero seria un Tanemon.

-¿¡No serán estos los sirvientes de Torkaimon! -preguntó otro Tanemon.

-Seguramente. -dijo otro. -Pero fueron más fáciles de capturar que cualquier otro.

"Mierda, lo saben...", me dije para mí mismo.

-¿To... Torkaimon? -preguntó Gotsumon.

-¿Acaso ese maldito tipo hizo esto? -gritó Gaomon.

-Fue un sujeto verde con un martillo en la espalda. -gritó otro Tanemon.

-Onagimon... -dije en voz baja. Cómo se notaba que a Onagimon no le gustaba que se burlaran de él, y mucho menos de la forma tan estúpida como había sido vencido por esta aldea.

-¿Acaso lo conocen? -preguntó el Tanemon de la "prisión".

-Nos atacó el día de ayer. -contesté. -¡Pero no somos aliados de Torkaimon!

En ese instante, un Palmon, quien al parecer era la líder de la aldea, dio la orden de liberarnos.

-¡Bienvenidos! -nos dijo Palmon. -Disculpen la descortesía de los Tanemon. Es la segunda vez que la "Tropa de Torkaimon" nos ataca. Para disculparnos del error cometido, les podemos dar una corta estancia en nuestro estadio.

-¿En el estadio? -preguntó Mizuki.

-Sí, -nos contestó Palmon. -El estadio es el único lugar de su tamaño donde pueden tener una estancia.

-¿De verdad? -preguntó Piyomon.

-¡Es usted tan buena, señorita Palmon! -contesté agradecido.

-Muchas gracias. -contestó Palmon sonrojada y llevándose una mano hacia atrás de su cabeza.

En unos minutos habíamos llegado a lo que llamaban "estadio". La verdad no era tan grande. De hecho no era grande.

-¿Esto es el estadio? -preguntó Patamon.

-Está del tamaño de mi habitación. -les comenté.

Lo único que recibí como contestación fue un silencio breve y después:

-Quiero ir a casa. -contestó Hiroshi.

-Yo también. -contesté con toda honestidad y con la cabeza baja.

-Qué les parece si descansamos un poco. -contestó Mizuki siempre con su intento de calmarnos a todos.

Obviamente todos contestamos que sería una buena idea. En un principio acordamos en quedarnos sólo unas horas en lo que descansábamos algo, y luego retomaríamos nuestro camino hacia el Digital Border. No tardamos ni media hora en descansar cuando decidimos entre todos salir al exterior y recoger algo de provisiones. Acordaríamos ir cada uno con nuestro nuevo compañero y regresar al mediodía.

-¿Gotsumon? -pregunté a mi amigo de roca mientras me fijaba en unas matas.

-Dime Daisuke. -me contestó.

-¿Qué te parecen estas bayas? -le pregunté.

-Se ven apetitosas. -me dijo al mismo tiempo que noté cómo se le hacía agua la boca.

-Entonces las guardaré. -contesté mientras metía las bayas en una bolsa.

-Espérame un momento. -me contestó Gotsumon mientras me señalaba hacia un árbol que extrañamente albergaba un montón de frutas diferentes. -Acabo de encontrar unas frutas que están en ese árbol.

-De acuerdo. -le contesté. La oportunidad perfecta.

Mientras Gotsumon corría hacia aquel árbol, yo me escondí tras otro árbol cercano a mí. Tomé ese extraño reloj y busqué alguna forma de comunicarme con mi "subordinado". Por fortuna lo encontré a tiempo, era hora de idear un plan rápidamente, y en eso era un experto.

-Onagimon... -dije en voz baja.

-Qué quieres, Rakugamon- me contestó de muy mala gana.

-Rakugamon-sama para ti, -le dije un poco enojado. -que no se te olvide.

-De acuerdo, Rakugamon... sama... -me contestó Onagimon apretando los dientes.

-Bien. -contesté rotundamente. -Tenemos una oportunidad para deshacernos de esos niños elegidos. Esto es lo que debes hacer...

-¡Angry Rock! -escuché gritar a Gotsumon para bajar los frutos.

Rina y Piyomon habían ido a otro sector del bosque. En comparación a mi "equipo", ellas dos no se separaban ni por un instante. Adjudicaba eso al enorme sentimiento de amistad que albergaba Piyomon, pero también le echaba la culpa al miedo de Rina de no quedarse sola.

-¿Por qué te pegas mucho a mí? -preguntó Piyomon. Era extraño en esa clase de Digimon, puesto que ellos aman mucho la compañía.

-Porque no quiero estar sola. -contestó Rina muy alegre.

-Al menos no me has llamado "cosa espantosa" el día de hoy. -dijo Piyomon a la vez que recogía algunos frutos secos.

-No quería ofenderte, Piyomon. -contestó Rina muy apenada por su actitud de ayer. -Es que... quiero irme a casa... mi mamá y mi papá... Piyomon...

-¿Dime Rina?

-¿Tú tienes mamá y papá?

Piyomon se mantuvo callada unos instantes. Quizás esa pregunta fue algo hiriente para ella.

-Yo... no sé qué es eso... -dijo Piyomon con la cabeza baja.

-¿No tienes padres, Piyomon?

-No recuerdo nada de tener "padres". -contestó Piyomon apenada. -Desde que tengo la habilidad de recordar cosas, mi único deber ha sido buscarte a ti, Rina.

-¿Te gustaría vivir en mi casa, Piyomon? -preguntó Rina al venírsele esa idea a la cabeza.

-¿De verdad? -preguntó Piyomon completamente emocionada.

-Aunque no sé cómo lo tomen mis papás...

Cada grupo se reunió como habíamos acordado, al mediodía, en el estadio de los Tanemon, para traer lo que habíamos encontrado. Nuestro grupo, aunque todo el trabajo fue de Gotsumon, trajo un montón de frutas de lo que me comentaron se llamaba "árbol multifruta". Akio y su Gaomon trajeron rebanadas de pizza de todo tipo de un árbol de pizza. Rina y Piyomon trajeron frutos secos, mientras que Mizuki y Patamon llevaban frituras que habían encontrado en otro refrigerador. Los más raros fueron Hiroshi y Kamemon, quienes traían en enormes envases, litros de té helado sabor a limón.

Nos repartimos cada una de las cosas para llevarlas en partes iguales y que la carga no fuese tan pesada. Íbamos a despedirnos de los Tanemon y de la jefa Palmon, cuando de pronto un fuerte estruendo desvió nuestra atención. Volteamos hacia el estadio, y además de ver a los Tanemon huyendo de la zona, vimos a un sujeto con un enorme martillo en la espalda. Onagimon, tenía qué ser.

-Vaya, vaya. -gritó Onagimon al vernos. -Así que son los tontos elegidos.

-¿Qué es lo que quieres, Onagimon? -gritó Gotsumon en un tono desafiante.

-Matarlos, y hacer de Torkaimon-sama el más grande rey del Digital World.

-Vete de aquí, Onagimon. -grité intentando hacerme el valiente.

-Tú... muchachito... -murmuró Onagimon, al momento que con una mano me tomaba por completo.

Corriendo, me llevó por el bosque. Mientras tanto, yo gritaba. Mis "amigos" gritaban cosas como "Maldito Onagimon", o "Suelta a Daisuke, engendro".

-Bien, Onagimon. -dije en voz baja mientras me llevaba como "rehén". -Ahora a la tercera fase del plan.

-¿Podrá hacerlo solo, Rakugamon-sama? -preguntó Onagimon de la misma manera.

-Por supuesto... -le dije mientras esbozaba una enorme sonrisa maléfica.

Debía concentrarme y no perder la calma.

-Ahora... le dije en voz baja a Onagimon.

Onagimon me lanzó muy lejos de donde nos encontrábamos. "Mantén la calma", me repetía una y otra vez. Tomé ese extraño reloj de mi bolsillo, rápidamente busqué la información de Rakugamon, y con un solo movimiento de botones, y a punto de caer detrás de una montañita de rocas, me vi transformado en ese horripilante ser.

-Suerte, jefe. -me dijo Onagimon a la vez que desaparecía y me dejaba todo el trabajo sucio a mí.

Decidí esconderme y correr rápidamente hacia otra zona cubierta por las rocas, para así sorprenderlos y atacarles. Mis "amigos" habían llegado hacia los montículos enormes de roca, buscando algún indicio mío.

-¡Daisuke! -gritó Gotsumon.

-¿Estás bien? -preguntó preocupada Mizuki.

-¿Dónde estás? -volvió a preguntar Gotsumon.

-¡Así que ustedes son los "niños elegidos"! -grité con una estruendosa voz producto de la metamorfosis y volaba para mostrar mi rostro ante los demás. -¡Pensé que eran tan poderosos como Torkaimon-sama me decía! ¡Pero sólo son un grupo de niñitos asustados!

-¡Es...! ¡Es Rakugamon! -gritó Patamon.

-¡Oh no! -gritaba Gotsumon terriblemente asustado mientras se llevaba las manos a la cabeza.

-¿Dónde tienes a Daisuke? -gritó Hiroshi.

-¿Daisuke? -pregunté. -¿Quién ese tal Daisuke? Ah, se refieren a ese niño secuestrado por mi oficial. Seguramente debió dejarlo tirado por ahí.

-¡No te hagas el tonto! -gritó Gotsumon. -¡Devuélvenos a Daisuke! ¡Angry Rock!

Con un movimiento de mano desvié el ataque de Gotsumon.

-¡No puede ser! -gritó Gotsumon asustado.

Y con otro movimiento de mano aventé a Gotsumon unos metros atrás.

-¡Red Blast! -grité mientras abría mi boca y de ella salía una impresionante ráfaga de luz roja que, al impactar sobre el suelo, hizo abrir un enorme hueco.

Los niños y sus compañeros digitales inmediatamente corrieron despavoridos para tratar de huir de mí.

-¿Por qué nos atacan? -preguntaba Rina despavorida.

-¿Que por qué les ataco? -pregunté disfrutando el momento. -Te diré por qué. Porque a Torkaimon-sama no le gustan los metiches, aquellos que interfieren en sus planes. Él desea dominar el Digital World, y ustedes son aquellos que lo detendrán.

-¿Niños elegidos? -preguntó Hiroshi.

No dije nada. Preferí mantenerme callado y tomar como rehén a Rina, quien no paraba de gritar y de morder mi mano. De un momento a otro, una turba de Tanemon liderada por su jefa Palmon comenzaron a atacarme. Los Tanemon con sus burbujas, y Palmon con su "Poison Ivy". Pero nada de eso me hacía daño. No tenía que hacer más esfuerzo que dar un manotazo para dejarlos fuera de combate.

-Daisuke... Rina... -comenzaba Gotsumon a alarmarse.

-¡Suéltame monstruo! -gritaba Rina a la vez que forcejeaba y lloraba para que la soltara.

-Rina... -gritaba Piyomon desesperadamente.

Fue en uno de sus desesperados gritos, que extrañamente algo sucedió en Piyomon. De un instante a otro se transformó en un enorme pájaro de fuego, como si se tratara de los famosos fénix de los cuentos fantásticos, mientras escuchaba un grito que más o menos recitaba así. "Piyomon shinka... Birdramon". Un enorme destello provino de uno de los bolsillos de la blusa de Rina, el cual me cegó por un instante.

Anteriormente había visto ese destello, la primera vez me daba un sentimiento de seguridad, como si me abrazara y me acurrucara, pero esta vez sentía cómo mis ojos se quemaban y me dejaba indefenso. Del fuerte ardor que sentí, solté a Rina y me llevé las manos hacia mis ojos. Birdramon actuó con rapidez y atrapó a Rina antes de que cayera al suelo.

-¿Piyomon? -preguntó Rina recuperándose del susto. -¿Eres tú?

-Tranquila Rina. -dijo Birdramon. -Yo te protegeré de Torkaimon y sus secuaces.

Birdramon dejó a Rina junto a los demás. Todos estaban sorprendidos de lo que acababan de ver, ¿cómo algo podía cambiar tan rápidamente de aspecto y forma?

-¿Pero cómo hizo eso? -preguntó Akio.

-Se llama "evolución". -contestó Gotsumon mientras daba ánimos a Birdramon. -¡Vamos Birdramon! ¡Vence a ese monstruo!

Yo apenas empezaba a recuperarme del ardor de aquella luz, cuando me vi frente a Birdramon.

-¡Meteor Wing! -gritó mientras de sus alas salían unas enormes bolas de fuego y se impactaban en mi pecho.

Retrocedí al sentir los ataques de aquel pájaro. Intenté golpearlo de nuevo pero mis movimientos eran bastante lentos, lo que Birdramon aprovechó para lanzar de nuevo su ataque de Meteor Wing, pero esta vez a mis espaldas, lo que me hizo caer al suelo.

-Ríndete, Rakugamon. -me dijo desafiante Birdramon al ponerse frente a mí.

-Maldito... -refunfuñé.

-¡Qué bien! -se emocionó Hiroshi.

-¡Lo tenemos! -gritaba Gotsumon a la vez que saltaba.

Con algunas de mis fuerzas, y declarándome por vencido, decidí volar, no sin antes despedirme con un:

-Me han vencido esta vez, ¡pero para la próxima no será así! ¡Ya lo verán!

Me alejé con rapidez hacia una dirección distinta a donde había caído anteriormente. Hasta perderlos de vista entre la espesura del bosque, me deshice de este disfraz y salí corriendo hacia la zona donde, supuse, debí haber caído. No fue difícil fingir el dolor, puesto que los golpes recibidos me dolían levemente. Mis amigos, en vez de seguir a Rakugamon, prefirieron ir hacia donde Onagimon me había "arrojado". Y allí me vieron, tendido, fingiendo dolor para evitar levantar sospechas.

-¿Cómo te encuentras, Daisuke? -preguntaban todos preocupados por mí.

-No... no recuerdo... qué pasó... -dije con un fingido aturdimiento.

-¡Qué bueno que estás bien, Daisuke! -lloraba Gotsumon mientras me abrazaba con cuidado.

-Tranquilo, Gotsumon. Sólo son unos rasguños. -le contesté para consolarlo.

-¡Deberías haber visto lo que pasó! -exclamaba Akio mientras hacía ademanes con sus brazos. -¡Piyomon se transformó en un enorme pájaro de fuego!

-¿De verdad? -pregunté. -Eso... me gustaría verlo...

-Bueno, mejor vámonos hacia la aldea de los Tanemon para que curen las heridas de Rina y de Daisuke. -comentó Hiroshi.

Llegamos allí, y los Tanemon amablemente atendieron nuestras heridas. El resto de mis "amigos" tomó las provisiones y se dispusieron a ir, no sin antes consultar a la jefa Palmon para tomar la siguiente ruta más corta hacia el Digital Border. Ella nos saludó, nos felicitó por haber detenido a Rakugamon y por defender la aldea. Nos dieron una mención honorífica y nos dijeron que en cualquier instante podíamos ir y visitarles.

De tanto ajetreo durante y después del ataque de las "Tropas de Torkaimon", pasaron las horas hasta que empezó a atardecer. No había más tiempo qué perder, tendríamos que caminar hasta que cayera la tarde y acampar durante la noche. En el camino hablábamos sobre lo que había pasado y me "ponían al corriente" con la evolución de Piyomon. Pero como siempre, yo me encontraba sumiso en mis pensamientos. Esto no estaba yendo bien. Si los Digimon compañeros de los "niños elegidos" podrían evolucionar, tendríamos que atacar en grupo. No quedaba de otra.

-"Hey... niños..." -pudimos escuchar como si se tratara de una voz lejana.

-¿De dónde viene esa voz? -pregunté.

Todos volteábamos para ubicar la localización de esa voz, cuando nos dimos cuenta que a la derecha del sendero que recorríamos, había un televisor que estaba funcionando y que, a pesar de la estática y la "nieve" de la señal, pudimos identificar un rostro allí, probablemente de un Digimon.

-¡Es de la televisión! -gritó Gaomon.

-Sí, niños. Aquí en la televisión. -dijo de nuevo la voz.

Continuará...

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