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Celen Marinaiden C.M.
Author of 40 Stories

Rated: K+ - Spanish - General/Romance - Aragorn & Legolas - Reviews: 17 - Updated: 05-19-09 - Published: 05-08-09 - id:5048211

- .......... diálogos

Datos del fic:

Titulo: “Historia de Un Amor”.

Autor: Celen Marinaiden.

Genero: Slash, serie.

Pareja: Aragorn x Legolas.

Disclaimer: El Señor de Los Anillos (y el increíblemente vasto, enorme y casi infinito mundo referente a él), no me pertenece (sí me perteneciera, sería rica y no estaría haciendo esto ¿Neh? XD). Pertenece al ingenioso (más que ingenioso, diría yo) John Ronald Reuel Tolkien, y puede que a la WB también. No gano nada con esto, más que el simple placer de escribirlo.

¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸, HiStOrIa dE uN AmOr ¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,

Capítulo I

Era totalmente increíble, como un sueño utópico y buscado hasta el último aliento, y que seguramente con la gracia de Ilúvatar es que finalmente se les había sido concedido.

Estaban en paz. Bendecidamente en paz.

La guerra y los tiempos oscuros habían terminado, la esperanza colmaba todos los pueblos de todas las razas, incluso aquellos que fueron azotados casi hasta su destrucción, y que ahora luchaban por levantarse nuevamente, con la ilusión de empezar una época mejor.

Gondor no era la excepción, menos ahora que finalmente contaba con un digno rey, y ciertamente, Aragorn Elessar Telcontar iba más allá que simplemente digno.

Pero, que tuviesen un rey, no quería decir que contasen también con una reina... ciertamente, iban a tenerla. La versión que el pueblo conocía, hablaba sobre la agraciada Arwen Undómiel, que, por causas muy penosas y mayores, no había podido desposarse con su actual rey pese a que ella lo deseaba con toda el alma, lo cual era un infortunio terriblemente penoso.

La versión que tenían los más allegados a Aragorn, era otra -y la real, además-. Resultaba ser que contra todo pronostico, Arwen había movido cielo, mar y tierra para impedir casarse con el recién ascendido rey, y deshaciéndose en disculpas y llantos, se excusó de forma sincera, diciendo que aunque ella no lo había deseado, terminó enamorándose de otro. Con el corazón desolado, Aragorn fue comprensivo y la dejó ir, porque nadie podía ni merecía ser retenido en una unión en la cual no existía el amor, ni siquiera bajo fines políticos. Elrond, sí era posible, amó aún más a su hijo adoptivo al mostrar tal nobleza.

Pero ni la nobleza ni la comprensión eran en realidad algún consuelo útil, y lo cierto era que Aragorn penaba por un amor perdido, y de vez en cuando, se dejaba caer en el común habito del alcohol, como el más humilde de los hombres.

Sin embargo, de alguna forma, había contado con la invaluable compañía de sus camaradas, que desde el principio -que fue lo más duro- estuvieron a su lado. Ahora que su corazón parecía haberse sosegado lo suficiente, es que poco a poco sus amigos comenzaron a partir, sintiendo que ya era seguro alejarse del lado del rey.

Aquel día en especial, Legolas se hallaba observando el horizonte, sentado en uno de los escasos árboles que había en el jardín. Gimli, recargado en el tronco, sostenía con él una plática desde hacía un buen rato.

- Nunca comprenderé a los elfos -dijo teatralmente el enano- ¿Cuál es la gracia de estar en un árbol?

Legolas sonrió un poco, antes de acomodarse más cómodamente en su sitio.

- Nunca comprenderé a los enanos -respondió el joven rubio, imitando incluso el tono dramático del otro- ¿Cuál es la gracia de estar en una caverna?

- Eso únicamente comprueba lo poco que sabes de las buenas cosas -asintió para si mismo- Lo que me recuerda que tengo planeado partir pronto.

- ¿Ya has decidido irte?

Por toda respuesta, Gimli asintió nuevamente, esta vez para Legolas. No hacía mucho que Frodo y el resto de los hobbits marcharon a la Comarca, lo que los dejaba a ellos dos -a parte del mismo Aragorn- como los únicos integrantes de la Comunidad del Anillo en Minas Tirith.

- Hay muchas cosas que quiero hacer a mi regreso -explicó- Y tú no debes olvidar que prometiste visitar Aglarond.

- Sí tú consientes ir a Fangorn -respondió alegremente- No te preocupes por eso, mellon nin, planeó ir contigo, pero no ahora. De momento, quiero quedarme aquí un tiempo.

Gimli pareció francamente sorprendido, ya que elevó completamente su rostro, en busca de ver al elfo que se perdía entre las ramas.

- ¿Cómo? -cuestionó- Creí que volverías a tu reino.

Legolas denegó suavemente con la cabeza.

- Siempre he sentido curiosidad por la raza de los hombres y sus costumbres -confesó el príncipe- Quiero comprobar si realmente son tan diferentes de nosotros como he escuchado, hasta ahora, he encontrado tanto diferencias como semejanzas, pero necesito saber más. Sí me quedo aquí, podré serle de compañía a Aragorn y seguir aprendiendo más sobre ellos.

El enano ahora sí se sentía francamente confundido, porque realmente él no hallaba ningún chiste en aquello que planeaba su amigo de los bosques, aunque ciertamente era algo muy propio de Legolas.

- Parece una buena idea -dijo a pesar de todo, acariciándose la barba con una de sus manos- Aragorn podrá ser todo lo rey que él quiera, pero en estos momentos, me parece más un montaraz despechado que otra cosa.

Legolas habría replicado, pero la verdad, secretamente compartía un pensamiento semejante.

- Él estará bien -agregó entonces Gimli- Se repondrá cuando sea el momento, peores cosas nos han pasado, lo que a mí me preocupa es que dirá tu padre si decides permanecer mucho tiempo aquí.

No era de extrañarse que en medio de su sólida amistad, Legolas le hubiese confiado un par de cosas referentes a su propia familia, contándole, por ejemplo, de la severidad de la cual su padre solía hacer gala con frecuencia, aunque en honor a la verdad, tampoco lo consideraba como un tirano sin corazón por ello.

- Para tu sorpresa y la mía también, ha sido mi adar quien me autorizó permanecer fuera... tal vez toda esta Guerra del Anillo le ha hecho tomar esa decisión, pero hace días recibí una carta suya, donde me decía que era libre para hacer lo que quisiera. Que recorriese todos los lugares que pudiese si era mi deseo, que disfrutara cada pequeña alegría, y, que en el momento en el que me sintiera listo, regresara a Mirkwood, aunque seguía siendo libre de embarcarme a aventuras cuando quisiera disponerlo -paró un poco su explicación, arqueando una de sus rubias cejas- Pienso que sus preocupaciones acerca del Oscuro eran más grandes y pesaban mucho más de lo que pensaba, y ahora que finalmente esta pesadilla ha terminado, mi adar ha podido relajarse al fin.

- Pues me alegro mucho por ti, pero creo que los pequeños elfos necios como tú, no deberían de poder pasearse tan cómodamente por toda Arda sin supervisión, necesitan alguien que los cuide -dijo con una mezcla de burla y afecto-.

- Puedo cuidar de mí mismo de forma más que aceptable -replicó con un tono solaz- Y no creo que sea necesario que te recuerde las muchas cosas por las cuales, los elfos somos mejores que los enanos.

- En cuanto bajes de allí, mi hacha y yo estaremos más que gustosos de desmentir esas palabras, puedes tenerlo por seguro.

Legolas rió alegremente, dejando escuchar aquella melodía que constituía su risa, y a la cual Gimli terminó acostumbrándose tanto, que estaba totalmente seguro que cuando se separaran, sin duda alguna iba a extrañar.

Así, pasaron el resto de aquel tranquilo día conversando sobre planes que pensaban realizar, rememorando también algunas cuantas aventuras de su inolvidable misión, y ya que todo se encontraba en el pasado, lo que otrora fueron momentos de angustia y desolación, ahora eran remembranzas que provocaban sonrisas y algunas bromas, pues aquel que ha dicho que se debe tener esperanza en el futuro, siempre pensando en que los momentos penosos del presente serían motivo de risas, sin duda alguna contaba con la razón. Al menos ellos dos podían dar fe completa de eso.

Algunas semanas después, tal como Gimli lo había dicho, terminó marchándose también, llevando consigo el recuerdo de sus amigos, las promesas de Legolas sobre explorar juntos lugares de la Tierra Media, y su preciado mechón dorado de Galadriel. Si había que decirlo, esas simples cosas bastaban como recompensa por la riesgosa tarea que llevó acabo junto a la Comunidad del Anillo.

Y, con la partida de Gimli, el joven príncipe de Mirkwood pudo darse cuenta de algo bastante importante, ya que sin nadie que le hiciera compañía, el palacio era realmente un lugar demasiado grande y monótono. Veía a Aragorn todos los días, pero mayoritariamente, el hombre pasaba su tiempo atendiendo asuntos relacionados con su cargo, lo cual era algo bastante bueno, pues uno de los requisitos más importantes para llevar una corona era el de la responsabilidad. Sin embargo, tal como ya lo había dicho Gandalf en una ocasión, aquello seguramente sólo se trataba del “pasatiempo” que el recién nombrado rey había adoptado, para no tener que pensar en que la que iba a ser su reina, simplemente lo dejó de lado.

Legolas se veía incapaz siquiera de hacer publicas sus inquietudes, porque Aragorn no estaba para entretenerlo, y porque también, aquel era un ambiente diferente al cual se encontraba acostumbrado, sólo eso. Él no podía esperar que Gondor fuese igual a Mirkwood, y por lo tanto, debía aceptar gustosamente las condiciones en las cuales se encontraba.

Aunque tampoco pensaba quedarse todo el tiempo en ese palacio, y era por ello que apenas el sol había despuntado en el cielo, se había alistado con la intención de dar una cabalgata, con la esperanza de alejarse lo suficiente como para encontrar un poco de naturaleza. Moría de ganas por subir a lo más alto del árbol más grande que encontrase, sin importar lo que tardara en su búsqueda. Así, con su carcaj y su arco, iba más que dispuesto a por su caballo, cuando inesperadamente y en los muy desiertos pasillos del palacio, se encontró con el rostro inconfundible de Faramir.

- Oh, Legolas -exclamó el senescal al momento de poner su mirada en él- Es tan temprano, y sin embargo, ya estas despierto.

- Aiya, Faramir -dijo, haciendo una leve inclinación- Es temprano, sí, pero también tú estas de pie.

Faramir sonrió mientras salvaba la distancia que los separaba. Él y Legolas habían establecido una buena convivencia, y en ocasiones, era él quien sin saberlo, rescataba al joven elfo de las garras del ocio gracias a sus largas platicas colmadas de temas interesantes.

- Tengo que estar despierto desde la primera hora de la mañana -respondió, parándose junto a él- Siempre hay trabajo que hacer.

- Y es admirable que lo cumplas con tanta vocación.

- No -negó suavemente- Es más por gusto que vocación.

- Para mí, ambos son iguales.

- ¿Y a dónde te diriges? -cuestionó, dándole una significativa mirada al arco que llevaba el elfo en manos-.

- Oh, simplemente saldré a cabalgar un poco, lo más probable es que regrese hasta tarde.

- Ya veo... ¿Aragorn sabe que saldrás?

- No, pensaba dejarle un mensaje con el primer allegado que encontrara -una sonrisa pronunciada apareció en sus labios- Y me parece que no existe nadie más allegado a él que tú.

- Un poco más, y me convertiré en la niñera de nuestra Majestad -habló con un tono plagado de complicidad- Sino lo apreciara tanto...

Legolas siempre encontraba sumamente divertida la relación de Faramir con Aragorn, sobre todo, aquel tipo de confianza que el senescal solía tomarse cuando ojos ajenos y quisquillosos no se encontraban puestos sobre él.

- Estoy seguro de que él también te aprecia de la misma forma.

- Ni mencionarlo, hay que ver con que me ha nombrado príncipe -dijo, con una nota de orgullo en sus palabras- Claro que mi reino necesita de mucha ayuda, toda la que sea posible.

- ¿Tan mal se encuentra?

Faramir guardó silencio unos segundos, como si quisiera poner en orden algunas ideas. Finalmente, agitó la mano y negó brevemente con la cabeza.

- Decir que esta mal sería un error, pero decir que esta bien tampoco es correcto -suspiró hondamente- Todo mejoraría si lográramos que la tierra volviese a dar frutos, hasta ahora todos los esfuerzos han sido en vano, y estoy tentado a declarar que todo ha quedado estéril.

El elfo frunció el ceño con cierta gravedad, mientras que cierto brillo de determinación aparecía surcando sus ojos color azul.

- No creo que ese sea el caso -aseveró- Pero me gustaría que me dejaras dar un vistazo, tal vez hay algo que pudiera hacer.

- ¿Tú, Legolas? -Faramir sonrió gratamente sorprendido-.

- Sí, yo. Soy mejor con la naturaleza de lo que soy con el arco.

- En ese caso, me postro a tus pies, si eres mejor que con el arco, quiere decir que seguramente tienes el poder de darle vida a las plantas.

- Eso, ciertamente, es una exageración -aceptó el rubio-.

- Pues yo espero que no -dijo firmemente- Porque toda la esperanza de Ithilien esta en sus consagradas manos élficas.

El comentario logró hacer reír a Legolas y al mismo Faramir, consiguiendo que aquel fuese realmente, un buen comienzo para el día.

De esta forma, y durante los siguientes días -los cuales fueron bastante atareados-, el hijo de Thranduil encontró que mientras tuviese alguna tarea que realizar, el aburrimiento -y la extrañeza de encontrarse en un lugar al cual luchaba por acostumbrarse-, eran fácilmente puestos a un lado, lo cual significaba ciertamente un alivio.

AřağøŗŋxLeğσļaş AřağøŗŋxLeğσļaş AřağøŗŋxLeğσļaş AřağøŗŋxLeğσļaş

Al abandonar la calidez de las sabanas, Aragorn no pudo evitar bostezar aparatosamente, reconociendo que había pasado una noche bastante buena, y que el sueño fue completamente reparador, aliviando así muchas tensiones que se habían estado acumulando.

Se mudó de ropas en menor tiempo de lo que acostumbraba, y sintiendo que el hambre aun no le llamaba, decidió que bien podía empezar con algunos asuntos del reino, ya que no existía día alguno en el cual no llegaran nuevos pendientes. Afortunadamente, los que parecían ser lo más graves, ya habían sido resueltos o estaban en proceso de.

Así, el primer lugar al que se dirigió fue a la habitación en la cual pasaba bastantes horas, sentado tras un escritorio que siempre parecía estar repleto de papeles de todos los tamaños y texturas. Compartía ese lugar con Faramir, quien también contaba con su propio escritorio de trabajo aunque no pasaba tanto tiempo allí como el rey. Cuando llegó, no fue raro el que ya estuviese presente, pero lo que si extrañó a Aragorn fue ver una figura extra en aquel lugar.

- Legolas, mellon nin ¿Y tú que haces aquí?

El nombrado -quien se encontraba sentado frente al senescal-, no pudo evitar sonreír al momento de girar a observar al rey. Ciertamente lo había escuchado mucho antes de haberlo visto aparecer.

- Mae govannen, Aragorn -respondió el elfo- Es para mí también un gusto verte, e igualmente te deseo que lleves un estupendo día.

Aragorn rió mientras cerraba la puerta tras él. Faramir se levantó apenas haciendo una reverencia a modo de saludo, volviéndose a sentar sin soltar lo que parecía ser un manuscrito que se encontraba en sus manos.

- ¡Agraciado sea Isildur!, ya que nuestro amado Rey nos ha honrado con su irremplazable presencia a tan temprana hora -dijo Faramir, con cierto tono cantarín-.

- Yo siempre atiendo mis deberes, así que no entiendo cual es tu sorpresa.

- Oh, tus deberes sí, eso no se niega, pero jamás te apareces por aquí tan pronto ¿A que se debe?

Aragorn se acercó a su escritorio, farfullando algo in-entendible al momento en que recorrió una silla, para después dejarse caer sobre la misma.

- Hoy quise madrugar ¿Es acaso algo tan malo? -respondió-.

- Oh, no, eso no se discute, Majestad -dijo el senescal-

Aunque el tono en las palabras de Faramir, no escondía que realmente seguía impresionado, ya que ciertamente, Aragorn solía dormirse tarde atendiendo a su trabajo de rey, aunque como compensación, era el ultimo en levantarse en todo el palacio.

- Y tú, Legolas -recayó nuevamente en la presencia del elfo- Me llama la atención tu presencia en este lugar.

- No te llamaría tanto la atención si madrugaras más seguido -respondió jovialmente el aludido- Llevo ya muchos días pasándome por aquí en las mañanas.

- Legolas debe ser un enviado de los Valar y además, seguramente tiene su toque ¿Puedes creer que encontró el problema con las tierras de Ithilien? -comentó Faramir, con los ojos brillándole entusiastamente- Yo tenía puesta mi fe en él y sabía que no me defraudaría, además ¡Le gusta levantarse apenas el sol sale!, comenzaba a sentirme ya muy solo por las mañanas, y el muy astuto sabe de muchas más cosas de las que pensaba. Ha sido una ayuda muy valiosa desde que se decidió a auxiliarme un poco, y, por si fuera poco, se tomó la libertad de redactar lo que dirás en la próxima junta que tienes con el Consejo, es tan convincente que si yo no estuviese de tu lado, lo estaría luego de escucharte estas palabras.

Aragorn quedó un tanto anonadado al escuchar aquel discurso acerca de Legolas, y su valía para Faramir. Parecía como si todas las cosas que contaba el esposo de Éowyn hubiesen sucedido cuando él no estaba presente, aunque, sinceramente así parecía ser. Aunque él no habría podido sospechar nada, ya que Legolas en ninguna de sus pláticas diarias le llegó a comentar que estuviese ayudando a su mano derecha.

Pero sus cavilaciones quedaron olvidadas cuando el senescal se puso de pie para entregarle el discurso del que hablaba. Aragorn aceptó la hoja, comenzando a leer con rapidez y al mismo tiempo, escrupulosamente, cuando terminó, no podía dejar de aceptar que aquellas palabras ciertamente eran lo que necesitaba.

Desde que había sido nombrado rey, sin dudar ni un instante comenzó a reformar muchas cosas, a dictar nuevas leyes y a olvidar aquellas que no eran útiles. Naturalmente, todo eso causó conmoción en su Consejo, que no aceptaba con mucha alegría que de buenas a primeras hubiese llegado causado un revuelo tanto interno como externo. Para calmar los ánimos, Faramir dio fecha para convocar una reunión entre ellos, a modo de que pudiesen discutir el asunto y llegar a un acuerdo. El senescal estaba seguro que si Aragorn planteaba las cosas de la forma adecuada, el Consejo comprendería o al menos cedería ¡Y que fortuna era que ya tuviese el discurso correcto!

- Esto si es para sorprenderse -dijo finalmente, bajando la hoja- Legolas ¿De dónde tienes tú tanta amistad con mis consejeros? Porque ciertamente les has escrito a ellos como si los conocieras de toda la vida.

- No es eso -replicó con un tono de regocijo- Faramir me ha descrito el carácter de cada uno, y la verdad es que todos tienen mucho en común con mi padre, así que no hay mucha destreza detrás de eso.

- Pamplinas, no deberías ser tan modesto -dijo alegremente el rey- Me has ahorrado un par de dolores de cabeza.

Ambos príncipes se miraron con diversión, mientras que parecían enarcar las cejas al mismo tiempo, para después regresar su atención a los asuntos que tenían en manos antes de la intromisión de Elessar. Después de unos minutos de silencio, Faramir y Legolas estaban ya enfrascados cada uno en lo suyo, lo suficiente como para no notar siquiera que estaban bajo el atento escrutinio del relativamente joven rey.

Aragorn siempre reconocería que Faramir era un gran hombre, entregado a su deber, e incluso, que contaba con más prudencia que él mismo. Agradecía enormemente también su dedicación para con el reino, y era, sin lugar a dudas, un amigo preciado. Legolas, por otra parte, también era un valioso amigo, pero la diferencia era que le quería entrañablemente. Habían viajado juntos, peleado juntos, y también, enfrentado a la muerte juntos. Por esa misma razón, también sentía un gran aprecio por Gimli, aunque no podía ocultarse a si mismo que tenía más declinación por el elfo, quizás porque habían conseguido entenderse muy bien en los tiempos oscuros de guerra.

Y ahora, su compañero de armas élfico estaba allí, ayudando con cosas relacionadas con su reino y parecía muy gustoso de hacerlo ¿Y en cambio que hacía él? Simplemente tomar el trabajo de rey como una salida para sus congojas, lo cual sin duda alguna, tendría que resultarle patético. Pero ya no más, pues no podía pasarse la vida entera suspirando por un amor que no existía, por más que hubiese estado negándose a desprenderse de él. Por su propio bien, ya era hora de perdonar realmente y decir adiós; debía de repetirse las palabras de Sam, aquellas que rezaban que todavía tenía una larga existencia por delante y que seguramente, algún otro amor debería llegar.

Sí, para empezar, eso sonaba como un excelente lema a seguir.

Y, mientras Aragorn observaba el rostro sereno de Legolas mientras este leía, se prometió a si mismo a dejar el pasado en paz, y lo primero que haría en pos de eso, sería tomarse la molestia de pasar más tiempo con el príncipe de los bosques; no era justo que no le dedicase más tiempo a Legolas que el de sus conversaciones esporádicas. Así que invitarlo a que lo acompañase en una salida de cacería sonaba estupendo para el comienzo.

Continuara…

Bueno, helo aquí, mi primer intento de fanfic sobre LOTR. A decir verdad, más que un intento, es un medio para “despejarme”. Últimamente la inspiración me falta para lo que escribo de otros fandom (ni hablar de Harry Potter), así que creo que es buena idea escribir de algo completamente diferente a lo que estoy acostumbrada, además, incluso estoy probando con una variación al estilo de narración que siempre utilizo. Bien, en todo caso, mejor paro mi parloteo y me despido xD no sin antes agradecerle a quien lea esto, y que encima, me tengan misericordia, no es lo primero que escribo, pero si es lo primero de LOTR, y no sé cual es la forma adecuada en la que debería llevar todo, pero bueh, veamos que sale de esto, jajaja.

.:¤°—— .ČeĻeŋ Marΐŋaİđεŋ. “Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor...” ——°¤:.



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