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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Naruto » Un oscuro sueño

.Lolly Tenkawa.
Author of 8 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Drama - Sasuke U. & Sakura H. - Reviews: 55 - Updated: 10-09-09 - Published: 05-16-09 - id:5065950

N/a: ¡Hola! º¬º, aiiins, como extrañaba ésto. No sé si volví definitivamente, pero se acerca a eso. Creo que actualizaré éste fic una vez por semana, o como mucho me tardaré 15 días, ya que se me hace muy fácil de escribir (Estoy por terminar el cap 2 y todo º¬º). Es mi primer proyecto AU serio, y es una pseudo adaptación del libro "A Darker Dream" de Amanda Ashley (que por cierto, recomiendo ;D). "Pseudo" porque no es una transcripción, y todo lo narrado aquí abajo es de mi invención (Excepto las citas que hay al principio de cada cap, que sí son exactas en el libro). Si alguien lo leyó, se dará cuenta que sólo se parecerá en el argumento :). Si hay alguna duda, pueden enviarme un PM, y les daré el link para que descarguen la novela y la comparen ;D (Es que últimamente hubo tantos problemas con los temas de plagio, transcripciones y adaptaciones, que prefiero prevenir que curar :D). A parte, quiero agilizarme en esto de escribir fics largos, porque estoy algo desentrenada owoU.

Cualquier duda, un review ;D.

Naruto y sus personajes (c) Masashi Kishimoto.

A Darker Dream (c) Amanda Ashley.

OoC (c) Lolly ;D

Aclaración: La historia se desarrolla en el Londres de 1800, no quise hacerlo en Japón ya que la culturas son bastantes diferentes y me complicaban en algo la trama owoU.


Capítulo I

Durante la noche
Soy un hombre ante ti
Pálido, alto y estático
Con mis oscuros y encendidos ojos te acecho
Analizando, controlando
Soy el silencio y el poder
Un campo de nieve suave, sin mácula, iluminado por la luna.

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El recinto se había llenado de pronto de gritos y ruidos sordos, similares a los golpes de un mueble contra otro. Los clientes del lugar miraban curiosos hacía la fuente del sonido, sólo pudiendo distinguir la voluptuosa e imponente figura de Madame Tsunade, ardida de ira.

– ¡No puedes obligarla! ¡Es mi protegida y por lo tanto mi responsabilidad!– La bella mujer gritaba con voz dura y sus ojos desprendían llamas de furia.

– Por más de que sea tu protegida, sigue siendo una más del bar. Como todas las demás, y como Sakura es la mayor, es la primera que debe irse– Un anciano hablaba con voz pasiva frente a ella. Pero aunque no parecía tener intenciones de atacar y hablaba con infinita paciencia, su tranquilidad se veía mucho más peligrosa que la furia ciega de Tsunade.

– ¡Sakura no se irá de aquí, Danzou! ¡No lo permitiré!– Luego de eso, se escuchó un lastimero jadeo provenir de una esquina. En ese mismo lugar había una muchacha de no más de quince años, con la espalda encorvada y el cabello sucio y desaliñado tapándole el rostro. Parecía un perro abandonado perdido a la deriva, más aún con aquel vestido andrajoso cubriéndola a penas, pareciendo más una manta mal puesta que una prenda.

– Me temo que eso ya no queda en tus manos Tsunade-hime– Pronunció con un siseo triunfador, dejándola con la palabra en la boca y yendo directamente hacía la joven, tomándola con brusquedad del brazo y llevándola a rastras al frente de todas las mesas, que se encontraban más llena de lo normal. Ella sólo se dejaba arrastrar, sabiendo que no podría hacer nada por evitar su destino. Dentro del lugar, Tsunade lloraba de impotencia, como una leona a la cual habían matado a su cachorro, como una madre sin hijo, cada amargo sollozo clavándose en los oídos de la joven.

A las sombras, se escuchó el chasquido desaprobatorio de un hombre, que miraba como subastaban a la mayor de las alumnas de Madame Tsunade, la bailarina principal del cabaret.

– Veo que esto no es de tu agrado, ¿Verdad, Uchiha-san? – Un rostro jovial miraba con una mezcla de curiosidad y lástima a la joven a la cual ofertaban como si se tratara de un objeto, sus ojos azules examinándola. Uzumaki Naruto era un joven de gran y bondadoso corazón, al cual le gustaba y complacía ofrecer su ayuda a los menos afortunados– A mí tampoco me parece bien, se ve demasiado joven…

El hombre a su lado no respondió, siguiendo con su oscuro mirar cada movimiento del anciano y de la adolescente.

– ¡No me basta con verla así! ¡Todo cliente debe saber que es lo que compra! Me niego a pagar por algo a lo cual desconozco, ¡Desnuda a la chica!– Añadió con voz lujuriosa el joven Inuzuka, recibiendo la aprobación de los otros clientes, algunos asintiendo fervorosamente. La pequeña tembló, inconscientemente, mientras unas manchitas rosadas cubrían lo poco que se veía de su rostro, oculto por aquel cabello del color de los cerezos, pero sin brillo y sin vida.

Danzou acercó su rostro al oído de la muchacha, y con voz autoritaria, ordenó: – Sakura, desnúdate.

Ella asintió, sacándose lentamente la prenda, dejando al descubierto unos cremosos hombros. Los ebrios que se encontraban en el cabaret comenzaron a vitorear, animándola a seguir, sin ser consientes de la vergüenza y pena que Sakura estaba sintiendo.

– Ya basta– Una voz fría y dura como el acero cortó los festejos, y Sakura guió sus ojos agradecida hacía aquel que había interrumpido. Unos irises de color ébano la recibieron, mas el sólo contacto entre sus miradas le produjo una serie de escalofríos desagradables en su columna.

Uchiha Sasuke dio un paso al frente, mostrándose, su poderosa presencia silenciando hasta al bullicioso Kiba Inuzuka – ¿Qué sucede Uchiha-san? ¿Por qué la interrupción?– Añadió éste, algo molesto, pero sin dejar de tenerle respeto.

– No tiene caso seguir con esto…– Murmuró, con voz suave pero firme. Dirigió su mirada al anciano– La chica es mía…– Su tono no admitía replica, y había una silenciosa amenaza en sus facciones– Mañana por la mañana llévenla a mi hogar, allí les daré el pago y mi criado la recibirá– Sin más, dio la media vuelta, sin dirigirle otra mirada a la chica, dejando un halo de temor y respeto bajo sus pasos.

Naruto, que se encontraba a su lado hacía unos momentos, le dio una radiante sonrisa a Sakura, y siguió al Uchiha, con una hiperactiva pero vigorosa elegancia. Los demás clientes del cabaret simplemente ignoraron lo sucedido y continuaron pidiendo bebidas a las muchachas que atendían allí.

Sakura seguía temblando, perdiendo todo tipo de esperanzas.

Ya tenía dueño.

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El día era menos caluroso para ella, el sol no brillaba ese día, y la brisa la cercenaba cruelmente. Iba en un carruaje hacía la casa de Uchiha-sama; a su lado se encontraba Danzou, con una sonrisa cruel en su rostro. Había vendido a una de las rebeldes de su negocio, a la única de las pequeñas que podía llegar a enfrentarlo.

Sakura siempre fue la predilecta de Tsunade, y eso era algo que aún no comprendía. No poseía ni gracia ni belleza, no sabía leer ni escribir, tampoco era una mujer complaciente ya que seguía siendo virgen. Lo único a destacar de ella era su fortaleza y su intolerancia a las injusticias. Un carácter inquebrantable, como el de su protectora. Mas la noticia de su venta había bajado su moral, y se encontraba indefensa, como un conejillo herido.

En ese momento se hallaba cabizbaja, con aquel cabello despeinado cayendo en su rostro, tapándolo. Su vestimenta era un poco más presentable que la del día anterior, y consistía en un vestido con al tela algo amarillenta por el pasar de los años. Era una muchacha pobre, casi una esclava, su única función era servir a aquel que había comprado su vida.

Veía a lo lejos el castillo de Uchiha Sasuke, el cual era gris topo, cubierto hasta la última torre por un musgo de un verde enfermo. Y aunque Sakura se reprochara por pensar en eso, no podía evitar llegar a la conclusión de que su nuevo hogar tenía una belleza… rustica. Extraña. Había algo en el exterior que le atraía.

En cuanto llegó a la puerta del lugar, sintió una presencia maligna envolverla, como si estuviera intoxicándola. Se aferró al brazo de Danzou por el miedo, pero éste la apartó bruscamente.

Ambos se bajaron del carruaje, y recorrieron juntos los jardines del castillo. No había ni una sola flor, tampoco un árbol o alguna planta. Sólo algunas ramas secas, y el pasto se encontraba amarillo y ardido. Las rocas estaban cubiertas por musgos, al igual que el camino de piedras y la gran puerta de madera.

El anciano golpeó dos veces el umbral, e inmediatamente salió de él un muchacho, que si no juzgaban mal, debía ser el criado.

– ¿Usted es Danzou-sama, verdad?– Preguntó cortésmente, con voz amable.

El anciano asintió quedamente.

– Uchiha-sama no se encuentra en este momento, pero yo le daré el pago– Sacó de su bolsillo una pequeña bolsita, que debía contener su buen valor en monedas de oro. El rostro de Danzou se iluminó maquiavélicamente– ¿Tú debes de ser Sakura, verdad?– Miró con aquel par de ojos bondadosos a la muchacha, que asintió, temblando.

– Dígale a Uchiha-san que ha sido un placer hacer negocios con él– Hizo un leve asentimiento con la cabeza al criado, y se fue hacía el carruaje, ignorando a Sakura. Ella se sintió desprotegida sin la presencia del anciano, por más de que éste no fuera agradable con ella, era al menos alguien conocido. De ahora en más tendría que valerse por sí misma y sólo servir a su dueño.

El hombre de ojos amables le hizo un gesto para que pasara, a lo que ella accedió débilmente, entrando al castillo. Inmediatamente se encandiló con la hermosura de éste. Las paredes estaban decorados con un revestimiento de color marrón madera, y los suelos brillaban como espejos. Al frente había una gran escalera cubierta por una alfombra rojo sangre, que daba al segundo piso, en donde seguramente se encontraban las habitaciones.

Había esculturas y pinturas por doquier, distribuidas de manera soberbia por el salón principal. Si bien Sakura jamás había visto tanto lujo, sentía como si aquel lugar, aún cubierto tan ostentosamente, jamás sería para ella tan reconfortante como la pequeña habitación del cabaret que compartía con Tsunade y las demás alumnas de ésta. Aunque pobre, aquel lugar irradiaba calidez, mientras que aquel elegante castillo sólo le hacía sentir frío y soledad.

Las cortinas y la mantelería de los muebles eran también de un rojo sangre, mientras que, por más que afuera hubiera un radiante sol, el lugar era sólo tenuemente iluminado por las luces de unas velas, dándole un aspecto aún más sombrío.

El criado, que no pasaría los veinticinco años, se dio vuelta y le entregó una sonrisa– Mi nombre es Juugo, Sakura-san. Y de ahora en más, cualquier inconveniente que tenga, puede consultarme a mí y haré lo posible por ayudarla– La muchacha asintió quedamente– ¿Desea algo Sakura-san? ¿Quiero almorzar? ¿Desea tomarse un baño?

La muchacha se sintió intimidada ante tantas preguntas– D-desearía… a-asearme, si no es mucha molestia– Concedió al final, resignada.

– Como usted pida. Sígame por favor– La guió escaleras arriba, sorprendiéndola. Según tendía entendido, los cuartos principales eran para la nobleza y la familia del dueño del hogar, no para la servidumbre. Haciendo caso omiso a ello, siguió a Juugo hacía uno de los cuartos del segundo piso, asombrada por la delicada puerta decorada con oro y plata, – De ahora en más, éste será su cuarto Sakura-san. Adentro tiene algunas prendas provisorias, el día de mañana iremos al centro a buscarle más ropa. Hay un cuarto de baño para usted. Sabe que cualquier cosa que necesite, estoy a su servicio.

– Muchas gracias, Juugo-san– Dijo, torpemente. El muchacho le dio una ligera reverencia (haciéndola alucinar, ya que nunca nadie la había tratado con tanto respeto) y le deseó que pasara un buen día. Cuando se había dado la vuelta para marcharse, una duda pasó por la mente de ella– ¡J-Juugo-san!– Lo llamó.

– ¿Si, señorita?– Preguntó.

– ¿Usted… sabe si… el señor, Uchiha-sama… está aquí?– Inquirió con dificultad. La curiosidad le estaba matando, y ni si quiera sabía la razón de ello.

Juugo ensombreció su semblante– Uchiha-sama se encuentra ocupado en estos momentos. Cuando resuelva sus problemas, irá a verla.

– Oh… está bien… sólo quería saber– ¿Por qué? Se dijo internamente– Que pase buenos días, Juugo-san.

– Igualmente, señorita.

Sakura le hizo una reverencia y abrió la gran puerta de su cuarto. Entornó los ojos en cuanto lo vio. Era la habitación más bonita que alguna vez haya visto u imaginado en su vida. La cama era grande, muy grande, y se veía acolchonada y cómoda. Una delicada colcha de seda blanca la cubría, decorada en los bordes con un fino hilo dorado. Los muebles de madera estaban lustrados y desprendían luminosidad. Un gran ventanal se abría paso, a unos metros de su cama, desembocando en una gran terraza. Las cortinas, (también blancas y de seda) ondeaban al viento. Y ni hablar del tamaño, ya que esa habitación era igual de grande que el cabaret de Danzou.

Maravillada por la estructura del lugar, comenzó a tocar los inmuebles y las telas, aún incrédula. No es que se hubiera olvidado de su desgracia, pero el lujo la había hechizado. Era todo tan detalladamente hermoso, que le parecía irreal.

Había un gran armario a su derecha, por lo que supuso que allí estaría la ropa que usaría. Camino algo ansiosa y abrió la puerta. Sintió como su corazón golpeaba contra su pecho con alegría por la vista. Había vestidos de todos los colores, con detalles de seda y de raso, abrigos de terciopelo, y modelos tanto de invierno como de verano. Chilló feliz y tomó un vestido rosa pastel, bastante sencillo, pero simplemente le había encantado. Recordó cuando miraba con sus demás compañeras (todas alumnas de Tsunade) a las damas de la alta sociedad, con sus pomposas vestimentas y sus diseños exclusivos. Recordaba también la envidia que salía involuntariamente de su cuerpo, al ser consiente de que ella nunca podría ponerse algo así.

Agarró ropa interior, que se encontraba en uno de los cajones del armario, y se dispuso a ir al baño. Juugo le dijo que estaba en su misma habitación, por lo que buscó con su mirada. Frente a la cama había una puerta de madera blanca, que ella supuso sería el baño. Fue hasta allí, más feliz de lo que creía haber estado en aquel último tiempo.

Al entrar, se sorprendió al ver la tina llena de agua, cuando la tocó, vio que ésta estaba entre tibia y caliente. Seguramente Juugo sabría que querría darse un baño antes de hacer cualquier otra cosa.

Quitándole importancia a ello, comenzó a desvestirse y entró lentamente al agua, disfrutando del contacto y relajando sus músculos. Se talló el cuerpo entero más de tres veces, sintiéndose verdaderamente limpia por primera vez en su vida, ya que en el lugar que estaba antes sólo tenía cinco minutos para el baño, y debía hacerlo con agua fría y con un pequeño pedazo de jabón. Se lavó fervientemente el pelo, disfrutando del olor floral que desprendía éste luego de eso.

No supo cuanto tiempo estuvo bañándose, pero estaba segura de que, como mínimo, habrá estado una hora completa. Salió del cuarto de baño completamente relajada y con una sensación de limpieza reconfortante. Se cambió, teniendo serias dificultades para ponerse el vestido… pero lo logró al fin y al cabo. Buscó con su mirada un espejo para ver cómo le había quedado la prenda, pero le pareció extraño no encontrar ni siquiera uno pequeño en toda la gran habitación. Se encogió de hombros, sin darle importancia, y se peinó pacientemente el cabello.

Cuando se creyó lista, miró cansada el lugar. La noche anterior, ante la expectativa de ir a su nuevo hogar, no había dormido bien, por lo que su cuerpo pedía alarmantemente un descanso. Y todo los nervios acumulados que tuvo la habían extenuado. Si bien aún era temprano, no importaba si se acostaba en su cama sólo unos minutos, ¿Verdad?

No creo que importe, en realidad. Si Uchiha-sama me necesitara para algo, Juugo-san me habría llamado.

Gateó por la cómoda cama y se recostó suavemente. Cerró los parpados, y se perdió en el mundo de Morfeo.

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Sus pasos hacían un eco sordo en el desolado castillo, siendo sólo acompañado por el tétrico sonido de la noche. Podía sentir un cambió en el ambiente y el leve aroma floreal, supuso que la muchachita que había comprado la noche anterior debía estar ya en su habitación. Le pareció extraño no haberla visto cenando, por lo que le preguntó a Juugo si sabía algo de ella, y éste le contestó que la chica no había salido de su cuarto en todo el día.

Algo extrañado por ello, decidió ir a ver él mismo qué era lo que pasaba, por lo que llegó al cuarto de la muchacha. Tocó suavemente en la puerta tres veces, no recibiendo respuesta alguna. Ya con la certeza de que algo no iba bien, tomó el picaporte y traspasó lentamente el umbral. La habitación se encontraba a oscuras, siendo sólo iluminada por el brillo de la luna que provenía del ventanal. Estaba ligeramente desarreglada, perdiendo ese toque de mágica perfección.

Siguió escrutando con su oscuro mirar el lugar, hasta que sintió una acompasada respiración interrumpiendo el silencio nocturno. Sus afilados irises se dirigieron a la fuente del sonido, descubriendo a sí a su reciente negocio, acostada en la cama ahora desordenada, seguramente por los movimientos del cuerpo de ella al dormir. Siguió contemplándola como un pintor a su obra, admirándola.

El cabello sucio y despeinado que había visto la noche anterior, en ese momento se encontraba lacio y brillante, desparramado por la blanca almohada. Recién en ese momento pudo admirar el exótico color de cabello de ella. Era de un rosado fuerte, como los de las flores. El plateado brillo de la noche le daba un aspecto irreal. Su piel era cremosa, delicada aún luego de la miseria en la cual vivía.

Se encontró tan intrigado por las extravagantes características de ella, que no notó cómo esta despertaba y lo miraba aturdida.

– ¿Uchiha-sama?– Preguntó, con la voz ronca, a causa de su reciente siesta. Cuando cayó en la cuenta de que estaba con su amo, se levantó bruscamente de la cama e hizo una exagerada reverencia.

Sasuke chasqueó la lengua al verla hacerlo– No es necesario que hagas eso, niña– Espectó, algo duro– Enderézate y dime cómo te llamas.

– H-Haruno S-sakura, señor.

– Sakura… muy apropiado– La miró de arriba abajo, haciendo que un escalofrió recorriera la columna de ella– ¿Cuántos años tienes?

– C-Catorce años, señor.

Joven… la más joven que he conocido… Sasuke ahora entendía por qué el vestido que ella llevaba puesto le quedaba mucho más grande, ya que se formaban pliegues en la zona de los pechos y de las caderas. Era sólo una niña, no conocía nada sobre la vida y su cuerpo no se encontraba desarrollado. Maldijo por lo bajo… no le gustaba llevar a mocosas, pero ya no había vuelta atrás.

– Descansa Sakura, – Murmuró, dándose la vuelta dispuesto a irse– Juugo te llevará mañana al centro a comprarte prendas de tu agrado. Ahora duerme.

– ¡Señor!– Exclamó ella, haciendo que él se detuviera pero sin voltear atrás– ¿Puedo preguntarle para qué me ha comprado?

La miró de refilón. Miraba hacía abajo, y tenia un semblante entre triste y apenado– ¿Para qué supones tú que te he comprado?

– Pues para…–Su voz tembló– p-para servirle… carnalmente… ¿Verdad?

Sasuke hizo un gesto parecido a una sonrisa socarrona en cuanto comprendió los pensamientos de ella. Aunque sonara servicial, podía sentir la desesperación que irradiaba ante esa idea. Virgen… se dijo a sí mismo– No te he comprado para eso, Sakura.

– Entonces, ¿Para qué, señor?– Añadió confundida.

– ¿No tienes ninguna otra teoría?– Evadió astutamente él.

– Verá… sinceramente… pienso que lo ha hecho para ahorrarme la vergüenza de desnudarme en público.

– Piensas bien entonces– Contestó, abriendo la puerta. Antes de salir, le deseó las buenas noches de nuevo– Descansa, Sakura.

– Descanse usted también, señor.



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