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1
Despierta.
Edward lo está mirando; sus ojos son lo primero que ve al abrir los propios y siente el suficiente frío como para recordar que sus cuerpos están a muy poca distancia.
Seth se sienta sobre su cama, la primera cama compartida por un lobo y un vampiro.
Sabe que hoy es el día, tenía que llegar.
Y aunque le parece demasiado pronto, en realidad, nunca esperó acostumbrarse a la idea.
- Aún es muy temprano.
La primera vez que Edward estuvo en su habitación, el día que Seth supo que se marcharían a Brazil, no pudo evitar recordar la mañana que despertó pensando en él y se decidió a buscarlo. Estaba tan triste y tan feliz a la vez, y ahora, poco a poco, la felicidad va perdiendo terreno.
- ¿Tienes hambre?
No, miente, si bien es algo tonto mentirle a alguien que sabe lo que piensas.
Increíblemente, hace frío como para levantarse, y no entiende – sabe que no percibe las temperaturas, pero saber es distinto de entender realmente- cómo es que Edward está por sobre las sábanas, con su ropa oscura – sólo durmieron juntos, no es que haya dormido juntos- y su rostro perfecto, sin atisbos de un próximo congelamiento.
Seth sabe, cree estar seguro, de que esto no es nuevo para Edward; da por hecho que solía pasar las noches viendo a Bella dormir y esas cosas, cuando ésta era humana; así como da por hecho que Edward sabe que él lo sabe y que espera que Seth lo comprenda.
Que comprenda que a ella la amó primero, y que él llegó tarde.
- Lo siento.
Seth se está cansando de escuchar disculpas que en lugar de aliviarlo, sólo lo lastiman más.
2
Corren por el bosque; uno, en cuatro patas, el otro, en dos.
Seth sabe que sólo les queda ese día, y que luego, todo habrá terminado. Sabe que no puede ir con ellos, y sabe que es él, y nadie más que él, quien sale perdiendo.
No es eso lo que le molesta. Es difícil de explicar…
Es como si hubiera comenzado a vivir desde hace unas semanas, cuando Edward lo besó por primera vez; es como si hubiera nacido hace tan poco y descubierto tantas cosas que antes ignoraba, cosas que perderá para siempre en unas cuantas horas.
El punto es que no le molesta ser el quien sufra, sino el hecho de que nada está dentro de su alcance.
No hay nada que pueda hacer. Nunca lo hubo.
Demasiado tarde desde el comienzo.
Una mano fría le acaricia el pelaje del lomo, y recién se da cuenta de que se detuvo.
Últimamente, es común en él quedar varado en un punto equis, como si su cuerpo dejara de funcionar por la intensidad con la que se ensimisma en pensamientos cada vez menos optimistas.
Es tonto, pero a veces se odia por dormir. Si lo calcula, ha perdido más de dos días a la semana durmiendo, más dos días que pudo haber estado con Edward, porque el tiempo hace rato que dejó de sobrarles, y aunque Seth supone que al vampiro no le importa, la verdad es que a él sí.
- Estás siendo ilógico, necesitas dormir.
Sólo puede mirarlo. Dios, sabe que va a extrañarlo tanto.
Y piensa que es tan injusto, porque él siempre estuvo en desventaja y ahora la carrera está terminando, y la meta está tan lejos de él, tan lejos.
-No tienes idea de cómo me gustaría que todo fuera diferente…
No, Seth no la tiene.
Pero piensa que a él le gustaría aún más.
- Te equivocas.
3
Son cosas complicadas que no tienen explicación, como cuando Edward se acerca demasiado para hablarle o le sujeta demasiado fuerte al besarle, como cuando Leah le escucha nombrar a Edward y simplemente suspira resignada, porque a estas alturas, es bien sabido que tratar de separarles es un esfuerzo en vano.
Con la excepción de que eso es lo que está apunto de suceder.
El punto es que sería igualmente complicado describir lo que siente en cuanto entra a la casa de ensueño de los Cullen-Swan – estaca en el pecho – y ve las maletas hechas, y huele no tres sino nueve vampiros fragantes a, pues, vampiro.
Es una mezcla de angustia y resignación con un ligero toque de desengaño, porque, aunque es estúpido, todavía quedaba en él una débil llama de esperanza; si bien no se le ocurre qué madres habría podido hacer que se quedaran. Era sólo una jodida ilusión.
- ¿Te sientes bien?
Sin mirar a Jacob, asiente con la cabeza; no recuerda haberse sentido peor, ni siquiera cuando perdió a su padre, pero es mejor no pensar en eso porque no quiere, no puede pensar en cosas tristes en ese preciso instante o va a quebrarse, va a quebrarse de verdad.
- Tú… quizá puedas visitarnos alguna vez. Pero solo, por favor.
Bien, eso si lo distrae un poco.
Debe ser la primera vez que la rubia le dirige la palabra, y le sorprende la amabilidad de la frase; ha escuchado tantas pestes por parte de Leah sobre la engreída de Rosalie – bueno, también sobre Bella, la mártir y el rarito de Jasper- que nunca esperó que, de todos, fuese precisamente ella quien le daría la más mínima señal de que su persona importa un pepino.
El grandulón que tiene por esposo la llama, por lo que Rosalie se olvida de él, y a Seth no le queda más que distraerse mirando a Renesmee jugando con Alice y Jacob.
- Seth, acompáñame un momento.
Sigue a Edward hasta la parte posterior de la caza, sintiendo la desazón crecer dentro de su estómago como una enredadera.
4
- Es de cuando realmente tenía diecisiete años. Por favor, cuídalo.
Un reloj de bolsillo, de esos con cadena y engranes y cosas por el estilo. Lo contempla ahí, sobre la mano extendida del vampiro, sobre su palma abierta, y quisiera sacar una foto o algo, porque es como una imagen simbólica que le dice que Edward le está regalando el tiempo.
Y cuánto quisiera que eso fuese posible.
No se sorprende genuinamente cuando lo besa de improviso, ni hace el menor esfuerzo por que su espalda no choque contra la pared con más fuerza de la necesaria – aunque él no llega a sentir ni cosquillas-.
La temperatura sube y baja simultáneamente, y siente sus labios quemarle los propios.
Cuando se separan, él con el reloj en una mano y Edward con una expresión de tristeza que nunca pensó que llegaría a verle, es cuando sus ideas y sus emociones se sobreponen y llega a la síntesis de la cuestión, al bendito meollo del asunto.
Y es que es tan simple, pero tan complejo: sabe que, una vez que lo pierda, no sabrá cómo era que se vivía en un mundo donde él no tenía a Edward; no puede recordar su vida sin Edward y le aterra pensar que nunca lo hará, que, desde hoy, se sentirá como si el mundo estuviera siendo víctima de un gran y perverso error, porque las cosas no pueden estar marchando bien si Edward no está con él, como amigo o enemigo, o lo que sea.
Es un error.
5
Es la primera vez que está en un aeropuerto; es extraño y a la vez, se siente aliviado porque Jacob está a su lado, haciendo su mejor esfuerzo por no correr hasta el avión y rogar que le encarguen a Nessie allí en Forks hasta que él mismo vaya a encontrarlos, dentro de un par de días. ¡Un par de días! Seth podría aguantar dos días sin Edward, si supiera que, después de ello, lo verá cada día durante el resto de su vida.
Los ve alejarse, y no puede evitar aferrar la diestra al reloj metálico que guarda en el interior del bolsillo derecho de sus vaqueros. Está frío.
Edward Cullen, aparentemente, ha alcanzado a percibir sus utópicas reflexiones: lo ve allí, casi a las puertas de aquel estúpido pasillo que lo llevará al estúpido avión que los separará hasta la eternidad; lo ve soltar ligeramente la mano de Bella, entre cuyos brazos Nessie hace esfuerzos sobrehumanos – irónico, ¿eh?- por no llorar en frente de su Jake.
Lo ve voltearse y dirigirle una mirada que para cualquiera sería vacía, pero que, para él, es todo lo contrario.
Es como si todo lo que le ha dicho desde el inicio estuviera dentro de sus ojos, expresándole tantas cosas que en el fondo, no debería decirle (nada es como es debiera ser).
Luego, Edward se voltea.
Desaparece.
Para siempre.
Seth lo ve desaparecer y olvida todo lo demás, a Jacob a su lado y al resto de las personas despidiendo a otras personas que suben a sus aviones.
Y es como si su corazón estuviera en shock, no sabe si late muy rápido o si la tristeza y el dolor han hecho que se detenga.
No sabe si acaba de morir o si nunca ha estado vivo, o si su vida se va en ese avión, lejos de él, y nunca la recuperará.
Sólo sabe que, en ese instante preciso de su vida como hombre y como lobo, y como organismo existente sobre la tierra, todo se está derrumbando, sin hacer ruido y sin testigos, pero para siempre.
Hasta la eternidad.
Fin
Gracias por leer. Nos vemos en algún otro fic..