|
Author of 36 Stories |
Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.
Infieles
"Y hay otra mujer
que ocupa mi corazón
nació de su ser
en su vientre la engendró
y cuando yo la miro
y cuando la veo a usted
me creo que sea imposible
que engañe a esa mujer".
(Permítame señora - David Bisbal)
01. Ella
Una y otra vez se tomaban y se despedían. Hacían el amor y volvían a ser iguales ante el mundo: Tía y sobrino; una familia. Ante los demás tenían una cara, en la intimidad solían ser pura pasión. Sólo se dejaban llevar por el sexo, un concepto único que les hacía irresistibles el uno al otro.
Ella era una mujer casada, madura y con una hija. Él un joven que apenas rozaba los veintiuno. Su romance, su pequeño lío extra matrimonial estaba prohibido y no era más que una hermosa utopía que volvía a la realidad cuando ambos se separaban y volvían a sus rutinas diarias.
Hasta el momento en que esa rutina cambió, en que esos días de sexo duro se convirtieron en cero contra uno; cuando esa niña de ojos grises llegó de nuevo al que fue su hogar en la infancia; una niña convertida en mujer.
Eso únicamente, daría pie a todo lo demás. Lo que complicaría su etéreo paraíso terrenal.
&
Su marido en la empresa, y ellos dos en la cama revolcándose. Era el rito de cada día. Cuando él y la única criada de la casa se iban comenzaban a acariciarse, besarse y desvestirse, deshechos en el placer de la carne. Revolvían las sábanas y contorsionaban sus cuerpos en posturas arriesgadas. No importaba que hubiese infidelidad de por medio: el morbo les podía más.
Después de acabar, algunas palabras salían de la boca de ambos. Algún “me ha gustado” ocasional, uno que otro te quiero por otro lado cuando llegaban al orgasmo… Siempre las menores menciones, sólo el deseo reprimido. Sus vidas eran simples pero a la vez complicadas al extremo por sus propios sentimientos.
Una mujer insatisfecha con un marido recio, presidente de una gran compañía de productos informáticos, que no le dedicaba ni una palabra cariñosa. Por si fuera poco, cinco años después de dar a luz a su única hija, la había obligado a firmar los papeles para el ingreso de la niña en un internado; según él para darle una buena educación. Para ella sólo había significado perder a lo que más amaba, y por otra parte había comenzado a odiar a su cónyuge.
Él sólo era el sobrino de ambos y vivía con ellos de momento mientras acababa su carrera de informática aplicada. Pronto sería un ejecutivo más de la empresa de su tío. Había perdido a su padre de muy pequeño, y desde siempre fue educado por su madre, pero desde que ésta murió se había trasladado al lado de su familia paterna.
La otra aún no había llegado, pero no tardaría.
Con el sol en sus hombros, y los ojos entrecerrados, ella habló pausadamente, como si tuviese todo el tiempo del mundo.
-Neji, ¿Sabes que esta tarde llega mi hija? –Preguntó la mujer, sólo una fina sábana cubría su desnudez.
-Algo de eso había oído a Hiashi-sama –Dijo él, haciéndose el desentendido mientras se entretenía acariciando la fina piel de su amante-. Supongo que debes sentirte contenta de su regreso.
-Cómo no; hace trece años que no la veo –Respondió ella con una sonrisa dulce-. Tengo muchísimas ganas de que conozcas a tu prima.
-Me encantará –Respondió fríamente; nunca había sido bueno con los sentimientos. Restó callado unos segundos, y luego volvió a hablar nuevamente:- Me tengo que ir.
La mujer le abrazó por la espalda, impidiendo que el hombre se levantase.
-No quiero que te vayas –Ronroneó-. No me dejes sola tan pronto…
Neji sonrió curvamente y se deslizó de nuevo hacia la cama. Después de todo, un revolcón más no le haría daño a ninguno de los dos. Nuevamente, las sábanas se deslizaron por sus cuerpos y volvieron a fundirse el uno con el otro.
&
Vestida con su ropa de calle, miraba al aeropuerto del que había salido mientras entraba por la puerta del taxi al asiento del copiloto. El conductor acomodó sus pocas pertenencias en el maletero del auto y volvió a subir, arrancando el motor. Ella simplemente se acomodó los lentes oscuros que cubrían sus ojos y se abrochó el cinturón de seguridad.
-¿A dónde vamos, señorita? –Le preguntó mientras encendía la radio y ponía en marcha el indicador del tiempo.
-A la mansión de los Hyuuga –Ordenó sin mucha reserva. El taxista la observó, escrutándola.
-Muy bien –Enseguida se puso en marcha, y las carreteras y calles fueron pasando ante ellos como si fueran simples ilusiones pasando a toda velocidad.
La muchacha podía distinguir las calles que había recorrido de pequeña en las manos de su madre, incluso pudo ver el parque donde solían llevarla sus padres para que jugara. Pudo sentir que ya estaba cerca de la que había sido su casa por tan poco tiempo.
Hasta el momento de partir a ese colegio en el que estuvo recluida por tanto, fue feliz. Luego ya nunca volvió a ver a su madre, ni a su padre, ni a sus primos. Ya jamás sonrió.
-Hemos llegado –Oyó decir al conductor. Enseguida salió de sus pensamientos, y tomó la cartera de uno de sus bolsillos, pagándole la cuenta del taxi al hombre.
-Muchas gracias –Sonrió la joven-. No se moleste en ayudarme con mi equipaje.
La joven bajó corriendo del coche y abrió el maletero, sacando sus pertenencias de él en un santiamén. Pudo vislumbrar la entrada, y caminó, algo emocionada por volver a ver a su madre y a su padre. Notaba como sus piernas temblaban, y una sonrisa tonta se formaba en sus labios; quizás felicidad.
Se paró en el umbral de la puerta y con uno de sus delgados dedos pulsó el timbre. Ya que tardaban en abrirle, decidió volver a apretar el botón, y esta vez
Ciertamente, no esperó que justo un tipo en esas fachas le abriera la puerta.
-¿Quién se supone que eres? –Era un hombre joven, de rostro atractivo, ojos opalinos y sólo con una sábana envolviendo su cintura. No pudo evitar fijarse en su torso, esos abdominales tan sensualmente marcados provocarían a cualquier mujer. Pero inevitablemente, le cayó mal al oír su sibilina voz. ¿Quién se creía que era él para dudar de quién era ella?
-¿Quién se supone que eres “tú”? –Preguntó, algo anonadada con aquel panorama.
-Para ti Neji, chica. Creo que es hora de que me digas tu nombre. –Le respondió, altanero. ¿Quién diablos era esa mujer para venir a molestarlo cuando estaba en pleno polvo?
La muchacha se quedó callada, pensando en la respuesta más adecuada que darle. Así que quitándose las gafas de sol, habló decididamente:
-Soy Hinata Hyuuga, la primogénita de la familia Hyuuga.
Continuará…
Nota: ¡Hey! Hola, ¿cómo estáis? Tal como prometí, aquí os traigo un nuevo NejiHina. Si queréis algún detalle, explico que va a ser un drama familiar medio incestuoso (y sí, también habrá lemon, mucho lemon, jeje). El trío que lo protagoniza son Hinata, Neji y una OC que es la mamá de Hinata. La canción en la que me inspiré para esta historia es la que puse al principio: "Permítame señora" de David Bisbal. Creo que va totalmente acorde con el tema de este fic. Espero que os guste y que no decepcione. No sé cada cuanto actualizaré, pero espero que sea cada poco. En fin, saludos a todas/os los lectores. ¡Besos!